LOS GIRASOLES


14 de abril de 1991. En algún lugar de Ámsterdam.

Ricardo Vallejo estaba en el asiento trasero del coche alquilado, inmerso en la lectura de una vibrante novela de aventuras. Había llegado Ámsterdam tres días atrás para solucionar un importante negocio y, si todo salía según lo esperado, volvería a Madrid esa misma tarde. Nunca antes había visitado la ciudad y a Ricardo le hubiera gustado poder quedarse para hacer turismo, pero también tenía unas cuantas cosas pendientes de resolver en España. Además, si el golpe de aquel día tenía éxito iba a pasar unos meses muy ajetreados. Tendría que extremar las precauciones porque colocar obras de arte en el mercado negro nunca era sencillo, pero si finalmente obtenía los beneficios esperados podría empezar a plantearse realizar más acciones como aquella en el futuro.

Unos golpecitos en el cristal le devolvieron a la realidad. Ricardo apenas giró la cabeza para ver el rostro de Lorenzo Salcedo, su mano derecha. Loren era un hombre extremadamente alto y robusto, de facciones rudas y expresión feroz. Cualquiera que lo viera podría decir de él que era todo músculo y nada de cerebro, pero Ricardo sabía de primera mano que era un hombre inteligente y astuto y un brujo más que capaz. Vallejo marcó la página del libro, bajó la ventanilla y le prestó atención a su colega.

-Los muggles ya vienen.

Ricardo asintió y se bajó del coche. No pudo evitar encogerse un poco cuando el frío le golpeó la cara. Si había una cosa en el mundo que Ricardo Vallejo odiara era el frío. Desde muy pequeño había sido un gran amante del verano y uno de los primeros hechizos que aprendió fue el calorífico. Lo primero que hizo al poner un pie en el suelo fue echar mano de la varita y aplicarse el mencionado hechizo para entrar en calor. En seguida se sintió reconfortado y pudo prepararse para recibir a los muggles.

Conducían a toda velocidad por el camino de tierra. Ricardo se sintió aliviado al comprobar que la policía no les perseguía. No era como si le supusiera alguna clase de problema enfrentarse a ellos puesto que ya lo había hecho en otras ocasiones y con bastante éxito, pero quería que aquel golpe fuera lo más limpio posible. El rastro mágico que dejaran debía ser mínimo para evitar que los magos y brujas metieran las narices donde no debían. Ricardo, que durante un par de años se había dedicado al robo de bancos utilizando medios enteramente mágicos, tuvo ocasión de comprobar en sus propias carnes lo peligroso que podía ser poner sobre aviso a los aurores. Durante el último atraco habían estado a punto de pillarle y decidió hacer algo nuevo. Había dejado pasar un tiempo prudencial antes de sumergirse en aquel nuevo negocio y tenía grandes esperanzas puestas en el futuro.

Ricardo observó el furgón un instante y luego miró a sus compañeros. Loren estaba a su lado; vivía en permanente estado de alerta y en esa ocasión parecía preparado para echar mano tanto de la varita como de la pistola muggle. Unos cuantos metros más atrás estaban Paco Martínez, el mejor falsificador de todo el mundo mágico, y Sonja Villenueve, su talentosa camarada francesa. Madame Villenueve era toda una experta en la obra del gran pintor muggle Vicent Van Gogh y su colaboración resultó ser absolutamente imprescindible. Ricardo, desconfiado por naturaleza, se tomó su tiempo ante de fiarse al cien por cien de ella, pero a esas alturas estaría más que encantado de darle el cinco por ciento de los beneficios que habían acordado.

Cuando los cómplices muggles llegaron, Ricardo apenas logró contener el impulsó de abrir las puertas traseras del furgón para echarle un vistazo a los cuadros. Los ladrones habían cumplido con su parte del trato y tampoco tardarían demasiado en cobrar. Ricardo podía dedicarse a negocios no demasiado lícitos, pero siempre cumplía con su palabra. Loren había sugerido que sometieran a ambos hombres a la maldición imperius para obtener de ellos todo aquello que desearan, pero Ricardo no pensó que fuera buena idea por aquello de no exponer la magia demasiado. Por el contrario, había fingido ser un coleccionista de arte bastante ambicioso y les había prometido una buena recompensa si conseguían sacar los cuadros del Museo Van Gogh de Ámsterdam. Les había llevado varios meses planear el golpe, pero finalmente lo habían conseguido. Ricardo les daría su dinero, una parte irrisoria de todo el botín que iban a conseguir después de la venta de los cuadros en el mercado negro, y volvería a España para empezar a negociar. Pero aún quedaba una última parte que resolver.

Fue Paco Martínez el primero en acercarse al furgón. Uno de los muggles le abrió la puerta y tanto Paco como madame Villenueve procedieron a comprobar la autenticidad de las obras de arte. Mientras tanto, Loren miraba amenazante a los ladrones. A pesar de ignorar que era un mago, los muggles se veían seriamente intimidados ante su presencia. Ricardo suspiró, ansioso porque Martínez terminar de hacer lo suyo para poder largarse de allí. Suponía que la tardanza estaba completamente justificada, pero empezaba a impacientarse y repasó mentalmente todo el plan.

Lo más complicado era sacar los cuadros de museo. Para conseguirlo, uno de los ladrones muggles debía permanecer escondido durante toda la noche anterior en el mismísimo museo. Por la mañana reduciría a uno de los guardias de seguridad a punta de pistola y le obligaría a desconectar la alarma para facilitar la entrada a su compañero y, a continuación, llevarse cuantos cuadros les fuera posible antes de que alguien pudiera avisar a la policía. A continuación, los muggles debían reunirse con Ricardo y los suyos justo en ese punto para dar el cambiazo. Y ahí era donde entraban Paco y madame Villenueve.

Les había llevado meses, pero juntos lograron crear réplicas tan exactas de los cuadros originales que ni siquiera el mayor experto muggle podría darse cuenta de que las obras eran falsas. Seguramente un especialista mágico si podría ser capaz de detectar algún fallo en la copia, pero las probabilidades de que algún mago o bruja examinara los cuadros eran casi nulas. Así pues, Ricardo cambiaría los cuadros originales por los falsos. Los segundos serían abandonados allí mismo para que la policía creyera que los ladrones se habían dado cuenta de que eran invendibles. Los primeros viajarían hasta España a lo largo de las próximas semanas y serían vendidos a una serie de coleccionistas entre los que se encontraban tanto brujos como muggles.

Unos cuantos minutos después, un Martínez más que sonriente se acercó a Ricardo.

-Tenemos "Los Girasoles". Somos inmensamente ricos.

Ricardo también sonrió. Quizá no fuera el mayor experto en arte del mundo, pero no podía dejar de estar de acuerdo con Paco. Solamente aquel cuadro valía una fortuna, así que no se veía capaz de imaginarse el dinero real que iba a obtener gracias a esa operación.

-¿Está todo en orden?

-Los cuadros son los auténticos.

-Pues larguémonos cuanto antes.

Martínez asintió. Cerró nuevamente las puertas del furgón y se subió a él junto a madame Villenueve. Sin mediar palabra pusieron en marcha el motor y se alejaron a una velocidad bastante más moderada que la empleada por los ladrones holandeses. Cuando estuvieran lo suficientemente lejos, los dos brujos se desaparecerían con los cuadros hasta una casa segura situada en el pequeño pueblo francés en el que madame Villenueve había crecido. Pasarían allí aproximadamente una semana y luego empezarían a moverlos para llevarlos todos a Madrid, donde los pondrían a buen recaudo hasta que fueran vendidos.

Ricardo observó el furgón hasta que se perdió de vista. A su espalda, Loren había sacado un maletín negro del coche alquilado y se acercaba a los ladrones muggles con su eterna cara de malas pulgas. Quizá hubiera sido conveniente modificar las mentes de aquellos dos hombres de alguna forma que evitara que pudieran delatarles en caso de que la policía les capturara. Loren había insistido bastante sobre ese tema, pero Ricardo estaba bastante seguro de que había cubierto bastante bien sus huellas y que nadie podría llegar a relacionarle con esos dos ladrones y por eso consideró que sería mejor no hacerlo. No utilizar la magia, no exponerse ante los aurores. Eso era lo esencial porque, llegado el caso, siempre podrían manipular a los policías muggles y escapar de sus garras sin demasiada dificultad.

Los muggles recibieron su parte del botín y miraron a su alrededor presas de una repentina confusión. Sin duda habían esperado que alguien les entregara un nuevo vehículo para facilitarles la huida, pero allí solo estaban el coche de Ricardo y un furgón que era la copia exacta del que utilizaran para huir del museo y que en su interior guardaba lo que los muggles considerarían un hallazgo milagroso. No todos los robos de cuadros famosos se resolvían el mismo día que se producía la sustracción de los mismos. Por supuesto, los hombres protestaron. Loren no necesitó hacer uso de muchas palabras para hacerles entender que debían buscarse la vida. Después, se reunió con Ricardo, se subieron al coche y se dispusieron a regresar al hotel. Tenían que recoger el equipaje y pensaban comer algo antes de coger el avión de vuelta a Madrid.

Ricardo, nuevamente acomodado en el asiento trasero del vehículo, giró la cabeza para ver cómo los muggles se llevaban las manos a la cabeza y sonrió. Reconocía que había sido un poco cruel abandonarlos de esa manera, pero estaba seguro de que la suerte acompañaría a esos dos elementos. A pesar de que utilizar la mínima cantidad de magia posible era una prioridad, Ricardo sí había recurrido a ciertos métodos para garantizar el éxito del plan. La Felix Felicis discretamente diluida en las botellas de agua que esos tipos bebían compulsivamente había bastado para que todo saliera bien. Sus efectos durarían aproximadamente un par de horas más, tiempo más que suficiente para que los dos hombres se pusieran a salvo.

-Me pregunto a dónde irán esos dos ahora -Comentó Loren mirando por el retrovisor.

-Probablemente desaparezcan del mapa durante una buena temporada. Tienen dinero suficiente para vivir cómodamente durante varios meses.

-Eso si no lo dilapidan en cuatro días -Loren frunció el ceño-. ¿Estás seguro de que no quieres borrarles la memoria? Aún podríamos volver.

-Es mejor así. Estoy convencido de que no los atraparán nunca.

-Yo no estaría tan seguro. No parecían demasiado espabilados.

-Han planeado el robo al museo prácticamente sin la ayuda de nadie. Yo diría que son lo suficientemente listos.

-¿Y si son más avariciosos de lo que piensas e intentan vender las copias? Siempre te has mostrado muy seguro de su perfección y tal vez quieran más. Deben saber que los cuadros valen una fortuna.

-Si hacen eso, será su problema. Además, creo que lo averiguaremos en unas cuantas horas. La prensa dará bastante bombo al robo y, cuando encuentren las copias, no tardarán en dar la noticia por televisión.

-Te veo muy seguro -Loren volvió a fruncir el ceño.

-Porque lo estoy. Todo saldrá bien.


Hola, holita.

Llámame abusadora, Sorg, pero ahora no solo voy a utilizar tu universo mágico, también voy a copiar tu forma de subir los mini-fics en UMU. En esta ocasión, he colgado lo que viene a ser el prólogo de una historia que se irá aclarando en capítulos posteriores. No diré nada más para no dar pistas y dejaros con la intriga. Si queréis saber más, habrá que seguir leyendo ^^.

También quería decir que el robo al Museo Van Gogh de Ámsterdam fue absolutamente real y ocurrió en la fecha arriba mencionada. Los ladrones se llevaron una veintena de cuadros, uno de los cuales era el famosísimo "Los Girasoles", y según tengo entendido aparecieron en un coche abandonado ese mismo día. Sin embargo yo creo que los cuadros siguen desaparecidos y he tomado ciertas libertades al revelar la identidad de los ladrones. Seguramente que hay por ahí algún mago que tiene "Los Girasoles" de Van Gogh colgado en su cuarto de baño, que de todo tiene que haber en el mundo.

En resumen, espero que esta pequeña introducción os haya gustado y que el fic en general os parezca interesante. Además, estaría bastante bien que me hicierais llegar vuestras impresiones. Acepto también sugerencias y os informo que no me limitaré a escribir únicamente sobre Ricardo, Darío y compañía. También dedicaré capítulos a los Bennasar, a los Cattermole, a Julia y a otros personajes originales que puedan ir apareciendo por ahí. Sé que esta clase de historias constituyen una apuesta arriesgada porque hay muy poca gente a la que le interesen los OC, pero si a alguien le gusta me haría mucha ilusión que me lo hiciera saber.

Y ahora, después de suplicar por reviews durante un ratito, me despido.

Besetes

Cris Snape.