Rey despertó un poco confundida en una cama que se le hacía remotamente familiar. Las sábanas eran suaves y la almohada muy cómoda, tanto que no deseaba levantarse. Lentamente fue abriendo los ojos e incorporando las dimensiones de la habitación con sus luces parpadeantes, su mobiliario mínimo y la fragancia inconfundible que parecía estar impregnada por todas partes. Apenas podía mover la cabeza sin sentirse mareada porque el efecto del Somaprim era bastante persistente. Los sonidos le llegaban lejanos como si estuviera debajo del agua y sentía el cuerpo pesado como un happabore. Sin embargo, se sabía a salvo porque sentía a Ben muy cerca.

Intentó girar un poco, enfocando la mirada con dificultad hasta donde lo percibía a él. Estaba justo a su derecha, desparramado en una silla muy pequeña para sus dimensiones, con las piernas dobladas de manera graciosa y los ojos cerrados como si durmiera. Se veía muy cansado, con círculos oscuros debajo de sus ojos y tan vulnerable que nadie hubiera reconocido en él al poderoso Líder Supremo. Estaba preocupado por ella. Podía sentirlo a través de su vínculo.

Cuando ella se movió, Ben despertó sobresaltado y sentándose en la cama a su lado le tomó una mano con cuidado, pronunciando su nombre antes de llevársela a los labios para besarla. Rey se sintió culpable cuando vio la angustia en sus ojos color ámbar, pero su corazón dio un vuelco de alegría al notar que él recuperaba su ánimo al verla consciente.

— ¿Cómo te sientes? El droide médico quitó casi todo el Somaprim de tu sistema. He clausurado la Casa de la Ópera por tiempo indefinido y apresado a todos los boticarios de los mundos del Núcleo. Quienquiera que lo haya hecho, va a pagar por esto…

— Fui yo. — Interrumpió ella, mordiéndose los labios por el alboroto que había causado, incapaz de mentirle cuando estaba siendo tan noble con ella. — Lo siento.

— ¿Qué? — él se apartó un poco con una sensación extraña en el estómago, sin soltar su mano. — ¿Por qué?

Rey se incorporó para sentarse en la cama y al hacerlo notó que no llevaba su vestido ni su ropa habitual sino una especie de túnica oscura de seda que se ceñía justo debajo de su busto con un lazo rojo. Sus mejillas se encendieron al imaginar que él tenía algo que ver con eso y lo miró con ambas cejas levantadas.

— N-no no he sido yo. — Se apresuró a aclarar él, siguiendo el curso de sus pensamientos. — La oficial Kandia se ocupó de cambiar tu ropa. Ella será tu asistente. Te la presentaré luego.

— ¿Dónde estamos exactamente? ¿Cuánto tiempo ha pasado? — Rey lo sospechaba, pero antes de su confesión completa deseaba evaluar el humor de Ben. A Rose también le daría algunas explicaciones más tarde si lograba comunicarse con ella.

— En mis cuarteles del Steadfast. Has dormido unas diez horas estándar. — respondió él mecánicamente.

— Vaya, la verdad es que no dormí tan bien en mucho tiempo… — bromeó ella, pero desistió al ver que a su compañero no le causaba gracia.

— No es divertido, Rey. ¿Por qué lo hiciste? — Ben extendió su otra mano hacia ella y le acarició una mejilla con ternura, logrando que ella se estremeciera, entreabriendo sus labios. — ¿Es que mis besos fueron tan desagradables? Porque podrías haberlo dicho en lugar de hacer una tontería como esa...

— ¡No! — interrumpió ella con un pequeño grito ahogado, sintiendo cómo él se hundía de nuevo en la culpa. — Jamás vuelvas a decir eso...

— Si no quieres que lo vuelva a hacer... — Continuó él, disfrutando del azoramiento de Rey como si fuera una pequeña venganza pero también aliviado por su entusiasta respuesta.

Rey detuvo su palabrerío tomándole el rostro con ambas manos para plantar en sus labios un beso apasionado. Ben cerró los ojos sintiendo que el alma le volvía al cuerpo, dejando que ella marcara el ritmo con su boca hasta que no pudo contener las ganas de probar algo un poco más íntimo. Colocando una mano detrás de su cabeza, hundió los dedos en el cabello castaño que ahora caía libremente en su espalda y dejó que ella se relajara contra él. Con su lengua le exigió separar un poco los labios, instándole a hacer lo mismo.

Ella emitió un suspiro de satisfacción cuando él reclamó su boca con firmeza, sintiendo que su cuerpo se convertía en jalea de frutas como las que había probado en Takodana. Le rodeó el cuello con los brazos, deseando poder sentir su piel debajo de la armadura que volvía a usar. La tensión y la calidez de su cuerpo sin embargo, traspasaba el material, dándole una idea de lo ansioso que estaba él también por su toque. El mundo de Rey volvía a girar pero esta vez por efecto de una droga diferente, porque los labios de Ben ahora estaban cerca de su oído murmurando sólo para ella.

— No estuvo tan mal entonces…— él apoyó su frente en la sien de ella, llenándose del aroma de su cabello con deleite y ternura, sin querer alejarse nunca de ella.

Rey cerró los ojos con fuerza, soltando un gemido suave que a él lo volvió loco. Sentía que se estaba prendiendo fuego y Ben tenía la culpa, no el condenado frasco. Su cuerpo se movía por cuenta propia y le atormentaba la urgencia por estar más cerca de él.

— Entonces debes asegurarte de que realmente estoy a salvo. He oído que uno de los efectos residuales del somaprim es una extrema sensibilidad en la piel…

«Kriff»

Kylo decidió que estaba satisfecho con su castigo y era hora de frenar, porque si no se detenía en ese instante, tomaría todo lo que ella estaba dispuesta a darle y él saldría perdiendo. Aún tenía que dejar algunas cosas en claro y sobre todo eso, necesitaba respuestas.

Ella se estaba mostrando encantadoramente seductora, lo cual no dejaba de activar una pequeña alarma de desconfianza en su cerebro. La conocía lo suficiente como para saber que ocultaba algo y estaba intentando distraerlo, o tal vez se había dado cuenta de su error en aceptar su propuesta después de todo. Resistir a su hechizo fue lo más difícil que tuvo que hacer en toda su vida hasta ese momento porque ella estaba descubriendo su potencial para dejarlo embobado con el simple hecho de existir.

— Rey. — él se alejó a regañadientes notando que ella lo miraba con los ojos muy abiertos y un poco oscurecidos por la pasión. Era una visión deslumbrante, los labios hinchados y rojas sus mejillas, el cabello alborotado, su pecho bajando y subiendo rápidamente.

«Puedo hacerlo. Puedo esperar. Puedo hacerlo.»

— ¿En qué estábamos? — preguntó ella con inocencia, fijando la mirada hambrienta en los labios de él, recordándole esa vez en el turboascensor. Entrelazó sus dedos con los suyos y jugó con el lazo de su camisón sin prestar demasiada atención a lo que hacía, justo como en su último enlace. Lo único que quería hacer él era mostrarle que estaba loco por ella pero tenía que controlarse. La ropa, el lugar y las circunstancias no le estaban ayudando.

«No puedo hacerlo. No está funcionando.»

— Ibas a contarme por qué te encontré desmayada en ese baño. — Kylo tuvo que recurrir de nuevo a la desafortunada imagen de Hux en pantalones cortos para distraerse de la belleza tentadora y ansiosa de Rey.

«Nunca falla.»

— Oh. Sí. Eso. — Rey soltó un respingo, mordiéndose los labios y bajando la mirada. Estaba acorralada y la seguridad que había reunido antes se había desvanecido abruptamente. Ahora se encontraba en terreno que le era desconocido y no estaba segura de cómo iba a reaccionar él. Se había dejado llevar esperando que él olvidara todo, pero eso sería extraño cuando estaba ante la segunda persona más testaruda de la galaxia después de ella.

— ¿Hay algo que quieras decirme? Recuerda que puedo escuchar todo lo que piensas, pero prefiero que seas sincera conmigo. No quiero que haya trucos mentales entre nosotros, ¿De acuerdo? No lo haré si prometes decirme la verdad, incluso cuando pienses que no me va a gustar.

La forma en que él la miró le aseguró de que no tenía nada que temer, le pareció comprensivo pero exigente, no admitiría una verdad a medias porque él jamás mentía. Pudo ver que desde niño todos le habían ocultado cosas, empezando por sus padres, por temor a su temperamento y su tendencia al lado oscuro.

«Miedo. No quiero que sientas miedo.»

El momento de pasión que acababan de compartir se hizo a un lado y en su lugar nació una calidez que colmó su alma en otro sentido. Aunque extrañaba sus besos y sentía un poco de frío ahora que él se había armado de voluntad para ponerse serio, no podría dar otro paso sin ser completamente honesta con él. Se lo debía.

«Confía en mí»

Rey asintió, arropándose un poco con las sábanas para sentirse menos expuesta. Ben se movió con rapidez para ponerle su capa sobre los hombros y volvió a sentarse a su lado, esta vez un poco más lejos pero sin dejar de mirarla a los ojos.

— Rose y yo teníamos un plan. — comenzó con valentía Rey. —Les llevaríamos a Hux y a ti a la Resistencia. Rose creía que su espía corría peligro en la Primera Orden porque tú ya conocías su identidad. Entonces le convenció de alguna manera para huir con ella.

— ¿Hux fue con ella por voluntad propia? — exclamó Ben sorprendido.

— No lo creo, pero Rose tiene sus métodos. — Rey recordó la picana eléctrica de su amiga y se compadeció de Armitage Hux por un breve instante.

— Entiendo. ¿Y qué planeaban hacer conmigo? — Ben se cruzó de brazos, haciendo un esfuerzo por no reírse del ingenuo plan de su amada porque al parecer había funcionado a medias. Esa tal Rose era bastante poderosa y no debía subestimarla en el futuro.

— Yo debía usar el somaprim contigo y despertarías en la Base sano y salvo. — titubeó ella al principio pero luego soltó toda la información de un tirón, como para quitar la venda de una buena vez. — Pero no pude hacerlo y estaba quedándome sin tiempo. Se me ocurrió que tenía sentido usarlo en mí. Lo siento, Ben.

Guardó silencio un instante sin saber cómo continuar, notando que él se ponía tenso. Ben estaba procesando la traición mientras ella se retorcía de ansiedad. Ella apenas podía explicarse a sí misma el impulso absurdo que tuvo.

— La parte en la que dijiste que te unirías a mí… ¿también fue un engaño?—soltó al fin.

— No. Eso no era parte del plan. — reconoció ella con sinceridad.

— Entonces no tenías intención de hacerlo. — él sonrió con tristeza, confirmando aquello que imaginaba: ella le había engañado después de todo. Y había tenido éxito. — Dime una cosa, Rey. ¿Qué pensabas que iba a pasar? ¿De verdad creíste que así ibas a lograr que abandonara todo esto? — Se levantó y comenzó a caminar por la habitación, sin embargo apeló a todo su control para no elevar el tono. No tenía sentido hacer una rabieta pero tampoco iba a ocultar lo lastimado que se sentía. La confianza debía ser en dos direcciones.

— Déjame terminar. — Rey sintió que también se enfurecía. ¿Por qué no podía ser él un poco más paciente? Quitó las sábanas de un tirón para ponerse de pie. Las piernas le temblaron un poco cuando quiso hacerlo pero no quería permanecer en una posición tan vulnerable cuando él se movía por la habitación como fiera enjaulada. — ¡Dijiste que no ibas a enojarte, Ben!

— No. Dije que quería la verdad aunque no me gustara. ¡No dije nada acerca de no enojarme! — respondió él en tono airado.

— Fue mi decisión y nunca voy a arrepentirme. Aún si quieres encerrarme en un calabozo de por vida. — continuó ella.

— No pienso hacer tal cosa. ¡Ya verás que vivir a mi lado es tortura suficiente!

— No pude hacerlo. Nunca quise hacerlo. ¡Fue idea de Rose! Necesitaba tiempo y ellos no iban a aceptar mi decisión. — Rey estaba consternada y molesta. Ya no quedaba rastro de la madurez que él le había mostrado segundos atrás.

— ¿Le echarás la culpa a tu amiga también por esto? ¿Le dirás te he secuestrado? Oh… ya veo. En este momento están en medio de una misión de rescate y vas a irte con ellos ¡Después de que consigas lo que sea que pretendías obtener de mí!

— ¿Por qué eres tan… tan…?

— ¿Tan qué? Dilo.

De nuevo estaban frente a frente, sin enlace de por medio pero ya no volverían a luchar con armas. Las palabras que finalmente salían a la luz eran mucho más dolorosas. Pero Rey sabía que aún tenían muchas cosas que decirse, porque su vínculo no les garantizaba una comunicación fluida. Tenían que hablar en voz alta, con el corazón en la mano.

«Tan Irresistible, insoportable, caprichoso, terco, dramático y condenadamente atractivo... »

— ¡Tan obstinado! me pediste que me uniera a ti para crear un nuevo orden. Y aquí estoy. ¡Pero no vine por eso!

— No lo entiendo. ¡Te ofrecí todo! ¿No podías simplemente tomar el camino fácil?

— ¡No hay caminos fáciles entre nosotros!

Kylo abrió la boca para contestar pero no quería darle la razón, aunque ella ciertamente la tenía.

— Sólo te quiero a ti. Quiero conocerte, pasar tiempo contigo. Quiero ayudarte.

— Quieres convencerme de que vuelva a la luz, a mi hogar...

— ¡No! Acepté tu mano porque era la única forma de estar contigo. Pero no puedo cambiar ni tú deberías hacerlo. No soy tan justa y buena como crees, he pensado en tí como un enemigo, como un monstruo, y ahora no puedo dejar de preguntarme si soy capaz de hacerte feliz.

Rey dejó que sus sentimientos salieran como el río que rompe una represa después de desgastar una pequeña fisura por años. Su voz era firme y no contuvo sus lágrimas aunque se sentía libre como cuando fue a buscarlo al Supremacy en contra del consejo de Luke. Se quedó de pie frente a él, descalza y con los ojos echando chispas doradas, consciente de que esa era la única oportunidad que tendría de mostrarle lo importante que él era en su vida.

Mientras hablaba, Kylo escuchaba atónito. Deseaba ser tan elocuente como ella, ansiaba decirle que nunca más iba a estar sola y que nunca le había amado tanto como en ese instante, con su furia y su angustia desgarradora.

Por supuesto que él comprendía.

— Lo hice porque estoy cansada de seguir órdenes. Desde el día en que dejé Jakku he cumplido misión tras misión sin saber cuál era mi lugar real en todo esto. Todos creen que saben lo que es bueno para mí y me han dicho lo que debería hacer. Maz, Leia, Luke. Pero nadie me conoce, nadie sabe que lo único que quiero es un lugar en donde pueda descubrir quién quiero ser realmente. Yo jamás quise ser especial, me conformaba con una vida normal, un destino normal. Sólo quería una familia

Él se acercó y limpió sus lágrimas con los dedos pero al ver que ella seguía llorando, la rodeó con sus brazos y juró que jamás le dejaría ir. No necesitó muchas palabras para decirle lo que ya sabía desde ese día en Starkiller cuando ella le quitó el sable de su abuelo en la nieve y descubrió que ella era su igual, su compañera.

— Yo seré tu hogar.

Rey se aferró más a él, al refugio que le ofrecía su pecho. Sus palabras le llegaron hasta el rincón más profundo de su corazón porque sabía que él no era bueno en eso de las confesiones románticas. Pero él tenía algo que siempre le hacía sentir a gusto, Rey no sabía exactamente de qué se trataba. Quizás era la forma en que la miraba al hablar, como si todo lo demás dejara de existir. O tal vez era su voz, con sus notas graves resonando en su mente aunque no despegara los labios.

La conexión que compartían era sólo el inicio del viaje, permanecer uno al lado del otro no iba a depender de la Fuerza y sus caprichosos designios sino de ellos mismos.

Se quedaron así unos minutos eternos, disfrutando de la cercanía y del amor correspondido. A Rey no le importaba el frío del suelo ni el creciente dolor de cabeza. Ben, como si lo supiera, depositó un beso dulce en el sitio que a ella le dolía antes de cargarla en brazos para llevarla de nuevo a la cama. Se apoderó de él un fuerte instinto protector, diferente a la posesión o a los celos. Quería venerar su cuerpo y su corazón de todas las maneras posibles, a pesar de que sabía que ella era la mujer más poderosa de la galaxia.

Ella dejó que él la cuidara, aunque no estaba acostumbrada a ese tipo de cosas. No le gustaba sentirse inferior o débil, pero Ben jamás dudaría de su fortaleza. No hacía falta demostrarlo en combate, porque el poder de Rey residía en su corazón. Sólo ella tenía la fórmula para llegar hasta él en medio de la oscuridad y tenderle una mano, perdonando y aceptando que no todos los días iban a ser pacíficos, aunque se esforzarían juntos.

— No vuelvas a preocuparme de esa manera. Ya te había dicho que no necesitas trucos para estar conmigo, Rey. — le amonestó suavemente, y se sentó de nuevo a su lado, sintiendo que todo el peso en su cuerpo se había evaporado.

«Ella ha elegido. Me ha elegido a mí.»

— ¿No estás molesto?

— Sí, estoy furioso. — contestó él, desmintiéndose con una sonrisa radiante. — ¿Sabes cuál es el castigo por intentar drogar al Líder Supremo?

Ella le miró con recelo, pero él le detuvo con un beso fugaz que detuvo las protestas de Rey en sus labios.

— Tendrás que soportarme por el resto de tu vida.

El beso esta vez fue dulce y lento, como si se estuvieran besando con los labios y con el alma. La pasión fue regresando de manera gradual e incontenible, porque nunca se apagaban del todo las brasas entre ellos.

La urgencia por amar se instaló en cada caricia trémula que él fue dejando en su cuello, mientras la sentaba sobre sus piernas para poder estar más cerca que nunca de ella. Con la otra mano firmemente apoyada en la base de su espalda le impidió alejarse, aunque ella no tenía ninguna intención de hacerlo. Rey se arqueó contra su cuerpo sintiendo que no era posible experimentar tanto calor y seguir respirando, estar rodeada por él de esa manera tan íntima y saber que nadie los podría separar ahora que sus corazones latían al mismo ritmo. Quería sentir el suyo saltando en su pecho y posar sus manos directamente sobre su piel para lograr que él se estremeciera también.

— ¿Cómo es que traes tanta ropa puesta si en cada enlace de la Fuerza debo verte con mucho menos? — susurró traviesa contra su oído mientras sus manos viajaban buscando tímidamente el cierre de su traje, debajo del cuello alto.

— Eso se puede arreglar. — respondió él, quitándose la ropa para quedar con el torso completamente expuesto ante ella y su mirada fascinada. — ¿Así está mejor, cariño?

Ella se sonrojó hasta la punta de los pies pero eso no le impidió hacer lo que tenía en mente. Lo rodeó con sus brazos y lo besó con intensidad mientras él resistía su examen con un completo dominio de sus salvajes emociones. Ella dejaba su piel en llamas en cada sitio que tocaba, tomando posesión de él, aunque en realidad ya le pertenecía desde siempre.

Ben se dejó llevar por el movimiento incitante de sus caderas, que se apretaban contra él presas del instinto, tratando de alcanzar la satisfacción. Ninguno de los dos sabía muy bien qué hacer en un caso como ese, pero la preparación era innecesaria porque se compensaba con la apremiante necesidad de uno de pertenecer al otro. Y al mismo tiempo no podía compararse con nada que hubieran imaginado.

La fina tela del camisón de Rey ocultaba modestamente sus formas, pero Ben ardía en deseos de desatar el lazo que dejaría sus pechos al descubierto. Sentía que no existía nada más perfecto que ella y sus besos, las palabras de amor que iba murmurando mientras encontraba en él todo el amor con el que había soñado. Sus manos temblaban al igual que las de ella, pero se dirigían como en éxtasis hacia su destino. Su mente no tenía tiempo de procesar lo que sucedía porque por primera vez en su vida estaba entregando su corazón sin miedo ni vergüenza de ser rechazado.

Ben giró con ella aún encima para aprisionarla contra la cama, retomando el control sin dejar de besarla mientras levantaba con suavidad y determinación la fina tela de su túnica para llegar a ese lugar glorioso que necesitaba su atención inmediata. Ella notó que él necesitaba su permiso y lo besó ardientemente en respuesta, guiando su mano hacia el sitio entre sus piernas en el que su placer se acumulaba. No necesitaba leer su mente para saber lo que él deseaba, porque ella se sentía exactamente igual.

Pero cuando estaban por experimentar lo que seguro iba a ser el mejor momento de sus vidas, el comunicador de Rey empezó a sonar cada vez más fuerte, y aunque les hubiera gustado ignorar el llamado para continuar con sus deliciosas actividades, la voz de Armitage Hux se filtró entre las brumas de la pasión, sacándolos totalmente del dulce ambiente que los envolvía como un capullo.

"— Ren. Este es un mensaje urgente. Pryde sabe que soy el espía y va a sabotear tus planes para destruirte. Sé que no vas a confiar en mí pero al menos inténtalo… ¡No dejes que tome el control del Steadfast! Si lo hace estamos perdidos.

¿Rey? ¿Estás ahí?

No he terminado, ¡Rose…!

No estoy enojada contigo. Sólo quiero saber si estás bien. Acaban de atacarnos pero escapamos… Arm-Armitage ha decidido colaborar con nosotros, así que los mantendremos al tanto… Entraremos en el segundo hipersalto pronto y nos comunicaremos desde una línea segura en la base… Es todo…

Supongo… ¡Espera!

¿Qué?

Ren, deja a mi Dama en paz. ¡No intentes nada extraño o me ocuparé de…!

¡Tranquilo! Rey no lo permitirá…

No estoy seguro de eso…

Rey, si estás escuchando pídele a Ben que envíe a Millicent a Lothal y la pasaremos a buscar de camino a la base.

En realidad eso es poco práctico, Ro…

Estaremos esperando en… tres horas estándar.

Pero…

¡Cambio y fuera!"

Ben se sentó en la cama totalmente desconcertado, sin saber si estaba furioso o alguien le había arrojado un balde de agua congelada. Rey contuvo la risa y se incorporó para abrazarlo por la espalda, dejando pequeños besos tiernos de consuelo.

«Si Pryde no acaba con él, con gusto lo haré yo.»