De regreso en el Steadfast, el Líder Supremo se permitió un pequeño baile de la victoria que sólo presenció su droide de servicio, y si acaso éste hubiese sido capaz de expresar alguna emoción, seguramente tendría ahora los circuitos fritos por la impresión.

Hacía muchísimo tiempo que Kylo no se sentía tan feliz, de hecho nunca había experimentado nada parecido a lo que sentía en este momento. Pero eso era algo bueno, significaba que todo marchaba a la perfección y pronto tendría a la bella carroñera a su lado.

Se llevó una mano a los labios sin poder dejar de sonreír y se prometió a sí mismo que no pasaría un día sin besar a Rey cuando ella fuera su emperatriz. Aunque se estaba adelantando bastante, no dudaba de la efectividad de su plan.

Pero necesitaba enfocarse y tenía que poner a su General en una nave a Coruscant lo antes posible. No iba a ser fácil alejarlo del puente de mando, pero ahora que Rey le había confirmado una de sus sospechas, tenía fuertes razones para presionarlo. Sabía que Armitage Hux monitoreaba cada cosa que él hacía desde el día en que encontró el cuerpo cercenado de Snoke en el Supremacy. Kylo recordaba sus miradas fulminantes en la pequeña nave de escape, que ambos tuvieron que compartir con la odiosa Millicent.

Ya era hora de cobrarse todos los disgustos que esa gata mañosa y su amo le habían causado, incluso le permitiría llevársela con ellos a cualquier parte con tal de que aceptara sus órdenes. No era novedad que Hux ansiaba el puesto de gobernante absoluto de la galaxia y no entendía cómo alguien tan inepto como el aprendiz de Snoke hubiera tomado el lugar que le correspondía a él. Aunque ignoraba que Kylo admiraba su coraje por arriesgar el cuello a causa de una mujer desconocida de la Resistencia, porque había hurgado en su mente y el nombre de Cobalto aparecía brillando como un cristal kyber.

No podía culparlo, él también hizo muchas tonterías desde que conoció a Rey, empezando por su secuestro en Takodana. ¡Vaya estrategia de seducción! Pero ya tendría oportunidad de arreglar todo cuando ella aceptara su propuesta.

Aunque Hux tenía otros motivos más oscuros que Kylo también comprendía. Sus historias no eran tan diferentes después de todo, a los dos los habían tratado como escoria y la Primera Orden era una especie de hogar sustituto en el que se abrieron camino con los medios que cada uno tenía. Kylo era el campeón en batalla, Hux era la mente maestra detrás de cada estrategia. Pero ahora era su subordinado y el resentimiento había crecido abruptamente. El Líder lo lamentaba mucho, le hubiera gustado contar con él como su amigo.

Por esa razón le dio la oportunidad de exponer sus ideas en el Alto Mando. El General no era la clase de sádico que todos creían, sino que se trataba de un sujeto muy inteligente, perfectamente capaz de administrar los recursos de la galaxia y del Nuevo Orden que Kylo ansiaba proponer. Sólo tenía que ajustar algunos detalles, limar asperezas, y Líder ya tenía idea de cómo hacerlo.

Claro que estas ideas eran recientes, porque un año atrás no hubiera pensando en desmantelar parte por parte lo creado por Snoke para gobernar con misericordia en su lugar. Aunque la democracia, en el otro extremo del péndulo, tampoco había resultado bien y la Primera Orden era el ejemplo de eso.

Al menos Kylo estaba seguro ahora de que lo mejor que podía lograr era un término medio: ser un emperador justo y generoso, rodeado de personas idóneas y confiables. Tal vez su madre lo aprobaría, incluso con el tiempo podría tomarla como consejera.

Por supuesto, la clave de su plan era Rey. Con ella a su lado, escuchando sus ideas, compartiendo el poder, viajando a lo largo y a lo ancho de la galaxia, todo sería mucho más que un bello sueño. Su imagen de Matajedi no iba a ayudarle a ganarse el corazón de sus súbditos, pero la joven lo lograría con su natural simpatía y su alma pura. Aunque su verdadera intención detrás de todo esto era pasar el resto de su vida junto a ella y hacerla feliz.

Y todas esas cosas ansiaba explicarle en persona, en Coruscant, sin que la Fuerza les interrumpiera cada vez que quería confesarse. Con otra sonrisa pícara se consoló admitiendo que por lo menos habían aprovechado bien el tiempo.

Si alguna vez su causa fue motivada por el dolor y la furia, ahora su objetivo era despertar con Rey en sus brazos cada mañana. No necesitaba más que eso. Ella le había arrastrado medio camino de regreso hacia la Luz, ahora ansiaba que ella diera el paso hacia él. Y sabía que esta vez no obtendría un rechazo.

Volviendo a la realidad y después de una ducha reparadora y energizante, Kylo se vistió con su ropa negra habitual pero ordenó al droide que empacara otras prendas en su bolso de viaje. El azul marino y el gris oscuro serían buenas alternativas, le ayudarían a mezclarse con los ciudadanos y no podía esperar a ver la reacción de su amada Rey.

Todos somos algo coquetos, ¿por qué no iba a serlo el Líder Supremo?

El General Armitage Hux revolvió distraído su té de Moogan mientras pensaba en su última conversación con la dulce informante de la Resistencia. Cobalto no era un nombre que le hiciera justicia a su voz cristalina y a su risa adorable, pero habían acordado no revelar sus identidades.

¿Quién era ella? La única pista que tenía era un fragmento de su rostro, sus labios pequeños y carnosos, sus dientes perfectos y su deliciosa sonrisa. Cuando hablaban se dejaba el cabello suelto en ondas oscuras que Armitage moría por acariciar. ¿Por qué se había vuelto loco por una desconocida?

Jamás se hubiera cuestionado sus acciones del pasado de no ser por ella. Armitage sabía que Cobalto le ayudaría a comenzar una nueva vida cuando abandonara la Primera Orden, no sin antes desmantelarla desde adentro.

Sus labios se curvaron levemente en las comisuras al pensar en lo ingenuo que era el Líder Supremo. Le había dado poder pero no sospechaba que ese sería el principio del fin. Hux ya no quería someter una galaxia entera, en cambio deseaba ser digno de ganarse el corazón de Cobalto con una buena acción que enmendara una vida de daño.

Sin embargo, no existían promesas ni certezas a futuro, Armitage confiaba en un presentimiento. De alguna forma ella le había asegurado protección, pero a él solamente le importaba su bienestar. Si acaso moría por salvar a la Resistencia, lo haría con felicidad porque de esa forma ella ya no iba a sufrir. Lo haría con honor.

Pero nada de eso iba a suceder porque la segunda parte de su plan era un poco más ambiciosa. Después de todo, él no era General por nada.

Entregaría a Kylo Ren, él era su boleto de salida. Hux sabía que su madre, la General Organa, estaría encantada de verlo después del episodio que culminó con el asesinato de Han Solo. Si lograba secuestrarlo y marcar el curso hacia la Base de la Resistencia, dejaría a la Orden sin Líder, iniciando un lento proceso de reconstrucción que Armitage tenía bien calculado. Con eso también quedaba en buenos términos con el bando opuesto, aceptando juicio si es que organizaban alguno en contra suya, pero lo dudaba. Si cada cosa funcionaba como lo había planeado, él y Cobalto estarían muy lejos en algún planeta perdido cuando decidieran acusarlo.

Y alguien más estaría feliz de ver a Ben Solo de regreso, aunque eso le importaba poco y nada. La jedi mantenía alguna clase de relación con él, eso era algo seguro.

Eso los mantendría ocupados mientras convencía a su amada de escaparse con él.

— Preparen una nave de inmediato. — Kylo Ren apareció en el puente de mando con su habitual humor. — General Hux, usted viene conmigo.

Armitage frunció la boca en señal de desprecio pero moderó su respuesta. El Líder Supremo no llevaba casco así que podía ver un brillo decidido en sus ojos.

— ¿Quién quedará a cargo del Steadfast?

—Sólo siga mis órdenes, Hux. Yo me ocuparé del resto. — Kylo se acercó un poco al General hasta hablarle en un tono que sólo pudiera escuchar él. — O debería decir Rubí.

El pelirrojo se ahogó con su propia saliva, tosiendo con desesperación. Kylo puso los ojos en blanco y le palmeó con fuerza la espalda, ante la mirada atónita de los oficiales que estaban cerca. Con los ojos rojos por el esfuerzo, Armitage se repuso y se irguió todo lo que le era posible ante su líder, sin admitir la derrota todavía.

— No sé de qué habla, pero no puedo abandonar la nave ahora que…

— ¿Quieres saber quién es ella? — su odiado jefe interrumpió las excusas. — No te molestes en disimular. Sugiero que me sigas la corriente y te subas a esa nave ya mismo, a menos que quieras pasar una estadía en la sala de interrogación.

Hux lo miró con incredulidad, emocionado y ansioso por conocer el nombre de su compañera del delito, olvidando por un momento que probablemente la Primera Orden lo ejecutaría por traidor.

Asintió con un solo movimiento de la cabeza y empezó a repartir las órdenes necesarias para el viaje. Su mente giraba a toda velocidad pensando en las consecuencias y en cómo sacar provecho de la situación. Tal vez su plan se estaba precipitando pero eso era algo bueno y sabía improvisar. No le agradaba en absoluto, pero podía hacerlo.

Quizás era la oportunidad perfecta para secuestrar al Líder Supremo.

— ¿Cuáles son las coordenadas, Señor? — preguntó uno de los oficiales.

— Coruscant. — respondió Kylo con una sonrisa que no pudo contener. — Y no volveremos solos. Quiero que preparen mis cuarteles, la emperatriz viene en camino.

...

La misión a Coruscant era bastante simple y con alguien tan hábil como Rose de su lado, Rey no tenía de qué preocuparse. Llegarían al edificio del antiguo templo Jedi, ahora convertido en oficinas del Senado, para rastrear a un posible aliado y llevarlo de regreso a Ajan Kloss.

Pero no le preocupaba el peligro de encontrarse con algún soldado de la Primera Orden que frustrara sus planes, sino la seguridad de que se toparía cara a cara con el mismísimo Líder Supremo.

Ben sabía que ella iría y seguramente le estaría esperando allí, aunque tal vez era mejor de esa manera porque finalmente podría verlo en persona. De alguna forma esa certeza no le produjo la tranquilidad deseada y un escalofrío de expectativa recorrió su espalda al recordar el beso que habían compartido casi una hora antes. Se abrazó con sus propios brazos como si él estuviera junto a ella y se permitió una pequeña sonrisa de enamorada, total nadie la estaba mirando.

Si había sentido tantas emociones a través de un enlace de la Fuerza, ¿cómo se controlaría cuando lo tuviera frente a frente? ¿Podía confiar en él?

De nuevo, el peso de toda la Resistencia caía sobre sus hombros y no tenía muy en claro lo que debía hacer. Aunque el momento llegaría tarde o temprano, él esperaba una respuesta y se sentía tan atraída a Ben que no podía ni quería ignorar las ganas que tenía de volver a besarlo. ¿Acaso estaba mal anhelar algo así? Ya no seguiría la senda Jedi con sus códigos obsoletos, pensaría en eso luego y encontraría la manera de crear su propio camino con sus propias reglas.

La joven se encontraba en el medio de un campo de batalla en el que dos guerras se llevaban a cabo: una por la galaxia y otra por su amor. Ya no tenía fuerzas para luchar por la segunda y sospechaba que en cuanto resolviera eso, la primera dejaría de importar. No estaba segura de cuál era el paso a seguir, pero quería estar del mismo lado que Ben. Si él quería decirle algo, si él deseaba proponer una tercera opción, Rey escucharía.

Soltó un largo suspiro mientras esperaba a su compañera de viaje ya a bordo del Halcón Milenario. Admitió que lo mejor sería aclarar todo con Rose antes de encender los motores. Dudaba que la noticia de la verdadera identidad de su adorado Rubí le resultara muy agradable, y no sabía cómo reaccionaría ella cuando cayera en la cuenta de que se había enamorado del hombre que estuvo a punto de acabar con su vida y la de Finn en el Supremacy tan solo algunas semanas atrás. ¿Alcanzaría con el sentimiento romántico que él le inspiraba cuándo descubriera que el General Armitage Hux era el espía?

— ¿Lista para partir? — Rose pensaba que se trataba de otra misión más, aunque se sorprendía de que Finn y Poe no fueran con ellas.

Rey asintió pero su sonrisa fue un poco forzada y su amiga se dio cuenta de que algo sucedía.

— ¿Estás bien, Rey? ¿Has vuelto a ver a Kylo Ren? — agregó en un susurro y mirando para todos lados de manera que hizo reír a la joven castaña.

— Sí, bueno… el enlace se está activando con mucha frecuencia… — Rey se sonrojó intensamente porque esa situación no le molestaba en absoluto. — Pero no es eso lo que me preocupa. Ben me reveló el nombre del espía de la Primera Orden… Resulta que ya lo sabía desde hace tiempo.

— ¿Sabe quién es él? ¿Te lo ha dicho? — Rose se sobresaltó, elevando un poco el tono de voz. — ¡Por la Fuerza! ¿Está en peligro?

— No lo creo. — Rey no podía asegurarlo porque no conocía al pelirrojo sino de vista y jamás había hablado con él, y Ben jamás le había dicho nada al respecto. Pero si las habladurías eran ciertas, la que debía preocuparse era ella porque el General era realmente malvado y temía por la dulce e inocente Rose. — Armitage Hux es Rubí.

La mecánica entrecerró los ojos un instante y ladeó la cabeza, intentado procesar la información. Luego abrió la boca para decir algo pero volvía a cerrarla como si no supiera qué decir. En su mente trataba de encajar el perfil anguloso y pálido del odioso Hux con la suave calidez de la risa de Rubí bajo la capa, pero la ecuación no tenía sentido para ella. Nunca había visto sonreír al General con la risa cantarina de Rubí así que no podía compararlos de esa manera. Hasta que reparó en un pequeño detalle.

Sus manos. Él nunca se quitaba los guantes, seguramente para ocultar algo.

Rey puso una mano en el hombro de su amiga para infundirle ánimos, sintiendo en carne propia sus emociones contradictorias porque ella sabía muy bien lo que pensaba Rose en esos instantes.

— Oh no... — sólo fue capaz de decir ella a medida que todo empezaba a cobrar sentido, con la vista perdida más allá de la ventana de la cabina.

— Lo siento Rose. — Rey no sabía qué hacer en un caso así y se culpaba por haber cometido el error de arruinar la ilusión de la joven. — Lamento no poder decirte nada más, no tuve oportunidad de conocerlo y creo que estuvo detrás de Starkiller y el cataclismo de Hosnian Prime.

— ¡Oh no! — Repitió ella poniéndose de pie y llevándose una mano a la boca. No podía ser él. De entre todos los miles de tripulantes del Steadfast, ¿por qué tenía que ser él? — Es que yo conozco a Hux pero Rubí no es así, no se parece en nada a él…

— ¿Cuando lo del Supremacy? ¿Antes de Crait? Allí lo viste. — preguntó Rey y su amiga asintió, frenética antes de desplomarse en el asiento de copiloto con agotamiento.

— Eso no es todo, Rey. —se estremeció. — Cuando nos tomaron prisioneros, me sentía tan humillada y lastimada… por tantas cosas… — Rose recordó que el plan perfecto que había ideado con Finn y Poe puso en peligro a todos sus amigos, justo en las vísperas de perder a Paige y visitar Canto Bight.

— Rose, no me cuentes si no quieres hacerlo. — Rey se asustó imaginando que habrían torturado a su amiga para sacarle información y respetaba su reserva. — No dejaré que él te lastime de nuevo…

— ¡Oh! No, no fue así como sucedió… jamás hubo interrogatorio, todo sucedió muy rápido. Yo lo mordí.

— ¿Cómo dices?

— Hux me llamó sabandija, me insultó de todas las formas posibles. Moriríamos de todas formas, Finn y yo estábamos perdidos. Yo me enfurecí tanto que clavé mis dientes en su mano pero sólo pude arrancarle un pedazo del guante y seguro que le dejé una marca… — Rose se percató de la ceja levanta da de su amiga. — Oye, no me mires así, te recuerdo que solías referirte a Ben como monstruo y hasta peleaste con él varias veces.

— Es un asunto diferente… Pero entiendo tu punto. — Rey recordó la cicatriz que ahora marcaba el bello rostro del hombre que amenazaba con hacerle perder la razón. — ¿Qué pasará ahora? Dices qué como Rubí te ha mostrado una faceta diferente. ¿Crees que sea sincero? ¿Le darás una segunda oportunidad?

— No lo sé. Lo pensaré durante el viaje. Aunque no creo que él me perdone a mí. — Rose pensaba a toda velocidad, analizando la situación con la mejor óptica posible. — Me preocupan sus motivos para abandonarlo todo. ¿Y si se arrepiente cuando descubra que Cobalto es la prisionera de Otomok que casi le arranca un dedo?

— No quiero ser grosera, pero ellos siempre hacen tonterías. Y de verdad creo que se lo merecía. — ella pensó en esa absurda pelea por el sable de Luke y puso los ojos en blanco.

Rose encendió los motores con un poco de ira pero agradecida con Rey por haberle confiado algo tan importante. Su adorado espía tenía encima una amenaza mayor que el castigo del Líder Supremo y si todas esas palabras bonitas para ella habían sido verdaderas, tendría que demostrarlo con acciones cuando lo arrastrara fuera de la Primera Orden.

— Creo que es hora de que las chicas utilicemos algunas estrategias también. — Rose miró de reojo a Rey con astucia, segura de que su amiga iba a estar de acuerdo. — Tengo un plan.

Los caballeros de Ren no protestaron cuando su líder les pidió prestado su adorado Buitre Nocturno, pero sí se sorprendieron un poco de que no quisiera utilizar su TIE. La nave funcionaba como un transporte de prisioneros, tal vez eso les aclaraba algunas cosas. Pero la orden de designar al escuálido General Hux como copiloto y posible artillero, les parecía sumamente descabellada. De todas formas, no estaban en condiciones de protestar, así que continuaron haciendo lo que sea que hacían cada día de sus vidas cuando no estaban arrasando planetas enteros y sometiendo a sus pobladores.

Apenas subieron, Kylo arrojó una maleta pesada a Hux sin mayores explicaciones. Pero el pelirrojo no se iba a dar por vencido. Cobalto se había comunicado con él para decirle que iría junto a Ópalo a Coruscant, como parte de una misión clasificada de la Resistencia. Sería la oportunidad perfecta porque su odioso Líder estaba en desventaja, desarmado, y totalmente ajeno al piso debajo de sus pies, todo gracias a la carroñera.

De esta forma, mataría dos pájaros de un tiro: entregaría a Kylo y conocería a su bella informante. Sólo restaba resolver los detalles del encuentro y del escape. Contaba con la habilidad de Cobalto para manejar al Buitre Nocturno porque ella misma le había dicho una vez que era una excelente piloto.

Por mera curiosidad abrió el bolso que Kylo le había arrojado y su contenido le dejó bastante confundido. ¿Qué planeaba hacer él con esas túnicas?

El enlace se activó mientras viajaban, para variar. Kylo apenas tenía privacidad en la nave, aunque no tenía que dar explicaciones a nadie acerca de lo que hacía o dejaba de hacer. Hux estaba muy serio, no soltaba su datapad y el Líder era lo suficientemente inteligente como para saber que tramaba algo. Pero ver el rostro de su adorada jedi le producía tanta paz que decidió ignorar al pelirrojo unos minutos, refugiándose en un sector apartado.

Ella estaba de espaldas, en un asiento que le resultó dolorosamente familiar. Rey viajaba en el Halcón Milenario, por supuesto.

— ¿Qué es lo que planeas hacer cuando llegues allá, Ben? ¿Vas a secuestrarme de nuevo? — Rey giró para encontrarse con él, advertida de la nueva conexión.

— Lo he pensado, pero no creo que sea necesario esta vez. — Avanzó hacia ella despacio, como si flotara. — Vendrás conmigo por voluntad propia.

Ella le dedicó una sonrisa triste que produjo un salto en su corazón.

— Nada me gustaría más. Pero sabes que no puedo hacerlo. — Kylo abrió la boca para responder pero ella le puso un dedo sobre los labios mientras se incorporaba hasta quedar muy cerca de él. — Sin embargo… Hay algo que podrías darme a cambio.

Kylo sintió que le faltaba el aire por la forma en que ella lo miró, volviéndose loco cuando Rey se mordió sus labios, seguramente pensando muy bien lo que iba a decir.

— Lo que quieras — respondió él como un autómata, tomando su mano con suavidad y totalmente perdido en sus ojos verdes.

Rey soltó un suspiro y perdió la razón cuando él se llevó su mano a la boca y comenzó a besarla con enloquecedora lentitud. Pero se concentró con dificultad.

No me distraigas. Esto va en serio, Ben. — le habló ella a través del enlace.

Y yo te escucho con toda atención. — respondió él, en tono travieso.

Luego dejó ir su mano con pereza, rozando la sensible muñeca de la joven en el proceso. Rey no se apartó esta vez, sino que colocó su otra mano detrás de la cabeza de él, poniéndose en puntas de pie para susurrarle al oído.

— Iré contigo si entregas al espía.

Sus palabras parecieron romper el hechizo y Kylo se apartó un poco para verla a los ojos, sintiéndose un poco decepcionado y parpadeando varias veces. Ciertamente esperaba otra clase de negociación.

— ¿Qué? ¿Te sacrificarías por ese inútil? — los celos ocuparon el lugar de la pasión, oscureciendo su semblante. — ¿Por qué te importa su suerte?

—Porque eso hacemos, salvamos a los que amamos. Y mi amiga ama a tu General, así que debes prometerme que no le harás daño. — Rey se alejó unos pasos, satisfecha. Ben no era el único que podía usar su abrumador poder de seducción con ella.

— ¿Esa es tu única condición? — el joven sonó un poco decepcionado. Esperaba un poco más de batalla antes de la rendición, sospechaba que algo extraño ocurría. — Si dejo ir a Hux, ¿te unirás a mí?

— Aceptaré una tregua y consideraré darte una oportunidad para que me digas eso que quieres decirme. Hux será mi garantía. Te lo devolveremos cuando decida qué hacer contigo.

Kylo se echó a reír tan fuerte que a ella le preocupó que Rose escuchara, aunque eso era poco probable. Admiraba el valor de su pequeña carroñera, la amaba por ser capaz de sorprenderlo siempre, por creer que tenía el control de la situación.

— ¿Crees que me importa él? Podría enviarlo a tus amigos de la Resistencia con un gran moño de regalo en su arrogante rostro. Me tiene sin cuidado.

— ¿De veras? ¿Sabías que él está intentando entregarte?

— Como si fuera capaz de hacerlo. — contestó él con un bufido de desprecio.

— Tal vez estás subestimando a tu General.

Algo en la forma en que Rey lo dijo le hizo dudar. ¿Qué sabía ella? ¿Por qué estaba tan segura?

— Está bien, Rey. Digamos que te creo. Una vez que nos veamos allá, tú vendrás conmigo y él se irá con tu amiga. ¿Cómo sé que no me engañarás?

— ¿Dudas de mí? — Rey asumió una pose ofendida que no engañaba a nadie y mucho menos a su interlocutor. Kylo enarcó una ceja y después la otra, bastante divertido por la situación. — Está bien. Lo admito. Mi plan era robar algunos minutos de tu precioso tiempo para enseñarte algo, a solas, pero ya veo que es en vano…

— Rey. — interrumpió él, colocándole detrás de la oreja una hebra de cabello que se había escapado de su peinado, provocando que ella se estremeciera un poco. — No necesitas ninguna clase de truco para estar conmigo. ¿Cuántas veces debo decírtelo?

— Es que quiero darte algo muy especial y no puedo hacerlo delante de otras personas. ¿Entiendes? — Ella bajó los ojos pudorosamente mientras sus mejillas se sonrojaban con intensidad, jugando con un extremo de tela de su ropa con estudiada inocencia.

Esta vez su actuación convenció a Kylo y su gruesa voz tembló un poco cuando pudo pronunciar palabra, suponiendo que sabía a qué se refería ella y sin poder creer que fuera a tener tanta suerte.

— Bu- Buscaré un lugar privado. — balbuceó. — te buscaré a través de la Fuerza cuando termines con tu misión. De esa forma serás libre y no le deberás nada más a la Resistencia.

—Coruscant es una ciudad inmensa. — añadió ella, ahora genuinamente preocupada por él. — No imagino al poderoso Kylo Ren caminando por ahí sin llamar la atención. — aunque tampoco lo imaginaba como Ben Solo sin que nadie reparara en él.

— Descuida. Tengo todo bien calculado. — recuperando el dominio de sí mismo, acortó la distancia entre ellos saboreando la sensación de acorralar a Rey, quien de repente se mostró un poco confundida. — Voy a encontrarte, cariño. Así sea lo último que haga. Tengo ojos por todo el planeta, conoceré cada uno de tus movimientos.

— Ya veremos. — Rey se cruzó de brazos y le dio un rápido beso en la mejilla antes de que la conexión se cortara.

— Ya veremos… — repitió él, con la sonrisa sinvergüenza de su padre.

¡Imperdonable mi demora en actualizar, lo sé! Pero ya pasó la peor época del año y creo que de ahora en adelante voy a tomar otro ritmo, más tranquilo por suerte. Haré un pacto con Darth Vida para que me deje escribir y leer sobre mis bebés.

Gracias por sus reviews y comentarios ¡Me animan a seguir!