Nada de Katekyo Hitman Reborn me pertenece, solo la historia y uno que otro agregado que aparecerán más adelante en la historia.


Jumping Through Time

Capítulo 20

Nadie sabía la razón del porqué, pero algunas veces luego de una pelea o evento, los guardianes del Décimo Vongola secuestraban a su jefe. Usualmente era por unos pocos minutos, sacándolo fuera de la vista diciendo que tenían que informar algo privado e importante que no podía esperar más. Otras veces el Décimo no volvería a aparecer por horas o ese mismo día. La única señal de que esto iba a ocurrir era que el guardián más joven llamara la atención del guardián del cielo y pediría ir con él. Nada más, nada menos.

- ¡Lambo-sama quiere más!- ¿Acaso tenía que deletrearlo?, ¡papá entendía enseguida!

- Mas y te dolerá la barriguita Lambo. - ¡Pero aún tenía hambre y había panecillos recién hechos!

Dio mala cara y les saco la lengua, pero eso solo causó risas y que le dijeran que volviera más tarde. La única razón por la que no se molestó de verdad fue por una simple frase:

- Creo que Tsuna-kun está libre ahora, no ha venido a comer así que puede que haya salido antes de lo que sea que esté haciendo con Lal. - Las chicas no iban a decirle que era mucho más probable que a Tsuna se le hubiera pasado el tiempo otra vez y aun siguiera entrenando en lugar de tomar una merecida pausa.

Ya iría alguna de ellas a decirle si no aparecía en una hora. Si no le ganaban los muchachos, que lo dudaban. Estaban demasiado centrados en lo suyo como era.

- No deja de ser adorable. - Comentó Kyoko a su amiga, quien de inmediato asintió con una sonrisa de oreja a oreja, ambas viendo la estela de polvo que el niño había dejado tan pronto oyó las palabras mágicas. - Lastima que Tsuna-kun esté tan ocupado…

- I-pin y Fuuta no son tan apegados a Tsuna como Lambo. - Algo un tanto curioso para Bianchi, quien no podía evitar comentarlo. - Uno pensaría que esos dos intentarán lo mismo viendo como Tsuna pierde a ese niño. - Y como lo perdía, Dios.

El muchacho casi siempre tenía dulces encima, caramelos de uva especialmente, para dicho niño. Le contaba cuentos, historias, respondía sus preguntas, e incluso lo dejaba dormir con él. Los juegos eran adorables, aunque algo peligrosos para el pánico interno de Tsuna, pero igual no decía nada malo y solo intentaba que Lambo no usará ningún arma que pudiera aparecer gracias a un afro mágico. Si el adolescente estaba haciendo algo, así fuera estar en medio de una conversación, no haría más que una doble toma ante el niño que buscaría su atención y/o su regazo. Sin mencionar que Lambo lo usaba de escudo cuando se metía en problemas o tenía miedo.

Lambo no era el niño más agradable, eso era seguro. Era muy irritante, y no tenía quietud. Eso, sorprendentemente, nunca parecía molestar a Tsuna. Al menos no desde que el "papá" comenzó y mucho menos cuando Tsuna dejó de intentar corregir al niño. En parte era culpa de todos, aunque algunos intentaron detener eso, otros lo apoyaron.

Tsuna primero le pediría a Reborn un castigo antes de dejar que se metieran con su "bebé". Bianchi ni siquiera iba a mencionar como esto se terminaría convirtiendo en mamá oso y bebé oso en un futuro no muy lejano. No iba a arruinarles la sorpresa, ¿como podía?

- ¡PAPÁ! - ¡Estaba aquí!, ¡papá estaba aquí!

Con la velocidad de la luz el niño terminó de recorrer la habitación en un dos por tres, pasando de la puerta a la cama en donde se podía ver un bulto grande tan rápido que fue como si se hubiera teletransportado. La puerta fue dejada semi abierta, la habitación bañada en la baja luz de una lámpara.

En ningún momento a Lambo se le cruzó por la mente que papá estaba durmiendo y llegar así era algo desconsiderado de hacer. De cualquier forma, eso no importaba. Tsuna no estaba durmiendo, no aun. No era la idea tampoco, así que Lambo le había hecho un favor en cierta forma.

- ¿Lambo...? - Ojos somnolientos saludaron al niño, una cara girándose para verlo mejor.

Por alguna razón que desconocía, Lambo dejó de sonreír. Había algo raro, y no le gustaba, pero no sabría decir que era. Papá no se vio afectado por esto, sonriendo al ver quien era y moviéndose.

Por más que se le dijera a Tsuna que cerrara la puerta con llave por motivos de seguridad, en especial porque las cerraduras funcionaban con huellas dactilares y ninguno de ellos tendría problemas para entrar y salir si hacía falta, el chico no lo hacía. La razón era el niño que en ese momento estaba despelucando y molestado, haciéndolo reír y quejarse, pero amando el trato de todas formas. No es que el niño fuera a decirlo, pero solo el hecho de que los buscara así dijera que no hablaba por sí solo.

Gracias a esto, el corto momento de malestar, de que algo no estaba bien, fue olvidado por el niño vestido de vaca. Entre risas, mimos y dulces era difícil pensar o percibir que había algo fuera de lugar. Eso no quería decir que funcionara para siempre:

- No te vi en el almuerzo. - Luego de un silencio apacible, cabello siendo acariciado de forma dulce y lenta. - Todos estaban allí. - "Menos tu" fue lo no dicho, pero implicado.

Si hubiera sido otra persona, Tsuna se hubiera sentido incómodo y nervioso, con el pecho apretado. Sin razón de ser, porque no había hecho nada para estar nervioso. Con Lambo era diferente, no se sentía así. En todo caso, ante tales palabras y el puchero del niño, Tsuna no podía evitar sentirse culpable.

- Perdón. - Se disculpó el mayor de los dos, una medio mentira. - No me fije en la hora… - Eso, también, era una medio mentira. - ¿Quieres que te cuente otro cuento? - Propuso, intentando cambiar el tema a uno más alegre, a algo que sabía que pondría una sonrisa y llenaría de emoción al niño acostado a su lado.

Lambo abrió la boca para decir que si, por supuesto que sí, pero a medio camino de asentir y decir eso, cayó en cuenta de algo:

- ¿No has ido entonces? - En el desayuno no lo vio. Usualmente no veía a los chicos en el desayuno, porque ya habían ido antes o se paraban más temprano o solo Dios sabe que. ¿Quién rayos se paraba antes de las 9?

- Fui temprano. - Solo hubo medio segundo de duda, cosa que pasó desapercibido para Lambo, la sonrisa que siempre lo contentaba y lo calmaba sellando esto.

Por un momento Lambo solo asintió y no dijo nada. Las chicas le habían dicho que papá estaba libre, y lo estaba, porque no había ido a comer. Si había ido temprano, ¿por qué no le dijeron eso?

- ¡Vamos otra vez! - Sonrió de oreja a oreja, a sabiendas de que papá no le diría que no con los panecillos. ¡Tendría panecillos! - No quisieron darme más y los panecillos están para-

- Lo siento Lambo, ¿por qué no le pides a Yamamoto? - Tan pronto las dos primeras palabras fueron soltadas, todo el ánimo de Lambo se desinfló como un globo siendo pinchado con una púa. Fue instantáneo. - Estoy seguro que te dará panecillos si le dices que son para mi. - Papá le guiño el ojo, travieso.

- Ok. - Ya no quería panecillos.

- Portate bien, ¿si? - En otro momento le hubiera recordado a papá que siempre se portaba bien y no era su culpa que los demás no fueran tan listos o fuertes como el gran Lambo-sama. - ¿Te veo más tarde?

Ante esto sonrió y asintió varias veces, ganándose un beso en la frente y una última palmada en la cabeza. Tan pronto salió de la habitación, frunció el ceño.

Papá ni siquiera ofreció jugar con él o ir a ver televisión.

- Oh, hey… - Yamamoto pestañeo varias veces, extrañado. Ignorando la molestia del otro ocupante de la habitación, Yamamoto abrió la puerta y se hizo a un lado, invitando a Lambo a entrar si así lo quería. - ¿Pasa algo pequeño?, creí que estarías jugando con los otros… - Mirando la hora el espadachín hizo otra doble toma. Apenas eran las 3 de la tarde, no era cerca de la hora de la cena así que no podrían haberle mandado a Lambo para que fuera comer.

Una posibilidad dudosa, en especial por lo apagado del chico, pero si Tsuna se lo pedía el niño lo haría, quejándose todo el rato claro.

- Tienes entrenamiento. - Le recordo la figura vestida de negro, ignorando por completo al niño de traje de vaca.

- Ma ma, un pequeño descanso no estaría mal, de todas formas ya estábamos cerca de uno. - Suponía. Ni idea de cuando le tocaba, aún podía seguir. - ¿Lambo?, ¿no vas a pasar? - El pequeño, ahora que se fijaba el espadachín, no se había movido ni había dicho nada.

- No. - El niño no sonrió, y por solo su tono de voz no quería estar allí. - Bakadera me cerró la puerta y tu eres el más cercano. - Tsuna había hecho un mapa sencillo, en donde se encontraban algunas personas durante el día.

Yamamoto nunca entendió para qué fue eso, pero ahora lo tenía de frente y no podía evitar fruncir el ceño y agacharse a la altura del niño. Nadie lo había enviado y el niño era apegado a tsuna, no a ellos. Justo detrás sintió movimiento y luego una presencia mucho más cercana. No era el único que había llegado a la misma conclusión de que Lambo no vino por cualquier cosa. Hubiera ido con Tsuna, o con las chicas, si ese fuera el caso.

- ¿Qué sucede Lambo? - De entre todos los chicos, Tsuna era el mejor para estas cosas.

- Papá me dijo que te dijera que me dieras panecillos por él. - Esto fue dicho de manera lenta, como si Lambo creyera que la persona con la que hablaba era tonta.

Fue aquí en donde Gokudera le había cerrado la puerta en la cara al niño, diciendo algo sobre que usar a Juudaime de tal forma debería darle vergüenza. Lambo esperaba una reacción similar de Yamamoto.

- ¿Eso dijo? - La presencia detrás del espadachín se alejó, pero no llegó muy lejos gracias a cómo siguió la conversación: - Que extraño, ¿no siempre va él contigo? - Cuestionó el beisbolista, recordando todas y cada una de las veces en donde Tsuna le negó preposiciones de acompañar o buscarle algo a Lambo para que no fuera el.

- Papá no quiso jugar y no me invitó a ver la televisión. - Yamamoto frunció el ceño otra vez.

Reborn, quien en verdad no le paraba mucho a estas cosas porque interferían con el entrenamiento y los estudios de Tsuna y porque también le caía mal Lambo, no veía el problema. El asesino solo sabia que habia algo raro allí, a diferencia de Yamamoto:

- ¿Ah sí? - La sonrisa estaba de vuelta, tensa, para no alarmar al niño. Aunque quizás ya era tarde para eso. - ¿Estuviste con él y no quiso ir a ver televisión contigo?, ¿o jugar? - Yamamoto no necesitaba señalar la hora para que Reborn notará que esto no debería de haber sido posible, porque Tsuna debió de estar entrenando desde hace un par de horas. Hasta la cena, y luego un poco más antes de dormir. - Ya veo. - Asintió mientras se llevaba una mano a la quijada, pensativo. Lambo le había negado, sin decir nada más. - ¿Fuiste a buscarlo?, ¿en donde lo encontraste?

Lambo solo daba respuestas cortas en esta ocasión, así que Yamamoto tuvo que adivinar. No era muy difícil de hacer, era como ir armando un rompecabezas y mientras lo armaba iba entendiendo el extraño comportamiento del niño.

- Lo siento Reborn, creo que terminamos por hoy. - No había forma ni manera en que pudiera concentrarse hasta saber qué pasaba con Tsuna.

Ante la falta de respuesta, Yamamoto se alarmó. Tomó un momento en darse cuenta de que su acompañante, Reborn, no estaba en ningún lugar de la habitación. En qué momento se habría ido no lo sabía. Sin poderlo evitar, Yamamoto sonrió.

- Ven Lambo, papá va a estar bien. - Primero tenia a un idiota que informar.

Lambo solo estaba buscando ayuda. No tenía idea de que pasaba, pero sabía que había algo que no estaba bien. Al no saber, al no tener idea, Lambo no sabía cómo explicarse. ¿Cómo explicar algo que no sabías?, y para un niño de 5 años…

- ¿Y ahora qué...? - La rabia y molestia de Gokudera bajo de tono al dar con Yamamoto y no con Lambo como el guardián de la tormenta esperaba. - ¿Qué quieres? - Eso no quería decir que está feliz de verlo, en especial viendo al niño detrás de la pierna del espadachín.

En lugar de contestar inmediatamente, Yamamoto solo sonrió aun mas, una sonrisa afilada que hizo estremecer a Gokudera gracias a la sed de sangre que está transmitía.

- Hey Gokudera. - Saludo el guardián de la lluvia como si no hubiera amenazado indirectamente al otro guardián. - Perdon por molestarte, se que estas muy ocupado y todo, pero Lambo me contó algo que te puede interesar. - La sonrisa del espadachin creció, y no de manera positiva. - Quería contarte primero, pero parece que le cerraste la puerta en la cara. Y como soy un gran amigo, y no quiero que Tsuna te acribille, voy a contarte.

Tsuna no lo iba a acribillar. Lo regañaría y le preguntaría porque no podían llevarse bien y le recordaría que Lambo solo tenía 5. Luego pasaría un par de días ignorando la existencia de su autoproclamada mano derecha, mientras dicha mano derecha entraría en depresión y confusión a causa de esto. Y no aprendes la lección.

- Parece que no ha almorzado, y no quiere levantarse de la cama. - Ante la pregunta que sabia que venia, Yamamoto siguió de forma muy alegre: - Tsuna~

No hace falta decir que eso era todo lo que se necesitaba para que Gokudera cayera en cuenta que no debió de haber perdido la paciencia con un niño, y que no volvería a ser la primera persona a la cual Lambo buscaría cuando pasara algo a partir de hoy. Eso luego del golpe de que algo había pasado con Tsuna, obviamente.

En su cama, finalmente dormido y lejos de los malestares, Tsuna no tenía idea de lo que sin querer había desatado. No fue su intención, no fue la idea. Era algo leve que se iría en unas horas, o unos días, en su mente. No era su intención quedarse dormido, tenía que volver a la sala de entrenamiento, pero pasó. La hora del almuerzo, ese pequeño descanso, la había agarrado para arreglarse, curarse y darse un rato de descanso. Dormir no estaba en los planes, como no lo estaba preocupar a Lambo, en especial al punto de ir a pedir ayuda indirectamente.

Por tanto, no hace falta decir que cuando la puerta de su habitación fue abierta de golpe, las luces encendidas y llamados sonaron, Tsuna terminó casi anclado al techo. Bueno, solo en expresión, lo que en verdad ocurrió fue algo muy distinto.

- Te dije que se sentia mal Gokudera. - Regaño un espadachín con mala cara a quien habia venido corriendo, abriendo la puerta de golpe y de inmediato llamando y encendiendo la luz.

El abrupto despertar hubiera terminado en techo y un corazón en la garganta, y dolor de ojos por un momento, pero Tsuna no estaba lo suficientemente bien como para que quedara solo en eso. Como si el solo saltar de la cama no fuera lo suficientemente malo, Tsuna salto fuera de la cama, acostado dando con el suelo y produciendo un sonido inconfundible para todos ellos: expulsó todo el aire de sus pulmones.

Tomó un momento o dos en que reaccionara, en que su cuerpo recordara que necesitaba oxígeno para vivir, y cuando lo hizo terminaron viendo a alguien abrazándose a sí mismo, a su vientre específicamente, y buscando inconscientemente la mejor forma de proteger esa área. Todo con la visible dificultad de respirar gracias al shock de todo lo ocurrido.

En otro lugar, una mujer examinaba sus armas, sacandole filo y asegurándose de que estuvieran en sus mejores condiciones, cuando una figura como una sombra pasó por su lado y terminó frente a ella.

- ¿Qué quieres? - Lal no estaba de ánimo para tener una conversación con Reborn justo ahora.

Tristemente para ella, Reborn tenía otras ideas:

- ¿Qué hiciste? - Más que una pregunta, era una demanda. - ¿Se te olvido que estás tratando con un novato? - Traducción: "¿Se te olvido que no está a tu nivel y que no lo estará en el corto plazo?"

- Por supuesto que no. - Lal contuvo una risa amarga, dejando sus armas a un lado. Reborn no tenía pinta de irse o dejarla en paz. - Mucho menos si ya se rindió. - No iba a darse mala vida con alguien que no quería mejorar y mucho menos con alguien que ni se molestó en aparecer.

Por un momento Reborn no dijo absolutamente nada, mirándola sin pestañear.

- El problema de quienes pelean cuerpo a cuerpo es que su rango es de corto alcance. - Lal arqueo una ceja, sin entender para que le decía algo que ya sabía. - Eso les trae la desventaja de estar en fácil alcance de ataques enemigos y verse en la imposibilidad de atacar desde lejos. - ¿Y el punto era...? - Tsunayoshi no tiene ni medio año de haber sido involucrado en el mundo de la mafia, y mucho menos tiempo tiene siendo entrenado en todas las areas que eso conlleva. - Todavía no entendía a donde quería llegar Reborn con esto. - Lal, Tsunayoshi se apoya mucho en su Hyper Mode y su intuición, pero no deja de ser alguien con casi nada de tiempo de haber sido iniciado en las filas. - Reborn terminó de manera lenta, queriendo decir algo muy distinto a lo que salía de su boca.

Esto era: "su condición física y mental es de principiante, no ha tenido tiempo para condicionarse. En general, recuerda que es cercano a un civil en términos de combate, con las ventajas y desventajas que esto trae, en conjunto con una habilidad innata que lo hace parecer mucho mejor de lo que en verdad es."

- Lal, la sangre puede hacer mucho, pero no puede darle lo que solo el tiempo puede dar. - Experiencia, o suplir los cambios físicos que daría con el entrenamiento adecuado, como lo eran: resistencia y agilidad.

- No tenemos tiempo, Reborn. - No podía ser suave con el, de otra forma no iba-

- Tsuna podrá quejarse, patalear y llorar. - Reborn se alejó de la mesa, dando la conversación por terminada. Sus últimas palabras resonarían en Lal por el resto del día: - Pero no es decir si le duele algo.

Más tarde, esa noche…

-... puedo caminar! - Lal miro de reojo a la puerta, mordiéndose los labios para no decir algo de lo que posiblemente se arrepentiría. - Esto es incomodo… por no decir vergonzoso… - Lloriqueo el chico aun fuera de la vista.

Fue una sabia decisión, se dio cuenta casi de inmediato. Por más que lo intentaba y pedía, nadie estaba colaborando con el guardián del cielo, quien deseaba una camisa y ser dejado en paz. Esto era, en parte, para que ella viera porque el chico no se había presentado en la tarde. La otra era para que alguien con mejor conocimiento médico interviniera.

Era increíble que el chico mas quejoso y cobarde que había conocido en su vida estuviera aquí, queriendo fingir que todo estaba bien y no le dolía caminar o moverse. Era tan increíble e irreal como saber que este mismo chico se convertiría en una de las personas mas peligrosas de la mafia en un futuro, una que muchos, incluyendose a si misma, respetaban y seguían.

- ¿Lo hiciste tú mismo? - Intercepto antes de que esto se saliera de control. El chico en verdad quería seguir como si nada pasara, como si fuera algo minúsculo y no necesitaba atención.

Ante la pregunta, el chico que le había dado dolores de cabeza los últimos días cerró la boca y se enfocó en ella, o en las vendas que había dejado en la mesa específicamente. Tomando en cuenta que prácticamente se las habían arrancado en el camino, no creía que alguno de los chicos lo hubiera hecho. Las chicas tampoco, si la sorpresa y las preguntas decían algo.

- Sabes que esa no es la forma correcta de tratar esa clase de heridas, ¿no? - Ante el leve asentimiento siguió con esta pregunta. Era obvio que no sabía, pero-

- No. - El chico tuvo las agallas de mirarla con confusión y ladear la cabeza hacia un lado, empujando a su acompañante a ver si lo dejaba en paz. Sin éxito. - Pero encuentro más favorable hacer eso que tener que acordarme cada tanto a volver a aplicarme cremas. Con todo lo que pasa, mi reloj interno no sirve. - Aclaró como si eso respondiera todo.

Ante esto, Lal notó que parte de las vendas estaban húmedas.

- Puede darte otros problemas. - Como-

- No duermo con eso y cada vez que voy a mi habitación las cambio. - Luego de cada comida, mínimo, con excusas tontas como buscar algo o irse a cambiar o darse un baño.

- ¿Ya pueden dejarme en paz? - Se quejó como un perfecto niño, sería chistoso en otras circunstancias. - ¡Es solo un morado!, ¡un golpe!, no es nada nuevo…

Reborn, desde su esquina, le evadió la mirada.

- Soy torpe, ¿qué diantres esperan? - Lal ya tenía otro dolor de cabeza, y por una vez era uno diferente que le suplicaba agarrar a quien sea que le hubiera hecho creer que esa clase de heridas eran "nada nuevo" o un simple "morado" - En dos días ya no estará, ¿ya pueden dejar de tratarme como un invalido?, cielos, es como si nunca me hubieran intentado matar algunos de ustedes… - Hubo algo más, pero fue tan bajo que fue imposible de entender.

Hablaba el chico con un ovalo, irregular, de color rojizo tirando a violeta, en parte del costado y el estomago. Moverse con eso debía de doler. Ocultar algo así era peligroso, podría ser algo más que un simple golpe, como una hemorragia interna, por nombrar un ejemplo…

- Es el chico con el que más se han metido en su grado. - Reborn le comento en voz baja antes de interrumpir todo con: - Dame-Tsuna, déjame ver.

Así sería el número de veces que esto había pasado que Tsuna automáticamente cerró la boca, bajó la cabeza, y siguió la instrucción silenciosa de colocarse en donde Reborn deseaba que estuviera.

Y así sería el número de veces que Tsuna había escondido heridas a Reborn que el mejor asesino a sueldo del mundo no estaba sorprendido o molesto, y ni siquiera se molestaba en discutir con su estudiante.

- Honestamente culpo más a tu madre que a ti. - Más de uno quedo: "¿ah?" - Ella no es la más amable o la más certera tratando heridas. - Era una conversación. No un regaño, ni una discusión, o siquiera una observación.

- La mayoría de las personas no lo son. - Admitió el guardián del cielo encogiéndose de hombros, ignorando lo mejor posible los dedos del Arcobaleno del Sol. - Si no es grave, no es nada, y esta no es grave, ¿verdad?

Ante esto Reborn bufo por lo bajo y se rio. Se rió.

- Tienes suerte de que no haya sangrado interno, Dame-Tsuna. - No era nada, como Tsuna decía. - No toco nada importante, pero el impacto llegó lejos. Te dolería menos si hubieras estado dentro de un carro y este hubiera sido chocado a baja velocidad. - Dando una leves palmadas a la herida para acentuar su punto, Reborn término socarronamente: - Sabías que no era cualquier cosa cuando decidiste acostarte un rato y luego no querías levantarte, tu solo no quieres que se metan contigo y lo hagan peor.

Lo cual, tristemente, era muy posible dado a lo volátiles que eran sus guardianes. Ya de por sí:

- Te arrastraron, ¿no es así? - Había que echarle sal a la herida. - ¿Cuántas veces tengo que decirte que tienes que decirme estas cosas?, ¿sea nada o no?

Ante el regaño, Tsuna visiblemente tragó pesadamente.

- Te salvas esta vez. - Y no necesariamente porque su familia no lo iba a dejar en paz. - Dos días, no puedo curarte del todo esta vez. Ahora, ¿hay algo más que no estés diciéndome?

¿Qué tanto pasaba esto que era como saludar para estos dos?, esa era la pregunta que todos se tenían. Lal solo sabía que este chico era un solo dolor de cabeza andante.

- ¿Y cuando paso eso...? - Reborn ni siquiera estaba sorprendido en lo más mínimo.

A pesar de que la pregunta era para Tsuna, la mirada de Reborn estaba en Lal.