No se sentía de buen humor. De hecho, podría decir que ella le daría su golpe bien merecido al primer tarado que se le pusiera en frente y le excretara la primera idiotez que se le saliera de la boca, la muerte de su pequeña mascota la había dejado muy herida y no quería que nadie, absolutamente nadie le estuviese fastidiando.

El despertador fue el primero en darle la amarga noticia de que un nuevo día en la escuela se aproximaba.

—Maldita sea —insultó mientras agarraba de puñetazos a la almohada—. Me lleva re mil putas.

Se sentó al borde de la cama con molestia, la única cosa que deseaba era su gato de vuelta, a su peludo y pequeño amigo. Volvió a tomar un pequeño juguete que ella tenía a su alcance para jugar con él cuando empezaba a maullar. Sólo lo apretó con su mano y lo lanzó directo a la pared, sin causar ningún ruido por ser un objeto tan suave y tan pequeño. Llevó a su rostro sus manos mientras unas lágrimas de impotencia se salían de sus ojos, a regañadientes dijo más y más insultos.

—Esta vieja todo lo arruina —habló Sam mientras daba un puñetazo seco al colchón de la cama—. Como odio que todo lo ande jodiendo, me cae tan mal, no solo no me ayuda en nada, me quita lo poco que tengo y mata a la única mascota que tuve en mi vida.

Al final de esas palabras, su voz se rompía lentamente, como si un vaso de vidrio cayera al suelo y se fragmentara a cámara lenta, saliendo que cada pedazo puntiagudo rasgara su garganta; su mano izquierda apretó su cabello rubio y lo jaloneó hacía abajo, a pesar que se hizo daño, siguió con esa manía.

—Odio la vida —dijo Sam, tratando de pararse y buscar su vestimenta para ir a la escuela y tratar de aprobar los exámenes del día.

Recordó en un mechón blanco de la habitación a su Lincoln, su pequeño conejito albino, su suerte de tener una familia que lo apoyaba sin condición alguna -a pesar de ser ridículamente grande-. Y de sus mascotas, 4 animales de las principales razas domésticas, que suerte de verdad. En sus interiores sentía mucha rabia al igual que envidia por eso, a pesar que sacudía su cabeza tratando de evitar ese pensamiento tóxico y doloroso.

Una familia en la cual quien confiar.

Y no pudo con aquello, su humanidad se vio vulnerable y cayó al suelo de rodillas mientras más secreciones salían de sus ojos, los mismos los cerró con fuerza para que aquello no fuera tan notorio ante su progenitora, pero fue imposible, ahora chillidos y jadeos comunes de la plañidera hacían eco en la habitación, indicando que no se encontraba nada bien.

—Dios, si en verdad existes dime que esto es una pesadilla, ya no aguanto —le habló al techo la mujer de cabellos amarillos al mismo tiempo que una gota de agua caía del extremo de la pared.

Claro, sin hallar respuesta.

Tragó un poco de saliva, ésta, estaba lechosa, signo de deshidratación. Como llevaba un poco de maquillaje se corrió por sus mejillas dejando un camino negruzco corroído por el enrojecimiento de las mismas por la fuerza de sus jadeos. Todo parecía ser más agotador cada día, y no había manera que eso parara.

Tuvo que volverse a poner en pie, y ver el cuarto, hecho un tiradero por todo lo que hizo anoche con su enojo.

—Solo espero salir unos minutos con Linky, eso me haría sentir mejor ahora —dijo tomado la chaqueta de color celeste mientras le daba unas palmadas para quitarle el polvo de la misma.

Entretanto su pesar se hacía más y más suave, para que la más mínima fibra de un suspiro cansado no saliera. Vio su alrededor mientras se cambiaba, viendo que todo seguía igual de terrible y de cabeza en su alrededor.

La joven de cabellos dorados no hacía más que un gran esfuerzo para no sucumbir al llanto, era bastante complicado, necesitaba más que nada la dulce y tierna compañía de su amado albino.

Terminó por cerrar sus ojos. Definitivamente odiaba su vida tener que soportar todas las malditas cosas para que su madre cometiera tal acto sin aparente remordimiento; sin tan siquiera pensar con claridad sus acciones, y el cómo perjudicaban los días, día tras día.

Al estar ya vestida para un nuevo día de clases se salió de su habitación con dirección a la sala, encontrando en el camino la bolsa de la comida de su pequeñín, de nueva cuenta la misma se encontraba abierta, con basuras dentro de las croquetas y una que otra bola de pelos mezclada con un poco de pelusa azul. Ni siquiera se dignó en levantarla o hacerla a un lado, más bien, con el pie la evadió.

Al estar en aquel lugar, halló su mochila con sus cuadernos y libros de estudio, además de una guía de trabajo para pasar las materias con notas promedio y al fin salir del estudio de una vez por todas, ya que no podría costear los gastos de la universidad. Era demasiado, y para rematar, que las deudas de las estaban tragando vivas por no pagarlas a tiempo, en especial la luz y el gas. Así que no había alguna forma de prepararse algo para el camino. Sin pensarlo dos veces tomó la misma mochila, cerró los broches, y se fue.

Deseaba, quería, añoraba que fuera una horrible pesadilla. ¡Es que nadie podía ser demasiado jodido con su propio vástago! ¡Era imposible! Matar a un gato por el sencillo hecho de estar maullando, es que ya era demasiado.

Quiso sacar el tema de su cabeza. Atravesar calles y avenidas sin tener que sacar una lágrima de entremedio por el recuerdo o el maullido del felino ya muerto. Sólo avanzaba en su camino, atravesaba a la gente. Incluso la evitaba, muchas veces se tropezó con distintas personas, pero no les dedicó una disculpa ni algo por el estilo.

Al ver los edificios de Royal Woods, percató que estaba cerca de la escuela. Y pasaron unos flashbacks de su vida anterior, su padre estando con ella mientras jugaban a las princesas o a la cacería de dragones, o veían "La cenicienta" o "La princesa y el sapo", aquellos metrajes que hacían que su infancia no fuese tan horrible o tan deprimente. Deseo nuevamente tenerlo en sus brazos y decirle "te quiero" por una vez más, ver su rostro y ver aquellas películas aun siendo algo infantil con la edad que tenía. Sólo quería que todo fuera, como antes. Con Lincoln y su hermanito también de su lado.

—De verdad, soy muy infeliz —dijo volviendo a cruzar una calle. Topando con todos los estudiantes de la escuela.

El chico albino salía de su casa, viendo que una pequeña bolsa de basura estaba atascada en una banqueta, corriéndola un poco de una leve patada siguió con su camino. Y pensó en unos temas para un nuevo video dentro de sí canal compartido con su amigo Clyde, aunque las cosas más optaban más a que cada quien abriera su canal por separado. Ya que con proximidad iban a notificarles que la monetización llegaría, y una pelea por dinero sería algo tonto.

Lincoln seguía atravesando la calle, ahora buscaba algún indicio de Sam, de su hermosa chica de cabellos rubios. Se sentía culpable después de haberle prometido que llegaría tal final decirle de forma amarga un no. De verdad él detestaba las promesas rotas, más cuando él cometía el agravio. Solo apretó las mangas de su mochila y siguió con su camino.

Pensó en ella, pensó que estaría muy dolida por el asunto de su pequeño peludito, y que además algo traicionada por la falacia dada. A lo mejor también estaba molesta, muy molesta.

—Debo de tratar de hacerla feliz —afirmó el albino mientras levantaba la mirada, viendo que el autobús escolar se había quedado estacionado cerca de una parada.

Era el momento perfecto para abordar la unidad.

Corrió directo a ella. Sus pasos se oían en el pavimento, su corazón empezó a bombear de una forma alocada mientras la sangre recorrería su sistema circulatorio y la respiración se hacía acezosa con cada metro recorrido.

Logró subirse al autobús. Ya con ello, buscó un asiento detrás del mismo y procedió a sentarse. Entretanto, un chico de cabellos castaños se le acercó con una sonrisa.

—¿Oye, tú eres el fotógrafo de Instagram que tos fotos muy lindas acerca de paisajes? —preguntó aquel jovencito mientras la emoción de conocer a su ídolo recorría por su cuerpo.

—Sí, soy yo, ¿Qué puedo ofrecerte? —habló Lincoln de una manera cortés, ya que por ser en parte una celebridad, tenía que mantener el respeto encima de todo.

—¿Me regalarías tu autógrafo? —pidió el muchacho, sonriente y muy emocionado.

—Claro —aceptaba gustoso el chico, mientras sacaba una pluma de su mochila.

El contrario dejó una pequeña libreta con una hoja en limpio. Mostrando una enorme sonrisa que aquel garabato que dibujaría Lincoln como su firma de artista sería lo más increíble que pasaría en su vida. El Loud trazó una firma en ella misma, y hasta abajo de la misma forma las primeras 4 letras de su nombre, Linc.

—¡Es increíble verte en verdad! Eres el mejor tomando fotografías —elogiaba el muchacho mientras de la emoción achuchaba la libreta.

—Jeje, muchas gracias amigo —le sonreía el Loud mientras guardaba en su bolsillo la pluma.

—Gracias, soy tu fan —se despedía el joven mientras la sonrisa de su rostro no se desprendía.

Lincoln se sintió alagado, más que feliz, alagado. Por fin había conocido a alguien que era parte de su comunidad por sus fotos, y pensándolo un poco mejor, se dedicaría también a subir dibujos, ya fueran de sus animes favoritos o algo que se le viniese a la mente. Al igual que los Gameplays.

El autobús seguía avanzando directo a la escuela. El chico de cabellos blancos vio a través de las ventanas que el cielo se estaba poniendo un tanto oscuro, no había escuchado que habría lluvia o niebla, pero de todos modos sería muy reconfortante aquello.

Recordó ahora también que eran temporadas de examen, y que para la prueba del día no había estudiado nada.

—¿Ahora qué haré? —se preguntó el muchacho, escuchando que los mecanismos del automotor crujían y se detenían en el momento de ver la fachada de la escuela—. Oh no, bueno, haré mi mejor esfuerzo.


Ambos jóvenes se enviaron mensajes a través de Messenger al momento de entre periodos de los exámenes, alguno de estos textos eran stickers, o el comentario del examen anterior.


(Chat de Sam)

"Mi querida Sam."

"Buenos días"

Buenos días cariño.

¿Cómo amaneciste mi conejito?

"Bien cariño."

"Sólo que no pude hacer nada para estudiar para mí examen."

Sé que ganarás mi hermoso conejito.

Tú adelante, confío en ti amor.

"Gracias mi amor, te amo."

También te amo cariño.

Te hablo más tarde bebé, ya entré a mí salón.

"Está bien mi princesa, suerte"


(Chat de Lincoln)

Bebé, cariño.

¿Cómo te fue en tu prueba?

"Te soy sincera, del culo."

"Que esto ha venido en extraterrestre simplificado. No he entendido nada."

¿Qué curso era mi hermosa Sam Sharp?

"Cálculo."

"Odio cálculo"

Es horrible eso mi rubia preciosa.

Tú relájate, que sé que comprenderán esta situación por la que pasas y te dejarán una recuperatoria.

"Quisiera."

"Pero ya sabes cómo son los viejos esos, no me dejan tranquila ni un segundo."

Lo sé, son muy malos.

Pero los dos podemos sobresalir en este ámbito.

Y lo haremos juntos Sam Sharp.

Porque tú eres la razón.

"También tú eres mi razón Lincoln Loud."


(Chat de Sam)

Te amo igual que el pastel de vainilla y fresas. Lincoln Loud.

"Awww amor"

"También te amo cariño. Más que a una cajita de galletas."


(Chat de Lincoln)

"Quiero que me hagas un hijo Lincoln Loud, influencer de Instagram 7u7"

¿Qué? O_o

"JAJAJAJA".

"Bromeaba mi hermoso panquesito."

"Tal vez en un futuro lejano tengamos un pequeñín."

En todo caso un bebé sería lindo para cuando seamos adultos.

"Aunque, siéndote bien sincera, me gustaría tenerte encima de mí OwO!!"

Cariño.

Te recuerdo que estamos en la escuela.

"Lo siento bebé, pero son cositas que se me ocurrió decirte jaja."

-_-


(Chat de Sam)

"Entonces"

"¿A qué hora nos veremos?"

Bueno...

Salgo a las 2 de la tarde.

¿Paso por ti?

Si tú quieres mi príncipe hermoso.

"Allí estaré Sam Sharp."

"Te veo allá"


Sam con una sonrisa en sus labios chilló levemente mientras sus manos de cerraban y las movía con suma emoción.

Lincoln la hacía feliz. Lincoln la hacía sonreír.

Un match casi perfecto.