Nada me pertenece.
En contra de su naturaleza como mitad demonio, Setsuna se sintió cansada y debió tomarse unos segundos para recuperar el aire. El "combate" estaba siendo extenuante, requiriendo mucho más esfuerzo del que había puesto en batalla contra Kirinmaru.
Sonrió orgullosa en sus adentros, consciente del motivo.
Su "oponente" era su padre, el yōkai más poderoso que conocía. Era de esperarse que su capacidad no equiparara la suya y ella tuviera que reunir nuevas fuerzas.
Inspirando y espirando con lentitud, miró a su progenitor a pasos de ella, sin un rastro de agotamiento después del largo tiempo que tenían "peleando" en el campo. Lucía impasible, observándola, como una estatua. En sus ojos dorados, que comenzaba a leer gracias a la convivencia, se leía la pregunta, "¿es todo por hoy?".
Su sangre hirvió.
Él no tenía mala intención; al contrario, en el fondo Setsuna sabía que le complacía ese tiempo dedicado a entrenar con ella; pero le enfadaba saber que tenía meses tras un objetivo que no cumplía.
Quería tocarlo en una pelea.
Su orgullo se lo pedía. Ella quería poder rozar su piel en combate como habían logrado su tío y hermana… una de las hazañas más complicadas que existían.
Tenía que conseguirlo, no iba a estar contenta hasta alcanzar lo casi imposible.
Por orgullo.
(Rechazaba la sugerencia de Towa de que no daba todo de sí porque inconscientemente alargaba su tiempo con su padre, con quien tenía un lazo fuerte por el gusto mutuo hacia el combate y manejo de armas, más que el poseído por su hermana. Mantenía un vínculo mayor con su madre por la música, pero aprovechaba lo que tenía por compartir con la otra persona que le había dado la vida.)
Sí, lo conseguiría, como se llamaba Setsuna.
Tenía menos youki que Towa, lo que hacía que su velocidad fuese menor, mas era dueña de poder de voluntad para lograr su meta.
Solo necesitaba un momento.
Apretó su naginata, repentinamente invadida por una idea. No había una regla determinada de cómo tocar a su padre en "batalla".
Setsuna hizo un sonido con su garganta, respondiendo a la muda cuestión. Tonterías, quiso decir. El día no acababa.
Sin anunciar que retomaba su postura, corrió en dirección a su "adversario", siempre preparado para ella, y comenzó a atacarlo.
La espada de él contrarrestaba todos sus embistes, sin mostrar un patrón predecible pese a las múltiples ocasiones que se enfrentaran; él poseía la habilidad para impedir que adivinaran su próximo movimiento y demostrar que no podía ser tomado con la guardia baja.
Si ella no fuese su contrincante actual, podría admirar su desenvolvimiento perfecto, a la espera de imitarlo algún día.
El tiempo pasó sin triunfo, con el sonido de los filos predominando en la armonía del bosque, y Setsuna estaba por finalizar ese —otro— infructuoso día.
Empero, solo bastó un momento para tener una oportunidad y la aprovechó sin detenerse a pensar.
Sostuvo su arma con una mano y extendiendo su brazo libre expulsó su veneno para alcanzar lo que pudiera de su "oponente".
A su padre no le tomó ni un parpadeo sujetar su muñeca y Setsuna gruñó con frustración, influenciada levemente por su sangre demoníaca, la cual controló la creciente facilidad que adquiría con el tiempo y la práctica.
Fue liberada de modo instantáneo y se irguió dignamente, asintiendo para terminar la "pelea" de ese día.
Y lo vio.
En su periferia, un mechón del largo de una mano infantil caía con suma lentitud al suelo.
—¡Lo hiciste, Setsuna! —Escuchó de su entusiasmada gemela.
Aplausos y gritos de celebración de su madre, otra de sus espectadores, siguió a la voz de Towa.
—¡Sabía que lo harías, Setsuna-chan!
El cabello blanco finalmente tocó el pasto y Setsuna apartó la mirada a su dueño, indecisa de qué sentir con ese diminuto logro. Su padre la observaba y podía afirmar que sus orbes de oro le otorgaban reconocimiento.
Afortunadamente el chillido y la presencia de Jaken interrumpieron ese breve intercambio que la abochornó por dentro. Era incómodo que la elogiaran.
—¡El hermoso cabello del amo bonito! —lloriqueó el fiel sirviente de su padre, arrodillado en el pasto. Había abandonado su báculo y cogido el pelo como el más preciado tesoro.
Ridículo.
Setsuna sintió a su madre y a Towa detrás antes de que los brazos de la primera la rodearan. Le dejó hacerlo, ya acostumbrada a las muestras de afecto de ella, como sus otras parientes. El resultado de negarse o resistirse era peor que la duración de ese abrazo.
—Ay, Jaken-sama, no sea tonto. Le va a crecer de nuevo —intervino su madre para callar al pequeño sapo.
—¡Tú, mo…! —Una mirada del patriarca de su familia cortó lo que Jaken iba a decir.
Setsuna sonrió de lado mientras Towa reía en voz baja y su madre ponía expresión inocente. Tuvo alivio al sentirse libre.
—Nos debes tu apuesta, Jaken-sama —comentó su madre divertida—. A Towa-chan, Sesshōmaru-sama y yo, todos estuvimos a favor de Setsuna-chan.
Los ojos amarillos del aludido se expandieron como platos.
—El amo bonito es el mejor demonio de la tierra y la amita Setsuna…
—Jaken.
—…es muy poderosa y lista, sabía que lo lograría y yo perdería —concluyó el susodicho tras tragar saliva, pegándose a la pierna de la esposa de su amo.
—Ay, Jaken-sama, admita que confiaba en ella desde el principio y solo aceptó apostar en contra porque le rogamos que no nos hiciera desconfiar de Setsuna-chan.
Setsuna cruzó sus ojos con su hermana. Fue por la amenaza en el semblante de su padre que el demonio kappa había aceptado esa petición de su madre.
Ninguna de las dos terminaba de creerse cómo un seguidor tan sumiso habría dirigido a un grupo de su especie en guerras.
—Lo hiciste muy bien, Setsuna —habló su hermana, adulándola innecesariamente. —El tío Inuyasha y yo solo lo hemos rozado con nuestras espadas. Bueno, él le cortó un brazo —el aura de su padre cambió y Towa carraspeó riéndose—, pero, ¿quién toma en cuenta eso? ¡Fue genial lo que hiciste Setsuna! ¡Ya controlas mejor a tu demonio!
—¡El cabello del amo bonito!
—¡Mira, Jaken-sama, ya está haciéndolo crecer! —anunció Towa, animando al otro.
Su madre asintió. Su padre no terminó, sino que se dio la vuelta y caminó hacia un árbol, anonadando a Setsuna. Generalmente permanecía cerca de los cuatro.
—¡Ese es mi amo!
El aire le compartió la llegada de los miembros restantes de su clan —aunque no lo reconociera así para otros— y comprendió por qué su padre se había alejado. Sutilmente se sintió enfurruñada porque irrumpieran el comportamiento privado de su padre; fue muy poco porque había llegado a disfrutar de las tres personas que les visitaban.
—¡Guardaré este mechón como mi…!
—Keh, sapo, ¿qué haces con un cabello de Sesshōmaru? Eres raro —expresó su tío con mofa, permitiendo a su esposa bajarse de su sitio común de transporte —que cambiaría a futuro, si se guiaba por el aroma que desprendía su tía Kagome.
—¡Setsuna le cortó el cabello a papá! —manifestó Towa, toda emoción, volviendo a causar incomodidad en ella. No le gustaba el calor que le hacían sentir los halagos, menos cuando se expandía hacia su rostro.
—¡Ah! ¿Por qué siempre me pierdo de las cosas más buenas! —se quejó Moroha.
—Estoy segura que Towa-chan y Rin-chan nos contarán cómo fue —dijo su tía sacerdotisa, apretando el hombro de su hija.
—¿O Jaken?
Hasta Setsuna rió —suavemente— por el comentario de Moroha. El sirviente de su padre refunfuñó y los demás le ignoraron sentándose en el pasto, a degustar del almuerzo que las dos humanas del grupo habían provisto para todos.
—¿Ya les platiqué de esa vez que yo le corté el brazo al bastardo de Sesshōmaru? —comentó su tío, cruzando los brazos detrás de su espalda mientras su cara burlona veía a su hermano, apoyado en un árbol con los ojos cerrados.
—¡Perro grosero! —vociferó Jaken, siempre en defensa de su "amo bonito".
Towa llamó a su padre y este abrió un ojo, solo para ver la sonrisa de la peliplateada.
—Yo quiero escuchar la historia, Jaken-sama la hizo poco creíble. —Había disculpa y curiosidad en el cariz de su voz.
Setsuna asintió, lacónicamente mirando a su progenitor. Le movía la misma razón que su gemela.
—Yo también quiero oírla de nuevo.
—¡Rin! —protestó Jaken.
—…pero de Kagome-sama, su historia suena imparcial.
—¡Eh! —saltó su tío Inuyasha, cambiando sus brazos a la altura de su pecho, indignado.
—Rin…
Su madre lanzó una risita.
—Lo siento, Sesshōmaru-sama, me gusta oír sus batallas y cómo llegó a conocerme —su tono dulce se ganó que su padre volviese a bajar el párpado—. Después les contaré la gran historia de cómo recuperó su brazo y obtuvo su espada.
—¡Me encanta esa historia! —exclamó Jaken.
—Aunque sea un simple perro…
Rin y Kagome rieron junto con Inuyasha. Su padre le lanzó una piedra a su sirviente, que nadie vio de dónde apareció.
—Es cierto, Jaken-sama, Sesshōmaru-sama nunca le dio una lección por insultarlo y llorar por él. Sesshōmaru-sama no olvida —recordó su madre.
—Me pregunto por qué sigues con él después de muchos maltratos, Jaken —musitó su tía Kagome.
—Es masoquista —acotó Towa y las dos criadas en el futuro rieron, para desconcierto de sus acompañantes.
Después de la explicación, la madre de Moroha procedió a contarles de la ocasión en que su padre había perdido contra su hermano.
—El... amo bonito... mejor —murmuraba Jaken aturdido en tanto su tía se concentraba en su relato.
Al ir escuchando, nuevamente Setsuna se preguntó cómo habían alcanzado el punto en que estaban ahora, más aún con las desesperanzadoras historias que había oído al crecer en la escondida aldea de semidemonios.
Quizá las vidas difíciles podían mejorar algún día.
(Para sí misma, se sintió feliz de que las suyas lo hubieran hecho.)
NA: ¡Hola!
Llevo meses con este pequeño cortito, y con la próxima llegada de la temporada 2 ya tengo que sacarlo o se perderá por siempre. Mi idea no es hacer de esto un fic largo, solo se me ocurrió este otro corto.
A ver qué nos espera en la continuación de octubre.
Besos, Karo
