Nada de Katekyo Hitman Reborn me pertenece, solo la historia y uno que otro agregado que aparecerán más adelante en la historia.
Jumping Through Time
Capítulo 15
Para el Décimo, era una total sorpresa el día en el que fue llamado papá por su guardián más joven. Para los demás guardianes, para la familia más cercana, esto no fue ninguna sorpresa, ni siquiera al oír el origen de tal cosa por parte del guardián más joven.
-… mimarlo tanto, creo que ya le has dado mucha azúcar como es Tsuna, jajaja. – El hombre con una espada en la espalda se rio con diversión y un poco de nervios. No se molestó porque le sacara la lengua, a diferencia del hombre de pelo gris.
- Celosos, ¿uh? – Ojos chocolate, divertidos y con una pisca de travesura, lo dejaron por un momento para mirar a ambos hombres. - ¿No los malcrió lo suficiente a ustedes también cómo es?, no he oído ni una queja por las ultimas adiciones a las salas de entrenamientos o a los vinos que importe que no son para mi uso personal precisamente… - El tono de voz también era divertido, y un tanto malicioso.
- Nadie ha dicho eso, es solo que luego va a estar rebotando por las paredes… - ¿Que tenía eso de malo? – No es que lo tengas que cuidar tu como tal, aunque no creo que te importaría honestamente… - Papá rio ante esto, abrazándolo y atrayéndolo hacia él repentinamente.
- Por supuesto que no, cuidar de él no es ningún problema… - Recibió besos, y también fue lanzado al aire al pedirlo. – Cuidar a mi familia nunca es un problema… - Eso, por alguna razón, le pareció el ronroneo de un gato. O similar. No sabía porque lo pensó.
Los otros dos hombres se miraron por un segundo o dos, comenzando a sonreír como si hubiera habido alguna especie de broma. Dudaba que lo hubiera, no con los ojos ahora naranjas que lentamente volvían a ser chocolates.
- En mi opinión el idiota es el más afortunado de todos. – Murmuro alguien, pero no sabía quién y menos sabia de que hablaban. – Se quejará y se quejara, pero es al que más malcrían y quien más puede salirse con la suya.
Abrió la boca para preguntar de que hablaban, quien podía salirse con la suya, pero fue envuelto en humo rosa y eso lo molesto. ¿Por qué solo tenía que ser 5 minutos?, ¿por qué tan poco tiempo?
- Tsk, Juudaime preocupándose por ti y mira donde estas. – Pestañeo varias veces, a punto de preguntar si acaso el humo se lo había imaginado y aún seguía con papá y los hombres raros.
Sus palabras murieron en su garganta al dar con Bakadera. El idiota no estaba feliz de verlo, pero tampoco estaba molesto. Era un idiota. Eso era lo que era. No podía ver lo grandioso que era Lambo-sama.
- Vamos estúpida vaca, Juudaime no tiene por qué venir a bus-
- ¡No quiero! – No quería moverse, no quería ir a ninguna parte, así que no iba a ir a ningún lado.
Una vena estallo en la frente de Bakadera y lo próximo que sabía era que le dolía mucho la cabeza y estaba siendo arrastrado a solo Dios sabe dónde. Por suerte o mala suerte:
- ¡Gokudera-kun! – Por supuesto que tenía que ser lacayo. Al menos él lo sacaría de este aprieto. Esperaba. - ¿Encontraste a…? – Hubo un repentino silencio y en poco tiempo había sido soltado.
- Lo lamento mucho Juudaime, pero no quería colaborar. - ¡Que tan difícil era-
- No tenías por qué golpearlo o arrastrarlo de cualquier forma, me hubieras llamado. – Este siseo lo conocía muy bien. Muy, muy bien.
Su repentina emoción se perdió más rápido de lo que apareció, dándose cuenta de que era solo lacayo y no papá. Lo extrañaba…
- No puedes ser tan brusco, es solo un niño… - Pestañeo varias veces al verse en los brazos de alguien, en cálidos brazos. Pestañeo muchas veces más al verse cara a cara con un anillo que había visto muchas veces, una mano demasiado cerca de su rostro, sosteniéndolo con cuidado. – Bueno, gracias por encontrarlo. – Era el mismo anillo, no podía encontrar diferencias… - Vamos a casa, ¿si Lambo?, estoy seguro de que mamá debe tener algo rico de comer esperando…
Era la misma sonrisa. O casi. Era más apagada, mas tímida, más insegura. Tenía la misma calidez. Tenia…
- Papá. – Movió las manos, buscando agarrarlo de cualquier lugar. Quería asegurarse… - Papá.
- Eeehhh… - Los ojos eran del mismo tono chocolate, tenían la misma calidez, el mismo cariño… - Creo que Gokudera-kun te golpeo muy fuerte, no soy papá, soy Tsuna. – Fue despelucado con sumo cuidado, una sonrisa algo forzada.
Negó lentamente con la cabeza, sin poder despegar la vista de esos ojos que hace mucho amaba. ¿Cómo no se dio cuenta antes?
- Papá. – Se aferró todo lo que pudo. – Papá, tu eres papá. – No tenía duda alguna.
El mismo anillo. El mismo tono de piel. El mismo color de pelo, de ojos. La misma forma de ser llamado. El mismo nombre. La misma calidez, solo… diluida. El mismo cariño. No era la misma dulzura, pero…
- Eres como él… - Murmuro, sin saber cómo explicarse, sin saber cómo no se había dado cuenta antes… - Eres como él, el que siempre sonríe al ver a Lambo-sama…
Lacayo también sonreía al ver a Lambo, solo que no era tan notorio. ¿Cómo no lo vio antes?
Ambos siempre lo protegían, como podían. Ambos le contaban cuentos, ambos jugaban con él cuando lo pedía, ambos…
- Lambo, no sé qué-
- Tiene el mismo anillo que tienes ahora. – No sabía cómo decirlo, no sabía cómo… pero sabía algo diferente: - Ya no necesito usar la bazuca cada vez que quiera ir a ver a papá porque papá está aquí…
No importa en qué tiempo estuviera, no importa a donde fuera. Papá estaría allí, y todo estaría bien. Era más que una promesa.
