Rey se dirigió a los cuarteles de Leia, convencida de que hacía lo correcto al contarle acerca de la naturaleza de su relación con Ben y el pequeño detalle de los enlaces de la Fuerza.
Intentó no pensar en la preocupación que vio en los ojos de Finn y evitó pasar delante del puesto de Rose, porque ella también era muy perceptiva y Rey estaba de un humor bastante delicado como para andar ocultando cosas. Sin embargo, dadas las circunstancias y lo rápido que estaba escalando el conflicto, lo mejor era mantener el secreto durante todo el tiempo posible.
Podía confiar en la discreción de su amigo porque entre ellos había un gran entendimiento que a veces la joven creía no merecer. Sospechaba que él estaba celoso de lo que había visto y a decir verdad también se lo reprochaba a ella misma tamaña debilidad. Pero ¿Qué podía hacer? Sentía que algo le arrojaba en brazos de Ben como si estuviera sujeta del extremo de un resorte: mientras más fuerza hacía por escaparse, más rápido deseaba volver a él.
Finn era como un hermano para ella, su primer amigo. Ignoraba si él sentía algo más que un afecto sincero por ella pero de todas formas no podría corresponder un sentimiento romántico si hubiera existido. Y no quería admitir que era así porque alguien más ocupaba ese lugar en su mente y en su corazón.
Se encontraba dividida por la lealtad hacia las personas que eran como su familia y la persona que le hacía desear sentirse parte de una. Era un sentimiento egoísta, pero no por eso mermaba su curiosidad. ¿Acaso ella no era como todos los demás? ¿No se merecía la posibilidad de experimentar algo como lo que estaba sintiendo?
Sí, tal vez en otra vida, una en la que no hubiera elegido la senda de los Jedis y en la que no se hubiera enamorado de su peor enemigo.
«Oh. Esto es… ¿Amor?»
Rey se detuvo repentinamente, maravillada por su descubrimiento. Pero no tenía forma de saber si se trataba de amor y el término sonaba tan extraño como cuando escuchaba por primera vez un lenguaje desconocido. El sentimiento parecía demasiado importante como para silenciarlo y en muchas formas era correcto para ella. Pero apenas conocía a Ben y él no le ofrecía demasiadas pistas a pesar de las experiencias compartidas. El muy astuto sabía ocultarle los sitios de su mente que le dejarían expuesto ante ella, tan vulnerable y alterado como Rey se sentía ahora.
Y estaba esa pequeña cuestión de que él insistía en seguir siendo el Líder Supremo. Aunque a decir verdad, Rey pensó que ellos nunca tuvieron la oportunidad de hablar civilizadamente, porque siempre terminaban peleando cada vez que se veían.
« Bueno, no siempre.» pensó Rey e inmediatamente después maldijo a Finn por ser tan inoportuno.
Una vez que llegó a la puerta de entrada de los cuarteles de Leia en el Tantive IV, su confianza empezó a bajar. ¿Por dónde comenzar? ¿Qué diría ella? ¿La juzgaría por ocultar algo tan importante que podía torcer el curso de las vidas de las personas de la galaxia? ¿Era una buena idea contarle todo? Claro que obviaría la cuestión de casi beso y esa locura acerca de dormir juntos.
Pensándolo bien, omitiría todo lo que había sucedido en las últimas veinticuatro horas.
La puerta se abrió antes de que ella se anunciara y Leia la recibió con una sonrisa comprensiva que le dio a entender a Rey que sabía que ese momento llegaría. Pero no se imaginaba que el tema de conversación no giraría en torno a Rey y a sus decisiones de vida, sino también a su hijo extraviado en la oscuridad y sus cuestionables tácticas de coqueteo.
— Querida Rey, adelante. Mis reuniones de hoy por suerte han terminado y a juzgar por tu expresión, creo que las dos necesitamos una buena taza de té.
Rey forzó una sonrisa y accedió, todavía sin ordenar sus pensamientos.
La sala estaba cómodamente amoblada con lo esencial, pero podía distinguirse el toque especial de realeza de Leia. Rey se sentó en un cómodo sillón y no se perdió detalle de la delicadeza con la que la General preparaba la bebida caliente para ambas. Era fascinante imaginársela sosteniendo un bláster con fiereza para defender su vida o ahorcando a Jabba el Hutt con una cadena con la misma convicción con la que servía el refrigerio.
— No dejo que C3PO prepare mi té. Es increíble que después de tantos años aún no entienda cómo me gusta. Pero es un droide de protocolo, después de todo. — Leia se encogió de hombros y le guiñó el ojo. — Además necesitamos algo de intimidad.
Rey tragó saliva con dificultad. No había pronunciado palabra todavía y sentía que cada sílaba se le atascaba en la garganta. No quería quedar como irrespetuosa, pero no sabía por dónde empezar y el té se acabaría antes de que pudiera abrir la boca y plantear su problema.
« Vaya, Rey. Podrías vencer a una armada completa de la Primera Orden con sólo chasquear los dedos pero no eres capaz de hablarle a tu posible suegra acerca de su condenado hijo.»
Leia esperó con paciencia a que la joven se decidiera a hablar porque veía por encima de la taza cómo sus ojos se movían nerviosos de un lado a otro. Se preocupó bastante por ella, pero no la presionó. Sin embargo empezó a sospechar algo cuando mencionó el nombre de su hijo casi por accidente.
— Cuando era pequeña me enseñaron todo tipo de cosas que una princesa debía saber y que creí inútiles hasta que descubrí que no lo fueron. Claro que fue una educación bastante estricta pero pude sacarle bastante provecho. Una nunca sabe lo que va a suceder y hay que estar preparada para cosas inimaginables. Incluso para negociar los términos de una Guerra con tu propio hijo.
Rey se atragantó con la bebida y dejó la taza con brusquedad sobre la pequeña mesita, tratando de que su extraño comportamiento pasara por alto. Pero por supuesto ya era tarde.
— General, yo…
— ¿Cuántas veces debo decirte que me llames Leia? — Le recordó amablemente.
— Lo siento, Leia. Hay algo que debería saber. Es acerca de Ben. Y de mí.
La mujer se mantuvo serena y erguida en su asiento mientras Rey le explicaba de la mejor manera que podía todo lo que estaba ocurriendo. Sus cejas se curvaron de incredulidad cuando la joven comenzó a detallar los eventos de Ahch-To y sus primeros enlaces, las verdades que Ben le había mostrado acerca de la noche que escapó del Templo de Luke pero omitió convenientemente algunas partes. Le explicó como casi se había transportado de un rincón a otro de la galaxia con sólo tocar sus manos y la forma en que Luke los interrumpió.
Leia asimilaba todo sin hacer comentarios pero no podía dejar escapar algunas muecas mientras oía. Se entusiasmó rápidamente y dejó que su mente vagara por los parajes de la esperanza porque era evidente que Ben a Rey le importaba mucho. Había que ser ciego para no notar cómo se sonrojaba la joven cuando se refería a él, aún cuando no pudiera evitar soltar alguna queja acerca de él y su obstinación. Era como verse a sí misma, tantos años atrás, luchando por negarse a sentir atracción por alguien tan inconveniente y atrevido como Han.
Pero lo que más la fascinó a Leia del descabellado relato era que Rey confiaba en la posibilidad de traer de regreso a su hijo y eso la convertía a sus ojos en alguien verdaderamente valiente. Supo que Luke se había opuesto inicialmente a su plan de llegar hasta el Supremacy para convencer a Ben y no lo culpaba por eso. Sin embargo, no podía dejar de admirar a Rey por la hazaña, por creer en él incluso cuando ella había dejado de hacerlo.
Cuando llegó a la parte del asesinato de Snoke y la propuesta de abandonar todo para unirse a él, Leia puso los ojos en blanco, pensando que era una verdadera pena que Ben no hubiera heredado sus aptitudes para la negociación. Aunque claro que lo agradecía, porque si hubiera tenido éxito, Rey no estaría contándole todo eso y la galaxia estaría a sus pies.
— ¿Entonces ustedes dos tienen alguna clase de conexión que no pueden controlar y ocurre cuando la Fuerza lo dispone? ¿Y no pueden ver el entorno del otro?
— A menos que hagamos… alguna clase de contacto. — Rey se sonrojó violentamente al recordar el ensayo de beso.
— Ya veo.
Con toda esa información, Leia no sabía exactamente qué hacer. Pero como era una excelente estratega, decidió dejar que Rey le dijera lo que realmente había ido a decirle.
— Los enlaces se interrumpieron después de Crait. Siento mucho no haberlo contado antes, es que no sabía cómo lo tomaría y la situación de Han era reciente, y yo no quería causar más dolor o sospecha, yo sólo…
Leia estiró una mano hacia donde ella estaba y la apoyó gentilmente en su hombro.
—Rey, deja de disculparte y dime. ¿Qué ha cambiado? ¿Por qué has decidido contármelo hoy? ¿Qué ha pasado?
« Bueno, por donde empiezo. Todo se salió de control. En primer lugar la Fuerza me depositó en la cama del Líder Supremo, luego tuve que ver cómo alardeaba de sus músculos frente a mí y a mi desayuno, y por último tuvo el descaro de cerrarse justo cuando él iba a darme el primer beso de todos.» quiso decirle.
Pero no lo dijo exactamente con esas palabras.
— Todo se salió de control.
— ¿Quieres decir que fueron capaces de controlarlo en el pasado?
— No. Ninguno de los dos puede.
Leia soltó un largo suspiro que también podría haber sido un silbido triunfal bastante impropio de una princesa o una sonrisa pícara.
— Entonces has vuelto a verlo.
Rey asintió varias veces y luego miró hacia el suelo sintiendo culpa. Pero la mujer se acercó a ella con suavidad y se sentó a su lado para abrazarla. El gesto tomó a la joven por sorpresa, ciertamente era la última reacción que esperaba, pero agradeció el consuelo porque lo necesitaba. Lo peor ya había pasado.
Unos instantes después, Leia se apartó un poco y se puso de pie con lentitud, como si su mente viajara a la velocidad de la luz y comenzó a caminar de un lado a otro de la habitación.
— Entiendo tu conflicto y por qué has decidido venir.
— ¿De verdad?
— Así es. Y supongo que estás pensando en abandonar tu entrenamiento porque desarrollar lazos afectivos iría en contra del código…
— ¡No! Precisamente estoy aquí por lo contrario. — Rey dejó escapar la desesperación y la frustración que sentía, poniéndose de pie. — Quiero completar mi entrenamiento para olvidarme por completo de este asunto. Necesito estar preparada para enfrentar a Ben la próxima vez que lo vea, pero en cambio siento que cada día estoy más cerca de aceptar su propuesta de unirme al Lado Oscuro, y eso es algo que no podría hacerle a usted, a Finn y a los demás.
— Rey, no estás viéndolo con claridad. El Código es anticuado de todos modos y dado que somos las únicas que quedan con vida para honrarlo, podríamos introducir algunos cambios.
— ¿A qué se refiere? — Preguntó la joven con cautela.
— No puedes tapar el sol con una mano, Rey. Lo que sientes por Ben es algo especial y ambos se merecen la oportunidad de… amar y ser amados.
— ¿Amar?
— Te preocupas por él, has arriesgado tu vida por mi hijo. Tienes un brillo distinto cuando hablas de él. Está bien si hay cosas que son sólo de ustedes, no tengo por qué saberlas. — Rey iba a protestar pero Leia no le dejó. — Y no lo digo porque él es mi hijo, sino porque te considero a ti como una. Solamente tú tienes la capacidad para hacerle reconsiderar las malas decisiones. Él te quiere, lo sé.
Rey se dejó caer de nuevo en el sillón, abrumada por lo que Leia le estaba diciendo. « ¿Acaso esta mujer se ha vuelto loca de repente? Oh, hice muy mal en venir aquí.» pensaba.
— ¿Cómo es que está tan segura?
— Porque creo que la Fuerza no actúa por su cuenta. Y porque reconozco los errores que he cometido con mi hijo. Él nunca quiso más poder, solamente deseaba más atención. Ben quería sentirse amado.
Leia le indicó que se sentara de nuevo y le sirvió un poco más de té.
—Los jedis evitan el amor porque induce a la posesión y al egoísmo, en definitiva, a emociones del lado oscuro. Pero Luke me explicó que los siths tampoco lo avalan porque el amor puede conducirles a la compasión y al sacrificio, tal y como ocurrió con nuestro padre, que dio la vida por su hijo. El amor es la clave del equilibrio.
Rey escuchaba con atención y se animaba poco a poco. Nadie le había explicado las cosas con tanta claridad como lo hacía Leia y eso era asombroso.
— Hace mucho tiempo que pienso de esta manera, pero Luke nunca estuvo de acuerdo conmigo. Él me decía que estaba loca, pero yo nunca dejé de creer. Es una lástima que la sabiduría me haya costado tantas vidas amadas. Pero aún estoy a tiempo de hacer lo correcto a través de ti.
— Entonces ¿Debo ir tras él? ¿Debo convertirme en su emperatriz?
Leia negó con la cabeza.
— Soy más partidaria de los términos medios. Haremos un plan cuando llegue el momento, pero mientras tanto sigue haciendo lo que tu corazón te dicte. Todos creemos en ti, Rey. Eres bondadosa y fuerte, y los sentimientos que ahora tienes han nacido del lado de la luz. Ben nunca podría convencerte de nada que no desees y si lo piensas bien, puede que él esté en la misma situación que tú.
— ¿Sugiere entonces que sigamos con estos encuentros? ¿Qué pasará si todos se enteran?
— Lo sabe tu amigo Finn, ¿verdad? ¿Te preocupa que él se lo cuente a todos?
Rey se mordió los labios. Pero hizo un movimiento negativo.
— No lo creo, no haría eso.
— Entonces lo sabremos sólo nosotros tres. Y nadie va a juzgarte. Tan solo recuérdale que es bienvenido aquí, que siempre será así. Que todavía hay tiempo.
…
Rey abandonó los cuarteles de Leia unos minutos después, en parte aliviada como si se hubiera quitado un peso de encima, pero por otro lado un poco aturdida por lo que acababa de suceder. Haber fantaseado con la idea de un sentimiento romántico era una cosa, pero admitir que estaba enamorada era algo completamente diferente.
Era cierto que no podía quitar a Ben de su mente, pero le echaba la culpa a la Fuerza por ello. También era verdad que soñaba con el día en que lo viera llegar en su TIE y su madre lo recibiera con los brazos abiertos, pero eso era justamente sólo un sueño.
Sentía que nadie la comprendería jamás como él lo hacía, aunque su forma de comunicarse diera mucho que desear. Ben tenía tal vez la cualidad de decir pocas pero certeras frases y ninguna delicadeza, aunque era evidente que su mente le obligaba a pensar demasiado.
¿Cuándo fue que Ben se convirtió en alguien a quien ella quería proteger? ¿Cuándo dejó de ser el verdadero villano? Quizás el enemigo no era él, sino aquello que lo rodeaba.
¿Y qué pasaba con sus propios sentimientos? ¿Cuándo fue exactamente que empezó a sentirse atraída por él? Podría admitir que fue cuando se quitó el casco por primera vez en Starkiller, pero Rey no deseaba profundizar en esas cuestiones porque se asustaba de ella misma y de la naturaleza de sus sentimientos.
« No debería avergonzarme por nada. Si la situación hubiera sido diferente, si no hubiera tantas complicaciones ni Fuerza de por medio, tal vez nosotros hubiéramos tenido una oportunidad.»
Quizás si él la besara de una vez, ella sabría si se sentía atraída o era un simple capricho. Rose le había explicado que fantaseaba con la idea de besar a Finn por todas las cosas que su hermana Paige le había contado de aquel héroe que abandonó a la Primera Orden, pero cuando lo besó en Crait no sintió la gran cosa y se dio cuenta de que solamente lo admiraba y nada más.
Bueno, podía hacer el mismo experimento. No tenía nada que perder. Seguramente sería extraño e incómodo para él también y podrían trabajar en el asunto de la redención con algunos límites y distancias.
Era un panorama decepcionante, pero Rey se aferraba a él porque tenía pánico.
Pero, por supuesto, la Fuerza no se lo iba a servir en bandeja de oro.
…
Kylo anuló todos los compromisos que tenía para ese día a causa de un terrible dolor de cabeza y un capricho de niveles astronómicos. Esperaba ansiosamente que la conexión se restableciera y no quería que eso sucediera en el medio de una reunión con el Alto Comando, además de que no toleraría otra de esas conversaciones aburridas. Aquellos pálidos ancianos querían más poder del que podían administrar y estaban arrasando con los recursos de los planetas.
Se odió a sí mismo por estar tan distraído de sus obligaciones, había muchas cosas que deseaba cambiar en la Primera Orden pero Hux siempre le ponía frenos. El General tenía formas de manejarse que no le agradaban del todo, pero al menos mantenía el reino de pie y sin autodestruirse. Ya tendría tiempo para recuperar el control luego de que convenciera a Rey.
Y ella era la causa de todos sus dolores ese día. Ella y el traidor, al que atribuyó la interrupción del enlace. ¿Cómo lo hizo? Kylo no tenía idea, pero estaba seguro de que si lo volvía a ver, no se conformaría con torturarlo amistosamente.
Pasaban las horas y no sentía el zumbido detrás de su cabeza, lo cual era muy extraño porque había calculado mentalmente la frecuencia con la que la Fuerza lo ponía en contacto con Rey. Según sus cuentas, se daría de momento a otro.
Y su dedicación se vio recompensada pronto, porque estaba en lo correcto.
…
Rey estaba tomando notas en un datapad cuando Ben se materializó frente a ella, entre las cajas de suministros de víveres. Kaydel le había pedido ayuda para hacer un inventario de los recursos que obtuvieron en la última incursión, porque era una de las tareas que nadie quería hacer y la joven entendía la razón: la labor era sumamente aburrida.
"— Bueno, no tiene por qué serlo. Si vinieras conmigo podrías hacer cosas dignas de una…"
— ¡Déjame en paz! — Rey arrojó un pequeño y pesado paquete hacia donde él estaba. — ¡Y te he dicho que salgas de mi cabeza!
Él lo esquivó por unos milímetros, todavía recuperándose del impacto de volver a verla, porque aunque lo esperaba, nunca dejaba de maravillarse por el fenómeno y por la forma en que Rey arrugaba la nariz cuando estaba molesta por algo.
— Necesitas de alguien que te enseñe a bloquear a otros usuarios de la Fuerza.
— Déjame ver. — la joven hizo un gesto pensativo y exagerado. — ¡Vaya, eso reduce bastante las posibilidades! En otras palabras, ¡Ni lo sueñes!
Rey continuó con su trabajo intentando ignorarlo, pero él no se daba por vencido y se acercó unos pasos hasta quedar muy cerca de ella, separado nada más que por una caja que parecía contener explosivos. Al menos esta vez llevaba toda su ropa.
La joven consideró activarlos para borrar la expresión del rostro de Ben, porque a pesar de que hacía todo lo posible por no fijarse en él, su bella mirada cargada de anhelo la perseguía por todas partes. Rey sintió sus mejillas ardiendo al recordar el casi beso que de todas formas no podía botar de su mente.
— ¿Estás sola? — Preguntó él.
— ¿Es una broma? Al parecer nunca estoy sola porque no puedo deshacerme de ti ¿Vas a dejarme en paz?
— Sabes a qué me refiero. — él se acercó aún más. — Y no, no pienso dejar de hacerlo por ahora. Debo saber algo antes.
— No hay nadie aquí.
— Bien.
Con un movimiento decidido y repleto de delicadeza, Ben suprimió la distancia entre ellos y sujetó el rostro de Rey con ambas manos. Ella sintió la piel desnuda contra sus mejillas pero no tuvo tiempo de pensar en nada más cuando él se inclinó para rozar sus labios con los suyos en un dulce y lento beso.
Podría haber jurado que se estaba incendiando o que su corazón iba a salirse de su pecho, pero esas descripciones eran tenues como para servir de ejemplo. Lo que sentía Rey era algo más, como si hubiera descubierto la clave para detener el tiempo.
El beso fue tímido y no tenía mayor pretensión que la de ser un experimento, y al parecer el resultado les había dejado perplejos a los dos cuando se separaron para mirarse a los ojos.
Para sorpresa de nadie, la Fuerza interrumpió el enlace poco después. Y si acaso la teoría de Rose era cierta, Rey estaba en graves problemas ahora.
