Kylo Ren se quedó diez minutos enteros contemplando una pared mientras su mente emprendía poco a poco el viaje de regreso a su cuerpo. El experimento había superado sus expectativas, y por la Fuerza que él se había generado muchas. La emoción que hacía latir rápidamente su corazón no podía compararse con nada que hubiera experimentado antes. Se sentía vulnerable y poderoso, angustiado y extasiado, ansioso y en paz.

Eran demasiadas y bastante contradictorias, lo suficiente como para merecer una investigación intensiva. Quería asegurarse de que Rey estaba tan intrigada como él, quería volver a sentir sus labios y su tierno abandono, junto con todas las posibilidades de besos variantes. Le parecía imprescindible hacer una segunda prueba y tal vez una tercera o cuarta, pero eso tendría que esperar porque un serie de golpes furiosos en la puerta le arrancó de sus desvaríos.

Se acercó con parsimonia hasta el umbral, como si en vez de estar a bordo del Steadfast estuviera en algún otro lugar. No se conmovió al notar el desprecio y la furia apenas contenida en la mirada del General Hux cuando abrió la puerta.

El hombrecito gesticulaba y hablaba con dramatismo pero Kylo no entendía una palabra de lo que decía. Algo sobre un ataque de la Resistencia y provisiones robadas pero solamente despertó su atención cuando el nombre de Rey apareció. Se fijó de repente en el pálido rostro del hombre como si se hubiera materializado de repente.

— ¿Qué has dicho?

— ¿Acaso has escuchado una palabra de lo que dije? ¿Piensas quedarte encerrado en tus cuarteles todo el día?

— ¿Acaso has olvidado cómo dirigirte a mí?

El General apretó tanto las muelas en señal de frustración que Kylo podría haber jurado oír gustoso cómo algunas de ellas se rompían. Estaba desafiándolo más que nunca, se estaba pasando de listo con él. Tendría que tener cuidado de no mostrar debilidad en el futuro o Hux le quitaría el puesto.

— Por supuesto que no. Líder Supremo.

— Mejor así. Por un instante pensé que me estaba tratando con demasiada familiaridad, General. Ahora, quiero esos reportes de la carroñera enseguida. Nombres, naves, contactos. No haga que tenga que pedírselo otra vez.

Kylo cerró la puerta en su cara pero se quedó pensando. Odiaba admitirlo pero Hux tenía razón. No iba a lograr nada encerrado en su cuarto, tenía que poner en marcha su plan para atraer a Rey y no lo haría ocultándose. El General seguía allí cuando abrió la puerta de repente, haciendo una imitación no muy simpática de su jefe, pero Kylo decidió ignorarlo. Tenía que ocuparse de cosas más importantes y necesitaba de su ayuda.

— General Hux. Quiero que convoque a una reunión del Alto Mando.

Mi querido Líder. Usted mismo canceló la reunión de hoy por ciertos asuntos personales. — Hux disfrutaba dejar en evidencia a Ren y pensó que con eso se cobraba una pequeña venganza. Pero se equivocó.

— ¿Estás cuestionando mis decisiones? — Kylo se acercó tanto a él que le obligó a retroceder. Los dos hombres tenían alturas similares pero él era mucho más fuerte y mejor entrenado en las artes de la lucha que Hux.

— En absoluto.

— Haz lo que te digo. Una nueva era se avecina y no querrás tenerme de enemigo. Créeme.

— ¿A qué se refiere? — El General arqueó una ceja, totalmente incrédulo y un poco intrigado

— Ya lo verás. Y también quiero ese Plan de diez puntos para dominar la galaxia que siempre insistes en lograr que lea.

— ¿Me disculpa? — Hux no podía creer lo que el Líder le estaba pidiendo.

— Oh, no recuerdo el título real, pero he oído que así le dicen los otros Generales. Es tu oportunidad de lucirte, no hagas que me arrepienta. — Kylo empezó a caminar dejando boquiabierto a su interlocutor pero se detuvo para agregar algo más. — Por cierto, elimina el programa de entrenamiento de stormtroopers. Esa locura nunca ha servido.

— ¿Tiene alguna sugerencia en mente? ¿Ahora usaremos clones para crear nuestra milicia?

— No lo sé, espero que me deslumbres con tus ideas.

Ren siguió su camino y el General se quedó de una pieza pensando que tenía que hacer un llamado urgente.

Rey había seguía aferrando el datapad cuando la Fuerza interrumpió el enlace y Ben desapareció. El sorpresivo beso no le dio tiempo a nada más y tenía que reconocer que no había sido para nada desagradable. Lo que le preocupaba ahora era que quería sentir sus labios otra vez. Se dijo a sí misma que era un interés basado en la curiosidad y nada más, porque al igual que en el pasado, el contacto le mostró algunas visiones brevísimas que no llegó a comprender. Pero la verdad era que apenas les había prestado atención cuando Ben se acercó y sintió su calidez reconfortante y prometedora.

No sabía qué hacer y temía el momento en el que un nuevo enlace se estableciera porque no podría siquiera mirarlo a los ojos, porque no sería precisamente arrepentimiento lo que él vería en ella y eso le asustaba mucho.

Necesitaba hablar con alguien, pero no podía hacerlo con las dos únicas personas que conocían el secreto. De ninguna manera podría satisfacer su curiosidad con Leia, sería extraño e incómodo como todo lo que se refería a su hijo. Tampoco podía contárselo a Finn porque él la juzgaría por haberse enamorado del enemigo y haberlo besado en el depósito mientras todos luchaban por salvar sus vidas. La realidad se presentó ante ella con su faceta más lúgubre.

Pero podía contarle a Rose sin referirse a Ben en particular, algo parecido a una charla entre mujeres y amigas, de esas que Rey rara vez había experimentado pero conocía. La joven era respetuosa y discreta y si exigía conocer la identidad del objeto de sus deseos, podría inventar alguna excusa o usar algún truco Jedi para evadir la pregunta. Bueno, quizás no eso último, pero se prepararía para improvisar.

En cualquier otra situación se las hubiera arreglado sola, pero no confiaba en las emociones que se arremolinaban en su interior. Imágenes del cabello oscuro de Ben cayendo con gracia sobre su rostro, el deseo de probar su textura con las manos, el aroma agradable que tenía, la delicadeza con la que sus labios se movían a pesar de la rudeza de la que ella sabía que él era capaz…

Por el bien de la Resistencia, lo mejor que podía hacer era pedir ayuda.

A primera vista, le pareció que Rose no estaba en su habitación designada, que era en realidad un rincón privado en una cavidad de la pared rocosa en la que ella había armado una litera. Quizás estaba tomando aire o seguía en su puesto revisando las comunicaciones. Pero un murmullo sofocado le indicó que ella estaba cerca y al parecer hablando con alguien.

Rey se acercó despacio y la vio a camuflada en la oscuridad de la cueva, con una capa que le ocultaba el rostro y dejaba ver sólo sus labios, en una especie de confuso disfraz y sujetando un holopad. El holograma del sujeto con el que hablaba también estaba vestido de manera similar pero tenía una voz chillona que le sonó remotamente familiar.

— Ónix está actuando extraño. Se ha desligado de sus compromisos y al parecer la Orden ya no le interesa. Tengo motivos para creer que está a punto de iniciar un ataque contra ustedes. Es eso, o se está volviendo loco de remate, porque no creo que sea capaz de atacarlos si ella está ahí.

— ¿Crees que tenga algo que ver con Ópalo?

— No lo sé, ellos no han tenido contacto últimamente. Al menos no que yo sepa.

— No importa, es información valiosa. De parte de todos, se lo agradezco, Rubí.

— Preferiría que sea de parte suya, mi querida Cobalto, pero me conformo con poder hablar con alguien tan adorable.

Una risilla escapó de Rose al recibir los halagos hasta que los interrumpió un maullido que provenía desde el otro lado de la galaxia y una gran pata anaranjada cortó la transmisión.

— ¿R-Rose? — Rey no era tan tonta como para no comprender que su amiga estaba metida en un enredo sombrío. — ¿Qué sucede?

— ¡Rey! — la joven se incorporó de repente y su disfraz rodó por el suelo. — ¿Cuánto hace que estás ahí? ¿Qué has oído?

— Lo suficiente. ¿Hay algo que quieras decirme?

Rose soltó un largo suspiro y se dejó caer sobre su litera, haciéndole un gesto para que se acercara. De alguna forma sospechaba que sería cuestión de tiempo antes de que alguien la descubriera y en el fondo agradecía que fuera su amiga porque ella no la juzgaría duramente. Rey se sentó a su lado con el rostro preocupado a esperar sus explicaciones.

— Todo comenzó hace un mes. Estaba haciendo los últimos controles de rutina cuando detecté una señal diferente a las otras en el tablero de comunicaciones. Ya sabes que la Primera Orden controla la HoloNet de la Nueva República y que todos los canales que usamos son codificados y clandestinos. Al principio pensé que se trataba de una falla del sistema porque nadie contestaba. El canal era antiguo, los rebeldes de aquel entonces lo usaban para transmitir mensajes en contra del imperio.

— Rose. ¿Por qué te metiste en la DarkNet? — Rey comenzaba a espantarse un poco.

— Fue curiosidad, lo admito. Esperábamos con tanta ansiedad esos mensajes de los aliados… ¡No me pareció nada malo investigar un poco!

— Hasta que comenzaron a responderte.

— Así es. — Rose se sonrojó de repente. — Y él resultó ser muy interesante.

— ¿Él? ¿Te refieres al sujeto que llamas Rubí? — Rey intentaba mantener la seriedad pero no podía evitar encontrar algo de diversión en un relato tan descabellado. Quizás porque ella también escondía cosas y de alguna manera le aliviaba saber que no era la única.

— No me mires así, decidimos que lo mejor era mantener nuestras identidades en secreto ¡No fui yo la que le puso ese apodo! — su amiga se defendió como pudo de la risa burlona que empezaba a formarse en las comisuras de los labios de Rey. — Bueno, sí elegí el mío…

Cobalto. — Interrumpió Rey.

— Cobalto. — Rose asintió y sostuvo su medallón de Otomok con fuerza, pensando en su hermana Paige y arrepintiéndose por primera vez de lo que estaba haciendo. — Todo lo que sé de él es que tiene acceso a información acerca del Líder Supremo y que forma parte de la Primera Orden pero quiere escapar de allí en cuanto pueda.

— Eso quiere decir que Ónix y Ópalo…

— Son Kylo Ren y tú.

— Vaya. — Rey tenía mucha información que procesar, pero también demasiadas preguntas que hacerle. — ¿Y de qué otras cosas han hablado? ¿Por qué no has dicho nada a Leia? Oh… Rose, lamento decirte esto, ¿Pero no crees que él te esté utilizando? ¿Cómo puedes estar segura de que dice la verdad?

Rose clavó la vista en el suelo.

— lo siento, Rey. De verdad. No puedo explicártelo pero creo que confío en él. Es como si pudiera sentirlo cada vez que habla conmigo. — Rose se animó un poco en su defensa. — Él también tiene motivos para sospechar de mí, yo podría haberle expuesto y no lo hice. Y no lo culparía si estuviera haciéndolo para salvar su pellejo ¿Sabes? Pero a veces olvido que esto es una guerra porque creo que él intenta ayudarnos. Es como si quisiera hacer cualquier cosa para ayudarle a salir de ahí, pero sé que eso es imposible porque alguien saldrá dañado. ¿Entiendes lo desesperante que es?

Por supuesto que Rey entendía. Su situación no era tan diferente a la de Rose ni mucho menos compleja en cuanto a cuestionamientos de lealtad. No era la persona más adecuada para decirle lo que tenía que hacer o darle consejo sobre sus sentimientos cuando ella misma tenía un gran problema entre manos. Y ese problema venía con toda la Primera Orden a cuestas, una espada láser en forma de cruz y un nivel crítico de testarudez.

— Lo entiendo. De verdad que sí.

Las dos amigas se quedaron unos minutos sin decir nada más, cada una inmersa en sus propios pensamientos. Existía una posibilidad de que todo terminara mejor de lo que pensaban, pero ellas aún no eran capaces de verla.

— De todas formas, ¿Qué querías decirme? — Rose rompió el silencio con su sentido práctico y ansiosa por cambiar de tema.

— Bueno, yo… venía a pedirte un consejo pero creo que estás muy ocupada ahora. — Rey empezó a levantarse, quitándole importancia al asunto pero la joven le detuvo.

— Puedes contarme, aunque quizás no confíes en mí después de lo que acabas de presenciar. ¿Va a decirle a la General?

— No, Rose. Jamás te traicionaría. Sólo prométeme que tendrás cuidado. ¿El espía te ha dicho algo más de mí y de Ben… Ren — Rey se mordió los labios por el desliz, esperando que Rose no lo notara.

— No, solamente que no ha sido el mismo desde que te llevó a Starkiller. Sospecha que le interesa más atraparte a ti que a la Resistencia, lo cual es bastante perturbador si me lo preguntas. Rubí piensa que ustedes comparten algún tipo de comunicación desde entonces pero no ha logrado identificarla. Pero eso es todo, lamento decir que estuve utilizando un canal encubierto para hablar de temas personales con un extraño que podría ser lo mismo un General o un Teniente de la Primera Orden, sólo porque tuve una corazonada de que podría ayudarnos.

— El te gusta. — No fue una pregunta, sino una afirmación.

— Y creo que le gusto a él. — Rose bajó la mirada de nuevo.

— ¿Cómo lo sabes?

Rose notó que su amiga estaba pensando en alguien más al hacer esa pregunta. Podía verlo en sus ojos, en su mirada soñadora y en sus mejillas sonrosadas, en los movimientos nerviosos que hacía con sus manos. Rey no le preguntaba todo eso por simple curiosidad, algo le sucedía. Cuando su mente se iluminó con la respuesta, no fue necesario pensarlo mucho más. Todas las piezas encajaban una vez que descartó a los únicos hombres que ella conocía y que dudosamente podrían haber tenido oportunidad de despertarle sentimientos de esa clase,

— ¿Acaso estás enamorada de Kylo Ren? — Rose se puso de pie mientras soltaba la bomba, casi gritando por la emoción y la sorpresa. No podía decidir si eso le hacía feliz o desgraciada, pero sentía una especie de victoria agridulce al saber que su amiga se sentía casi como ella. Enamorada del enemigo.

— ¡Shhhh! — Rey se apresuró a taparle la boca con la mano. Aún estaban en la cueva y había oídos por todas partes. Aunque después de tamañas confesiones, la última era la menos alarmante. Rose protestó incrédula bajo su brazo y ella sólo la soltó cuando se calmó un poco. — Así es y agradecería que no lo divulgues. Yo guardaré tu secreto si tú guardas el mío. ¿Lo prometes?

Sellaron el pacto de silencio con la condición de hacer algo al respecto. Rose necesitaba ayuda para descubrir la identidad de su caballero encapuchado. Rey precisaba información acerca de todos los movimientos de Ben. Si bien Leia no iba a enterarse del método, el fin justificaba los medios para traer a su hijo de regreso. Si trabajaban juntas quizás podrían lograr algo más, como acabar con la guerra.

Lo próximo en la lista era descubrir el nombre del espía sin que Ben la descubriera. Lo único que sabían de él con certeza era que tenía una gata a la que todos llamaban Millicent.

Kylo entró a la sala de reuniones del Steadfast con su casco recientemente reconstruido y con aires de grandeza. Uno a uno los Generales del Alto Mando mostraron sus respetos y Hux se comportó como un perro rabioso, como era habitual.

« Nada nuevo por aquí» pensó Kylo.

La reunión marchaba bien. Poco a poco sentía renovados sus deseos de crear un reinado nuevo y aguardar por su emperatriz, tener el control y el poder sobre toda la galaxia era una emoción tentadora, pero no se podía comparar con lo que ella le hacía sentir. Si el mundo que quería ofrecerle no era suficiente, crearía otro de acuerdo a sus condiciones. No más guerra, no más vidas perdidas, no más recursos desperdiciados.

Tendría que empezar seleccionando mejor a sus subordinados y le costaba admitir que Hux era el único que tenía buenas propuestas. Había leído su aburrido plan sólo para descubrir que sus ideas no eran tan ridículas. El hombre que ahora disertaba frente a él no se parecía en nada al que casi un año atrás dio la orden para aniquilar a todo un sistema, ocasionando el cataclismo más grande de la historia galáctica. ¿Por qué había cambiado tanto? Aún tenían cosas que discutir pero estaba seguro de que Rey captaría el gesto como una ofrenda de paz.

Las voces de protesta se elevaron entre el Mando de la Primera Orden apenas Hux terminó su ponencia. Pronto se convirtieron en gritos y en un caos total. La propuesta no favorecía especialmente los intereses de las personas allí reunidas, pero Kylo estaba advertido contra eso. La única forma de redistribuir los bienes y enmendar parte del gigantesco daño que había hecho Snoke era devolver lentamente todo a su lugar. Lo que en otras palabras significaba para ellos un salto de fe. El Líder Supremo sabría ahora en quienes podría confiar y por lo visto, el único era Hux y finalmente se había ganado su lealtad y respeto definitivo.

Esa noche se derrumbó en la cama agotado por los eventos de las vísperas. Mantenía un ojo abierto, siempre temiendo que algún general renegado planeara venganza contra él y más aún después de la reestructuración que estaba haciendo. Todos murmuraban que el Líder se había vuelto loco y a él le tenía sin cuidado, porque era cierto. Estaba loco por Rey.

Había comprendido que la única forma de atraerla era un cambio radical y eso estaba intentando. Sólo esperaba que ella cediera, que comprendiera cuánto arriesgaba él, aún cuando sentía renacer en su pecho esa emoción extraña de estar haciendo las cosas bien por una vez en su vida. No iba a mentirse, no a sí mismo. Lo hacía todo por ganarse el favor de su carroñera.

Contra todo pronóstico, se durmió rápidamente. Sus pensamientos le dieron un respiro y las voces se silenciaron por un momento. El sueño fue cálido y suave, justo como se imaginaba que sería si ella estuviera junto a él. Su mente tenía formas muy particulares y realistas de calmar a su corazón enamorado.

Rey despertó despacio, negándose a abrir los ojos. No recordaba el sueño, sólo partes de él, lo suficiente como para provocarle una sonrisa casi culpable. Sentía una persistente presencia, dulce y reconfortante, que le susurraba que todo iba a estar bien mientras la rodeaba con fuertes brazos que su mente le atribuyó a Ben. ¿A quién más sino? Sus manos entrelazadas con las suyas eran casi tan auténticas como las verdaderas. Se decía a sí misma que tendría que empezar a poner límites o se volvería loca incluso mientras dormía, aún cuándo esos sueños fueran como un tesoro precioso que debía ocultar.

Se estiró poco a poco, reconociendo con su cuerpo el espacio y aterrizando en la realidad: el frío de la cueva, la almohada rígida, el dolor de su estómago pidiéndole comida y algo más que no logró reconocer de inmediato.

El latido de otro corazón cerca de su espalda. Otra respiración suave haciéndole cosquillas en su cuello. No estaba sola.

Horrorizada, abrió los ojos para comprobar que esta vez, la Fuerza había depositado a Ben en su cama de la Resistencia, en Ajan Kloss, donde cualquiera que pasara casualmente por ahí podría haber visto al Líder Supremo en ropa de dormir, abrazando tiernamente a Rey que había quedado sin habla por el impacto.