Nada de Katekyo Hitman Reborn me pertenece, solo la historia y uno que otro agregado que aparecerán más adelante en la historia.
Jumping Through Time
Capítulo 30
El Décimo Vongola tenía un secreto. Algo que nadie más sabía, pero se sospechaba. Un secreto que, para el Décimo, no era ningún secreto. Entre los Vongola era un tema no tocado, casi tabú, y por ello permanecía como un secreto. Si Vongola no se atrevía a indagar, confirmar, o negar con la cabeza de la familia, menos un externo lo haría. Gracias a esto, había rumores de rumores que nadie se molestaba en darle veracidad, los cuales usualmente hacían reír al culpable cuando llegaban a sus oídos.
El techo no era el lugar más interesante para fijar la mirada, tampoco lo era quedarse en su cama con mala cara. Reborn aparecería en cualquier momento a sacarlo de allí, si Lambo no le ganaba. Prefería que fuera Lambo, incluso si el niño tenía el don de sacarle el aire la mayoría de las veces y clavarle los cuernos sin querer. Por no hablar de que no tenía paciencia en lo absoluto, energético y listo para secuestrarlo para jugar, pasear o comer dulces. Casi siempre las tres.
Estaría yendo él a despertarlo, a cargarlo en sus brazos y darle una buena sorpresa, sino fuera porque estaba de pésimo humor. Llevaba días así y no tenía pinta de mejorar. Sus amigos lo tenían al borde de querer lanzarse por la ventana. Si no era algún desastre, era las peleas en las que se estaba viendo metido (en medio de ellas específicamente), todo por su tiempo.
Irónico, increíble, surrealista. Hace menos de un año nadie competía por su atención. Nadie la quería, al menos no de forma positiva. El cambio que había dado su vida en tan poco tiempo, todo a causa de un demonio disfrazado de bebé, era tan surrealista que a veces aun le tomaba unos minutos de digerir en las mañanas mientras se miraba en el espejo del baño con un cepillo de dientes en la boca.
Claro que, a estas alturas de su vida, no estaba seguro si lo que estaba en primer lugar era el plan loco con futuro infernal y un tipo jugando en la vida real en modo semi-dios, o que fuera papá de un niño de 5 años que no podía ser disuadido de tal noción teniendo solo 14 años. Ni aunque fuera mayor de edad se consideraría lo suficientemente responsable para cuidar de nadie.
Claro que, entre todos sus guardianes, no podía ver a alguien en mejores condiciones. De por si tenía que jugar niñera con sus amigos. Les quitaba el ojo de encima y algo, cualquier cosa, terminaba en caos y destrucción sin motivo. La mayoría de las veces, al menos. No tenía razón de ser, eran tan o más viejos que él, pero no.
Los amaba y todo, eran su familia y no los cambiaría por nada, pero a veces solo quería agarrar una almohada y asfixiarse a sí mismo. Iban a venir dandole un ataque al corazón un día de estos y ni lo notarían hasta que se dieran cuenta de que no estaba respirando. Espera, ese sería Reborn. Tenía que poner al demonio vestido de bebé lindo y tierno de primero.
Irónicamente con Reborn no le dolía tanto, y hablando de Reborn…
- Ne, Reborn… - No lo vería, pero sentía la presencia. Debería de estar temiendo por su vida, pero… - Si te considero mi padre, lo quieras o no, ¿eso significa que Lambo es tu nieto? - Hey, era una duda completamente válida. Llevaba rato con ella, y por los momentos todo le daba igual…
Hubo un sonido raro, sospechosamente similar a alguien tomando aire muy rápido y al mismo tiempo tratando de no ahogarse. Lo siguiente que sabía era que su trasero dolía, el césped no sabia muy bien y mamá había regado recientemente. Tardíamente recobro el sentir de su espalda y sus brazos, dejándolo postrado y comiendo césped por más tiempo de lo que cualquiera hubiera querido.
La única razón por la que se levantó fue porque sintió que algo pesado y a gran velocidad iba a terminar el trabajo de partirle la espalda.
- Si tienes tiempo para pensar en tonterías entonces tienes tiempo para un entrenamiento especial, Dame-Tsuna. - Quizas debió de haberlo visto venir, Reborn no toleraba a Lambo. Nunca lo hizo y era muy dudoso que algún día lo hiciera.
Tenía ganas de ir al otro mundo de forma prematura, porque:
- Pero papá, ¡es una pregunta lógica y nos concierne a todos! - Si, de verdad como que quería morir: - La familia es lo mas importante, tu mismo me lo dijiste, y-
Nunca logró terminar la frase. No hacía falta de todas formas. Si Reborn no quisiera a Lambo, así fuera en lo más recóndito de su corazón, no hubiera permitido la estadía del niño por más que se le hubiera pedido. Acciones hablaban más que palabras, ¿no es así?
Horas más tarde, Tsuna solo podía suspirar y quejarse de su situación, vendando y aplicando cremas que lo incomodarían por un buen rato. No más que los golpes y leves cortes en todo su cuerpo, claro está. Reborn no se había contenido esta vez…
- Tengo hambre… - Una sorpresa, luego de todo el movimiento que había tenido. Debería de querer solo morirse en la cama, pero no. Vaya.
A medio camino de hacerse unos nachos con queso se dio cuenta de un problema. Suspiro profundamente viendo su creación arruinada, y fue a buscar otra cosa que hacer. Esta vez miraría con más detenimiento las sustancias que le agregaría. Señor, juraría que solo había sacado los calmantes para quedarse dormido así todo se fuera al infierno. Tenía que aprovechar mientras aún tuviera tiempo de hacerlo, mientras aún estuviera libre…
Fue en medio de tragar su primera cucharada de cereal, caminando a la sala, que dio con un plato de nachos siendo pasado de mano en mano como aperitivo. Su estómago se retorció, no sabía si en incomodidad o diversión, y se apresuró a comer más rápido. Saludos fueron dados aquí y allá, y en medio de cosas en las que no quería estar se preguntó cuánto tardarían las pastillas de dormir en surtir efecto y si quizas debia aumentar la dosis. No quería ver lo que venía, no después de ver a Reborn robarse una parte de los nachos.
Señor, ¿es que acaso nadie preguntaba antes de tomar algo?, ¿en especial cuando no sabían desde cuando o de quien era?
Extra 1
-... sigue? - Preguntó una mujer de pelo largo, con gafas de sol.
- Su hermano-
- Tsunayoshi, Sawada Tsunayoshi. - Aclaró la mujer sin un dejo de duda, ignorando por completo las miradas incrédulas que estaba obteniendo.
- Pues déjeme ver… - La enfermera pasó de dudosa e incrédula a seria y triste. - Está en el cuarto 234, puede recibir visitas si desea ir a verlo… - El semblante de la mujer no cambió. - Sigue delicado y es posible que no despierte por un par de días.
Bianchi se contuvo de corregir a la enfermera sobre la idea errónea que tenía y asintió cordialmente. En su hombro, un bebé frunció más el ceño y una vez que estaban más o menos lejos el ambiente se llenó de una sed de sangre fuerte e inconfundible.
- Aneki… - Saludo su hermanito, haciendo una mueca ante la intensa aura de muerte que emitía el bebé que no había emitido ruido alguno desde que la situación se hizo clara y se vieron llamando a emergencias.
- No deberías estar aquí. - Aun así no lo reportaría a las enfermeras. En cualquier momento el personal médico se daría cuenta de que no podían disuadir a su hermanito. - ¿Han dicho algo?
Tsunayoshi no se veía diferente a cuando estaba dormido en casa, en su cama. Si no fueran por los pitidos de una máquina, por las sabanas y paredes blancas, por el olor inconfundible a productos de limpieza y medicina, podría jurar que solo estaba dando una vuelta a Tsuna y a Lambo durante la noche.
- Que ya entró a un sueño profundo. - Su hermano bajó más la cara, su pelo cubriendo sus ojos. - Debería despertar mañana o pasado mañana… - Y lo que se había repetido por varios: - ¿Por qué?, ¿de dónde siquiera las saco? - No había en ningún lugar de la casa, nadie las usaba… según Nana.
¿Acaso Tsunayoshi había planeado-
- Estaba asustado. - Por primera vez el Arcobaleno del Sol habló, obteniendo la atención de todos los presentes.
Yamamoto, el otro que no podía ser disuadido más era más sutil que Gokudera, se detuvo en la ventana, aun sin entrar del todo en la habitación.
- ¿Asustado? - Esta era la segunda persona que andaba queriendo matar a alguien. - Alguien asustado no trata de cometer suicidio de esa forma. - Oh Yamamoto, si tan solo supieras lo que el miedo puede hacer…
- No fue suicidio lo que tenia en mente. - Aclaro Reborn, en ningún momento mostrando más emoción que la sed de sangre diluida que estaba dejando salir. - ¿Qué fue lo que pasó antes de que se quedara dormido?
Todos los presentes, menos Reborn, palidecieron e hicieron muecas muy similares, recordando con más claridad de lo que desearían la experiencia de sus entrañas cobrando vida propia y perdiendo el control de sus cuerpos. Eso, y tener alucinaciones de elefantes bailarines mientras se veían incapaces de moverse bien.
Nadie llegó al baño, no llegó a tiempo. Fue la peor tarde de sus vidas, sin nada que pudiera detener lo que pasaba o aliviar sus síntomas. Ni siquiera habían suficientes baños, se tuvo que improvisar. Al menos las flores del jardín tenían abono, era lo único medio positivo de todo el asunto. Eso, y que la señora de la casa había salido con los niños.
Cierto prefecto se vio involucrado por su discreción, para ayudar, aunque la ayuda consistió en ropa, agua y papel sanitario. Y un balde.
Nadie hablaría de esa experiencia jamás. Tampoco comerían nachos con queso nunca más.
- No volveré a comer nachos. - Murmuró un par, mirando a todo menos a nadie.
- No fueron los nachos. - Ante la repentina atención que el asesino recibió, no tuvo más que aclarar: - Fue Tsuna. ¿O ya se les olvido lo que le pasó al Hibari del futuro?
Mientras miles de emociones (horror y más horror) bailaban en las caras de los presentes que ahora veían al rostro inocente de Tsuna como si descubrieran cuanto era dos más dos, Reborn tenía su propio dilema.
- Estaba asustado. - Repitió, más para sí que para ellos.
No pensó mal, los nachos los había hecho el chico y por hacerle la maldad les dijo a los chicos que eran bocadillos. Por sabor no podía decirse que había algo mal, eran decentes. En qué momento o con que Tsuna drogó la comida aún era un misterio. Hasta ahora, por todo lo que sabía, Tsuna no se metia con la comida como tal. No, usaba sus cosas para las heridas o golpes, le había dado un par de consejos y varios regaños. Planeaba enseñarle con más detenimiento más tarde, era una buena habilidad, pero solo si la sabía usar.
La primera señal que tuvo de que algo estaba mal fue ver a su alumno palidecer y luego buscar atragantarse con cereal. Para entonces ya había tragado tal monstruosidad de regalo. ¿Para qué el cereal si había hecho nachos?, no podía saber que ya se lo habían quitado…
- No íbamos a molestarnos por la broma. - Mucho, al menos. - ¿Tal vez fue por salud mental?
- Fue un accidente. - Un error, pero… ¿como rayos les decías a un grupo de gente que se harían mejores amigos con el excusado en las próximas horas por un accidente? - El no planeo nada de esto. - No era tan cruel o suicida.
Claro que, viendo a la figura dormida como un ángel, era debatible la última parte. Reborn estaba seguro que esto no fue planeado, no fue algo que Tsuna quisiera hacer, al menos no de momento.
- ¿Quieres decir que improviso? - La incredulidad tenía un nuevo nombre: Gokudera Hayato. - Tú no puedes improvisar algo que no está. - Bueno…
- ¿Es eso un impedimento? - Para Tsuna obviamente no. - ¿De donde saco las cosas para hacer lo que hizo en el futuro? - Sin que nadie se diera cuenta. Nadie. - Tsuna no es diestro en mentir o esconder cosas. - En especial de él, el mejor asesino a sueldo del mundo.
Ante esto se vieron obligados a concordar, lo quisieran o no. Tsuna no podía mentir para salvar su vida, y pasar cosas escondidas menos. Podría, pero el mismo se saboteaba. Lo que llevaba a la incógnita de cómo rayos hacía para lograr estos desastres. Ya esta era la tercera vez, incluso si fue un accidente igual lo incluía. No había forma en la que no fuera a hacerlo.
La hora en la que estuvo sintiendo todo, todo lo que no quería experimentar, sin poder hacer más que arrastrarse a uno de sus escondites secretos con un baño incluido era algo que jamás podría olvidar y de lo cual nunca hablaría. Nunca ocurrió. En medio de todo eso, las cosas le hablaban y se movían. No hace falta decir que para cuando el papel sanitario le guiñó el ojo y le dijo que se veía estupendo sabía sin lugar a dudas que su estudiante había metido un cóctel de drogas en esos nachos. Como si todo lo demás no fuera lo suficientemente malo de por sí.
El intento de contrarrestar lo que había pasado con medicamentos no lo considero, ni siquiera sabía que había ingerido como tal. Meterle más al cóctel hubiera podido terminar en una peor situación, así que se contuvo a duras penas. Con Bianchi al menos se podía saber cuándo había hecho algo, siendo pocos los casos en donde no se notaba. Con Tsuna, por lo visto, ese no era el caso.
Una gran habilidad, podría decirse, pero no para un niño y menos uno civil. Ignorando esa parte y de la incredulidad y el leve orgullo que no iba a confesar, Reborn había planeado 50 castigos horripilantes y traumáticos al causante de su desdicha para cuando se sentía lo suficientemente bien como para sentirse confiado que podía dejar su escondite secreto. Algo lo suficientemente fuerte para que su estudiante no lo olvidara y nunca más se atreviera a meterse con él, en especial si su idea era divertirse.
La cosa cambió cuando, luego de varios golpes con León en forma de martillo con gran peso, Tsuna no despertó. León, quien había estado todo el rato prácticamente rodando por el suelo de la risa a una distancia segura, fue el que lo notó primero. Nada, ni una mueca, se hiciera lo que se hiciera. No ayudaba que Tsuna no solía dormir en el sofá, ni que hubiera un vaso de agua en el suelo cerca de una de sus manos, poco líquido haciendo un charco en el piso.
- Pero nada de eso explica porque… - Yamamoto señaló a la persona que tenía todas las respuestas más no podía dar ninguna.
- Estaba asustado Yamamoto. - Y con toda la razón de estarlo, suponía. Por más que le doliera saber que su alumno estaba tan asustado de él que llegó a estos extremos para no experimentar el castigo que le venía…
- Aparte de quejas y uno que otro grito, nadie le hubiera hecho daño y lo hubiéramos perdonado. - Oh, que lindo.
- ¿Realmente creen que les tenía miedo a ustedes?, ¿a alguno de ustedes? - Solo para aclarar: - ¿Miedo al punto de querer estar inconsciente para no ver el resultado? - Después de todo: - El Hibari del futuro no se contuvo, y Tsuna no llegó a tales extremos. - A pesar de ser solo un accidente.
Tomó un par de segundos para que el entendimiento llegara a las cabezas de los demás presentes. Reborn suspiro internamente.
- Se hubiera disculpado, hubiera hecho todo en su poder para arreglarlo, fue un accidente. - Para bien o para mal, fue un completo accidente. - Quizás estaba jugando o experimentado, que se yo, y lo dejó allí, olvidado. - Probablemente no pensó que alguien fuera a comérselo, o llegar y tomarlo como si solo fuera una servilleta.
Si Tsuna estuviera despierto, lo confirmaría solo con su expresión. Nada de eso fue intencional, lo cual hacía todo esto más fuerte y al mismo tiempo más débil. Fuerte, porque saber que Tsuna sentía tanto miedo por su propio tutor como para tratar de evadir lo que creía que venía de esta forma… Débil, porque quitaba la preocupación de que Tsuna fuera suicida.
- El sabe que no vas a matarlo, ni a lastimarlo, ¿no? - Incluso Bianchi sonaba dudosa de sus propias palabras a este punto.
- Por lo visto no. - Podría divertirse a costillas de él, meterse con él, ser riguroso en los entrenamientos y hacerle la vida triste. Lastimarlo seriamente no estaba en los planes. De por si, las heridas mínimas eran las únicas en las que no se molestaba en asegurarse de que alguien lo tratara de alguna forma u otra.
Lo último que quería era lastimar de verdad a alguno de sus estudiantes, Tsuna no era la excepción. No ayudaba que, por ciertos comportamientos, por no mencionar la última conversación que tuvieron, Tsuna no lo veía solo como un tutor. Un dolor de cabeza, pero no uno malo. No podía culparlo tampoco, ¿a quién más podía agarrar de figura paterna?, su padre nunca estaba y era prácticamente una foto en la mente del mocoso. ¿Otro adulto masculino?, ¿otro adulto siquiera?, eran contados con los dedos de las manos.
- Quiero saber de dónde las saca. - Arqueo una ceja, queriendo preguntarle a Gokudera si creía que Tsuna solo se limitaba a pastillas. - De esa forma por lo menos podría asegurarme de que no poseyera cosas para… para… - Culminó, sin poder decirlo, señalando a la figura profundamente que no se había movido en todo ese tiempo.
Si no sabía él, el mejor asesino del mundo, ¿cómo iba a saberlo un mero adolescente que no era el que lo hacía obviamente?
- Podrías preguntarle. - El dilema era: - No sé con que te pueda salir Tsuna. - Si era como Bianchi, o como el propio Gokudera. Al menos, en el caso de Gokudera, se sabía de donde las conseguía, solo no como hacía para tener miles encima sin que se notara.
- ¿Pregun… tarme… qué? - Reborn no fue el único en mirar a la fuente del sonido como un rayo.
No se suponía que despertara hoy. Reborn frunció el ceño casi de inmediato. El mocoso no iba a durar ni un minuto en el mundo de los vivos, no tenía los ojos abiertos ni por la mitad. ¿Qué podría haberlo sacado del sueño profundo así fuera por unos segundos?
- Pastillas de dormir. - No fue el único en pensarlo, si la voz suave y determinada de Yamamoto decía algo.
Nadie contaba con una respuesta, pero por desgracia hubo una no verbal. Una que terminó con el chico nuevamente inconsciente, ya que no reaccionó para nada más, por más que Gokudera intentó apretar su mano y golpearlo suavemente de la mejilla. El como registro lo dicho antes sería otro misterio más a la lista.
- No puede ser… - Esto resumió la nueva atmósfera que se formó.
Reborn, quien había visto muchas cosas en su vida y había temido algo así, no fue afectado. Bianchi, quien tenía una habilidad similar, estaba entre orgullosa y preocupada. Los otros dos estaban en pura preocupación y tratando de envolver sus cabezas en la imposibilidad que acababa de ocurrir.
Teniendo solo la bata de hospital prácticamente invisible de lo transparente que era, que no dejaba nada a la imaginación, sin nada de bajo, sin nada personal encima, prácticamente como Dios lo trajo al mundo, era ilógico lo que acababa de pasar. A esto no le ayudaba que Tsunayoshi solo había movido la mano, y por un corto tramo, para presentar un conjunto pequeño de pastillas.
- Son pastillas para dormir. - Gokudera confirmó después de un momento, teniendo 5 pastillas en la mano. Había una similar pero de otro tono de azul. - Y una para dolores de cabeza. - Lo cual, irónicamente, era lo que había ahora.
Reborn tendría que enseñarle sobre esto de inmediato, lo quisiera o no, antes de que se presentara un problema mayor.
Cuando Tsuna finalmente despertó, sintiéndose como si todo pesara una tonelada y su nivel de procesamiento iba a al menos la mitad de su capacidad, se encontró rodeado de personas que no reconoció al primer momento. El pánico fue de corta duración, pero no escapó de nadie gracias a las máquinas.
El que todo fue un accidente vino casi inmediatamente, sin necesidad de preguntar o que se emitiera palabra alguna. Todo gracias a un nuevo y más fuerte pánico, por no mencionar el visible miedo y él como su cara se volvió tan blanca como las sabanas de la cama, solo por dar con el mejor asesino a sueldo del mundo.
- Idiota. - Se limitó a regañar Reborn, golpeándolo con un abanico de papel en la cabeza. - No lo vuelvas a hacer. - Porque quizás la próxima vez sería permanente.
No hace falta decir que nadie necesito una verdadera explicación de lo que ocurrió. Excepto Tsuna, quien tardó en calmarse y luego en procesar la información.
- Solo quería tener una siesta. - Una que duró días y casi lo mata. - A veces no puedo dormir o tengo la mente a mil, así que recurro a eso. - Tsuna no se dio cuenta de la perfecta estatua que se volvió Gokudera ante esta información. En sí, no se fijó en las reacciones, más centrado en mirar a las sabanas, apenado. - Tenía ganas de unos nachos, y con la dosis de siempre tardaría un par de horas en noquearme. - Y se creería que fue solo que estaba cansado y se quedó dormido. Genial. - Juraría que solo saque la medicina para dormir, pero cuando me fijé bien vi que… - Listo varias cosas. Varias.
Relajantes, antiinflamatorios, diuréticos… y efectos nocivos como insomnia, alucinógenos, parálisis y laxativos. Todo en pequeñas dosis.
- Por un momento que me fuera a buscar otra cosa que comer no pasaría nada. - Pero no fue así, desgraciadamente no fue así. - Solo ustedes llegan y agarran algo que no saben ni cuánto lleva allí. - Lloriqueo el chico, finalmente alzando la vista y dejando ver la desesperación que vivió en ese momento. - ¿Pueden culparme por no querer ver el resultado?, ¿que se suponía que les dijera cuando ya lo había tragado?, ¿que lo vomitaran y luego tenerles que explicar por qué?
Para bien o para mal no había terminado:
- No se que les iba a pasar, ni siquiera sé qué dosis use, lo hice pensando en otra cosa, y… - Su vista pasó a Reborn, tragando profundamente. - Al menos en el futuro Hibari no me hubiera matado, no si quería vivir. - Esto, por supuesto, solo trajo otras tristes connotaciones que terminaban en cosas no muy lindas.
- ¿Por qué si quiera tienes laxantes? - Reborn no iba a preguntar cómo. Era mejor no saberlo, si es que siquiera había una respuesta. - No sufres de eso, ¿cierto?
- No. - Sin realmente entender el problema o el interés, Tsuna respondió algo que dejó a más de una persona en shock: - Solo saca todo lo malo de la persona y será bueno por unos días, o no lo vería por ese tiempo. Necesitaba pausas en los acosos, y eso no me metía en problemas. No como los alucinógenos. La parte buena es que no se robaban mi comida tan seguido, siempre era mi comida carajo… - Todo lo demás podría resumirse en quejas. Puras quejas del pasado.
Reborn tenía el presentimiento de que nadie había pasado por este cruel destino nunca más era por Gokudera y sus dinamitas.
- Temo saber de donde sacas todo eso…
- ¿Eh? - De forma inocente tomando en cuenta la conversación: - La compro, obviamente. También hay un jardín atrás, si quieres algo más natural, y hay libros en casa… había libros en casa, mamá los regalo. - Rectifico con mala cara, muy mala cara.
La parte de que la compraba nadie se la creía. La segunda daba más terror, por más de una razón.
Extra 2
-... tienes. - El Décimo Vongola bostezo profundamente, aburrido y cansado. - Si sabes que no soy farmacia, ¿cierto Lambo? - Tomando en cuenta que su hijo iba a verlo primero a él antes de ir a la enfermería o ver a un médico…
La mirada confundida de su hijo le dijo todo. Suspiro profundamente, preguntándose en qué momento había terminado así.
- Hazme un favor y dile a Mukuro que venga para ver su progreso, y cambiarle las vendas. - No era solo su hijo, por desgracia.
Sawada Tsunayoshi estaba casi completamente seguro de que la enfermería estaba de adorno a este punto de su vida. Todos sus guardianes venían-
- Ne, Tsuna, ¿tienes algo para el dolor de cabeza? - Preguntó el recién llegado sin siquiera saludar. Otra vez. - Ah, los chicos de seguridad necesitan algo para-
- Aquí. - Volvió a suspirar, sin molestarse en levantarse y señalando a la mesa antes de revisar sus bolsillos.
Hayato, su siempre fiel mano derecha, no hizo más que sonreírle en lugar de ayudarlo. Otra vez.
- Si saben que no soy un médico certificado, ¿cierto? - El hecho de que se hubiera graduado de farmacología y Reborn viviera dandole cursos de medicina, lo quisiera o no, no lo hacía un médico. Ni siquiera quería ser uno, pero nadie parecía entender eso.
- Por supuesto Tsuna-sama. - Por alguna razón Tsuna sentía que Hayato le estaba mintiendo de alguna forma a pesar de lo sincero que sonaba.
Miro al techo por un largo momento, sin pensar en nada y al mismo tiempo sintiéndose exactamente igual de cansado. Era increíble que, a pesar de que todo el mundo venía primero a él antes de la dichosa enfermería que había instalado con todas las facilidades posibles y actuales, tenia este dilema:
- Hayato, ¿podrías...? - Dejó el frasco a un lado del vaso de agua, perfectamente visible para su mano derecha. - ¿por favor?, ¿el día completo? - Lo que quedaba, si querían ser específicos.
Como si hubiera chupado un limón, como siempre que medio se tocaba el tema, su guardián de la tormenta asintió a regañadientes. Al menos esta vez no habría discusión, gracias al cielo.
No podía tocar pastillas para dormir, no sin que hubiera un problema. No sabia cual era, pero le daba dolores horribles de cabeza. Tenía prohibido usarlas, al menos por cuenta propia. Ironía.
- Gracias. - Debería tener un buen descanso con esto, si tenía suerte.
Ahora, si Hayato no midiera cada mililitro como si fuera veneno…
Otro dolor de cabeza para otro momento…
Extra 3
- ¿Podría decirme alguien qué demonios pasó aquí? - Era mejor que no lo supiera, pero no tendría esa suerte.
Cientos de personas estaban en el suelo, convulsionado y sangrando por todos los orificios de sus cuerpos, con una cara de dolor e incomodidad indescriptible. Uno a uno habían caído, sin causa u origen aparente.
En el piso de arriba, el guardián de la lluvia de Vongola se cubría la cara con una mano, tratando de no reírse en voz alta. A su lado, el guardián de la nube solo dio mala cara al ver, nuevamente, imposibilitado de morder a la gente hasta la muerte. En otro rincón, estaban los guardianes de la niebla de Vongola, teniendo un poco de diversión afectado con ilusiones a quienes aún no habían caído al suelo. Era lo único que podían hacer. El guardián del sol seguía tranquilamente hablando con otros invitados como él, tratando de ignorar lo que estaba ocurriendo lo mejor posible, y asegurándose de que el guardián del trueno no fuera a meterse en problemas. No habría edificación ni familia si lo hacía.
El guardián de la tormenta de Vongola estaba en un balcón, dando todo de sí para no dar reacción a lo que estaba pasando. Si fuera por él, reiría y lloraría. Reiría porque era imposible no hacerlo ante lo absurdo de todo, y lloraría porque era increíble que nadie hubiera conectado puntos aun. Bueno no, no lloraría. Era mejor así, por la seguridad de la persona que tenía a su lado, a la cual estaba protegiendo y con la cual tenía una pequeña charla sobre una cena muy tardía que tendrían esa noche.
El Décimo Vongola estaba tomando una copa de vino, la misma copa de vino que mágicamente aún seguía a la mitad. Su mano derecha sabia y no permitiría que tomará de eso incluso si su propio jefe estaba cumpliendo con eso, por tener un estómago vacío. La razón de esto era que no quería tratar con más gente de la necesaria, y que francamente la comida en casa era mil veces mejor.
La verdad es que solo estaban aquí por las apariencias. Lastimosamente eso no salvaba al Décimo de ser un centro de atención y que muchos con su abuela y hasta la mascota fueran a verlo y hablar, así fuera solo para darse a conocer. Un perfecto dolor de cabeza para alguien que ni siquiera quería estar allí, que estaba loco por irse, y lo único que lo mantenía civil era que sus guardianes iban y venían para recordarle que no estaba solo.
Lo malo era que, incluso si el Décimo Vongola estaba haciendo un trabajo espléndido en aparentar totalmente lo opuesto a lo que sentía, el guardián del cielo no estaba de los mejores humores y no deseaba ser visitado por nadie. Esto, por supuesto, conllevaba a alguna forma de espantar a la gente de él sin que fuera demasiado obvio.
La gente no había conectado que ir a ver al Décimo Vongola con la gente en el piso convulsionando y sangrando por todos lados y luciendo a un paso del más allá. Algo triste, porque el Décimo Vongola de verdad no quería la compañía.
