Sam sonrió, mientras el animalito se salía de sus piernas e iba a sentarse en el piso. Con rotunda gracia vio el resto de "Sam's" que iban en fila en su chat con Lincoln, aparecía que se conectó por última vez hace dos minutos, así que se arriesgó a enviarle un mensaje, corría el riesgo de ser ignorada durante horas. Minutos. A lo mejor y le podría contestar en el instante.

—Compa, ¿Cómo estás?

Se quedó esperando, apagó levemente la pantalla. Y el gato volvió a verla, se levantó y se acostó en su muslo derecho, y le ronroneó con cariño. La rubia pasó su mano por el lomo del animalito, acariciaba, rascaba, hacía de todo con el felino, y la ropa que quedaba para lavar era de su madre, no le prestó atención y acarició al minino otra y otra vez. Hasta que la vibración de su celular volvió.

Sam, no es por nada, pero, bueno, eres increíblemente hermosa, tan hermosa que no encuentro palabra existente en el diccionario.

—Lincoln Loud, influencer de Instagram, ¿me estás coqueteando?

Existe una alta posibilidad Sam Sharp. Lo existe.

—No te imagino en una cita.

Imagina a un muchacho con cabellera de anciano tomando las manos de una muchacha de ojos celestes en medio de un atardecer. Justo. Allí.

—Me lo imagino y ha de ser el espectáculo más romántico del mundo, ni Shakespeare, ni Megan Maxwell se les ocurriría.

Pero se le puede ocurrir a Sam Sharp.

—Jeje. Pueda ser mi pequeño amigo.

Me pongo romántico y tú te pones mamona.jpg Okey, perdón por eso.

—JAJAJAJAJAJA. Esa chingadera no la quiero.jpg

Vaya forma de ingresar a la Friendzone.

—¿Adivina como te tengo agendado Lincoln Loud?

¿Por mi nombre? ¿Algún apodo? O "hermano de Luna Loud"

—Mira

Le envió la captura de pantalla donde se veía el registro del número en WhatsApp: "El tipo que siempre me saca una sonrisa". La hora en la que aparecía conectado por última vez, el número, el cifrado, y la casilla de bloqueo y reporte. Claro, también la foto de perfil.

Es bastante raro que maneje bien una amistad contigo, deberías de mandarme a la fregada por tener 14 años. Y tú casi, ya sabes.

—No Lincoln, mientras la CIA no me espíe o me digas "estoy enamorado de ti" es más que suficiente.

Entiendo Sam Sharp, pero bueno, que se puede esperar de mi.

—Solo mentía jaja, tranquilo Linky.

Está bien Sam, voy a confiar en ti. Porque eres genial, de hecho, con mis amigos ya terminamos de estudiar y esas cosas, si quieres podemos hablar más.

—Estaría bien Lincoln, sabes, estoy aburrida, cansada, tengo ganas de estar molestando contigo.

Vaya declaración.

—Ya ves compañero. Yo sé que todo puede cambiar.

Jeje.


La conversación siguió y siguió, se estuvieron haciendo bromas un tanto pesadas, y que tenían cierto toque de maldad. A ambos les gustaba hacerlo, pero decidieron dejarlo allí. Sam veía el gato, subía y bajaba las escaleras con impaciencia. Maullaba y gemía por lo aburrido que estaba. Sam lo tomó de la cintura y abrió levemente la puerta para dejarlo ir, el felino estaba tan agradecido que dio saltitos para después salir corriendo. Así que se quedó sola.

¿Y qué hacemos ahora Sam?

—No lo sé compañero, tal vez... Mmh... ¡Hagamos una video llamada!

Vale, jalo.

—Eso sí, no te vayas a burlar de como ando, llegué a casa y era un desastre.

¿Y eso por qué Sam?

—Te lo contaré: Mi mamá es alcohólica, también es adicta al tabaco y al LSD, y ya sabes cómo se ha de comportar conmigo, si te lo resumo en una palabra, sería mierda. Además, que probablemente podrían quitarnos la casa por la hipoteca, ando más preocupada yo que ella carajo.

Diablos Sam, estás muy jodida, me encantaría ayudarte.

—Ya dentro de unos meses será mi cumpleaños y veré a donde irme y que ella se vaya a la chingada por basura.

Eso espero Sam, si quieres podemos hacer la llamada otro día.

—Hay que hacerla ahora Linc, yo sé lo que te digo.

Bueno, si insistes.

Sam salió de la sala de chat y se dirigió a las llamadas, donde de inmediato apretó el botón de cámara en el chat de Lincoln. Estaba marcando. El primer pitido del aparato, nada. El segundo, nada. El tercero, nada. Sam mostró una cara algo molesta por eso, mejor decidió a ver otro lado, después el reloj, marcaba las 6:41, hasta que vio una cara cubierta por una capucha de colores, que después se levantaba y bailaba. Sam se rió por esto.

—Creo que ya estoy en línea, ¿no? —dijo Lincoln, quitándose unas gafas de sonrisas.

—Tuve que haberle tomado captura de pantalla a todo, te veías hilarante Linc —decía Sam, con su mano derecha cubriéndole la boca por las risas.

—Puedes instalar un grabador de pantallas, dime cuándo lo tengas y empezaré a bailar —dijo Lincoln, sonriendo.

—Espérame entonces Bro.

Sam salió con el botón del centro de la llamada, por alguna razón, la pantalla donde se llamaban se volvió muy pequeña. Y terminó instalando lo primero que halló. Configuró todo lo que restaba, y le apareció la notificación emergente de la grabación lista.

—Okey Lincoln Loud, puedes empezar en tres, dos, uno...

—¿Ya? —preguntó el muchacho.

—¡Ya!

La chica grabó desde el otro lado los movimientos alocados y el extraño baile que hacía Lincoln, era un freestyle combinado con twerk. Claro que la capucha no se bajaba y mucho menos el volumen de las risas de Sam, pasó un minuto de improvisación, la rubia estaba tan feliz por ver a un chico de 14 bailar de una forma tan especial y única.

—¿Escuchas electrónica o algo así? —le preguntó la muchacha, apretando el stop en el círculo.

—Un poco la verdad, pero si me pides bailar un vals o algo así, la riego, soy pero pésimo —dijo Lincoln mientras se quitaba la capucha y se sentaba en la típica silla gamer.

—Tienes tu cuarto bien equipado —le dijo Sam con una sonrisa.

—No es nada la verdad, aquí es donde Clyde y yo grabamos, es humilde la verdad. Sólo tenemos, a ver... —decía Lincoln, mientras tomaba el mouse y lo movía en distintas direcciones—. Tenemos 2179 suscriptores, suena poco, pero esas 2179 personas ven nuestras ocurrencias y les gusta.

—Que bien Lincoln, ¿podrías mandarme el enlace?

—Claro, te lo enviaré por Messenger.

Otra notificación salió, era el mensaje que contenía el link. Lo ignoró mientras tanto para seguir la llamada.

—Te dejaré en visto por el momento, a ver, cuéntame Lincoln, ¿Cómo has estado después de mi susto? —le preguntó ella.

—He estado feliz, aunque si me llegó a afectar un poco porque me llevo mal con un tipo —dijo Lincoln—. Pero tranquila, estoy bien. El tipo ese me molesta por tener el pelo blanco.

—Es que no se puede quedar bien con nadie Linky, a mí me molestaban por los ojos celestes, más las chicas que los tienen castaños, es raro la verdad. Tal vez somos unos raros.

—Ay Sam, jaja —rió.

—Tal vez serias un gran Jack Frost —dijo ella mientras le veía en la pantalla.

—¿Será? —preguntó el joven.

—A ver, enjuaga tu cabello, como si te estuvieras bañando —indicó

—Claro —dijo él, acomodando la capucha de la sudadera en sus ojos, dejando su cabello al lado derecho.

Procedió a darle unas vueltas al pelo con gracia, lo revolvía, lo jalaba y al final quedó extraño, parado y sumamente desordenado. Sam quedó con un brillo en los ojos increíble. Sonrió. Así de sencillo. El cabello de Lincoln había quedado enchinado, con muchos mechones de lado. Una sonrisa sincera salió de los labios del albino.

—¿Y cómo quedé Sam? —preguntó el albino, haciendo de lado izquierdo toda su melena.

—Quedaste... ¡Increíble Lincoln! ¡Te ves tan natural y único! Oh Dios, no tengo palabras —dijo Sam, sintiendo buena parte de su vientre apretarse al igual que su pecho.

—Gracias... —se sonrojó Lincoln ante el alago.

—Jejeje, eres tan especial Lincoln, tal vez muchos te lo hayan dicho, pero esto si sale de acá, mira, de acá —dijo la rubia mientras se tocaba esa parte.

—Me lo han dicho una o dos veces, pero, esta si se sintió especial, y lo siento así.

—Lo sé albino —sonrió Sam, viendo la pantalla, le bajó el brillo para no dañar sus ojos—. Y no es por ser metiche en tu vida, pero, ¿Has tenido novia?

—No Sam, no he tenido una relación estable, porque, antes, pues... No sé cómo decirlo, ahh —dijo el muchacho, viendo hacia arriba, era obvio que algo malo sucedió.

—Amm, Linc, ¿te sientes bien? —preguntó Sam preocupada.

—Sí, me siento bien.

Mentira.

—Creo que no debí preguntarlo —dijo Sam mientras hacía una cara de angustia.

—Te voy a contar: desde chico yo no fui alguien popular, mucho menos sabía defenderme, todo el bendito tiempo donde estudié antes fue el epicentro de lo que puedan ser mis peores versiones de mí, me hicieron bullying por el cabello blanco, me insultaban diciendo "viejo, viejito, ven, ven, siéntate" ¿Qué crees que pasaba? —exclamó el albino mientras trataba de no romperse en sus palabras. Sam por su parte, negó con la cabeza ante las palabras del albino—. Me ocurría una broma pesada donde había comida putrefacta o algo mucho peor.

Hizo una pequeña pausa mientras desviaba su mirada. Quería contenerse.

—Fue ese momento donde tomé la desición de cerrarme, no podía hacer nada conmigo mismo, por lo menos hasta que la primaria acabó —concluyó conteniendo una gran carga de emociones y no podía creer que le relataría todo eso que sufrió a su amiga más cercana.

—Ay no Lincoln —masculló Sam, conmovida ante el relato de su amigo, jamás pensó que su interés y curiosidad le provocaría un corrompimiento emocional al muchacho. De alguna forma se sintió culpable—. Cuánto lo siento, no creí que mi pregunta te pudiera afectar —decía mientras trataba de buscar la mirada del albino.

—Aún falta mi querida Sam Sharp —retomó su mirada algo enrojecida, cada vez le costaba más poder contener todas las emociones—. Fuí una persona débil, digo, inclusive las chicas se agarraron contra mí, y hasta admito, que cometí uno de los peores errores de mi vida, pues terminé enamorándome de una de mis acosadoras, una completa idiotez de mi parte.

El ambiente se sentía cada vez más tenso y algo incómodo. Sam no podía negar lo entristecida que estaba, lo que quería hacer muy dentro de sí era darle un profundo y cálido abrazo a su amigo. Hacerle sentir, que no estaba solo.

—Ella me terminó humillando en público, eso hizo que me cerrara ante todos —respiró brevemente y continuó su relato—. Pueda ser que el verdadero Lincoln Loud, ese chico de cabellos blancos que gran parte de su vida terminaría marginándose por un gran tiempo, esté allí. Ése mismo chico pueda estar hablando contigo, permanece en el lugar más incógnito y recóndito de "Tristelandia".

No pudo contenerse más, soltó una lágrima y otra, y otra conforme cada recuerdo penoso e hiriente se reproducía en su subconsciente. Sus ojos se dilataron y siguieron soltando esas pequeñas gotas de pena y amargura. Tal vez se podía ver su rostro partirse en tres mitades por las lágrimas. Pero la mano fuerte impidió.

—Ay Lincoln, te hice llorar, no sabes lo mal que me siento.

—Tranquila Sam —respiró hondo Lincoln—. Quería desahogarme, tenía que hacerlo algún día con alguien, pudo haber sido con mis hermanas, con mis padres a medianoche, con Clyde incluso, pero lo hice contigo, vaya logro al que he llegado —dijo el albino, pasando sus dedos por debajo de los párpados, retirando sus lágrimas levemente.

—En serio me siento mal por ti, no me gusta ver que la gente que quiero demasiado sufra, perdóname.

—No tienes porque pedirme perdón, has hecho que Linky, el chico oculto en ese rincón oscuro salga y te diga "¡hola!"

—Soy bien tonta por hacerte sentir mal —dijo la rubia apenada.

—Lincoln Loud real está ahora aquí gracias a ti.

Sam sonrió. Al igual que el chico.


Algo que Luna detestaba era la soledad, aunque su guitarra acústica entonaba una melodía triste. Con algo de cansancio encima le hizo recostarse en la cama de Luan. Ella hacía unas compras con su padre como lo solía hacer siempre. Dejando el instrumento de lado, se precipitó a no pensar en Lincoln, claro que no lo obtuvo, incluso su mente de chica le hizo imaginarse una escena donde ella era cariñosamente besada por el albino, mientras éste se sentaba en su entrepierna, no veía si en su fantasía Lincoln estaba con si pijama o en ropa normal. Su mente le mintió.

—Debo ir al médico, Luan puede decirle algo a mis padres, y no, no quiero alejarme de él.

Decidió tomar la manta de Luan y cubrirse un poco su cuerpo. Tenía frío. Además que necesitaba un abrazo. En sus penurias, vio alguien entrar.

—¿Luna? ¿Te acostaste en mi cama? —le preguntó la voz femenina, más conocida para ella.

—Sí Luan, me levanto si quieres descansar.

—No no no, quédate allí, descansa un poco si es lo que necesitas, dormiré arriba hoy —dijo la castaña.

—Gracias

—Y perdóname por ser muy mala persona en la tarde, sé que tienes unos problemas contigo y tus sentimientos, voy a ayudarte —ofreció Luan, acercándose a su hermana, mientras se sentaba en el costado.

—Tranquila, me lo merecía —dijo Luna, tomando su guitarra, dejándola en el respaldo de la cama—. Soy mensa, en todos modos, ¿El mundo qué puede esperar de mí?

—Hey, bueno, creo que necesitas un abrazo —dijo Luan, con una sonrisa.

La castaña la abrazó, no quiso llorar ante eso, así que mejor decidió pensar en cosas alegres. En cosas las cuales su mente no se destruyera.

—Gracias por estar conmigo hermana.

—Mañana veré donde consigo el número de mi psicólogo, y reservo una cita.

—Está bien.


NA: un agradecimiento a GOWSENBERG por las ideas para este capítulo. Es un escritor en Wattpad el cual tiene talento. También vayan a seguirlo, hace muy buenos fanfics.

Si pudiesen compartir esta historia con sus amigos o familiares, estaría muy agradecido.

Una disculpa por los horrores ortográficos.