Era la primera vez que Rey visitaba Coruscant aunque su estadía allí no se parecía a un viaje de placer. Sin embargo, no pudo dejar de apreciar sus altísimos edificios, esos millones de transportes de todo tipo recorriendo el cielo y la tierra en caótica coreografía.
A bordo del Halcón Milenario se maravilló con la geografía del planeta, vastas extensiones labradas por billones de manos y especies. No había nada natural allí, pero de alguna forma los residentes habían creado un ecosistema autosuficiente que no descansaba con la puesta del sol.
Tenía que mantener sus sentidos en alerta, pero encontrar a Ben entre toda esa gente superaba sus habilidades en la Fuerza. Sabía que en ese aspecto, él corría con ventaja y no contaba con mucho tiempo antes de volver a verlo, esta vez en vivo y en directo.
Las conexiones se habían detenido como si estuvieran confabulando con elevar los niveles de su ya crecida ansiedad, aumentando las expectativas de la reunión. En otras palabras, Rey reconoció muy a su pesar, que extrañaba la presencia masiva de Ben, su dudoso sentido del humor y sobre todo, sus besos. Se convenció a sí misma que no había nada de malo en eso, porque además de que él besaba muy bien, estaba segura de que el amor era el camino correcto para traerlo de regreso a casa.
Rose debatía con sus propios demonios, intentando fusionar la imagen de su intrigante Rubí con la del nefasto General Hux. Quería estar lista para enfrentarlo, manteniendo una actitud cabal pero lo suficientemente segura como para atraparlo. El problema no era conseguir su colaboración, ella lo haría por las buenas o por las malas. Pero ¿Qué pasaría luego? ¿Cómo tenía que tratarlo? ¿Qué tal si él no era lo que le había mostrado en sus íntimas conversaciones clandestinas?
Las muchachas no hablaron demasiado durante el viaje pero sus emociones las mantuvieron ocupadas. Al bajar de la nave intercambiaron miradas de aliento y se mezclaron con la multitud de almas y droides que iban de un lado a otro, concentrados en sus propios problemas. Difícilmente llamarían la atención dos jóvenes como ellas en un lugar tan concurrido, pero una parte absolutamente del plan eran los disfraces. Rose le explicó a su amiga que la estrategia había funcionado bastante bien en el Supremacy y que aún conservaba parte del uniforme robado de la Primera Orden, aunque para este caso tendrían que probar otra alternativa.
Leia había planeado hasta el último detalle de su misión, ya que según sus credenciales de identidad, Rey era una coleccionista de arte Twi'lek y Rose su intérprete. Ninguna de las dos iba a cuestionar a su General ni al nivel de complejidad de sus órdenes, por eso aceptaron gustosas las instrucciones y se dirigieron a una tienda que parecía tener justo lo que necesitaban para equiparse.
— Espero que estés muy segura de esto, Rose. — Rey contempló críticamente su reflejo en el probador de la tienda a la que su amiga le había arrastrado. — ¿Qué sucede si él no me reconoce con estas ropas?
El atuendo no era tan diferente a los que solía utilizar, un pantalón de cintura alta y una capa que se prendía con un precioso cinturón de cuero y le llegaba hasta los tobillos, dejando la parte de adelante al descubierto. Lo nuevo era el escote marcado que le hacía sentir extraña y de ninguna manera era práctico para luchar. Al menos la prenda tenía unos bolsillos bastante útiles para esconder armas, aunque no lo suficientemente discretos como para ocultar un bláster.
— No seas tonta, Rey. Él va a localizarte gracias a tu firma en la Fuerza, ¿no me dijiste que así funcionan las cosas entre ustedes?
Rose le habló desde el probador vecino, mirándose apreciativamente con su falda de terciopelo y el velo de fina seda casi transparente decorado con arabescos. Ni en sus sueños más locos se hubiera imaginado así vestida y de repente recordó las historias que su madre le contaba acerca de exóticas y valientes princesas. Su dije de Oro Haysiano resaltaba perfectamente con el tono de azul cobalto y después de dudar un poco acerca de quitárselo o no, decidió esconderlo en su generoso escote.
— Bueno, sí. — La joven castaña sintió que se le erizaba un poco la piel al pensar en Ben y se imaginó que tal vez le sorprendería gratamente verla con esa larga túnica carmesí. — Entonces ¿para qué nos estamos disfrazando?
— Es parte del juego, recuerda que Hux no sabe que yo soy su informante y Ben debe pensar que vas a unirte a él. Que uses sus colores puede ser interpretado como una ofrenda de paz.
Rey abrió la cortina y asomó la cabeza con sus mejillas haciendo perfecto acompañamiento a su vestido. Estaba empezando a comprender que eso de ser la carnada y el cazador al mismo tiempo confundía bastante a sus ya de por sí alteradas lealtades.
— Acerca de eso… Uhm… ¿qué tan lejos debería llegar con la farsa?
Rose salió del vestidor y dio una vuelta completa, mirando a su amiga con curiosidad.
— ¿A qué te refieres? Creí que estabas esperando estar a solas con Ben.
— Bueno, sí. Pero no quiero engañarlo. — admitió Rey, mordiéndose los labios.
— Oh, Rey… No lo harás, es por el bien de todos. Ben lo comprenderá una vez que estemos en la Base y recupere la conciencia…
Rey miró el pequeño frasco de Somaprim que debía verter en la bebida de Ben sin que se diera cuenta, pensando que no era uno de sus movimientos más honorables. Pero ¿de qué otra manera él accedería a volver con ella? Conociéndolo, no se lo perdonaría jamás.
— Tendrás tiempo de ponerte al día en Ajan Kloss, ya verás. — Rose le tranquilizó con una sonrisa que esperaba calmarle más a ella que a Rey. Muchas cosas podían salir mal pero siempre esperaba lo mejor.
— Sabes que ellos no serán bienvenidos allá. Los encarcelarán apenas pongan un pie en el suelo. — Rey recordó que aún tenía que explicarle a toda la Resistencia que el Líder Supremo era el hijo de la Princesa de Alderaan y que Hux estaba de alguna manera ayudándoles.
—Hablaremos con Leia, los protegeremos. Todo saldrá bien. Sólo tienes que lograr que suba al Halcón con nosotras. Con suerte lograré que Hux… Rubí también lo haga sin protestar.
Rose llevó sin pensar una mano hasta el bolsillo oculto en el que llevaba su picana de electrochoque, esperando no tener que usarla. Pero Rey no estaba del todo convencida.
— No deberíamos usar los créditos de la Resistencia para comprar ropa.
— Considéralo como una inversión en equipamiento, porque eso es. ¡Sólo así lograremos distraerlos! — respondió Rose con una sonrisa radiante. — Además, recuerda que el aliado que buscamos espera a una respetable coleccionista y a su elegante traductora.
Rey puso los ojos en blanco cuando Rose le hizo una seña con los dedos para que girara con ella, aunque se contagió de la alegría de su amiga, que batía palmas con entusiasmo.
— ¿No te parece que es una misión muy extraña? Leia no nos ha dado muchas instrucciones para dar con el contacto, pero sí que fue muy precisa con respecto a nuestros disfraces…
— Al contrario, está hecha a nuestra medida. ¿Acaso crees que Finn y Poe lo estarían haciendo mejor? Ellos no están tan comprometidos con la situación como nosotras.
Rose tenía toda la razón en eso y Rey sospechaba que Leia sabía todo lo que estaba ocurriendo, incluso la aventura de la mecánica con el espía. Pero, si algo había aprendido la joven acerca de su Maestra, era que entrar a un cuartel lleno de soldados, disparando a diestra y siniestra, no era el estilo de la Princesa. Quizás ella había planeado todo para darles la posibilidad de encontrarse en privado, en una zona neutral. Leia estaba siempre un paso delante de todos.
— No te preocupes. — Rose interpretó el ceño fruncido de Rey como señal de que pensaba en la misión. — buscaremos al aliado después de probarnos aquellos zapatos de allí. No olvides que la idea es mezclarnos con la población y esas botas del desierto podrían delatarnos.
Rey guardó silencio ¿qué había de malo con sus botas?
…
Del otro lado de Coruscant, un nervioso Armitage Hux escondía a duras penas su cabello del color del fuego debajo de un gracioso sombrero verde con aletas. Se convenció de que tenía el aspecto de un prometedor comerciante de especias pero extrañaba la rigidez de su saco largo y estructurado de General, aunque podría acostumbrarse a vestir de manera más relajada cuando comenzara a disfrutar de su nueva vida. Dejaría todo su guardarropa atrás, aún cuando lamentaba deshacerse de sus cómodos trajes de lana de Gaber.
Sin embargo, conservaría los guantes. Serían un pequeño recordatorio de su victoria cuando ya no existiera la Primera Orden ni la Nueva República, aunque no le importaba demasiado nada de eso. La perspectiva de compartir el resto de su vida con la dulce muchacha de la Resistencia llenaba a su corazón de calidez y estaba absolutamente seguro de que ella compartiría sus ideales porque ambos habían sufrido mucho por culpa del Líder Supremo.
Cobalto era maravillosa, no se parecía en nada a las personas que conocía. Desconocer su verdadera identidad era un detalle menor cuando sentía que estaba ligado a ella por el resto de su vida. Ya tendrían tiempo en el futuro para ponerse al día y estaba seguro de que cada segundo junto a ella sería un nuevo tesoro por descubrir.
Pero cuando se quitó los guantes para cambiar sus parches de bacta, no pudo evitar recordar a otra mujer, una muy distinta, la que le había mordido antes del colapso del Supremacy. ¿Acaso sus dientes eran venenosos? ¿De qué otra manera explicaba que la cicatriz seguía allí, siempre a punto de volver a abrirse, cuando ya había pasado tanto tiempo?
Hux apretó los labios en una mueca de disgusto. La pequeña sabandija rebelde tuvo el descaro de dejarle un recordatorio, como si no hubiera sido suficiente con la furia de sus ojos marrones que su mente invocaba cada noche antes de dormir. ¿Qué sería de ella? Probablemente había muerto y por alguna razón esa idea le provocó náuseas. La joven con el medallón tenía mucha más valentía que todo un ejército de stormtroopers, era una verdadera lástima que su lealtad le hubiera colocado en el bando opuesto.
Otomok.
Sí, la herida le traía recuerdos muy dolorosos pero no se comparaban con la miseria que él mismo había ocasionado por seguir órdenes. No intentaría justificarse, ¿de qué serviría cuando eso no la traería de vuelta? ¿Y por qué se sentía tan culpable por su destino cuando él mismo había ordenado su ejecución?
Pero ahora que su plan estaba en marcha y la Orden tenía los días contados, Hux se permitió un momento de autocrítica. Llevaría a cuestas para siempre sus errores, ya no podía cambiar el pasado. Estaba ciego por el poder y era algo lógico cuando su vida fue una compilación de momentos de dolor y desgracia que comenzaron con su monstruoso padre. Brendol no se molestó en tratarlo como a un ser humano, mucho menos como a su hijo.
Sin embargo, gracias a Cobalto, Armie era un hombre nuevo y ardía en deseos de demostrarlo.
Mientras caminaba junto a su provisorio Líder Supremo, aprovechó para repasar el plan que había acordado con ella. Ren le daría la orden de permanecer en un sitio alejado mientras daba caza a su carroñera, esa sería la señal para contactar a Cobalto por una línea segura. Ella le daría una credencial nueva y un pasaporte, garantizando su protección cuando llegara a la Resistencia.
Aunque Armie tenía un plan levemente distinto. Tenía que esquivar el juicio que probablemente se le vendría encima, porque si bien confiaba en su amada, no estaba seguro de que sus amigos tuvieran las mismas buenas intenciones. Esperaría junto a ella en un lugar seguro que se había encargado de borrar de todos los mapas galácticos, aunque en ningún momento se le cruzó por la mente que ella no iba a querer. No era como si fuera a secuestrarla, pero no podía aceptar sugerencias en un tema tan delicado. Volverían a aparecer cuando los ánimos estuvieran más tranquilos, tal vez dentro de uno o quince años estándar.
A menos que Ren arruinara todo.
Pero las emociones del Líder Supremo eran tan transparentes como una lámina de transpariacero, o al menos eso creía Armitage. Su ilusión de convertir a la carroñera en emperatriz le nublaba el juicio y lo volvía imprudente. Casi se compadecía de su víctima por el horrible destino que le esperaba uniéndose a un ser tan egoísta y amargado.
…
Rose y Rey fracasaron en la primera parte de su misión, no había rastros del informante y eso hizo que sus ánimos decayeran un poco. Pero como la derrota no cabía en sus heroicas naturalezas, ambas decidieron seguir adelante, reforzando el deseo de no llegar con las manos vacías a la Base. Leia se alegraría más de ver a su hijo sano y salvo que a un desconocido.
Al llegar a la intersección de dos callejones en el distrito de los mercados bajos, las amigas tomaron rumbos opuestos después de un breve asentimiento de cabeza que nadie notó. Rey subió a una nave de transporte que la llevaría a los distritos altos y desde allí al Teatro de la Ópera de las Galaxias donde esperaba reunirse con Ben.
Rose se envolvió en su manta como si eso le diera un poco más de seguridad y empezó a caminar con paso decidido al punto de extracción, en el que supuestamente Kylo Ren había dejado a Armitage Hux. En uno de los puestos regateó con un mercader para conseguir un droide de carga, por si tenía que recurrir al plan B. Pronto iba a conocer a su mayor enemigo que por desgracia había resultado ser también el amor de su vida. Tenía que estar lista para una respuesta violenta pero se sentía a salvo con su picana.
Intentó apartar la mirada de las apetitosas frutas de jogan de los escaparates aunque recordó que a causa de la adrenalina apenas había probado bocado del limitado desayuno de Ajan Kloss. Los olores de las especias llegaban hasta su nariz y algunos vendedores se acercaban a ofrecerles sus productos, atraídos por su distinguido atuendo. Ella los rechazó uno por uno mientras aceleraba el ritmo y los minutos pasaban sin señales de Rubí.
¿Qué tal si él no aparecía? Ella no podía encontrarlo en todo ese caos con el mismo sistema de la Fuerza que Rey y Ben compartían. Pero Rose era una mujer inteligente y tenía muchísimos recursos. Aunque al notar al hombre vestido de verde que se removía con incomodidad a unos metros de ella, supo que no iba a necesitar ninguna de esas tecnologías de última generación.
La figura alta y delgada del hombre se recortaba en el oscuro umbral en el que estaba apoyado, mirando en derredor con algo de arrogancia mezclada con ansiedad. El cabello de sus patillas sobresalía debajo de su sombrero y el rostro pálido parecía fuera de lugar en esa confusión de colores y almas. Se notaba el esfuerzo por ocultar el conocido rostro de las miradas curiosas, y estaba teniendo éxito porque todo el mundo pasaba a su lado sin reparar en el General de la Primera Orden.
Pero Rose no había olvidado al apuesto general, aunque ese día en el Supremacy no le pareció nada atractivo. Ahora que las piezas del gran enigma estaban sobre la mesa, se detuvo a analizar la situación de la manera más objetiva posible. Tenía fe en que él no la recordaría y se dejaría arrastrar por ella hasta el Halcón, pero tenía que considerar su propia seguridad también. ¿Y si él estaba tendiéndole una trampa?
Soltó todo el aire que venía guardando y se fijó en la pulsera con localizador que le comunicaba con Rey. Si llegaba a meterse en problemas, al menos su amiga haría lo imposible por rescatarla. La delicada tela de su disfraz tenía la cualidad de volverse opaca en las sombras, así que la colocó alrededor de su cabeza de manera que sólo quedara a la vista su boca, tal y como hacía cada vez que se comunicaba con Rubí.
…
El espía pareció notar que alguien se aproximaba y giró para encontrarse con la preciosa mujer vestida de azul. Y no cualquier tono de azul.
Cobalto.
Su baja estatura fue lo primero en lo que reparó antes de hacer un examen discreto pero profundo de sus seductoras líneas. Se imaginó que al abrazarla podría colocar su mentón en la coronilla de ella e inspirar el dulce aroma que seguramente tenía su cabello, porque había fantaseado con eso durante varias semanas y ahora no podía creer su suerte. No todos los días sucede que la misteriosa presencia virtual resulta ser una atractiva y exuberante mujer, y con menor frecuencia ocurre que esa mujer está dispuesta a arriesgar su vida por amor.
— ¡Oye tú! Es un largo camino hasta Arkanis…
Rose se sintió un poco tonta al pronunciar la frase clave, porque ya sabía exactamente quién era él y qué estaba haciendo allí. Pero tenía que seguir los pasos acordados para que Hux confiara en ella. La sonrisa de alivio que él le ofreció hizo que sus piernas se tambalearan un poco, porque podía verlo con claridad debajo de su improvisada máscara y en efecto, Rubí seguía allí. Lo único que quedaba del General Hux eran sus inseparables guantes negros que ya parecían parte de su anatomía.
— Creí que no vendrías. Encantado de conocerte al fin, Cobalto.
Rose no podía moverse, era como si su cerebro hubiera dejado de funcionar. Aunque su instinto le hizo retroceder cuando él se acercó titubeando con la clara intención de levantarle el velo, al parecer algunas de sus capacidades seguían funcionando a pesar del estado lastimoso de sus emociones.
— Lo siento… — murmuró él alejando su mano, notando que se había precipitado con ella. — Es que no podía esperar a ver tu rostro después de tanto tiempo y yo…
La joven decidió que no valía la pena prolongar las tribulaciones de aquel pobre sujeto y llevándose ambas manos a la cabeza, descubrió su rostro delante de él.
— Mi nombre es Rose.
…
...
Bueno, hasta aquí la parte 1. No se desesperen que luba no es mala, solamente un poco diabólica y está dejándolos con ganas para el próximo capítulo. Pensé que era mejor dividirlo así, además de otras cuestiones que se han sumado (cof- cof- problemas de la adultez), pero la parte 2 viene en camino esta misma semana porque ya casi está lista.
Como siempre, gracias por leer! Espero que les guste.
Lo olvidaba! quiero compartir el PRECIOSO FANART que hizo Ghydium con nuestros bebés de incógnito en Coruscant. Vayan a darle amor a su twitter, por favor.
/ghydium
/XvLG4IG
