Rey pensó que lo mejor que podía hacer en esa situación era mantener la calma. De nada serviría alterarse, después de todo Ben aún dormía y ella no sabía lo que él sería capaz de hacer al comprobar en dónde se hallaba. Era posible que se sintiera atacado y se defendiera, aunque ella lo dudaba.

A través de la Fuerza lo percibía en paz y estable, pero no se atrevió a inmiscuirse en su mente, menos cuando escuchó el suave murmullo de su voz adormilada y un escalofrío recorrió su cuerpo como una descarga eléctrica de una celda de energía abandonada en Jakku. Sus palabras eran ininteligibles, pero ella podría haber jurado que estaba llamándola en sueños.

Se tomó unos minutos para analizar lo que ocurría, pero su cuerpo parecía tener otros planes. Nunca había estado tan cerca de otra persona, ni siquiera durante las noches heladas del desierto, y tenía que reconocer que la suave fragancia del cabello de Ben le empañaba el juicio. Jamás se hubiera permitido semejante muestra de debilidad, dar la espalda al enemigo podía significar la muerte. Pero no se sentía en peligro con él, abrazándola con presión firme por la cadera, incluso podría decir que era… agradable. Era placentero sentir al menos una vez que alguien la protegía.

Sin embargo, las sensaciones que el cuerpo de Ben le producía no se limitaban al instinto de supervivencia, sino a instintos de otra clase, unos que ella no había experimentado pero por supuesto que conocía por haber escuchado lo que otras chatarreras decían.

Siempre le había parecido algo extraño y vergonzoso, pero algunas mujeres le daban muchísima importancia a la mecánica de la relación entre el macho y la hembra de una especie. Rey escuchó con la misma concentración que usaba para sus incursiones de carroñera, incluso tuvo la traumática experiencia de encontrar a algunas de ellas en pleno acto. Ellas le habían advertido que nunca debía dejar que un hombre se le acercara tanto a menos que quisiera y la joven jamás había sentido curiosidad por comprobarlo.

Hasta ese día.

Bueno, hasta el día anterior, cuando vio a Ben entrenando.

Pero no era ni el momento ni el lugar para esos pensamientos que se salían de control. Por un lado, él podría descubrirla leyendo su mente y ella no soportaría la vergüenza. Por otro lado, aún estaban en Ajan Kloss, pronto despertarían sus amigos y no quería que lo vieran ahí. Tenía que apartarse de él sin despertarlo y olvidar el asunto. Rey no pudo evitar preguntarse qué hubiera pasado si la Fuerza la depositaba a ella en los cuarteles de la Primera Orden.

«Mejor no ir por ese lado.»

En tercer lugar estaba la Fuerza, que se estaba volviendo insistente e inoportuna, que podría cortar la conexión en cualquier momento. Tal vez si tenía suerte, todo acabaría pronto y Ben ni siquiera se enteraría, pensaría que había sido un sueño. Rey, en cambio, no olvidaría jamás la sensación de sentirse rodeada por él, pero la guardaría en el fondo de su corazón para consolarse si todo salía mal.

Pero la Fuerza era astuta.

La joven supo que algo peligroso ocurría cuando sintió que Ben cambiaba el ritmo de su respiración y se aferraba más a ella. El agarre de sus brazos era firme pero sin llegar a hacerle daño y aunque ella apenas podía respirar, logró zafarse de uno de ellos con dificultad. Al hacerlo, él rozó sin querer uno de sus pechos y Rey se sonrojó con intensidad. Su determinación caía en picada pero se concentró en tratar de escapar. El cuerpo de Ben reaccionaba también a su cercanía y ella tuvo miedo de que despertara pronto. Pero lo que le confirmó sus temores fue la presión que sintió en la parta baja de su espalda.

Entró en pánico. Ningún entrenamiento le había preparado para esta clase de lucha.

El grito de alarma despertó a Ben y automáticamente liberó a su presa, claro que apenas entendía lo que estaba pasando entre las brumas del sueño. Rey saltó de la cama imponiendo toda la distancia que pudo entre ellos mientras trataba de digerir lo que acababa de comprobar en la pequeña hendija que la mente de él le permitió mirar.

«¡¿Que él pensó que estaba haciendo qué?!»

Rey se preparó para decirle que estaba muy ofendida y halagada, aunque pensaba omitir eso último, pero que no estaba dispuesta a hacer nada de eso con él en esas circunstancias tan precarias. Si alguna vez sucedía algo entre ellos, tendría que ser especial y estaba ese pequeñísimo detalle de la guerra.

Aunque no pudo decir nada, ni siquiera expresárselo a través del vínculo, porque Poe llegó corriendo asustado por el grito.

— ¡Rey! ¿Qué ocurre? ¿Otra vez esos bichos?— el hombre se puso delante de ella y desenfundó un bláster, sin pensar que su medida era un tanto excesiva. Estaba justo en el medio de la joven y de la litera, así que comenzó a dar la vuelta para examinar el lugar donde estaba Ben, a quien por su puesto no veía. ¿O sí? No podían arriesgarse.

— ¡No es nada! — Rey le impidió dar la vuelta y le empujó hacia el pasillo, mientras dirigía una mirada de advertencia a Ben y le ordenaba cerrar la boca mediante su enlace. — He tenido una pesadilla, eso es todo Poe.

No fue una pesadilla para mí…

Rey se detuvo abruptamente al sentir la voz de Ben en su mente y aún sonrojada tuvo muchas ganas de golpearlo por su descaro, pero intentó ignorar la mueca perversa que seguro que se estaba formando en su bello rostro pálido y alargado.

— ¡Ya cállate! — gritó Rey sin pensar en lo que hacía y bastante turbada por el resto de los pensamientos que Ben depositó en su mente con insolencia, provocándola hasta el punto de hacer que sus rodillas temblaran.

— No he dicho nada. ¿Con quién hablas? — Poe quiso regresar para cerciorarse de que ella estuviera realmente a salvo. — Si quieres puedo revisar…

¿En serio, Rey? ¿Dameron? ¿Ese es tu guardaespaldas?

Esta vez ella hizo acopio de toda su energía para no hablar en voz alta, mordiéndose los labios y enviándole en cambio, un mensaje lleno de rabia a la mente de Ben mientras Poe seguía en lo suyo.

Al menos él está de mi lado. Él está aquí.

Lamentó haberle herido de esa manera, pero no pudo evitarlo. ¿Cómo pretendía que se llevaran bien si siempre acababan peleando?

Podríamos hacer otras cosas en vez de pelear…

No debería sorprenderse por la facilidad con la que Ben se recuperaba y volvía al ataque, después de todo era el campeón de la Primera Orden antes que el Líder Supremo. En el futuro se obligaría a no sentir lástima por él.

O podríamos pelear sólo por diversión…

Él seguía hablándole de esa manera mientras ella despachaba a Poe con una sonrisa tensa y muchas ganas de patear al vanidoso Trasero Supremo. Una vez que se aseguró de que su amigo ya no regresaría, volvió sobre sus pasos para enfrentar a Ben, la furia era un excelente combustible.

— ¿Qué crees que haces aquí? ¿Es que no hay forma de librarme de ti?

— Es la Fuerza. ¿Recuerdas?

Ben se puso de pie y avanzó hacia donde ella estaba. Rey no pudo dejar de notar lo diferente que se veía en ropa de dormir. Sus pantalones anchos y la camiseta con mangas largas, todo el conjunto en negro, como no podía ser de otra manera. En pocos días le había visto casi sin ropa y entrenando, pero ahora existía un factor de intimidad que no había experimentado antes, a pesar de llevar más ropa que de costumbre.

Hizo un enorme esfuerzo por no mirar hacia abajo y el bloqueo mental fue exitoso porque él no se enteró de lo incómoda que ella se sentía al recordar lo que había sucedido segundos antes.

— ¿Cómo es que no mueren de frío aquí? ¿Qué lugar es este? Parece ser alguna clase de cueva… — Ben se abrazó a sí mismo para intentar darse calor, pero la verdad era que extrañaba sentir a Rey entre sus brazos, aunque fue sólo un segundo de consciencia. — Me preocupa que te enfermes.

—No caeré en esa trampa. No te voy a decir. —Ella se asustó porque él estaba cerca de adivinar, se concentró en reforzar su bloqueo mental.

— Rey. Necesito verte en persona. — Él se acercó despacio pero decidido a no dejar que ella se escapara esta vez, acorralándola sin mucha dificultad contra la pared de la cueva pero sin tocarla.

— Pues yo no quiero. — dijo ella con un hilo de voz, sabiendo que mentía descaradamente.

— Eso no es verdad. He visto tu mente cuando nos besamos. Quieres volver a hacerlo.

— No. Lo que quiero es que te vayas. Alguien podría venir. — la joven miró nerviosamente hacia el lugar por el que había aparecido Poe.

— Sientes curiosidad porque no lo has hecho antes. Pero te aseguro que besas muy bien. — El tono de él fue dulce y ella sentía que iba a derretirse en cualquier momento, como si estuviera bajo el sol de mediodía de Jakku.

Ben no pudo resistir el impulso de acomodar una hebra de su cabello suelto que caía sobre su frente.

— ¿Cómo lo sabes? ¿Has besado a muchas? — Su voz estaba llena de algo que se parecía a la envidia con grandes dosis de rabia, detalle que a él le fascinó.

— Algunas… — Rey abrió la boca para decirle algo pero él le colocó un dedo sobre los labios y ella no tuvo más remedio que guardar silencio. —Pero sólo a ti quiero besar de nuevo, todas las veces que haga falta para convencerte de que abandones a tus amigos y que seas mi emperatriz.

Por un instante sintió desvanecerse su determinación, impresionada por la vehemencia del afecto de Ben. Pero no era suficiente.

— Ya te dije que no puedo hacerlo, Ben. Tú debes abandonarlo todo. Te lo dije en la sala del trono. Tu madre te espera, te ayudaremos.

Él se apartó, como si ella le hubiera abofeteado.

—Eso no va a pasar. No voy a regresar.

Rey sintió que él se escapaba de nuevo, asustado y herido. Su propia lealtad estaba dividida, quería advertirle del espía pero no podía traicionar a Rose, quería estar a su lado pero no iba a darle la espalda a la Resistencia.

Si tan solo existiera otro camino…

El deseo formulado en su mente llegó hasta él, quien pareció animado por un instante, aunque no del todo seguro de cuánto podía revelar. El plan que Ben puso en marcha en la Primera Orden estaba funcionando bien, pero de manera demasiado lenta para su gusto. Tenía ganas de demostrarle a Rey que había cambiado, que unirse a él y gobernar la galaxia juntos podía ser diferente.

—Por favor, necesito verte. No de esta manera, no cuando lo quiera la Fuerza…. Hay algo importante que quiero decirte. — Regresó junto a ella y tomó sus manos con delicadeza, de una forma en que nunca antes lo había hecho.

Rey sentía sus emociones en conflicto porque eran también las suyas, pero esta vez había algo diferente en él, en sus ojos. Estaba en trance, hechizada por su tono dulce, como si pudiera finalmente descubrir a Ben debajo del Líder Supremo.

Supo entonces que tenía que advertirle. Se preocupaba por él, lo amaba. Aún cuando fuera imposible que estuvieran juntos, incluso si él solamente la quería por su poder. Rey sabía que él podía cuidarse solo, no ignoraba los crímenes que había cometido. Pero era peor vivir en un mundo en el que él no existiera, le dolía el corazón con imaginarlo.

— Ben… Creo que estás en peligro, alguien de la Primera Orden sabe de… lo nuestro.

El ignoró que le había llamado por su nombre y se aferró al sentimiento de protección escondido en sus palabras.

— ¿Lo nuestro? Admites que sientes algo por mí. — A él se le detuvo el corazón esperando su respuesta.

— ¿Es en serio? Acabo de decirte que hay un espía entre tus filas y tú solo piensas en...eso.

— Ya sabía lo del espía, hace siglos que vigilo al General Hux. No quiero hablar de él ahora. — Ben hizo un gesto de desdén con la boca e ignoró el rostro atónito de Rey. — ¿Qué es lo que hay entre nosotros Rey?

— No lo sé, la Fuerza nos quiere juntos.

— ¿Y qué quieres tú? Eso es lo que necesito saber.

— Yo…

— Te ayudaré a aclarar la mente.

El beso no le tomó por sorpresa esta vez, de hecho Rey lo anhelaba. La pasión, en cambio, superó las expectativas de los dos. La angustia y la frustración de él por no poder hallarla, se dulcificaron al sentir que ella inclinaba la cabeza para estrecharse junto a él. La furia de Rey por la obstinación de Ben se trasformó en otra cosa mientras profundizaban el roce de sus labios. Seguía enojada con él, tal vez siempre lo estaría, pero había tantas otras cosas que él le hacía sentir, que en ese momento ningún pensamiento cuerdo acudió a su mente.

La Fuerza no les interrumpió esta vez, y a decir verdad ninguno de los dos sabía muy bien lo que ocurría alrededor. Ajan Kloss, la Primera Orden, todo se había esfumado y solamente estaban ellos, unidos por el vínculo y el abrazo.

Pero el sonido de unos pasos les recordó que no podían vivir en esa fantasía para siempre, y tuvieron el tiempo justo para separarse antes de que la General Organa apareciera en los cuarteles de Rey.

Ben no podía verla, pero sabía que se trataba de su madre porque permanecía con la mente enredada con la de Rey. ¿Por qué ella, de entre los cientos de personas que rodeaban a Rey, tenía que aparecer en ese momento? ¿Acaso existía algo más humillante e inoportuno? Percibió su confusión, como si se diera cuenta de que algo anormal ocurría, pero Leia era una experta en bloquear su mente y él no tenía ninguna clase de influencia con ella, aunque sospechaba que tampoco la tendría en persona.

Por alguna extraña razón se imaginaba que podía verla en detalle, su peinado y su ropa, hasta ese anillo que llevaba desde que él era niño. Pero eso era imposible, seguramente el beso le había trastornado.

Rey sí que podía hacerlo, aunque lo que más le costó fue disimular. Su estado de excitación era elevado y ninguna meditación le devolvió la paz después de estar tan conectada con Ben. Pero el bochorno se saberse en falta le devolvió un poco de dignidad y saludó a su Maestra de la mejor manera que pudo.

— Rey, necesito que hagas algo por mí. Tengo una misión especial para ti en…

— ¡Puede decírmelo después! — Le interrumpió sin pensar, porque no estaba segura de poder ocultarle esa información a Ben.

— No, es bastante urgente. Tienes que presentarte hoy mismo en Coruscant. Rose irá contigo en el Halcón. — Leia ignoró la interrupción y después de dar la orden, sin admitir réplica alguna, se dio media vuelta y regresó a sus cuarteles con una sonrisa triunfante en el rostro.

Nos vemos pronto en Coruscant cariño.

Fue lo último que Rey escuchó antes de que la conexión se cortara, pero ya no se molestó en preocuparse. Tenía muchas ganas de volver a verlo porque en persona podría decirle lo que pensaba de su odioso entrometimiento sin que la Fuerza se lo arrebatara. Y también podrían continuar el beso en donde lo habían dejado.

Leia se sirvió una taza de té mientras disfrutaba de su emoción. Esos dos no se habían dado cuenta de que seguían con las manos entrelazadas cuando ella entró. Se alegró de poder intervenir un poco a favor de su hijo y también de comprobar que entre los dos había una energía pura y brillante.

Secó sus lágrimas con un pañuelo, después de todo, hacía mucho tiempo que no veía a Ben.