Nada de Katekyo Hitman Reborn me pertenece, solo la historia y uno que otro agregado que aparecerán más adelante en la historia.
Jumping Through Time
Capítulo 27
El Décimo Vongola tenía una apariencia muy frágil y poco intimidante, afeminada y de baja estatura. No era una persona que diera miedo, y más bien daba el aspecto de ser débil tanto en cuerpo como en corazón. No obstante, está rodeado de gente extremadamente peligrosa que no se veía que hacían en donde estaban, siguiendo a un debilucho. O al menos esas eran las primeras impresiones que daba el Décimo Vongola a todo el que lo conocía. La verdad era completamente lo opuesto, y muchos pagaban caro este error.
- Gracias por darnos una oportunidad más y todo eso… - Tsuna no podía evitar ser sincero, culpaba a su pesimismo y cansancio: - pero sabes que todo está arreglado con eso de que ha visto todo, ¿cierto?
Luego del calor de la batalla, a salvo y con su cuerpo gritando por un descanso mientras su mente daba vueltas como un hamster ante el hecho de que habían sido utilizados como piezas de un juego arreglado en donde no había posibilidad de ganar…
No podía evitarlo, de verdad que no podía hacerlo, desde el principio pensó mal de ese "juego", Byakuran estaba demasiado confiado. Eso nunca señalaba nada bueno, absolutamente nada bueno. Primero se había conseguido un tipo que manejaba marionetas desde solo Dios sabe donde, luego había otro que era como una especie de alma sellada en un cuerpo, y ahora conocía este que no podía morir y era a quien tenían que matar.
Excelente. Era como intentar matar un zombi que se regeneraba por completo así le volaras la cabeza. Eso era trampa, trampa. No es que estuvieran jugando en primer lugar, y mucho menos de manera justa. Aun así, debería de haber un límite sobre lo injusto de algunas cosas. O de hasta donde se podía llegar con el juego sucio.
La verdad, con toda la franqueza del mundo, estaba al borde con las personas jugando con su vida que no las podía ni tocar. Primero Reborn, con toda la locura que traía consigo, luego Mukuro y Hibari con su cosa de que todo tenía que ser de su agrado, luego Xanxus, quien no solo quería matarlos sino humillarlos, y ahora esto. Justo lo que faltaba, un desgraciado que se creía Dios e inmortal porque tenía una de los mayores cheats que podían haber: ¡Vamos a ver todos los finales posibles y por haber y todos los huecos en la historia y sus dlcs!
Sus ganas de volver a jugar juegos de mundo abierto oficialmente habían caducado. Cuando todo esto pasara iba a anclarse a los juegos de carrera o de aventura. Si Reborn lo dejaba, claro está. Nada de cosas con villanos con complejo de Dios, conquistadores, guerras, o ambiente postapocalíptico. Por un largo, largo tiempo.
- Pues-
- ¿Por qué siquiera quiere el Trinisette? - Se preguntó en voz alta, sin realmente querer saber la respuesta. - ¿Por qué quiere hacer magia negra?, ¿un New Game+? - Ya que el desgraciado cabeza de chorlito veía todo como un ******* juego, pues él también lo iba a ver así. - Si sabe que hacer eso sería un reset, uno buggeado, y se dañaría todo, ¿verdad? - No podia ser tan idiota, ¿cierto? - No lo veo disfrutando un New Game+ asi le salga bien, tendría que empezar casi de cero y para gente que lo tiene todo en la palma de su mano… - Hacer tal cosa era un suplicio.
Generalmente en los New Game+ podrías traerte el dinero y la experiencia, y si acaso. A veces los items. O algunas cosas en específico. Esto era la vida real, no podría llevarse nada más que su conocimiento, y tal vez la fuerza física que había adquirido. Y eso suponiendo que todo saliera bien, y creará un nuevo mundo o devolviera el tiempo o cualquier otra estupidez.
Podrían explicarselo miles de veces, pero había visto a Byakuran como unas dos veces y solo tenía una sola cosa que decir:
- Es un mal perdedor. - De los peores. - Si las cosas no salen como él quiere, será un espectáculo de ver. - Y francamente: - Quisiera pisotearlo, hacerlo trizas, y luego verlo llorar. Y no precisamente en ese orden. - No veía cómo hacerlo, tristemente.
El tipo tenía tanto cheat que se sabía las habilidades, destrezas e historias de todos y el perro de su abuela. Contra alguien que sabía hasta que podrías intentar hacer, lo único que medio podía hacer algo era la suerte. Era como jugar ajedrez con una computadora al 100% de su capacidad. La computadora habrá jugado más de mil juegos y se estará limando las uñas con pose de secretaria engreída para cuando el jugador hiciera el primer movimiento. Ganar era prácticamente imposible en esas condiciones.
- Mal jugador, mal perdedor, un cheater. - Y uno de las peores clases. - Debería de estar permanentemente baneado, y etiquetado para siempre. - Era una verdadera lastima que el tipo había decidido jugar con vidas y la realidad misma. - ¿Dónde está el desgraciado dev o el admin cuando se les necesita?, ¿hello gente del trinisetteeeeee~? - Por si no lo entendieron. Más directo no podía ser.
No podía ser cierto que todo se lo iban a dejar a él. Si, podían decir que todo se lo iban a dejar a ellos, pero la verdad es que quien iba a pelear contra Byakuran iba a ser el. Después de todo, Byakuran lo quería era a él. Esta chica del chupete naranja no había ayudado en esa parte. Luego el loco demente destrozaria todo lo demas, pero no le importaba el orden. Mientras obtuviera todos los anillos y los chupetes e hiciera lo que sea que iba a hacer, probablemente un ritual satánico…
- No sé en qué diantres pensaban en ponerme a mí para patearle el trasero a un malvavisco mutante con cara con complejo de Dios. - De verdad es que no lo sabía, y eso incluía a su yo futuro. - Hay mejores jugadores y piezas que jugar que un carajito de 14 con solo unos meses de entrenamiento intensivo y apresurado contra un cheater a tiempo completo con todos los recursos habidos y por haber y sin moralidad aparente. - Ah, casi se le olvidaba: - Uno que ya se sabe todas las estadísticas y movimiento de miles de versiones mías mucho mejores que yo. - Y luego decían porque diantres sentía que todo estaba perdido.
¿Cómo no iba a estar pesimista con todo esto?, por algo no jugaba online. Por algo no jugaba con gente, era muy esporádico. No era un buen jugador de por sí. ¿Cuántas veces no se había atascado por horas con un boss?, no podía competir, no contra alguien como Byakuran, quien veía todo esto como un juego y le valía un colmillo todo porque era un juego.
- ¿Por casualidad de la vida puedes autodestruirte? - El anillo, por supuesto, no respondió ni brillo ni hizo nada. A este punto si llegaba a moverse o hablarle no reaccionaría más que para decir: "ah" y de broma. - ¿No?, vaya key item inutil resultaste ser, igual que yo, para variar. Y se supone que eres un objeto mágico super importante, aunque para lo que me importa… - En nada, no importa lo que le dijeran. - Lastima, hubiera sido tremendamente satisfactorio tener al menos eso para que el malvavisco parlante entrará en un ataque de ira porque las cosas no fueron como quiso, y más si ya estoy muerto y no puede torturarme por ello. - Era un buen plan. Un buen y vengativo plan.
No veía posibilidad de ganar desde hace rato, así que tenía que buscarle alguna cosa que le doliera a un mal perdedor. Y de eso sabía un poco.
- Mínimo una persona se va a morir, y otra se va a sacrificar porque si. Alguien va a estallar en lágrimas y alguien más se va a enojar de sobremanera. Eso es fijo. - Y si no pasaba no se lo creía por una semana o más. - Ahora, ya que es imposible ganar contra alguien que ha hecho y hará trampa hasta su último aliento de todas las maneras posibles y técnicamente está en modo semi-dios… - Que no le veía la gracia a ese modo excepto por ratitos de vagancia extrema en donde no deseaba tener que repetir algo por más de diez veces seguidas…
Luego podía ponerse con los tecnicismos. Por ahora, si no mal recordaba, había guardado la caja de medicinas y si no la había perdido…
- No podré hacer nada con el que ha jugado conmigo como un títere entre sus cuerdas, pero que me maten de una si voy a dejar a otro infeliz jugar conmigo y hasta cambiarme de dimensión-espacio-tiempo por andar jugando con lo que no se debería jugar por no tener nada mejor que hacer con su vida. - Una bala en la cabeza sería apreciada en esas condiciones. Sería sin dolor y extremadamente rápido. Esperaba, al menos. - ¡Si, aqui esta!
Sabía que no lo había perdido, ¡sabía que no!
- Ya veré que haré contigo anillo barato que vino sin botón de autodestrucción como todo buen anillo debería. - El anillo no hizo absolutamente nada diferente a lo esperado: nada. - Si voy a morir, voy a hacerte llorar metiche cabeza de caca seca. - Una pequeña satisfacción en toda su corta vida. Algo era algo y con eso se conformaría.
Lo único que necesitaba era que algo saliera mal. Como que se perdiera su anillo, o algún otro anillo. O chupete. No era exquisito. Ya le robaría unas cadenas a Lal, y luego improvisaría a quien le quitaría uno de los artefactos del Trinisett. Si lo enterraba bajo tierra o lo tiraba de un precipicio, podrían perderse por décadas si tenía suerte y lo hacía bien.
- Cualquiera pensaría que con tanta trampa que ha hecho y tantas veces que ha hecho exactamente la misma cosa el tipo le crecerían neuronas y se daría cuenta que no le va a funcionar el New Game+. Cielos, no tiene nada bueno que hacer con su vida… - Qué desperdicio, en su humilde opinión.
Tarareo bajo su aliento, acomodando las cosas que usaría solo para molestar. No creia que sirviera de mucho, pero si lo lograba cierto idiota iba a pasar un mal dia. Otra pequeña satisfacción que se llevaría consigo al otro mundo.
Fue en este punto, en medio de cubrir agujas con sustancias poco convencionales, que Tsuna sintió muchos ojos en él.
- ¿Qué? - Pregunto, sin entender el problema. Después de todo, ni siquiera había abierto la boca en un buen rato. Un largo rato. No había molestado a nadie por todo lo que sabía.
Tsuna no entendía las caras muy pálidas ni las miradas que no parecían que iban a moverse pronto. Era como si estuvieran viendo un fantasma, lo cual era ridículo, seguía vivo y coleando, ¿no?
Extra 1
- Sigo vivo. - No podía creérselo. - Sigo vivo. - Se miró las manos, se tocó la cara, se jalo el pelo… Todo se sentía igual, más o menos, así que si, seguía vivo.
Ya se había preparado para irse con una sonrisa en la cara, ignorando los gritos y la angustia de su familia. Había secuestrado el anillo de uno de los tipos de Byakuran, había enrollado cadenas en ella y lo había enterrado en la tierra, puesto una piedra encima, y escondido detrás de unos arbustos dentro del bosque. Si lo consiguen en menos de una semana se sentiría muy decepcionado. Hizo un hoyo profundo.
Para nada, porque su producción de que alguien se iba a sacrificar terminaron siendo dos y uno de ellos tenía la información que necesitaba el enemigo y era solo una niña y… bueno, se le fue la mecha, por decirlo de alguna manera.
La otra satisfacción era que, a pesar de lo difícil que fue, si logró envenenar a Byakuran. Gracias Bianchi. Claro que… ¿podría considerarse envenenar cuando técnicamente no había usado veneno?, creía que el término sería drogar. Y aun así…
No fue mucho, pero debió de haberle dado un mínimo de malestar. No tenía laxante, todo eso se lo dio al Hibari del futuro que nunca lo vio de la misma forma luego de eso por alguna razón. No entendía, no lo lastimó. No como él podía y había hecho, había barrido el suelo con él múltiples veces. En fin, no tenía laxante. Pero tenía otras cosas. No tenía idea de que hacían la mayoría, pero…
Sabía que algunas caían mal juntas. Mínimo Byakuran tenía que haber recibido un dolor de cabeza leve, y náuseas. El diurético fue lo último que improviso y no creía que hubiera hecho nada, pero suponía que no estaba demás. Nadie lo detuvo cuando lo agregó, solo se miraron entre sí antes de mirarlo otra vez como si hubiera matado a alguien.
Totalmente desconocido para él, Byakuran no sintió nada cuando comenzó a pelear en serio. Antes de eso, había sentido una vejiga llena, dolor de cabeza moderado, náuseas y ganas leves de vomitar, y fiebre. Eso, y los segundos de incomodidad cuando las agujas atravesaron la piel, o el líquido caer en él, creyendo que era sudor.
Bianchi le enseñó bien. Muy bien. Era la única orgullosa y entusiasta con esto, ignorando lo peligroso y alarmante que era que un chico de 14 años fuera capaz de llegar a tales extremos sin fuerzas externas.
- ¿Todo terminó? - Mas de una persona abrió la boca para afirmar tal cosa, e incluso más de uno de uno fue a abrazarlo y a felicitarlo y demás, pero Tsuna estaba en otra cosa: - ¿Todo?, ¿absolutamente todo?
- Si, ya-
- No va a salir ningún espíritu, ninguna persona a decir que falto algo, o que ese no era, o que igual el mundo se va ir al caño… - Comenzó a contar con los dedos, sin notar como su llama se apagaba y comenzaba a tambalearse el solo. - Nada, absolutamente nada más va a pasar excepto que vamos a ir a casa y no tenemos nada que ver con este desastre nunca más, ¿cierto?, no quiero…
Un cuerpo cayó al suelo, cortando todas las inseguridades que la paranoia que esta época le había dado desde la primera semana. Toda esa presión, locura, y cambio de planes (en donde lo presionaron a tomar decisiones que en verdad ya estaban tomadas y era más una pantalla que otra cosa), iba a salir en algun lado y en Tsuna se había presentado como extrema paranoia sobre la posibilidad de que apareciera otra cosa que resolver.
- ¿Alguien me puede decir por qué aquellos dos andan como si fueran a vomitar? - Vino la pregunta casi curiosa, pero mayormente alarmada y no por enemigos desafortunados, de parte de un espadachín.
- Se metieron con Lambo. - Fue la respuesta baja y que perseguiría a todos por mucho tiempo de parte de Gokudera. - Era mentira que no había más laxante. - Esto parecía ser lo que más angustiaba a Gokudera.
- No había en la caja, la uso toda en hibari. - El frasco entero que nadie estaba seguro de donde saco el chico que estaba llevando Ryohei en su espalda. - La hubiera usado en Byakuran. - Hubiera sido la pelea más bizarra de sus vidas.
La pelea deteniéndose a la mitad porque las entrañas de uno estaban tomando el mando del cuerpo y no había baño en ningún lado. Ocasión perfecta, distracción perfecta, para meter un tiro de gracia. Tomando en cuenta lo que Tsuna les había hecho y lo que le había hecho a Hibari, que eran sus amigos y familia, ninguno quería saber lo que podría hacerle a alguien más.
- Eso es lo que me da miedo. - Gokudera prácticamente lloriqueo con su tono de voz. - En toda la base no había laxantes.
Ante esta información, muchos ojos terminaron en Reborn, quien ya había llegado a esa conclusión hace mucho y, por desgracia:
- Magia negra. - Tsuna no había llegado a la base con algo así, con nada más que la ropa que cargaba encima, y no había salido casi nada. Nadie nunca registró algo así en la base, ni en la entrada ni en la salida. - Nana puede saber. - Consoló de la única forma que podía.
No sirvió de nada. El horror y las miradas dirigidas a la figura inconsciente y los miles de escenarios en donde Tsuna podía hacer algo mil veces peor pasando por sus cabezas.
- Es mejor que no sepan que su madre comentó que Tsuna nunca apareció lastimado en casa. - No creía del todo en lo que decía esa mujer, si era honesto…
Pero Reborn no podía ver a Tsuna en el pasado sin heridas de alguna clase, y sí Nana decía que no… ¿entonces de dónde Dame-Tsuna sacaba las cosas para tratarse?
Porque Tsuna sabía, no lo hacía muy bien, pero sabía. Y el kit de primeros auxilios de la casa siempre estaba abastecido. Y ahora creía que no era Nana quien se encargaba de eso.
Las pastillas de dormir no estaban en ningún lugar de la base tampoco. Estaban prohibidas, razón desconocida, por parte del Gokudera de este tiempo.
Extra 2
- ¿Están seguros de que es buena idea...? - Pregunto un chico de pelo blanco comiendo malvaviscos, sin saber si debía sentir lástima o no.
- ¿Quieres interferir? - No, no estaba tan loco.
- Es que temo que vayan a decir algo que no deberían. - Kyoya lo miró de reojo y no quiso informar que ya era muy tarde para eso. Días tarde.
Tsunayoshi no haría nada, no estaba de ese humor esta vez. En todo caso, esta fiesta fue a petición de Takeshi. Era-
- Oh no. - Murmuró el hombre de pelo blanco, conteniendose de reír.
Otro cuerpo cayó al piso, echando espuma por la boca y al poco tiempo muchos cuerpos siguieron en las mismas condiciones. Las convulsiones no tardaron en llegar. En todo el medio, estaba cierta persona de ojos caramelo bebiendo una copa de vino, un cachorro de león en su hombro observando todo atentamente.
La respuesta de todo vino en la forma de un chico con pelo negro y pequeños cuernos a cada lado de su cabeza, regresando con su padre mientras contenía las lágrimas. La sonrisa afilada del Décimo decía todo lo que hacía falta decir.
Takeshi estaría sumamente decepcionado de que no corriera sangre esta noche.
