Unas semanas después de Crait, la Primera Orden parecía haber perdido todo rastro de la Resistencia. Ni siquiera su más abnegado General, Armitage Hux, lograba dar con la pista que los guiara hasta ellos.
El flamante Líder Supremo Kylo Ren estaba constantemente molesto y con justa razón. El hecho de que su madre y el puñado de rebeldes y traidores se hubieran escapado en el Halcón Milenario estando tan cerca de acabar con ellos de manera definitiva, no le irritaba tanto como el rechazo de Rey.
Durante la última conexión que la Fuerza les obligó a compartir, él sintió la decepción de la joven, pero lo que más le dolió fue su condescendencia porque había sembrado en su corazón oscurecido por las tinieblas, algo que no se podía permitir: duda y esperanza. Y algo más.
Rey sabía quién era Kylo Ren en realidad, debajo de su carácter implacable y tenebroso. Ella había rascado la superficie, abriendo una herida mal cicatrizada como la que desfiguraba su rostro desde Starkiller. Ella le había llamado por su nombre, ese que tanto odiaba porque era parte de su legado, minutos antes de unirse a él para enfrentar a Snoke. Rey se había metido debajo de su piel, causándole una clase de dolor y desesperación que nunca antes había experimentado y que no podía comparar con ninguna clase de herida en combate.
Los droides se ocupaban de sanar su cuerpo, la sangre y los huesos rotos no le detuvieron jamás en su propósito. Pero ¿quién borraría de su mente las pequeñas chispas de Luz que ella había avivado con su inquebrantable fe en la redención? ¿Cómo sería capaz de volver a casa después de lo que había hecho?
El conflicto en su interior era insoportable y por momentos no había escapatoria. Las voces en su cabeza se habían silenciado desde que asesinara a Snoke, pero en su lugar no existía nada o nadie que le sirviera de consuelo o de guía. El joven asustado y abandonado que todavía habitaba en un rincón de su alma, arañaba las paredes de su prisión intentando salir.
Y Kylo sabía que Rey era su debilidad. Ella era todo lo que él jamás sería, seguramente su propia madre la consideraba como a una hija cuando podría haber luchado por él. Pero aún así era incapaz de odiarla por eso. Él había elegido esta vida, aunque siempre se decía a sí mismo que no tuvo otra opción.
Los días estandar parecian tener más horas de lo normal y cada vez llegaba más agotado a la cama, como si cada minuto que pasaba sin saber de Rey lo debilitara aún más. Los enlaces se habían interrumpido desde hacía tiempo, ya no sentía el zumbido familiar que había llegado a molestarle tanto.
Sin embargo, el silencio del otro lado del enlace tampoco era una alternativa mejor. Se había quedado con las palabras atoradas en la garganta, el deseo de decirle algunas cosas a Rey en voz alta.
Pero lo pensó mejor. ¿Acaso no iba a empeorar todo con hablar? La última vez no había elegido bien sus palabras y los resultados estaban a la vista. Aunque desde entonces tuvo bastante tiempo para pensar y reconocer en qué se había equivocado.
Cuando volviera a ver a Rey, si la Fuerza se dignaba a conectarlos, no se comportaría como un adolescente inexperto. No. Como Líder Supremo tenía la investidura para obligar a todo el mundo a hacer lo que él quisiera pero sabía que nada de eso funcionaría con la joven. Tampoco se iba a ablandar demasiado, no se creía capaz de hacerlo, pero sospechaba que podría usar otras tácticas con Rey. Quizás una invitación a pasar tiempo con él o tal vez un regalo.
Cuando era niño había presenciado este tipo de situaciones con sus padres, claro que Han y Leia tenían una relación, a diferencia de Rey y él, y que conste que él estaba más que dispuesto a aventurarse a ello.
Muchas veces, más de las que podría enumerar, su madre se frustraba por algunas acciones de Han y no reprimía sus quejas delante de su hijo. Pero su padre siempre tenía una buena razón para cada cosa que hacía y cada vez que regresaba de alguna aventura, ilícita o no, volvía con las manos llenas y Leia se calmaba con sus muestras de afecto.
Quizás se necesitaban demasiado y eso siempre fue para Kylo un signo de debilidad que ahora se volvía en su contra: descubrir que quería y necesitaba ser amado por alguien.
Pensar en sus padres le dibujó una sonrisa amarga en el rostro. Durante algún tiempo fue posible ser feliz en esa familia, breves instantes que jamás volverían porque él se habia encargado de eso al asesinar a su padre.
Su sonrisa se disolvió sin dejar rastro mientras se miraba en el espejo del cuarto de baño de sus cuarteles con deseos casi irreprimibles de destrozar el vidrio, como si con eso pudiera cambiar algo de lo que había hecho.
Pero no podía hacer eso así que tendría que elaborar un plan con los jirones que le quedaban sin que eso lo desviara demasiado de su objetivo principal de obtener todo lo que quería de Rey. Quería tenerla a su lado para gobernar la galaxia juntos, tentándola con algo que ella no pudiera resistir, aunque todavía no supiera bien dónde conseguiría esa mágica excusa.
Ya sin energía por pensar tanto en la carroñera y cansado por los eventos de la agitada jornada como Líder Supremo, Kylo Ren se acostó de cualquier manera sobre su gran litera de sábanas negras y rojas, boca abajo y enterrando la cara entre dos mullidas almohadas como si con ese gesto pudiera aislarse del resto del mundo. Ni siquiera se molestó en quitarse la ropa o ponerse cómodo para dormir, estaba cansado y tampoco le importaba demasiado. Aunque tuvo cuidado de quitarse las botas y el cinturón, colocando el sable de luz cerca de él encima de una mesa auxiliar por si algún ataque inesperado le obligaba a salir corriendo.
Dormir era realmente una molestia pero Kylo no quería usar el poder del Lado Oscuro para mantener a su cuerpo en estado de vigilia permanente. Era un ser humano, después de todo. Y la idea de ser absorbido por completo por esa clase de poder, en detrimento de su apariencia física no le entusiasmaba. Recordó el desfigurado rostro de Snoke con asco, porque era una consecuencia de la maldad que llevaba en su interior y hacía que se pudriera por dentro. La perspectiva de parecerse a él le repugnó bastante por motivos que apenas comprendía, pero que tenían que ver por la forma en que deseaba que cierta joven lo mirara.
Kylo no se consideraba atractivo ni era fanático de sus particulares rasgos, su nariz y sus orejas siempre habían sido motivo de burla y sus manos demasiado grandes y torpes para las misiones delicadas de protocolo que su madre le había obligado a aprender. Aunque las rutinas de entrenamiento junto con su altura colosal lo hacían temible en batalla. Usaba mascara porque si bien podia negarle a todo el mundo que era descendiente de Leia y de Han, el parecido con sus padres no dejaba lugar a dudas acerca de su parentesco.
De todas formas, tenía que dormir y eso iba a hacer. Las estrategias y los planes podrían esperar unas horas.
Se durmió pensando en frivolidades, considernando que su vida estaba cargada de fatalidad y sus sueños mezclaron caprichosamente el pasado, el presente y la fantasía, en combinaciones extrañas que por suerte olvidaría apenas despertara.
Pocas veces le ocurría pero cuando despertaba sin saber exactamente en donde estaba o qué día era, una sensación de nerviosismo se extendía por su cuerpo. Durante los primeros segundos la confusión daba paso al miedo y luego a la calma al reconocer las paredes y los pocos muebles de sus aposentos junto con la odiosa luz intermitente de la puerta de entrada que nunca había logrado apagar.
Mientras estiraba su largo cuerpo e inspiraba profundamente para que el aire reciclado ingresara en su cerebro y en sus pulmones, apoyó uno de sus codos en el colchón para girar y quedar boca arriba. Al parecer no había cambiado de posición mientras dormía.
Pero al hacerlo, sintió algo extraño a su lado. No había suficiente luz como para distinguirlo, pero estaba seguro de que se trataba de alguien más .
Entre las brumas del sueño, el corazón de Kylo comenzó a latir asustado mientras intentaba pensar con claridad. ¿Quién estaba ahí? O mejor dicho, ¿cómo había logrado entrar a sus cuarteles protegidos por cinco claves que sólo él conocía?
Pero ya sabía la respuesta, sólo podía tratarse de una persona, la única en la galaxia que tenía el poder para hacer algo semejante. Supo que Rey estaba a su lado, completamente dormida y ajena a la presencia de él, porque un ronquido bastante fuerte se lo confirmó.
Rey estaba plácidamente dormida en su cama. Junto a él, como si fuera lo más natural del mundo.
Se sentó lentamente en la cama, intentando no hacer ningún movimiento que pudiera despertarla mientras asimilaba los hechos, reuniendo calma con una entereza que ni sabía que tenía.
Rey está durmiendo a mi lado. Y se ve tan hermosa.
Sacudió la cabeza, el curso de sus pensamientos no le estaba ayudando a concentrarse y comenzaba a sentir otras cosas que no colaboraban con su delicada situación.
La Fuerza .
Era la única explicación razonable. La Fuerza había creado un enlace para ellos mientras dormían, cada uno en um extremo de la galaxia desconocido para el otro, y de alguna manera ambos compartían la misma cama. Su cama.
Kylo contuvo la respiración al sentir que Rey se movía, buscando una posición más cómoda pero sin abrir los ojos todavía. ¿Cuánto iba a tardar en darse cuenta de lo que ocurría? ¿Por qué no se despertaba? ¿Cómo iba a reaccionar cuando se diera cuenta de que ya no estaba entre sus amigos de la Resistencia, sino a merced de su peor enemigo?
Si estaba en lo cierto, el enlace no duraría mucho y con suerte ella pensaría que se trataba de un sueño. O de una pesadilla.
Pero Kylo no iba a hacer nada, Rey estaba a salvo con él. En parte porque ya no iba a hacerle daño nunca más y en parte porque estaba demasiado hechizado por ella y por la rareza de las circunstancias.
Rey murmuraba palabras apenas audibles y él deseó acercarse para oír pero no lo hizo porque tenía muchísimo miedo.
El Lider Supremo de la Primera Orden, inmovilizado en su propia cama por una carroñera durmiente, indefensa y vulnerable. Y con un preocupante problema de ronquera.
Ciertamente, la Fuerza tenía sus maneras de castigarlo por los crímenes cometidos en su nombre.
Unos segundos después, sintió la vibración alcanzar una potencia más alta y luego Rey desapareció, tan silenciosamente como había llegado.
Kylo soltó todo el aire que había acumulado en su pecho, acompañado de un gemido lastimoso que podía también ser de alivio.
Esto no acaba de pasar. ¿O sí?
El rastro leve del calor y del perfume natural de Rey, junto con las sábanas arrugadas le aseguraron que ella estuvo allí. La almohada a su lado estaba un poco hundida y Kylo acercó una mano temblorosa para que su cuerpo le comunicara a su cerebro la veracidad de los hechos. La sintió un poco húmeda y se alarmó al imaginar que Rey podría estar llorando pero no le había parecido tensa en absoluto.
A través del enlace la sintió a gusto quizás demasiado a gusto junto a él.
¿Es que ella también se había empeñado en torturarlo? ¿Era esa su estrategia?
Después de todo quizás todavía quedaban esperanzas para él y su sueño de convertirla en emperatriz oscura. Kylo se inclinaba ante el nivel de tierna crueldad que ella estaba utilizando con él y estaba ansioso por dejar que ella pensara que era capaz de tener el control de la situación.
Sonriendo de verdad, por primera vez en años, una carcajada brotó de él causándole un poco de dolor mientras se tapaba la boca para que nadie fuera testigo de un acto tan impropio para alguien tenebroso como él.
