Nada de Katekyo Hitman Reborn me pertenece, solo la historia y uno que otro agregado que aparecerán más adelante en la historia.
Jumping Through Time
Capítulo 11
Luego de conocer al futuro Decimo, era un tanto obvio él porque era "especial" con Lambo. Eso no evito que Reborn intentara deshacerse del mocoso, pretendiendo que no existía. Sabía que era inútil, pero al menos tenía que intentarlo.
- Resuelve esta ecuación usando el método que te explique, Dame-Tsuna. – Con una pistola apuntándote a la sien, debería ser algo fácil de hacer, ¿no es así?
El chico volvió a dudar, mirando de reojo al mocoso llorando a lagrima viva en la habitación. Reborn internamente frunció el ceño, pensando que quizás debió lanzar al mocoso por la ventana y cerrarla. Tal vez así, de ese modo-
- Resuelve la ecuación, Dame-Tsuna. – El clic de la pistola hizo más efecto que sus palabras, pero no por mucho.
En lugar de regresar a su asiento, el chico lo miro por una fracción de segundo antes de ignorarlo por completo. Bajo la pistola, sintiendo una mescla entre orgullo y furia. Los ojos del chico tenían un tinte dorado, y sabía que con más presión hubieran pasado a ser toques naranjas, signo de su voluntad, signo de que no iba a detenerlo.
No había acusación, no había furia, ni siquiera había miedo, en esos ojos por esa fracción de segundo. Lo único que hubo era difícil de explicar, pero se podría resumir en: "no vas a detenerme".
Fue de ese modo que termino viendo a su alumno sonreírle, nervioso, pero muy amable, al niño mientras le ofrecía caramelos. Estaba casi seguro que eran la misma clase de caramelos con las que el mocoso solía volver de sus viajes en el tiempo. De paso Tsunayoshi tenía que hacer las cosas peor, limpiar sus lágrimas y hacer al chico sonreír y volver a sus pies no era suficiente:
- ¡Soy el gran Lambo-sama! – Como si el llanto nunca hubiera pasado, incluso si aún limpiaban sus lágrimas. - ¿Quién eres tú?
- Puedes llamarme Tsuna. – Tsunayoshi estaba inseguro de cómo tratar al chico, pero eso no lo detuvo. – Ven, vamos a llevarte con mamá, ella estará feliz de verte y tendrás muchos más dulces, si quieres. ¿Qué dices Lambo?
Varios pestañeos, como si Lambo no supiera como ver a su "salvador".
- ¡Me agradas! – Por supuesto que le iba a agradar, por supuesto, como no… - ¡Serás el sirviente del gran Lambo-sama!
Solo alguien con muy, muy buen corazón, y que le agraden los niños sería capaz de-
- Hiiieeeee, ¿sirviente? – Eso no detuvo a su alumno de tomar al niño y prácticamente consentirlo, incluso si no estaba del todo consciente de este hecho. – So-solo vamos con mamá, ¿sí?, estoy seguro de que la amaras…
Reborn al menos tenía que intentarlo. Las probabilidades eran muy bajas, pero tenía que intentarlo. Tratar con mocosos no era ameno, en especial esa clase de mocosos…
Minutos más tarde, mientras se aseguraba de que el idiota de su alumno sintiera su irritación, oyó perfectamente un: ¡puff!
En otro tiempo y lugar, un niño apareció en medio lo que parecía ser una sesión de estudio.
- Genial, ahora no va a querer estudiar en todo el día… - Murmuro un hombre de pelo gris, quitándose los lentes y cerrando el libro que tenía en mano. Quito el pizarrón antes de decir: - Juudaime no debe estar muy ocupado a esta hora, así que vamos mocoso. – No fue dicho de mala manera, y Lambo no dudo en seguirlo.
Este hombre sabía exactamente a quien quería ver, y si hacia algo que no le gustaba solo tendría que decírselo a papá la próxima vez que lo viera. A nadie le gustaba que hiciera eso, aunque no sabía por qué. No es como si papá hiciera más que darles mala cara y decirles que no debían hacer tales cosas porque no era agradable.
- ¡Hey Gokudera! – Allí estaba el señor de las sonrisas raras. No quería a este señor.
- En otro momento, Lambo busca a su padre. – El hombre de pelo gris rodo los ojos diciendo eso, sin detenerse en ningún momento.
- Tsuna no está en la oficina. – Ante esto, el hombre de pelo gris se detuvo automáticamente. – Salió hace un momento, fue a acostarse un rato, su herida lo anda molestando. – Informo el otro, rascándose detrás de la nuca en un gesto nervioso. – Bueno, los dejo, voy a buscarle unos calmantes y un té.
- Tsk. – Algo muy bajo para oír antes de que el hombre lo mirara para decirle: - Tienes suerte de que su habitación no quede tan lejos de aquí y nos dijeran a tiempo mocoso.
- Quiero ver a papá. – Repitió sacando la lengua.
- Lo veras. – Le sacaron la lengua también. – Vamos, antes de que se duerma.
No tardaron mucho en llegar, sin tocar puerta ni nada. Papá quedo petrificado y mirándolos con grandes ojos, a punto de bajarse los pantalones.
- Tu hijo te busca. – El hombre de pelo gris no tenía reparo alguno, ¿no es así? - ¿Necesitas ayuda?, no deberías de inclinarte ni hacer presión, lo recuerda, ¿cierto?
- No es tan grave… - Se quejó, pero asintió de todas formas.
- Yamamoto nos dijo que te estaba molestando esa herida y te molestara más si no tomas más cuidado. – No estaba entendiendo mucho de la conversación.
Entendió cuando la camisa también fue removida, dejándole ver vendas un tanto rojas en un costado de su vientre.
- Gracias. – Pijamas, solo quería usar ropa más cómoda. Iba a dormir, por lo visto. – Hey Lambo, ¿cómo estas hoy?, ven aquí, ven~
- Los dejo solos. – Se excusó el otro hombre, cerrando la puerta detrás de si antes de que pudieran detenerlo.
No necesito que papá le dijera dos veces. ¡Lo había extrañado un montón!
