La rubia presionó la esfera del audio en el chat, la misma indicó un sonido de alerta para que tuviera en cuenta que lo que dijera en el micrófono, sería escuchado en el audio. Ella acercó su teléfono a una distancia cercana a sus labios, empezando a hablar.
—Verás Lincoln, el día no me fue tan bien que digamos, me desperté muy rápido por la mañana mientras mi madre hacía mil y un ruidos en la sala buscando alcohol, lo peor del todo es que tenía una pistola en la mano, no sé cómo diablos ella iba a tener un arma de fuego si tan siquiera tenemos para comer. El hecho es que... —paró de hablar por ahora para dejar ir unos sollozos—. Mi mamá mató a balazos a mi gato.
Envió el audio, esas mismas palabras hicieron que su voz se rompiera en llanto, llevó su mano directo a su boca para tapar cualquier chirrido o chucheo que le indicase a su madre que sufría por su mascota ahora fallecida. Ese pequeño gato, ese animal peludo que entre veces le aruñaba los muslos ya no estaba con ella ronroneándole con cariño mientras su cabeza se restregaba en su mano o en su cintura.
El audio fue escucho del otro lado. Lincoln no podía creer tal acto de frialdad por parte de la progenitora de Sam, era tan absurdo que ella hiciera eso.
La mera verdad era que no tenía palabras para consolarla en ese momento.
El albo sencillamente solo abrió el mismo push del audio para contestarlo de la misma manera:
—Lo siento demasiado amor, en serio, no imaginé que eso llegara a pasar —dijo él mientras cerraba el audio.
Sam lo escuchó entre lágrimas, solo quería llorar recordando a su pequeño y peludo amigo. Abrió también aquel push para continuar hablando.
—No sabes lo triste que estoy, Danny era lo que más quería, era ese pequeño rayito de vida en mi oscura penumbra llena de vacíos —decía la rubia con mucha lástima—. Solo quiero a mi pequeño de vuelta.
Los sollozos rompían el silencio de la habitación, cada vez eran más notorios y su voz sonaba más fracturada por todos los lindos recuerdos que ella tenía con su pequeña mascota, las veces en que estuvo con ella dándole esos reconfortantes ronroneos para hacerla sentir mejor, las veces que la veía a los ojos maullándole por comida o para que supiera que existía y le daba tranquilidad, o las veces en las cuales se metía en medio de sus brazos para dormir, cosas que quizá eran mínimas o insustanciales, pero que en su mente un mar de nostalgia y tristeza le traía.
Y más cuando el animalito solía ser más "humano" o comprensivo con su dueña que el resto de los demás.
El chico Loud atemorizado escuchó un par de veces el mismo audio, después analizó un poco las cosas y comprendió aún más el estado emocional de la chica. De seguro estaría llorando en su cama siendo resguardada solamente por una cobija, casi a la deriva de cualquier ataque de su madre. De nuevo, apretó el push del audio y habló:
—Sam, cariño, sé que tal vez no tenga las palabras para consolarte, porque te soy sincero, me sorprende lo que me has dicho. Solo quería preguntarte si mi compañía un rato en tu casa te parecería bien, mientras trato de hallar las palabras para consolarte —dijo el muchacho mientras esperaba la reacción (sin duda) negativa de aquella chica.
Sam solo se limitó a suspirar, en parte comprendía que Lincoln era un chico y entre veces se le podía soltar alguna estupidez sin intención, y por otra solo sentía amargura, impotencia. La culpa la sentía en el pecho, le decía que debió haber hecho algo más.
—Esta bien Lincoln, te espero, me avisas cuando llegues, ¿sí? —volvió a enviar Sam una nota de voz.
"perfecto cariño. Allá te espero"
—Gracias Linky, eres increíble —mandó Sam la última nota de voz ya que se encontraba muy cansada para seguir hablando.
Lincoln entonces tuvo que tomar su mochila, una bolsita con gomitas de sabores, y una botella de agua pura que tenía en su escritorio debido a que la hora de los streams tomaba un poco de agua pura para que su garganta no se resecara por cantar. Abrió la puerta de su cuarto y bajó por las escaleras, y cada vez se sentía más preocupado, ya que no sabría si sus padres estarían de acuerdo para que saliera.
—¿Adónde vas cariño?—inquirió Rita con algo de confusión, ya que no sabía nada de sus planes.
—Voy a casa de Clyde—respondió de la forma más rápida posible.
—No nos dijiste que irías a casa de Clyde, nos dijiste que te quedarías acá a estudiar—resongó su madre ahora con bastante molestia.
—Perdón mamá, se me olvido decirte a ti y a papá que iba a estudiar con él el día de hoy en su casa —volvió a mentir el albino, mientras el nerviosismo era cada vez más fuertes y presenciales.
—No eres bueno mintiendo Lincoln, no irás a ningún lado, te quedas acá a estudiar, además tienes que pasar este año porque no me voy a tragar o menos tolerar que te quedarás en las materias rechazadas como el año pasado—reprochó con forma demasiada alterada la señora Loud, con bastante razón.
—Bien mamá, le diré que no llegaré—dijo el albino con mucha pena y tristeza.
¿Ahora qué haría? No podría escaparse por medio de la ventana para ir a visitar a Sam, así que alguna cosa tendría que planear o esperar que alguna de sus hermanas saliera y decir con el pretexto de que iba a "acompañarla" en sus compras o alguna otra actividad cotidiana para escaparse y poder ir a verla. O tendría que confesar que iría a visitar a alguna "amiga".
Rita se volvió al sofá mientras tomaba el control remoto de la televisión y cambiaba de canal buscando algo que le entretuviese. Lincoln se volvía a su habitación desanimado, dejó caer la mochila al borde al puerta, sacó su celular y abrió el chat con Sam, y tuvo que enviarle el mensaje a la rubia.
"Cariño, no me dieron permiso para salir"
"Lo siento pero no podré llegar."
"Perdóname"
Sam del otro lado vio el mensaje, y algo irritada tuvo que preguntar las causas de aquel inesperado cambio de planes
"Oh ya veo"
"¿Tienes algo qué hacer?"
"¿O tus papás se dieron cuenta de lo nuestro"
Lincoln leía los mensajes un tanto asustado, si algo no debía hacer era prometer cosas y al final no darlas y ésta en particular que se había roto a causa de su madre era sumamente irritante. Algo desanimado contestó:
"En verdad lo siento amor, no quería hacer que me esperaras o algo por el estilo pero ya sabes cómo son los padres. No puedes hacer nada porque ya te tachan como un hijo caprichoso o rebelde, el cual debe de ser castigado a golpes."
"Está bien amor, no te preocupes, yo entiendo ese asunto perfectamente."
"Tal vez mañana ya esté mejor y hablamos."
"¿Dónde nos veríamos?"
"En el parque si quieres cariño."
"La hora."
"A las 2 y media de la tarde."
"Bueno, ni modo que de madrugada."
"Jajaja. Sí amor."
"Hasta cuando estoy mal me haces sonreír cariño..."
"No sabes lo feliz que me pone cuando me prestas tu atención."
"Vales tanto que aveces no merecería a alguien como tú."
"Mi niña no es para tanto"
"Solo hago lo que puedo, ¿Si?"
"Lo sé mi príncipe."
"Te veo mañana mi amor, aún me siento muy triste pero... Debo de ser fuerte, además que contigo hallo una fuerza súper increíble para seguir avanzando"
"También yo mi niña"
"Te veo mañana cariño"
"Igual yo"
"Te amo"
"También te amo"
Y al final, ella lo dejó en visto, no le era de alarmarse, además, estaba acostumbrado a ese tipo de cosas, y no eran del otro mundo. Suspiró pesadamente al recordar todo lo que Sam le dijo, lo de su mascota, la promesa rota, cosas las cuales eran un peso fuerte sobre sus hombros, cosas las cuales no podía manejar y que de seguro, eran fuerzas las cuales, él, estaría atado.
Tuvo que recordar a Sam. Por unos instantes la imaginó llorando, fue terrible espectar tal cosa, ver su hermoso rostro angelical siendo lacerado por aquellas lágrimas, por aquellos enrojecidos pómulos por el cansancio, simplemente verla llorando era atroz, era frío y sin emoción.
Se metió a su cama, volvió a suspirar pesadamente. Los jadeos ahora se hacían presentes. Solo tomó la almohada y la golpeó con fuerza en varias ocasiones. Era tan molesto eso.
—¿Por qué tenía que pasar esto? ¿¡Por qué carajo!? —decía un Loud molesto—. No podía permitirme hacer eso. Prometerle aquellas cosas y no cumplirlas, no.. no...
Ahora su mente fue bombardeada de muchos momentos tristes o de desilusión los cuales eran protagonizados por Sam. La mente era muy poderosa con ese sentido, lo hacía con elocuencia, y era plasmar su mayor pesadilla ante él, a su amada destruida por todo aquello.
Tuvo que sacudir la cabeza como si de una maraca se tratara, los pensamientos negativos eran parte de la vida pero no quería que en ese ámbito se mezclaran.
—Ya basta, ¡Deja de pensar estupideces! —se reclamó ante el con molestia—. A ella nunca le haré daño aunque terminemos al mes o más lejos aún, no puedo permitirme hacer algún tipo de daño al ser más maravilloso que he conocido en mi vida. No puedo, ¡Y mucho menos prometerle cosas y no cumplirlas!
La pregunta era... ¿El destino haría que esas promesas se cumplieran? ¿O solo serían palabras aleatorias de un chico enamorado?
Luan movía su pequeño peón dentro del tablero de cartón, llegó a una casilla en específico, y Luna extendió su mano para que le dieran cierta cantidad de dinero en efectivo del mismo juego.
La castaña, estando muy molesta, vio que lo único que le quedaba debía entregárselo a su hermana mayor, dio los billetes y frunció el ceño.
—¿Cómo es que puedes hacer tanto jodido dinero? —preguntó Luan.
—Cuida tu boca, ¿No ves que estamos compartiendo una partida con nuestra señorita Lily Marie Loud? —hablaba aquella chica, cambiando al final su tono de voz a uno estereotipado, de alta sociedad.
—Yo seré la que ganará, hermanas —con una facción divertida y desafiante la rubia tomó los dados y siguió jugando.
Cayó en un buen número.
—Seis, siete —decía ella en voz baja—. Ocho, ¡Nueve! —festejó al final, había ganado nuevamente un bono el cuan el juego daba.
—Ya se acabó el dinero del banco... —impresionada expresó la castaño claro—. Y para variar perdí.
—Jejeje, quedaste en ruina, quedaste en ruina —se burlaba Luna con una sonrisa en sus labios. Una la cual no tenía desde hace mucho.
Luan festejó aquella sonrisa, mientras al mismo tiempo se reía de su propia desgracia en el juego de mesa.
Era hermoso aquello.
