LA FEALDAD AGUDIZA EL INGENIO
He aquí un segundo regalo para Sorg. Espero que puedas disfrutarlo ;)
Barrio Mágico de Madrid, agosto de 2010
Los viernes por la noche, Abadía 51 siempre estaba a tope de clientes. Esa noche, además de los más habituales, un grupo de chavales se habían reunido para celebrar el éxito profesional de uno de sus amigos. Antonio Álvarez, espléndido jugador de quidditch, había pasado una temporada como reserva en los Murciélagos de Valencia y recientemente había fichado por las Avispas de Wimbourne para ser, según todos los indicios, el buscador titular. Se iría a Londres en menos de una semana y sus colegas querían despedirle por todo lo alto.
—¿Quién lo iba a decir, Antoñito? —El siempre bullicioso Alfred Cattermole acababa de pasarle un brazo sobre los hombros mientras le hacía entrega de su tercer cubata—. Hace nada te dedicabas a machacar a ese gilipollas de López en el patio del colegio y, mírate ahora, todo un jugador de quidditch profesional. ¿Te das cuenta de que vas a tener a las tías rendidas a tus pies?
Antonio, que ya había tenido ocasión de disfrutar de la fama durante su estancia en Valencia, asintió con cara de bobo y se agarró a su vez a Alfred. Esos dos no tardarían en coger una buena borrachera. Era una suerte que la madre de Darío tuviera un apartamento por allí cerca porque, en caso de ser necesario, podrían acostar a esos dos imbéciles sin necesidad de desaparecerse o subirse en una escoba voladora.
—Cuando me instale tienes que venirte conmigo a Londres —Dijo Antonio con seguridad—. ¡La de polvos que vamos a echar los dos juntos!
Y se pusieron a reír como dos idiotas. Darío Vallejo, que presumía de ser un chico muy serio y responsable, no pudo contener una risita divertida. La verdad era que el panorama que presentaban aquellos dos resultaba de lo más prometedor, pero conocía de sobra a sus amigos y sabía que aquellos dos magos hechos y derechos no eran de los que iban echando polvos por ahí. Álvarez había estado saliendo con la misma chica durante casi dos años y Alf, que no se cansaba de repetir que aspiraba a convertirse en un reputado Don Juan, siempre se echaba atrás a la hora de la verdad. A pesar de no ser guapo en absoluto, era un tipo de lo más encantador y ligaba lo suyo. "La fealdad agudiza el ingenio, colega", solía decir antes de lanzarse a la conquista de alguna fémina.
—Será mejor no quitarles ojo de encima a esos dos —Le comentó Darío al chico que tenía más cerca. Eloy Jiménez, un tipo bastante silencioso y reservado, se había unido al grupo de amigos hacía relativamente poco tiempo. A pesar de no ser la alegría de la huerta, a los chicos les caía bien—. Van a terminar muy mal. Se me ocurre que podríamos apostar cuál de los dos echa la pota antes.
Eloy sonrió. Ninguno de sus amigos sabía que su infancia no había sido nada fácil y que eso le afectaba muchísimo a pesar de todo el tiempo transcurrido. Poco a poco se había ido convirtiendo en un tipo más sociable y disfrutaba mucho saliendo por ahí con Darío y los demás.
—Yo creo que Antonio caerá antes. Alfie está más acostumbrado a beber.
—Sí, yo diría que sí —Darío le palmeó el hombro al otro chico y fingió inocencia cuando Alf se encaró con ellos.
—¡Vosotros! ¿Qué estáis cuchicheando?
—Nada, colega. Son cosas nuestras.
—Ya —Alf dio un saltito y se precipitó sobre Eloy. El chaval aceptó con cierta resignación ser abrazado por el otro brujo— ¿Y tú, Eloy? ¿Insistes con esa tontería de estudiar pociones? El quidditch se te da de puta madre. Apuesto a que podrías ser titular en cualquier equipo medianamente decente. Ganarías mogollón de pasta y ya hemos hablado antes de las chicas. ¿Verdad? Los deportistas de élite ligan muchísimo más que los tíos que se pasan el día al lado de un montón de calderos apestosos.
—No estoy preparado para una vida tan emocionante, Alf.
—Ya. Mira, chaval, no te ofendas, pero es que siempre has sido un poco muermo —Eloy se rio por lo bajo y Alf eligió una nueva víctima—. A ti no me molesto en decirte nada, primo. Ni pagando conseguirías que alguien te quiera en su equipo.
—¿A sí? Pues no veo que a ti te lluevan las ofertas. No serás tan bueno. ¿No?
Alf entornó los ojos y procuró demostrarle a todo el mundo que ese último comentario le había dolido en el alma. Un segundo después, una despampanante bruja ataviada con un minivestido rojo pasaba por su lado y la mandíbula prácticamente le llegó hasta el suelo.
—¡JO—DER! ¡Cómo está el brujerío madrileño esta noche!
—¡Y que lo digas, Alfie!
Darío puso los ojos en blanco. Alf y Antonio babeaban sin ningún disimulo mientras observaban fijamente a la encantadora brujita. Era una tía algo mayor, de unos treinta años más o menos, y no les prestó ninguna atención, pero había que reconocer que estaba buenísima. Darío miró de reojo a Eloy y se dio cuenta de que el chico también la miraba con cierto interés. Nunca había sido muy dado a hablar sobre chicas y Darío se había planteado la posibilidad de que fuera gay pero no estuviera preparado para reconocerlo abiertamente aún. Sin embargo, cualquier duda se despejó esa noche porque, disimulando y todo, Eloy Jiménez no quitaba ojo del trasero de la bruja. ¡Y vaya trasero! ¡Ni la Jennifer López!
—¿Por qué no le entras? —Sugirió Antonio, sonriendo como si hubiera tenido la mejor idea del mundo.
—¡Uhm! Suena interesante.
—¡Eh! —Darío reaccionó antes de que Alf moviera un músculo. Conocía a su primo y lo creía capaz de hacer una tontería como aquella—. ¿Tú la has visto bien? Si esa tía quiere ligar con alguien, tiene un montón de brujos mayores en los que fijarse.
Alf entornó los ojos y miró a su alrededor. Era un chaval bastante seguro de sí mismo y confiaba en sus habilidades para la seducción, pero debía reconocer que Darío tenía razón. Abadía 51 estaba repleta de brujos de treinta años para arriba que podrían ser del gusto de la bruja despampanante. Siendo realistas, tenía muy pocas posibilidades de tener una historia con ella.
—Eres un puto aguafiestas.
—No te quejes. Te acabo de hacer un favor.
Alf pareció enfadado durante por lo menos un minuto. Después, Álvarez volvió a agarrarse de su cuello y se pusieron a beber juntos de nuevo. Eloy agitó la cabeza y señaló a la bruja de antes con un gesto.
—¿Sabes qué te digo? Creo que Alfie sí que tenía posibilidades con ella.
—¿Qué? ¡Anda ya!
—Mírala bien. Parece que va de caza. Seguro que le van los yogurines.
Darío parpadeó sin dar crédito a lo que acababa de oír.
—¡Joder, tío! ¡Qué comentario más machista!
—¿Tú has visto cómo va vestida?
—Que le guste ir así de sexy no significa que vaya buscado guerra.
—¿Y te has fijado en cómo se mueve?
Darío miró a la bruja de nuevo y vio cómo estaba coqueteando con el camarero.
—Hagamos otra apuesta —Eloy se veía muy convencido de sus palabras—. Si ahora mismo me acerco a esa tía y me pongo a hablar con ella, no tardará ni un minuto en ponerme las manos encima.
—Sí, hombre.
—En serio, Darío. ¿Qué te apuestas?
—Es una gilipollez.
Eloy no respondió a ese comentario. A Darío le extrañó mucho verle atravesar el local con paso firme hasta plantarse delante de la exuberante bruja. Eloy aparentaba ser un tío muy tímido y Darío no recordaba haberlo visto en acción con una tía nunca, pero debía reconocer que no llevaban mucho tiempo saliendo juntos. Unos años atrás, Eloy y su familia se habían mudado a un pequeño pueblo de los Pirineos y desde entonces sólo se veían en los campamentos de verano. Durante ese tiempo, Eloy se había convertido en el más alto del grupo, se había puesto fuerte gracias a que acostumbraba a hacer deporte y había demostrado ser un mago bastante talentoso. Lo único que parecía no haber cambiado era su gusto por la ropa negra, aunque Darío suponía que a las chicas debía parecerles interesante un tipo como él.
—¡Ey! ¿Qué hace Jiménez? ¿Quiere levantarme la piba? —A pesar de que aquello parecía un reproche, Alf no sonó en absoluto enfadado.
—En realidad creo que quiere demostrarme algo.
Los tres amigos no quitaron ojo a Eloy. El chico se puso a hablar con la bruja despampanante. No tardó en arrancarle una sonrisa y, tal y como había asegurado, un minuto después la chica le plantaba una mano en el trasero y se lo estrujaba con ganas. Darío estaba estupefacto y Alf y Antonio parecían peligrosamente cerca de ponerse a vitorear a su amigo. Sin embargo, antes de que ninguno pudiera hacer cualquier cosa, la bruja besó en la mejilla a Eloy, que volvió junto a ellos como si no hubiera pasado nada.
—¿Qué te había dicho? —Le dijo a Darío con aire burlón.
—¿Cómo has…?
—A ti te lo voy a decir.
Eloy se había limitado a pedirle que por favor le tocara el culo porque sus amigos se habían estado burlando de él y lo creían incapaz de lograr algo así. La bruja lo había mirado con aire maternal y le había dicho que estaría encantada de sobarle el trasero. Había sido ridículamente fácil, pero los otros tres no tenían por qué enterarse.
—Es por la ropa negra. ¿A qué sí? —Alfie estaba empezando a achisparse bastante—. Tú ligas porque eres misterioso, Antoñito porque es famoso y yo porque soy irresistible —Alf y Antonio se rieron a carcajadas. Sólo ellos le veían la gracia a aquel chiste—. Tú tienes mucha suerte, primo. No te hace falta ligar porque en cuanto saben la pasta que tienes, las tías se arrojan a tu cuello como locas.
Darío alzó una ceja. No sabía si molestarse o no por aquel comentario. Alf estaba borracho y cuando se ponía así acostumbraba a decir un montón de tonterías. Aunque el saber que su primo no lo decía en serio no impidió que se sintiera herido en su orgullo.
—¿Qué quieres decir? ¿Qué las tías sólo quieren estar conmigo por mi dinero?
Alf se vio repentinamente cortado. Se quedó serio y a Darío le pareció que incluso se ponía pálido.
—Era una broma, tío.
—Pues no ha tenido ni puñetera gracia.
—¡Venga, Darío! No te cabrees —Antonio intervino. Estaba aún más borracho que Alf.
—¡Sí, venga! ¡Estamos de fiesta!
—Es que me parece mentira que seas precisamente tú quién haya dicho eso —Darío rehuyó la mano amistosa de Alf e hizo un gesto negativo con la cabeza—. Voy fuera a echarme un pitillo.
No acostumbraba a fumar, pero necesitaba relajarse un poco. Realmente no quería tomarse las palabras de Alf demasiado en serio, pero necesitaba despejar las ideas. Aunque no había tenido ninguna relación seria, Darío había salido con un par de chicas y se había llevado una pequeña decepción con una de ellas. Y no porque parecieran interesadas por el dinero de su familia precisamente.
Tres cigarrillos más tarde, Alf fue en su busca. Darío se había sentado en el bordillo de la acera y estaba dándole vueltas a lo que había ocurrido unas pocas semanas atrás, durante los campamentos de verano.
—¿Me das uno? —Darío extendió el paquete de tabaco y dejó que Alf se sirviera a gusto—. Si mi madre nos viera fumando, nos mataría.
—Seguramente —Darío le dio fuego a su primo y no añadió nada más.
—Escucha, tronco. Lo de antes ha sido una broma. Ya sabes que te creo capaz de ligarte a la tía que te dé la gana.
—Ya lo sé, Alfie. No pasa nada, de verdad.
—¿Estás así por Natalia?
Darío no necesitó responder a la pregunta. Aunque le jodiera un montón que todo aquello le afectara tanto, la verdad era que aún le faltaba un montón de tiempo para poder superar lo ocurrido. Alf, comprensivo a pesar de no estar del todo lúcido, le dio un par de palmaditas de consuelo e hizo su mejor esfuerzo por animarle.
—¡Qué la jodan! Esa tía era una guarra y una gilipollas. Estás mejor sin ella.
Darío quiso darle la razón, pero la echaba de menos. Había conocido a Natalia en su primer año en los campamentos de verano y se habían hecho amigos mucho tiempo después. Aquel verano habían decidido hacerse novios porque, al menos Darío, estaba completamente loco por ella. Natalia parecía compartir sus sentimientos, pero justo cuando faltaba una semana para que terminara el curso, la chica lo había dejado alegando que no quería salir con el hijo de Ricardo Vallejo. Darío, que a lo largo de su vida había tenido que enfrentarse en demasiadas ocasiones al tumultuoso pasado de su padre, se había sentido devastado y, por primera vez, furioso con su progenitor.
—Vuelve dentro, Darío. No tienes que amargarte por esa imbécil. ¡Será por tías!
—Sí, Alf, pero me jode que me dejara por lo que me dejó. ¿Entiendes?
—Repito. Es una gilipollas.
—Pero tiene razón. Mi padre hizo lo que hizo y nadie puede cambiarlo. No puedo pretender que todas las tías se olviden de eso.
Alf entornó los ojos y le miró como si estuviera un poco harto de, lo que él debía considerar, tanta tontería.
—Tu padre es un tío cojonudo, Darío. ¿Qué ha estado en la cárcel? Pues sí. ¿A quién le importa? Parece mentira que tenga que ser precisamente yo el que tenga que decirte esto, hombre.
—A ti las tías no te dan la patada porque tu padre haya sido un ladrón.
A Darío le dolía sonar tan amargado. Cuando volvió de los campamentos había tenido una bronca impresionante con su padre. Ni siquiera recordaba el motivo, pero Darío había estado tan enfadado y hecho polvo que había llegado a decir unas cuantas cosas un poco desagradables. Muy desagradables, en realidad. Y lo peor era que no podía quitarse aquellos pensamientos de la cabeza, a pesar de lo mucho que lo intentaba.
—Insisto, Darío. Tías hay cientos. Padre sólo uno. Y tú has tenido la suerte de que el tuyo sea Ricardo Vallejo. Y ahora —Alf tiró el cigarro a medio fumar al suelo, lo pisó y a continuación instó a su amigo a que se pusiera en pie—. Vamos a volver ahí dentro y nos lo vamos a pasar de puta madre. ¿Te enteras?
—Menudo atajo de subnormales estáis hechos.
A Darío le costó un poco reconocer a su padre. El sol le daba directamente en los ojos y apenas podía distinguir la silueta de Ricardo Vallejo. Aunque Eloy y él mismo habían creído que tan solo Antonio y Alf terminarían borrachos como cubas, la verdad era que los cuatro estaban hechos polvo. Habían bebido hasta prácticamente caer rendidos y de alguna forma habían conseguido llegar hasta la casa de Darío en Madrid. Eso sí, no pudieron llegar al interior y terminaron tumbados sobre el césped del jardín.
—¿Papá?
—Sí, Darío. Papá. Anda, levántate.
Darío dejó que su progenitor le ayudara a ponerse en pie. Todo le daba vueltas y no recordaba haberse sentido tan mal en toda su vida. Creía que nada podía empeorar, pero entonces notó un intenso escozor en la piel y se dio cuenta de que se había quemado. Mejor dicho, se había abrasado.
—¿A quién se le ocurre dormir la mona a pleno sol?
—Cuando llegamos no había sol —Gimoteó Darío, consciente de que si seguía en pie era porque su padre lo sostenía—. ¡Oh, mi cabeza!
—Ve adentro y deja de lloriquear. Voy a despertar a los otros antes de que se entere tu tía Mary.
Darío se dispuso a obedecer. Estaba demasiado hecho polvo como para acordarse de que su padre y él no se hablaban. Después de discutir no habían hecho las paces y la situación se había vuelto un poco extraña. Mientras se metía en la casa, consultó la hora y se dio cuenta de que era más de medio día. Sus amigos y él llevaban un buen rato siendo acariciados por el ardiente sol de principios de agosto. Sin saber muy bien adónde ir, se sentó en una banqueta de la cocina y se sujetó la cabeza con ambas manos. No iba a volver a beber tanto jamás. La diversión no compensaba aquel infierno de dolor.
Apenas unos minutos después, los cuatro amigos estaban reunidos en la cocina, tan quejumbrosos como el propio Darío. Antonio Álvarez no dejaba de repetir que no podía irse a Londres pareciendo un cangrejo y Alf, que tenía una piel muy sensible, apenas podía moverse sin sentir un dolor horroroso. El que parecía llevarlo mejor era Eloy, que apenas gruñó un poco antes de sentarse junto a Darío.
—Me resulta difícil de creer que seáis tan tontos con la edad que tenéis —Ricardo Vallejo también andaba por la cocina, aunque él tenía mejor aspecto—. Debería dejar que paséis por esto como todo hijo de vecino, pero voy a ser bueno con vosotros. No os mováis de aquí.
Ricardo salió de la estancia como alma que lleva el diablo. Alf fue hasta el frigorífico y se hizo con una botella de agua fresca que se esfumó en cuestión de segundos.
—¿Qué creéis que va a hacer? —Musitó Antonio con voz de ultratumba.
—No lo sé, pero que lo haga ya —Alf prácticamente sollozó—. ¡Me mueerooo!
—No seas exagerado, Alfredo —Ricardo había vuelto sorprendentemente rápido—. Aunque no sé qué podría pasarte si tu madre se entera de esto.
—No se lo dirás. ¿Verdad?
Ricardo no contestó. Lo que hizo fue colocar cuatro viales sobre la mesa y un par de botes blancos.
—Esto es una poción para la resaca y esta crema os ayudará con las quemaduras.
No dijo nada más. Salió de la cocina y dejó que los chicos se las arreglaran como buenamente pudieran. Una hora más tarde, la resaca prácticamente había desaparecido y las quemaduras dolían mucho menos.
—Tu padre sí que sabe lo que se hace —Le dijo Antonio antes de irse a su casa—. Si no fuera por él, no sé si hubiera aguantado pasar el resto del día así.
Eloy y Antonio se fueron poco antes de la hora de comer y Alf aprovechó el momento para recalcar su opinión respecto a un tema muy importante.
—Ya has oído a Álvarez. Tu padre es un tío cojonudo.
Darío asintió. Sabía perfectamente lo que debía hacer y, aunque dudaba mucho que aquel fuera el mejor momento, arrastró los pies hasta el despacho de su padre. Ricardo llevaba un par de días encerrado a cal y canto, ultimando los detalles de la venta de un par de negocios que tenía por el sur.
—¿Puedo pasar? —Darío sonó tímido. Su padre levantó la cabeza y se encogió de hombros—. ¿Estás muy liado?
—Tengo que resolver un par de cosillas todavía. ¿Querías algo?
—Sí, bueno —Darío se sentó frente a él, sintiéndose muy nervioso de repente—. Gracias por la poción. Es muy buena.
—Más te vale no acostumbrarte a ella. La próxima vez que vengas tan borracho, no te daré nada. ¿Entiendes?
—Era una ocasión especial. Antonio se va y vamos a pasar mogollón de tiempo sin verle.
—Por eso os he echado un cable hoy. Pero no quiero que las ocasiones especiales se conviertan en una costumbre. Y me da igual que seas mayor de edad.
Darío asintió y observó sin demasiado interés los documentos de su padre. Dentro de poco empezaría sus estudios de economía, pero por el momento quería dedicar el verano a no hacer nada. Sabía que no podía quedarse allí callado durante mucho rato y que había ido a ver a su padre por un motivo en concreto, así que se lanzó a la piscina.
—Papá —Ricardo le miró de soslayo—. Lo que te dije el otro día… Yo no lo pienso de verdad. ¿Vale? Estaba muy cabreado y se me fue la pinza, pero no creo que seas… —Darío carraspeó, avergonzado por haber sido capaz de decir aquella sarta de idioteces.
—¿Un puto delincuente? —Ricardo terminó la frase y vio al chico estremecerse.
—Lo siento mucho. De verdad.
Ricardo suspiró. Bajó la pantalla del ordenador portátil hasta prácticamente dejarlo cerrado y decidió poner paz entre los dos. Era Darío el que se había pasado tres pueblos, pero Ricardo podía comprenderle y no quería que aquella situación se prolongara durante mucho más tiempo, así que zanjó el asunto por la vía rápida.
—Está bien, hijo. No pasa nada.
—¿En serio? —Ricardo asintió y le dirigió una sonrisa tranquilizadora—. Es que Natalia me gustaba mogollón.
—Apuesto a que sí.
—Pero Alf tiene razón. Es una idiota —Ricardo no dijo nada—. Todas no serán así. ¿Verdad?
—No lo creo.
—Pues menos mal.
Padre e hijo intercambiaron una mirada cómplice y comenzaron a hablar sobre lo ocurrido la noche anterior. A ambos les suponía un gran alivio que las aguas volvieran a su cauce.
En algún momento de un hipotético futuro…
—¿Y bien?
Darío se moría por conocer qué pensaba Isabel de su padre. Estaba enamorado hasta las trancas de esa chica y no se veía capaz de soportar un rechazo similar al que ya sufriera en el pasado. Isabel, consciente de lo difícil que esa situación era para él, le acarició una mejilla y le sonrió con dulzura.
—Tu padre ha sido muy amable. Me ha caído genial.
—Pero él…
—Ya lo sé, Darío. Y no me importa.
El joven se sintió inmensamente aliviado. Isabel le dio un beso en los labios y lo abrazó. Ricardo Vallejo no tenía el pasado más honroso del mundo, pero Isabel no quería estar con él. Ella quería a Darío porque era un hombre bueno y todo lo demás le daba absolutamente lo mismo. Quizá tuvieran que enfrentar algunos problemillas en el futuro, pero lo harían juntos y eso era más que suficiente.
Y hasta aquí voy a llegar. Espero que te haya gustado, Sorg. He escrito los dos capítulos con mucho cariño y ojalá haya podido poner mi granito de arena para que disfrutes de este día. Un besazo.
