Nada de Katekyo Hitman Reborn me pertenece, solo la historia y uno que otro agregado que aparecerán más adelante en la historia.


Jumping Through Time

Extra 2

Contrario a la creencia popular, la Décima Generación de Vongola no era muy apegada a su predecesora. El Décimo era la excepción, por así decirlo. A diferencia de los demás miembros de su familia, el Décimo procuraba mantener la mayor distancia posible de aquellos que fueron sus predecesores al mismo tiempo que daba las más sutiles señales de alguien inseguro, desconfiado y posiblemente asustado. No era algo que cualquier notara y mucho menos a la primera. La verdad, no era algo que llamara la atención si no fuera por la extraña sobreprotección que recibía el Décimo ante estas circunstancias, lo cual era bastante fuera de lugar. Después de todo, pertenecían a la misma familia, ¿no es así?

-… y se supone que está arreglado? – Tsuna no pudo evitar preguntar con suma incertidumbre, viendo la cinta plástica en una fisura aun presente y una chispita que brotaba cerca de la base de una bazuca rosa.

Por supuesto, como se esperó, nadie parecía encontrar nada malo o notar los pequeños detalles que por si solos le daban la piel de gallina al chico de cabello chocolate. No era necesario que su intuición le advirtiera de forma incesante que se alejara lo más posible del objeto en cuestión. Solo hacia la situación más trágica y lo hacía querer llorar porque su suerte era simplemente de pesadillas…

- ¡Por supuesto! – Y el desgraciado ingeniero, lástima que no podía decir eso a menos que quisiera ser fusilado por Reborn, tenía el descaro de anunciarles desde la pantalla de un robot. Un robot.

Como si todo lo anterior no fueran suficiente para decirle que había algo que no estaba bien, el responsable de arreglar la basuca ni siquiera se dignó a venir en persona. O un responsable. O un mensajero al menos. No, tenía que enviar un robot. Reborn ni siquiera estaba aquí, aun, así que no había razón por la cual usar un robot… No es como si eso fuera a servir de algo si el mejor asesino del mundo decidía ir detrás del que controlaba o poseía dicho robot.

- ¡Se los probare inmediatamente! – Uh, espera, ¿QUÉ?

- ¡No es necesario! – Chillo, el futuro Decimo Vongola chillo con una voz muy aguda y moviéndose a la velocidad de la luz, su intuición gritando que venía algo horrible. - ¡En serio!, no es-¡Puff!

Los últimos pensamientos de Tsuna fueron cosas no muy lindas al ingeniero y al hecho de que había enviado a un desgraciado robot antes de que rosa inundara su visión. Específicamente a dos hechos. El primero siendo el que fuera ignorado completamente, y no solo por el responsable de todo este desastre que aun ni sabía que seria. Ignorado tanto en palabras y gestos, por múltiples personas, algo que no era precisamente nuevo. El segundo siendo que tenía que ser un robot de todas las cosas, uno que era como tratar de mover una pared, solo que aparentemente el robot no estaba bien construido porque oyó algo hacer chispas justo antes de ver solo rosa.

- Ehh… - Yamamoto hizo una mueca, viendo el brazo del robot en el suelo echando chispas.

- Oh, no se preocupe. En el camino un grupo de gente con pelo raro trato de desmantelar mi robot. – Con un solo brazo, e ignorando completamente el humo y una basuca lejos de si y de quien fue víctima de la misma, el robot hizo lo mejor para encogerse de hombros. – En esta ciudad hay un alto índice de gente rara con múltiples accidentes de procedencia dudosa. – Si Tsuna hubiera oído eso, se hubiera llevado las manos al pelo y hubiera intentado arrancárselo y quedar calvo.

La alternativa de querer decir algo feo e hiriente o solo darle una patada a quien dijo tales palabras siendo bloqueada por el instinto de autopreservación y la imagen vivida de recibir un balazo en medio de sus ojos. Eso, y posiblemente salir a solo Dios sabe dónde en calzoncillos o ser torturado unos cuantos días por su "audacia". No hacía falta darle más munición a sus pesadillas.

- ¿Me fui por un par de minutos y ya la usaron? – Comento de malhumor Gokudera, regresando del piso de arriba con unos libros de matemáticas. – Juudaime no va estar feliz. – Y mejor no mencionar como podría tomar esto el mejor asesino a sueldo del mundo. Podría quererlos matar a todos como podría solo reírse internamente de su desgracia. O ambas. – Y hablando de Juudaime, ¿dónde está?

Ante la pregunta, el resto de los presentes se congelaron por un segundo o dos, provocando que Gokudera se alarmara y no de las mejores formas. El chico de pelo gris no había querido dejar solo a Juudaime con estos idiotas, pero su jefe había pedido más de una vez que trajera las cosas para estudiar abajo y no en su habitación. Por supuesto que Gokudera obedeció, sin querer pensar a que se debía el repentino cambio de corazón de su jefe.

La respuesta a esto iba de la mano con la imagen de la bazuca, el robot y la sensación inconfundible de que algo iba a pasar y no algo precisamente bueno. Si bien Tsunayoshi no podía evitar cualquier cosa que fuera a pasar, al menos podría aminorar el impacto y tal vez salvar a alguien de un mal trago. Ese alguien era debatible.

- Tienen exactamente 3 se-

El guardián de la tormenta se cortó de golpe, y segundos más tarde los demás quedaron tan helados como él.

- Ma Ma, será mejor que se vaya. – Sin darle tiempo de nada, el robot fue empujado fuera de la casa y le cerraron la puerta en la cara. Fue una despedida muy forzosa.

Era una suerte que el dueño del robot capto la indirecta (mayormente la voz forzosa y un leve vistazo a algo que sabía que no debió ver) y salió lo más rápido del lugar, olvidando el brazo que había esperado solo reajustar y no tener que volver a crear para dicho robot. El robot era lo de menos en la mente del dueño. Si lo perdía no pasaba nada, no después de lo que vio.

Si hubiera sido cualquier otra persona, hubiera pegado, pero el no vio a cualquier persona. Peor aún, no tenía la más mínima idea ni quería pensar en que podría haber causado eso. Si habría la boca, si indagaba, si… No, lo mejor era hacer de cuenta que nunca estuvo allí. De otra forma, sus días estaban contados y no sabría qué consecuencias podría causar que tal información fuera conocida. Si, eso sería lo que haría, olvidar. Nada paso, absolutamente nada paso.

Al regresar a la sala de estar, asegurándose de que la puerta de entrada estuviera cerrada con llave, Yamamoto dejo la sonrisa caer. De todas formas, las otras dos personas ni siquiera miraron en su dirección. Incluso si lo hubieran hecho, solo por una hubiera sido capaz de sonreír. Lo peor es que no creía que pudiera engañarla o fuera bien recibido de su parte, a pesar de ser una falsa porque en esta situación no podía sonreír de verdad.

- Hey. – Llamo suavemente, acercándose con cuidado y agachándose. - ¿Te acuerdas de mi amiguito? – Pregunto amablemente, tratando de distraer al niño y hacer de cuenta que no había nada horriblemente fuera de lugar.

Yamamoto se congelo en el sitio, mano a medio camino de tocar el cabello del niño, ante el pequeño que lo miro y su primera reacción fue apartarse. Apartarse tanto que dio con la pared, intentándose hacer mucho menos visible, ojos húmedos y llenos de lágrimas al punto que de seguro no podía ver, dejando un rastro de manchas color carmesí a su paso.

- Yamamoto. – Por primera vez en mucho tiempo, Gokudera lo llamo. Serio, lo suficientemente bajo como para no alarmar más al niño que era Tsuna, solo… mucho más joven. Serio, tan serio que solo el tono decía que este no era momento para juegos o decir alguna tontería. – Esta asustado. – Había algo raro en la última palabra, una emoción que no podía definir.

Pues sí, el pequeño Tsuna debía de estar asustado, ¿por qué otra cosa se apartaría de él así?, no daba miedo, y no iba a lastimarlo. ¿Tal vez ya había iniciado la escuela?, no recordaba cómo era, pero sabía que la escuela nunca fue el lugar más feliz para Tsuna. Aun así… no creía que la escuela fuera tan mala como para traer el rastro de-

- Tsu-kun, mira. – En cualquier otra circunstancia, Gokudera no se hubiera atrevido a llamarlo de esa forma. – Tsk, ******* ***. – Lo último lo dijo para sí, asegurándose que el niño que ahora lloraba a lagrima viva y hacia todo lo posible para desaparecer no lo oyera.

El niño nunca levanto la vista, en todo caso solo se hizo más pequeño. El pequeño truco de las llamas, cosa que para el pequeño había sido magia la última vez que lo vieron, confirmo todo lo que necesitaba saber el guardián de la tormenta. Desgraciadamente, también le confirmo y anuncio a Yamamto de donde provenía la sangre.

- No, ni se te ocurra. – Regaño Gokudera deteniendo al otro guardián con un agarre de hierro en el hombro.

- Pero-

- Tiene miedo Yamamoto. – Era más que obvio, incluso si lo anterior. - ¿Por qué no le traes uno de sus peluches? – No tenían que acercarse, y tal vez pudiera consolar un poco al niño.

Desgraciadamente no había mucho que pudieran hacer. No podían acercarse, el no deseaba cercanía, de nadie. Estaba casi seguro que no quería a nadie, absolutamente nadie, cerca. Estaba asustado, y tenía toda la razón de estarlo con lo que, desgraciadamente, acababa de confirmar.

- Pero Gokudera, el-

- Tsk. – Jalando al otro para que el pequeño no lo oyera, pero sin perderlo de vista porque solo Dios sabia a donde podría esconderse un niño que estaba sumamente atemorizado y no se fiaba en nadie y con toda la razón… - Yamamoto, ¿recuerdas lo que Reborn-san nos comentó de las llamas de Juudaime…? – Había muchas cosas, el tema era algo amplio, pero Reborn no les había dado mucho.

Diferentes emociones pasaron por los ojos del beisbolista, buscando lo que habían querido decirle con solo esa pregunta. Confusión paso a incertidumbre, luego a seriedad, y esto se repitió un par de veces hasta que horror se apodero de esos ojos. La palidez y la negación llego rápido, pero Gokudera fue capaz de cortarlo:

- Piénsalo, está en la edad. – Fue cuando niño, y la última que lo vieron era muy diferente al Decimo que conocían. Podía haber pasado en uno o dos años, a lo mucho. – Sus padres y su abuelo estuvieron allí. – Ja. Abuelo. El Décimo ni siquiera lo recordaba. – El sellado de llamas es casi como sellar una parte de tu alma, Yamamoto. – No tenía idea de cómo era, pero viendo al pequeño que estaba anclando sus uñas en sus brazos y rasgando hasta sacar sangre… - Algo así no puede ser indoloro. – Termino tratando de ocultar su rabia, pero por la mirada de Yamamoto sabía que no lo había logrado.

- Su familia… - Murmuro el idiota, su mirada vagando al niño que se había metido detrás de una mesita. El rudo que estaba haciendo era poco, no era el llanto típico de un niño.

- Su padre y su abuelo. – Tal cosa ya era para dejar marca. Un trauma. – Y ya sabemos cómo es Nana… - Cualquiera creería que sería imposible perder esta vista, esta horrible vista de un niño sufriendo, pero para una persona que vivía en las nubes y un niño que estaba haciendo todo lo posible por no llamar la atención, por no ser visto, por estar solo…

Tsunayoshi, el pequeño Tsunayoshi podría no entender porque le había pasado esto, porque se sentía así, pero sabía que habían sido su familia. Si su familia había hecho eso, ¿qué hay del resto del mundo?

- No uses tus llamas. – Seria lo más sano hacerlo dormir, calmarlo, pero dadas las circunstancias… - Se sentirá peor. – El anhelo, el impedimento, el vacío… Y Tsunayoshi era un cielo, eso lo hacía peor. Los cielos llamaban y respondían a otras llamas, así que ahora…

Era muy posible que la razón por la que Tsuna no recordara esto, si es que estaba diciendo la verdad, no era por la edad sino el trauma.

- No sé en que estaban pensando… - "No vale la pena, no lo vale" fue lo no dicho por el guardián de la lluvia, sin poder apartar la mirada del niño que había visto hace tan poco y era un tremendo travieso y dulce niño.

- Seguridad. – Eso, supuestamente. Ocultarlo de otros, protegerlo de otros. ¿De que servía si lo dañaban en el proceso?, y no algo leve.

- Nunca fue cobarde. – Vino el susurro casi horrorizado del guardián de la lluvia rato después.

Gokudera fue transportado a la primera vez que conoció al Decimo. Al chico que tembló y se encogió del sitio al patear su pupitre, al chico que fue intimidado inmediatamente al hablar con el… Al mismo chico que había huido y casi llorado al verse en una pelea que sabía que no iba a ganar. Si, Gokudera estaba plenamente consciente de que eso fue una prueba para el Décimo, y un entrenamiento. Eso no lo sabía el Décimo, quien… oh.

- ¿Tienes los peluches? – Yamamoto le mostro un par, uno de ellos siendo Mini-Cuernitos. – Bien, ya casi termino. – Con suerte, un poco de chocolate caliente haría maravillas en distraer al pequeño.

La única razón por la cual lo habían dejado solo era porque no se movió de allí. No se movería mientras no se acercarán demasiado. Tenía ojeras, y estaba exhausto. ¿Cómo no se habían dado cuenta de esto?, ¿o acaso hicieron la vista gorda?, o tal vez… que no fueran a decirle que hicieron eso y se fueron sin ver el resultado. Nono no era tonto, tenía que saber, ¡tenía que saber…!

Como había dicho Yamamoto, el Décimo nunca fue un cobarde. No por naturaleza, al menos. No era un rasgo de personalidad, no propiamente. Podía verlo, por desgracia. Viendo lo asustado que estaba, como quería desaparecer del sitio, las molestias que estaba tomado para no ser visto, para no llamar la atención…

Sawada Tsunayoshi no era un miedoso o un cobarde. Era un mecanismo de auto-defensa. Uno que, por lo visto, se había arraigado. No es de extrañar, no con solo Nana cuidando de él. Tsunayoshi no confiaba en nadie, no en que no fueran a lastimarlo. No era algo que decidiera conscientemente, al igual que lo era como trataba de permanecer fuera del radar, de cómo0 buscaba evitar confrontación, de cómo se encogía en el sitio en muchas ocasiones para parecer inofensivo y lo dejaran en paz, al igual que muchas otras cosas. Era inconsciente.

Y ninguno de ellos había precisamente ayudado.

Él había llegado intimidándolo y luego buscando "matarlo". Yamamoto lo había conocido por mucho tiempo y jamás se acercaron mucho, y ahora Yamamoto tomaba todo como un "juego". En lugar de calmar las cosas, hacia lo contrario con Tsuna. Hibari ni se hable, Tsuna le tenía terror y el prefecto buscaba cualquier oportunidad para morder a quien sea hasta la muerte. El boxeador no era muy cuidadoso, Tsuna siempre terminaba con algún moretón y el caso era similar al de Yamamoto. Y podría seguir y seguir con todos y cada uno de ellos.

Sawada Tsunayoshi había vivo casi toda su vida como un civil. Solo con eso el cambio no sería tomado muy bien, pero con esto… con esto ahora muchas cosas tenían sentido. Incluyendo por qué Tsuna no buscaba ayuda a menos que estuviera totalmente desesperado. Ni con heridas lo hacía, las ocultaba y las trataba el mismo.

En pocas palabras, este incidente había puesto dos mensajes en Tsuna: "cualquiera puede lastimarte" y "no confíes en nadie". No ayudaba que, por todo lo que sabía, lo cual no era mucho, nadie ayudo a Tsuna con este incidente.

El hecho de que Tsuna no les presentara a nadie, que no lo vieran con nadie, que básicamente prefería encerrarse en su cuarto y jugar video juegos todo el día a hacer cualquier otra cosa, decía más de lo que Tsuna pudiera creer.

Un peluche fue lanzado a los pies del niño, cruzando los dedos para que el pequeño no se alarmara y tomara el peluche. Debería de entretenerlo, debería de darle confort, incluso si era solo un poco, ¿no?

Por un momento nada paso, luego ojos marrones opacos y llenos de lágrimas, rojos de tanto llorar, se asomaron para ver lo que sea que había llamado su atención. Tardo un momento, haciendo creer que tomaría mal la presencia del peluche, o que lo ignoraría, pero el niño subió la cabeza de sus rodillas y extendió los brazos para tomar el peluche, manos temblando un poco y dedos llenos de sangre.

El aliento que estaban conteniendo fue liberado con alivio al ver esto, solo para ver el muñeco siendo lanzado bien lejos a una pared segundos después. La expresión del chico era un ceño fruncido, y si no fuera porque conocían a Tsuna y podían sentir un leve roce de lo que sus llamas querían transmitir más eran incapaces de hacerlo por obvias razones…

- Oh Tsuna… - Yamamoto murmuro para sí, llevándose las manos a la cara y maldiciendo internamente a los idiotas buenos para nada que había hecho esto.

Los peluches guardados en bolsas tenían una explicación mucho más simple y mucho más oscura que simplemente el típico "el niño creció".

No encontraba confort, era incapaz de hallar confort en esos peluches ahora, y eso le traía frustración. No entendía, era incapaz de hacerlo, y en lugar de intentarlo simplemente los tiraba lejos para no verlos, para no pensar en ello. Tomando en cuenta que se estaba lastimando porque obviamente le dolía…

- Tsu-kun, hey, Tsu-kun… - Yamamoto no podía con esto, simplemente no podía hacerlo. Debía de haber algo que pudiera hacer, cualquier cosa.

- Lo vas a asustar más idiota. – Pues a Yamamoto en verdad no le importaba, no ahora que ni siquiera un peluche podía hacer nada. ¿Qué iban a hacer?, ¿dejarlo llorar a lagrima viva mientras se destrozaba los brazos y se hacia uno con la pared?

- Tsk, has lo que quieras. – A pesar de decir esto, la amenaza oculta no fue perdida por el beisbolista. – Llamare a los otros. – Porque alguien debía de tener una idea, alguien debía de saber que podían hacer, así fuera algo minúsculo…

Así fue que Yamamoto se vio solo con la mirada dolida y asustada de un niño que parecía querer correr lejos de su vista. Ver esos ojos chocolate de esa forma era como una daga al corazón. Y la impotencia no estaba ayudando en lo más mínimo. Ni siquiera podía ir a cortar en pedacitos a los culpables de esto. Y como quería, Dios, como quería hacerlo.

Yamamoto volvió a la realidad al oír algo caer, seguido de un gemido y un murmullo. No tardo en levantarse y salir corriendo a tratar de ayudar al niño que, por alguna razón, estaba en el suelo y posiblemente se ganó un chichón. No llego muy lejos, detenido en el acto por esas dos esferas chocolate que le recordaron inmediatamente a un venado en frente a un carro con las luces encendidas. Cierto, cierto… Tsuna no quería que se acercara, ni él ni Gokudera…

- ¿Estas bien? – El guardián de la lluvia no pudo evitar preguntar, mirando al chico de arriba abajo mientras se levantaba. - ¿Tsu-kun? – No creía que fuera a obtener una respuesta, y mucho menos una positiva, pero…

No tardo en dar con la cara algo pálida, con las ojeras, con el leve temblor, ni con la ropa sucia. Mínimo llevaba un día en esas condiciones, un día sin dormir, y no solo eran sus brazos lo que había caído víctima de esas uñas… y no solo uñas. Por alguna razón, Tsuna tenía moretones. Recientes, pero muchas para ser normal. Tsuna era algo torpe, pero esto era demasiado…

Yamamoto tampoco perdió los ojos rojos de tanto llorar, las mejillas húmedas, pero eso no era información nueva. No, lo nuevo era que, ahora que no ocultaba su rostro, el niño buscando abrazarse así mismo, podía ver en primera fila que el niño estaba sufriendo de múltiples formas solo por verlo a los ojos. Dudaba que estuviera drogado, pero sus ojos eran algo brillosos y perdidos como si estuviera afectado por algo externo.

- ¡Ufff! – Se rio un poco, pero no de felicidad. – Esa estuvo cerca, ¿estás bien?, ¿no te golpeaste? – Al igual que el Tsuna de este tiempo, este pequeño había tropezado con aire.

A diferencia del Tsuna que conocía, este pequeño apretó los labios y sus ojos se llenaron de lágrimas inmediatamente ante la pregunta. Lo próximo que sabía era que estaba siendo abrazado con fuerza, con demasiada fuerza al punto de ser doloroso, y el niño de verdad estaba llorando ahora. Como si lo anterior no fuera llanto, lo cual era erróneo.

- ¡¿QUÉ DIANTRES HICISTE YAMA-

Gokudera se cortó de golpe, anonado al ver al niño entre sus brazos llorando con todas sus fuerzas, sin tratar de ocultar el ruido esta vez. Él también estaba impresionado, pero…

- Esta lleno de moretones, y se tropezó con aire hace un momento. – Por alguna razón, Gokudera frunció el ceño ante lo segundo.

- La otra vez no se tropezó en ningún momento. – Era un simple comentario, pero Gokudera no quito la vista del niño. - ¿Qué tan mal?, me temo que usar llamas de sol no será una buena idea…

- Recientes, tal y como… - No sabía cómo completarla, y no ayudaba que en ese momento entendió lo que Gokudera quiso decirle con ese "comentario".

El Tsuna niño de antes no se tropezaba.

- ¿Quieres un poco de chocolate caliente? – No, no iba a pensar en eso ahora. No con el pequeño en sus brazos. No sabía que había pasado o porque el pequeño había decidido no huir, pero lo apreciaba y no iba a arruinarlo. – Solo hay que calentarlo, y hay malvaviscos… - No era la gran cosa, pero si ayudaba… - Hey, es solo Gokudera, no va a lastimarte, ¡fue quien tuvo la idea del peluche!, creyó que… - Siguió y siguió, repitiendo incluso, solo para calmar al niño.

Gokudera parecía haber recibido una puñalada en el pecho solo por como el pequeño se había alejado lo más posible de el al notarlo. Gokudera solo iba a revisarlo, a tratar de curarlo, de seguro, pero jamás lastimarlo. Tsu-kun no sabía eso, o no lo entendía. Tal y como estaba, quizás no estaba entendiendo nada.

Reborn fue el primero en ser informado, por supuesto. Fue el primero en llegar, también, luego de hacer dos paradas. Una, por supuesto, para amenazar al idiota que había traído la bazuca de que era mejor no abrir la boca si no quería desaparecer de la faz de la tierra. La segunda fue para prepararse mentalmente porque no deseaba asustar o hacer las cosas peor con Tsuna, quien había sido sensible a su aura de muerte la última vez que la bazuca lo toco.

Debió de haber tomado más tiempo en la segunda, porque tan pronto vio la bazuca con la cinta plástica quería matar a alguien. Era obvio que no estaba arreglada, no propiamente. Lo iban a oír. Esto fue secundado por lo que encontró luego, específicamente al dar con Tsuna. Tardo un par de segundo en darse cuenta que ahora Tsuna era incapaz de sentir su aura de muerte como solía hacerlo. Tal y como el adolescente que encontró al llegar a esta casa, el niño solo se encogió en el sitio y comenzó a mirar a su alrededor, sintiendo algo malo pero incapaz de dar con eso o decir que era exactamente.

Yamamoto había tomado como su misión en la vida entretener al niño hablando de cualquier cosa tonta que se le ocurriera, tomando al niño de las manos y ofreciendo que pudiera abrazarlo o tomarlo de donde quisiera. El guardián de la lluvia no dejaba que el chico recuperara sus manos. Eso no daba buena señal.

Gokudera, en cambio, estaba mortalmente silencioso. Con un kit de primeros auxilios a mano, el guardián de la tormenta estaba curando cada herida con el mayor cuidado posible, a una velocidad lenta y tratando a Tsuna como si fuera un animal salvaje que en cualquier momento fuera a huir. La atención del guardián estaba, por los momentos, exclusivamente en el torso del niño.

Tenía marcas rojizas, poca sangre al menos, mayormente en los costados, como arañazos. Conocía esa forma, así que dar con el origen de tales heridas no demoro nada. Viendo el número de vendas en los brazos del niño, y las manos algo rojizas, por no mencionar las uñas rotas… no se necesitaba ser un genio para entender.

Lo que en verdad pegaba de la vista, eran los ojos. No era el miedo, la inseguridad, ni siquiera el cómo parecía querer desaparecer del sitio, o como se aferraba a cada palabra que el beisbolista le decía. No, eran los ojos.

Era bastante similar a los ojos de una persona que había perdido a alguien muy cercano. Demasiado similar. Eran algo muertos, eran muy dolidos, muy tristes, temerosos e inseguros. El dolor que debía de sentir era bastante alto, lo cual no ayudaba. Y no era nada físico, porque en verdad no reaccionaba a lo que estaba haciendo Gokudera, excepto confusión e irritación.

Había algo de chocolate caliente que hace rato había dejado de ser caliente, y varios aperitivos. Nada había sido tocado. El niño no deseaba comer, y debía de tener hambre. ¿Nana no había notado que algo estaba seriamente mal con Tsunayoshi?, un civil no sabría dar con la razón, pero los signos eran obvios. Y aun así Nana jamás había comentado, jamás había contado, alguna etapa problemática con su hijo. Sin importar como se lo preguntara. Esto no era algo que fuera a "curarse" de la noche a la mañana, así que… ¿cómo?

Reborn se limitó a observar, sin querer interferir. Poco a poco los demás miembros de la familia comenzaron a llegar, y agradeció no haberse acercado.

El único que en verdad tenía un pase era Yamamoto. Era el escudo, la distracción. Yamamoto tenía que convencerlo, y aun así Tsunayoshi no se apartaba y entraba en pánico cuando querían alejarlo así fuera un poco del beisbolista, para dejarse tocar o hablar con alguien más. "Hablar", por supuesto. Desde que estaba allí el niño no había dicho palabra alguna, no había comido nada, no se había movido, y entraba en pequeños llantos aquí y allá. También había rasguñado a Yamamoto más de una vez, y estaba casi seguro de que el beisbolista tendría moretones por la fuerza del chico.

Ni siquiera un animal, Hibari había conseguido "prestado" a "Oreo", ayudaba. No, todo lo contrario en realidad. Y "Oreo" no llego a dar más que un par de olfateos cuando comenzó a gruñir. No demoro más que un par de segundos en entender al animal, y con ello todas las cosas raras con los animales con las que había disfrutado meterse con Tsuna, en especial aquel perrito super pequeño que no podía ver a Tsuna sin perseguirlo por doquier.

"Oreo" no estaba gruñéndole a Tsuna, no estaba amenazando a Tsuna, como el niño de seguro pensaba porque había estaba temblando como una maraca y abrazado como un koala a la única que persona que no quería soltar. Esta reacción, por supuesto, solo ponía más agresivo a "Oreo".

Los animales que lo perseguían y le gruñían solo estaban tratando de protegerlo de algo. Nada más, nada menos. Los animales debían de sentir que había algo mal con él, pero no sabían que, y por ello debían de asumir que los demás presentes podrían ser amenazas. No era algo que hubiera considerado antes, ni siquiera como algo curioso. Si lo hubiera hecho, no se sentiría mal con esta revelación ahora. No se hubiera divertido tanto con esas situaciones. ¿Cómo podría haberlo hecho cuando era una señal de que algo no estaba bien?

Solo con observar, tuvo varias revelaciones o confirmaciones, una más oscura o terrible que la anterior. En todas y en cada una de ellas no podía evitar preguntarse en que estaba pensando Nono, como si no lo hubiera hecho antes muchas veces. ¿Tal vez era la vejez?, porque Dios… Y Iemitsu, ¿en qué diablos estaba pensando ese idiota de primera?, Tsunayoshi era su hijo…

Cuando hubo rosa invadió el sitio en donde había estado el pequeño en medio de la noche, el pequeño alivio de que las cosas habían vuelto como antes duro… uno, dos, tres segundos.

¿La razón?

- ¿C-Chicos…? – Ya solo con la voz sabían que había algo mal.

Era una confirmación mas bien. La sensación usual de la tímida bienvenida que desprendía Tsuna con sus llamas no estaba. Era algo sutil, pero todos se habían acostumbrado a esa sensación y ahora no estaba. Pero acababan de oír a Tsunayoshi, y no fue un tono alegre. No, para nada, parecía estar… oh.

- ¿Quién te hizo eso Tsu-kun? – Yamamoto pregunto de forma demasiada calmada, como si estuviera hablando aun con el niño de antes. Técnicamente hablando, seguía hablando con la misma persona.

Era una verdadera lástima que no podían perseguir al culpable, eso sucedió en el pasado. Eso no quería decir que no pudieran-

- E-Eso no im-importa. – El chico negó con la cabeza rápidamente, pestañeando demasiado rápido e ignorando el ojo negro y las marcas de manos en su cuello. - ¿Reborn?

Al igual que los demás, Reborn se congelo en el sitio antes los ojos tan similares a los del niño de antes. No ayudaba que Tsunayoshi estaba conteniendo las ganas de llorar y estaba demasiado nervioso como para ocultarlo. O intentar siquiera.

- ¿Por qué?, ¿no te creyeron? – Era obvio, dolorosamente obvio, lo que había pasado.

Los mismos ojos, marcas similares en los brazos, la inseguridad, los nervios y las obvias ganas de llorar. Las marcas no ayudaban, al menos no las marcas dejadas por alguien más.

- N-No. – No había forma ni manera en la que Tsunayoshi fuera capaz de ocultarse de Nono, quien obviamente debía de estar aun allí por lo que podían ver. – Ocultarme de mamá es fácil, escaparme de… - No completo, negando con la cabeza. – Contra dos es imposible ganar, en especial cuando uno sabe que intentas hacer… - Nono, por supuesto que tenía que ser Nono. – Aparentemente aun me faltan un par de años, no quisieron oír y en verdad ni siquiera creyeron que era yo hasta que me vi obligado a tratar de… - Se apago, mirando al suelo. - ¿Podrías dispararme con León? – No era una pregunta, era una súplica.

Apuntando con León a la frente de su estudiante y sintiendo toda la energía homicida acumulada a su alrededor, incluyendo a la suya propia, Reborn imagino a dos rostros muy distintos al disparar. Tomaría varios intentos, tomaría un par de días a lo mucho, y esperaba que no hubiera más efectos secundarios.

Tsunayoshi iba dar unos cuantos pasos atrás por esta experiencia, de eso todos estaban claros después de ver al niño del pasado llorar tanto y queriendo que se lo tragara la tierra.

- ¿Sin gritar tu lamento? – Alguien lo atajo para que no cayera al suelo, pero igual se levantó con la llama en la frente y en calzones. Tenía corazones rojos esta vez. En otra ocasión seria chistoso.

La sensación rota, como un disco rayado, que desprendía y no era una de bienvenida sino de "no sé qué hacer", "duele", "no entiendo", y el muy tenue: "quiero morir". Si, la intención homicida tomo tres niveles más.

Ignorando a las personas aprovechando la oportunidad para curarlo y revisar que más heridas tenia, las cuales eran unas cuantas y hechas por alguien más, un par de orbes naranja amarillentos más pequeños de lo usual giraron en su dirección sin prisa alguna.

- ¿Tsunayoshi? – ¿Acaso no iba a hablar?, tal cosa no debería ser posible, tampoco daba buena señal.

- No vale la pena. – Fue lo que salió de esos labios, sin emoción alguna.

- ¿Qué no vale la pena? – Indago inmediatamente, extrañado porque esto no era muy común. Eso, y temiendo que fuera a hacer una estupidez. No, no hacia falta una justo ahora-

- No me escuchara. – Muy pocos compartieron su entendimiento, su comprensión a lo no dicho. Y, aun así: - Y si lo hace no me creerá. – De una forma un tanto rara y que su mente de inmediato indicaba como una mala señal Tsuna se encogió de hombros como si no importara. – Creerá que solo busco llamar la atención… - Fue un murmullo, un murmullo destinado a no ser escuchado.

- ¿Y eso te detiene? – Pregunto antes de que alguien tuviera la genialidad de decir o preguntar algo impropio. Accidental o no, intencional o no, este no era el momento. – El control fuera de tu deseo en el que no actuaste no debería estar presente, ¿qué no me estás diciendo?

Por un largo momento Tsuna solo lo miro, sin pestañear, a lo mucho solo frunció el ceño. Ignoro todo, extrañamente. Preguntas, llamados… todo. Era como si nada existiera. Fuera lo que fuera el problema, no podía verlo. El que supiera o creyera, probablemente lo mas seguro, que su madre no fuera a creerle nada no debería de detenerlo de decir lo que sea que quería decirle. Nana no estaba aquí, entretenida con una ida a un concurso gracias a su "marido". Debió de haber salido corriendo a buscarla y decirle lo que sea que se estaba tragando-Tsunayoshi inclino levemente la cara, el movimiento lo suficientemente minúsculo como para pasar desapercibido a ojos no entrenados.

- Tsunayoshi. – Se contuvo a duras penas de soltar parte de su enojo en alguien que no tenia culpa. No necesitaba que el chico fuera a hacer una tontería, no ahora, definitivamente no ahora.

Lo ignoro. Tsunayoshi lo ignoro. La única atención que dio fue mirar a los ojos, y solo para que lo dejaran pasar. Sin palabras, sin prisas, sin nada mas que una extraña calma y desapego. Conto un par de minutos, el par que le dio para hacer lo que sea que iba a hacer en paz, cuando sintió la presencia de su alumno volver.

Arqueo una ceja, al igual que algunos, ante lo que parecía ser un cuaderno que había visto mejores días siendo ofrecido a sus manos. En ningún momento Tsunayoshi le hablo o respondió, a nadie la verdad, pero podía sentir la mirada que le tenia encima así fuera cuidadosamente neutral. Cualquier cosa que espero ver ciertamente no fue lo que encontró en esas páginas amarillas.

- ¿Hiciste eso? – Pregunto pasando las paginas, ignorando lo mejor posible las gotas de un color rojo oscuro aquí y allá entre las páginas.

- No recuerdo haberlo hecho. – Fue lento, calculado. La mirada aun no se la quitaba de encima. Tsunayoshi estaba buscando algo, esperando algo. – No con detalles. – Una breve pausa, agregando dudosamente: - El tercero no es tan doloroso o difícil como parece.

El ver estas imágenes, el saber que el sellado no era nada bueno con sus víctimas, y sus años de experiencias en ver cosas para nada lindas le permitió quedarse tranquilo. En todo caso:

- ¿Tan ido estabas? – Todas las imágenes eran mayormente rayones de colores oscuros, principalmente el negro, en lo que parecía ser ira o desesperación. Algunas tenían cosas autodestructivas, tal y como la tercera imagen. - ¿Te permitieron hacer eso? – Sigo al no obtener más que silencio.

- Se fueron a los minutos, no iban a perder su vuelo. – Como si eso no fuera respuesta suficiente, Tsuna tenía que ser más especifico: - Nada fue fuera de lo esperado. – Estas eran palabras citadas. Una frase que había oído mas de una vez, pero jamás bajo esta luz.

- ¿Oh? – La tercera imagen, una imagen algo ambigua, se refería al acto de tratar de noquearse así mismo en el mejor de los casos. La intención era muy diferente, y explicaba porque ciertas marcas eran tan singulares… - Con que es así, hmmm… - No era una sorpresa, la mafia era un mundo cruel. Eso no quería decir que se espero algo así por parte de Nono con quien había designado como sucesor.

Volviendo al tema:

- ¿Qué no estas diciendo? – Estaba casi seguro de lo que pasaba aquí. No era necesaria más confirmación de que Tsunayoshi había dado varios pasos atrás gracias a esta experiencia si incluso en Hyper Mode está actuando así. – Estoy escuchando Tsunayoshi. – En realidad: - Estamos escuchando. – El silencio y la atención no era de adorno, eso era seguro.

- ¿Estas seguro de eso? – El chico tuvo la gala de dudar con completa seguridad.

- No soy tu madre. – Ese era el punto, el problema.

Si, ese era el problema. Su madre no vio nada malo, no vio nada fuera de lugar, no lo escucho… Y el no era muy diferente a sus ojos, no si esa expresión no cambiante decía algo.

- Tsunayoshi. – No hacia falta una pelea. – Sabes perfectamente que, aunque no se te haga caso, se te escucha. ¿O te disparé porque quise?, ¿o los chicos están aquí con la boca cerrada porque sí? – Era tonto, muy tonto, pero… ¿cómo reclamárselo?

Por un largo momento lo único que hizo Tsunayoshi fue pestañear.

- Nadie nunca vio nada malo, excepto que soy Dame-Tsuna. – Tan pronto dijo la ultima palabra, la llama en su frente se apagó, dejando a una figura derrotada en más de un sentido.

- Bianchi tendrá mas trabajo. – Murmuro para sí, seguro de que necesitarían mínimo un par de días mas para que Tsuna fuera capaz de actuar medio normal y no asustarlos.

Misión imposible, ellos ya debían de saber que algo había pasado, no eran tontos, pero ninguno seria capaz de entender o consolar al chico que, luego de probar una dosis de lo mas cercano a ser quien en verdad era, no podía aceptar su nueva realidad o lo ocurrido. No podía soportarlo, no podía contenerlo tampoco.

- Te doy un par de días antes de que tu mismo lo rompas. – Le comento casi socarronamente al chico que lo miro con ojos llenos de lagrimas al notar su presencia cercana. – Mientras más fuerte eres, más duele, pero también significa que no fue sencillo hacer lo que te hicieron. – Así lo hicieran ver de esa forma.

Debilitar el sello era una cosa. Pero viendo a los demás presentes, estaba casi seguro que iban a tratar de tentarlo con sus llamas. O tal vez no, por la gran mala reacción del Tsuna niño. Seguía siendo una táctica valida, Tsunayoshi no era un niño y estaba plenamente consciente de lo que no tenía. Era incapaz de aceptar tal cosa, tal perdida, ¿quién lo haría?

Mirando el cuaderno de reojo, su mente paso sobre el hecho de que el verdadero lamento de Tsuna había sido querer confesar lo que había recordado, específicamente el hecho de que nadie había creído que fuera un problema diferente a ser torpe y miedoso. A ser quien era, por así decirlo. El que nadie le creyera, esa pequeña confesión era su lamento.

Con tales dibujos, Reborn encontraba muy difícil de creer que alguien pudiera ser tan ciego. Y aun así aquí estaban.

- En otras circunstancias te castigaría por dudar de mí, y más aún por ponerme a prueba. – Y era mucho decir que Tsuna no temía de él, de su amenaza, justo ahora.

Meses más tarde, Nono se preguntaría qué había pasado para que Reborn fuera directo al punto en todas sus conversaciones y colgara inmediatamente, y por qué no aceptara más misiones de su parte. Años más tarde, Nono y sus guardianes se preguntarían por que el Décimo y su familia los evadieran como la plaga y cuando no era así estuvieran a punto de desatar una pelea a muerte sin razón. Ni siquiera eran invitados al cumpleaños del Decimo, cuando Varia nunca fallaba en obtener una invitación.