HISTORIAS DE QUIDDITCH X
Hospital Mágico de San Mateo. Marzo de 2006.
El equipo médico del Herensuge y la sanadora de San Mateo que le había atendido estaban de acuerdo en una cosa: después de la última lesión, sería muy complicado recuperar al cien por cien sus facultades físicas. Para Guillermo, la noticia fue devastadora. Ya se había dado cuenta en el campo de quidditch de que su hombro estaba realmente jodido, pero había conservado la esperanza de recuperarse. Quería terminar la temporada, seguir luchando para ir al Mundial, jugar durante un par de años más. Pero ya no podría. Todo se había ido a la mierda en cuestión de segundos y no tenía muy claro qué quería hacer a continuación. El cuerpo le pedía que se pusiera a llorar como un niño y el corazón que fuera a por el maldito bastardo que le había golpeado para cantarle las cuarenta.
Por suerte para él, los sanadores habían sido tajantes. Debía guardar reposo absoluto durante un par de días, hasta que todo volviera a estar en orden. Guillermo sabía que tendría que hacerles caso por más que le fastidiara estar en cama. Había pasado una mala noche por culpa de la poción crecehuesos y esa mañana estaba agotado. El hombro le dolía horrores y tenía la cabeza repleta de pensamientos. Quien más le preocupaba era Triki, que se había quedado solo en casa y que posiblemente aprovecharía la ocasión para convertir el retrete en su piscina particular. Lamentándose por su mala suerte, Guillermo intentó incorporarse. Craso error. El latigazo de dolor le recordó que estaba convaleciente y finalmente apoyó la cabeza en la almohada, mascullando maldiciones.
La sanadora aprovechó justo ese momento para entrar. Se llamaba Amaia Vilamaior y era una mujer muy agradable. Guillermo, que por lo general acostumbraba a ser un paciente de lo más desagradable, no se sentía con ganas de ser borde con ella. Ni siquiera en las actuales circunstancias.
—Buenos días, señor Suárez —La mujer se acercó a la cama al tiempo que le echaba un vistazo a su informe—. ¿Cómo se encuentra esta mañana?
"Jodido" pensó, pero se contuvo para no decirlo en voz alta.
—He estado mejor, la verdad.
—Ya me imagino. Tiene dos fracturas muy graves en la clavícula y en el húmero.
—Ese cabrón me dio un buen golpe.
Se arrepintió de inmediato por ser tan mal hablado, pero la sanadora sonrió y apenas le dio importancia a sus palabras.
—Voy a hacer un hechizo de diagnóstico. Procure no moverse. No sentirá ninguna molestia.
Guillermo asintió. Ya estaba acostumbrado a aquella clase de cosas, así que no le sorprendió nada del minucioso análisis al que se vio sometido a continuación. La sanadora Vilamaior sabía perfectamente lo que se traía entre manos y al terminar, sonrió satisfecha.
—Está usted mejorando considerablemente. Tendrá que tomarse una nueva dosis de poción para fortalecer los huesos, pero no creo que surjan problemas durante lo que resta de regeneración ósea.
—¿Eso significa que cabe la posibilidad de que pueda volver al equipo?
—Es pronto para decirlo, señor Suárez, pero voy a serle sincera. Yo no tendría muchas esperanzas.
Guillermo soltó un gruñido y dejó caer nuevamente la cabeza hacia atrás. Aquella situación era terriblemente frustrante. Lo peor de todo era saber que ya no importaba cuánto luchara porque el juego se había acabado para siempre.
—Entiendo —Consciente de que tendría que ir haciéndose poco a poco a la idea, el brujo hizo otra pregunta que también le preocupaba—. ¿Qué clase de secuelas podría tener a largo plazo?
—Ha sufrido numerosas lesiones durante su carrera deportiva. Muchas de ellas fueron bastante graves y, aunque se recuperó satisfactoriamente, es posible que se resienta de ellas con la edad —Amaia hizo una pausa y pareció pensarse si sería conveniente o no seguir hablando. Finalmente lo hizo—. Mi abuelo fue Martín Amatriaín. ¿Ha oído hablar de él?
—¿Bromea? Es una leyenda del quidditch. Claro que he oído hablar de él. Creo que mi abuela aún conserva algunas fotografías de sus años como jugador.
—Él también sufrió bastantes lesiones durante su carrera y después sufrió las consecuencias.
Guillermo se quedó callado. Aquello no le ayudaba a sentirse mejor, pero apreciaba la sinceridad de la mujer.
—Sería adecuado un seguimiento constante y, si en algún momento siente molestas, existen ciertos tratamientos bastante efectivos —La sanadora le sonrió—. Por lo pronto, debe recuperarse de su última lesión.
—Y dejar el quidditch.
—Eso es —La mujer anotó un par de cosas e hizo aparecer un par de viales con poción. A Guillermo no le gustaban un pelo, pero se las tomó mansamente—. Vendré a verle más tarde. Si nota cualquier anomalía, avise de inmediato.
El brujo asintió y observó a la sanadora mientras se marchaba. Sin poder evitarlo, se puso a pensar en todas las cosas malas que podrían ocurrirle en el futuro, así que agradeció enormemente que alguien llamara a la puerta. Y cuando descubrió que Alina asomaba la cabeza con cierta inseguridad, el corazón le dio un vuelco.
—¡Oh! Pensé que estarías dormido.
—Pues no. Pasa, por favor.
La chica sonrió, entró y volvió a dejar la puerta cerrada. Estaba tan guapa como siempre y a Guillermo le pareció que también estaba preocupada. Por él. Le subió algo cálido por el pecho y se dijo que si Alina no se acercaba a la cama, él mismo iría a buscarla para darle un fuerte abrazo. Por fortuna, no tuvo que enfrentarse a ningún dolor agónico porque Alina ya estaba a su lado y se había inclinado para darle un beso.
En la mejilla.
¡Qué desilusión!
—¿Cómo estás?
—No muy bien.
—¿Te duele? ¿Has pasado mala noche?
—Me han atiborrado a pociones, pero aún así me duele. ¿Sabes qué me haría sentir mejor? —Alina negó con la cabeza y Guille sonrió para sus adentros cuando comprendió que estaba dispuesta a hacer lo que fuera por él—. Un beso.
—¿Qué?
—Estoy enfermo y me gustaría mucho que me des un beso. De los de verdad, no esa birria en la mejilla.
Alina le miró con estupefacción y el pobre brujo pensó que estaba a punto de dejarle plantado, pero al cabo de unos segundos, la chica sonrió y se inclinó cuidadosamente sobre él. Se notaba a la legua que no quería hacerle daño en el hombro.
—Mira que eres sinvergüenza, Guille.
—Porfi, Alina. Me duele muchísimo.
Tras decir eso con la voz más infantil que fue capaz de imitar, hizo un puchero. Alina soltó una carcajada y le besó. Fue un beso lento y dulce y Guillermo se sintió más que satisfecho cuando terminó.
—¿Contento? ¿Te sientes mejor ahora?
—Un poquito, la verdad. Aunque me vendrían bien un par de arrumacos más.
—Arrumacos, dice —Alina puso los ojos en blanco y echó mano de su bolso—. Pues antes de seguir con eso, tengo que enseñarte algo. Me he tomado la libertad de pasar por tu casa y mira a quién me he traído.
—¡Triki!
Efectivamente, Alina había extraído al puffskein de su bolso. En animalillo no tardó ni un instante en arrojarse sobre su amo y se hizo una bolita sobre su pecho.
—No creo que puedas quedártelo en el hospital, así que me haré cargo de él mientras estés ingresado.
—¿Qué?
—Me acordé de que se había quedado solo y de lo rebelde que es y he ido a por él. No te importa, ¿verdad?
—¡Qué va! Si te lo agradezco un montón —Guillermo acarició el pelaje azul del puffskein—. Pobrecillo Triki, con lo poco que le gusta dormir solo. ¿Ha organizado algún desastre?
—Nada fuera de lo normal.
—Lo que quiere decir que el baño estaba asqueroso —Alina sonrió y se encogió de hombros mientras se sentaba en la cama.
—Me he encargado personalmente de dejarlo todo limpio y ordenado, así que no te preocupes por nada. Además, Triki y yo nos llevamos divinamente, así que no me importa cuidarlo durante unos días.
—Pues muchas gracias. No sabía qué hacer con él. Pensaba pedirle a mis padres que se lo quedaran, pero tampoco se llevan bien. A mi padre no le gustan mucho los bichos.
—Ya. ¿Y están por aquí? Tus padres, digo.
—El sanador del equipo habló con ellos anoche y le dijeron que iban a venir a verme hoy —Guille suspiró teatralmente—. ¡Padres! No importa las veces que les digas que no tienen que preocuparse por nada. Ellos siempre se preocupan.
—¿Y qué esperabas? ¿Librarte de ellos para siempre?
Guillermo se rió y agitó la cabeza. Intentó cambiar de lugar a Triki, pero el bicho se le había aferrado con sus garritas al pijama del hospital y no hubo manera.
—¿Te han dicho ya que la lesión es muy jodida? —Dijo al cabo de unos segundos. No llevaba demasiado tiempo saliendo con Alina, pero se sentía bastante deprimido y necesitaba compartir con ella su tristeza. Sabía que era una persona de total confianza y, joder, la quería. No era la clase de amor enloquecedor que había sentido por Susana, pero la quería un montón y sabía que tenían futuro juntos. Quería tener futuro con ella.
—Ayer hablé con la entrenadora y me lo dijo. Lo siento mucho, Guille —Alina le había colocado una mano en el pecho y él se sintió muy reconfortado.
—Ese cabrón de mierda me ha jodido bien. ¿Qué mosca le picaría?
—Los hay que tienen mal perder. En la prensa dicen que el Comité Disciplinario de la Federación de Quidditch va a tomar cartas en el asunto y es posible que le suspendan durante el resto de la temporada.
—Y mientras yo tendré que retirarme —Alina no le dijo que podría intentarlo de nuevo y eso sólo contribuyó a que todo fuera más real aún—. ¡Joder! Se me ha acabado el quidditch, Alina.
—¿Y?
—¿Cómo que "y"?
—Pues que es una putada lo que te ha pasado, pero no es el fin del mundo —Alina le sonrió, repleta de optimismo—. ¿Recuerdas que hablamos de nuestros planes de futuro? No deberías pensar que se ha acabado el quidditch. Piensa que tu carrera como cuidador de criaturas mágicas está a punto de empezar.
Guillermo pensó en ello un segundo y finalmente también sonrió.
—A eso le llamo ver el vaso medio lleno.
—Verlo medio vacío es una pérdida de tiempo. Me hubiera encantado poder ir contigo a ese Mundial, Guille. Hubiera sido fantástico compartir la experiencia contigo, pero también me gustará acompañarte en esta nueva etapa que vas a comenzar. Además, la lesión tiene una gran ventaja.
—¿La tiene?
—Ya no tendremos que ser discretos —Alina se inclinó nuevamente y le dio un beso. Triki protestó un poco e incluso le gruñó a la bruja, pero fue ignorado por completo—. Me apetece un montón salir por ahí contigo, sin tener que escondernos y hacer lo que nos apetezca y cuando nos apetezca.
—La verdad es que suena bien.
—Además, los periodistas están muy ocupados persiguiendo a McLaggen y a María y a nosotros nos dejarán en paz. Su historia es mucho más emocionante que la nuestra. ¡Hasta hay un embarazo de por medio!
—Tienes toda la razón —Guillermo alzó la cabeza y le tocó el turno de besarla—. Gracias por venir. Estaba aburridísimo.
—¿En serio? Pues te aseguro que vas a estar entretenido toda la mañana porque no pienso irme de aquí hasta que te canses de mí.
—Pues vas para rato.
Alina se rió y, entonces, se quedó muy seria y le dio un suave golpe en la parte de su pecho que no había sufrido ninguna lesión.
—¡Estaba preocupadísima por ti, idiota!
—¡Eh! ¡Que yo no tengo la culpa de nada!
—¡Me da igual! ¡Eres idiota!
—Pero si me porté como un hombretón en el campo. No me desmayé ni nada porque no quería que te asustaras.
—¡Vaya! Muchas gracias. Eres todo un caballero.
—Alina —Guillermo volvió a poner voz de niño pequeño—. Me sigue doliendo mucho. ¿Me das otro besito?
Ella sonrió y no pronunció palabra. El nuevo beso les supo a gloria a ambos.
Abadía 51. Barrio Mágico de Madrid. Abril de 2006.
Guillermo Suárez no pudo contener las lágrimas cuando anunció ante toda la prensa deportiva que se retiraba del quidditch. Había sido un momento muy duro tanto para él como para sus compañeros de equipo y habían terminado todos en Abadía 51, despidiéndose por cortesía de la directiva del Herensuge.
Alina, que estaba sentada junto a la barra haciéndole compañía a María, observó como el antiguo golpeador estrechaba la mano de McLaggen. El tipo seguía cayéndole igual de mal, pero deportivamente hablando estaba siendo uno de los mejores guardianes del campeonato. Tras su irregular comienzo, se había puesto las pilas y convertido en el titular indiscutible. Y estar con María le había ayudado a sentar cabeza, no cabía duda.
—Así que estáis juntos —Comentó la chica. La barriguita ya se le notaba bastante y a Alina le parecía que se estaba poniendo muy guapa. Se le veía contenta—. Suárez y tú.
—Las noticias corren como la pólvora, ¿no?
—A estos periodistas no hay forma de ocultarles nada —María se encogió de hombros. La prensa le había dado tantas vueltas a su embarazado que a la pobrecita no le había quedado más remedio que acostumbrarse a la situación.
—Se comenta que McLaggen ha recibido ofertas de un par de clubes británicos —Alina habló con cierta cautela, consciente de que era un tema un tanto espinoso. María sólo asintió—. ¿Va a aceptar alguna?
—Aún no ha tomado una decisión. Tiene muy claro que quiere estar cerca de nuestro hijo, pero también le hace mucha ilusión volver a su país —María se acercó un poco a ella y le habló en voz baja—. Lo que voy a decirte es un secreto, pero los Flamencos también le han tentado. Lo más seguro es que la guardiana que tienen ahora se vaya a jugar a Perú el año que viene y están muy interesados en él. Le ofrecen un montón de dinero y podría ser una buena solución para todos.
—¿El Herensuge no va a mejorar las condiciones del contrato?
—Después de los quebraderos de cabeza que les hemos dado entre Cormac y yo, no creo que le pongan muchas pegas si se marcha.
Alina no podía decir que le gustaría que se quedara en el equipo. McLaggen no le gustaba un pelo.
—Además, queremos irnos a vivir juntos. Si al final se va a Inglaterra, seguramente yo busque algún equipo allí.
—No lo tendrás fácil. Los ingleses siempre han tenido buenos buscadores.
—Pero tengo que intentarlo. Quiero estar con Cormac y que nuestro hijo crezca con los dos. No concibo otra cosa para nosotros.
Alina podía entenderla perfectamente, así que le estrechó la mano y le deseó toda la suerte del mundo. Personalmente, prefería que McLaggen aceptara la oferta de los Flamencos para que María no tuviera que marcharse de España, pero la decisión no dependía de ella. Era una cuestión de pareja, prácticamente familiar, y los consejos estaban de más.
—Por aquí viene nuestro viejo golpeador —María se levantó para darle un abrazo a Suárez—. No sabes la rabia que me da saber que no vamos a jugar juntos nunca más. Eras el mejor cubriéndome las espaldas.
—Como te oigan los otros golpeadores se nos van a mosquear y dejarán que la próxima temporada de las apañes tú sola.
—Apuesto a que lo harían.
—Además, siempre podremos echar alguna pachanguita en el futuro, cuando nuestros hijos se conviertan en la próxima generación de jugadores de quidditch del país.
—Te tomo la palabra, Suárez.
María le dio un beso en la mejilla y fue a reunirse con su novio. Guillermo no tuvo problema alguno a la hora de rodear a Alina con sus enormes brazos y darle un beso en los labios.
—¿Sabes qué me apetece ahora mismo? Irme a casa contigo. Estar a solas.
—Tendremos todo el tiempo del mundo para eso. Ahora toca disfrutar de la fiesta.
—Mi fiesta de despedida —Guille suspiró—. Suena tan raro.
—Pues es real. Pásatelo bien y olvídate de lo demás. Mañana será otro día.
Y, aunque dejar de lado la pasión de su vida le dolía un montón, Guillermo se dio cuenta de que su chica tenía razón. El futuro estaba a la puerta de la esquina y no pensaba desaprovechar la ocasión de disfrutar de él.
Y con esto, sólo queda poner el broche final a la historia. Nos vemos pronto. Ya sabéis lo que hay que hacer para dejar comentarios. Besetes^^.
