Nada de Katekyo Hitman Reborn me pertenece, solo la historia y uno que otro agregado que aparecerán más adelante en la historia.
Jumping Through Time
Capítulo 26
Algunos creían que la criatura conocida como Natsu era solo por apariencias mientras que otros creían que el Décimo era amante de los leones. El animal era adorable, inofensivo, y tímido, lo completamente opuesto al Décimo Vongola. Por ello muchos se preguntaban como o porque el Décimo tenía a Natsu, y únicamente a Natsu.
- Uno pensaría que sería fiero, es un león. - Tomando en cuenta que la primera vez que apareció intentó matar a su dueño, no era de extrañar que esto fuera inesperado. A parte de lo obvio.
- Si no se han fijado, las armas cajas siguen ese dicho de "las mascotas son iguales a los dueños". - Dino no iba a decirles que esta era la primera vez que veía al animal. El difunto Décimo nunca había abierto la caja por todo lo que sabía, debido a la falta del anillo.
- Tsuna no es-
- Al menos la idea de conseguirle un león a Tsuna de mascota no ha sido un fallo total. - Yamamoto terminó riendo, recordando aquel día y el pánico de Tsuna.
El mecánico cerró la boca, preguntándose para qué se metió en primer lugar. Mirando al pequeño animal, recordó inmediatamente por qué. El pequeño animal se veía débil e inofensivo, cosa que el Décimo Vongola no era. Honestamente, hubiera esperado algo como el animal de Xanxus, encajaba bien con el difunto Décimo Vongola… y con este también, lo quisiera admitir o no.
- Es bastante lindo. - El pequeño animal, escondido detrás de su dueño y la pared, se encogió lo más posible y luego trató de morder la mano que solo quería acariciarlo. - ¡Ay!, es arisco.
Más de uno miró entre el animal y Bianchi. Más de uno abrió la boca para decir que así no era Tsuna, pero… eso no era del todo cierto.
- Ma ma, será mejor que los llevemos a su habitación, en esa posición va dolerle todo el cuerpo cuando despierte. - Se había quedado dormido allí, esperándolos. Pobre, debía de estar más cansado de lo que había dado a entender. - ¡Caray!
El pequeño león lo soltó solo para gruñirle, erizandose como un verdadero gato arisco antes de volver a esconderse detrás de su dueño. Con las marcas de dientes muy afilados y un par de gotas de sangre formándose en su palma, más el animal que no lo sacaba de su vista, el espadachín no fue el único en concluir que esto no iba a ser tan sencillo como se esperaría.
Tampoco fue el único en tener la imagen de cierto chico de cabello chocolate y ojos caramelo, buscando cualquier forma de escapar de ellos y de cualquier posible pelea. Se creyera o no, algunas de estas imágenes, las más nítidas dadas las circunstancias, era cuando dicho chico se vio acorralado o se vio a sí mismo sin salida.
A diferencia de Natsu, Tsunayoshi no usó colmillos ni les siseo o gruño. Lo demás era casi igual. La mirada, el miedo, la inseguridad, las ganas de que lo dejaran en paz…
Y especialmente el deseo de proteger a alguien más.
- Supongo que es de esperarse. - Murmuró la autoproclamada mano derecha del Décimo Vongola. - El cachorro no tiene manos ni puede hablar. - No debería ser gracioso, pero lo era.
Gokudera había recibido la mala recepción de una puerta cerrándose en su cara de golpe. Así como empujones y súplicas. Una vez sin querer una palmada de advertencia en el brazo. Y eso era antes de que todos los guardianes fueran elegidos.
El guardián de la tormenta no era el único que prefería no recordar ni comparar la actitud arisca del león con los visibles nervios y la inseguridad que Tsuna presentaba a diario. Ahora, gracias al cachorro de león, tenía otro significado, una nueva forma de verlo, que desearían no tener. El hecho que el animal no los conociera en verdad no importaba.
- ¿Hasta cuándo tengo que esperar? - Lambo se quejó audiblemente con un puchero, sin entender el problema y sin reparar en la pequeña criatura que se tenso en preparación de un ataque.
Niño y cachorro de león se encontraron cara a cara. Uno incrédulo, y el otro mostrando colmillos y garras, erizado y luciendo perfectamente como un gato a punto de pelear.
- Shuu, shuu. - Espanto Lambo con desgano al animal que tomó ofensa al ser tratado como una alimaña. - Vamos, fuera, no tienes nada que hacer aquí gato. - Mucha, mucha ofensa.
- Te va a morder Lambo. - Tan así que el animal había salido por completo de su escondite.
De esta forma, en especial porque su mela se hacía más grande, era imposible no apreciar esas llamas. Tal dueño, tal mascota era posible aplicarse aquí. Si no supieran mejor, se les hubiera hecho raro ver a un animal con esas llamas, por lo similar que eran a las de Tsuna. Y hablando de Tsuna-
- Papá se enojara si lo hace. - Pues… no estaba errado.
- Papá también se molestara por meterse con su gato. - El "gato" no estaba muy contento siendo llamado gato.
Explicarle esto a Tsuna no sería agradable, de seguro terminaría acusándolos de no intervenir por querer ver a Lambo en problemas o porque… oh.
- Mejor dejamos al leoncito quieto, ¿si? - Ni idea de como Tsuna podría tomar que se metieran con su arma caja. Yamamoto no creía que fuera a ser lindo.
Tsuna no debía de tener mucho tiempo conociendo al león, quizás esta era la primera vez que lo sacaba. Tsuna podría negarlo todo lo que quisiera, pero había estado celoso de todos ellos al verse incapaz de tener su propia arma caja. Bueno, animal arma. De por si se debió de haber sentido aislado por no tener una caja como el resto en todo este tiempo, y en desventaja.
Sin considerar el apego que estos animales generaban, tanto ellos a los dueños como los dueños a ellos.
Tsuna no se molestaría mucho con Lambo, porque era un niño, pero ellos…
- ¡GAO! - El rugido vino antes de que alguien pudiera detener a Lambo de ignorar al animal y acercarse a su padre.
No hace falta decir que ver una nueva sección metálica en donde no debería haber metal dejó a más de uno con los ojos saltones, para luego mirar al cachorro de león que no había cambiado de semblante y parecía matarlos a todos con la mirada mientras valientemente mantenía su posición a pesar de que sus piernas temblaban con las ganas de esconderse detrás de su dueño.
Por suerte o mala suerte, fue aquí en donde el dueño del cachorro de león decidió despertar y lo primero que hizo fue confirmar que ya se había apegado de forma permanente al animal:
- ¿Natsu...? - Adormilado, bostezando a lo ultimo, una mano yendo a su cara para ocultar el bostezo. O intentar hacerlo. - ¿Qué pasa...?
- Gao gao gao gao… - Inmediatamente el cachorro de león comenzó a "hablar" y a dar vueltas nerviosas en sí mismo sobre el regazo de su dueño, dando miradas furtivas a los "intrusos" y cambiando completamente de actitud.
Era como si el cachorro de león estuviera diciendo todo lo que había pasado con lujo y detalles. Desgraciadamente para dicho león, Tsuna no hablaba lenguaje leon. Eso no quería decir que fuera necesario: solo tomó dos segundos de verlos para que algo hiciera clic en la mente del guardián del cielo.
- ¿Tenían que molestarlo? - El animal fue de inmediato tomado en brazos de forma protectiva, el dueño dándoles a todos malos ojos. Menos a Lambo, cuando el niño ignoró todo y lo golpeó en la pierna para que le diera atención. - ¿Qué le dijiste a Natsu?, te dije que tienes que ser amable sí quieres que los animales te quieran Lambo. - Regaño Tsuna, exasperado, un cachorro de león siseando al niño que quería ser mimado él también.
- Que se fuera, en resumen. - Lambo no le iba a decir la verdad, en lo absoluto. - Con qué Natsu, ¿eh?, el pequeño no quería que nadie se acercara. - Ni a él ni a su dueño.
No hace falta decir que eso no cambió ni siquiera cuando Tsuna se tomó la molestia de presentarlos, de decirle al cachorro que eran todos amigos y nadie iba a hacer nada, ni siquiera siendo calmado por su dueño todo el rato, ignorando que esa melena era de fuego y no pelo. O que Natsu no era un gato.
Al único que Natsu medio toleraba era a Lambo, y era un sentimiento mutuo. ¿Con todos los demás?, los ignoraba o les enseñaba los dientes para decir que no se acercaran. No era un asunto de miedo, o timidez, o siquiera capricho.
¿Cómo lo sabían?
- ¿Quien le dice? - Nadie levantó la mano ni dio un paso al frente.
El chico mimando a una cría de león como si fuera la criatura más adorable del mundo, sonriendo como el sol y completamente ignorante de que tenía compañía, no iba a estar feliz de ser interrumpido. El cachorro de león, ronroneando hasta no más poder y prácticamente derretido en el regazo de su dueño tampoco iba a estar feliz.
Los otros animales caja solo toleraban la presencia de Natsu, probablemente porque no lo conocían, pero no se podía evitar pensar que había otra razón para esto. Al igual que había una razón no dicha del porque Tsuna mantenía una distancia prudente de los otros animales caja, y no preguntaba nada sobre los mismos. La parte de que algunos eran animales grandes y peligrosos ya no parecía ser la razón de esto.
- Ne, ¿qué hacen? - Apareció la respuesta a sus plegarias.
- Anda a decirle a papá que es hora de irnos. - Lambo fue empujado en dirección a su padre casi inmediatamente.
El niño pestañeó varias veces y no por primera vez se preguntó si los chicos eran idiotas.
La mascota de papá se había dado cuenta que papa era una de las personas mas dulces que habían y no deseaba compartir. Lastima.
- ¡Papa! - Lambo sonrió de oreja a oreja, ignorando la mala cara que le dio el gato de papa.
- Hey Lambo, ¿ya comiste? - La sonrisa y los brazos abiertos hacia el era solo sal a la herida para el tonto gato.
Lambo-sama no iba a compartir más de lo que generosamente ya había ofrecido. El gato tendría que aguantarse.
Extra
- Así que, en resumen, ¿quieres que Vongola ceda la persecución de los Denlloy? - El Décimo Vongola habló por primera vez en la reunión, de forma clara y casi curiosa.
El cachorro siendo acariciado como un gato de cabeza a cola solo ronroneo con más fuerza, abriendo los ojos y mirando a quien había dirigido la última parte de la presente reunión con lo que parecía ser una sonrisa. El dueño, por su parte, solo parecía aburrido del tema, pero no lo suficientemente aburrido como para perder ese aire de superioridad que, si no fuera por su fama, sería causa de risas.
Después de todo, era la persona más baja y de aspecto más frágil que había en esa habitación, y con esa excusa de arma caja en el brazo de la silla siendo tratado como un gato solo lo hacía ver como un niño rico y malcriado en una sala llena de ladrones y asesinos. Era una de las vistas mas ridiculas que podia haber, en especial con ese traje blanco, yendo en contra del tipico negro que todos los demas, incluyendo su mano derecha, usaban.
- ¿Qué dices Natsu? - El Décimo Vongola le preguntó directamente a su consentida "mascota", acariciándolo debajo de la mandíbula y haciendo que el animal se fuera de lado buscando más de esas caricias. - ¿Los dejamos ir?
Era para reírse de lo estupido que era esto. Cuando se habló de que el Décimo Vongola iba a asistir personalmente a esta reunión, por fin una no interna entre aliados, nadie esperaba ver a un mocoso afeminado como este. La falta de miedo sería lindo si no fuera porque el chico ni siquiera parecía considerarlos como amenaza. Por todos los pocos gestos de emoción que había dado, consideraba esto una completa pérdida de tiempo.
- Juudaime-
- ¿Te pregunto a ti Hayato? - El chico ni siquiera se giró a ver a su guardián, cementando más que solo era un engreído chico rico que merecía una lección. Pura actitud y no mordida.
Vongola siempre se creyó superior a muchos.
- No, lo lamento Juudaime. - El pobre hombre que había terminado siendo la mano derecha de este mocoso en un mundo come hombres se disculpó y dio un paso atrás, sin mostrar nada en ese rostro cuidadosamente neutral.
El Décimo soltó un leve "hmmm" antes de finalmente detenerse de acariciar al animal que no había soltado desde que llegó aquí. Como era de esperarse, la criatura se quejó y le dio una mirada tierna al dueño, quien solo sonrió y ladeó la cabeza, esperando algo. Que podría estar esperando el hombre solo Dios sabría. Ese era un animal, una excusa de arma-
- Oh. - Una leve risa fue liberada, terminando en una muy divertida. - Natsu dice que no, lo siento don Petti. - El tono no concordaba en nada con lo dicho. - Supongo que es de esperarse, tus aliados destruyeron las croquetas que pedí especialmente para él y ahora tiene que esperar a que los chefs vuelvan… - No, el Décimo no estaba para nada culpable. - Uri de seguro lo apoya, también perdió sus croquetas, ¿tiene idea de lo costosas que son?
No, ¿y cómo demonios alguien de allí iba a saberlo?, las armas cajas eran armas, no mascotas. Incluso si fueran mascotas, ¿quién diablos gasta tanto en una?
- ¿Vas a destruir una familia entera por que destruyeron la comida de tu gato? - Vongola era-
- No la va a destruir. - El hombre de pelo plateado corrigió tranquilamente, ignorando la rabia que comenzaba a condensarse en el lugar. - Ya está destruida, nadie sale ileso al meterse con nosotros. - Y como si no estuviera echando más leña al fuego: - Si no hubieras pedido nada, los miembros de la familia no serían tocados, pero ya que lo hiciste y ya que Natsu dijo que no… - Media mesa había sido destruida como respuesta del pequeño animal.
- ¡Es una excusa de arma caja!
- Y es por esa actitud que viene el problema, Natsu no se molesta por cosas tontas como las croquetas… - Murmuró el guardián de la tormenta para sí, ignorando que Uri sí que querría la demolición completa de la familia por las croquetas.
Dicho guardián no movió un músculo y no fue sorprendido del terror que reemplazó la rabia en segundos. Esto les pasaba por olvidarse que eran familias de bajo rango por una razón, Varia ni siquiera hubiera pestañeado ante algo tan simple.
- ¿En que estábamos? - El Décimo Vongola pregunto, arreglandose la mangas e ignorando la persona noqueada y quizas muerta que habia dejado en lugar del idiota que hablo.
No hace falta decir que nadie desafío al Décimo Vongola el resto de la reunión, incluso cuando su gato les saco la lengua y se burló de ellos como si encontrara todo divertido antes de aburrirse y volver con su amo para que lo malcriara.
