Durmió como nunca. El despertador jamás había sonado más dulce en su vida, retirando su cobija de las piernas se sentó al borde de la cama, estirando sus brazos al mismo tiempo que liberaba un fuerte suspiro, y el gato volvió a ser partícipe de la escena, colándose en sus muslos mientras le daba un suave ronroneo. Al igual que sus pequeñas patitas palmaron en ese lugar.

—Hey, Danny —hablaba la joven de ojos celestes, mientras la bolita de pelos gatuna se hacía una bola en sus piernas.

"Meow" "Meow"

El felino levantaba la cabeza, al mismo tiempo que movió su esponjosa y suave cola, provocando el dulce sonido de las carcajadas suaves y tiernas de Sam, estaba de tan buen humor que incluso el detestable modo de ser de su mala madre le resbalaba por el orgullo y la felicidad del día anterior. Deseaba con volver a sentir aquellos dulces y carnosos labios del joven Loud en los suyos.

—¿Quieres comer mi gordito? —agarró al animalito de las caderas y lo cargó

"Meeeeooooow"

—Como siempre lo tomaré como un sí de michi —afirmaba la joven mujer.


Lincoln Loud se había desvelado modulando y arreglando el sonido del parlante y del micrófono, ya que por alguna razón el mismo no era reconocido por el sistema, tuvo que batallar por llamada con Clyde para preguntarle por hora y media cómo había hecho él dicha configuración, claro, con el mismo y frustrante resultado de siempre, grabaciones sin alguna muestra de audio existente.

—Ay genial, ¡Hoy es lunes! —gritó desesperado el albino— ¿Esto acaso no puede empeorar?

De allí vio su reloj... Marcaba las 7:10 de la mañana. Se le había hecho muy tarde para ir a la escuela. Así que se precipitó con fuerza a la parte izquierda del cuarto, agarrando su ropa que estaba en el suelo y dejando de lado aquel pijama de color anaranjado para después cepillarse los dientes y tomar su mochila y bajar todo apurado al comedor y tomar su refacción.

—Hermano, ¿Por qué tan apurado? —preguntó Luan con mucha pena.

—Es que me atrasé hermana, son exámenes y debo llegar rápido a la escuela sino me quitan la mitad del resultado que me salga en la prueba —respondió apresurado Lincoln.

Tomó algo de agua purificada que restaba en un vasito de plástico, y al abrir la puerta salió corriendo, sin antes avisar su ida.

—¡Adiós Luan te veo luego!

—Adiós Lincoln, con cuidado.

La pelicastaña tomó un sorbo de su taza de café caliente, para después apoyar su brazo en el otro, solo porque sí, después los pasos pesados de una de las integrantes de la casa la sacaron de su estado de tranquilidad, y al levantar su mirada pudo percatarse de quién era.

—Buenos días Luna —saludó con un tono un tanto indiferente su compañera de cuarto—. ¿Cómo dormiste?

—Días Luan —bostezó la rockera—. Dormí de cabeza, unas 2 horas, tuve que levantarme al baño varias veces en la noche, tuve 2 pesadillas y mantuve insomnio.

—¿En serio? —preocupada habló Luan, dejando de lado su taza—. ¿Te encuentras bien?

—¿Tú que crees hermana menor? —pregunta Luna con agotamiento puro—. Si te estoy diciendo detalle a detalle que mi noche fue una cosa horrible, tengo 1 hora de sueño con mucha suerte.

—Deberías ir a descansar, de todos modos, la cita con el psicólogo es a las 4 de la tarde. Puedes dormir otro rato.

—No hermana, ya sabes lo que mamá y papá dirán: "levántate haragana" "Haz algo por ti vida" "Busca trabajo". Los típicos ejemplos que puedo repetir unas 1000 veces en todo este santo día.

—No te estreses hermana, papá y mamá solo están un poco estrictos por lo que hemos hecho las dos en años anteriores, ¿Recuerdas la vez en la que los desvelamos por una tonta apuesta y nos quedamos dormidas a las 7 de la mañana hasta las 12 del día? —comentó Luan la anécdota.

—Uy sí hermana —respondió la castaña de cabello corto—. Fue épico, y me quedaste a deber esos 3 dólares restantes.

—Te los pago cuando llegue Santa Claus en marzo —respondido llena de sarcasmo la comediante.

—Pero sí Santa Claus no llega en marzo —atajó la muchacha.

—Entonces te jodiste —rio por lo bajo Luan.

—Muy chistosa Luan, muy chistosa —con sarcasmo habló molesta la de cabello corto—. Entonces veré qué tomar para que se me quite este cansancio y así ponerme en actividad. Te veo al rato Luan.

—Claro hermana, como prefieras.

...

Pasando unas horas en la casa Loud, la chica amante del rock pasaba por debajo de la litera una escoba, sacando de allí mucha pelusa, al igual que uno que otro zapato viejo, alguno de los juguetes de broma de Luan que ya no ocupaba, y hasta el final, una pequeña hoja de papel, doblada en cuatro partes iguales, el estado de la misma era de deterioro, arrugado y manchado por su longevidad.

Curiosa decidió extenderlo, al ver el contenido de la misma sintió una fuerte presión en el pecho, era una de las tantas cartas que le dedicaría a Sam cuando se encontraba enamorada de ella, la misma guardaba corazones, notas musicales, y en especial un texto en inglés que decía lo siguiente:

Look at the stars
Look how they shine for you
And everything you do
Yeah, they were all yellow

Al extender el otro corazón doblado, se halló con la segunda parte del texto:

I came along
I wrote a song for you
And all the things you do
And it was called, "Yellow"

Sus ojos se cerraron por un momento, indicando el pesar que aquellos versos significaban. Era una de esas canciones de rock alternativo tan románticas las cuales servían para bandas sonoras de películas, y con Sam, vivía una, la cual no tuvo final. No porque no hubiera "presupuesto", sino porque el director de la cinta —osease, ella misma—, no quiso continuar.

Recordó la melodía de guitarra del intro, solo le hizo detestar su constante timidez al rechazo de la joven de ojos celestes, sabía que el dolor de un corazón roto era un tema subjetivo ante otros más fuertes como la pérdida de un familiar o un hijo, o la caída de algo que emocional y psicológico que llevaba tiempo construyéndose con mucho esfuerzo y dedicación —como lo era un matrimonio—. Para evitar que sus sentimientos se hicieran más fuertes y la hicieran llorar, rompió la carta en diminutos pedazos y los arrojó al suelo, le seguía agobiando ese recuerdo, pero, ¿Qué podía ella hacer? Si su oportunidad se había desvanecido.

Tomó de nueva cuenta la escoba, y continuó con aquella limpieza en su cuarto compartido.

"Lo nuestro pudo haber llegado a las pantallas de cine"

Respiró con mucha impotencia ante las palabras que su corazón le aclamó.

Pero unas palmadas en su espinilla la hicieron ver abajo y poder reaccionar.

—Hermana Luna, ¿Qué haces? —le preguntó la chiquilla, con una sincera y amplia sonrisa en sus diminutos y lindos labios.

—Oh, Lily, pues verás, estoy barriendo —contestó con una alegría falsa en su voz mientras la cargaba.

—Ya veo, eres una buena hermana, ¿Lo sabes? —con ternura habló la nenita, mientras le daba unas palmadas en su cara.

Esas cuatro sencillas palabras le llegaron al corazón, haciéndola sentirse vulnerable ante lo que vendría, tal vez una o dos lágrimas que de capricho salieron. Luna bajó un poco su rostro para ocultar ese amargo sentimiento que le hicieron experimentar al ser regañada varias veces, al sentir esa presión social de conseguir una pareja para que nadie la molestara diciendo que por ser muy poca mujer nadie les correspondería a sus sentimientos, y está de más decir que sus compañeras de aula siempre le dijeron "tabla" por no tener en exceso el tamaño del busto y de las caderas. Cosa la cual la mantenía perturbada. Todos esos malos sabores de boca se curaban con esas lindas palabritas de la niña rubia.

—Ay, gracias Lily —conmovida decidió hablar la mujer mayor.

—De nada hermana mayor —contestaba feliz la muchachita.

—Más tarde iremos por un helado, ¿Sí chiquita?

—Claro —la niña más que contenta aplaudió agradecida.

Luna acabó con la limpieza, ver esa carta destrozada solo le causó una pequeña sonrisa, ya todo empezaba a agarrar forma en su vida.


Lincoln Loud se concentraba en las pruebas, matemáticas sería una de las más pesadas —por no decir una de las más odiadas y desesperantes—, ya que a comparación de Biología, Sociología y otras más que eran complejas, la hoja de resolución de esos cursos era de solo una página. El mismo curso ese de los benditos números llevaba 3 e incluso 5, lo cual era un completo dolor de cabeza para todos los estudiantes de la escuela. Además que daban al rededor de 5 minutos para resolver cada serie de 10 ejercicios.

—Bien Lincoln Loud, tienes tus fórmulas, la calculadora, el lápiz y el borrador, no lo arruines —se dijo así mismo en la mente, como forma de motivación para pasar de año.

Las hojas del examen eran pasadas de uno a uno por los estudiantes, para evitar tardanzas.

El muchacho de cabellos albinos recibió sus hojas, dio un rápido y caluroso respiro, el cual pudo ser notorio para el profesor del curso.

Cerrando sus ojos pudo notar lo complejo que era esa evaluación, pero mantuvo la mente abierta, y en especial porque era la prueba final, y solo estaría esa de ese curso por el momento, ya después vendrían 3 meses de relajamiento puro en los cuales llevaría de la mano a Sam por doquier. Ahora la imaginó, sus ojos celestes tan llenos de vida y puros, de seguro ella no lastimaría a nadie, menos a él.

—Espero y te vaya bien con los profesores querida Sam —pensó con una voz enamorada el jovencito.

—Bien jóvenes —lo interrumpió una voz seca y grave—. Tienen 35 minutos exactos para realizar la prueba.

Todo el salón bufó molestó, la verdad era muy poco tiempo para realizar esa prueba tan cargada y llena de complejidad, la primera página constaba de relaciones y funciones cuadráticas de dos términos. El otro ejercicio era de trigonometría, y el otro cálculo diferencial. Y así y así los temas se volvían cada vez más y más fuertes.

—No se quejen, se callan —ordenó de inmediato el educador—. Esos ejercicios son fáciles, si no bajaré el límite de tiempo.

—Que hijueputa —susurró el albo, sonriendo con sarcasmo.

—Bueno, ¡empiecen! ¿Qué están esperando? ¿qué les tome de la manita y les explique cómo se hace? —enojado hablaba aquel profesor.

No tardaron los estudiantes en rascarse la cabeza del estrés que el señor profesor había generado.

—Es por ti cariño —pensó una última vez el albino mientras sujetaba el lápiz y se ponía a resolver el temario.

...

Esos 35 minutos habían recorrido de una forma inmediata, le hacía falta el último ejercicio.

Por obvias razones no pudo completarlo.

—Así que se vaya esa cosa, de todos modos, no me importa perder unos 5 puntitos —dijo el chico, levantándose de su escritorio y llevando la prueba en medio de sus dedos.

—¡Tiempo terminado! —anunció de forma inmediata aquel señor de bigote marcial —, el tiempo se agotó, si no pudieron acabarlo pues que lo siento.

—Aquí está mi prueba profesor —dijo entre dientes el jovencito.

—Excelente señor Loud.

"Ojalá y lo parta un rayo" pensó él.

El chico volvió a la silla de su pupitre, mientras veía la cara de aflicción de Stella —su amiga— al ver que no llevaba demasiado del examen. Resignada tuvo que levantarse e ir a dejar aquella cosa en el escritorio del profesor, al volver a su lugar, vio a su compañero que, no pudo evitar hablarle.

—¿Te fue bien en la prueba? —preguntó Stella con mucha impaciencia.

—Digamos que sí —respondió de forma amena el jovencito, quien solo se dejó llevar por el momento.

—¿Lo hiciste todo?

—No, solo me faltó el último ejercicio, ese si se miraba muy complicado —explicó el de cabellos blanquecinos.

—Oh, a mí la mitad de ese feo examen —habló angustiada la de piel morena.

—Relájate Stella, saldrás bien —dijo el chico, llevando su mano al hombro de la mujer.

—Gracias por animarme Lincoln —agradecida, Stella le dio un suave abrazo.


Luna había salido de casa por un rato con Lily, no tuvo que decir ninguna mentira para salir, incluso, había llevado una pequeña lista de compras que necesitaban en casa, llevaba en su mano agarrada una bolsa con cosas del supermercado y en la otra llevaba de la mano a Lily, quien con una sonrisa de oreja a oreja daba unas lamidas a su helado de chocolate. A su mente llegaba el asombroso sabor del mismo que consumió cuando era apenas una bebé.

—Hermana, ¿Por qué no compraste helado? —le cuestionó la chiquilla, quien parecía muy disgustada con que su pariente mayor no disfrutara de un sencillo placer de la vida.

—No tenía ganas, además compré el helado para ti. Porque te lo ganaste —la respuesta de Luna sonó menos cuánto menos obvia, muy incomprensible para la pequeña.

—Pero si sólo es un rico y sencillo helado.

—Ya no me quedaba dinero —atajó la castaña.

La verdad. No se sentía muy bien para comer algo dulce.

Pararon en un paso de cebra, y observaban varios autos pasar, una que otra motocicleta y hasta el final unas bicicletas.

Allí a Lily se le ocurrió una brillante idea en su infantil y aceptable mente.

—Ya sé qué hacer —pensó.

—Lily, tienes que estar alerta, en cualquier momento tenemos que cruzar y no quiero que te pierdas o cruces después —aconsejó la de cabello corto, mientras volvía a tomarle de la mano.

—Luna, dale una lamida a mi helado —ordenó la niña rubia, poniéndole el postre en la cara.

—¿Eh?

—Vamos, dale una, me da pena que tú no comas helado, ¡Todos deberían de comer helado! —dio un pequeño alarido la chiquita.

Luna sonrió, aquella hermosa alma aún no estaba dañada con el mal del mundo, era tan pura, tan linda, tan llena de luz y de esperanza. Tal parecía que podía ser una de las personas más bonitas del mundo, convidar el helado a cambio de nada era mucho pedir.

Ella no pudo abstenerse de la gentil atención y cariño de su hermana más pequeña.

—Bueno, pero solo una probadita —dijo la joven mujer, acercando sus labios al helado en cono.

Succionó un poco de aquella merienda. Mientras gesticulaba lo delicioso que había sido.

—Hmm, ¡Tu heladito está riquísimo Lily! —exclamó con una felicidad tremenda la mujer—. Gracias en serio.

—De nada Lunita, ¡Eres una gran hermana! —con el mismo sentimiento de armonía correspondió al gesto de su hermana mayor.

Eso fue una patada al corazón de Luna. Lily al parecer, quien era el miembro más inocente de la casa era la luz de alguien que tenía más oscuridad que claridad dentro de sí, ahora el semáforo cambio a verde, lo que hizo que ambas avanzaran, llegando al otro extremo de la calle. Avanzar por ese camino pintarrajeado le hizo recordar sus mejores experiencias como infante. Y regresarle algo de color a su vida.

—¿Ya vamos a llegar a casa? —preguntó la chiquilla.

—Ya casi Lily, ya casi...


Transcurrió el día, ya estaban llegando las 3 con 30 minutos al reloj. Luan descendía de las escaleras, al llegar al borde del suelo, vio a su hermana Luna bajar con cuidado, siendo interceptadas por Rita, quien llevaba puesta su gabacha de limpieza.

—¿Adónde van? —secamente salió la interrogante.

—Iremos al parque mamá, llegamos a casa a las 5 —mintió Luan sonriendo, no era al parque a donde iban.

—Bueno chicas, tienen cuidado —dijo Rita feliz, le agradaba ver a sus hijas contentas y que iban a pasar un momento agradable entre ellas.

—Adiós má —movió su mano la rockera.

—Con cuidado siempre niñas —avisó la señora Loud mientras sacudía la casa.

Ambas salieron de la casa, cerraron la puerta con suavidad.

—Bien hermana. Esto quedará en nosotras dos, mamá y papá no deben de enterarse que estás en terapia por "aquello" —dijo Luan, mientras se apresuraba en la caminata.

—Bueno hermana —con un desánimo enorme suspiró la mayor.

—Es por tu bien, no me gusta verte así de triste, tú eres rockera, eres animada y de ambiente —le aclaraba la mujer un año menor.

—Como digas.


Llegaron a la clínica, Luna no se sentía bien, necesitaba romper en llanto. Ahora. Aunque estaba sentada en uno de los asientos de la sala de espera.

—¿Señorita Loud? —llamó la encargada de la recepción.

—Tienes una hora hermana, trata de ser clara y concisa, este señor no dirá nada de lo que tú digas, y menos esto que es sumamente delicado y puede arruinar a la familia entera, ¿Sí? — hablaba Luan—. Te esperaré cuando salgas.

—Está bien Luan.

Se levantó de la silla y fue a la recepción.

—Sí soy yo —le habló con calidez y cierto tono dulce a la recepcionista del lugar.

—Es su turno —marcó con un cheque la casilla dónde se hallaba su apellido—. Puede pasar.

—Claro, permiso —habló nerviosa la joven.

Giró el perno de la puerta, hallándose una cama de psiquiatría en el medio. Y al letrado sentado en una silla, con su libreta de apuntes médicos.

—¿Lista señorita Loud?

Ella suspiró.

—Sí doctor.