Nada de Katekyo Hitman Reborn me pertenece, solo la historia y uno que otro agregado que aparecerán más adelante en la historia.
Jumping Through Time
Capítulo 19
Si los guardianes eran las pesadillas en vida de muchos al medio tratar de tocar al Décimo, el guardián del cielo era el demonio que salió de los más profundos confines del infierno a crear y comandar tales pesadillas. Una descripción muy popular, todo gracias al demonio de negro que solía sentarse con una tasa de café a ver en primera fila los resultados cuando alguien tenia la increíble (pero terrible) idea de meterse con alguien de la familia Vongola. Cuando ambos demonios se unían, era mejor cavar las tumbas porque huir o pedir piedad era una ridícula noción a tal punto.
Dolor, cansancio, eso fue lo primero que registró. Tal y como si hubiera tenido un entrenamiento pesado, su cuerpo dolía de una forma sorda que, luego de un momento, podría ser ignorado. Siempre y cuando no hiciera movimientos bruscos o alguien tuviera la maravillosa idea de palmearle la espalda o meterle el pie para que se cayera. O Reborn quisiera divertirse a costillas de él, cosa que nunca demoraba en pasar. Por tanto, nada de esto era nuevo.
Lo blanco, por otra parte, si lo era. Pestañeo varias veces, pero el blanco no se iba. Movió la cabeza, pensando que quizás era algo que tuviera en la cara, como las sábanas, o cualquier otra cosa. Más blanco. Más blanco y unas máquinas raras. Volvió a pestañear varias veces, ¿tal vez estaba más cansado de lo que creía?
-...kadera, mío… chocolate mío… - Y por supuesto que el pequeño glotón que no desistía de la idea de que era su padre estaba soñando con comida y postres otra vez. ¡Qué novedad!
Casi medio minuto después registro que no estaba solo, bajando la vista para dar con un afro y luego con el dueño de tal afro, baba goteando por las comisuras de su boca mientras murmuraba algo sobre torta y chocolate y bakadera. Menos mal que Gokudera no estaba aquí o ya le hubiera dado un chichón de a gratis. Claro que, si hacía eso estando él aquí, no aprobaría tal cosa.
Viendo esto, lo quisiera o no, lo hacía sonreír. Era un alivio, incluso si también era una pequeña irritación. Después de todo, Lambo tenía su propia cama y no debería de estarse escapando de su cuarto sin decir absolutamente nada para meterse en la suya y agarrarlo de almohada viviente. Con las pesadillas no diría nada, ni cuando pedía cuentos para dormir en lugar de pedir dormir con él directamente. El problema es que era tan frecuente que Lambo bien podría compartir cuarto con él y no tener cama propia. Fuuta y I-pin no se quejaban, obviamente.
Suspiro profundamente, pensando para sí que Lambo tenía mucha suerte de que fuera adorable, incluso cuando era fastidioso. No es que iba a decirlo en voz alta. El ego se le iría a la cabeza inmediatamente y restregaría la admisión en la cara de todo el mundo, incluso la puerta si no se tenía cuidado. Aparte de provocar celos y molestar, los chicos y Reborn y peor aún: su madre, no lo dejarían en paz. No, por su bienestar no decía palabra alguna.
Con cuidado de no molestar a Lambo, se sentó. O trato. La única razón por la que no chillo fue porque se mordió los labios rápidamente. Señor, eso dolió. El brazo, el pecho, mayormente el hombro, como si hubiera-Oh.
- No soñé eso. - El blanco del techo, ese no era su techo, esta no era su cama… - No soñé nada de eso… - Eso solo significaba que…
Lentamente y de forma casi robótica miró a su hombro. Vendas, muchas vendas, y una mancha rosada que estaba tomando color y explicaba porque dolía tanto. Había reabierto la herida sin querer, ¿no es así?
Tomó paciencia y un par de intentos, pero en minutos estaba sentado, con Lambo en su regazo. Gracias a esto, podía mirar mejor en donde diablos estaba mientras hacia lo mejor para ignorar las punzadas de dolor que provenían del hombro y le recorrían el brazo.
- Chicos… - Murmuró para sí, sin poder creerse lo que veía.
No demoró mucho en ablandarse, sentirse abrumado, y también sentirse mal por esto. Había estado aliviado de que solo él y Gokudera habían estado en este enredo, pero ya no era así. De todos los que tenían que terminar en este problema, ¿por qué Lambo?, era solo un niño. Mas les valía no decirle que los otros niños también estaban aquí, o las chicas-ah, espera, Kyoko ya estaba aquí. No se imaginó esa parte, ¿cierto?
Uno dormido en una posición incómoda, medio cuerpo en su cama y la otra mitad encorvada en una silla. El otro dormido usando una espada como almohada en una mesita, también encorvado en una silla. Sus espaldas no se los agradecería, eso era seguro. No iba a despertarlos, no iba a decirles nada. Solo estaban allí por él, debían de estar preocupados y francamente… ¿qué podía decirles?, no tenía heridas severas ni nada, y aun así… aun así…
El guardián de la tormenta despertó gracias a una intención asesina que no reconocía más que las voces. De hecho, tardó más de lo esperado en reconocer que habían voces y a quienes pertenecían. Justo detrás, más adormilado que él, el guardián de la lluvia seguía sus pasos. Por más que no reconocieran la intención asesina o lo que se decía, el peligro no estaba siendo dirigido a ellos.
-... diciéndome que todo lo han estado haciendo ellos? - Bien podría ser el siseo de una serpiente. Una bien molesta con una fría y aterradora calma.
- ¡No es como cree Décimo! - Ah, el mecánico otra vez. ¿Qué diablos hacía allí ahora?, ¿no le habían dicho que no podía hacer nada mientras Tsuna estuviera allí?, ¿para no despertarlo por accidente?
- ¿No es como creo? - Y hablando de eso… ¿con quién estaba hablando?, ugh, si despertaban a Tsuna se los iban a comer vivos. - Pero es lo que acabas de decirme, que nadie más ha entrado aquí, y eso significa que nadie se ha asegurado de su bienestar… - El tono se volvió más oscuro si eso era posible.
A este punto, los dos guardianes finalmente despertaron lo suficiente como para conectar la voz a un nombre. Eso no quería decir que, incluso con los ojos en lo que ocurría, pudieran creerlo. Por más claro que lo vieran, lo tenían justo enfrente por todos los cielos, y no lo procesaban. Era como ver a una cascabel con un ratón. Incluso si la cascabel era un simple chico con vendas en el torso, y el ratón era un hombre un tanto gordito con una caja de primeros auxilios en mano que estaba completamente sano. Y sumamente pálido, como si estuviera viendo la muerte misma y no a un chico malherido e indefenso.
- ¿Quién revisó sus heridas? - Acusó el guardián del cielo con ojos oscuros con tonos anaranjados. - Ambos pelearon, e incluso si no lo hubieran hecho debió de haber habido alguien que los chequeara. - En otro momento sería encantador la preocupación que estaba exhibiendo Tsunayoshi. - ¿Y en donde dejamos la comida y el descanso?, si me dices que ellos mismos lo hicieron no es aceptable, y están justo durmiendo aquí. ¿Sabes lo poco saludable que es dormir en esas posiciones? - Y tierno. Si no fuera tan terriblemente escalofriante.- Mas te vale no decirme que nadie se aseguro de que no pasaran todo el tiempo aquí… - Ehhh… oooppsss.
Bueno, no tan indefenso. Cielos, era como ver a otra persona. Jamás habían visto a Tsuna tan molesto, o soltar una intención asesina como tal. Para el mecánico esto también era nuevo, y aterrador, al ser el receptor de tal atención. No era ni la mitad de lo que el difunto Décimo solía hacer, pero podía verlo a la perfección. Como un fantasma detrás de su yo más joven, sonriendo como el sol, ojos muy oscuros delatando su verdadero sentir, mientras le hacía preguntas en un tono de voz dulce y dándole a entender, sutilmente, todas las acusaciones que su yo más joven estaba soltando. El tiro de gracia no podía ser igual… ¿verdad?, el Décimo más joven no iba-
- Sal de mi vista. - No había nada, absolutamente nada, más que la intención asesina que se había hecho más fuerte. Débil, en comparación con sus guardianes y su difunto yo, pero no lo suficiente como para ser ignorada.
No había diferencia, no había diferencia alguna. Ese era el mismo tiro de gracia que usaba con su personal, con sus aliados, cuando habían metido la pata y no quería tratar con ellos o verlos. Solo cuando era una metida de pata "aceptable". Era el "estoy decepcionado de ti y si te sigo viendo voy a arrancarte los ojos y arrancarte todos tus miembros antes de darte a los chicos para que jueguen contigo" patentado.
- Wow, ¡Tsuna! - ¿Cuándo diantres había llegado el boxeador?, ¿y cuanto había oído? - No hay muchos aquí, pero sea como sea, ¿realmente crees que hubiéramos dejado a alguien cualquiera estar aquí? - "¿Contigo indefenso y herido?" fue lo no dicho.
La falta del "extremo" era como un puñal. Afortunadamente eso calmó un poco a la cascabel en forma humana, quien finalmente quitó la vista de su víctima.
- Lo dices como si fueran a hacerme algo. - El tono era completamente inocente. Más concretamente: ingenuo e incrédulo. - ¿No es parte de Vongola? - Si, sin malicia por su propio bienestar.
Ninguno de los presentes se atrevió a contradecir esa creencia, no ahora al menos.
- No te preocupes, ¡cheque a todos al extremo! - El mecánico sintió parte de su alma volver a su cuerpo. - Y se han estado haciendo guardias, solo que anoche finalmente te moviste. - Era una excusa, no una verdad como tal. Tsuna había tenido movimiento desde el principio, solo mínimo. - Veo que reabriste tu herida. - Comentó el boxeador sin sonreír mas al ver las vendas rojizas en una sección al lado de la cama.
Con esto finalmente el guardián del cielo volvió a ser el mismo chico torpe de siempre, como si nada de lo anterior hubiera pasado. De hecho, el inicio de una disculpa comenzó cuando fue cortado de tajo por el mismo boxeador:
- Solo estabas preocupados por nosotros, ¿eh? - Acercándose a chequear la herida y a distraer al chico, terminó con: - No hay nada de malo en eso al extremo Tsuna. - Una palmada en la cabeza y una gran sonrisa. - Eres un buen chico, no cambies. - "Eres un buen hombre Tsunayoshi, no cambies nunca" resonó en la mente del boxeador, más de una vez. No fue el único en decir esas palabras, o una expresión similar.
- Solo traté de sentarme. - Vino la respuesta a una pregunta no dicha unos minutos después.
- Fue profundo y es un sitio delicado. - El boxeador asintió para sí mismo, terminando de vendar. - ¿Tienes hambre?, voy a traerte algo-
- Ma ma, ya te ganaron en eso. - Por supuesto que sí, por supuesto…
- La verdad es que no… - Era increíble que Lambo siguiera sin ser perturbado, durmiendo a pierna suelta.
- ¿No? - ¿Cómo que no?, ¿cómo rayos no iba a tener hambre si no había…?
El boxeador mentalmente dio un paso atrás, como si hubiera sido cacheteado, por los dos segundos en donde el guardián del cielo solo se limitó a mirarlo con lo que parecía ser aburrimiento. Solo duro eso, pasando a nervios, disculpas y explicaciones innecesarias. Esos dos segundos eran más que suficientes para hacerle ver a él y al mecánico a una figura más adulta, recién levantada, malherida, o simplemente queriendo dar el día por terminado desde ya a pesar que aún faltaba mucho para eso. Dicha figura, como era de esperarse, daría una expresión similar, solo más acentuada y con el mensaje no verbal de: "no voy a responder a eso y no quieres que lo haga". No sería por dos segundos, sería por mucho más, probablemente toda la conversación, a pesar de que el mismo Décimo Vongola vendría y seguiría como si no se hubiera dicho nada.
Era, para Ryohei, aterrador notar estas pequeñas facetas en el Tsuna más joven. 10 años más joven. Aquel muchacho que era el más manso, el más miedoso del grupo y rara vez se molestaba. Pensar que este tipo de cosas ya estaban aquí y se venía a dar cuenta ahora…
- De seguro es el cansancio. - Interrumpió el mecánico, queriendo irse de allí a pesar de que probablemente tenía el escudo del Décimo y no sus garras. - ¿Cierto Vongola?, estás cansado aun, ¿no? - Era visible, con una sombra de lo que solía verse cuando el Décimo Vongola se trasnochaba haciendo papeleo, o Dios no lo quisiera: insomnio por múltiples causas. - No has intentado levantarse…
Ese era un buen punto, uno que habían pasado por alto hasta ahora. Sin querer, claro. Tal observación solo avergonzó al chico, claro.
- Eehh… - Se rascó detrás de la nuca, nervioso, dando una sonrisa algo forzada. - No quiero arriesgarlo, pero necesito ir al baño… - La mirada de reojo a su hombro herido dijo más que sus palabras. - Y si, quiero seguir durmiendo, creo que solo me despertó las ganas de ir al baño… - Para el chico era vergonzoso.
Para el resto no lo era. Para alguien en particular era un asunto gracioso: el difunto Décimo Vongola no se quedaría en cama si podía evitarlo, incluso cuando debía. En especial si tenía que ir al baño. Claro que, para bien o para mal, seguramente eso era debido a que no quería ser "víctima" de toda la ayuda que recibiría y no podía "rechazar". Claro que nunca diría nada, nunca se quejaría. Solo lo verían caminando o no lo verían en lo absoluto, ignorando por completo las instrucciones claras que se le habían dado.
- ¡Juudaime! - Justo a tiempo, se podría decir. - ¡Mire lo que-
- No tiene hambre, Gokudera. - Corto Yamamoto de buena forma antes de que se formara un conflicto de intereses. - Tal vez podamos hacer que coma un par de bocados, tal vez no. - No importaba mucho.
Ya había despertado, despertaría al día siguiente, o quizás en la noche, otra vez. En alguna de esas tendría un hambre atroz.
- Muy bien, tengo unas cosas que hacer. No hagan mucho desastre. - Por fuera sonriendo, por dentro recordando todo lo que tenía que hacer para que lo dejaran en paz un poco más.
La verdad, con toda la honestidad del mundo… si la situación no fuera tan mala nadie se le sería permitido llegarle al Décimo, futuro o no, como planeaban llegarle. Después de todo, era el Décimo, y ellos eran sus guardianes. Guardianes que, por desgracia, habían perdido a su jefe recientemente. Sin poder hacer nada.
Si creían que iban a quedarse cruzados porque este no era el Décimo de esta época, o porque la situación lo ameritaba o solo Dios sabe que… Bueno, se llevarían una sorpresa.
- Uhhh… - Tsunayoshi trago profundamente luego de quedar solo con sus guardianes más cercanos. - ¿Soy yo o Onii-chan es más serio ahora? - Yamamoto y Gokudera se miraron, dudosos.
- Lo sea o no, Juudaime… - Ese no era el punto ni el problema: - Recuerde que el Décimo de esta época falleció recientemente. Como guardián tal cosa es inacceptable-
- Y como amigo es una pérdida indescriptible. - Terminó Yamamoto, sin sonreír y agradeciendo nuevamente que no era él, que no era su situación.
Ninguno sabría qué hacer si de repente Tsuna se les era arrebatado, en especial de forma permanente y tan fea. Por algo lo primero que hizo el boxeador al ver a Tsuna fue abrazarlo y por algo pedía turnos en solitario con la figura inconsciente en una cama de la enfermería.
Las miradas fugaces que el Yamamoto de esta época había dado a este mismo Tsuna se le venían a la mente ahora a Gokudera frecuentemente. En su momento no les dio atención, solo le pareció raro, pero ahora… ahora…
- Ma, dijiste que tenías ganas de ir al baño, ¿no? - No valía la pena indagar en eso ahora. No cuando era un momento para celebrar. - Vamos, no es muy lejos, ¡luego puedes dormir a pierna suelta otra vez! - Y así lo dejaban en paz por un poco más de tiempo. Con ese hombro así, era lo mejor.
Lo más sano era no indagar mucho en algo que no podían entender o comprender, solo tomarlo y decir: "eso no nos pasara a nosotros" y hacer todo lo que hiciera falta para que esas palabras se cumplieran. Lo que hiciera falta.
- Pe-pero-
No lo dejaron terminar, no lo dejaron pensar mucho. No había nada que pudieran hacer, no ahora al menos.
Y Tsuna no tomaría bien saber lo que estaban dispuestos hacer para que esta realidad no fuera la suya algún día. No tomaría bien saber lo que serían capaces de hacer con tal de asegurarse que el siguiera entre ellos. Irónicamente, tal cosa era una hipocresía. ¿En cuántas cosas no había terminado Tsuna con tal de protegerlos a ellos?, Mukuro casi lo mata. Xanxus no fue mucho mejor, y ahora esto, solo por dar unos ejemplos.
Quien sea quien fuera el problema esta vez lo volverían pedacitos.
