Nada de Katekyo Hitman Reborn me pertenece, solo la historia y uno que otro agregado que aparecerán más adelante en la historia.


Jumping Through Time

Capítulo 22

Si había en lo cual nadie concordaba en opinión sobre la Décima Generación de Vongola era en que no se debía decir frente al Décimo. No había seguridad, no había un patrón o reglamento claro. El resultado, si llegaba a suceder lo impensable, era variado mas nunca positivo. Hablar mal de los guardianes, por ejemplo, podría resultar en una mala reacción del Decimo cómo podía ser completamente ignorado por dicha persona. Era como lanzar una moneda al aire. A diferencia de lo que se podría pensar, si había una regla. Dos, a decir verdad. La primera dependía del humor del Décimo en el momento, determinando quién haría los honores. La segunda, para bien o para mal, era exclusiva y únicamente para los guardianes: quien sea que se metiera con su cielo sufriría terribles consecuencias.

-... seguro de que es el futuro Décimo Vongola? - Un niño en las cercanías ladeo la cabeza, sin ser detectado aún. - Estamos perdidos. - Vino con un gran suspiro, como si la persona tuviera todo el peso del mundo encima.

- No lo subestimes Lal. - Ah, Reborn. No podía intentar matarlo, papá le había dicho que no. Lastima. ¡Era la oportunidad perfecta!

- Su mejoría ha sido mínima, ha tenido semanas, tiempo que no tenemos y aún no puede defenderse apropiadamente, mucho menos atacar. - Se preguntaba si tal vez a papá le gustaría algunos dulces. Estaba siempre ocupado ahora, y si no lo estaba entonces estaba dormido de pie, sin querer hacer nada más.

No entendía porqué estaba tan ocupado. Los otros también, pero realmente no le importaba. Papá siempre tenía tiempo para él, siempre, incluso si estaba ocupado en otras cosas. No entendía que había diferente ahora, no entendía porque papá solo parecía ser capaz de hacer dos cosas ahora. Si, la comida extra no era mala, lo admitía, pero eso era porque era mucho más fácil robarle a alguien que no iba a dar pelea y no parecía darse cuenta de que estaba siendo robado. De por sí papá siempre le daba si quería más, por lo que robarle no era más que diversión. O lo sería si no fuera como robarle a un muñeco.

- ¿Por qué no puede ser como los otros dos? - El tono, aquel tono de decepción y queja que tanto conocía lo detuvo en seco en el sitio, haciendo que se olvidara de meterse entre los estantes a ver que conseguía para pasar el rato. - Están avanzando rápido y uno de ellos está usando dvds por el amor de Dios. - El único que sabía que estaba viendo películas era el chico de la espada… acaso… - Sawada es el que tiene la mejor oportunidad y su crecimiento es prácticamente nulo. Tendríamos más suerte entrenando una de las Moscas. - Había dicho… acababa de decir…

- Derrotó a Xanxus. - Recordó el Arcobaleno del Sol sin darle importancia a todo lo antes dicho.

- ¡Pues no lo parece! - Se oyó el golpe de manos dando contra la madera. - Es un debilucho y quizás tenga potencial, pero no sirve de nada en esta situación. ¡No es ni la sombra del hombre que será! - Y para culminar: - Al menos su sombra tendría oportunidad, este… este mocoso no la tiene, va a morir si no mejora como los otros. - Derrotada, decepcionada, y cansada. Mayormente decepcionada.

Reborn no respondió, nadie dijo nada. Todo quedó en un silencio tenso e incómodo.

- El Décimo fue conocido por noquear a sus oponentes en minutos, estando de buen humor. - Siguió la mujer, en voz baja. - Este se noqueara el solo si tiene suerte. - Se lamentó del mismo modo.

No tenía idea. No tenía ni la más mínima idea de cuán equivocada estaba esa señora vieja y fea. Papá era fuerte, aquí o allá, papá era fuerte. También era una de las personas mas dulces que podía haber. Así que, ¿cómo podía hablar así de papá?, ni siquiera lo conocía. Y hablando de papá, si ella estaba aquí eso significaba que papá estaba libre, ¿no?

Con eso en mente, el niño sonrió y salió corriendo a gran velocidad al primer lugar en donde creía que su papá estaría: su habitación. Se conoce perfectamente el camino de tantas veces que había hecho el recorrido, de tantas veces que se había escapado, y de las pocas veces en las que había sido llevado por alguien más sin palabra alguna. Era muy diferente de casa, pero tenía lo más importante consigo así que no pasaba nada. Ya había experimentado la situación opuesta y esta era mil veces preferible.

Lastimosamente el lugar estaba desierto, todo apagado y sumamente silencioso. No pudo evitar hacer un puchero. Bueno, si no estaba aquí, entonces…

- ¡Nadie puede esconderse de Lambo-sama! - Lo encontraría, ¡como siempre!, nadie se podía esconder del gran Lambo-sama~

Su segunda parada era, para su molestia interna, la sala gigante de abajo. No le gustaba el lugar, nada se oía afuera, y mucho menos se podía saber que diantres pasaba allí adentro sin estar allí. No, definitivamente no le gustaba. Ya había perdido a papá por un buen rato antes, no quería que eso pasara otra vez. Por mas que le dijeran que estaba siendo tonto, que eso no iba a volver a pasar, siempre dejaban a Lambo-sama atras. Papá había desaparecido delante de las narices de todos, y no había nadie más fuerte o más inteligente que él, el gran Lambo-sama, así que era totalmente ridículo que lo ignoraran tanto cuando obviamente él era el mejor para el trabajo. Ahora, si tan-

- Hey chiquitin, ¿no deberías estar con las chicas?, es casi hora de almorzar. - Oh, ¡el tipo de la espada!

¿Por qué demonios estaba empapado hasta las medias?, no se estaba imaginando el camino de agua… ¿verdad?

- La señora fea y vieja está con Reborn. - Lambo no se dio cuenta, muy ocupado haciendo un puchero y quejándose, de cómo el espadachín casi se atraganta con el aire. - ¡Así que papá debe estar libre! - Exclamó con estrellitas en los ojos, lo cual detuvo a Yamamoto de señalar que probablemente Tsuna estuviera haciendo ejercicios sin necesidad de supervisión. - Papá casi nunca tiene tiempo libre ahora…

Yamamoto no tuvo el corazón, como todos los de su época, de decirle la verdad al pequeño. No solo sería sumamente cruel, sino que Tsuna seguramente trataría de ahorcarlos a todos de una forma u otra en cuanto se enterara como primera reacción. Eso o una patada en donde más dolía. No sería la primera vez que Tsunayoshi tenía una mala y terrible reacción ante una noticia inaceptable, solo para luego disculparse a mil por hora sin creer lo que había hecho. Había una buena razón por la cual Gokudera no golpeaba más al mocoso vestido de vaca por más ganas que tuviera, al menos no delante de Tsuna.

- Estoy seguro que debe estar tomando un descanso. - El espadachín no creía tales palabras, pero sabía que Tsuna haría tiempo de donde no tenía si Lambo se lo pedía, indirectamente o no. - Dejame cambiarme y vamos los dos, ¿qué dices? - Ya de por si le daba cosa dejar el rastro de agua que limpiar y quizás la posibilidad de que sucediera un accidente a algún pobre desafortunado. - Por cierto, ¿cómo sabes que Lal no está con Tsuna? - Preguntó con curiosidad un rato después, quitándose la franela y buscando una limpia. O al menos seca.

Para cuando tocaron sus pantalones se metió detrás de la puerta a cambiarse. Lo último que necesitaba era que Lambo hiciera algún comentario inocente delante de Tsuna y luego su mejor amigo estuviera de malas con él. A pesar de que sería hipócrita por algo así, eran hombres, y Tsuna se había bañado un par de veces con el chico a petición del mismo y por sorpresa. Lambo no necesariamente pedía permiso, para bien o para mal.

- Los oí hablando cuando buscaba juguetes. - Ante el comentario sin importancia Yamamoto se detuvo a medio camino de subirse el pantalón. Juguetes, había dicho juguetes. No, mejor no pensar en cómo podía interpretarse eso, o en donde siquiera Lambo creía que iba a conseguir juguetes en una base subterránea que era como un bunker y un tanque de guerra combinados. - Estaban hablando de papa.

- ¿De papa? - En un dos por tres ya estaba vestido y fuera de su escondite improvisado, ignorando el pelo mojado y aplastado al igual que el gran parte de su cabeza y brazos. No se había secado del todo. - ¿Qué decían? - Curiosidad, de eso venía la pregunta.

Tomando un paño cercano el guardián de la lluvia procedió a secarse el pelo, un niño jugueteando con las manijas de un estante.

- Reborn casi no dijo nada, solo algo acerca de un tal Xanxus. - Yamamoto arqueo una ceja, extrañado. ¿Quizás habían estado comparando a Tsuna con el jefe de Varia o quizás hablando de los sucesos de esa pelea? - La fea cree que papa tendría suerte si se noquea a si mismo. Ne, ¿qué es noquear? - Lambo no había terminado la oración cuando el guardián de la lluvia había quedado inusualmente quieto.

Allí se fueron todos los buenos pensamientos del beisbolista, todos. Era una especie de regla tácita no hablar sobre cómo el otro iba con su entrenamiento. Eso no quería decir que Yamamoto no supiera que Gokudera había tenido un hallazgo y luego un pequeño problema, y ahora Bianchi lo estaba ayudando. Le iba bien, y ahora que tenía una ayuda tendría que irle mejor. Por su parte, había recibido algunos elogios por parte de Reborn, y había puesto todo de sí para aprender todo lo que Squalo quería que viera en esos videos. Había escuchado pequeños comentarios sobre que había sobrepasado las expectativas, a pesar de que no había nadie que en verdad pudiera ayudarlo.

De Tsuna… desgraciadamente no había oído mucho. Pasaba mucho tiempo en su propio entrenamiento, y cuando lo veían eran por cortos periodos de tiempo. Lo único que parecían coincidir eran las comidas. Aparte de lo cansado, Tsuna se veía bien y un tanto alegre a pesar de todo. Hacía tiempo para Lambo si no iba inmediatamente a dormir. Tomando en cuenta todo el tiempo que estaba dedicando Tsuna en su entrenamiento, Yamamoto había supuesto que le estaba yendo bien.

Por lo visto la falta de comentarios no era un sinónimo de que las cosas estaban yendo acorde a lo esperado. Por lo visto la alegría de su amigo era por verlos, porque era imposible que no supiera su situación. En especial con alguien tan directa como lo era Lal. Le había comentado a Reborn una vez que se le era extraño que no estuviera entrenando a Tsuna, ¿pues ese no era su trabajo?

Reborn le había dicho que ahora quien lo necesitaba más era él, no Tsuna, y que Tsuna estaba en buenas manos. Se había confiado con eso. Se habían confiado. Ni él ni Gokudera creían que Lal fuera una buena combinación con Tsuna. Incluso si Ryohei del futuro creyera que Tsuna necesitará el trato rudo, no lo creían.

Quizás había una segunda razón al porqué el boxeador miraba de arriba a abajo a Tsuna cada vez que tenía la oportunidad, un par de veces revelando heridas poco serias que Tsuna intentó esconder.

- ¿En serio? - Lambo le asintió, sin entender el problema. Yamamoto podía sentir una sonrisa no muy linda formarse en sus características. - ¿Dijo algo más? - Apretó su puño derecho, lamentando que no tuviera su espada justo ahora.

Fue de este modo que Yamamoto, tomando asiento y manteniendo un tono amigable y curioso, oyó todo lo que Lambo había escuchado. No con las mismas palabras, pero sí con mucho más detalle gracias a todas las inocentes preguntas que Yamamoto dio lo mejor de sí para responder, su sangre hirviendo solo de oirlas.

-...na, hey, Tsuna… - Una leve cachetada fue lo que funcionó como despertador. Cosa que no era la mejor forma de despertar, no para Tsuna al menos. - Perdón por eso, ¿qué pasó? - A pesar del buen tono y el hecho de que acababa de despertar y todo le daba vueltas, lo primero que vio el guardián del cielo fueron los ojos echando chispas.

No es que Tsuna tuvo mucho tiempo de procesar su entorno, o quién estaba, o qué era lo último que recordaba, antes de que algo cayera en su pecho y le sacara el aire, hablando a mil por hora y con los ojos demasiado brillantes que pasarían a un mar de lágrimas de un segundo a otro. No, la verdad es que lo único que podía procesar Tsuna al respecto es que le dolió.

- ¿Mejor? - Yamamoto debió de haber pensado primero en que Tsuna necesitaba un minuto o dos para volver al mundo de los vivos y no esperar que fuera inmediato.

En especial cuando gran parte de la sala de entrenamiento tenía dentaduras en diferentes posiciones que no deberían ser posibles, pero por alguna razón estaban. Tsuna no debió de haber hecho una pausa para tomar una siesta, como se podría pensar si no se quería considerar las otras opciones.

- Si, gracias. - Se había tomado una botella entera de agua en lo que pareció ser un pestañeo. - No es que no esté feliz de verlos, pero no se supone que están aquí… - Por una vez Yamamoto ignoro lo que en verdad estaba tratando de decirles Tsuna.

- Lambo quería ver a papá, no has pasado mucho tiempo con él. - Un rato fuera de aquí, distraído y en buena compañía haría favores.

Especialmente cuando le contara a Gokudera todo lo que Lambo le había comentado.

- Además, es casi hora del almuerzo, jajaja. - Lo que sea para que se olvidara de entrenar un rato, en especial si estaba por su cuenta y no estaba seguro si quería saber el porqué de eso y el porqué había conseguido a su mejor amigo inconsciente y lleno de tierra y como si hubiera pasado en medio de una guerra. Esa ropa no creía que pudiera volver a ser usada, por más que se quisiera.

- ¿Eh? - Esos ojos se hicieron tan grandes que Yamamoto no pudo evitar reírse, en especial por el "hieeee" que solto despues. - ¡Me estás diciendo que llevo aquí toda la mañana! - No era precisamente una pregunta. - Oh… - Era como si le hubiera dicho que alguien se murió, y no hizo tal cosa.

- Ma ma, no es para tanto-

- ¡Claro que sí lo es! - Ante este estallido inesperado y un par de miradas incrédulas, el chico de cabellos chocolates se desinfló como un globo antes de apretar los labios y corresponder completamente a Lambo. - Iré a cambiarme, diles a las chicas que probablemente llegue tarde, ¿si?

Tsuna no le dio tiempo de responder, levantándose con Lambo entre sus brazos y alejándose a gran velocidad, haciendo que el beisbolista se preguntará si el nerviosismo de esa sonrisa había sido su imaginación. Yamamoto frunció el ceño. Muy bien, esto no era bueno. Tsuna no debía de querer preocuparlos, pero esto…

- Eres un tonto, Tsuna. - Susurro para si el guardián de la lluvia, poniéndole un ganchito verde a su sospecha de que Tsuna estaba tratando de esconder como se sentía.

No podía ser sonrisas y arco iris, no cuando su instructora no tenía nada bueno que decir, no cuando no sabía qué hora era, no cuando había estado solo y noqueado en este lugar, no cuando Lal o Reborn debieron de darle una vuelta y posiblemente no lo hicieron o lo dejaron así. Lo último no lo creía de parte de Reborn, no sin que al menos le diera una manta o una almohada. Reborn podría decir lo que quisiera, pero no dejaría a Tsuna de este modo.

Las dentaduras en las paredes de metal cuando no había habido una pelea no era algo que pudiera pasarse por alto, dudaba mucho que Reborn lo dejaría pasar.

- Oh Gokudera, tengo algo genial que contarte… - Con una sonrisa que había o sería lo último que muchos verían, el guardián de la lluvia fue a buscar al guardián de la tormenta.

Días después, Reborn se vio en la "triste" tarea de informarle a una incrédula, orgullosa y un tanto atemorizada (muy en el fondo y que no admitiría) Lal algo que, con toda honestidad, la mujer debió de haber sabido:

- Tsunayoshi es muy blando y no es la clase de persona que guardaría rencor, pero sus guardianes, por otro lado… - Reborn ronroneo, apreciativo. - ¿Te digo un secreto?

No habían tratado de pelear, no habían buscado una siquiera. No había habido insultos, o quejas, o demandas. No, solo habían sido más simples en su comunicación, sólo habían venido a ella en justo lo necesario. También se habían asegurado de que Tsuna pasará el menor tiempo cerca de ella, al punto de comer a distintas horas. Nada raro, nada del otro mundo y nada por lo cual Lal perdería el sueño.

En medio de una cena extremadamente picante, sin líquidos a la vista, con la desfortuna de que los baños estaba fuera de servicio por una avería misteriosa desde la mañana, Lal no podia hacer mas que sentir su boca y garganta arder mientras su estómago se retorcía de formas que nunca antes había hecho. Lo peor es que no acababa allí, ojalá.

Misteriosamente su habitación había terminado siendo victimizada con gran parte del sector por un "accidente" con unas bombas experimentales (que no debieron de poder hacer tal cosa, ¡eran paredes blindadas!), el aire acondicionado había dejado de funcionar hace una hora, las ventanillas de ventilación ocultaban cosas que hacían ruido (Lal aun no quería saber que había allí, muchas gracias). La enfermería había sido despojada de medicinas (solo Dios sabía desde cuando), así que no tenía nada que usar para su pobre estómago…

- La cosa es más peligrosa si es al contrario. - A pesar de no reír, Reborn reía diciendo esto.

Justo en ese momento la electricidad se fue, dejándolos completamente a oscuras y arrebatando toda posible clase de comunicación con ello.

Minutos más tarde, Sawada Tsunayoshi fue despertado por golpes en la puerta. Con más sueño que otra cosa, el chico se levantó y abrió la puerta como un robot. Gracias a esto, no cuestiono cuando una mujer entró y preguntó por pastillas para el dolor de estómago. Ni el porque no se fue.

En su lugar, el guardián del cielo le dio la caja completa de medicinas e implementos médicos que pudiera necesitar que Ryohei le había entregado desde el primer dia, saco almohadas y sabanas del estante, y la completo con botellas de agua y chucherias que el mecanico insistia en que tuviera a mano solo Dios sabe porque. Y se fue a la cama tan pronto terminó, sin procesar nada más que lo necesario y pasando por alto la mujer que lo miraba como si tuviera dos cabezas.

La mañana siguiente muchos fueron despertados por un grito de pánico muy alto, inconfundible.

Reborn no fue el único que se rió internamente de forma oscura ese día.