Nada de Katekyo Hitman Reborn me pertenece, solo la historia y uno que otro agregado que aparecerán más adelante en la historia.
Jumping Through Time
Capítulo 3
Las siguientes veces no tuvieron problemas, no realmente. Excepto quizás… solo uno.
Un niño aburrido de la vida, y queriendo compañía, fijo su vista en el arma que sabía que no debería de tocar, pero que lo llevaría a ver a alguien que siempre estaba feliz de verlo. Nadie le decía nada, no desde que enseño el pañuelo. No sabía porque se alejaban de él ahora, pero agradecía que no le gritaran o lo regañaran.
Nadie estaba precisamente feliz de que tomará su arma favorita cuando quisiera, o que se la llevará, pero nadie entendía que había alguien del otro lado que siempre le sonreirá y le daba dulces y jugaba con él. Ni siquiera las otras personas que estaban con el señor, pero eso no importaba.
- ¡Aquí voy señor! – Dicho esto, jalo el gatillo y todo se volvió rosa. - ¡Señor!, ¡señor! – No espero a que el humo se disipara, llamando con gran ánimo.
¿Que harían esta vez?, ¿tendría otros dulces o tal vez chocolate caliente?, esperaba… ¿ah?
- ¿Señor? – Pregunto más bajo, extrañado.
Esta no era la extraña habitación enorme con sofás y un gran escritorio, o la sala llena de libros y una gran alfombra, ni siquiera la piscina. No, era muy oscuro, y también era… Apretó lo que sea que estaba debajo de él, confirmando que era muy suave, le recordaba a una almohada.
Moverse allí no era tan sencillo, pero era bastante divertido. ¡Podía revotar!, ¡y bien alto!, no podía hacer eso en su cama. ¿Tal vez esta era otra sala de juegos?
Algo corrió y luz invadió la habitación. Fue gracias a esto que noto que estaba en una cama. Una enorme cama. Se encogió en el sitio al dar con el hombre de pelo gris, quien no parecía feliz de verlo.
- Ahora no es un buen momento niño. – Fue… amable, no del mismo modo que el señor que tanto quería, pero fue amable. El ceño fruncido bajo mucho de tono, mostrando un rostro cansado. – Juudaime no se siente bien, te agradecería que no hicieras mucho ruido si es posible. – Pestañeo muchas veces ante esto, en especial porque el hombre se sentó en la orilla de la cama, dejando una bandeja de… ¿eso era sopa? – Caramelos, a eso vienes, ¿no?, pues aquí tienes.
Eran un montón, un montón de caramelos de sus favoritos, de sabor a uva. Solo había un detalle:
- Lambo-sama no viene por caramelos. – Venia por el señor dulce. No por caramelos. - ¿Quién se siente mal?, ¿qué tiene? – Le daba terror, porque no quería nadie se fuera para nunca volver. – No va ir a un lugar mejor, ¿verdad?
- ¿Un lugar…?, ¡no! – El hombre negó con furia, como si la idea fuera horrenda. – No, no va a ir a ningún lugar Lambo. – Más calmado, pero aun horrorizado, abrió un poco más la cortina. – Solo está enfermo, ¿ves?
Tardo un momento en dar con la figura debajo de las sabanas, incluso con la ayuda de este hombre. Algo lejos, y bien escondido en esa gran cama, había alguien dormido, solo podía ver el pelo marrón alborotado y algo húmedo.
- ¿Quieres ayudarme? – El hombre no espero respuesta, acercándose mucho a la figura dormida. – Es hora de su medicina, espero que esta vez coma algo… - Si dijo algo más, no alcanzo a oírlo. – Juudaime, Juudaime, vamos, es hora de levantarse… - A pesar de los llamados y las sacudidas, no hubo más que una queja de que lo dejaran en paz.
- ¿Señor? – Ignoro la mirada del hombre, rebotando a donde estaba esta figura porque no moverse en esa cama no era tan sencillo como se esperaría. - ¿Señor? – Volvió a preguntar, moviendo las sabanas sin miramientos, preocupado y sin saber que esperar.
Jadeante, mejillas y nariz rojas y calientes, pelo pegado a la cara gracias al sudor, respirando por la boca. Era el dulce señor, era el dulce señor que siempre sonreía al verlo.
- Estará bien, es solo un resfriado. – Le aseguro el hombre de pelo gris. – En unos días estará como si nada hubiera pasado, pero para eso necesita descansar y tomar su medicina. – El hombre volvió a moverlo del hombro, provocando que esa cara se arrugara y un gruñido de molestia fuera oído. – Es tarde Juudaime, luego puede seguir durmiendo…
- ¿Tiene que despertar ahora? - ¿No era que debía descansar?
- Tiene que tomar su medicina, sino no se pondrá mejor. – Si era así de importante, conocía una forma que nunca fallaba para despertar a alguien.
- ¡Hhhiiieeeee! – Listo, nunca falla-
- ¡Idiota!, ¡uno no electrocuta a la gente para despertarla! - ¡Pero nunca fallaba!
- ¡Estúpido! – Estaba despierto, estaba bien, ¿qué más quería?, ¿y porque tenía que golpearlo?
- Pequeño-
- Hayato. – Ante esto, el hombre quedo quieto como una piedra. Pues no estaba solo, no sabía que el señor amable podía sonar tan intimidante.
Jadeante y con las mejillas y nariz tan rojas, por no hablar del aspecto somnoliento y cansado, eso era toda una sorpresa. Ah, y el pelo en punta no ayudaba. Eso no podía evitarlo, por desgracia…
- Hey Lambo… - Un estornudo con… ugh.
- Aquí tiene Juudaime. - ¿De dónde saco la caja de pañuelos?
- Gracias… - ¿Era el único que se preguntaba de donde salió la caja? - ¿Estas bien?, ¿Hayato no te golpeo muy fuerte?, no deberías golpearlo, es solo un niño Hayato.
- Pero Juudai-
- Juudaime nada, es solo un niño, no golpeas a los niños así que discúlpate ahora mismo. – No hace falta decir que la disculpa fue algo forzada.
No tuvo tiempo de quejarse de nada o señalar que no era disculpa honesta cuando se vio devuelta en su habitación, solo otra vez.
Y con la preocupación de que el señor podría terminar en un mejor lugar. ¿Por qué toda la gente dulce se iba?, ¿acaso se la llevaban las hormigas?
