Nada de Katekyo Hitman Reborn me pertenece, solo la historia y uno que otro agregado que aparecerán más adelante en la historia.


Jumping Through Time

Capítulo 18

Había un extraño entendimiento entre los guardianes del Décimo Vongola. Uno del cual ni siquiera el Décimo parecía ser parte, mas no era ignorante si la mirada conocedora que solía darles decía algo. Era algo que no se hablaba, como una regla no dicha. Más que una regla, a diferencia de lo que se creía, era un juramento. Un juramento que salía a relucir como un desastre natural en forma humana cada vez que el Décimo terminaba en una situación precaria, y como una guerra fría cuando estaba lastimado y fuera de peligro.

-...creo que despierte. - El guardián de la lluvia no miro a otro sitio, su vista perdida en algún punto de la pared. No tenía sonrisa, no estaba relajado, y sus manos sujetaban con más fuerza de la necesaria la espada que, por los momentos, no había necesidad de usar o siquiera estar allí.

Solo una persona había intentado decirle a tal guardián que las armas estaban prohibidas en la enfermería. Esa persona solo llegó a media frase cuando sintió la muerte encima seguido por unos ojos increíblemente afilados y oscuros, sin emoción alguna con el no tan sutil mensaje de que la espada no iría a ningún sitio.

- Tsk, por supuesto que no. - Desestimó el recién llegado sin mirar a Yamamoto, su vista fija en la figura inconsciente en la cama. - Es muy pronto, es mejor que descanse todo lo posible y le dé tiempo a su cuerpo de recuperarse. - El guardián de la tormenta dejó la bandeja de comida en la mesita cercana. No había necesidad de palabras, no para esto.

- Por un rato que despierte… - El beisbolista murmuró, tomando uno de los emparedados y dándole una mordida.

- En cuanto lo haga lo van a presionar. - Recordó el chico de pelo plateado sin un segundo de duda.

Ambos quedaron en silencio, a sabiendas de que esa era la verdad. Ya lo estaban haciendo con ellos, incluso si no hacía falta. Ya habían visto, sentido, experimentado una pequeña dosis de lo que este futuro traería para ellos. No iban a quedar de brazos cruzados cuando, incluso si no estuvieran en peligro y atorados en esta situación, ni siquiera podían defenderse ante un enemigo. Estaban plenamente conscientes de que gran parte de su victoria se debía a la suerte. Pura y llanamente suerte. Si no hubieran logrado abrir esas cajas, si no hubieran…

- Ganó con sus propias manos. - Mencionó luego de un buen rato Yamamoto, mirando de reojo a quien seguía en un estado apacible, inconsciente.

Lo que no se dijo en voz alta fue: "no como nosotros".

- Si, y mira donde lo dejó. - Pero el punto era claro: Tsunayoshi era fuerte. Había ganado en gran desventaja. Aun así, tal cosa trajo consecuencias y no debían olvidarlas. - No lo verá como una desventaja. - Ante este recordatorio, ambos miraron abajo y no se dijo nada más.

El guardián del cielo no vería lo sucedido como lo que era, no realmente. No lo vería como una victoria, no vería que había peleado con gran desventaja. Lo que veía era que era débil, muy débil, y casi perdía por ello. No podía permitirse perder, era la frase que se había hecho una regla tácita para Tsuna. En cierta forma, era culpa de todos, y de lo que habían vivido hasta ahora.

En lugar de sentarse con él a explicar la situación debidamente, a decirle que había hecho algo grandioso tomando en cuenta las circunstancias, lo que pasaría es que le pondrían en la cabeza que las cosas se pondrían más difíciles, que querían matarlos a todos, y que debía hacerse más fuerte y para ayer. Si bien no estaban errados, esta no era la mejor situación ni la mejor forma de hacerlo.

Era una suerte que hubieran decidido darle el tiempo que quisiera para que despertara. Algo acerca de que no serviría de mucho estando cansado luego de todo lo que pasó.

- Ne, Gokudera. - Para cambiar el tema a uno más alegre: - ¿Como le haces para traer esto aquí?, no se supone que se coma en la enfermería, no nos dejan en la escuela… - Era un buen punto. ¿Cuántas veces Gokudera no traía algo de comer o simplemente una bebida para quienes se quedarán a tener un ojo en Tsuna?, con mala cara y todo, pero lo hacía.

- Como si unos idiotas fueran a decirme qué hacer y qué no hacer. Solo Juudaime puede. - Desestimo el guardian de la tormenta con irritación pura.

El día anterior, cuando dicho guardián fue a la cocina y tomó lo que quiso sin pedir permiso alguno, alguien intentó detenerlo. Para mala suerte de ese alguien, fue recibido por un par de miradas amenazantes y sonrisas muy afiladas, manos con cuchillos cortando verduras. Era la segunda vez que eso pasaba, así que rápidamente cambió de tácticas solo para recibir una mirada homicida y que un cartucho de dinamita encendido se le fuera lanzado antes de que un guardián se quejara de que estaba rodeado de idiotas sin cerebro y lo dejara a su suerte.

La verdad, para desconocimiento de ambos guardianes, había una buena razón por la cual nadie fuera de ellos venía a la enfermería, y por la cual el guardián del cielo estaba siendo dejado en paz y no mencionado en las conversaciones. Y esa era:

- ¿Vas a alguna parte? - Una sonrisa radiante, un gran buen humor, y una figura alta y musculosa.

Casi no había nadie en esa base subterránea, por fortuna o desgracia. Depende de como se mirara.

- A-Al baño, ¡solo al baño! - Tendría que arreglar la ventilación de la enfermería otro día. No era nada grave, pero…

Una mano se posó en el hombro del desafortunado individuo, y una sonrisa se hizo más grande. El mensaje era claro, clarísimo.

- No deberías de aguantar tanto, ¡rara vez te veo tomar un descanso! - Termino con una pequeña risa antes de irse, dejando al pobre hombre solo.

La enfermería era intocable. Totalmente intocable. No quería morir, de verdad que no quería morir. Hasta el sol de hoy no había entendido lo afortunado que era de que el Décimo estuviera cerca y amigable con él, con alguien. Si esto era solo porque el guardián del cielo estaba indispuesto, no quería saber como seria si estaba en peligro o de malas.

En otro lugar, en sincronía con tales pensamientos:

-...korosu. - La sonrisa depredadora creció, diciendo nada bueno a los demás presentes.

En medio de muchos cuerpos, el guardián de la nube no dejó de sonreír. Una sonrisa muy oscura, homicida, que no decía nada bueno. Unida al aura asesina y rabiosa que tenía encima el hombre como un manto pesado, era como una pancarta que decía: "servicio funerario gratis".

- Sawada Tsunayoshi… - Murmuró el guardián para sí, una pequeña ave posándose en su hombro en silencio. - Mas te vale volver… - Dicho esto, paso a su siguiente blanco.

Se supone que debería de estar escondido, por los momentos, pero no había forma ni manera en la que fuera a permitir enemigos cerca del área en donde sabía que el guardián del cielo, mucho más joven y prácticamente indefenso, estaba. No. Podía hacer una pequeña limpieza, y no había nadie que pudiera detectar la ira y frustración del guardián de la nube de Vongola, y seguir su misión. Era solo… un pequeño extra.

En otro lugar, muy similar al anterior guardián, un hombre oculto entre las sombras sonrió de una forma que cualquiera que lo viera saldría corriendo como alma que lleva al diablo. Hubo un par de movimientos, un par de instrucciones, y un comentario:

- Ora, Ora, siempre con sorpresas pequeño Vongola… - Las risas que siguieron podían haber hecho a cualquiera temblar, si hubiera habido alguien más allí.

En medio de una multitud, una chica sonrió y lágrimas intentaron caer al recibir una noticia completamente inesperada sin que nadie tuviera idea de nada.

De vuelta en la enfermería, el guardián de la tormenta estaba por su cuenta, cambiando vendajes y tomando las cosas con mucha más atención de la necesaria, temiendo haber pasado algo por alto. Ignorando que, por todo lo que se podía ver, la figura dormida que revisaba estaba perfectamente saludable, solo una herida dando algunos problemas y lo demás era cansancio y cosas que solo el descanso podía sanar. Sólo podía oírse la respiración de dos personas, y unos leves ronquidos. O al menos así fue hasta que suaves y pequeños pasos fueron oídos.

En otra situación esto hubiera pasado desapercibido, pero no ahora. Quien estuviera en la enfermería tenía parte de su atención en la posible llegada del niño que, en el primer dia, fue imposible de mover lejos de su figura paterna.

- Hey. - Saludo Gokudera, sin insultar o meterse con el niño. No era momento para eso, no hasta que Tsunayoshi despertara, al menos. - ¿Quieres subir? - Ofreció, a sabiendas de a que venía el niño.

Solo bastó un asentimiento para que el niño vestido de vaca fuera levantado y dejado con cuidado en la cama en donde se encontraba su figura paterna. En segundos, el niño estaba abrazado a la figura durmiente. Sin ruido, sin movimientos bruscos, nada más que toques simples y abrazos.

Al menos Lambo había dejado de llorar y tratar de despertarlo cuando entendió que de verdad Tsunayoshi estaba cansado. Más que las palabras, fueron los ronquidos y ser tomado de oso de peluche por una figura mucho más grande que él, por al menos una hora. Eso no quería decir que desistiera, o que no quería ver los ojos de su padre abiertos finalmente luego de lo que parecía ser una eternidad.

Era difícil recordar que Lambo llevaba más tiempo que ellos sin ver a la persona a la que prácticamente molestaba a diario por dulces, abrazos y/o cuentos.

- No hay manera de entretenerte por tanto tiempo, ¿uh? - No es que fuera un problema, al menos no en este caso.

Si el niño lloraba, o pegaba un grito, habría pandemonium en el desgraciado que lo provocó. Quizás era por esa misma razón por la cual nadie hacía más que complacer al guardián del trueno y no se le decía nada.

La verdad es que la fama que había ganado el guardian del trueno en traer terroríficas pesadillas gracias a los otros guardianes no era algo para bromear. Mayormente, la pesadilla viviente que era el guardián del cielo gracias al guardián del trueno no era ninguna broma. Más que miedo a los guardianes si Lambo lloraba o gritaba o lo que sea, quienes vivían en esta época y conocieron al Décimo Vongola en persona temían saber si su versión más joven era igual al Décimo que ya no estaba entre los vivos.

Diez años menos o no, si la misma poca tolerancia, si la misma paternidad estaba en juego, nadie quería estar en la mira de lo que el futuro Décimo podría hacer. Si no lo hacía él mismo, tenía mínimo dos guardianes que no dudarán en masacrar a alguien si su jefe se los pedía.

Reborn, para bien o para mal, no se molestó ni se molestaría en confirmar o negar si diez años hacía alguna diferencia, sonriendo para sí cuando nadie podía verlo al imaginar lo que pudiera pasar gracias a los comentarios y artículos que había estado encontrando desde que llegó a esa época.

Quién lo diría, el niño que había dado más que dolores de cabeza a medio mundo y aun lo hacia pasaría a ser prácticamente el botón rojo de "aniquilación total" de Vongola.

Ni un arma nuclear hacía tanto daño, honestamente.

- Por cómo la gente habla… - Murmuró para sí cierto asesino a sueldo, su mente trayendo miles de imágenes de gente dándo se cuenta de que bien podrían haber firmado su testamento y cavado sus propias tumbas. - no sería una sorpresa si te levantas de tu propia tumba, Tsunayoshi. - Una pequeña risa oscura y divertida que nadie más que él escuchó fue oída.

Pues si, el Décimo Vongola había vuelto a la vida. Había aparecido de la nada justo cuando su bebé estaba en problemas. Nunca se oiria el fin de eso cuando comenzarán a contar lo ocurrido, los idiotas tenían que conectar puntos tarde o temprano, ¿no es así?

Extra

- Me estas ********. - El guardián de la nube soltó con voz más chillona de lo que su orgullo permitiría. Tal cosa estaba siendo olvidada debido a la incredulidad por lo que acababa de oír.

- ¿No? - Su jefe, que Dios lo bendiga, ladeo la cabeza y lo miró con la cara más inocente que podía dar en tal situación. - Es lo mejor que tenemos Kyoya, la mejor opción, y-

El hombre de pelo naranja miraba entre ambos sin entender el problema. Hibari, solo por eso, sabía que tal hombre era completamente ignorante de cómo todo esto podría terminar. Podría ser un genio, podría ser el genio de genios, podría haber dado con la solución a todo este desastre de un megalómano homicida queriendo jugar ser Dios… pero no tenía ni la más mínima idea de lo que estaba proponiendo. No debía de tener mucho tiempo en la mafia, o no debía de tener conocimiento sobre Vongola, o vida social.

Regresando la vista a los ojos de su jefe, alguien que no debía de haber pensado nada más en que no veía otra forma de, partirle el trasero a un desgraciado que quería exterminar a su familia y no iba a permitir tal cosa incluso si tenía que sacrificarse para protegerlos, hacer algo que ayudará.

Tsunayoshi nunca fue de mirar más allá de lo necesario cuando tenía un objetivo en mente, y justo ahora tenía uno y no tenía tiempo de mirar todos los detalles y le valía un colmillo las consecuencias. Eso, en gran parte, era culpa de ellos. En realidad era culpa de todos ellos.

- ¿Estás seguro de querer hacer esto Tsunayoshi? - Nadie se lo iba a perdonar, ni siquiera él, si llegaba a fallar. - Podrías morir. - De verdad, incluso si ganaban.

Traer a su yo pasado no sería un problema, muerto o vivo su yo actual. Siempre algo podía salir mal, y esta era una situación muy delicada…

- Estoy arriba en su lista, Kyoya. - Recordó con demasiada calma el guardián del cielo. - Ha matado a miles de mí, a miles de nosotros, ¿cuánto tiempo podemos tener antes de que lo haga aquí también? - Quisiera negar esto como lo habían hecho los otros, pero no era un idiota. - De esta forma, al menos tenemos una posibilidad. Creo que en ningún otro lado se nos ha ocurrido algo tan loco y desesperado. - La última palabra describe perfectamente lo que era este plan. Desesperación.

- Muy bien. - El que dijera eso no significaba que estaba de acuerdo o que estaba feliz por eso. Su jefe le sonrió, y no le dijo nada más, perfectamente entendiendo lo que no se dijo.

A Tsunayoshi le valdría un colmillo lo que vendría cuando todo esto acabara. A lo mucho tendría una hora o dos con las manos en la cabeza preguntándose qué le pasaba a la gente o que diantres se perdió. El Décimo Vongola nunca entendió la fuerza detrás de tantos rumores, tampoco les daba mucha atención. Culpa de ellos.

El hombre de pelo naranja no tenía idea de lo que iba a desatar si todo salía bien. Bueno, ¿quien le mandaba a contactar con su jefe sin estar plenamente informado de lo que podría pasarle si venía con malas intenciones?

No había pasado nada y el guardián de la nube ya podía verlo con claridad como si fueran los titulares de un periodico: "Décimo Vongola regresa de la tumba a eliminar del mapa a la familia Millefiore. Se dice que tocaron a su familia y a su hijo." y "Ni siquiera la muerte detiene al Décimo Vongola de arrasar con todo lo que amenace Vongola" y tal vez "Padre resucita para masacrar la familia más poderosa de la historia por intentar matar a su hijo."

Todo con la vocecita de "extra, extra".

Cuidado y no de alguna manera también se cola la idea de que Sawada Tsunayoshi es inmortal, hizo un pacto con el diablo, es un demonio con piel humana, o que Vongola hizo algún ritual satanico para revivirlo gracias a su "devoción" al Décimo. O todas las anteriores. O algo peor.

Bueno, nada de eso haría un mal. Alejaría a las alimañas, al menos.