Nada de Katekyo Hitman Reborn me pertenece, solo la historia y uno que otro agregado que aparecerán más adelante en la historia.
Jumping Through Time
Capítulo 9
Por supuesto que Nono tenía que ser notificado. Por supuesto que Nono tenía que apoyar la noción. Las señales eran más que claras.
Desde su puesto, tomando un café expreso y leyendo el periódico mientras esperaba la salida de su próximo vuelo, Reborn tenía su atención en el niño que estaba afuera, jugando con una pequeña vaca de juguete, finamente hecho, y comiendo pez globo.
El futuro Decimo no estaba tratando de ocultar nada, lo contrario más bien, esa era la única conclusión a la cual podía llegar el mejor asesino a sueldo del mundo, resentido de tener que mantener un ojo en un mocoso egocéntrico y problemático antes de siquiera conocer al que se supone que debía entrenar. Estaba bastante seguro de que el Décimo lo estaba haciendo intencional, ¿por qué lo decía?
Con solo lo que estaba comiendo el niño con gusto era más que suficiente, pero no se conformó con eso. El juguete tenia llamas bailando en él. Llamas del cielo, más puras que las de Nono. Si bien era bueno saber el potencial que le esperaba explotar (era comida japonesa e iba a Japón, no creía en coincidencias) y las llamas iban a desaparecer pronto, era demasiado.
¡Puff!
En otro lugar y tiempo, un niño apareció, de lo más feliz, listo para encontrar a papá y contarle de su día, y jugar con él.
Tristemente eso no fue lo que se encontró.
- De todos los momentos… - Un señor con peinado de piña maldijo por lo bajo, y antes de verlo venir estaba en sus brazos, siendo llevado a gran velocidad fuera de la habitación.
Una habitación con mucha gente en el suelo, gritos, armas, y rojo.
- ¡Quiero a papá! – Ni sabía quién era este tipo, así que no sintió culpa de morder con todas sus ganas o buscar lanzar granadas.
Maldiciones y explosiones ocurrieron, el hombre con cabello de piña detrás de él, diciéndole cosas que no podía creer. Si papá lo necesitaba, iba a volar todo por él. ¡Era el gran Lambo-sama después de todo!
-… no te da derecho Vongola! – Con toda honestidad, no le hubiera dado atención a esto si no fuera por lo que siguió:
- Se te advirtió varias veces, estas en nuestro territorio, ¿realmente esperas que-
- ¡Papá! – No lo veía, ¡pero reconocería esa voz en cualquier lugar!
Ojos naranjas dieron con él, muy amplios, y por primera no había sonrisa al verlo. Había miedo.
- ¿Oh?, no sabía que tenías un hijo… - El seguro de una pistola se oyó y se vio en la mira de un arma que no tardó en ser disparada.
Cuando se vio fue contra el pecho de alguien, llamas naranjas que nunca había visto antes lamiendo su piel, y el sonido de muchos disparos con la sensación del viento contra su cara. Las risas maniáticas, junto con los pasos de muchas personas, no tardaron en seguir.
- ¡Huye!, ¡huye como la rata que eres Vongola! – Risas, risas desquiciadas, y disparos.
Una mano empujo su cabeza para que no viera, pero eso valía de nada ante los ruidos, el movimiento, el olor a cobre en el aire, y el agarre de hierro en el que estaba.
Una puerta se abrió y se cerró con fuerza, y luego hubo una sensación fuerte de caer y una respiración pesada que no era la suya. Vio, a duras penas, lo que parecía ser hielo extenderse por lo que creía que era la puerta.
- Lamento eso Lambo… - Fue soltado, pero no por mucho, una mano fija en lo que creía que era la puerta.
No sabía que papá usaba guantes, o…
- Es cálida… - Para ser fuego, no quemaba. Era agradable de tocar, honestamente.
- Por supuesto que lo es. – La pequeña risa se volvieron toses ásperas, y quedo frio al ver sangre. – Perdón, no deberías de estar viendo nada de esto aún, sino en mucho, mucho tiempo… - Allí estaba la sonrisa, la dulce sonrisa que tanto le gustaba, pero estaba arruinada por la sangre cayendo de esos labios.
- No pasa nada, pa… - Se apagó, incapaz de hablar al tratar se subir para limpiar esa sangre y dar con algo húmedo en el camino, que también era color rojo.
- No, no mires, no te preocupes por ello. – Una mano le hizo subir la cara, moviendo su mentón. – No vuelvas hoy, ¿si Lambo?, mañana jugaremos todo lo que quieras, pero no puedes volver-
- ¡Se escondió en esta habitación! – Se oyeron golpes y las paredes temblaron. - ¡Derríbenla!
- Ignóralos. – Alegre, como si no pasara nada, papá llevo una mano a su bolsillo de la camisa y saco unos caramelos. – Estaré bien, solo no vuelvas hoy, ¿está bien? – Estos caramelos fueron empujados en sus manos y antes de que pudiera protestar humo rosa apareció.
Si la ansiedad del adolescente, al igual que las manchas de sangre y la electricidad corriendo por su cuerpo, no decían cosas buenas, la aparición de un niño a punto de llorar, con caramelos algo ensangrentados en sus pequeñas manos era como una cachetada en la cara.
Con mala cara, ignorando los rastros de flamas danzantes en el cuerpo del niño, Reborn ordeno que León se transformara en una pistola y con una bala especial le dio a un perro.
Jugar con un perro debería de hacerle olvidar lo que pudiera haber visto por un buen rato.
El futuro Decimo estaba determinado en indicar que ese niño era y seria su guardián del trueno a como diera lugar, ¿no es así?, más le valía conseguir algo que valiera la pena en cuanto llegara a su destino. Hasta ahora solo las llamas eran lo único positivo que veía el mejor asesino del mundo.
