Nada de Katekyo Hitman Reborn me pertenece, solo la historia y uno que otro agregado que aparecerán más adelante en la historia.
Jumping Through Time
Capítulo 28
Si había algo a qué tenerle miedo, fueras aliado o enemigo de Vongola, era cuando la bazuca de los 10 años daba con la persona equivocada entre los guardianes. El guardián del cielo podía controlar a cualquiera que viniera, todos menos a uno. No ayudaba que, por alguna razón, ya no eran 5 minutos. Tampoco ayudaba que, irónicamente, nadie fuera capaz de controlar a esta persona cuando aparecía. Lo mejor era correr y rezar porque nadie lo molestara.
-... y listo! - Tsuna, contrario a todo lo que pasaba por su cabeza, solo siguió sonriendo y siguiendole la corriente a sus guardianes.
No estaba entendiendo absolutamente nada. Nada. Iba a aplazar el examen, no tenía duda, y ya había internalizado ese hecho tan pronto Yamamoto tomó el mando cuando no entendió a Sasagawa, quien sólo Dios sabía como había terminado allí en primer lugar. Al menos ya no estaba, suponía.
- Fácil, ¿verdad Juudaime? - Tsuna no tenía el corazón de decirle a su guardián que lo había perdido en su segunda oración. Hace aproximadamente… una hora y quince minutos, según el reloj de la pared. - Verá que saldrá con la mejor nota de la clase Juudaime, no se preocupe.
Eso no iba a pasar. Regresar de toda la locura aquella solo para entrar de lleno en exámenes… Ya había aplazado al menos la mitad, este no sería diferente. Como sus guardianes podían pensar diferente estaba más allá de él. Claro que aún no habían dicho las notas, entregado los exámenes, o publicado ninguna lista. Era solo cuestión de tiempo y no iba a ir a ver. No era necesario, de por si estaría planeando no asistir esos días si no fuera porque Reborn lo haría ir así sea arrastrándose por el suelo como un gusano.
Si… si, estaba aplazado, si no tenía que repetir el año sería un milagro. Tendría que ir a clases de verano, solo para ver si eso no pasaba. No contaba con que eso fuera a servir de algo. La verdad, estaba que tiraba los libros por la ventana, cerraba todo y se metía debajo las sábanas en plena oscuridad para no tener que pensar más en esto y solo tomar el examen mañana.
Todos estarían sumamente decepcionados, y Reborn lo querría matar. Nada nuevo. Por más que le explicaran terminaría igual. De por si no estaba del todo enfocado, no podía. Se sentía todo… ¿cómo decirlo...?
Perdido. No sabía qué otra palabra usar. Desde que habían vuelto a su época se sentía así. No se hallaba. Era como si todo fuera demasiado bueno para ser verdad, no podía relajarse del todo, no podía enfocarse, no podía quedarse quieto… No sabía cómo rayos le hacían sus amigos. Tal vez era solo el problema, no sería la primera ni la última vez. Siempre era él el que estaba fuera de lugar, siempre parecía ser el que reaccionaba de mala forma ante las locuras…
Explotaba la casa y los demás se reirían, lo tomarían como otro día más, uno que otro se molestaría e iría a caerse a palos con el causante. Y ya. Era el que pegaría el grito al cielo, el que estaría asustado y nervioso porque francamente podían haber muerto o peor, por no hablar de que eso no era ni remotamente normal…
-...daime?, ¿me está escuchando? - No, la verdad es que no Gokudera. No es como si hubiera alguna diferencia.
- Si. - No, absolutamente no. - Quedaste hablando de ese triángulo. - Fuera lo que fuera eso, porque solo verlo le hacía doler la cabeza.
No entendía, probablemente nunca lo haría, como podían tomarlo todo así de bien. Al igual que no podía entender ni papa de todo lo que estaba hablando Gokudera, con todos esos diagramas y estadísticas que, si bien se veían muy bonitos y complicados, no tenían sentido alguno para alguien que no sabía leerlos y mucho menos sabia para que eran. Gokudera saldría mejor hablándole a un pez. No es que fuera a decirselo, Gokudera esta tonto para algunas cosas y no iba a-¿huh?
-... vemos que el teorema… ¿Juudaime? - ¿Que había sido eso?, no se lo había imaginado, ¿verdad? - ¿Juudaime?
- ¿Tsuna?
No les dio atención, su foco en todo y nada al mismo tiempo. Por más que quisiera, en ese momento le era imposible hacer otra cosa que no fuera buscar algo que no sabía que era. Algo en su interior había despertado y decía que algo iba a pasar. A veces no podía evitar odiar a su intuición, como ahora. Algo iba a pasar, pero no le decía si era bueno, malo, o que. Pero tampoco dejaba de anunciarse, lo cual equivalía a la imposibilidad de relajarse y sacarlo fuera de su mente hasta que no pasará.
Algunas veces podía durar días. Era todo un fastidio. Útil, si, pero un completo fastidio también. No podía hacer nada si no sabia, muchas veces solo podía prepararse para-¿Qué diantres fue eso?, ¿y por que lo sentía tan cerca?
Ni que esto fuera una película de terror, pensó para sí tratando de calmarse, en vano. Si no lo mataban sus amigos, Reborn, o solo Dios sabe que, lo iba a matar su intuición y sus nervios. Tenía que ser una persona tan-Clack-¡Puff!
- ¿Papá? - Lambo pestañeo muchas veces, espantando el humo con las manos. Muy bien, esa no era la idea.
Miro con molestia la piedra con la que se había tropezado, tomándola y lanzándola lejos. Tal vez no todo había sido fuera de los planes. La idea era ir a ver si papá en el futuro estaba bien, y que papá viera que todo había pasado y dejara lo que sea que tenía. Era difícil dormir cuando su almohada se negaba a quedarse quieta o relajarse. No es que se lo iba a decir en cara a papá, claro…
Tal vez alguno de los otros tontos sería suficiente. No era lo mismo que ver a papá, pero-
- ¡Estúpida vaca! - Bueno, Bakadera se había quedado. No era una perdida, seguía siendo Bakadera en ambos lados.
- Ma ma, sabes que Tsuna no estará feliz si te metes con el niño Gokudera. - Asintió con suficiencia a estas palabras. Sería muy divertido ver a papá reclamarle al otro y regañarlo, pero no valía la pena el chichón que tendría. - No deberías correr con la bazuca Lambo, ¿cuantas veces papá te lo ha dicho? - Ante este recordatorio hizo una mueca.
No quería ese regaño otra vez. Papá no tenía que decir nada para darse a entender…
- ¿A quien le dio de todas formas?, lo último que necesitamos es a Bianchi-
- ¡Hey! - Se quejó la mujer, causando que la miraran y vieran que seguía igual, con una bandeja de aperitivos que nadie iba a tocar.
Si no habían sido ellos, Lambo, o Bianchi que venía de paso…
- No, no puede ser… - No había nadie. ¿Como diablos no iba a haber nadie otra vez?
Antes de que entrara el pánico de lleno, una leve risa muy divertida llegó a los oídos de todos los presentes. Una risa que causó un estremecimiento en todo aquel que la oyó. Menos Lambo, que ya la conocía, y por ello:
- ¡Papa! - Llamó el niño, los ojos brillantes y encantados ante la realización de quién estaba allí.
A unos cuantos pasos de donde debía estar, sentado en donde su yo de esa época no estaría por diversos motivos, estaba un hombre de pelo marrón chocolate con ojos naranjas, una llama inconfundible en la frente, arreglándose la corbata como si no pasara nada. Tenía un traje blanco, que debía ser extremadamente caro, y estaba sentado de una forma que causaría una doble toma a quien sea que lo viera. Después de todo, nadie se sentaba en una mesa como si fuera el dueño supremo del lugar.
No, no era una exageración. Esa era la sensación que daba al verlo, y la forma en la que estaba sentado era muy suelta. Una pierna abajo y la otra estirada en la mesa. Lo que arruinaba la imagen eran dos cosas que se contradecían entre sí. La primera era que ese hermoso traje estaba arruinado, manchado en sangre. El traje no se veía roto en ningún lugar, así que probablemente la sangre no era propia. La segunda era una sonrisa leve, una que recordaba a cierto Arcobaleno del Sol, por como parecía decir que estaba encontrando algo muy divertido y lo estaba disfrutando.
- Hey querubin. - Saludo el hombre, finalmente levantando la mirada, dejando su corbata en paz, y cambiando su semblante.
Como si la imagen anterior no hubiera estado allí antes. La forma dulce y tierna con la que Tsuna casi siempre se dirigía a Lambo, prácticamente reservada para el niño a esas alturas. El tono de voz bien podría ser miel cuando Lambo estaba involucrado. "Querubin" hizo que un par se ahogara, porque eso era nuevo.
- ¿Algún problema? - Suave, bajo, oscuro. Como el siseo de una serpiente.
- No, claro que no Juudaime. - No había dicho nada.
- Hmmm… - El hombre arqueó una ceja, como si no creyera tal cosa. - No es el mejor momento para visitar bebe. - Gokudera volvió a ahogarse oyendo esto, inmediatamente obteniendo una mirada oscura por ello. - ¿Qué estabas haciendo?, no creo que la idea fuera traerme a mi, ¿verdad amor?
Y esta era la razón por la que Lambo adoraba a Tsuna como un padre. Esta era la razón del porque Lambo nunca dejó de insistir en que Tsuna era su padre. Esta era la razón por la cual Vongola, Bovino, Reborn y más se vieron en una problemática que bien podría ser considerada una pistola en la frente.
Esta era la razón por la que Lambo no le tenía miedo al futuro, el porqué la bazuca era una de sus primeras opciones sin importar cuantas veces se le dijera que no la usara.
Decir algo era pedir un terrible destino, si esos naranjas tenían algo que decir…
- ¡Quería verte! - Esta respuesta no era nueva para el Décimo Vongola. - Y creí que ver que todo está bien ahora haría te haría sentir mejor… - El niño se apagó, sin estar seguro si había hecho las cosas mejor o peor.
- Estoy seguro de que se sentirá mejor Lambo, yo me siento mejor. - La sonrisa era derrite corazones, y si no fuera por la sangre… - Aunque de seguro querrá llegar a darse un baño, si los chicos no le ofrecen uno. - Esto era como si hablara del clima. - Quiero decir, estoy bastante seguro que no diré nada, pero debería ser bastante obvio y francamente me sentiré muy decepcionado si ni siquiera me ayudan a quitarme todo el sucio de encima. - Terminó con un puchero que no concordaba con la mirada oscura que se presentó por una fracción de segundo. - Así que… ¿supongo que es reciente el fiasco del futuro de Bya-kun?
Bya-kun. Bya-kun. Tsunayoshi no podía haber… no podía-
- ¿El tipo de pelo blanco? - Tsuna asintió, acomodando pelos revueltos que no eran suyos. Si no fuera por la sangre, podría pasar por el Tsuna de la presente época consintiendo a Lambo.
- Ya veo, ya veo… - La sonrisa se volvió una depredadora ante el asentimiento entusiasmado del niño. - ¿Por qué no vas a ver si mamá hizo algo?, un bocadillo no caería mal, ¿no crees? - Era altamente irónico que, diciendo esto, sacara un par de caramelos del bolsillo para Lambo.
Una vez que Lambo estaba fuera de la vista, lo cual no duraría mucho porque el chico no quería irse, Sawada Tsunayoshi dejó de sonreír y su semblante se volvió muy frío. No dio tiempo a que le preguntaran u ofrecieran nada:
- Así que esta es la época en donde realmente pase los exámenes, a duras penas, que estaba totalmente seguro de que iba a fallar… - Los ojos recorrieron la habitación con algo similar a curiosidad. Al menos hasta que dieron con unos libros. - Eso está mejor~ - Canturreo, contento, ignorando el asombro que causó por lanzar todos los libros fuera de la ventana. - Siempre quise hacer eso, o quemarlos, pero aún hacen falta… que lastima~ - Chasqueo los dedos, decepcionado. - Otra cosa que siempre quise hacer… - Su mirada pasó lentamente a Gokudera.
Tal y como si fuera un depredador cazando a una pequeña presa. Tal cual. Esa era la sensación, el aspecto y las señales que daba este Tsuna. Un perfecto carnívoro, Hibari no estaría decepcionado de saber esto, pero…
- ¿Tienes idea de lo mucho que quise agarrarte de la cabeza y estrellarla contra este escritorio? - Bajo, apacible, casi un ronroneo. Los dedos acariciando la madera junto a los ojos fríos y fijos en su presa solo hacían sentir más pequeño e indefenso a su objetivo.
- Juu-
- No, no… - Regaño el hombre como si tratara con un niño mal portado. - Nada de Juudaime, a menos que… - Un ladeo de cabeza leve, y una sonrisa más fina, una inocencia falsa. - quieras que te pase algo malo. - Esos ojos se oscurecieron un poco, dándole un aspecto casi soñador. - Ganas no me faltan, me temo.
Este no era el Tsuna que conocían, no señor, Tsuna nunca-
- ¿Sabes lo agotador que es estar sonriendo y fingiendo que estas bien con todo? - Sono genuinamente curioso, pero no quería una respuesta porque no la espero: - En especial con alguien que no escucha, en especial con esto… - Señalo con una mano todos los papeles y cuadernos, el pizarrón y las notas. - Eres un genio si, eso lo dejaste más que claro hace rato, si, si, sientete orgulloso y todo eso. - Definitivamente este no era el Tsuna que conocían. - Para ser un genio, vayas que eres tonto. No entiendo nada de lo que trataste de explicarme. No soy muy listo, y tu vienes y pones todo esto. - Señaló los diagramas y las estadísticas. - Hayato, mi querido amigo, ¿si no entiendo lo básico como pretendes que entienda todo lo demás?
Uh…
- En parte no es culpa tuya, estuve muy atrasado para el nivel en el que debería estar, y en este periodo aun ando con los nervios en punta. Cualquier explicación entraría por aquí y saldría por aquí. - Hizo los gestos y todos, divertido y en cierta forma agresivo.
Esta persona no estaba para nada feliz.
- ¿Y en donde te dejamos a ti, Ta-ke-shi-kun? - Bien podría haberle puesto una pistola en la cara.
Ante el repentino cambio de blanco, Yamamoto entendió porque Gokudera había quedado inusualmente callado y pálido. Tsuna podría no haberse movido del sitio, pero sentía como si se lo fuera a comer, que estaba en peligro. Aun así, solo tenía el interés de un depredador, nada más. Era… era una extraña sensación, a decir verdad. Sabía, sin saber cómo, que no había nada que pudiera hacer para escapar. Si Tsuna quería jugar con su presa, acabarla, hacer lo que quisiera… no podía detenerlo. No estaba asustado, no realmente. Estaba consciente de que era el blanco ahora y de que no podía hacer nada si la persona que lo miraba con más detenimiento de lo esperado decidía hacer algo.
La sensación de estar a merced de un tigre siendo solo un mero conejo. Algo en esas líneas. No era una sensación que hubiera sentido antes…
- ¿Crees que haces un bien diciéndome que me relaje, que todo va a salir bien?, ¿que no voy a raspar a pesar de no poder concentrarme en nada?, las pruebas las pase como un borrón, no recuerdo los detalles… - Casi como si lo recordara a última hora. - Ah, tampoco entiendo tus explicaciones. Tu optimismo no ayuda, por cierto. Solo provocas que quiera lanzarme por una ventana, o lo hiciste en esta época. - Casi curioso, agregó: - ¿Sabías que a veces solo quisiera decirte que te calles o dejes esa sonrisa?
Pues no. No tenía idea.
- Son afortunados, o quizás no lo son. - El peligro pasó, pero no por mucho. - No recuerdo cuándo fue que deje de creer que me odiarían por decir lo que pienso, o deje de embotellar cosas. No sabría decir si es bueno para ustedes o no, porque, me temo… - Sonrió de una forma que era tan dulce y cálida que era cautivante. El problema era que, con ello, el Décimo había lanzado una navaja justo en medio de ellos, la cual quedó clavada en la pared. - que no tienen que lidiar con la parte en donde las palabras no son suficientes. - La risilla al final les dio piel de gallina. - No tienen idea de lo bien que se siente esto~
- ¿Piensas matarlos o qué? - Reborn, gracias a Dios, ¿por qué se había tardado tanto?
- ¿Matarlos?, por favor. - El hombre rodó los ojos, como si la noción fuera algo ridículo de considerar. - Ni siquiera puedo moverme de aquí, sino con gusto me divertiria mas. - Que. - Estaré anclado a una cama por días, déjame tener mi diversión y darles un cerebro, mi yo pasado va a venir con una mala imagen y lleno de sangre porque a ninguno de los idiotas se le ocurrió sacarlo de la carnicería. En fin, estoy rodeado de idiotas, ¿que se puede hacer?
Reborn, por su parte, solo arqueo una ceja. ¿Esto era en lo que se convertiría el rena-
- Ah, se me olvido. - Muy divertido, el Décimo Vongola recito: - Chaos, Reborn, gusto verte.
Ah. Ah. Todo tenía sentido ahora.
- Tus guardianes no se la van a ver bien. - No fue una pregunta. Reborn tenía una buena idea de lo que iba a pasar.
- Si se descuidan les arrancaré los ojos. Odio estar invalido. Y esto fue culpa de Hibari, te juro que el infeliz no mira antes de lanzarse. Si no lo atajo estaría él con más que una pierna rota y con ánimo de horrores por perderse todo. - Asintiendo para sí, agregó: - Tengo que buscar entretención de alguna forma.
Con esa sola frase quienes no habían entendido lo hicieron.
Para bien o para mal, Reborn había dejado su huella de forma irrefutable en el Décimo Vongola. En el futuro Décimo Vongola.
Extra
-... huyen? - No entendían, era solo humo rosa.
Los guardianes del Décimo Vongola no se detuvieron, alejándose a paso veloz como si los persiguiera el mismísimo Demonio. Extraño, porque hace solo 5 minutos habían estado discutiendo con su jefe sobre quién iba a pelear con ellos. Algo estupido, pero ventajo-
- ¿Y ahora qué hicieron? - La voz era inconfundible. - ¿Ahora uno no puede tener una cita en paz?, quien sea que fue el inteligente se va a ver sin cabeza en cuanto lo… - El Décimo Vongola, uno mucho más viejo que el anterior, se detuvo, viendo a quien tenía enfrente gracias a la desaparición del humo rosa. - Oh, ¿quiénes son? - Un cambio de 180 grados.
- ¡Somos los Boligan! - No podía haberse olvidado de algo así. Eran famosos. Incluso del futuro en donde venía tenía que saber de ellos. - ¡Quienes nos llevaremos tu cabeza!
El hombre, de unos 30 y algo años, ladeo la cabeza y los miró como si fueran mocosos perdidos en un centro comercial.
- ¿Quienes dijiste que eran? - El resto de Vongola, notando la nueva presencia, comenzó a evacuar.
- ¡Los Boligan! - Sacaron las armas y se lanzaron. Esto era ya más que una ofensa, una-
- Así que han elegido la muerte. - El hombre de ojos chocolate dijo solemnemente, sacando tranquilamente unos guantes de sus bolsillos.
Sin prisa alguna, una llama apareció en su frente. Eso fue todo lo que recordarían en el más allá.
- Que injusticia, me sacaron de mi cita, que por cierto la planeé por meses, por esta tontería. - Se quejó el hombre, rodeado de cuerpos y ruinas. - Me quedan 28 minutos, tiempo suficiente para cobrarmelas…
En menos de 10 minutos el Décimo Vongola había decido salir a comprar chocolates y flores, ignorando que no debía de salir así al público y sin importarle cuántos desastres que limpiar dejó atrás para sus guardianes.
Hubo muchas pérdidas ese día, muchos creyendo que era una buena oportunidad para asesinar al Décimo Vongola.
Vongola sabía mejor, no había que arriesgarse con el Décimo, nunca se sabía de qué humor vendría. Si el actual era incontrolable la mitad del tiempo, uno del futuro que había sido molestado con sus planes…
