Rose caminaba de un lado al otro a bordo del Halcón Milenario, mordiéndose las uñas de pura ansiedad. Debían abandonar Coruscant pronto porque algunas patrullas de stormtroopers estaban registrando la zona en busca de dos rebeldes. Lo descubrió al interceptar una llamada que provenía, nada más y nada menos, que de la línea privada del Líder Supremo.
Algo andaba mal.
El hecho de que su amiga no llegara a tiempo para el despegue le atormentaba un poco, pero ahora comprendía la charla en el probador y estaba casi segura de que Rey no tenía intenciones de drogar a Ben para llevarlo de regreso. No podía juzgarla querer permanecer al lado del hombre que amaba, e incluso podía admitir que el plan tenía fallas graves a largo plazo. ¿Qué clase de relación se construía basándose en un engaño?
Por lo menos ellos no cometieron el error de inventar nombres clave, pensó.
La alternativa era que Ben descubriera el plan, y si no lo había hecho ya, lo haría pronto. ¿Por qué había enviado a esos soldados a buscarlos? Ella simplemente no podría quedarse a esperar su destino. Tal vez en el pasado se hubiera arriesgado a salvar a los que amaba, pero era justamente el amor quien le había puesto en ese conflicto.
¿Qué regla debía aplicar entonces si las dos personas que quería salvar estaban en extremos opuestos del campo de batalla? Rose estaba empezando a considerar nuevas estrategias y una de ellas era tratar de no meterse en más problemas, empezando por dejar de escribirle a extraños espías de acento seductor en la dark net.
Era un verdadero dilema, decidir entre rescatar a Rey o regresar a la base. Si optaba por lo primero arriesgaba su vida y la de Armitage, porque estaba claro que Ben no los quería cerca. No podía estar segura de lo que iba a pasarle a Rey, pero su amiga sabía defenderse y según lo que le había confiado, Ben la protegería de quienes quisieran hacerle daño.
¿Qué haría Paige? La voz de su hermana le llegó como en una ensoñación mientras presionaba el medallón de media luna contra su pecho. Pae Pae odiaba a la Primera Orden pero no culpaba a sus peones por haber sido manipulados y absorbidos por su sistema injusto e infernal. Aplicando su lógica, Armie era uno de ellos ¿verdad? Aunque aún quedaba un camino largo para su redención, que comenzaría apenas se despertara del desmayo.
Rose se acercó al prisionero para examinar sus signos vitales, temiendo haber sido demasiado ruda con él. Armitage se veía muy pálido, más que de costumbre, pero respiraba de manera suave y regular, como si durmiera plácidamente. Se veía engañosamente inofensivo y dulce, aunque ella le daría la oportunidad de que le mostrara que podía ser todo eso si él lo permitía.
Los soldados podrían encontrarlos en cualquier momento, la joven lo sabía bien, pero ni siquiera eso evitaría que ella dedicara unos largos minutos a contemplar su rostro, como si intentara comprender qué tenía él que le atraía de esa manera y cómo era posible que Armie significara tanto si en verdad no lo conocía bien, ni él a ella.
El viaje accidentado por las calles de Coruscant había desordenado su cabello porque el sombrero se extravió para siempre en alguna parte del camino. Rose hizo acopio de toda su fuerza de voluntad para reprimir el deseo de acomodar los mechones sueltos y acariciar la mejilla que empezaba a oscurecerse por la sombra de su barba sin rasurar.
Kriff. Ahora estoy imaginando lo bien que le quedaría la barba.
Rose tuvo que esposarlo sólo por si acaso y al hacerlo reparó en sus inseparables guantes negros, sintiéndose tonta por no haber descubierto su identidad antes cuando debería haber sido evidente.
Serían cinco minutos más de cortesía para esperar a Rey y luego se irían. Pero necesitaría varias horas estándar más para asentar sus emociones. Sólo esperaba que él no despertara, o que no lo hiciera pronto.
Se veía demasiado quieto para estar inconsciente.
Porque no lo estaba.
— Supongo que es otra de tus tácticas, acercarte mientras duermo para asesinarme...
¡Kriff!
Rose se echó hacia atrás por el susto pero recuperó la dignidad enseguida, poniéndose de pie con gracia y una mueca de disgusto en sus apretados labios.
— No. Sólo me preguntaba si eras un cínico a tiempo completo o sólo cuando estás en el puente de mando. — Las palabras salieron de prisa sin que pudiera moderar la mordacidad.
— ¿Por qué no me desatas y lo descubres, Rose?
A pesar de todo, sintió un escalofrío placentero cuando él pronunció su nombre. Su nombre real.
— No lo haré. — Le tembló un poco la voz al hablar, pero sus emociones no tenían nada que ver con el miedo, sino con algo cálido que se instaló en su estómago y comenzó a revolotear por el resto de su cuerpo.
Decidió que lo mejor era dejarlo allí para iniciar la secuencia de despegue. Buscaría refuerzos en Ajan Kloss, segura de que Finn y Poe colaborarían en el rescate de Rey, aunque habría que ver si ella deseaba ser rescatada. Ese era otro asunto en el que no iba a pensar ahora. Primero tenía que depositar a Armitage en tierra firme antes de expulsarlo ella misma al espacio, porque pronosticaba un viaje largo y penoso con su insufrible rehén.
— ¿Tu amiga no va a acompañarnos? Que pena. Imagino que ese pequeño plan suyo no salió como esperaban...
Rose prefirió no responder y le dio la espalda con evidente intención de ignorarlo. Pero el espía estaba mejor entrenado que ella en el sutil arte de las negociaciones, a pesar de no estar siendo sutil en absoluto.
— Dime, sabandija. ¿Por qué de todas las mujeres de la Resistencia tenías que ser tú?
Ahora sí, completamente picada, Rose giró sobre sus talones y empezó a reír nerviosamente, más ofendida que enfurecida por la obstinación del pelirrojo mientras clavaba una mirada asesina en él.
— ¡Así que volví a ser la sabandija! ¿Crees que me hace gracia deberle la vida a un General de la Primera Orden?
—Ex General. — corrigió él. — Próximamente ex General muerto, colgado por tus amigos, también gracias a ti.
Algo en la forma en que lo dijo, casi como una premonición fatalista, hizo que ella suavizara el talante.
— Nadie va a colgarte, me aseguraré de eso.
— Que tierna eres. ¿Vas a protegerme? — como ella se limitó a poner los ojos en blanco y al no recibir respuesta, él volvió a la carga. — Sabes, es curioso que lo digas ¡Cuando fuiste tú la que me electrocutó con ese aparato!
— ¡No estabas cooperando, Armie!
El pelirrojo cambió de tono abruptamente y su rostro se volvió sombrío.
— Ya deja de llamarme así.
Rose puso los brazos en jarras y se acercó un poco a él hasta que sus narices casi se tocaron. No estaba segura de cuál era la fuente de su valentía cuando habló y no quería preguntárselo. Era como si él sacara lo peor y lo mejor de su forma de ser, pero aún así quería demostrarle que ella estaba al mando.
— Cuando lleguemos a la base de la Resistencia estarás en desventaja. No conviene enemistarte con la única persona que cree en tu inocencia.
Él sostuvo la mirada fría como el hielo con la cabeza en alto, pero por una fracción de segundo ella detectó su miedo. Sus labios se contarían en una fina línea y estaban pálidos, seguramente reprimiendo el deseo de herirla. Pero algo le impedía hacerlo porque no podía odiar a esa revoltosa mujer cuando sentía tantas ganas de besarla.
Esa sí que sería una excelente venganza, pensó él. Tal vez más tarde.
Antes de que la tensión se volviera insoportable, Armitage reaccionó con un leve asentimiento, mostrando tanta humildad que Rose se sintió como si ella fuera la villana. Ella interpuso distancia de nuevo, esta vez muy consternada. Armitage estaba asimilando todo mejor de lo que podía esperarse pero ella tenía miedo por él. Una parte de su corazón quería retrasar el viaje y huir con él, justo como Rubí sugirió una vez, casi en broma, en una de sus conversaciones.
Pero no era posible. No todavía.
— ¿Vas a liberarme ahora? —Soltó él en voz muy baja, apenas audible.
kriff. Rose nunca había lanzado tantos juramentos en un período tan corto de tiempo.
Se estaba mostrando sumiso a propósito, ella no iba a caer en el engaño por segunda vez. Le costó un esfuerzo enorme no sucumbir, porque la mirada de fathier herido de Armie era un golpe bajo.
— Lo pensaré.
La joven se alejó en dirección a la cabina antes de arrepentirse, ansiosa por llegar a la Base y tomar una ducha bien fría. Aunque difícilmente podría borrar con eso el delicioso estremecimiento que le producía la voz de Rubí, repitiendo en su nombre una y otra vez en su cabeza.
...
Cuando Rey abandonó precipitadamente el palco, Kylo se desplomó en una de las butacas con un suspiro. En realidad quería detenerla, pero no se iría lejos y respetaba su deseo de querer privacidad. A él no le venía mal tampoco después de esa sesión de besos fogosos. Algunas partes de su túnica se habían desabrochado en el frenesí, aunque agradecía que los pantalones fueran lo suficientemente holgados como para disimular otras cosas que le estaban pasando.
Aún no puedo creerlo.
No podía esperar para llevarla a su nave y mostrarle todos los planes que tenía para ellos, para la galaxia. Tenía que concentrarse un poco para poner orden en su agenda, tal vez pedirle a Mitaka que postergara todas las reuniones del Alto Mando hasta nuevo aviso. El Steadfast era muy grande y necesitaba tiempo para enseñarle todo su esplendor a su futura emperatriz.
Tenía que revisar que las habitaciones cumplieran con los estándares de comodidad y lujo que ella merecía, al menos hasta que encontrara una residencia fija para los dos en algún planeta con muchos árboles. También estaba esa pequeña cuestión de que necesitaba un nuevo General y que quizás le debía algunas explicaciones a sus Caballeros, pero esos eran problemas menores.
El futuro se presentaba brillante a pesar de todo el trabajo que tenía por delante. Con ella a su lado todo iba a ser posible. Con sus besos dulces y sus caricias se sentía poderoso, invencible…
Ella me ama.
Pensándolo bien, tenía otras cosas más urgentes para mostrarle, pero podía esperar hasta que se casaran. Rey merecía una boda y su correspondiente noche de bodas. Imaginó a Rey caminando hacia él con flores en el cabello trenzado a la manera de las princesas de Alderaan, sonriendo como sólo ella sabía. No podría esperar a quedarse a solas con ella para quitarle el vestido ceremonial parte por parte…
Kylo Ren se dio cuenta de que podía ser letal en combate cuerpo a cuerpo, ahorcar traidores con la Fuerza como su abuelo. Pero no podía resistirse a la imagen de Rey en babydoll.
Rojo. Con pequeños moños cubriendo su...
¡Por la Fuerza!
Aunque el cambio de orden no afectaría al resultado final, ¿verdad? y una boda Imperial llevaría mucho tiempo de planeamiento. Ahora que ella estaba tan cerca sería muy difícil controlar sus emociones, pero lo haría por el bien de los dos. Si es que eso era lo que ella quería también, por supuesto.
Los minutos pasaban y no había señales de ella. El Líder Supremo podía ser muy paciente con los deseos de su carroñera, porque incluso él se cansaba de sí mismo a veces. Pero algo le decía que Rey estaba en peligro porque su firma en la Fuerza era muy débil y se desvanecía cada vez más.
Desesperado, se puso de pie de repente y siguió la dirección que ella había tomado antes. El último acto estaba comenzando y todo se volvió oscuro de repente, los murmullos cesaron y la voz de Ubbla Mollbro alcanzó su nota más alta. Pero a Kylo se perdería el espectáculo sin lamentarlo demasiado, sólo le importaba encontrar a Rey y asegurarse de que estaba bien.
Se movió con gran velocidad ante la mirada perpleja de las personas que regresaban a sus palcos, ejemplares de la más selecta burguesía galáctica, que se escandalizaron por la falta de modales de la juventud en general. Kylo no tenía tiempo para disculparse por su rudeza.
¿Y si el exceso de pasión había espantado a Rey? ¿Sería ella de esas personas que le temen al compromiso, como su propio padre? ¿Estaba yendo todo demasiado rápido para su gusto?
Se detuvo abruptamente, otra vez cautivo de sus propias inseguridades. ¿Acaso se había sobrepasado con ella? No lo creía, si Rey era perfectamente capaz de vencerlo en un duelo de sables, bien podría haberlo apartado de una cachetada.
¿Era su aliento? ¿Le disgustaba su perfume? Seguro que no era su cabello, por alguna razón eso era lo único que tenía en claro.
¿Y si se trataba de una trampa? No, ella no era así de cruel. Sus sentimientos le llegaban con claridad a través del enlace, por más que intentara negarlos. Y ya no tenía caso hacerlo porque había renunciado a todo para estar con él. ¿Qué sentido tenía hacer todo eso? A menos que Leia estuviera detrás de todo, esperándolo en el pasillo del teatro para castigarlo con sus olvidados privilegios de madre.
De ninguna manera. Ella no lo haría.
O tal vez ella había descubierto en algún resquicio de su mente lo de su investigación y no se prestaría para más experimentos con él. Pero eso no fue lo que ella le mostró cuando sus labios se tocaron, sino todo lo contrario. Dado el caso, era él quien debería asustarse…
Recuperó la calma sintiéndose feliz, con una sonrisa amplia y más animado. Podía descartar esa última teoría. Aunque a medida que se acercaba al baño sus esperanzas disminuían.
La puerta del tocador de damas estaba cerrada, naturalmente. Sentía a Rey del otro lado y preocupado de que el meiloorun le estuviera causando una indigestión, empujó la puerta despacio para poder entrar. Anexaría a la lista de facultades del Líder Supremo la de entrar a un baño de mujeres en caso de emergencia. Y este al parecer, lo era.
Rey yacía en el suelo profundamente dormida, sujetando aún la pequeña botella de somaprim que fue a parar a un rincón cuando Kylo la alzó para sacarla de allí, angustiado y furioso con el causante de todo eso, sin sospechar aún que ella misma había ingerido la sustancia voluntariamente. Recordó esa vez en Takodana cuándo él mismo le había dormido para llevársela al Supremacy y se enojó aún más. ¿Estar cerca de él era lo que la ponía en peligro?
Mientras se levantaba con Rey en brazos se prometió estar más atento para que ella no sufriera ningún otro daño, no se separaría de su lado hasta que despertara. Porque estaba seguro de que ella iba a despertar, su pulso era débil pero constante y no tenía fiebre ni estaba herida en ninguna parte, al menos eso le pareció en un vistazo rápido. Sólo estaba dormida, pero si bien le trajo un poco de tranquilidad, no disminuyó su rabia.
La mujer que esperaba su turno para usar el toilet soltó un grito indignado al ver a ese hombre de mirada asesina llevando a una mujer inconsciente, pero se apartó de su camino de manera instintiva. La próxima vez aceptaría la propuesta de ir a Canto Bight en vez de visitar la Casa de la Ópera, al menos allí los baños estaban bien señalizados.
…
Armitage desistió de desatarse al décimo intento. Rose tenía un talento especial para irritar a todo el mundo, sumando a eso su peculiar habilidad para hacer nudos imposibles. Por lo menos tuvo la decencia de atar sus manos en la espalda dejando sus piernas libres para caminar, aunque no le serviría de mucho hacerlo si no tenía donde ir. El sucio carguero en el cual viajaban había despegado unos minutos atrás y esas no eran buenas noticias para él.
El efecto de la picana se estaba pasando, Hux recobraba el dominio de su cuerpo y de sus emociones. No sentía dolor físico porque estaba acostumbrado a los golpes, pero la desilusión le hería bastante. Su mente trabajaba a toda velocidad mientras asimilaba el cambio de rumbo en su historia y se preparaba para enfrentarse a la Resistencia. Pensó en todo lo que Rose le había dicho, considerando en especial la parte de llevarse mejor con ella para obtener algunos puntos más en su precaria posición. El arreglo no sería tan difícil en cuanto le perdonara por electrocutarlo y destruir sus sueños románticos.
Pero se trataba de Cobalto, ella y Rose eran la misma persona, no debía olvidar eso. A pesar de que ahora vestía ese uniforme de color caqui con pantalones altos y el cabello recogido en dos moños, estaba en presencia de la misma mujer que durante semanas había ocupado todos los rincones de su mente. El cambio de atuendo no le disgustaba en absoluto, tuvo que reconocer que ella era mucho más preciosa en persona, incluso se veía más atractiva que ese día en el Supremacy cuando no se imaginaba que nada de esto fuera a suceder.
Le hubiera gustado tener una mano libre para golpearse la cara por idiota, pero se conformó con lanzar un juramento e intentar desatarse una vez más, sin éxito. Antes de volverse loco, apeló a su sentido común. Después de algunas maniobras que por suerte nadie logró presenciar, se puso de pie apoyándose contra la pared y examinó la estancia buscando un objeto filoso para cortar los cables que la joven había utilizado.
Pero no tuvo tiempo de pensar en nada más porque el Halcón se sacudió con violencia hacia un costado, arrojándolo al suelo nuevamente.
— ¡Se suponía que eras buena en esto! — Gritó más asustado que dolorido en dirección a la cabina.
— ¡No he sido yo! — Rose respondió desde el asiento del piloto, echándole una mirada por sobre el hombro mientras hacía grandes esfuerzos por estabilizar la nave. — ¡Nos atacan! ¡Sujétate!
¿De dónde?, pensó él.
Otro impacto en la nave hizo que Armitage rodara hacia el otro costado antes de que pudiera protestar, golpeándose el hombro con algunos bártulos sueltos en el proceso. Rose activó los escudos deflectores e ingresó las coordenadas para el hipersalto, pero otro par de cazas estelares se sumó al primero y el tercer impacto le aseguró que no llegarían ilesos a menos que respondieran al fuego.
— ¡Si no me desatas ellos acabarán con esta chatarra y con nosotros! — Armitage llegó como pudo hasta la cabina, dispuesto a convertirse en un completo traidor si así lograba recuperar la libertad de sus movimientos.
Rose le indicó a Armie que se volteara mientras buscaba un pequeño alicate en su bolso, sin quitar la vista del frente para esquivar las miles de naves que se entrometían en su huida. Con la otra mano cortó los cables y Hux se soltó con alivio, agradeciéndole con una sonrisa sincera que a ella le distrajo momentáneamente.
— ¡Cuidado!
Apenas esquivaron un edificio alto por unos centímetros, pero Rose era realmente buena y pronto se recuperaron. Armitage se dirigió al puesto de artillero y se colocó el comunicador para recibir las instrucciones de la joven. En teoría, había estudiado cada una de las armas y naves existentes desde la época anterior al imperio. Conocía sus partes y qué hacía cada cosa, pero jamás había utilizado un simulador y mucho menos participado en un combate real desde esa posición. Descubrió que la adrenalina ayudaba a enfocar la puntería cuando el primer impacto del cañón dio con uno de los cazas, deshabilitándolo sin destruirlo. Sólo quedaban dos.
— No tendremos tanta suerte la próxima, Rose. ¡No podremos volver a disparar sin lastimar civiles! ¡Debemos salir de aquí!
— ¡Lo tengo! — Rose giró el manubrio para quedar en posición vertical y así pasar por entre medio de un muro de edificios, confundiendo a sus captores que tuvieron que desviarse hacia arriba para no chocar. Con esa pequeña ventaja de tiempo y sin obstáculos en el horizonte, pulsó el hiperimpulsor y el Halcón quedó a salvo de la Primera Orden.
Con un suspiro de alivio, la joven se desplomó en el asiento, notando que su compañero se acercaba y se quedaba mirando los rayos azules del hiperespacio con el entrecejo fruncido. Todavía era muy pronto para admitir algunas cosas, pero estaba agradecida de poder contar con él. Sin embargo, aún tenían un largo viaje por delante y él ya no era su prisionero, pero parte de la tensión entre ellos se había disuelto en los últimos minutos.
— ¿Por qué nos estaban atacando? Nadie sabía que veníamos, sólo tú y Ben.
— ¿Ben? — Armitage enarcó una ceja por la familiaridad con la que la joven se refería a Ren, como si no se estuviera refiriendo al Líder Supremo sino a un amigo de toda la vida. — No. Ren no está detrás de todo esto.
— ¿Cómo sé que no nos estás traicionando? — Rose se puso de pie, dándose cuenta inmediatamente de que no había sido su idea más brillante, porque Armie no se inmutó y era mucho más alto que ella.
— Oh, sí. Sería muy inteligente enviar a un puñado de cazas para hacer explotar la nave en la que estoy viajando, ¿no crees? — él se acercó un poco más, no pretendía intimidarla, sólo se sentía furioso por no haber ocultado bien sus huellas.
Rose se cruzó de brazos y de repente sintió que necesitaba un poco de aire. La cabina se había vuelto demasiado pequeña y él no se movía ni un centímetro, completamente ajeno a las emociones que producía en ella. Pero no hizo ademán de alejarse, de hecho le gustaba tener esa excusa para estar cerca de él, incluso si estaban en medio de otra discusión. Las luces del exterior se reflejaban en el rostro de Armitage y sus ojos se habían vuelto un poco oscuros por la preocupación. Era como si finalmente estuviera aceptando que ella no era su enemiga, considerando la opción de trabajar juntos como verdaderos aliados.
Armitage continuaba absorto en su propio mundo, repasando la lista mental de posibles enemigos. Phasma quedaba descartada, aún cuando su paradero era incierto después del episodio del Supremacy. Los demás tripulantes del Steadfast no tenían las agallas y Ren estaría muy entretenido con su carroñera como para andar planeando venganza.
Solamente una persona era capaz de cualquier cosa por su obsesión con el poder, alguien fiel a las viejas normas del Imperio, alguien que no iba a acatar las nuevas reglas, más flexibles, que el Líder Supremo estaba comenzando a admitir y que él mismo había ayudado a implementar. Sólo existía otro General con acceso a su historial y a sus registros, alguien además del Líder Supremo que podría saber que él era el espía que pasaba información a la Resistencia y que planeaba desmantelar la Orden desde su interior.
— Pryde. Él quiere quedarse con el Steadfast. Con la Primera Orden. — exclamó, llevándose una mano a la frente. — ¿Cómo no lo pude anticipar? Él me odia…
— ¿Rey está en peligro? — Interrumpió Rose.
— No estoy seguro. — Hux se alejó un poco de ella para poder pensar. Pese a su enojo, que ya no era tan grande, quería proteger a Rose de todo mal. Había demostrado ser leal a los suyos durante todo el tiempo que intercambiaron mensajes, bien podría haberlo dejado plantado en Coruscant al reconocerlo como el causante del cataclismo más grande de la historia galáctica. Pero no lo hizo.
— ¡Deberíamos advertirles! — Rose captó su atención poniendo una mano en su brazo pero la quitó inmediatamente al notar que él se ponía tenso.
Armitage negó con la cabeza.
— No pienso ayudarles. Hay muchas cosas que tú no sabes. He puesto en marcha un plan para acabar con la Primera Orden y si Pryde lo ha descubierto, intentará decirle a Ren. Con suerte no sabe aún que Kylo está feliz de deshacerse de mí. — Armitage hizo una mueca imitando la sonrisa torcida de Ben.
— ¿Quieres decir que no te importa lo que suceda con ellos? ¿No tienes intención de revertir ese plan?
— ¿Por qué habría de hacerlo? ¿Qué importa ahora? Muy pronto no quedará nada.
Él no podía creer lo que ella le pedía. Le había costado mucho llegar a este punto y no podía renunciar ahora. Ren había actuado como si no supiera que su Plan de diez puntos para dominar la Galaxia llevaba al inevitable desmantelamiento de la Orden, así que de alguna manera era cómplice. O era muy tonto.
— ¿Has pensado en las vidas que van a perderse? Gente como tú, que no ha tenido opción de elegir un bando, personas que se han involucrado en esta guerra desde antes de nacer. ¡Rey está de ese lado ahora! Tiene que haber otra manera...
— Tus amigos de la Resistencia se han llevado muchas vidas también, no hay buenos o malos en esta historia. — Notó que Rose se enfurecía cada vez más mientras sujetaba su medallón y sintió un ramalazo de culpa por estar argumentando con una lógica tan pobre, pero no podía detenerse. — La jedi los abandonó a todos al tomar su decisión, deberías aceptarlo. ¿Por qué no ha regresado? ¡Porque se ha ido con Ren!
— No tienes derecho a decir eso, no sabes qué sucedió realmente… — exclamó Rose, que tampoco sabía qué pensar de la situación.
— A ellos dos sólo les importa ese vínculo que tienen. Descuida, ¡Van a ser excelentes emperadores de todos modos!
El enojo de ambos iba aumentando a medida que elevaban las voces. La momentánea tregua había desaparecido sin dejar rastros y volvían a pelear por culpa de una Guerra que seguía extinguiendo la mínima posibilidad de esperanza de paz. Rose sintió que la furia daba paso a la decepción y deseó con toda su alma no haber arriesgado todo por amor, por alguien que tenía la oportunidad de mostrarse digno pero era demasiado obstinado como para hacerlo.
— Así que sólo te importaba salvar tu cuello después de todo.
Armitage no esperaba esa respuesta y sintió como si le echaran un balde de agua helada. Se le estrujó el corazón de dolor por el desengaño en la voz de Rose y la mirada fría que le dirigió.
— Creí que eras alguna clase de héroe, haciendo lo correcto, uniéndote a los buenos. Pero no eres más que un egoísta. — Rose volvió a sentarse en la cabina, dándole la espalda y haciendo de cuenta que él había dejado de existir.
— Rose, yo no… — Armitage se mordió los labios porque no sabía bien qué decir y ella estaba se había colocado unos auriculares para evitar escucharlo.
No recordaba haberse sentido tan mal en toda su vida, era una clase de dolor que no podía comparar con nada que conociera y no sabía cómo repararlo. Parecía que el destino de Cobalto y Rubí no era estar juntos después de todo.
Claro que existía una tercera opción, siempre la había. No era necesario destruirlo todo, pero Armitage odiaba lo que Pryde había hecho con su fanatismo ciego, porque representaba a hombres como su propio padre, Brendol. No confiaba en que Kylo Ren pudiera hacer las cosas de otra manera, por esa razón le había engatusado con un maravilloso plan que lograría restaurar el equilibrio en la galaxia pero le llevaría a perder todo su poder. Al Líder sólo le importaba la venganza: primero su padre, luego su tío.
Y la carroñera, esa era la otra obsesión de Ren.
Armitage no podía cuestionar eso porque lo comprendía perfectamente, de otra forma no estaría mirando desesperanzado el perfil impasible de Rose, apretando los puños mientras luchaba con sus propios demonios para demostrarle que valía la pena luchar por él. Tal vez ella tenía razón.
"Así es como vamos a ganar. No luchando contra lo que odiamos. Sino salvando lo que amamos".
Eso le había dicho Cobalto en una de sus conversaciones que se había vuelto demasiado personal. Fue una de las primeras cosas que ella compartió con él, justo después de que le contara como había rescatado a Millicent en Lothal de una muerte segura, pese a que no tenía motivos para hacerlo. Ahora repetía la frase con el rostro y los labios de Rose, finalmente comprendiendo su complejidad y admirándola más que nunca por eso.
Millicent seguía a bordo del Steadfast, se recordó. En la prisa por huir se había olvidado de ella.
— Está bien. — Murmuró al cabo de varios minutos. Rose se quitó los auriculares y lo miró fingiendo no estar emocionada. — Dame ese comunicador.
Salvaré lo que amo.
