Nada de Katekyo Hitman Reborn me pertenece, solo la historia y uno que otro agregado que aparecerán más adelante en la historia.
Jumping Through Time
Capítulo 7
Cuando la familia Bovino oyó que Reborn estaba en una misión especial encomendada por el Noveno Vongola y su destino era Japón, organizaron un plan para que Lambo lo siguiera.
-… asesinar a esta persona? – Pregunto el niño con traje de vaca, comiendo algo que nadie le había dado con gran gusto, sin entender lo que en verdad se le estaba pidiendo.
El niño estaba comiendo croquetas de pulpo y onigiri. No era la primera vez que aparecía con cosas que no eran típicas de Italia, pero ya que usaba la bazuca de los 10 años de cada rato y venía con cosas que… bueno, más advertencia del Decimo Vongola no podía haber. El osito de felpa que el niño cargaba de arriba abajo no ayudaba a la situación.
- Si, eso es todo. – Ya le habían enviado un comunicado a Reborn y a Nono. Lo último que querían era que hubiera un malentendido. – Partes mañana temprano. – Termino con nerviosismo el hombre.
Reborn no había respondido, pero Nono sí. El Noveno estaba curioso y no parecía haber tomado la nota en serio, pero al menos había asegurado que Reborn mantendría un ojo en Lambo. De cualquier forma, si Lambo no era tomado por Vongola, estaba en la edad para comenzar trabajitos pequeños para la familia.
Si el futuro Decimo Vongola tenía algo que decir, que lo dijera lo más pronto posible. No querían una problemática con quien un día seria la cabeza de Vongola, y ya tenían más que suficientes señales para saber que el Décimo había marcado al niño. Cada vez que el niño volvía del futuro tenía una marca, y no hablemos de su yo futuro, quien portaba un anillo inconfundible.
- ¡Iré a decirle al señor que tengo mi primera misión! – Con una gran sonrisa, el chico saco la bazuca de su pelo antes de que alguno de ellos pudiera detenerlo y humo rosa invadió la habitación. - ¡Señor!, ¡señor!, ¡Lambo-sama acaba de recibir su primera misión de asesinato! - ¡Estúpido humo que no le dejaba ver nada!
Silencio y una sonrisa algo tensa fue lo que lo saludo cuando el humo se aclaró. Había un montón de gente, vaya.
- Discúlpenme unos minutos. – Y la gran mayoría no se veían muy amistosos… - Hayato, ¿podrías continuar por mí?, no tardare. – El hombre de pelo gris asintió inmediatamente, levantándose y cambiando de sitio con el señor que venía hacia el a paso rápido.
No dijo nada al verse alzado ni menos al verse puesto sobre los hombros del señor, algo que le encantaba porque se sentía increíblemente alto, ni siquiera cuando el señor salió de la habitación, sintiendo muchos ojos en ellos a pesar que el hombre de pelo gris estaba hablando y señalando unas cosas en una especie de pizarrón electrónico.
- ¿Tu primera misión de asesinato dijiste? – Ante la voz cálida y juguetona se olvidó de todo lo demás.
- ¡Sí!, ¡Lambo-sama fue elegido para eliminar a Reborn! – Aunque la verdad: - Ni idea de quién es, ¡pero debe ser un hombre malo! – Muy, muy malo. Sino no tendría que ir Lambo-sama a eliminarlo, ¿no es así?
- ¿Oh?, entonces debe ser muy importante… - ¡Por supuesto que sí!, el señor era muy inteligente, ¡lo entendió a la primera! – Entonces déjame darte algo para la buena suerte, no es que la necesites, claro…
- ¡Por supuesto que no!, ¡Lambo-sama es el mejor! – De eso no había duda alguna. Aun así: - Lambo-sama aceptara cualquier cosa de ti. – Porque era él, obviamente.
- ¿Es así? – Había una nota de buen humor allí. – Pues aquí tienes. – Pestañeo varias veces ante un extraño papel en blanco. Era… ¿una tarjeta? – No la pierdas, si se la enseñas a Reborn temblara del miedo~ - Una risa contagiosa salió, pero fue muy corta, por desgracia.
- ¡Reborn no sabrá que lo golpeo! – Solo llego a tomar la tarjeta cuando humo apareció. No sabría si fue suerte o habilidad el que fuera dejado casi en el suelo en lo que pareció un pestañeo. - ¡Miren!, ¡tengo un arma secreta!
Lambo no entendió porque muchas caras palidecieron, tampoco noto varias personas escondidas y mirando desde allí, ante la tarjeta que ondeaba con una sonrisa hasta las orejas. Lo que Lambo no sabía o no podía ver era el símbolo en medio de esa tarjeta, el símbolo de Vongola, ni las llamas del cielo que desprendía, quizás una de las llamas más puras que hubieran visto en su vida.
