Nada de Katekyo Hitman Reborn me pertenece, solo la historia y uno que otro agregado que aparecerán más adelante en la historia.


Jumping Through Time

Extra 3

Uno de los secretos mejor guardados de la Décima Generación de Vongola era que el guardián del trueno no era el único que le gustaba usar la bazuca de los 10 años. A diferencia del guardián del trueno, la razón del porque este era un celado secreto era tanto por la razón por la que ocurría este hecho como por la persona que lo hacía.

El primero en darse cuenta fue, como era de esperarse, Reborn. Ocurrió una mañana cualquiera, cuando el mejor asesino fue a despertar a su alumno para un entrenamiento infernal matutino solo para detenerse tan pronto coloco un pie en la habitación.

- Chaos, Reborn. - Saludo en voz baja la presencia que no debería de estar allí, una sonrisa divertida y diciendo que sabía algo que él no.

Sentado tranquilamente en la cama, un traje casual, pero formal, de color azul y blanco. Estaba tomando una taza de té, un plato de galletas a su lado. Por sólo la forma en la que estaba sentado, el hombre llevaba rato allí y se encontraba perfectamente cómodo en donde estaba.

- ¿Qué pasó? - Demandó el Arcobaleno del Sol, sin perder de vista la bazuca en la esquina y el niño vestido de vaca roncando a pierna suelta mientras era mimado con una mano por su figura paterna.

Los ojos cálidos, aun diciendo que sabían algo que él no, volvieron a él. Una sonrisa se abrió paso a las características del hombre, quien trataba de mantenerse serio mas no podía por una razón u otra. Esto, por supuesto, no le agradaba en lo absoluto a Reborn.

- Perdón. - La disculpa no era muy sincera que digamos. - No fue un accidente, no ha pasado nada. - Ladeo la cabeza un poco, ojos cerrándose a medio camino y sonrisa agrandandose. La combinación produciendo una expresión que haría a cualquiera correr creyendo que algo no muy bueno venía.

- ¿Por qué? - Volvió a demandar, tratando de no perder la paciencia. - ¿Por qué lo haría? - No había nada de malo en esta época.

Por un momento el hombre solo lo miro. La sonrisa bajó y la mirada se tornó extrañamente piadosa.

- Lambo no es el único niño en esta casa. - Fue lento, bajo, y también cuidadosamente calmada, una extraña advertencia detrás de las palabras. - En medio de adultos que te conocen, no hace falta decir nada, y para quien le cuesta decir lo que piensa, tal cosa es una bendición. - Una pausa solo para agregar de forma divertida, como si lo anterior no hubiera pasado: - Supongo que se sentía solo, ¿quien sabe?

Reborn tomó un momento para repetir lo dicho varias veces en su cabeza, y luego quería palmearse la frente. Por supuesto, la última vez que Tsuna fue al futuro por accidente debió de experimentar algo muy distinto al futuro en donde estaba muerto.

- No piensas decir nada. - No era una pregunta, era solo una afirmación.

- No. - La palabra fue alargada en forma cantarina, como si fuera alguna broma de alguna clase.

Esto llevaba tiempo, se dio cuenta Reborn con un nudo en el estómago. El asesino solo podía imaginarse lo que Tsuna podría encontrar en aquella época que no encontraba aquí. Tal cosa era un peligro, principalmente porque nunca se sabía que podía conseguirse en el futuro. Y hacer tal cosa sin decir nada, sin avisar, sin…

Reborn sabía que no podía hacer nada. Detenerlo no era una opción, no si quería mantener una relación positiva con su estudiante, y no si quería evitar que hiciera una tontería. Lo que sea que encontraba allá podría intentar buscarlo aquí y solo Dios sabe a que podría llevarlo eso. Al menos, pensó el asesino mirando detenidamente al hombre que le sonría con esa expresión que prácticamente gritaba que sabía algo que él no, en el futuro estaban los otros guardianes y ellos no permitirían que le pasara algo al Tsuna más joven.

El segundo en darse cuenta fue Hibari. Una noche en la cual patrullaba las calles y decidió dar una parada extra, para asegurarse de que todo estuviera bien con el Omnívoro, cosa que no admitiría. Al llegar y asomarse por la ventana, se encontró con la sonrisa enorme y la mirada divertida de un hombre que prácticamente lo estaba esperando en la ventana.

Los brazos apoyados al marco, cruzados, sirviendo de almohada para el mentón y cabeza del sujeto. Si no fuera porque reconocía las características y por que no podía sentir nada más que diversión y alegría de verlo, Hibari hubiera intentado atacarlo solo por la sensación de peligro que desprendía el hombre. En su lugar, el prefecto demonio asintió y siguió su camino, ignorando como el hombre le hizo un gesto similar a un saludo militar.

El tercero fue Lambo, despertandose una mañana con ganas de ir al baño solo para encontrarse con una figura que conocía muy bien. Por un momento Lambo se preguntó en qué momento había usado la bazuca, no ayudaba que el hombre se reía y encontrará su reacción tierna.

- No le digas a nadie. - El hombre le guiñó un ojo, sabiendo perfectamente lo que estaba pasando por la cabeza del niño. - Es nuestro pequeño secreto. - Era una mentira piadosa. El Décimo Vongola estaba perfectamente consciente de que era solo cuestión de tiempo para que se descubriera lo que pasaba.

- ¿Tuvo una pesadilla? - Preguntó el niño en su lugar, ojos grandes y amplios, confundidos. - Pero Lambo-sama está aquí… - Y por tanto papá no debería tener pesadillas porque estaba allí para protegerlo.

- Nah. - En esta ocasión no, pero el hombre no iba a aclarar eso. - No eres el único que le gusta visitar de vez en cuando cariño. - Las razones no eran muy diferentes, más no iba a decirle eso al pequeño.

Desgraciadamente, no hizo falta que aclarara nada porque Lambo entendió mejor de lo que al Décimo le hubiera gustado:

- Pero Lambo-sama está aquí… - El pequeño lo miró sin entender, lágrimas comenzando a acumularse en sus ojos.

Para bien o para mal, Lambo tenía sus razones para usar la bazuca y no eran un misterio para nadie en este punto, pero seguía siendo un niño pequeño y por tanto saltó a la conclusión más simple que podría haber: papá estaba haciendo lo mismo que él con alguien más. No era del todo erróneo, pero…

- ¿No me quieres aquí? - El Décimo Vongola había tratado con este niño por más de 10 años, sabía que hacer y que no, y esta no fue la excepción: - ¿Creí que te gustaba verme?

Con esto, el tema fue olvidado momentáneamente por un niño que busco todas las formas y maneras de asegurar que eso no era cierto, que si le gustaba verlo y no quería que se fuera, bañando al hombre en afecto. Todo esto, claro, sin darse cuenta de que había sido manipulado.

El cuarto en darse cuenta lo hizo por accidente, dando una vuelta durante la noche solo para abrir la puerta y toparse con un hombre muy cómodo en una cama, un niño sentado en su regazo, leyendo un libro de cuentos en voz alta, de vez en cuando respondiendo preguntas de parte de dicho niño. Bianchi cerró la puerta con cautela y se dispuso a preguntarle a Reborn de que trataba esto, sin querer verse bajo la mira de un padre que tenía, para bien o para mal, las enseñanzas del mejor asesino a sueldo del mundo junto con la sobreprotección que venía con ser padre.

El siguiente fue nada más y nada menos que Mukuro, buscando la mente de su jefe para hablar con él en sueños, queriendo algo de compañía y molestar al chico por algo de diversión. No dio con alguien dormido, y mucho menos con quien esperaba, y no es que tuvo tiempo de preguntar:

- Hey Mukuro-chan~ - Canturreo el dueño de la mente que había tocado, una voz más profunda y madura de la que recordaba. No ayudaba el llamado ni la forma, recordandole a un gato perezoso y confiado sin querer levantarse de donde estaba. - Gusto en la visita amigo, ¿que se te ofrece? - Si bien todo esto sonó perfectamente amigable, había un sutil toque distinto que gritaba que esta persona no estaba para juegos. Risas fue lo último que oyó antes de separarse por completo de esa mente, risas muy divertidas y la sensación de que solo estaba yéndose porque se lo estaba permitiendo.

El número 6 fue Chrome. No era sorpresa, ya que los ilusionistas estaban conectados el uno con el otro, pero no fue gracias a Mukuro que Chrome se enteró. No, fue en una visita, las otras chicas metiendola en visitar a Nana y a Tsuna por una razón que después no recordaba. Tsuna aparentemente no estaba, para decepción de muchos.

Dando con el hombre saliendo del baño, con el cabello aplastado y húmedo, vestido en ropa de dormir, le dio toda la respuesta que necesitaba. El jefe estaba, solo que no estaba en condiciones de ser visto. Pero de todas las cosas…

- Hey Chrome-chan, ha pasado un tiempo, ¿eh? - Sonrisa radiante, buen ánimo, y si ignoraba la diferencia de tamaño y la voz más madura, podría jurar que era el jefe de siempre. - Perdón, ya termine, no le digas a los otros, ¿si? - Dicho esto, el hombre desapareció por el pasillo, dejandole el baño libre.

Mukuro-sama no se dignó a contestarle nada, solo confirmando que esto no era algo precisamente nuevo gracias a la falta de sorpresa por parte del otro ilusionista.

El siguiente ocurrió una tarde, en donde no debería de haber nadie en casa y a una niña se le quedó algo importante. Al final, no consiguió lo que buscaba porque se le olvido al dar con quien no debería de estar allí, por más de una razón.

- ¿Necesitas algo? - El hombre vestido de un traje blanco, tomando una copa de vino y sentado como si estuviera en un trono y no en una simple silla de madera, le preguntó como si no pasara nada malo con la situación.

I-pin negó y dio unos cuantos pasos hacia atrás antes de salir corriendo, dando todo de sí para que su habilidad no se activará. Un par de minutos después, se pudo oír los gritos de pánico del vecino luego de que una explosion ocurriera sin explicación alguna.

Yamamoto fue el siguiente, en un día cualquiera, presentándose en la casa de Tsuna para salir a hacer algo. Una completa improvisación, pero Yamamoto no quería estar solo y no tenía ninguna preferencia sobre qué hacer por el momento. Por tanto, no hace falta decir que fue completamente inesperado dar con un hombre que parecía el clon de Tsuna, solo que mas alto, mas serio, y un aura similar a la de Reborn que lo hacía estremecer de miedo, a pesar de que en verdad no habia ninguna razon por la cual deberia de tenerlo. Aun.

- Takeshi-kun~ - Eso era lo más cercano a un ronroneo proveniente de un humano que el espadachín había oído en su vida. - No es que no me alegra verte, ¿pero a qué debo tu visita? - Esos ojos caramelo, con tintes naranjas, y esa sonrisa depredadora que crecía con algo similar a "mentir no te servirá de nada". - ¿Acaso estás aburrido...?

No ayudaba que el hombre estaba leyendo lo que parecía ser una novela mientras tomaba vino en una copa de vidrio, de lo más casual, ignorando que estaba en una casa común y no en un palacio. Yamamoto tenía muchos problemas en ver al Tsuna de este tiempo convertirse en este. Era como comparar a un hamster con un gato gigante, engreído y pretencioso.

- Ma ma… - Dio un paso atrás, comenzando a cerrar la puerta, tratando de no demostrar su miedo e incomodidad a la otra persona que lo miraba con demasiada diversión para su salud mental. - vendré en otro momento-

- ¿Oh? - Por lo visto no podría huir. Ay Dios. - ¿Qué tiene? - Oh nada, solo que no quería ser despellejado vivo. - Sigo siendo Tsunayoshi, será mejor que te vayas acostumbrando… - Lo único que faltó fue que se lamiera los labios, lo único.

Por fortuna, fue allí en donde el humo rosa hizo su acto de aparición, llevando consigo lo que seguramente hubiera sido un momento muy desafortunado para él al no saber qué responder y ante la imposibilidad de huir sin que el otro lo permitiera.

El siguiente en verse en esa problemática fue Fuuta, todo porque bajo a tomar un trago de agua en medio de la noche y se consiguió con ruido y la luz del televisor encendido. Al ir a ver, se encontró con una persona en pijamas, tal y como él, viendo Monstruos versus Aliens en completo silencio.

Ojos chocolate dieron de inmediato con él, y unas palmadas fueron dadas al asiento vacío a su lado. Esa noche, Fuuta se vio atraído al regazo ajeno como almohada, con una mano acariciando su pelo tal y como había visto a Lambo recibir cientos de veces, sin entender como el chico podía quedarse quieto por algo así. Viviéndolo, podía entender perfectamente por qué.

Esto no se detuvo incluso cuando el tiempo acabó. En todo caso, su hermano mayor solo hizo una doble toma al verse en esa posición, arqueo una ceja al ver que no se movió, y luego rodó los ojos tratando de no sonreír. Fueron encontrados así al día siguiente, para deleite de varios y celos de otros. Ese fue solo el inicio de una rivalidad entre tres niños y un chico viéndose en la mira de varias clases de muestras de afecto por parte de los más pequeños, sin entender qué diantres pasaba. Los celos no eran algo nuevo, no realmente, pero Tsuna no sabía eso.

Únicamente, la décima persona en darse cuenta fue Gokudera. Una tarde luego de clases, en donde Tsuna no asistió por estar enfermo, fue cuando se enteró. Todo bajo la forma de un hombre revisando unos documentos y firmando cosas en la mesa de la sala, aprovechando que no había nadie en la casa por la próxima hora y que había venido con esos papeles.

- Nada malo ha ocurrido, Hayato-kun. - El Décimo Vongola incluso arqueo una ceja diciendo eso, adelantándose a todo con gran precisión. - Si eres paciente, no tardará mucho en volver. Si no lo eres, me temo que tendré que castigarte, ya casi termino y no quiero interrupciones, si entiendes a lo que me refiero… - La sonrisa que ofreció el Décimo haría a muchos correr como si sus almas se las fuera a llevar el diablo.

El Décimo no estaba de bromas, eso había sido una promesa dicha en palabras bonitas. Una promesa que prometía mucho dolor y sufrimiento si las cosas no iban como el hombre deseaba. Era suficiente para ponerle la piel de gallina a Gokudera, mayormente porque aun no entraba en su cabeza como el chico que conocía iba a terminar así.

- Allá está la bazuca si quieres confirmar. - El hombre ni se molestó en levantar la vista esta vez, irritado ya del chico que era incapaz de quedarse quieto en un solo sitio e incapaz de irse o decir palabra.

- ¿Disfrutas tanto darles una aneurisma a tu familia? - Vino la pregunta tranquila de una voz más profunda que la de un chico luego de unos segundos, humo rosa por doquier.

- ¿Disfruto de tratar con idiotas? - Fue la respuesta inmediata del Décimo, quien ni siquiera miró a su nuevo acompañante.

- Dices eso y por dentro eres todo un caramelo. - Era un comentario más sincero que divertido. - Sabes que te miran y lo que ven es una fiera listo para sacarles los ojos, ¿no?

- El que no me enoje o muestre irritación en esta época no quiere decir que me lo vaya a tragar para siempre. - Finalmente ojos cansados dieron con los conocedores del guardián de la tormenta. - No soy todo caramelo como parecen creer, Hayato. - Tan pronto dijo esto, muy cansado, humo rosa volvió a envolver el lugar.

No, pensó para sí el guardián de la tormenta tratando de no reírse, por supuesto que no. Era, en cierta forma, una broma cruel. Tsuna no les haría nada más grave que un susto por más que sugiriera lo contrario. Lo hacía para divertirse, porque podía, no por otra cosa, al igual que su tutor lo había y seguía haciendo. El hecho de que en esta época Tsuna aun se tragara muchas cosas…

- ¿Mejor? - Su jefe, su versión más joven, lo miró de una forma que era imposible pensar en él como un chico o un adulto. - Está bien. - No hacía falta que dijera nada, en lo absoluto.

Nadie entendería del todo el problema, entre los guardianes al menos, hasta que se vieran en el futuro con un niño, una versión más tímida e inocente de la persona con la que trataban a diario. Una versión que no les diría lo que quería, lo que en verdad pensaba, pero que igual los buscaría y los miraría de una forma que era imposible de no entender lo que deseaba. No era muy diferente al que sería en el futuro, al menos no con ellos.

Hasta entonces, nadie en verdad sumaría dos más dos hasta ver el cambio por sí mismos, en lugar de vivir la progresión que tomaría años en culminar con la persona que no tenía ni una pizca de vergüenza en decirles que eran unos idiotas y que si terminaba con más papeleo por culpa de ellos tendría que castigarlos y a nadie iba a gustarle tal cosa.

Era mejor eso que al chico que se lo guardaba todo y cuando ya no podía más drogaba cosas que, de una forma u otra, terminarían en manos de sus respectivos destinatarios sin tener idea de lo que les deparaba.

El último en enterarse fue Ryohei, y porque pasó justo en frente de él como quien dice. No había sido un buen día para Tsuna, y no había sido mejor cuando el guardián del sol decidió meterlo en una pelea de boxeo improvisada que… no terminó muy bien. No es que el boxeador se diera cuenta, pues había tenido una gran pelea luego de convencer a su jefe de pelear, terminando casi noqueado de un golpe en la quijada que fue más fuerte de lo que se hubiera esperado.

Fue solo un momento, como quien dice, pero fue suficiente para conseguirse con algo completamente distinto a lo que dejó. Solo fue a buscar agua y toallas, nada más, no podría haberse tardado tanto. Fuera como fuera, lo que encontró no fue al chico que dejó, limpiándose el sudor de la cara lo mejor posible.

En su lugar, estaba un adulto que reconoció de inmediato porque era casi idéntico a su yo más joven. El hombre parecía haber salido de un matadero, uno extrañamente formal. La capa de Vongola Primo estaba sobre sus hombros, dejabo podia verse un traje bastante forma de color negro. Sawada Tsunayoshi no se veía feliz, con leves ojeras siendo vistas bajo sus ojos y con el ceño fruncido, dando una mirada a su alrededor como si no aprobara lo que veía.

Estaba, a falta de una descripción mejor, bañado en sangre.

- Tsk. - Cualquier preocupación que el boxeador sintió por su aspecto se apagó por completo ante lo que siguió: - La sorpresa que se van a llevar, al menos yo estaba siendo considerado.

Para bien o para mal, aquí fue en donde el Décimo Vongola noto que tenía compañía, y al hacerlo sonrió de una forma que incluso Hibari hubiera sentido miedo, lo admitiera o no.

- Al menos tengo un sustituto para usar como bolsa de arena~ - Canturreo el hombre, sed de sangre goteando de sus palabras como las gotas de sangre que caían de su ropa y piel.

La familia de Tsunayoshi cayó rápidamente en la conclusión de que, cada vez que esta versión de su jefe aparecía, lo mejor era dejarla en paz y, en caso de que esto no fuera posible, complacerla. No había forma de negociar con él, y tampoco tenía intenciones de compartir nada que no deseaba. Por tanto, solo quedaba preguntarle a su yo de esta época porque usaba la bazuca en primer lugar… para nada, porque se hacia el tonto o cambiaba el tema.

La mejor forma de tratar con ambos Tsunas, en especial el del futuro, venía en la forma de un niño con afro que no le tenía ni una pisca de miedo. Lastimosamente, Tsunayoshi sabía perfectamente bien que estaban haciendo cuando lo hacían, haciendo los resultados… mixtos.

Extra 1

La primera vez que los guardianes vieron a su jefe de tan solo 14 años en una época que no le correspondía, se vieron bajo el encanto y nostalgia de verse en la mira de un par de ojos caramelo igual de cálidos, igual de blandos, pero llenos de incertidumbre, confusión, y la oscuridad detrás de todo eso que no se habían fijado que existía. Una oscuridad rara vez vista en su jefe de esta época, generalmente cuando recordaba cosas que prefería no recordar o compartir.

- Hey, pero miren quien esta aqui. - Por todas las señales corporales que estaba dando el chico, quería huir y esconderse en algún sitio fuera de la vista. Podían entenderlo, afortunadamente, a diferencia de hace una década. - ¿Quieres?, a tu yo de esta época le encantan, ¿qué dices?

Sin presión, solo buenas caras, sonrisas, y paciencia. Algo que este Tsuna no estaba tan acostumbrado, si la extrañeza y las miradas inciertas que les daba a todos decía algo. Estaba esperando cualquier cosa menos una cálida bienvenida, por lo visto.

- Te dije que te iba a gustar. - El guardián de la tormenta no se contuvo más, ignorando todo solo para despelucar a su jefe y atraerlo hacia en un abrazo de un solo brazo. - A Takeshi casi le clava un tenedor por intentar robarle un par. - Le confesó como un secreto, plenamente consciente de que el guardián de la lluvia lo estaba oyendo y se estaba conteniendo de secuestrar al chico de cabello chocolate.

Un ladeo de cabeza y una ceja arqueada, como si no creyera del todo lo que acababa de oír, pero sin atreverse a cuestionarlo. Eso estaba bien, no necesitaba hablar para darse a entender:

- ¿Verdad Takeshi? - El beisbolista le asintió cruzándose de brazos, tratando de no hacer un puchero. - ¿Ves?

Ambos sabían que si trataban de quitarle aunque sea uno, este Tsuna no haría más que darles mala cara a lo mucho. Su Tsuna no se guardaría nada y trataría de sacarles un ojo, como este quería más no se atrevía. Luego de tantos años juntos, conocían perfectamente bien cómo era su jefe, no hacían falta palabras.

- Reborn no se contuvo nada esta vez, ¿eh? - Esas marcas eran inconfundibles. Nada grave, pero parte de un entrenamiento.

- Ma ma, ¿ya puedo tenerlo Hayato? - La forma en la que el chico los miró, con ojos saltones, los hizo reír a ambos. Tal cosa no fue bien recibida, pero en lugar de decirles tal cosa o que si encontraban tal cosa divertida él les daría algo mejor, lo único que recibieron fue una mala cara. - Perdón, perdón, ¿pero puedo tenerte ya? - Después de todo: - Tenemos el tiempo contado y quiero al menos darte un abrazo, ¿me permites?

Por supuesto que la respuesta era un sí, no era necesario nada más que verlo sonreír y relajarse. Realmente no fue una sorpresa para ninguno que, minutos más tarde, era el chico quien quería abrazarlos y no soltarlos. Nada nuevo, la verdad, Tsuna solía ser muy afectuoso en privado y quien más lo disfrutaba era Lambo, el suertudo.

El resto del tiempo se limitaron a eso, a corresponder el afecto, contarle pequeñas cosas aquí y allá de esa época, nada realmente importante, y darle más dulces de pan. A Tsuna le encantaban, la culpa tenía que ser de Reborn, quien se había encargado de hacerle probar todo lo que estuviera al alcance en la mansión en pocas semanas, y cosas que traía de afuera de vez en cuando.

Reborn podría decir todo lo que quisiera de que era fundamental que Tsuna conociera toda la parte culinaria, tanto por sabor, como receta, como arte y como historia. La verdad es que ellos lo veían como una forma de consentirlo, porque el asesino siempre traía algo que sabía muy bien que a Tsuna le encantaría y estaría sonriendo por horas. Por no mencionar las miradas homicidas o las amenazas de manos cortadas si alguien se atrevía a intentar robarlo.

Creyeron que sería algo de una sola vez, y Tsuna no se molestaría por darle sus cosas a su yo más joven. Así que, días más tarde, fue una completa sorpresa descubrir que no era una cosa de una sola vez:

-... sería lo ideal, pero ya-¡Puff!

Todos los integrantes de la reunión, gracias a Dios una interna, quedaron locos al ver el humo rosa y ver a Lambo allí, por una vez no siendo quien intercambiaba lugares con su yo pasado sin aviso alguno. Quizas el unico que no fue sorprendido fue Reborn al oír:

- ¿Hola? - La voz era, para bien o para mal, inconfundible. - No vine en un mal momento, ¿verdad? - Una voz dudosa, incierta, pero anhelante. Era inconfundible para todos los presentes.

El chico, cuando el humo se despejo lo suficiente, quedó como una estatua, ojos grandes y amplios, al verse en medio de tantas personas.

- No, por supuesto que no. - Hayato quería reírse. Siempre era Lambo, así que viendo al Décimo ahora siendo víctima de esto… - La reunión ya estaba por finalizar Décimo. - Era una mentira piadosa y la indirecta de que no le dijeran nada y que la reunión había finalizado.

No es que hiciera falta decirlo, no con el Décimo sonrojado de la vergüenza mirando a cualquier lado menos a las personas que no podían creerse lo que veían. Tsuna no tenía ni siquiera una vestimenta acorde a lo que muchos hubieran esperado, siendo el sucesor de Vongola y todo eso. No, en todo caso…

- Es irónico cómo la gente suele olvidarse de que Tsuna fue un civil hasta hace poco. - Relativamente hablando, claro está. - Ne, Tsuna, todos ellos son personal de confianza de Vongola, toda la alta jerarquía, ¿qué te parece? - Una segunda comprobación no estaría mal, ¿no es así?

- No seas idiota Takeshi, no conoce a ninguno. - Hayato se palmeó la frente tratando de no reír. - Olvida lo que dice este idiota, Tsuna-sama. - No había forma ni manera en la que el futuro Décimo quisiera meterse con algo con lo que no sabía. Incluso si no había consecuencias por ello. - ¿Vienes de visita o paso algo? - Esperaba que no hubiera pasado algo, porque lo que sea que requiriera-

- ¿No es obvio Bakadera? - Lambo tuvo la osadía de arquearles una ceja y deliberadamente acercarse a su padre. - Papá vino porque se siente solo, ¿cierto papá? - Y aun así tuvo el descaro y cuidado de revisarlo de arriba a abajo con la vista, palmeando ciertos lugares en donde podrían haber heridas obvias.

Aun ahora Tsunayoshi tenía la habilidad y el mal hábito de esconder heridas de tal forma que había que tener buen ojo para notarlo. Cuestión de costumbre, según él. A veces venía bien, otras veces era solo un problema pidiendo convertirse en un problema mayor.

- Ya veo… - La verdadera respuesta no fue verbal, la cual fue un no a las dos opciones, sino el como chico se derritió ante los leves mimos que Lambo le dio. Mimos que no eran nada diferente a lo de siempre… solo del lado inverso.

Las visitas iban a continuar. Esto era solo el principio si sabían jugar bien sus cartas. La memoria de todas aquellas veces en las que un futuro Décimo Vongola apareció en sus vidas en el pasado, un terrorífico Décimo Vongola cuya verdad era que encontraba divertido aterrorizarlos y no aceptaba órdenes de nadie, les llegó a sus cabezas como un balde de agua.

Aquí, justo ahora, tenían el porqué esas apariciones sucedieron. Con razón su jefe no estaba para nada preocupado o le dio atención al verse en el pasado de la nada.

Todo por un preadolescente queriendo algo que creía poder encontrar aquí, finalmente, de la misma forma en la que Lambo lo había hecho.

- Vamos, una merienda suena bien, ¿no creen? - Porque no había forma de que los demás les perdonaran no incluirlos en lo que obviamente sería algo que su cielo atesoraría por el resto de su vida, lo marcaría, y sería lo que determinará su tratar con ellos a partir de ahora.

Esta era la principal razón por la que su cielo era tan afectuoso con ellos, por la cual se abriría a ellos y comenzaría a sonreír más, a ser más sincero, a dejar de creer que lo abandonarían por cosas ridículas, pero que le habian pasado antes, y con ello dejando de guardar cosas, de esconder cosas, de ellos. Con razon Reborn nunca interfirio, sino que se hizo el tonto ante la presencia de un Décimo jugando y aterrorizando a su familia por diversion.

Reborn había dejado más que una huella en Tsuna, y ahora que lo veía, ellos también.

- ¿Crees que estamos haciendo lo correcto? - Era una duda, una verdadera duda.

Lambo, quien se habia adueñado del regazo de su padre desde antes de que ocurriera el cambio, lo miro como si fuera un verdadero idiota. Un bufido fue su respuesta, pero Lambo agregó de todas formas:

- Su madre no le dio la atención y el afecto suficiente, Bakadera. - Irónicamente, su cielo solo sonrió y los miro a todos como si no pudiera creer que siquiera estaban teniendo esta conversación. - Lo más cercano a un padre era Reborn, y con aquella forma y la situación no era posible que Reborn pudiera darle eso. - Por más que hubiera querido, de eso todos estaban conscientes.

Reborn iba a venir a pasar una buena temporada con ellos otra vez. No había forma en la que el asesino fuera a perderse esta oportunidad, de interactuar con el joven Tsunayoshi y darle un poco de ese afecto que no pudo darle en su tiempo.

- Y todos ustedes eran y son unos idiotas~ - Canturreo su jefe, interrumpiendo, sonriendo muy divertido, como si no estuvieran hablando de algo serio. - No iba a decir nada, y ustedes eran unos despistados. - La diversión pasó a seriedad al decir esto, la sonrisa perdiéndose y algo oscuro que podían conectar inmediatamente a su yo más joven en esos ojos. - No hay nadie más, y la primera vez que vine aquí me trataron como nadie más lo ha hecho. ¿Qué más puedes esperar?

Iba a volver, todas las veces que pudiera. Cualquier haría lo mismo en su situación.

- Soy bienvenido aquí, ¿no es así? - Ante la pregunta de su cielo, Kyoya bufo por lo bajo y le lanzó una almohada.

Que terminaran todos en la habitación del Décimo Vongola no había sido parte del plan, ¿pero cómo negarle a alguien que solo quería estar con ellos?

- Es peligroso Tsuna-sama. - A pesar de decir esto, todos sabían que no valía de nada.

Por su cielo, harían todo a su alcance para que tuviera lo que quisiera. Si eso era venir a ser mimado, a pasar un rato con ellos, sin querer decir la verdad del porqué estaba allí, estaba bien por ellos. No era como si el hecho de que destruirían de adentro hacia fuera sin dejar rastro alguno de quien se atreviera a ponerle una mano encima a su cielo fuera a cambiar. Solo sería peor, porque su cielo no era tan fuerte y era mucho más inocente, menos conocedor de este cruel mundo en el que andaba.

Quién lo diría, Lambo encontró un padre que daría todo por él y Tsuna había encontrado un lugar en donde se sentía querido y aceptado como un miembro de la familia, siendo mimado y recibiendo la atención y el afecto que había anhelado por años por parte de sus padres.

Algún día su cielo se daría cuenta de que no necesitaba ir a otra época para obtener lo que quería, lo tenía justo a su lado, de la misma forma en la que Lambo había dejado de usar la bazuca para ver a un padre que vivía justo a su lado. Ese momento no era ahora, pero podían esperar.

Por los momentos era prioritario aumentar las medidas de seguridad y preparar todo. No sabían cuando su cielo sería intercambiado por su yo más joven, en el pasado aun no debían de haberse dado cuenta de lo que había comenzado.

Extra 2

- ¿Qué? - Pregunto un chico de ojos naranjas, una flama en su frente, y aun así luciendo más inocente de lo que debería tomando en cuenta lo que estaba haciendo.

Justo a los pies del chico yacían múltiples cuerpos en estado de shock, con fracturas en múltiples lugares, golpeados hasta caer y quizás un poco más. En contraste con el Décimo de esta época, quien solo se había estado asegurando de dejar el mínimo daño y noquear a la gente, esto no tenía nombre.

No había forma ni manera en la que el joven Tsunayoshi supiera que esto era solo una manipulación producida por ilusiones, o que estas personas no eran aliados o enemigos, solo víctimas utilizadas para hacerles daño… Así que su defensa personal estaría perfectamente justificada si no se hubiera encargado de hacer tanto daño a más que sus posibles atacantes. No había forma de saber.

El intercambio había ocurrido solo Dios sabe cuando, en una situación muy desfavorable. El Décimo se había separado de sus guardianes. En realidad, todos se habían separado para acabar con todo esto más rápido, antes de que algo peor pasara.

Nadie esperaba encontrarse con esto, nadie esperaba abrir la puerta para ver al joven Tsunayoshi allí, haciendo puré al montón de gente que no debería de estar allí. Habían esperado al de esta época, no al joven.

- Nada. - Respondió Hayato luego de toser en su palma, sin querer decirle la verdad a su jefe. - Creo que ya están noqueados jefe. - Y con necesidad de ir a la unidad de cuidados intensivos…

Su cielo, su joven cielo, solo ladeo la cabeza, ojos naranjas sin dejarlo. Honestamente, Hayato no sabia porque se sorprendio al oir:

- Me llamaron pitufo. - Fue la queja infantil. No importa cómo lo viera o lo que le dijeran, para Hayato eso era una queja infantil.

- Y tú les destruiste el orgullo. - Mejor no mencionar que de los culpables no quedaría ni la foto, no luego de esto. - No creo que haga falta que los drogues… - Con solo Dios sabe que.

Hayato no debió de sorprenderse con:

- Tarde~ - Canturreo el chico, sonriendo en grande, como si no acabara de confesar que ya había drogado a sus víctimas con sólo Dios sabe que. Por todo lo que Hayato sabía, podría haberlos sentenciado a morir porque a esta edad su jefe tenía un conocimiento muy limitado de lo que en verdad podía hacer.

Era el mismo tono cantarín del Décimo de esta época, y la confirmación vino en los lloriqueos de los pocos que seguían conscientes.

- ¿Y gastar todo tu tiempo en ellos? - Estaba todo ensangrentado, su ropa rasgada aquí y allá, y tenía algunas heridas. Eso no podía quedarse así. - ¿La visita no era para nosotros?

Esto no funcionó también como quería. Lo que realmente funcionó fue recordarle a su jefe lo que le esperaba, los mimos, la atención, y el no verse solo. Un par de palmadas, un par de caricias en ese pelo, solo eso.

- Kyoya no va a estar muy feliz de saber que le quitaste presas Tsuna-sama. - Como había querido, esto causó risas por parte de su jefe.

La verdad eso no molestaría a Kyoya. En todo caso se reiría, en especial si salían los rumores de que el Décimo del pasado había hecho todo eso. Lo que lo molestaría sería el hecho de que su cielo estuvo en tal peligro en primer lugar.

En un momento se necesitaría un minuto o dos ante el hecho de que su jefe había comenzado a dejar ir esa barrera que mantenía su verdadero pensar y sentir de ellos. Mira que canturrear de la misma forma que su yo futuro por la misma causa…

Reborn estaría orgulloso en cuanto lo viera. Su alumno no había llegado a la mayoría de edad y ya se le estaba pegando lo sadico.