HISTORIAS DE QUIDDITCH VIII
Campo de entrenamiento del Herensuge. Al día siguiente.
Todo parecía indicar que María Belmonte había tomado una decisión. Alina estaba ansiosa por saber algo más, pero la chica seguía sin dirigirle la palabra y Ana de Lebrón no tenía ganas de darle explicaciones a nadie. Lo único que la cazadora sabía era que su compañera se había reunido esa mañana con los directivos del equipo y que tampoco participaría en la sesión de entrenamiento.
—Tenemos un buen follón, ¿verdad?
Se llevó un sobresalto cuando Guillermo se colocó a su lado. Después de que el hombre abandonara su casa, Alina había pensado que el reencuentro entre ambos sería un tanto incómodo, pero realmente se sentía muy a gusto con él. Y Guille también parecía contento porque sonreía abiertamente. Saber que no se arrepentía de lo ocurrido era un gran alivio.
—María está hablando con los jefes. Creo que ya sabe lo que quiere hacer con el bebé.
—¿Tienes alguna idea de lo que ha decidido? —Alina negó con la cabeza—. Pues sea lo que sea, no hace muy feliz a McLaggen.
Alina entró en tensión. Con todo el asunto de Guille y sus besos, casi se había olvidado de él, pero ahora que lo tenía delante se sintió un poco molesta. Bueno, bastante molesta en realidad.
—¿No te parece que debería estar acompañando a María? Porque para fabricar bebés hacen falta dos personas.
—Ya —Suárez soltó una risita—. Para bien o para mal, a la única a la que le crecerá una barriga enorme será a María. McLaggen podrá seguir haciendo su vida normal como si nada —Alina hizo un mohín. Se hubiera cruzado de brazos si no tuviera su escoba entre manos—. Ya veo que te parece muy injusto.
—Pues sí, la verdad. Pero como no puedo hacer nada por cambiar las cosas, creo que lo mejor es que nos concentremos en el entrenamiento. Tenemos que ganar el próximo partido sí o sí.
—¡Esa es mi chica! —Guillermo le dio una palmadita en la espalda—. Eso sí, cuando hayamos terminado tenemos que hablar.
—¿Hablar?
—Sobre lo que pasó en tu sótano de los horrores, ya sabes.
—¡Oh, eso!
—En realidad tengo las cosas bastante claras, pero aún así…
—Me parece bien, Guille. Hablaremos después.
Él pareció satisfecho y al poco tiempo comenzaron a entrenarse. Aunque Alina tenía un montón de cosas en la cabeza, logró volar con la misma pericia de siempre y no se llevó ni una sola bronca de Ana de Lebrón. Y eso, tratándose de su entrenadora, era todo un logro.
Cuando regresaron a los vestuarios para cambiarse de ropa, María estaba allí, acompañada por el director deportivo del equipo y por la jefa de prensa. Se le veía bastante nerviosa y Alina quiso darle una colleja a McLaggen cuando pasó por su lado sin dirigirle la palabra. ¡Sería idiota!
—Hola, chicos —Dijo la joven buscadora cuando logró captar la atención de todo el mundo—. Me gustaría contaros algo muy importante. Como sabéis, llevo unos días sin poder entrenar con vosotros, pero no es por estar lesionada ni nada —María carraspeó y, aunque no sabía si sería bien recibida, Alina le dedicó una sonrisa animosa—. Lo que pasa es que estoy embarazada y voy a tener que apartarme del equipo durante unos meses, hasta que dé a luz y todo eso. Subirme en una escoba en mi estado podría ser peligroso, pero en cuanto me recupere del parto os prometo que volveré a entrenar con más ganas que nunca.
Todos se quedaron en silencio, incapaces de dar crédito a lo que ocurría. Alina se fijó en que McLaggen se había puesto más rojo que un tomate. Le hubiera gustado saber legeremancia para poder meterse dentro de su cabeza y averiguar en qué pensaba exactamente.
—Vamos a anunciar la retirada temporal de María durante la rueda de prensa del miércoles —Anunció el director deportivo—. Desde ya os advierto que nos esperan tiempos muy difíciles, así que confío en que seáis discretos ante los periodistas. El derecho a la intimidad de María es lo más importante ahora mismo, ¿entendido? A partir de este momento, somos una piña. Pase lo que pase, nos mantendremos unidos.
Todos asintieron, dispuestos a ayudar a su compañera en todo lo necesario. Alina quiso acercarse a la chica para demostrarle su apoyo, pero María desapareció de inmediato. Frustrada por no poder hablar con ella, se dio media vuelta y vio a McLaggen atándose los cordones de sus botas con parsimonia. Nuevamente se sintió furiosa y quiso ir a por él, pero el cuerpo enorme de Guillermo se interpuso en el camino.
—Hora de hablar sobre nosotros —Le soltó de sopetón.
—Antes tengo que darle una lección a ese cerdo.
—Venga, Alina. Vente conmigo, te invito a comer.
Sabía que Guille sólo quería calmarla y optó por dejarse llevar. Estaba hasta el moño de McLaggen y sus chulerías, pero Guillermo Suárez era más importante en ese momento porque él era su presente y, con un poco de suerte, su futuro. Pensó que la llevaría a su casa una vez más, pero cuando se desaparecieron juntos directamente desde el estadio, aparecieron en el barrio mágico de Sevilla.
—Un antiguo conocido de los campamentos de verano ha abierto un bar de tapas. Ya he venido antes y está todo riquísimo, así que prepárate para una experiencia gastronómica única.
Alina, que aún estaba un poco obcecada, siguió a Guillermo hasta un pintoresco bar con la fachada pintada en colores cálidos y llamativos. Estaba ubicado en un sitio estratégico, muy cerca de Biblos y de la tienda de varitas de Sileno Silvano, y tenía muy buena pinta. De hecho, el interior era aún mejor que el exterior y para cuando se acomodaron junto a la barra y pidieron una cervecita cada uno, la chica estaba de mejor humor.
—Lo malo de este sitio es que las peñas flamenquistas suelen reunirse aquí, así que cabe la posibilidad de que no salgamos vivos de la ciudad si nos ve algún forofo rival.
Alina tuvo que reírse. Guillermo aprovechó para pedir una sencilla ración de jamón y queso y, aunque en principio había esperado algo un poco más elaborado habida cuenta de la fama del local, tuvo que reconocer que el encanto muchas veces residía en la sencillez porque tanto el jamón como el queso estaban para chuparse los dedos.
—¡Uhm, qué rico!
—Ya te dije que lo disfrutarías un montón. Y esto es sólo el principio.
—Pues tengo la sensación de que como nos quedemos por aquí mucho rato, vamos a perder la buena forma física.
—Ya te digo.
Permanecieron callados durante unos segundos, hasta que Alina se removió con incomodidad y decidió sacar a relucir el tema que les había llevado hasta allí.
—Lo que pasó ayer estuvo bastante bien —Dijo, dispuesta a no dar ni un solo rodeo—. Si te soy sincera, llevaba algún tiempo esperando que algo parecido ocurriese, así que me sentí muy aliviada cuando me besaste.
Guillermo se rascó la nuca y carraspeó antes de hablar. Parecía costarle mucho más trabajo que a Alina eso de sincerarse, pero debía hacerlo por el bien de los dos.
—He estado un poco confundido —Confesó con voz tranquila—. Después de todo lo que pasó con Susana, de todo lo que aún está pasando, no tenía demasiadas ganas de empezar una relación con nadie. Pero, joder, yo también quería que pasara lo que pasó ayer. Creo que necesitaba un empujoncito y tu sótano me lo dio. ¡Y de qué forma!
—Así que me besaste porque estabas acojonado —Bromeó ella, aunque en el fondo temía que sus motivos no tuvieran nada que ver con sentimientos compartidos.
—Te besé porque no pude aguantarme más. Y me sentí bastante feliz cuando no me diste un bofetón, la verdad.
—¿Creías que no me gustabas?
—Alguna que otra vez me pareció ver indicios de que sentías algo más por mí, pero no estaba seguro. Sabes ser impasible cuando te interesa.
—Y aquí estamos.
—Sí, aquí estamos.
—¿Y qué va a pasar ahora?
Guillermo se encogió de hombros y le dio un trago a su cerveza antes de hablar.
—¿Qué quieres tú que pase?
Alina no se lo pensó. Tenía muy claras las ideas.
—Me gustaría intentarlo. Me divierto mucho cuando salgo contigo y me apetece ser algo más que una amiga.
—Hace unos meses me hubiera parecido imposible, pero a mí también me gustaría intentarlo. Quiero dejar a Susana atrás y empezar algo nuevo contigo.
—Eso suena genial —Y Alina se atrevió a agarrar una de las manos del hombre, la que no estaba apoyada en la barra. Lo hizo tan disimuladamente que absolutamente nadie se dio cuenta—. Pero creo que tendremos que ser discretos durante un tiempo.
—¿Discretos?
—Lo de María y McLaggen va a ser un bombazo y nadie necesita que el equipo salga en la prensa por causa nuestra. Esperaremos a que amaine el temporal, pasaremos algún tiempo juntos y si funciona, lo haremos público. ¿Te parece bien?
—Una relación secreta. Suena interesante —Guille esbozó una sonrisa un tanto maliciosa—. Será como tener una amante, sólo que sin tener una esposa. Encuentro furtivos, mensajes secretos y todas esas cosas.
El brujo se echó a reír y Alina le dio un golpe en el hombro.
—¡Mira que eres bobo!
Pasaron una buena parte de la tarde juntos. Cuando Alina regresó a casa, se sentía flotando en una nube y ni siquiera la mirada inquisitiva de su padre logró que su buen humor se viniera abajo. También tenía una conversación pendiente con él y, cuando se acomodó a su lado en el saloncito familiar, fue la primera en hablar.
—Perdona que no haya venido a comer —Dijo, aunque no había disculpa alguna en su tono de voz—. Guille me ha invitado.
—¿En serio? —Omar no pareció ni mínimamente impresionado, aunque dejó a un lado el libro que había estado leyendo para prestarle toda su atención—. ¿Ha ido todo bien?
—Perfectamente. Me ha llevado a un bar de tapas nuevo que han abierto en Sevilla y hemos pasado un buen rato.
—Pues me alegro mucho, hija. Parece un brujo decente. Un poco malhablado cuando jugáis al quidditch, pero decente.
—Pensaba que no sigues el quidditch.
—¡Bah, nimiedades! —Omar la miró con suspicacia y Alina sintió que podría ruborizarse de un momento a otro. No le gustaban un pelo esa clase de miradas—. ¿Quieres decirme algo, Alina?
Al menos le ponía las cosas fáciles. La joven se mordió el labio inferior antes de hablar, pero cuando lo hizo se sintió totalmente decidida a aclarar todas sus dudas.
—Cuando Guille entró en casa, la magia se comportó de forma extraña.
—Yo diría que le dio una cálida bienvenida, sí —Y Omar parecía contento por ello.
—Y luego en el sótano, pasó algo. Hubo un momento en que tuve la sensación de que la casa quería que… —Se interrumpió y agitó la cabeza—. No sé muy bien qué ocurrió.
—Supongo que no me dirás qué pasó, ¿cierto? —Alina ni se molestó en abrir la boca—. Supongo que fue algo bueno.
—Podría decirse que sí.
Omar asintió y permaneció callado un instante antes de hablar.
—Los edificios mágicos más antiguos pueden ser un poco temperamentales a veces. Los magos están ligados a la propiedad y la propiedad está ligada a los magos. Juntos forman un conjunto y, de la misma manera que nosotros cuidamos y protegemos nuestra casa, ella también vela por nosotros aunque no nos demos cuenta —Omar hizo una pausa y echó un vistazo a su alrededor—. Lo que ocurrió ayer con Guille lo he visto antes.
—¿Cuándo?
—Cuando tu madre pisó por primera vez esta casa. Ella también resultó bienvenida —Tras decir aquello, Omar se puso en pie y se tomó la libertad de darle un beso en la mejilla—. Si me disculpas, voy a pasarme por la Casa de las Tradiciones. Tengo algunos asuntos que atender allí.
Alina sintió y se quedó muy quieta durante un buen rato. Su padre le había dado buenas razones para reflexionar sobre ciertas cosas y gracias a él había comprendido que lo suyo con Guillermo Suárez no sería algo pasajero.
El día de la rueda de prensa, Alina estaba bastante nerviosa. Suponía que María lo estaría aún más y, aunque aún seguían peleadas, decidió acercarse a ella antes de que saliera a hablar con los periodistas. No fue recibida con los brazos abiertos, aunque al menos no había recibido ninguna maldición.
—Hola, María. ¿Cómo estás?
—¿Tú qué crees?
—Siento que estés pasando por todo esto, pero quiero que sepas que estoy de tu lado.
La chica la miró con cierto rencor y, cuando habló, a Alina le quedó muy claro que aún era extraordinariamente joven. Casi una niña.
—Te chivaste.
—No podía dejar que hicieras tonterías. Sé que estás enfadada conmigo por eso, pero no me arrepiento de haberlo hecho. Fue lo mejor.
María tardó en reaccionar, pero finalmente se encogió de hombros.
—¿Estás segura de que quieres seguir adelante con el embarazo? —Preguntó Alina con suavidad.
—He tenido mucho tiempo para pensar en ello y he hablado con mucha gente. Cada uno tenía una cosa que decir y estoy segura de que no todos están contentos con mi decisión, pero tengo el apoyo de mi familia y eso es lo que más importa. Sin ellos, no podría seguir con esto.
—¿Y McLaggen?
Nuevamente, la chica tardó en responder. No parecía muy contenta con la actitud de su novio, pero tampoco abiertamente hostil con él.
—Creo que todo esto le viene un poco grande. No está acostumbrado a asumir ninguna clase de responsabilidad, pero me ha dicho que va a ayudarme en todo lo que pueda. No es que se muera de ganas por ser padre, pero va a asumir las consecuencias de sus actos.
—¡Vaya! Pues me alegra oír eso.
—¿Qué te pensabas que iba a hacer?
—¿Sinceramente? —María asintió—. No quiero que te molestes, pero McLaggen me parece un cerdo. Creí que te iba a dejar tirada.
—Pues me alegra que te haya sorprendido.
—Sí —Alina se rió. El enfado de María parecía haberse extinguido casi por completo—. ¿Seguís juntos?
—Más o menos. Él quiere que nuestra relación sea como antes del embarazo, que nos divirtamos juntos sin hacernos promesas y sin esperar demasiado del futuro. Antes era divertido estar así, pero ahora…— María se llevó las manos al vientre—. Creo que necesito algo más y no estoy segura de que él esté preparado para dármelo.
—McLaggen tendrá que madurar, sobre todo después de que nazca el bebé —María no movió un músculo ante esa declaración de su recién recuperada amiga—. En algún momento dejará de estar interesado en las relaciones esporádicas y buscará la estabilidad. Vais a tener un hijo juntos. Es la excusa perfecta para sentar cabeza.
—Pues yo no quiero que esté conmigo sólo por el niño —Aseguró con decisión la joven buscadora—. Ósea, quiero estar con él porque me gusta muchísimo y le he cogido cariño, pero no quiero que se sienta obligado a nada —María suspiró con frustración y se cruzó de brazos—. ¡En fin! Ya veremos qué pasa. De momento, todo está saliendo mejor de lo que pensaba.
Alina asintió y decidió que dejar de hablar de McLaggen les vendría bien a ambas.
—Supongo que ya habrás ido a que te vean los sanadores —María asintió—. Y todo está bien, ¿cierto?
—El bebé está perfectamente. Me han dicho que va a ser un niño.
—¡Vaya! ¡Un niño! ¡Enhorabuena!
—A Cormac le gustó saberlo. Se puso muy contento cuando se lo dije. Me ha prometido que la próxima vez vendrá conmigo al hospital.
—Eso es bueno.
—¡María! —La jefa de prensa interrumpió la charla—. Nos están esperando.
La joven se envaró y Alina le pasó un brazo por los hombros para animarla. Sabía que esa chica necesitaría todo el apoyo de sus amigos para salir adelante y estaba dispuesta a dárselo siempre y bajo cualquier circunstancia.
Campo del Herensuge. Marzo de 2006
Alina era muy feliz cada vez que se subía a una escoba, pero desde que había empezado a salir con Guillermo Suárez, dicha felicidad había alcanzando cotas elevadísimas. Muchos deportistas se desconcentraban en su trabajo cuando andaban con líos amorosos, pero a ella le pasaba justo lo contrario. Cuanto mejor le iban las cosas con Guille, mejor cazadora era. La prensa deportiva ya daba por hecho que sería titular indiscutible de la selección en el Mundial, estaba a diez goles de convertirse en la máxima anotadora del campeonato y había un par de equipos europeos interesados en ella. Incluso Ana de Lebrón le había felicitado por su buen hacer. Casi nadie sabía que Guille y ella estaban juntos y, por el momento, era mejor así.
No se arrepentía en absoluto de haber dado aquel paso tan trascendental. El quidditch siempre le había quitado mucho tiempo y nunca había sido de tener novios, así que estar con Guille estaba resultando ser una aventura cautivadora. Cada nuevo descubrimiento que hacían juntos era más emocionante que el anterior y ya habían hecho planes para pasar el verano en el lugar más alejado del mundo: Nueva Zelanda. Se irían a recorrer buena parte del país al estilo muggle y pensaban disfrutar de la intimidad que no podían permitirse tener en España. Pero antes tendrían que terminar el campeonato y jugar el Mundial. Si lo ganaban, Alina estaba segura de que bien podría transformarse en uno de los famosos patronus de John Doe, el que fuera su profesor de magia durante su arisca adolescencia.
Alina le echó un vistacillo a Guillermo. Había muy buenos golpeadores nacionales y lo tenía complicado para ir a la selección, pero la joven tenía esperanzas. Guille se lo merecía. Había tenido muy mala suerte con las lesiones, pero era un jugador aguerrido y cualquier seleccionador con dos dedos de frente lo tendría en mente. Sólo necesitaba hacer una buena recta final de temporada, seguir progresando adecuadamente y ganar algún título. El campeonato nacional o la liga europea. Cualquiera de las dos cosas le ayudaría en su camino a la gloria.
Alina decidió que no podía seguir pensando en ello y se concentró en el juego. Estaban rindiendo a un gran nivel y los jugadores del equipo rival andaban un poco desquiciados, pero realmente no pensó que aquello pudiera ocurrir. Fue cuestión de segundos, pero uno de los golpeadores contrarios soltó un improperio y se lanzó sobre Guillermo, dándole un horrible golpe con su bate, justamente en el hombro que tanto le había dado la lata.
El grito de dolor hizo que el estadio enmudeciera. Alina pensó que Guille se desmayaría y no dudó a la hora de volar junto a él, pero su compañero era un tipo duro. Estaba pálido como un muerto y el brazo tenía una postura antinatural, pero se mantuvo consciente mientras los magisanitarios le sacaban del campo para llevarlo directo a San Mateo.
Alina no necesitó escuchar el diagnóstico de los sanadores para darse cuenta de que el pobre Guille se había quedado sin Mundial. Y, probablemente, sin carrera.
Y hasta aquí voy a leer. He querido dejarlo en lo más, ¿emocionante? El minific está llegando a su fin. Todavía quedan un par de detalles que contar sobre McLaggen y María y, por supuesto, sobre Alina y Guille, pero habrá que esperar un poco más. Creo que con dos capis más tendré suficiente para dejar finiquitada su historia, pero ya veremos.
Ya sabéis lo que hay que hacer para dejar vuestras impresiones. Besetes y hasta pronto^^
