Soplo de vida: Muchas gracias, me alegro que te guste esta historia :3 Estoy tratando de actualizar semanalmente (cada vez que se presenta la oportunidad porque no tengo Internet). Muchas gracias por el ánimo :3, ¡saber que te a encantado esta historia es maravilloso! Esperemos que este capítulo también te guste :)
Nada de Katekyo Hitman Reborn me pertenece, solo la historia y uno que otro agregado que aparecerán más adelante en la historia.
Jumping Through Time
Capítulo 5
Era no solo difícil de ignorar, sino que también era inconfundible. Un niño insufrible, de todas las personas, obtendría lo que muchos desearían tener.
-… y así, el gran Lambo derroto al terrible dragón que amenazaba al reino. – Culmino la historia, un dragón de juguete siendo apaleado por un caballero de juguete. – Y se quedó con todos los dulces que el dragón robo. – El señor se rio al final de esto, pero no sabía por qué.
Eran dulces, ¿por qué no iba a quererlos?, había vencido al dragón roba dulces, ¡así que los dulces eran suyos!
- Sí que malcría a ese niño… - Se quejó alguien en voz baja, y solo pudo pestañear ante el libro que termino impactando en la frente de esa persona.
- Oooppps, me equivoque~ - Miro al señor con duda, mucha duda. Eso no pareció un error. – Tu no te preocupes por nada. – Fue despelucado y le regalaron una gran sonrisa que podría derretir el mundo. - ¿Entonces que hará el gran Lambo-sama ahora?, ¡ya derroto a un gran dragón! – Y tenía muchos dulces, era el mejor tesoro que pudiera haber. - ¿Que querrá Lambo-sama esta vez? – Estas cosas le recordaban mucho a su nana, solo que su nana no era tan animada como el señor.
¿Que quería Lambo-sama?, eso era fácil.
- ¿Lambo? – El señor le ladeo la cabeza, bajando la cabeza un poco para ver mejor o quizás oír mejor.
No lo pensó dos veces y aprovecho la oportunidad para saltar y agarrarlo de donde pudiera, aunque la idea era la cara, y anunciar:
- ¡Lambo-sama te quiere a ti! - ¡Y no aceptaría un no por respuesta! - ¡Solo para Lambo-sama!, ¡nadie más puede tenerte, solo Lambo-sama!
- Jajajaja, esto es un poco-
- Mocoso de pacotilla-
- Seguro. – Ante esta simple palabra, hubo dos reclamos indignados:
- ¡Juudaime! – Era como si se hubiera caído por unas escaleras. Lo sabía porque ya le había pasado.
- ¡Y nosotros que!
Les saco la lengua, en triunfo, provocando fuego en esos dos pares de ojos. Él era Lambo-sama, ¡por supuesto que-
- Claro que me tienes. – Recibió un beso en la frente antes de ser dejado en el suelo otra vez, a pesar de su agarre de hierro en esos cabellos chocolate. - ¿Pero no crees que sería muy solo así?, ¿solo nosotros dos?
- ¡Lambo-sama no necesita de nadie! – Ya no. - ¿No es suficiente conmigo?, ¿qué debe hacer Lambo-sama para tener toda tu atención? – No quería a estas otras personas que siempre parecían estar con el señor.
No le gustaba compartir, y esta era la persona más dulce que hubiera conocido en su vida. El y su nana, nadie más.
- ¿Te gustaría oír una historia? – Pestañeo ante esto, mayormente por la voz suave y extrañamente ligera. No se dio cuenta de la mirada de advertencia que el señor les dio a los otros dos hombres que prácticamente echaban chispas por los ojos. – Hace mucho, mucho tiempo atrás, el cielo bajo, pero lo hizo solo.
- ¿Por qué? - ¿Por qué el cielo haría algo así? - ¿No es feliz allá arriba? - ¿Por qué querría bajar?
- Nadie está seguro. - ¿Ah? – Se dice que era porque se sentía solo estando siempre en el mismo lugar, mirando hacia abajo y viendo a los animales, a las personas, ir y venir, formar familias, hogares… - Un dedo al mentón y una leve risa, ojos brillantes. - Por un tiempo no ocurrió nada, excepto que el cielo se perdiera entre los humanos. Luego, comenzó a notarse su ausencia, haciendo que los humanos se preguntaran porque el cielo no era tan vivo como solía ser, y por qué el clima estaba impredecible…
- ¿El clima? - ¿No debería ser solo las nubes o algo así?
- Si, el clima. – El señor asintió, bajando las manos por un momento antes de volver a los gestos, contando la historia. – Tormentas, lluvias torrenciales, truenos y relámpagos a plena luz del día incluso sin lluvia o tormenta. Sol inclemente, o ausencia de él. Nubes caprichosas, sin quedarse en el mismo lugar por más que unas pocas horas. Espejismos y neblinas en extrañas circunstancias, en diferentes zonas… - La sonrisa bajo un poco al decir: - El cielo está molesto, decían muchos. Otros creían que habían molestado a algún dios. La verdad era que el cielo no estaba, y sus amigos estaban preocupados y molestos porque el cielo no estaba, no dijo que bajaría, no sabían.
- Ósea… - Era extraño de pensar, pero: - ¿Lo extrañaban? – No tenía mucho sentido: - ¿No era que el cielo estaba solo?
- El cielo nunca está verdaderamente solo. - ¿En serio? – Siempre hay alguien, uno de los más vistos son el sol y las nubes. El problema es que sol está muy lejos, muy en lo alto, para conversar con él. Las nubes siempre están por su lado, apacibles, silenciosas. Los truenos y relámpagos aparecen rara vez, les gusta mucho dormir, y si lo hacen es casi siempre acompañado de la tormenta, que también le gusta dormir y si tiene mal carácter. La lluvia aparece aquí y allá, a trabajar, no para charlar. Y la niebla no es común de ver, y es muy cerca de la tierra como para que el cielo pueda hablar con él. De cualquier forma, no había mucho que decir. Siempre había sido lo mismo por años de años.
- ¿Por qué les afectaría entonces?, si cada quien estaba por su lado… - No deberían ni de haberse dado cuenta.
- ¡Ah!, ¡gran pregunta! – Una gran sonrisa se formó y pellizcado juguetonamente de la mejilla. – El cielo tenía un trabajo muy importante, aunque no lo pareciera. Era el que mantenía un orden, por así decirlo. Si el sol estaba siendo muy áspero, el cielo le llamaría la atención o llamaría a la lluvia para suavizar el golpe. Si la tormenta hacia muchos estragos, el cielo la calmaría con algunas palabras, movería a las nubes, y traería al sol. Y así. – Esos ojos se posaron por unos segundos en él, algo raro en ellos que no sabría discernir. – Sin el cielo, no había una coordinación, no había nadie que calmara las cosas, ni que diera un "alto" o un "adelante". Era una situación mala. – Resumió con esa misma emoción rara en sus ojos.
- ¿Bajaron a buscarlo? – Era lo más lógico, ¿no?
- No, no inicialmente. No sabían que había bajado. – Esa emoción extraña se desvaneció, al fin. Ahora era solo calidez. – La niebla, la más cercana a la tierra, fue la primera en sentir la presencia del cielo mientras vagaba sin rumbo por la tierra. No estaba segura de donde, pero tenía una idea. Indago, recorrió con más detenimiento esas tierras, y cuando estaba segura que el cielo estaba abajo, aviso a los otros. – La niebla era muy lista. – Ella dijo: "bajare, lo encontrare y lo traeré".
- ¿Lo logro?, ¿qué dijeron los otros? – No creía que el cielo fuese a volver arriba, así como así.
- No estaban muy felices, pero la niebla no les dio atención e igual bajo. – Con mucha picardía: - No regreso, así que la tormenta y la lluvia decidieron bajar a buscarlos a ambos. Con eso, la niebla, la tormenta y la lluvia dejaron de aparecer en la tierra, provocando que solo hubiera sol, nubes caprichosas, y rayos y truenos, por un buen tiempo antes de que no hubiera nada, tornándose todo en oscuridad. – Antes de que pudiera preguntar porque todo se tornaría en oscuridad, no podía imaginarse algo así, el señor le pregunto: - ¿Quieres saber la razón?, encontrar al cielo no fue fácil, y menos era hacerlo querer volver a casa.
- ¿No quería volver? - ¿Por qué no? - ¿Incluso cuando sus amigos vinieron por él?
- Bueno, la cosa es… - Esa sonrisa se volvió una traviesa, para su gran sorpresa. – que el cielo encontró algo que le gustó mucho, que lo hacía feliz, entre los humanos, y no quería volver a lo de siempre, a estar arriba viendo y esperando, sintiéndose solo mientras sus amigos volvían a lo que hacían.
- ¿Y que lo hacía feliz?, ¿allá arriba no lo tiene todo? – Todos querían estar arriba, ¿por qué el cielo no?
- Compartir con los humanos lo hacía feliz. - ¿Ah? – Estar entre nosotros, jugar, hablar, compartir, estar en familia lo hacía feliz. Nunca estaba solo, se llevaba bien con todos, los humanos lo trataban como si fuera uno de ellos. No sabían que era el cielo, si eso te preguntas. El cielo tenia forma humana, como tú o yo, así que no sabían.
- ¿El cielo puede hacer eso? – El señor le asintió con mucho énfasis.
- Por supuesto, se convierte en una de las personas más amistosas y amables que pueda haber. El cielo siempre ha sido el más amable de todos los que están arriba, se lleva bien con todos, es parte de su encanto. – Dos hombres se estremecieron y su malhumor bajo mucho al ser tomados en cuenta: - ¿No es así chicos?
- ¿Cómo lo saben? – Habían asentido inmediatamente, aunque uno de ellos no estaba feliz de admitirlo.
- Cuanto termine de contarte la historia entenderás. – Sin esperar respuesta: - En fin, niebla, tormenta y lluvia no la tuvieron fácil en dar con él, viéndose obligados en tomar forma humana también y en preguntar y preguntar…
- ¿Lo encontraron?
- Nube lo encontró primero, cuando finalmente bajo y se hizo pasar por humano. El último en bajar fue el primero en encontrarlo, aunque en realidad no lo encontró… - Como quien no quiere la cosa: - Veras, resulta que la nube siempre ha sido solitaria y con mal carácter. No se llevaba bien con cualquiera, y cuando se molesta, lo cual es fácil, no tiene reparo en recurrir a la violencia. No tardo en crear problemas entre los humanos, lo cual hizo salir al cielo, y recordarle que no podía estar haciendo lo que hacía. – La sonrisa cayo por completo, mostrando una cara triste. – A ese punto, porque las peleas del cielo con alguno de sus amigos eran inconfundibles, todos sabían lo que había pasado. Por más que lo acorralaron, suplicaron y pelearon con él, el cielo no quería volver y más bien los evitaba. Eso, por supuesto, solo hacía a sus amigos más celosos, provocaba más peleas, y la situación empeoraba.
- Tuvo que regresar, ¿no? – Señalo la ventana, mostrando un apacible cielo azul. – El cielo esta allá, no se ve mal.
- Si, tuvo que regresar, pero no porque quisiera precisamente. – Una pequeña risa, no muy feliz. – Las suplicas de los humanos, que ya no eran engañados y que no podían entender como un ser tan amistoso como el cielo estaba siendo tan problemático con su familia, fue lo que lo hizo volver. No a la primera, o la segunda. En verdad, fue justo antes de que la luna, las estrellas, la nieve y la aurora boreal estuvieran a punto de ir a buscarlo también.
- Pero si no quería irse, ¿por qué se fue? – Y de paso: - ¿Los humanos no lo querían?
- Todos querían al cielo, nadie quería dejarlo ir. El cielo pertenece allá arriba, tiene deberes, responsabilidades, un trabajo muy importante, y tiene una familia allá. Abajo no puede hacer mucho, no puede cuidar ni proteger a nadie. Sin él, todos los demás que están arriba pierden su orden y hacen lo que quieren, provocando desastres como lluvias torrenciales y tormentas inclementes. – Pestañeo varias veces ante lo que siguió. – El cielo tiene un encanto especial, una vez que lo miras cuesta dejar de mirarlo, ¿no es así?
Pues, ahora que lo decía…
- Y lo más precioso es verlo en los atardeceres, en el amanecer, especialmente después de las tormentas y las lluvias porque aparece el arcoíris. ¿Sabes por qué?, porque los colores que toma el cielo en esos momentos son de felicidad, por eso es tan hermoso en esos momentos. - ¡No tenía idea de tal cosa!
- No sabía que el cielo sonreía. – Hubo una tos rara, pero no le dio atención. Su vista estaba en la ventana, o en lo que estaba afuera precisamente.
- Desde ese día, el sol, la niebla, la nube, la lluvia, la tormenta, el rayo y el trueno, la luna, las estrellas, la nieve y la aurora boreal trataron de no dejar al cielo solo por mucho tiempo. Incluso los animales que pueden volar, tratan de volar lo más alto que pueden para que el cielo no se sienta solo.
- ¿Volvió a bajar alguna vez? – Si iba a-
- No lo sabemos. – El señor no lo miraba a él, sonriendo un poco mirando las nubes y el sol, el cielo afuera. – Algunos creen que si, que baja de vez en cuanto, porque aparecen de vez en cuando personas extrañas con comportamientos similares a los otros elementos, buscando algo o a alguien, antes de desaparecer como si nunca hubieran estado aquí. – Oyó otra tos a lo lejos, lo cual era raro. – Sea como sea, es solo una historia. ¿Pero te cuento un secreto?
- ¿Un secreto? - ¿Había un secreto?, ¿acaso la historia era real?
- Donde sea que el cielo aparece, nunca está solo. – La sonrisa subiendo, aun sin mirarlo, agrego: - Por más que quieras al cielo para ti solo, es imposible porque el cielo es un ser muy amable, muy amistoso, y a donde quiera que va hace amigos. Así te diga que será solo tuyo, es incapaz de mantener esta promesa por como es. Aun así, ten por seguro que el cielo no olvida a sus amigos, ¿si Lambo?
- Pero-¡puff!
No logro evitar el puchero y la mala cara, sin notar una bazuca que echaba chispas a su lado. Esperaba no olvidarse de preguntar que quería decir el señor con lo último. No era como si fuera a conocer al cielo, ¿no es así?
