HISTORIAS DE QUIDDITCH III
Sevilla. Mayo de 1999
El Herensuge de Navarra y los Flamencos de Sevilla* se jugaban el campeonato de liga. Durante toda la temporada ambos equipos se habían mostrado muy igualados y ese día se terminaría todo.
Alina Bennasar estaba muy nerviosa. Aunque era cazadora suplemente y tenía muy complicado jugar aunque fuera un minuto del partido, era la primera vez que se enfrentaba a un momento tan trascendente. Sentada en el banquillo del equipo visitante, luchaba contra las ganas de morderse las uñas. A su lado, Guillermo Suárez se desgañitaba animando a sus compañeros. Era uno de los golpeadores titulares, pero se había lesionado el hombro tres semanas antes y sólo había sido convocado para hacer piña. A Alina a veces le ponía nerviosa, pero ese día podía solidarizarse con él.
—¡FALTA, ÁRBITRO! ¡HA SIDO FALTA! ¿ESTÁS CIEGO?
La mirada que el aludido le lanzó a Suárez no fue demasiado agradable. Parecía morirse de ganas por expulsarlo del campo, pero todos sabían que sería un error hacer tal cosa porque el partido era de máxima tensión y podría meterse en follones innecesarios. Y, después de todo, lo único que Suárez hacía era gritar. Y muy alto, por cierto.
—¡ÁRBITRO! ¡PITA ALGO, JODER!
Puesto que Suárez estaba cada vez más alterado, la entrenadora tomó cartas en el asunto y le ordenó que cerrara la boca de una vez. Alina lo agradeció. Realmente no había motivos para ponerse tan nervioso porque el partido estaba resultando ser bastante limpio a pesar de su trascendencia. Aunque en casa nunca hubo demasiado quidditch por culpa de las manías raras de su padre, la chica era capaz de recordar unos cuantos encuentros de alto voltaje en los que las tanganas y las jugadas violentas eran la tónica reinante. En esa ocasión, los equipos rivales parecían tenerse más respeto que otra cosa. Los dos buscadores eran más o menos igual de buenos y, aunque el Herensuge se distinguía por tener el mejor trío de cazadores de Europa, el guardián de los Flamencos era el que menos goles había encajado en toda la temporada.
Alina no tenía ni idea de cuál sería el resultado final. De momento, iban empatados a sesenta y la snitch no se había dejado ver aún. Seguramente el partido lo ganarían los buscadores, algo poco habitual en un país que era más famoso por sus jugadores de campo que por los citados buscadores. De hecho, la selección llevaba años sin contar con un buen especialista en ese campo y por eso no solían obtener buenos resultados en las competiciones internacionales. Todo su juego se basaba en meter muchos goles y en recibir pocos y Alina sabía que lo tendrían complicado para ganar una Euroquidditch o un Mundial mientras esa situación no cambiara.
Estaba tan inmersa en sus pensamientos que no alcanzó a ver la jugada. Sólo prestó atención cuando escuchó el lamento del público y vio a Raúl Zarra tirado en el suelo. Era el cazador estrella del equipo y, aunque había superado la treintena hacía mucho, era el máximo goleador de toda la liga. A Alina le gustaba pensar que era su sustituta natural, pero realmente no se esperaba que fuera a ocurrir tan pronto.
Las asistencias salieron de inmediato a atenderlo con el sanador del equipo a la cabeza. La entrenadora se había puesto tensa y Suárez increpaba constantemente al golpeador rival que había estrellado la bludger contra el cuerpo de Zarra. Todos en el banquillo estaban tensos y preocupados porque el brujo herido no se movía. Al cabo de un par de minutos, sacaron a Raúl del campo y el sanador intercambió unas palabras con la entrenadora.
—Tiene una fuerte conmoción, nos lo llevamos a San Mateo ahora mismo.
—¿Es grave?
—No creo, pero me temo que te has quedado sin cazador para el partido.
El sanador no añadió nada más. La entrenadora se quedó muy quieta un instante, claramente molesta por aquel inconveniente, y Alina se preguntó qué haría a continuación. El partido estaba muy igualado y necesitaban a Zarra para ganar. Sus goles siempre eran decisivos porque era uno de los mejores jugadores de quidditch de la actualidad.
—Bennasar —La voz de la entrenadora sonó bastante tranquila—. Ponte las protecciones y sal ahí fuera. Sustituirás a Raúl.
—¿Yo? —Alina no daba crédito.
—No tenemos a ningún otro Bennasar en el equipo. ¡Vamos! ¡Muévete!
A pesar de que la orden no admitía réplica, Alina sólo reaccionó cuando Suárez le dio una fuerte palmada entre los hombros.
—¡Venga, Alina! ¡Ya has oído a la jefa!
Nunca se había sentido tan nerviosa en toda su vida. Iba a sustituir al mejor jugador en el partido más importante y dudaba mucho que fuera a estar a la altura, pero cuando se subió a la escoba y empezó a volar ocurrió lo impensable. Se olvidó de las presiones y se limitó a disfrutar como cuando era pequeña y jugaba al quidditch con su madre y su hermano.
Y fue genial.
Toledo. Esa misma noche.
Al final habían perdido, aunque a Alina le quedaba el consuelo de saber que no fue por su culpa. De hecho, logró meter cinco goles y hubieran ganado si el buscador de los Flamencos no hubiera cogido la snitch. Se sentía decepcionada porque prácticamente habían perdido la liga, pero al mismo tiempo estaba exultante de alegría porque había vivido su primera gran noche de quidditch. La entrenadora le había felicitado con una sonrisa que rara vez dejaba ver y Suárez le había hecho proposiciones indecorosas que le arrancaron unas cuantas carcajadas y que no pensaba aceptar por nada del mundo. Sin embargo, la joven cazadora no se sintió del todo feliz hasta que no regresó a casa y se encontró a su padre leyendo en el patio.
—Ya estoy aquí, papá.
No esperaba entablar más conversación. Era tarde y estaba cansada y últimamente su progenitor no estaba demasiado hablador, pero no pudo irse a su cuarto porque el hombre agitó la varita e hizo aparecer dos copas frente a él. Y una botella de champán.
—¿Y esto?
—Creo que tenemos algo que celebrar —Omar sonrió y le indicó con un gesto que tomara asiento—. Por lo visto, has jugado un partido impresionante.
—¿Lo has estado escuchando?
Aunque Omar no había vuelto a ponerle pegas respecto al quidditch, nunca hablaba con ella sobre el tema. De hecho, en algunas ocasiones se había encargado de parecer muy disgustado, así que Alina estaba realmente sorprendida.
—He hablado con tu hermano hace un rato. No va a poder venir, pero está muy orgulloso.
—No me has contestado, papá. ¿Has escuchado el partido?
Omar se quedó callado y sirvió el champán con aire distraído. Alina pensaba que no iba a decirle nada cuando habló.
—Digamos que alguien dio un buen grito cuando tu compañero cazador se lesionó y sentí curiosidad.
Alina no pudo evitar sonreír. De pronto le dieron muchas ganas de abrazar a ese hombre porque estaba encantadoramente gruñón. Pero no lo hizo. Su padre podría decirle que se merecía un respeto.
—¿Curiosidad? —Omar se encogió de hombros y Alina decidió tensar un poquito la cuerda—. Y dime, ¿tú también te has sentido orgulloso?
Nuevamente, su padre se quedó callado, pero al cabo de unos segundos le contestó. Parecía estar costándole un gran esfuerzo hacerlo, pero de todas formas Alina se alegró de escucharle.
—No puedo seguir negando que eres una buena jugadora de quidditch. Has heredado el talento de tu madre —Alina sonrió y no pudo decir nada—. Siempre he considerado que ese deporte es una pérdida de tiempo y creo que podrías dedicarte a otra cosa más útil, como aprovechar ese talento mágico que tienes, pero si lo que quieres es ser jugadora profesional cuentas con mi bendición.
—Gracias, papá —Alina contuvo las ganas de abrazarle. Casi podía sentir la fragilidad de su padre y, aunque Omar Bennasar casi siempre era un hombre fuerte, era mejor ni acercarse a él cuando bajaba las defensas.
—Cuando me enamoré de tu madre ya jugaba al quidditch y tuve que aceptarlo. Tú ya eres mayor de edad y puedes hacer lo que quieras, así que no me queda más remedio que aceptarlo también.
—Gracias otra vez.
—Sí, ya. ¿Por qué no nos bebemos el champán y nos vamos a dormir? Mañana tengo un montón de trabajo que hacer.
Alina aceptó de buen grado la proposición. Pasaron una media hora charlando y después se despidieron y se fueron a descansar. Antes de dormirse, la joven pensó que aquel había sido un gran día. De los mejores.
*Los Flamencos de Sevilla: Estaba yo buscando algún bicho que pudiera utilizar para inventarme el nombre del equipo de la ciudad andaluza cuando me topé con una fotografía de un flamenco (el ave, no el bailaor) y me dije que era perfecto y, bueno ahí queda eso. Decir que pienso que deberían jugar de rojo y blanco y que tuvieron su época de gloria justo por esa época. De todas formas, Sorg, espero que el nombrecito no te disguste.
Y pasando a otra cosa, mariposa, este capítulo me ha quedado más corto que los anteriores, pero era necesario como punto de inflexión porque ahora voy a dar un salto en el tiempo y vamos a ver cosas nuevas y que van más allá del ámbito deportivo. Procuraré actualizar prontito. Besos y hasta la próxima.
