La castaña decidió sentarse al borde de aquella camilla, sus piernas temblaron un poco debido a lo que sentía por la mirada dura y penetrante del psiquiatra. El mismo estaba a punto de apuntar todos los problemas emocionales de su paciente en la libreta universitaria que aún se dignaba a resguardar por los recuerdos que le traía. A secas se veía que era un hombre duro.

—¿Qué la llevó a tomar esta decisión, Luna Loud? —interrrogó el hombre.

Su pierna cruzada y el bolígrafo en medio de las arrugas de su mejilla le daban aquel aspecto decrépito y oscuro, haciendo que la chica Loud mejor centrara su vista directo a los relucientes faroles del consultorio, los mismos seguían encendidos debido a que era un hospital y tenían que existir lugares con poca iluminación para guardar a los que no n verdad estaban mal psicológicamente. Pero Luna ni atravesaba esa situación tan fuerte.

—Y no hablo de rellenar el hocico a mi secretaria o a mí un gran exponente de la decencia en el ámbito de la psiquiatría —el hombre se movió en aquella silla giratoria, viendo a la castaña.

—Bueno, verá, pues. Es algo realmente prohibido y siento que mi familia pueda correr peligro alguno con semejante hecho plasmarse en sus paredes —habló Luna afligida.

Su corazón latía fuertemente contra su pecho. La presión era horrible y más sin embargo esperaba que la resolución del letrado fuese algo que fuera muy gratificante y con una posible cura.

—¿Acaso usted mató a alguien para tener esa presión en sí misma y me está usando como el secuaz perfecto que es señorita Loud? —aclaraba el señor con la duda.

—¿Usted está demente? —preguntó usando el sentido común la castaña.

—Claro que no, pueda ser uno de esos casos de asesinatos donde el perpetrador siente culpa y no sabe cómo expiar esa pecado sin tener que cumplir esa condena en la cárcel —le explicó el señor con una sonrisa taimada en sus labios.

—Bueno, prosigo —interrumpió ella con una pequeñísima sonrisa falseada—. Como verá, en la vida llegan personas que queremos que nos amen, que nos quieran, nos hacemos la ilusión de que ellos son nuestro sueño cumplido y que siempre van a estar allí para apoyarnos, pero solo nos hacen daño o solo están un rato en nuestras vidas y se van.

—¿Qué le hace pensar eso señorita Loud?—cuestiona el psicólogo con una ceja arqueada.

—Bueno pues, que hace unos años yo me enamoré de una chica llamada Sam, ella era lo mejor en este planeta para mí. Me hacía feliz, me hacía sonreír, yo también me esmeraba en darle la atención debida para que ese sentimiento fuese recíproco y correspondido. En algún largo lapso de tiempo pues las cosas se empezaron a poner más tensas con ella, cada vez que la veía me ponía nerviosa, no podía hablarle y casi siempre la evitaba, pues estaba enamorada de ella, enamorada de mi mejor amiga.

Un fuerte suspiro se oyó en aquella sala, Luna recordaba con cierta nostalgia y vergüenza sus actos enfrente de aquella rubia mujer, ya que no le cabía la semejante idea en la cabeza de ser así con alguien que en verdad amaba. A lo mejor y si Sam se hubiera dado cuenta de aquellos sentimientos antes, a lo mejor serían una gran pareja unida. Que se quería, que se amaba con tal fuerza que todos estarían sorprendidos, sin importar si eran una pareja lésbica o bisexual, inclusive ese era el menor detalle en este momento.

El señor solo se le quedó viendo de una forma muy extraña y casi chistosa a la castaña rockera, su ceja seguía siendo arqueada, y con una voz bastante irritada empezó a hablar:

—¿Entonces me está diciendo que el motivo de su consulta es solo para decirme que no pudo acostarse con saber ni quien y está emocionalmente inestable?—la ira se notó en sus viejas facciones.

—Eso es la punta del iceberg—aclaró Luna con bastante pesadez en su pecho—, lo otro si es más delicado.

—Pues espero que sea algo interesante—habló el señor aún más irritado—. Prosiga—ordenó.

—Bien, como iba comentándole señor, hay personas las cuales llegan a nuestra vida abriendo campos, abriendo ilusiones, hacen una y mil cosas en nuestro interior. Y aveces pensamos otras cosas. Nos hacemos daño nosotros mismos —decía la castaña con mucha tristeza.

—Bien, ¿Adónde diablos quiere llegar Luna Loud? —dijo el doctor exasperado.

—Quiero llegar a que... Pues... —habló con miedo la castaña—. Internamente estoy enamorada de mi hermano menor.

El letrado saltó en su silla, tal aclaración y declaración le había provocado un susto tan fuerte como si de un espectro maligno estuviese observando, aquello era aberrante, ilógico, depravado. Y más aún perverso cuando mencionó las palabras "hermano menor"

Casi que dio un grito ahogado el señor con tal de hacer sacar algo de aquel incómodo momento. Sus manos temblaban y tal parecía que su corazón dejaría de latir en algún momento. Vaya cosa.

—Fratrilagnia y Pedofilia —catalogó el señor aún con el susto haciendo mil cosas dentro de él—. Esto es descomunal, esto es otra cosa de otro mundo.

Luna solo quedó callada.

—Señorita, ¿Sabe acaso lo que está usted haciendo? —inquirió muy espantado.

—Sí, por desgracia sí —respondió Luna con lágrimas en los ojos.

Se sentó al borde de la cama, de espalda, no quería ver al hombre ese mientras se le pasaba el susto, uno de esos y le haría perder la vida o tener un ataque de diabetes. Además, sus lágrimas bañaron sus mejillas llenas de pecas mientras la culpa, la desdicha, la deshonra, la apatía, la culpa y la desgracia se apoderan de ella. Su pecho se llenó de aquel dolor que le aquejaba todos los días constantemente, recordó las caras llenas de molestía de sus padres, haciendo que todo fuera más doloroso aún, el único ser más puro y hermoso en esta tierra para ella —aparte de Lily— era Lincoln, que desgracia que tuvo que ser su hermano menor.

—Maldita sea —susurró Luna entre jadeos—. ¿Por qué me pasan estas cosas a mí? —llevó su mano directo a sus ojos para cubrirlos.

El letrado supo que ella también pasaba por una fuerte depresión, cabo de esos sentimientos tan lastimeros y tan fuertes a su hermano. No tenía un caso así, de hecho, Luna era el primero. Había lidiado con casos relacionados a la homosexualidad, depresión, problemas graves con los divorcios y con un caso de una supuesta abducción extraterrestre, pero esto era más, era jugar con la honorabilidad y estabilidad de una familia. Era aceptar que una situación de ese estilo les había atacado sin piedad.

El doctor trató de volver a la compostura, respiró, jadeó, apretó reiteradas veces el botón del bolígrafo y pensaba en una posible solución, que involucrara cosas no tan descabelladas o el resguardo en un hospital psiquiátrico.

—Bien, ¿Cómo se ha sentido con esos sentimientos? —preguntó de forma alterada.

—Mal, demasiado mal, son una cosa horrible. No hay momento del día que deje de pensar en él, que lo sueñe, que lo quiera de mi lado para ser una hermosa pareja, pero me recuerdo que nuestro parentesco, la sociedad, las leyes de esta nación arruina todo. Y lo peor de todo es que el es feliz, él irradia alegría y estabilidad, en parte es, mi luz en la oscuridad —describió Luna sus emociones en cosas complejas.

Claro, también estaba el deseo de besarlo, de abrazarlo, de sentir su calor, su protección, sus latidos y respiración, de hermosas palabras en sus oídos, o un sencillo "te amo" un roce de sus suaves y tibias manos, o una dulce mirada la cual indicaría que todo estaría bien.

—Lo amo. Dios lo amo. Tengo tanta desdicha de amarlo —afirmó Luna con tanto dolor en su voz.

Si interior estaba destruido, cada vez se sentía más adolorida y el dolor en el pecho se hacía más fuerte y difícil de ignorar, con mucho cansancio se sentó al borde de la camilla, mientras sus manos las llevaba directo a sus ojos y enjuagaba sus lágrimas, tanto dolor que tenía dentro y que no había liberado, tanta pena que no había expiado, tanta culpa la cual no quiso aceptar, ahora eran más fuertes esas aceptaciones. Tanto había esperado a la persona ideal, tanto había ella deseado eso, y al final siempre le pasaba lo mismo. Dolor.

Cabizbaja intentó hablar, pero sus molestias en la voz intervinieron para que ninguna palabra saliera de sus labios, que no comunicara ningún significado. Sus labios estaban secos, incoloros, marchitos, seña que no habían recibido alguna caricia en un largo tiempo. El doctor quiso entrar en aquella escena que le conmovió con fuerza, ya que si el desamor y las rupturas de pareja eran temas demasiado subjetivos, su paciente parecía estar sufriendo demasiado, pero de todos modos no lo hizo para no soltar alguna idiotez.

Sus piernas, trepidaron. Sus músculos, se contrajeron causando mucho dolor, en especial los que se encontraban en el área del busto y del tórax. Existía la supuesta leyenda que decía que algunas personas fallecían debido a una suma tristeza, la cual causaba que ciertas fibras halladas en el corazón se rompieran y el dolor fuera insoportable hasta el momento de sucumbir, apenas duraban unas horas—con suerte—.

El señor de la clínica se acercó a ella, dejando el estado de confort al lado.

—Señorita, sé que esto pueda ser demasiado duro o penoso, pero debe de saber que este caso no lo documentaré como lafratrilagnia que usted lamentablemente padece. Pero sí le ayudaré en toda la medida posible a curarlo, superarlo y ser una nueva mujer dedicada, nueva y fuerte—le prometía el señor, mientras sus cabellos se ondulaban cerca de la mujer—, pero recuerde que usted también debe de poner de su parte. Esto no se resolverá solo y necesito que usted sea fuerte, yo sé que es complicado, es como todo tipo de problema psicológico y puede resolverse.

—Es que me siento tan sola, solo una persona decidió acompañarme y ya sabe de estas cosas que me pasa con esta situación—decía la mujer castaña con los bordes de sus párpados enrojecidos—. Mi hermana decidió ayudarme, sino, no sé que me pasaría ahora.

Luna sentía que la atmósfera del lugar se estaba tornando de colores tristes, grisáceos, obscuros y ciertamente deprimentes, como si de un filtro de cámara se tratase, quería tocar la guitarra de una forma triste y amarga, dando a entender que su situación era más aflictiva. Y una lágrima rodó por su mejilla, esa mejilla llena de lindas y pequeñas pecas, eras mismas que dejaban cosas que anhelar de sí misma. Pero la lágrima hacía que todo fuese triste.

"¿Por qué debo amarte Lincoln Loud?" pensó Luna en su deprimida y destruida mente.

¿Existían los ángeles acaso? ¿Acaso ese sufrimiento era impuesto por aquel ser de luz que todos veneraban? ¿Tenía compasión acaso de esa pobre chica de cabellos castaños?

"Si he hecho algo malo quiero saber qué es, esto no debe de ser el pago" volvió a replicar la mujer en su mente.

Quiso echarse a llorar, pero dos cosas le impidieron hacerlo: uno: estaba en un lugar donde gratuitamente podía ser ridiculizada. Y dos: una mano un tanto pesada y fuerte se recostó en su hombro.

—Le diría que se desahogue, pero sería demasiado infantil y absurdo de mi parte, de todos modos puede hacerlo, no me interesa las plañidas que hacen mis pacientes por muy duras que sean sus situaciones—afirmó eñ doctor mientras retiraba la mando de su hombro.

Para Luna esto había sido lo mejor que podía pasar, sin más que decir ella se echó a llorar en aquella camilla mientras sus manos cubrían parte de su rostro, mordió sus labios con fuerza para no hacer más notorio su estado mental deplorable, sus mejillas, eran cortadas por las lágrimas que secaban el ardor de las mismas. Tantas emociones y tantos recuerdos, tanto dolor y pesar.

"Tengo que hacer algo para olvidarte Lincoln" dijo la muchacha en su mente una vez más.

Aceptó el hecho de que ese era un amor imposible, aberrante y delicado. Que los sentimientos que le tenía eran muy lindos y dulces, pero era la persona equivocada.

—Una cosa más señorita Loud —indagó el médico—. ¿Usted se considera heterosexual, bisexual o lesbiana?

La pregunta hizo que Luna volviera a ver al tipo con un poco de saña.

—En parte bisexual y otras veces heterosexual, es algo complicado de explicar —dijo la castaña limpiándose sus pómulos afectados por las secreciones oculares.

—Entonces me dice que su sexualidad no está aún decidida, está indecisa.

—Bueno, diría que sí soy bisexual, me gustan ambos, con un chico o con una chica estaría feliz de todos modos —declaraba Luna con un poco de cansancio.

—Bueno —culminó sus preguntas el letrado—. Tenía esa pequeña duda con lo que me dijo que la muchacha a la cual usted se sentía atraída y por lo otro.

—Entiendo doc —le dijo la chica con bastante cansancio—. Entonces, ¿Cuál va a ser su prescripción médica?

El hombre realizó unos cuantos apuntes más en aquella libreta, mientras le dedicaba una mirada muy sarcástica, grotesca y bastante molesta, era la típica mirada de un doctor fastidiado por tener que lidiar cada día con una locura mayor a la que pasaba el día anterior en su consultorio.

—Bien, me gustaría ser un hada madrina y hacer que todo esto sea un mal recuerdo y desaparezca de tu vida pero por desgracia no es así, no lo será —decía con molestia en su voz, tan irritante—. Verá, se lo voy a decir de la manera más comprensible posible. Lo que usted debe de hacer es buscar un nuevo entretenimiento, algo lo cual mantenga su mente activa, que evite por completo esos pensamientos, y en especial una fuerte voluntad de su parte en querer superarlo. Esto será muy complicado, lo sé, pero será lo mejor que usted pueda hacer para su bien.

La castaña solo pudo lanzar un agotado jadeo, ya que sus emociones estaban por el suelo, de todos modos lo consideraba como una segunda llamada de atención a hacer algo de bien con su vida, que no solo se enfocara en tocar la guitarra habiendo tantas cosas productivas por hacer. También se puso a pensar que sus padres, no debían de mantenerla, y menos siendo mayor de edad y con las posibilidades amplias de conseguir un trabajo. Y era prácticamente incomprensible e inconcebible, aparte de molesto.

—¿Cuenta conseguir un trabajo?—propuso la muchacha con cierta dosis de esperanza en su ser.

—En especial eso, señorita Loud—afirmaba asintiendo el doctor.

—Perfecto—al final de todas esas duras emociones, al fin Luna suspiraba con mucha calma mientras una sonrisa se dibujaba en sus labios.

—Bueno señorita Loud, su cita por el momento ha culminado—avisó el doctor mientras cerraba aquella libreta y se volvía de nuevo a su escritorio.

Ella solo pudo ponerse de pie, vio a sus alrededores la sala, con tanta ilusión vio que varios trofeos se guardaban en los estantes, producto de aquellos esfuerzos universitarios y algunos honoris causa, cosa la cual contradecía demasiado en su forma de trabajo.

—Gracias doctor. Gracias por ayudarme—dijo la castaña acercándose a aquel escritorio.

—No me agradezca, es mi trabajo ayudar a la gente con el ámbito de la psicología y psiquiatría.

La castaña solo dio unos pasos atrás, y se volvió a la salida sin antes despedirse con la mano de aquel amargado sujeto.

Cerró la puerta con mucha suavidad mientras veía el suelo, y su hermana la esperaba sentada afuera con bastante aburrimiento, a pesar de que ella sostenía en su mano derecha una revista médica con la cual leyó por un buen rato e hizo que aquella espera no fuese eterna. Al verla acercarse con bastante pesadez y molestia, solo pudo salir a su encuentro y darle un fuerte abrazo de hermanas.

—¿Cómo te fue hermana?—preguntó ella con bastante asombro.

—Bien, digamos—respondía Luna con sus ojos lagrimosos, pero al mismo tiempo demostraba una falsa sonrisa.


Las emociones de Luna se veían reflejadas en su rostro, Luan entendió de inmediato y metió su brazo en medio de la mayor y comenzaron a salir del consultorio. Luna solo deseaba que esa tortura acabara ya, no sabría si podía estar más tiempo con aquellas acongojadas emociones.

Atravesaban las banquetas, las flores crecían con gozo en aquellos arbustos crecidos producto de la primavera. Los pajarillos cantaban, Luna no tenía la noción del tiempo demasiado clara con aquella hora casi eterna transcurrida en el consultorio. Solo le quedó suspirar pesadamente.

No se dijeron ni una sola palabra hasta llegar a un cruce de cebra el cual la señalización de tránsito indicaba un alto temporal en la misma, y Luan tomó la decisión de iniciar una tímida conversación:

—Bueno, y... ¿Cómo te sientes ahora hermanita?—indagó la muchacha de cabello castaño claro.

—La mera verdad me siento mal, solo quiero ir a casa a descansar, ¿Sí? —pedía la castaña oscura mientras se soltaba de ella sin mediar palabra.

—¿Qué fue lo que te diagnosticaron?

—Una cosa llamada frah, fragti, fraa... —Luna trataba de pronunciar correctamente aquel nombre, pero no podía—. Fratrilagnia

—Oh ya —afirmaba la contraria, volviendo a ver atrás para ver el cambio de señalización—. Según sabía esa parafilia era de orden sexual.

—Mejor no des detalles hermana. Por favor —pidió la mayor, colocando sus manos directo en los brazos de la mujer.

—Okey okey —aceptó aquella petición—. Sé que no es muy oportuno lo que diré pero, ¿Quieres jugar Monopoly con Lily al llegar a casa?

—Claro, me encantaría, el doctor me recomendó hacer otras actividades y no sólo estar tocando la guitarra como suelo acostumbrar.

—Oh, está bien hermana, además como las mayores que somos debemos de pasar tiempo con Lily —afirma Luan con una sonrisa.

—Eso sí, recuerden que yo puedo ganar en esa partida de Monopoly —interpuso Luna con bastante arrogancia, en parte buena y cómica.

—Okey hermana —se reía Luan de aquel acto—. Lleguemos a casa y preparemos todo.

—Okey.


Con mucha suerte Lincoln pudo acabar con el tema del examen. Al fin terminó de repasar todos los temas del examen venidero: biología. Un curso bastante teórico y que podría venir desde la composición de una célula hasta toda la familia de los cánidos para responder. Si bien en algo no era demasiado bueno era en memorizar o por lo menos acertar en las cosas teóricas. Pero, ¿Para qué tanto esforzarse en eso? Además, tenia mucho tiempo por delante para sacar ese curso adeudado.

Hasta que el dulce sonido de una notificación emergió de su teléfono inteligente.

—Oh vaya, espero sea Sam.

Al oprimir el botón de encendido solo se encontró con la amarga notificación de un correo electrónico diciéndole que verificara las nuevas noticias que su perfil de Instagram tenía.

—Genial, gracias —dijo molesto consigo mismo para dejar de lado el aparato.

Recostó su cabeza en la almohada de la cama para tratar de despejarse, hasta que por fin otra notificación se oyó entrar en su teléfono. Aunque esta vez, no se inmutó de quién rayos fuera en el otro lado.

Repitió el proceso. Y al fin, su amada musa.

"Hola!"

"Como te fue en tu día?"

Con gusto el muchacho abrió el mensaje directo en la aplicación de mensajería.

"Hola Sam"

"Me fue regular con el tema de los exámenes"

"Y a ti?"

"Bien, supongo"

"Ocurrió algo malo Sam?"

"Puedes contarme si deseas"

"Estoy más que encantada que alguien me vea o me escuche, es lo que en verdad amo de alguien, en especial de ti"

"Jeje. Por eso nos conocimos Sam"

Una sonrisa se dibujó en el rostro del albino.

"Bien, te explico con audio."

Y del otro lado. Una nota de voz sería abierta. A la espera de lo que fuera.