—Debes de estar loca, Luna —expuso Luan con enojo.
Al principio se tapó la boca con las manos, era imposible. Inimaginable.
La comediante se levantó de allí y vio a otro lado de la habitación, muy molesta. Era inconcebible que esto estuviese pasando, no era ninguna venganza por el día de las bromas o algo por el estilo.
Su ira empezaba a hervirle la sangre, si algo ella detestaba, y de seguro toda familia odiaba, era tener un hijo con estos problemas, tal vez estaba olvidando que eran compañeras de habitación de toda la vida, aparte de familiares. Sus puños se cerraron, predispuestos a darles un buen golpe en las mejillas a su hermana por tal aberración.
Luna estaba a la par de ella, aún sentada conservando la postura triste y melancólica que tenía. Sintió unas ganas fuertes de romper en llanto por su grandísimo pesar guardado en el pecho. No le quedaba más escuchar el próximo regaño de su hermana menor, que podría afectarla en todo sentido, y podría arruinar su día.
—Hermana, sé que has de estar molesta, pero debes saber que no sé qué pasa conmigo. Solamente surgió, no lo pedí, en ningún momento quise hacerlo, sólo salió, y ya.
—Es que has de tener la cabeza en Plutón me imagino, ¿¡Cómo diablos se te va ocurrir... —pausó en un momento la castaña para bajar la voz en ese pequeño detalle— enamorarte de nuestro hermano menor!? Aparte de ser delito, es pecaminoso, es horrendo, es increíblemente asqueroso visto por la sociedad, no sé que te esté pasando en la cabeza, ¿Estás enferma o qué?
—Pensé que me ayudarías hermana.. —aclaró Luna con pesar.
—Debería de darte unas buenas cachetadas para que regreses a la realidad muchachita, que digo muchachita. ¡Mujer carajo! ¡Ya tienes dieciocho años! —alteró Luan muy fuerte.
—Es que...
—Es que nada Luna, tienes un problema gravísimo, tienes que ir a un psicólogo, el que fueras bisexual era aceptable, ya que no molestabas a nadie diciendo que te morías por Sam, pero esto raya en lo imperdonable.
—Ah, ni siquiera me voy a esforzar en decirte cómo me siento, Lori me daría una paliza, Leni de seguro sería una boca floja olvidadiza, pensé que en serio que me ayudarías con una palabra de aliento.
—¿Acaso crees que la vida es una novela donde acaba todo bien? Donde todo se te cumple, tus errores son válidos y terminas en un yate en Miami o Dubai? ¡Pues no! —le gritó más molesta—. Tampoco te ayudaré a enfrentar esto, no porque sea pura mierda, sino porque si mamá y papá se enteran de que te estoy "ayudando", me va a caer a mí, a ti, y de seguro a Lincoln.
—Mira, porque no sales de aquí y me dejas en paz de una buena vez, ¡Tus chistes son malos y no das gracia! —espetó Luna en defensa propia.
—Ni defenderte puedes Luna. Mejor sal a la calle, busca un trabajo, apoya a la familia y no salgas con estos disparates de magnitud universal —señaló la menor.
Luna ni siquiera respondió, Luan tenía bastante razón, la rockera no apoyaba en nada, entre veces llegaba borracha a la casa por las fiestas tan pesadas con sus supuestos amigos. En varias situaciones con la ropa rota en ciertos lados. Y claro, solo traga y traga.
La comediante volvió a tomar la caja amarilla y salió de allí dejando la puerta abierta. Se imaginó a su hermana fantasear por Lincoln, lo cual le causó un asco profundo. Y la plena necesidad de llamar urgentemente a un consultorio donde tuvieran terapeutas expertos en la materia de la psicología y conducta humana, no a un idiota que compró un título en línea. Con bastante desagrado bajó al piso uno de la residencia, donde se halló a su hermano con una multitud en la sala.
—Lincoln, ¿quienes son ellos? —le preguntó Luan.
—Pues son mis amigos, chicos, ella es Luan, una de mis hermanas mayores, la creadora del canal de la bromas —decía el el albino con una sonrisa dibujada en sus labios.
—Hay Lincoln, no es necesario tantos títulos —dijo la castaña con algo de pena.
—¡Hola Luan! —saludaron los chicos en coro.
—Hehe, hola a ustedes —contestó ella mientras agitaba su mano.
—Oye Luan, ¿Me dices dónde está el señor cocos?
—Pues el Señor Cocos falleció hace mucho, gracias a cierta persona que le dejó caer encima la mesa de noche —hablaba Luan mientras dirigía sus palabras a Lincoln.
El albino de la vergüenza se tapó la cara con una parte de la camisa, mientras todos sus amigos movían la cabeza de derecha a izquierda, negando la tremenda estupidez que hizo, incluso Rusty colocó su mano en la frente, imaginando el momento exacto donde ocurrió el percance, hasta se rió de la pena ajena. Lincoln sin poderse "hacer el quite" tuvo que aceptar la culpa.
—Era día de limpieza, y su servidor dejó caer el mueble, aplastando al pobre muñeco y haciéndolo pedazos, casi lo deja como astillas.
—Hay que pendejo —dijo Stella.
—Es un mega pendejo —completó Luan con una sonrisa mientras le desordenaba el cabello.
—¡Luan ese vocabulario! —regañó a distancia la señora Loud.
—Perdón mamá, solo recordaba viejas experiencias.
—Viejas experiencias será, podrás tener 18 años pero aún te puedo lavar la boca con el cepillo del baño —amenazó.
—Okey mamá —cumplió Luan rodando los ojos.
—Entonces no hay señor cocos —dijo Lincoln.
—¿Y para qué quieres un muñeco?
—Proyecto escolar.
—Lo que pasa es que como grupo nos pudieron una tarea de presentar un show de comedia, cada uno tendremos que hacer una cosa chistosa o quedar en ridículo para hacer reír a los maestros y a casi toda la escuela, es la única materia que debemos salvar, ya todas las ganamos. —comunicaba Liam con algo de pena—. No sé si podrías ayudarnos.
Luan lanzó una risa burlona, que en efecto hizo enojar a su hermano menor, él trató de no hacerlo saber, para no incomodar a ninguno, la volvió a ver y la caja que llevaba la tenía en las escaleras con muchos adornos, Luan reposó su mano en el respaldo del sillón, e hizo que se relajara.
—Ay chicos, ustedes deben ganar ese concurso, créanme, si no pasan teatro está vez, no creo volver a verlos actuar, puedo ayudarles para esto.
—¡Por favor! —pidieron todos, hincándose. Incluso Lincoln.
Ya el albino no era el típico chico orgulloso que rechazaba la ayuda de todos cuando se la ofrecían, para estos días era mejor recibir la total ayuda posible. Ya que los exámenes de último bimestre se avecinaban.
—Okey, preparen todo —habló Luan, tocando sus manos, haciendo un clap.
—Claro mamá —habló una voz femenina, cansada y aburrida.
—¡Haz esa mierda ahora! —ordenó la mujer mayor de mal modo.
"Puta ya me estoy cansando de esta pisada" . Pensó Sam, pasando su mano por la frente, ya aburrida de esas situaciones. Su madre lanzaba una bola de humo de cigarrillo, mientras sonaba una botella de aguardiente en la mesa. El cabello rubio que tenía estaba despeinado, parecía una de las peores personas desalinieadas que podía existir. Aguantar con eso durante casi 2 años no era gracioso, cada vez los insultos y las peleas eran más fuertes, y el olor a alcohol era en realidad, asqueroso.
—¿Vas ha hacer la limpieza o qué? —preguntó aquella mujer de mal modo.
—Sí —respondió Sam, implorando que un rayo la partiera a la mitad.
Al encontrar la pala y la escoba, procedió a barrer debajo de aquella mugrienta mesa, hallando una cantidad increíble de vidrios quebrados, producto de una botella de ron que le fue lanzada hace unos días, con precaución levantó los pedazos de vidrio que se encontraban en el suelo, Y en su mente se aglomeraban una enorme cantidad de insultos hacia su progenitora, pero vaya mujer la que le tocó por madre. Al tener todos los pedazos de botella en la pala, los tiró al bote de la basura, como correspondía, y continuó barriendo, encontrando una enorme cantidad de colillas de cigarro, y alguno que otro condón roto, al ver todo esto le dio una enorme náusea, y quiso salir al bote de la basura a vomitar.
Por siguiente tuvo que levantar una y mil cosas, ropa sucia, platos sucios, ordenar su cuarto que estaba patas arriba, y seguir ordenando la casa, un destino el cual no se lo deseaba a nadie, ni porque hubiera sido la peor persona del mundo. Se recordó de las materias que adeudaba, y que debía ganar sí o sí, eso se veía muy complicado si tenía que ser la ama de casa desde temprano, por una parte sabía que era bueno, que no sería tan mantenida o maneta. Pero no era la forma.
Tras una larga hora de limpieza, vio toda la casa, y se sintió feliz, hasta quedarse recostada en el sofá principal de la casa, dejando de lado la escoba y la pala, en eso, un gato Barcino entró maullando y se coló en sus piernas, le hacía cosquillas con la cola, y le arañaba el jeans rasgado que llevaba.
—A ver michi, ¿Qué quieres? —dijo Sam, levantando la criatura—. ¿Tienes hambre mi gordo?
El gato sólo le maulló.
—Tomaré eso como un sí de michi. ¿Dónde dejaron tu comida?
Llevó cargado al felino, lo abrazó y le dio un besito en la frente, éste jugó con los cabellos de su dueña, lo dejó en el suelo mientras buscaba la comida con el concentrado, el gato imploraba con sus gemidos la comida, hasta que Sam le dejó algo en un pequeño traste de plástico donde decía "Danny"
—Come mi pequeño —dijo Sam, acariciando la espalda del animal.
Crunch crunch crunch*. Los dientes del felino partían en muchos ángulos las croquetas, mientras Sam buscaba con impaciencia el traste del agua, en eso, vio a su madre, con tres cigarros entre los labios, estos encendidos, al liberarlos, una bocanada de smog se visualizó, al igual que pudo sentirse el asfixiante olor, Sam tosió hacia otros lados, y agitó su mano cerca de la cara, para liberarse del ahogamiento. El gato gruñó y se puso arisco, con la peculiar pose de ataque.
—Mamá por favor, me estás *cof cof, asfixiando —habló Sam con la voz carraspeante.
—A mí me la pela, saca a esa porquería de aquí, no debería de estar haciendo nada en la cocina, gato mugroso.
—Mamá, ya por favor, ve a recostarte —sugirió la chica.
—Recostarme la chucha, ve a lavar el resto de la ropa, haragana.
Se levantó, tomó al animal de la cintura con los dos platos sostenidos por los dedos, llevaba el gato en medio del brazo, de mala gana salió del lugar, y se fue de allí, dirigiendo sus pasos al sótano, con mucha suerte pudo apretar el interruptor para encender la luz del cuarto, vio todo en orden por puro milagro. Al bajar de las escaleras dejó al animal a la par de estas, con su comida de al lado, y allí recordó que a los gatos les hacía mal el olor del detergente.
—Al peor lugar te traje Danny. —Dijo Sam, sentándose en el último escalón—. Sé que tú no hablas humano, ni yo hablo maullido.
Danny le maulló otra vez y la vio, y se acurrucó en su vientre. Le ronroneó con cariño el animal, con su pelaje suave haciéndole una tranquilidad inmensa. Esa cola esponjosa jugó en su muslo. Pero su otra pierna vibró, y un pequeño resplandor salió de ella. Revisó su teléfono, 255 mensajes eran de Lincoln Loud.
—Oh rayos, le apliqué el visto —pensó ella con pena.
Abrió la caja de las notificaciones, pensó que no iba a hallar nada, vio lo mayor, 23452 mensajes de WhatsApp, muchos de grupos, en especial aquellos stickers que resultaban ser una carga tediosa para todos los teléfonos. Con pereza vio todas: Escuela, Grupo de amigos de la primaria, otro de sus amigas, grupos sin sentido, grupos de memes, hasta que halló al final el apartado de Lincoln, que tenía agendado con un emoticono de cara riendo, y no por su nombre, sino por "El tipo que siempre me saca una sonrisa". Al abrir el chat, no vio stickers, vio una enorme fila de su nombre, así:
Sam
Sam
Sam
Sam
Sam
Sam
Sam
Sam
Sam
Sal
Sam*
/Me confundí, perdón
Sam
Sam
Sam
Sam
Sam
Sam
Sam
sAMMMM!!!
Sam
Estuvo bajando por unos dos segundos más, halló algo extraño:
Sabes, me sorprendiste hoy al taparme de los ojos. Gracias, en serio gracias.
Ella confundida lo volvió a leer unas dos veces más para cerciorarse, deslizó su dedo de esa misma forma hasta llegar en un lugar donde llegó un mensaje que sencillamente le pareció levantar muchísimo el ánimo.
Te quiero
Ella no evitó sonreír con mucha felicidad, no evitó apretar sus labios por lo contenta que se hallaba, y le contestó:
Yo también te quiero Lincoln Loud
N.A: una disculpa por la tardanza de este capítulo, me he venido abajo con este proyecto. F.
Quiero agradecerle a todos aquellos usuarios mamadísimos que dejaron su heart, follow y review en el one shot lemon Luancoln "Noche Húmeda", gracias de verdad.
De antemano una disculpa por fallos garrafales ortográficos.
