El día apenas comenzaba en Ajan Kloss y algunos de los miembros madrugadores de la Resistencia empezaban su jornada o cambiaban turnos con los que habían cumplido con sus trabajos de vigías nocturnos.
Cada vez aparecían más aliados desde rincones lejanos de la galaxia para unirse a la lucha contra el enemigo común, la monstruosa Primera Orden. Estaban todavía muy lejos de formar una armada y tampoco contaban con muchas naves como para organizar un ataque directo, pero la General Leia Organa estaba tranquila de que podrían soportar un ataque ofensivo sin tener que huir. Los técnicos mejor calificados y los pilotos más valientes estaban de su lado, junto con la convicción de que todos estaban haciendo aquello que era correcto.
Y además contaban con el poder de Rey, a quien todos veían como un emblema de esperanza y heroísmo, la encarnación de la chispa que esperaban alimentar hasta que su fuego iluminara todos los lugares que la Primera Orden había sometido sin piedad.
Por los pasillos de la base crecía el optimismo, viejos amigos se reencontraban y otros olvidaban antiguas rencillas que ahora carecían de importancia. Muchos habían perdido familiares y amigos, otros habían escapado dejando atrás sus hogares y sus pertenencias con el objetivo primordial de salvar sus vidas. Pero la comunidad dispar que todos formaban bajo el liderazgo de Leia tenía lugar para todos.
Rey pasaba los días debatiéndose entre los recuerdos y las perspectivas que el presente le ofrecía, a veces sintiéndose un poco sola a pesar de estar rodeada de tanta gente. Todos la reconocían y le dedicaban una sonrisa al pasar como si le agradecieran que siguiera allí junto a ellos, del lado de los buenos. La joven cargaba con el peso de saber que eso podría haber sido muy diferente si ella aceptaba la mano de Ben, no mucho tiempo atrás, en el Supremacy.
A nadie le había confiado el secreto, ni siquiera a Finn y mucho menos a Leia. Aprendió a relegarlo a un rincón de su mente y debido a que los enlaces no se habían vuelto a activar entre ellos desde ese último día en Crait, no tenía que preocuparse por eso. Además, ser el símbolo de la victoria era una tarea de tiempo casi completo que no le dejaba mucho espacio para otras actividades, a excepción de alguna misión selecta o entrenamiento.
Leia había manifestado su deseo de convertirse en su Maestra, si ella aceptaba. Pero Rey no le había dado su palabra de aval de inmediato. Por alguna razón no se animaba a dar el paso, aunque mientras estuvo junto a Luke en Ahch-To, parecía no desear otra cosa que convertirse en Jedi.
La confusión empañaba su juicio y le causaba serias dudas, no suficientemente graves como para robar una nave y huir junto a Ben con el pretexto de salvar su alma, pero Rey no estaba muy segura de querer convertirse en Jedi por las obligaciones que eso implicaba. No volvería a cometer esa locura, aunque en ese momento le pareció una buena idea.
Él había sembrado una duda en ella, un cuestionamiento, la posibilidad de ser alguien diferente a quien todos veían en ella. Y lo peor de todo era que Rey se sentía en el medio de dos fuerzas, de manera literal y figurativa, porque la Fuerza no se andaba con rodeos.
De un lado estaban sus amigos, la familia que había formado, el deber y el honor, lo que era correcto, la Luz. Por momentos la presión que todos ejercían sobre ella era agobiante.
Porque en su naturaleza había algo más, curiosidad por aquello que se le negaba y rebeldía por no aceptar lo que le imponían. Durante muchos años vivió sometida y aferrada a una esperanza que nunca se cumplió, al menos no de la forma en que esperaba.
Ben le había mostrado que tenía el poder de crear algo nuevo a su lado, sin tener en cuenta que mientras más pensaba en él, más difícil le resultaba quitarse la sensación de que se había equivocado al dejarlo inconsciente en la sala del trono en vez de arrastrarlo en esa lanzadera de escape para obligarlo a reunirse con su familia. Claro que entre sus cualidades nobles de combate y diplomacia, no existía lugar para el secuestro y estaba segura de que no era una buena forma de iniciar una relación con él.
Por otro lado, estaban las cuestiones del orden de lo sensible: en la Resistencia había muchas bocas que alimentar y poca comida.
Si bien se mantenían ocultos de los radares de la Primera Orden, las vías de suministros estaban interrumpidas porque los que se mantenían neutrales no querían enfurecer a los enemigos. Sería cuestión de tiempo hasta que no les quedara nada y quizás esa era la estrategia más cruel que tenían para vencerlos. Por esa razón Rey se incorporaba a todas las misiones de intercepción siempre que podía, de esa forma sentía que estaba haciendo algo para los demás aunque su corazón estuviera un poco dividido.
Además de todo eso, Rey tenía mucho por hacer. Los libros de Luke eran todo un enigma para ella, aunque con ayuda C3PO y Beaumont Kin para traducir algunos idiomas antiguos, estaba comenzando a descifrarlos. Los necesitaba para reparar el sable de Anakin que recuperó en el Supremacy, en los tomos había algunas instrucciones y otras notas de interés. No podía evitar recrear el momento de su destrucción una y otra vez en su mente, el rostro suplicante de Ben, la furia y la decepción que le siguieron.
Así eran las cosas, había mucho por hacer y poco tiempo que tenía que dedicar a asuntos más importantes. Definitivamente no a pensar en Ben ofreciéndole su mano y en donde podría estar ahora. Decidió que lo mejor sería ordenarse, planificar paso a paso, crear una rutina pero estar preparada para lo inesperado.
Y lo más importante para mantener su cuerpo y su mente en buen estado era el descanso.
Esa mañana Rey se despertó lentamente, como si su cuerpo pesara cinco veces más de lo habitual. El día anterior había sido especialmente agotador y sentía deseos de quedarse un poco más en la cama, como si no le hubieran alcanzado las horas de sueño. Pero no podía darse ese lujo cuando estaba en medio de una guerra.
La Resistencia había utilizado las cuevas de piedra caliza naturales de Ajan Kloss para hacer una base subterránea, de manera que desde arriba todo quedara oculto por la abundante vegetación. El Tantive IV, la corbeta de Leia, era el cuartel principal y ofrecía cierto grado de privacidad a la General. Rey tenía algunos privilegios debido a su importancia dentro de la comunidad, pero había decidido permanecer cerca de sus amigos con la condición de contar con un sector tranquilo para meditar y estudiar los libros. Por lo tanto, su litera estaba ubicada en un sector elevado dentro de una roca saliente del corazón de la cueva, pero se las había ingeniado para quedar oculta si lo necesitaba.
No es que le preocupara mucho este aspecto, en Jakku había tenido que compartir el agua y los baños en varias ocasiones y estaba acostumbrada. Pero se había acostumbrado al silencio de su AT-AT y nada de eso existía en Ajan Kloss. Las personas iban y venían ocupadas y conversando, algunos droides se descomponían por la humedad del ambiente y la fauna del planeta, curiosa por la llegada de los huéspedes, a veces sorprendían a alguien de manera no muy grata.
Resignada, Rey suspiró y se apoyó sobre los codos para levantarse. Se alegró al comprobar que su almohada estaba seca y pensó que por fin había logrado dormir sin roncar, al menos, con la boca cerrada. Rose, que dormía cerca, se quejaba constantemente del sonido antinatural que salía de su garganta todas las noches, pero reconocía que era excelente para espantar a los insectos nativos.
Algo en el ambiente se sentía fuera de lugar, pero ella no lograba precisar qué era. Decidió no darle importancia ya que tenía otro día largo por delante.
Preparada para el nuevo día, se cambió sus ropas de dormir detrás de un improvisado biombo y agradeció que el clima cálido no le obligara a usar más ropas. Era mucho más agradable que Jakku, cientos de veces mejor, y podía estar rodeada de verde paisaje y aromas exóticos todo el tiempo. Lástima que nunca tuviera tiempo para apreciarlos y que su estancia allí fuera temporal.
Su estómago se quejó, no había cenado la noche anterior para entregarle su ración a Rose que había enfermado recientemente y aún estaba débil por el resfrío. Se encaminó hacia el sector del comedor en donde Finn ya la esperaba con un plato de cereal de Dantooine y un gesto de desaprobación, seguramente por saltearse una comida.
Rey tomó el plato y la cuchara, esa clase de desayuno era un verdadero lujo, cortesía del último y exitoso atraco a los suministros de la Primera Orden, que por poco no terminó en desastre. La joven no pudo reprimir una sonrisa al pensar en que probablemente estaba comiendo los cereales preferidos del Líder Supremo en su lugar.
Se sentó cómodamente junto a Finn sobre unas cajas de baterías, mientras escuchaba su animada conversación. Rey lo dejaba hablar sin interrumpirle, porque no era de esas personas a las que les gusta conversar apenas se levantan. Su amigo amaba contarle todo tipo de rumores que corrían por la base junto con temas más serios y siempre intentaba animarla con alguna broma. Él sabía que ella no hablaba demasiado y la respetaba por eso, Finn conocía mejor que nadie sobre las presiones que Rey sentía.
Pero, por supuesto, ignoraba absolutamente todo acerca de los enlaces de la Fuerza entre su amiga y Kylo Ren. El tema nunca salió a la luz porque no se había presentado oportunidad y Rey no consideró necesario contarle algo tan íntimo como lo que ella y Ben compartían. Por otro lado, la Fuerza no los había vuelto a conectar, así que no existía necesidad de aclarar nada.
Hasta ese día, mientras Rey desayunaba tranquilamente sus cereales de Dantooine.
La conocida vibración detrás de sus oídos le avisó que algo iba a suceder y levantó la vista de su tazón para encontrarse con Ben, en una situación que no estaba preparada para ver.
Aún con la cuchara en la mano, su mirada se perdió en el punto no muy distante en el que su enemigo ejecutaba una magnífica coreografía de entrenamiento con un báculo de metal y casi nada de ropa en la parte superior, a excepción de una prenda sin mangas y sus odiosos guantes negros. Él estaba de espaldas, luchando contra alguno de sus caballeros que por supuesto Rey no podía ver, y se movía con velocidad letal y gracia cautivadora.
Rey comenzó a sentir que sus mejillas ardían ante el espectáculo de su amplia espalda y los musculosos brazos, recordando que no era la primera vez que los veía a través del enlace. Pero por alguna razón se sintió culpable, como si estuviera espiándolo. Porque él parecía no haberse percatado de la conexión, o no lo demostraba.
Finn continuaba su charla habitual mientras Rey se sentía cada vez más incómoda. El frío de la cueva se había convertido en un caluroso bochorno y su nerviosismo aumentaba por varias razones.
¿Serían capaces de ver los demás a Ben? ¿Por qué la Fuerza había elegido ese momento para manifestarse? ¿Podía escuchar Ben todo lo que ella pensaba mientras lo veía luchar?
De verdad esperaba que la respuesta a esta última pregunta fuera una negación rotunda, porque las cosas que se le ocurrían al verlo en esa atractiva danza mortal, su mirada oscurecida por la adrenalina y la forma en que su ropa se le pegaba a la piel no era nada que quisiera compartir con nadie, y mucho menos con él.
Una vez habían luchado juntos y eso le bastaba para saber que su entrenamiento era serio y de que era perfectamente capaz de herir mortalmente a alguien con sus estocadas y golpes. Rey no tenía miedo por él sino por la admiración creciente que sentía al verlo, junto con otros sentimientos que le avergonzaban de verdad pero no podía evitar.
Después de esquivar un ataque, Ben quedó frente a Rey y por una fracción de segundo ella comprobó horrorizada una pequeña sonrisa arrogante en su rostro.
A Rey se le resbaló la cuchara de las manos, causando gran estrépito y salpicando a Finn con la ostentosa comida y provocando una protesta ofendida en él.
¿Acaso Ben había adivinado el curso de sus pensamientos? O peor… ¿Le habría visto mirándolo como si ella estuviera hambrienta y él fuera una deliciosa torta de fruta de Jogan?
Rey se puso de pie de un salto y el enlace se terminó, no sin antes regalarle una visión detallada de Ben pasándose una mano por la cara para quitarse algunos mechones de cabello que se habían escapado de la coleta y sonriendo descaradamente hacia donde ella estaba, en un gesto que ella interpretó como altamente provocativo.
Definitivamente está haciéndolo a propósito.
Ignorando a Finn, corrió hacia el exterior de la cueva y se internó en la selva, buscando algo de privacidad para ordenar sus pensamientos y calmar el galope de su corazón. Tal vez ayudaría encontrar alguna cascada fría, pero no tuvo tanta suerte.
¿Qué es lo que acaba de pasar? ¿Qué acababa de pasarle a ella?
Al parecer Ben Solo tenía una estrategia para convencerla de unirse a él y ella no era lo suficientemente fuerte como para resistirse a sus encantos. Y vaya que ahora era consciente de que él los tenía.
¿Estaba él manipulando a la Fuerza para forzar enlaces?
Se enfureció tremendamente con él, pero sobre todo con ella misma. Respiró hondo un par de veces pero la imagen no abandonaba su retina y no lo haría en algún tiempo.
Pero unos minutos después, cuando empezó a sentir que recuperaba el control de sus emociones con dificultad, levantó la cabeza con decisión mientras una idea se formaba en su cabeza.
La guerra apenas comenzaba. Y ella estaba decidida a ganarla.
