Nada de Katekyo Hitman Reborn me pertenece, solo la historia y uno que otro agregado que aparecerán más adelante en la historia.
Jumping Through Time
Capítulo 23
Si bien los asuntos internos de Vongola no eran problema de nadie, era imposible no notar que entre ellos mismos podían tratar de matarse y cuando eso sucedía lo mejor era no interferir si no deseabas morir. Por supuesto, un detalle tonto, pero inescapable era que el Décimo nunca estaba presente en esas situaciones. De otra forma, la pelea mortal bien podría ser una pelea de práctica. Se creía que esto era porque al Décimo no les gustaba verlos pelear. La verdad era que nadie escapaba de las reglas anteriores, ni siquiera ellos mismos, y si el Décimo llegaba a saber interferiría para detenerlos o… o podría intentarlos matar el mismo.
Cuando Hibari aceptó el plan de su jefe sabía que iba a terminar en una muy mala posición. Una terrible y muy mala posición en cuanto todo saliera bien y su jefe volviera. Su jefe, por supuesto, no saldría bien parado, pero no sería nada en comparación con él. Era una realidad que estaba dispuesto a aceptar con tal de aun tener a Tsunayoshi vivo y coleando en lugar de arriesgar mas y mas su vida, sus vidas, buscando otra solucion.
Lo que no llegó a pensar era que esa terrible y mala posición se presentará mucho antes de tiempo en la forma de un chico, un joven chico, que necesitaba aprender a ser un león y dejará de actuar como un cachorro. Por sí solo no podía, necesitaba ayuda y ese era el problema: la ayuda.
Ya estaba en lado malo de todos al tener que poner en su lugar al joven Tsunayoshi. Era algo como respirar. ¿Cómo pretender que las garras y colmillos de un cachorro hacían más que rasgar y jalar su ropa?, ni siquiera sería creíble si lo intentara. Aun así tenía que admirar la tenacidad, viendo la sombra de lo que algún día sería una de las personas mas peligrosas en existencia.
Viendo la cúpula oscura y espinosa, contando los segundos, se preparó mentalmente para lo que viviría a partir de ahora. Había una gran posibilidad de que Tsunayoshi muriera allí, algo que no podía ocultar. Por más seguro que estuviera que no pasaría tal cosa porque Tsunayoshi no era cualquier persona así luciera como un patético herbívoro ahora, la posibilidad existía y eso era algo que nadie iba a dejar pasar. En esta época u otra. Después de todo, ya habían vivido algo similar, y no habían perdonado al culpable.
Fuera necesario o no, si había algo que todos estaban de acuerdo a espaldas del Décimo Vongola desde hace tanto que no sabría decir, era que nadie, absolutamente nadie, amenazaba/lastimaba al guardián del cielo.
Si, Hibari sabía perfectamente que no saldría bien parado luego de todo esto. Su único consuelo era que sus colegas eran meros cachorros aun. No podrían hacer la gran cosa. Los de su tiempo, por otro lado… bueno, sería divertido al menos.
- Ne, Reborn, ¿de donde viene la hostilidad? - Lal no entendía. Habían pasado días, y no eran colegas. Al menos nadie había intentado nada.
- Tsuna pudo morir. - Lal arqueo una ceja. Eso era obvio. Cualquier podría morir en cualquier momento mientras estuvieran allí. - Tsuna podra no verlo mal, podra perdonarlo, pero los demás no. Amigo o enemigo, no tiene nada que ver por lo visto. - Reborn se encogió de hombros, viendo todo desde hace rato como una función de cine.
Aún no había ocurrido nada, pero no podía ocurrir cualquier cosa. Hibari era listo, y tenía 10 años de experiencia que los otros no tenían. Eso y que nadie se atrevería a hacer nada delante de Tsuna, ya con la hostilidad era mucho.
Gracias a esto, la situación se alargó. Debido a que se alargaba, era imposible esconderlo del todo. Debido a que Hibari sabía cómo podía llegar a ser y a que se podría recurrir, no tomaba nada que no consiguiera el mismo y no dormía en el mismo sitio dos veces. En consecuencia, ocurrió algo que nadie, nadie, se espero:
- ¡Buenos días! - Saludo con una gran sonrisa Tsuna, Lambo riendo y corriendo cerca con una bola de arroz robada.
Venía de la cocina. Tsuna venía de la cocina. Y llevaba una bandeja en manos.
- Espero que tengan hambre, las chicas pensaron hacer un banquete para celebrar y necesitaban unas manos extras, pero me temo que no soy muy bueno en… - Y se fue por allí, avergonzado, preocupado y nervioso.
Tal cosa, en especial seguido de las chicas trayendo cosas con sonrisas y saludos, encendió unas cuantas alarmas de algunos. Con algunos se refería a Reborn y a Lal. El primero porque era la primera vez que Tsuna se anunciaba de tal forma, no era la primera vez que ayudaba en la cocina. La segunda era por paranoia. Simple y llana paranoia.
La paranoia de Lal resultó ser cierta cuando una mano llegó a la suya debajo de la mesa, unas pastillas siendo dejadas en su palma mientras cierto chico seguía apenado y avergonzado sobre el muy posible mal almuerzo. Reborn, por supuesto, no se perdió esto. El resto, por fortuna o desgracia, no se habían dado cuenta.
Minutos después, solo Tsuna estaba tranquilamente comiendo, visiblemente confundido sobre el porque había fuego saliendo por las bocas de todos menos Lal y Reborn (quienes estaban comiendo con ayuda que no iban a dar).
No había agua, leche, nada, excepto la horrible bebida que el boxeador había traído para sus entrenamientos. Las puertas estaban cerradas, la cocina también, y nadie sabía cuándo había ocurrido esto. Lambo, estaba mirando todo con grandes ojos, maravillado, comiendo sus bolas de arroz rellenas de diferentes salsas y carnes. Ni siquiera las chicas se salvaron, lo cual dejaba mucho que pensar de la situación.
- Supongo que quedó horrible… - La actuación sería creíble si en verdad fuera una. - Lo siento chicos, no era-
- ¡No se preocupe Juudaime! - Cómo podía hablar botando fuego con la boca, buscando desesperadamente algo que beber, y con la cara tan roja que parecía un tomate, era un completo misterio. - ¡Está riquísimo!
Como para probar su punto, Gokudera se atiborro con comida que solo empeora su situación, amenazando con la mirada de que si no le seguían la corriente, los iba a volar en el sitio. La visible decepción y desánimo del futuro Décimo Vongola sólo cemento la situación.
- ¿Verdad Hibari? - Agregó un espadachín, asegurándose de que fuera oído por todos y por tanto el guardián de la nube no pudiera escapar.
El único que no parecía ser afectado en lo absoluto, comiendo normalmente y a plena vista, era Tsuna. Los niños se salvaron, a duras penas. Con Lambo nadie iba a meterse, porque su padre está allí y no lo tomaría bien. Con I-pin… nadie era tan cruel. Con dicho padre, por otro lado…
Un hombre adulto de pelo negro maldijo varias veces en su mente, viendo que la creencia que la comida de su futuro jefe era segura era erronea.
- ¿Quieres más?, ¿te gusto tanto? - La carita esperanzada sería algo que perseguiría a Hibari en sus pesadillas por un largo tiempo. - No tengo tanta hambre, ¡puedes tomarlo!, en la cocina hay más. - Termino con una sonrisa derrite corazones.
Solo había un detalle. Un minúsculo y pequeño detalle…
- ¿Por qué? - Esto era un castigo, no había duda de ello. - ¿Como? - ¿Por qué no estaba como ellos?
- Nunca fui bueno en nada. - Tsunayoshi se encogió de hombros. - Llega un punto en donde te acostumbras o no comes, mamá no tiene tan buena memoria como se cree. - Más específicamente que se le olvida por andar en su mundo, pero Tsuna no iba a decir tal cosa en voz alta.
Fue aquí en donde las entrañas de Hibari comenzaron a bailar de una forma muy dolorosa y conocedora, haciendolo palidecer y comenzar a sudar aún más. Tal vez se noto, porque le estaban dando miradas de lástima, aunque nadie estuviera precisamente mejor que el-
- Por cierto Hibari, ten. - El guardián del cielo lanzó un manojo de llaves muy conocido, uno que Hibari atajo por reflejo, apretando las piernas por razones que no planeaba compartir. - La próxima vez que vayas a visitarme mientras esté inconsciente no lo hagas como si fueras un asesino serial, muchas gracias de antemano. - Dicho esto, como si no fuera nada del otro mundo, Tsuna siguió con su almuerzo.
Minutos después, una vez que todos estaban más que seguros que Hibari se había encerrado por quien sabe cuanto tiempo en el baño, Reborn decidió hacer la pregunta más importantes de todas:
- ¿Qué le hiciste? - Tenía que ser algo muy diferente, nadie había salido corriendo al baño-
- El agua está detrás del estante. - Tsuna solo suspiro, cansado de muchas formas. No fue sorprendido de la carrera que la gente pegó para obtener el preciado líquido. - Aquí hay pastillas. - Si, sumamente cansado. - Oh, nada. Solo le eche un laxante, se le pasará en unas horas.
Laxante.
Laxante.
Laxante.
- Tu… - Por el amor de Dios… - Tú le pusiste un laxante a Hibari Kyoya. - El apocalipsis estaba pasando detrás de los ojos del hombre con peinado de maíz.
- No es para tanto. - Tsuna no le veía problema alguno. - Solo espera a que salga del baño.
Ante esto, los recuperados y no recuperados solo podían mirar al chico inocentemente sentado comiendo con pereza como si no hubiera nada malo en el mundo.
- ¿Y nosotros...? - Porque si eso que había hecho a Hibari era una-
- ¡¿Acaso quieres morir?! - Hibari no se lo iba a perdonar, en lo absoluto, Hibari iba a matarlo.
- Ah. - Meneo la cabeza como si pensara en algo que le daba dolor de cabeza. - No soy bueno en nada, ¿que esperaban? - Algunos sabían perfectamente que Tsuna no era un gran cocinero, pero podía cocinar. - Y ya todos me tienen al borde de hacerme sentir que este será el último día de mi vida, no necesito ayuda para morirme de los nervios, realmente no la necesito. Termine una caja de calmantes en menos de una semana y mi dolor de cabeza no se va, ni la paranoia, ni el sentir que me van a golpear ni el…
En resumen de todo lo que dijo: el efecto que toda la hostilidad estaba teniendo en su salud era grave y ya no lo soportaba.
- Supongo que ya dejarán en paz a Hibari, ¿no? - Tomando en cuenta que el pobre Hibari estaba preso en un excusado… - Hice lo mejor que se me ocurrió por ustedes.
Horas más tarde, ese "hice lo mejor" tenía una lista de cosas. Una de ellas era que no había papel higiénico en ningún lado y Hibari tuvo que improvisar. Otra era que no había nada con que aliviar su pobre estómago excepto agua. Otra era que las lavadoras no funcionaban, y su ropa misteriosamente había desaparecido. Una más era que todas las golosinas habían sido reemplazadas por cosas picantes, al menos las fuentes generales.
La paranoia y el dolor de estómago inmediato al ver comida era la cereza del pastel.
Bianchi estaba orgullosa mientras que su hermano era incapaz de decidir si estaba con ella o aterrado ante la realidad que Bianchi no era la única que podía destruir a alguien por el estómago sin esfuerzo.
