De todas las cosas ridículas que Kylo Ren estaba dispuesto a hacer por su carroñera, jugar al detective por las calles de Coruscant era seguramente lo más absurdo. Pero se mentiría a sí mismo si dijera que no era excitante. Percibía su firma por momentos y se dejaba llevar por ella como si Rey fuera dejando un rastro de su propia esencia, de la cual nunca obtenía suficiente.

Sin embargo, él había aceptado su desafío y no sería capaz de volver a mirarse al espejo si no lo cumplía. Que Rey se mostrara tan provocativa durante su última conversación le parecía extraño pero nada desagradable. Su idea de un futuro de paz y felicidad doméstica no necesariamente excluía la posibilidad de someterse a los caprichos de su emperatriz, siempre y cuando encontraran juntos maneras amorosas de resolverlos. Ya no perdería tiempo peleando con ella cuando podían hacer cosas más divertidas y definitivamente más satisfactorias.

Nadie notó la sonrisa pícara que se formó en sus labios ni el leve escalofrío de anticipación que lo tomó por sorpresa. Al contrario, los transeúntes evitaban meterse en el camino de aquel hombre corpulento que parecía temible con esa capa larga hasta los pies y sus aires de misterio. Ninguno de ellos reconoció al Líder Supremo sin su máscara y sin su escolta, pero su forma de moverse les recordaba a un lobo de Lothal, y a nadie le entusiasmaba particularmente meterse en problemas con los de su tipo.

Hux era asunto de la Resistencia ahora, porque no pensaba retirarlo más tarde. A decir verdad, Kylo se sentía feliz de deshacerse de él y de su gata, aunque recordó que Millicent probablemente se estaría afilando las garras en alguno de sus sillones favoritos, en sus aposentos del Steadfast. Más tarde resolvería qué hacer con ella, aunque debía evitar a toda costa que Rey se encariñara con la criatura, porque su alma bondadosa le impediría arrojarla al hiperespacio como él había planeado más de una vez. Una vez que tuviera a su emperatriz instalada, enviaría a Millicent a la base secreta de la Resistencia con alguno de sus caballeros o con el diligente Mitaka, en son de paz, por supuesto. Aunque esa gata bien podría ser considerada un arma...

Se permitió sentir apenas una pizca de preocupación por los secretos que Hux podría llegar a revelar en su nueva situación, pero de nada serviría un intento de atentado contra la Primera Orden si estaba decidido a crear algo nuevo y menos aterrador. De hecho, tal vez era mejor así, porque finalmente Leia sabría por boca de su ex General que sus intenciones eran buenas y no repetiría los errores de Snoke. Que su madre aceptara o no confiar en el hombrecito pelirrojo, era otra cuestión. Kylo no iba a comenzar otra guerra por una nimiedad como esa cuando tenía que ocuparse de localizar al amor de su vida.

Sin saberlo, el espía había precipitado el desenlace de la historia, preparando el escenario de la batalla final que se limitaría a negociaciones pacíficas. La Resistencia ya tenía al traidor y Kylo estaba a punto de conseguir lo que más deseaba. No había necesidad de perder vidas o derramar sangre.

Lo único que no le quedaba en claro eran las intenciones de Rey. ¿Qué sería de ella? Cuando él le dijo que lograría convencerla en realidad estaba exagerando, porque no tenía idea de cómo iba a lograrlo. Pero la joven se había mostrado accesible y hasta ansiosa por verlo en persona. ¿Qué había cambiado? ¿Acaso los besos le habían convencido?

Por primera vez reconoció su nombre de nacimiento y juró por él para reunir un poco más de valor. Lo iba a necesitar si es que Rey le ofrecía algo más que su entusiasta consentimiento.

Repasó mentalmente todo lo que sabía de anatomía y relaciones íntimas, conocer a fondo la mecánica del amor debería ayudarle a enfocarse en lograr un buen desempeño y no decepcionar a Rey. Aunque en ese aspecto sólo contaba con nociones teóricas, se había esforzado por consultar en poco tiempo todo tipo de fuentes: algunas que desearía no haber visto y otras que le dejaron con más preguntas.

Pero el nerviosismo aumentaba y sólo se relajaría una vez que pudiera decirle lo que quería, confesarle su amor y la necesidad absoluta de despertar cada mañana con sus ronquidos. Y sus planes para la Nueva Orden, pero eso era mucho menos difícil de explicar.

La tarde caía lentamente en el atestado distrito bajo de Coruscant mientras Kylo se impacientaba cada vez más. Fue cuando decidió probar una táctica diferente para encontrar a su presa, una que no le agradaba mucho pero con la cual lograría mucho más.

Se detuvo en un callejón que le pareció seguro y comprobó que estaba desierto. Una vez allí respiró hondo y empezó a meditar como no lo había hecho en años, justo como Luke le enseñó.

— Lo haremos a tu manera, Rey.

Casi pudo imaginar su sonrisa radiante y las adorables pecas junto con el sonido dulce de su voz que le hizo perder la razón con sus tintes seductores.

— Estoy esperando, Ben. No tardes…

El Líder detuvo la primera nave de transporte que se le cruzó y trepó en ella, acomodándose de cualquier manera entre los demás pasajeros que se apartaron de él con un poco de miedo. Pero a él no le importaba nada de eso mientras ascendían a los distritos centrales y la silueta de la Casa de la Ópera se perfiló delante de él.

— Voy por ti, cariño.

Armitage Hux se quedó sin habla.

El impacto de un bláster hubiera sido menos doloroso que la certeza de que su fantasía se estaba desplomando a un ritmo vertiginoso. Podía oír cómo caían sus ilusiones una a una, mientras encajaba forzosamente el rostro de aquella sabandija rebelde en el de su dulce Cobalto.

Abrió la boca pero ningún sonido salió de ella, aunque sus ojos azul verdosos casi se salían de sus órbitas por la indignación, mientras buscaba una palabra para lo que le estaba sucediendo.

Se sentía estafado.

— ¡Tú! — fue lo único que pudo articular al cabo de un minuto entero. — ¡No puedes ser tú!

Rose soltó un respingo y se puso a la defensiva. Entendía perfectamente su reacción pero tuvo varias horas estándar para asimilar la información. Ya no estaba disgustada y en ningún momento se había arrepentido de su decisión porque, a pesar de todo, sentía algo por Rubí. Todos los momentos de conexión que compartieron antes, tenían que significar algo.

Y ahora estaba convencida de que no se trataba de una emboscada, porque la reacción de su compañero era de completo disgusto. Ni el mejor actor de los holodramas que Kaydel veía, podría fingir ese nivel de decepción.

— No creas que esto me hace especialmente feliz. — respondió ella. — Pero es lo que tenemos y sugiero que sigas mis instrucciones si quieres salir vivo de esto.

No pretendía ser agresiva, pero el desdén que emanaba de Hux como un aura tóxica, desataba su propia frustración. De repente había pasado de ser la mujer más atractiva de la Galaxia a convertirse en la peor de las molestias y él no se preocupaba en disimularlo.

— No. De ninguna manera. No lo acepto. Esto no puede ser.

— Escucha, ya no hay vuelta atrás. Esto es lo que tenemos y hay mucho más en juego que nuestras propias cabezas.

— ¿Me estás acusando de ser egoísta? ¿En serio? — Armitage se inclinó hacia ella en plan amenazador pero Rose no retrocedió ni un centímetro y eso pareció enojarlo aún más.

— ¿Por qué haces todo tan difícil?

Armitage dio media vuelta y comenzó a andar, dejando plantada a la tal Rose. No se rebajaría a explicarle el nivel de indignación que sentía porque debía admitir también que se había comportado como un crío, alimentando un sueño que no tenía ni pies ni cabeza y todo por unos labios bonitos que ya ni siquiera era digno de probar.

— ¡Espera! — Rose alcanzó las grandes zancadas del hombre con velocidad sorprendente, pero él comenzó a caminar más rápido, ignorando su presencia azul. — ¡Armie!

El aludido frenó de repente y su espalda chocó con la delantera de Rose, logrando que ella casi tropezara. Nadie le llamaba así desde que era un niño y el recuerdo accionó un extraño mecanismo de su mente. ¿Se estaba volviendo loco a causa de esa mujer?

— No tienes derecho a llamarme así. — giró para encontrarse con su naricita en alto y sus hermosos ojos café llenos de furia con los que soñaba cada noche.

Rose había perdido su manto en la persecución, por lo tanto su escote quedaba expuesto a la vista de todo el mundo. No era algo indecente, pero desde el ángulo en el que Hux la miraba, no había mucho que pudiera ocultar.

La mirada del espía siguió el trayecto de la cadena en su esbelto cuello hasta el lugar en el que el dije de Oro Haysiano se perdía.

Fue necesario sólo un segundo de distracción para que volviera a quedar sin habla. Por alguna razón las mujeres de la Primera Orden llevaban uniformes sobrios, se dijo. Pero en realidad dudaba poder olvidar las formas de Rose debajo de uno de esos trajes de cuello alto.

La joven no adivinaba los pensamientos de su obstinado Rubí, pero eso no le impidió aprovechar el momento para hacer su jugada.

Era evidente que no tendría una oportunidad mejor y él no estaba dispuesto a colaborar. Necesitaba más tiempo para Rey y la otra parte del plan.

Con un movimiento rápido, sacó la picana de su bolsillo y Hux sufrió una breve pero intensa descarga eléctrica. Cayó al suelo llevándose sólo algunas miradas curiosas de los transeúntes, pero nada más.

— ¡Es mi esposo! — se apresuró a explicar Rose a nadie en particular mientras empezaba a arrastrar el cuerpo de Armie por la calle hacia el lugar en el que había dejado a su droide.

Algunos ciudadanos le ofrecieron miradas de compasión y siguieron sus caminos olvidando inmediatamente el episodio como si fuera lo más natural del mundo.

La joven depositó a su preciosa carga de cualquier manera sobre el droide, como si fuera un costal de especias, y se encaminó hasta el puerto oculto donde le esperaba el Halcón Milenario. Con suerte tendría tiempo de esposarlo antes de que recuperara la conciencia aunque no evitaría la catarata de ira que el dulce Rubí derramaría sobre ella.

Por lo menos ya tenían la mitad del trabajo resuelto. Ahora era el turno de Rey.

El palco reservado a nombre de Ópalo y Ónix recibió a la joven en silencio confidencial. Su compañero aún no llegaba pero Rey podía sentirlo cada vez más cerca a través del enlace.

Rose había planeado todo, incluso ese pequeño detalle de los nombres en clave. En retrospectiva, Rey tenía que agradecer que su amiga no le convenciera de llevar también antifaces. Con el exagerado maquillaje bastaba, se sentía tan fuera de lugar como pez en Jakku.

La Casa de la Ópera de las Galaxias era un sitio concurrido pero les permitía cierto grado de privacidad, y fue por esa misma razón que Rey aprobó la idea. La joven tenía miedo de no poder cumplir con su misión si se quedaba a solas con Ben en una habitación, aunque tampoco estaba segura de evitar caer bajo su hechizo aún rodeada de extraños que, por supuesto, ignoraban completamente quiénes eran ellos.

El hecho de que no tenía idea de qué iba la obra que se estrenaba, debería haber ofendido a los artistas, pero ella sí había notado la bandeja con frutas que aprovecharía para consolar a su estómago, mientras esperaba a su corazón para decidirse.

Colocarse el nuevo atuendo cambió mucho más en ella de lo que le hubiera gustado reconocer. Le llevó un tiempo acostumbrarse al escote pronunciado, pero ahora se sentía diferente en un sentido nuevo, poderosa y dueña de sí misma, consciente por primera vez de que podía elegir su propio destino.

Quizás se debía a la novedad de la situación, la posibilidad de tener un vistazo de otra clase de comportamiento, lejos de la Resistencia y de Leia, pero bastante más cerca de sus deseos íntimos. Al parecer, estaba empezando a comprender que poseía ciertos poderes de seducción que no tenían nada que ver con el lado Oscuro, sino con su naturaleza sensible de mujer.

Rey pensaba que un poco de coquetería no le haría daño a nadie pero su conflicto radicaba en la idea de engañar a Ben. Le hubiera gustado convencerlo por los medios tradicionales, pero no había logrado nada con eso. Sabía exactamente lo que tenía que hacer pero no tenía la fuerza para hacerlo.

Imaginó que en un sitio como ese habrían tomado decisiones importantes, mientras se apoderaba de ella una sensación familiar que no tenía sentido porque era su primera vez que ponía un pie allí. Sin embargo no sentía culpa ni dolor por el camino que estaba a punto de iniciar, era como si finalmente se hubiera dado cuenta de que jamás estaría completa sin Ben.

Él podría percibir esa vibración inusual y sentirse atraído por ella como una polilla a la luz, pero sería difícil establecer quién de los dos tenía más miedo cuando él descubrió las cortinas para entrar en el lujoso palco.

Al principio Kylo no notó a Rey por ninguna parte y se decepcionó un poco, reprochándose por ser tan ingenuo. La meditación le había guiado hasta ese punto exacto, pero no había nadie más en el lugar, excepto por la preciosa mujer que estaba de espaldas, comiendo algo que parecía un delicioso meiloorun.

Pero al cabo de unos segundos comprendió que estaba justo donde tenía que estar, porque sólo existía una persona en toda la galaxia capaz de usar ese curioso peinado de tres moños castaños.

— ¡Realmente estás aquí! — Rey soltó las palabras en un tono tan esperanzado que derritió el corazón de Ben.

Ella se había esforzado por complacerlo, pensó él, porque con esa túnica carmesí parecía la encarnación de una diosa Sith. Aunque a él le bastaba con la Rey de Jakku que se ocultaba debajo de ese bello atuendo. Bueno, él también había accedido a cambiar el negro habitual y su armadura sólo por ver el efecto que eso producía en ella.

Y no se arrepentía de su elección.

El maquillaje hacía que sus ojos se vieran más grandes y oscuros, pero él notaba sus chispas verdosas aún con la tenue iluminación teatral. Se quedó mirándola con fascinación y con el corazón saltando de alegría, incapaz de mover los pies de su sitio a pesar de que lo que más ansiaba era tomarla entre sus brazos y huir de allí con ella.

Rey percibió sus dudas y tomó la iniciativa, acercándose hasta quedar a medio metro de él, con la respiración contenida y la certeza de que el plan se iría por el compartimiento de la basura en cuestión de segundos.

Kylo se limitó a cerrar los ojos cuando ella le acarició tímidamente la mejilla y se estremeció con el contacto, sin poder evitar el suspiro de alivio y la sonrisa de gratitud.

El contacto era infinitamente diferente por dos razones importantes: los dos sabían que no existía enlace de la Fuerza de por medio y nada los alejaría esta vez. Y por sobre todo eso, no tenían prisa ni debían rendir cuentas a nadie, porque sus corazones ya no eran enemigos.

Cuando no pudo soportar más la dulce tortura de Rey, Kylo tomó su muñeca y con un movimiento decidido, capturó primero sus manos para luego estrecharla en su pecho con desesperación y ternura, de manera que ella sintiera sus alocados latidos bajo la tela de su túnica.

Ella soltó un suspiro de satisfacción y se llenó de su aroma, rodeándolo con sus propios brazos en la cintura para responder al abrazo. No podía creer lo que estaba haciendo y al mismo tiempo sentía como si él fuera esa familia que ella esperaba desde que tenía uso de razón. Apoyó la cabeza en su hombro, dejándose invadir por la calidez y seguridad que él irradiaba.

Kylo hundió la nariz en su cabello y Rey soltó una risa por las cosquillas pero no se apartó de él y dejó que continuara maravillándose con su cercanía tanto como ella lo estaba haciendo. Podría haberse quedado así por siempre, pero...

— Rey… tengo que saber… ¿por qué aceptaste venir? — murmuró él, apartándose un poco a desgano. — No quiero que te hagas ilusiones conmigo, no puedo regresar…

Rey sintió que el corazón se le encogía un poco por el dolor de sus palabras pero estaba lista para exponer su amor.

— Quería estar contigo de verdad, al menos un momento. Quiero escuchar eso que deseas decirme… y también quería darte esto.

Rey metió una mano en el bolsillo de su capa y el remordimiento le atacó cuando sus dedos rozaron el frasco de somaprim. Pronto encontró los restos del sable destruido en la sala del trono y se los entregó a Ben con una mirada expectante.

Él tomó las dos piezas como un autómata, el sable de su abuelo finalmente regresaba a sus manos después de tanto sufrimiento. Pero ¿qué significaba todo eso? Ahora le parecía parte de otra vida y representaba a una parte de él que había decidido dejar atrás.

— ¿Por qué? ¿Por qué me lo entregas? ¿Por qué ahora?

— Porque ya no quiero pelear, Ben. Quiero que lo arreglemos juntos. — Rey colocó sus manos sobre las de él, que aún sostenían la empuñadura rota. — No quiero ser una Jedi, tampoco una Sith. Creo que a eso te referías con lo de crear algo nuevo. Ahora lo comprendo.

¿Era real lo que escuchaba? Kylo estaba acostumbrado a tomar lo que quería sin preguntas y así se lo había dicho a Rey en su primer encuentro. Pero ya no podía comportarse de esa forma con ella y ahora la preciosa joven le ofrecía más de lo que él se había atrevido a soñar. Una parte de él seguía desconfiando, cuando lo único que anhelaba era perderse en las profundidades de esos ojos en forma de avellana.

— Me ha llevado un poco de tiempo pero finalmente entendí que como Líder Supremo puedo cambiar las cosas, arreglar todo… bueno, casi todo. — Kylo pensó en su padre con angustia y vergüenza. — He querido explicártelo antes pero temí que no me fueras a creer. Y no puedo hacerlo solo.

Mientras escuchaba, Rey iba relegando su propósito de secuestrar a Ben en el fondo de un cajón. No era como si fuera a traicionar a nadie si no lo hacía, quizás sí a Rose y al plan que habían pensado juntas, pero peor era traicionarse a ella misma. ¿Por qué no aceptar? No se volvería en contra de Leia y los demás, actuaría en favor de ellos y buscaría la manera de terminar con la guerra. Ben hablaba en serio, le estaba abriendo su corazón con gran dificultad y sólo para ella.

— Te necesito a mi lado para gobernar. Eres justa y poderosa, pero no es sólo por eso que quiero convertirte en mi emperatriz… Rey, yo...

Las palabras que siguieron fueron interrumpidas por el aplauso de la audiencia, indicando que el primer acto de la obra había finalizado. Kylo estuvo a punto de sacar su sable láser para destruir algo, pero ese no era un buen primer paso para su flamante reinado y un pésimo ejemplo para su futura consorte. Aunque nada de eso reprimió la mirada furibunda hacia los otros palcos por haber interrumpido su acalorada confesión.

— ¿Lo ves? Eres bastante bueno para hacer propuestas decentes cuando te esfuerzas.

Rey le obligó a mirarla a los ojos, colocando ambas manos en su rostro. Las emociones que aparecían en él tenían su reflejo en ella: era su turno de actuar.

— Mi corazón te pertenece desde ese día, cuando me dijiste que no estaba sola y extendiste tu mano hacia mí en Ahch-To. Por eso fui a buscarte al Supremacy. Sabía que Ben Solo estaba allí.

— Pero no puedo prometerte eso Rey, es lo único que no puedo darte… — él tomó su pequeña mano con la suya y la llevó a su corazón. — No puedo cambiar… La galaxia no lo entendería, no todos van a ser tan comprensivos como tú.

— No tienes que hacerlo. — Rey le puso un dedo en sus labios. — puedes ser Ben sólo para mí y Kylo para el resto del mundo. Será nuestro secreto.

— ¿Estás sugiriendo que…?

— Me uniré a ti.

La sonrisa de Ben le llegó al alma. Detrás del coqueteo, Rey se mostraba tal cual era, tal cual había sido siempre. Dulce, luminosa y perseverante.

Sellar el pacto con un beso fue lo único en lo que ambos pensaron sin necesidad de leer la mente del otro para comprobar algo que era tan correcto y natural como respirar. Podría decirse que ese era el primer beso oficial de la pareja, pero eso sería desestimar aquellos enlaces de la Fuerza.

A ellos les importó muy poco, tampoco se detuvieron a pensar en el segundo, el tercero o el cuarto. Pero cuando los niveles de pasión eran tan intensos que no podían moderarse, Kylo supo que debían buscar un lugar más adecuado e íntimo para seguir con las negociaciones, pero se negaba a interrumpir un momento tan especial y tantas veces negado. Si Rey volvía al Steadfast junto a él, entonces tendrían tiempo para acostumbrarse al otro.

Él hubiera deseado ser paciente, imaginó tantas veces la escena en su cabeza que le parecía estar viviendo en un holodrama. Pero nada salía como lo había planeado. Se sentía tan seguro de sí mismo, alentado por la dulce rendición de Rey, que su miedo a hacer el ridículo se evaporó con otra serie de besos ardientes.

Ella estaba lejos de la calma, casi podía sentir que se consumía en esos labios gruesos y diestros, como si él fuera capaz de detener el tiempo de toda la galaxia. Rey no pensaba que la pasión le arrastraría como un rayo tractor, tampoco sentía que estuviera haciendo algo incorrecto sino todo lo contrario. El amor que estaba segura de sentir hacia él justificaba el alocado latir de su corazón y el aroma que Ben despedía, una deliciosa mezcla de sándalo y cuero, era el culpable de la humedad que se acumulaba entre sus piernas.

"Tal vez con eso bastaba" pensó él. "Tal vez debí besarla hasta el cansancio en la sala del trono"

Pero Rey se apartó de él, escuchando su pensamiento y echó a reír.

— No creo que el cuerpo de Snoke en el fondo fuera un detalle romántico, pero creo que tienes razón.

— Mi estrategia no fue la más acertada, pero cada palabra fue cierta, Rey.

— Lo sé. No habrá sido fácil para ti tener que pedir las cosaspor favor.

— Es en serio, pero olvida eso. Deja que lo arregle, dime que aún puedo.

— Vuelve a besarme para que pueda considerarlo de nuevo...

Pero una sombra de duda atravesaba su mirada verde, y el imperceptible movimiento de sus cejas le advirtió que debía moderar la intensidad de su afecto.

— ¿Es esto lo que quieres Rey? ¿Estás segura?

— Sí…

Kylo le colocó un dedo debajo de la barbilla con mucha suavidad y le acarició los labios con el pulgar.

— Algo te perturba ¿Qué sucede?

El intercom de Rey empezó a vibrar y la realidad cayó como el telón del segundo acto, recordándole que no estaban solos después de todo. La voz chillona de Rose era lo último que quería que Ben escuchara, así que se alejó todo lo que pudo sin que pareciera sospechosa la excusa de tener que ir al baño de señoritas.

— ¡Rey! ¿Dónde estás? ¡Hace más de una hora que deberíamos haber partido! Hux está despertando y temo que eche todo a perder.

— Lo siento, Rose… Yo…

— Regresa con Ben o sin él. Estaré en el hangar un poco más.

— De acuerdo.

Rey cortó la comunicación y se apoyó en una pared, estirando las piernas poco a poco hasta resbalar y quedar sentada.

— kriff

¿Qué iba a hacer ahora? Sacó el frasco de somaprim y lo miró con tristeza. No podía drogar a Ben después de lo que acababa de decirle, tampoco podía abandonarlo sin más para volver a Ajan Kloss.

Si decidía ignorar a Rose e ir con él, la Resistencia la trataría de traidora. En el peor de los casos pensarían que el Líder Supremo habría manipulado a la Jedi para tomarla de prisionera, pero jamás comprenderían que ella se iba por voluntad propia. De hecho, Rey apenas lo entendía.

La opción alternativa era muy sencilla pero arriesgada, sin embargo le daría tiempo para arreglar todo después. Eso pensó Rey cuando destapó el frasquito y se bebió su contenido, rogando que Ben no se asustara demasiado cuando la encontrara.