Después de enviar el mensaje, Armitage y Rose no tenían nada que hacer excepto esperar la respuesta de Rey. La comunicación se había interrumpido después del hipersalto, por lo que no planeaban recibirlo antes de llegar a Lothal. Tomarían un pequeño desvío para rescatar a Millicent o al menos esperarían su llegada durante un par de horas más, luego volverían al programa habitual de camino hacia Ajan Kloss. A Rose le había llevado algunos minutos convencer a Armie de que Millie iba a estar a salvo y que Rey no le fallaría. Él se mostraba escéptico porque conocía la enemistad entre su gata y el Líder Supremo, pero decidió confiar en su enérgica compañera.
Dentro de la cabina finalmente se había instalado una atmósfera pacífica y casi tan natural como la que solían establecer en sus conversaciones encubiertas, cuando no estaban intercambiando información de un lado y del otro. El Halcón Milenario había sobrevivido a otra batalla sin sufrir daños importantes, al parecer el carguero no era tan inútil como Armitage había pensado al principio. Se preguntó si Rose se ocuparía de su mantenimiento o lo haría alguien más, pero luego recordó que la nave probablemente no le pertenecía a ella sino a la General Leia Organa o en definitiva, a la Resistencia.
Si alguien le hubiera dicho esa mañana que iba a terminar su jornada a bordo del Halcón Milenario, escapando de sus propios soldados y con algunas partes de su cuerpo aún dormidas por la picana eléctrica de su bella informante… probablemente hubiese llorado de risa. Pero esa era su nueva realidad y la verdad era que no se veía tan mal. Al menos hasta llegar a su destino final.
El pelirrojo se recostó en el asiento del copiloto con los brazos detrás de la cabeza, descubriendo que no era el sitio más cómodo para dormir pero negándose a alejarse de Rose. Ella tenía la capacidad de volverlo loco de muchas maneras aunque también aplacaba sus demonios.
Las luces azules del hiperespacio provocaban destellos en toda la cabina y él pensó en lo romántico que sería eso si las circunstancias fueran diferentes. Tenía que agradecer las molestias que ella se tomaba para recuperar a su Esponjosa Dama, aunque no pudo evitar pensar que lo hacía por lástima. Imaginó que estaría muy solo en su celda de la Resistencia pero le tranquilizaba saber que Rose se ocuparía de Millicent cuando él ya no estuviera. Estaba seguro de que su buen corazón no podría negarle asilo a una gatita indefensa.
Porque tarde o temprano, iban a deshacerse de él. Eso lo tenía en claro.
Tenía mucho en qué pensar hasta llegar a la Base y ella parecía estar muy concentrada en los miles de botones y palancas de la nave. Hux sabía que lo mejor era mantener la boca cerrada en adelante, le ahorraría algunos problemas, pero simplemente no podía hacerlo cuando se acumulaban tantos sentimientos en su interior y Rose estaba tan cerca que apenas resistía el impulso de acariciarla. Seguramente la adrenalina de la batalla le estaba haciendo imaginar cosas extrañas, o quizás era la certeza de que su tiempo juntos y a solas estaba a punto de terminarse.
Nunca sabía realmente cómo iniciar una conversación casual, era Cobalto la que siempre rompía el hielo. Y en su papel de Rubí se permitía libertades que el General Hux jamás tendría. Porque ya no era ni una cosa ni la otra. Ahora era Armitage, el desertor de la Primera Orden, traidor y espía, el dudoso rehén de una bella mujer de Otomok cuyo planeta él había ayudado a destruir.
— Estamos bastante cerca de Lothal. — dijo Rose, arrancándole de sus lúgubres pensamientos. — Ocultaré al Halcón en algún desfiladero hasta que Rey confirme el sitio de extracción. Tengo un viejo amigo allí, podría darnos asilo. Por el precio adecuado, por supuesto.
Armie hizo una mueca de disgusto al recordar que no tenía créditos y su única posesión de valor estaba a varios parsecs de allí, seguramente merendando algún piconegro en lata. Pero en vez de soltar algún comentario cínico, se mordió los labios.
— Todavía quedan algunos créditos de la Resistencia. Serán suficientes. — añadió Rose, haciendo cálculos mentales.
— ¿Y qué haremos mientras tanto? —Hux sacudió la cabeza porque la imagen de Rose comprando fruta de jogan en el mercado era demasiado adorable como imposible de cumplir.
— Tal vez deberíamos repasar algunas cosas antes de nuestra llegada a Ajan Kloss. Se pondrá feo y quiero evitar los disgustos.
Armitage asintió, curioso, se puso derecho en el asiento y cruzó los brazos sobre el pecho.
—Hablaré con la General antes de que te vean los demás, así que lo mejor será que te escondas en los cuarteles del capitán. Yo te diré cuándo es seguro salir.
El pelirrojo contempló su ceño, sus labios apretados y sus movimientos rápidos. Seguía pensando en su amiga jedi y en las explicaciones que tendría que darle a sus superiores, tal vez iban a amonestarla por tomar decisiones impulsivas como la de secuestrar a un General de la Primera Orden.
Pero algo le decía que Rose estaba pensando en él, sólo en él.
— ¿Estás preocupada por mí? —Soltó él con una pizca de esperanza.
— Quién sabe lo que pensarán los demás al verte. Nadie tiene idea de que en realidad estás ayudando, que lo hiciste durante semanas… ¿Qué es tan gracioso? — dijo ella ofendida cuando él empezó a reír a carcajadas.
— ¿Acaso hay algún novio al que yo pueda darle celos? Porque no creo que esconderme sea un buen plan. Creo que no quieres que me vean contigo, eso es todo...
Rose se puso pálida de repente. No había pensando en Finn y estaba segura de que no sentía nada por él. El beso de Crait fue impulsivo, un acto de arrojo después de evitar que su amigo se hiciera daño. Pero nada más. Finn le había cuidado durante varios días pero lo único que hacía era hablar de Poe y de lo fantástico que era irse de misión con él. Rose sabía que su chaqueta le importaba más que ese beso y en verdad no tenía nada que lamentar, excepto la decepción de que su primera experiencia fuera tan descolorida.
Pero algo distinto era lo que Finn y Poe sabían de Hux, y ella no podía asegurar que no quisieran saltarle encima apenas pusiera un pie en la base. Por otro lado, estaba esa pequeña señal de alarma en el chiste de Armie. ¿Cómo iba ella a fijarse en alguien más cuando estaba enamorada de Rubí desde hacía mucho tiempo? ¿Qué significaba ese comentario, de todos modos?
Él dejó de sonreír, preocupado por la mirada ausente de Rose, interpretando sus emociones de manera muy diferente a lo que eran en realidad.
No se le había ocurrido que ella estuviera involucrada con algún otro rebelde, pero ahora que lo pensaba no era tan descabellado. Cuando no estaban disparando blásters a lo largo y ancho de la galaxia, seguramente tendrían que entretenerse con algo. Los lazos afectivos que se generaban entre las personas eran todo un tema desconocido para él pero no significaba que ignorara las cosas que ocurrían en la Primera Orden entre generales y tenientes. Entre los rebeldes debería ser igual, ya que las noches eran largas y aburridas sin importar de qué lado de la guerra estuvieran. Era lógico que ella buscara la compañía de alguien más, era una mujer joven y seguramente tendría impulsos, necesidades por satisfacer…
Esa posibilidad no le gustó para nada.
La siguió con la mirada mientras ella se levantaba y abandonaba la cabina a toda velocidad, hasta que no aguantó el suspenso y la persiguió por el corredor.
— Espera. ¿Lo hay? — le tomó un brazo con suavidad y ella frenó, girando para cantarle un par de verdades.
— Eres un tonto. ¡Estoy tratando de protegerte! — exclamó sumamente enojada.
— ¿Pero hay alguien? Quiero decir, está bien. No es mi problema. No tienes ningún compromiso conmigo después de todo. — Armie la soltó y se cruzó de brazos, intentando demostrarle que estaba bien con eso aunque se moría por dentro.
— ¿Qué?
— Me refiero a que no voy a interferir con tu vida real. A partir de ahora hagamos de cuenta que nada ha pasado entre nosotros. — Continuó él, sintiéndose derrotado pero tan orgulloso que no iba admitirlo jamás.
Rose entrecerró los ojos sin poder creer lo que él decía. Puso los brazos en jarras y se irguió todo lo que pudo, tanto que él se sintió pequeño en comparación con ella y la energía gélida que parecía emanar de Rose lo congeló en su sitio.
— Oh. Entiendo. Bien. Fue todo un gran engaño entonces… ¿Es eso? — Rose sintió que el estómago le daba un vuelco pero contuvo las lágrimas. Era evidente que él no sentía lo mismo que ella y tal vez era mejor así. Sus caminos podrían cruzarse o no al llegar, pero no dependía de ellos. Sin embargo, tenía pequeñas ilusiones de conocerlo más si él lo permitía y ahora parecía que esa posibilidad quedaba descartada
— Bueno, en gran parte, sí… — Armie se rascó una picazón inexistente en la cabeza sin pensar mucho en lo que decía. Estaba actuando como un tonto y lo sabía pero la farsa se le iba de las manos y Rose no le decía lo que él quería oír, la estrategia no estaba funcionando. — Casi todo…
— Excelente. Es bueno saberlo. Gracias por aclararlo. — respondió ella con frialdad y le dio la espalda, ansiosa por refugiarse en el baño para desahogarse retorciendo algunas esponjas rojas, imaginando que eran el cuello de su querido Rubí
—Es mejor de esta forma. — Contestó él alzando la barbilla pero con la voz vacilando en el aire del corredor.
— ¿Eso crees, Armie? — inquirió ella, sin detener su marcha, con la voz muy aguda y forzada, usando el diminutivo sólo para provocarle.
— Tus amigos no van a juzgarte. En cambio pensarán que eres muy valiente. — Él hizo caso omiso al apodo y continuó con su papel, mientras seguía caminando detrás de ella a una distancia prudencial, porque veía la picana en su bolsillo y peligrosamente cerca de su mano.
Ella volvió a girar, obligándole a retroceder mientras le apuntaba en el pecho con un dedo.
— ¿Por qué iban a juzgarme? Sólo hice lo que debía. Encontré un espía y obtuve información, nada más.
¿Nada más?
Armitage tragó con dificultad, ella tenía razón. Él la había utilizado también, desde el principio. Pero la culpa de que ahora estuviera a medio camino entre la redención y la ejecución era completamente culpa de Rose.
— No confiarán en ti si les dices que has pasado los últimos meses hablando con un General de la Primera Orden.
Armie suavizó el tono y tomó su mano con suavidad. Ella se estremeció con el contacto y se fijó en la cicatriz que ella le había dejado. No llevaba sus odiosos guantes.
— Nada más y nada menos que con Armitage Hux… — agregó ella en un murmullo mientras el tiempo se detenía.
Los dos guardaron silencio mientras se miraban fijamente. La presión que venían acumulando iba a estallar pronto. Las manos de él eran sorprendentemente cálidas y suaves, en contraste con las de ella que estaban llenas de lastimaduras por el trabajo como mecánica. Sentía el pecho de Armie bajar y subir suavemente como cuando estaba dormido, su mirada azul verdosa teñida de anhelo y algo más… él creía que no merecía una segunda oportunidad.
Ella no estaba de acuerdo con eso.
Rose se humedeció los labios y cerró los ojos, esperando que él interpretara la señal como un permiso para besarla. Pero en vez de sus labios generosos, recibió una corriente de aire frío.
Armitage soltó sus manos, derrotado por la pura devoción que ella le ofrecía y jamás sería digno de reclamar. El cuerpo parecía pesarle una tonelada o la gravedad le clavaba en su sitio, no estaba seguro, pero se sentía mal.
— No quieres tener nada que ver conmigo, Rose. Créeme. Estoy acabado. Estarás mejor sin mí.
Rose respiró hondo, herida y rechazada, pero por sobre todas las cosas, muy enojada consigo misma por haberse enamorado del hombre más arrogante y sexy de toda la flota del Steadfast.
Le daría su merecido.
— Es cierto. — Rose se echó hacia atrás el cabello aunque ningún mechón se había escapado de su peinado. — ¿sabes? Es cierto... Quizás mi novio Finn se moleste después de todo…
Armitage se quedó de una pieza.
— ¿Finn? ¿El traidor FN-2187 es tu…? Kriff.
— Así es. ¡Finn es mi novio! — contestó ella, aprovechando su confusión para darle la espalda y encerrarse en el baño finalmente.
«Lo sabía.» Pensó él. Los recordaba ese día en el Supremacy, la forma en que él la miraba… debió suponerlo.
— ¡Genial! ¡Bien por él! — gritó él, ardiendo de envidia por dentro, a través de la puerta cerrada. — No tenías que decírmelo, ¡pero me alegro de saberlo!
— ¡Y besa muy bien! — mintió ella, abriendo la puerta de nuevo para volver a cerrarla antes de que él pudiera reaccionar. No era cierto, pero él no tenía porqué saberlo.
— ¿Lo hace? ¿Y cómo es? — respondió él, con la mano convertida en un puño y moderando su furia. ¿Acaso no le había dicho que estaba mejor sin él? ¿Por qué se sentía como si algo muriera dentro de él?
— ¡No es de tu incumbencia! — ella apoyó la espalda contra la puerta aún cerrada, aún molesta por la facilidad con la que él la ponía en ese estado.
— ¡Eres muy mala mintiendo, Rose!
Ella abrió la puerta dispuesta a electrocutarle de nuevo si hacía falta, pero no fue necesario porque él estaba advertido. Si algo le fascinaba de Rose era la intensidad con la que protestaba, la lealtad que mostraba a sus amigos y la promesa apasionada que encerraban sus labios.
Esta última parte era en especial la que le interesaba comprobar de manera inmediata, así que sin perder tiempo pero con mucha delicadeza, Armie capturó su boca con la suya y la besó con todo su corazón, borrando el recuerdo de ese día en Crait y logrando que ella sintiera los fuegos artificiales después de todo.
No, Finn jamás le había provocado esas sensaciones. Era como correr a toda velocidad en una carrera de fathiers, justo como el despegar de una nave por primera vez. Era como si su cuerpo estuviera compuesto por fuego y él tuviera la fórmula para controlarlo a voluntad. Quería sentir sus manos cálidas en todo el cuerpo al mismo tiempo, quería memorizar su perfume de almizcle suave y flores mientras aún estaba cerca, para poder recordarlo si decidía alejarse de nuevo.
Armie había estado con algunas mujeres antes, pero nunca se había sentido especial. Le motivaba una fría curiosidad y no esperaba desarrollar ninguna afición por el acto, tantos años negándose la posibilidad de amar por creer que eso le haría vulnerable en un entorno despojado de cariño verdadero. Pero Rose se estaba encargando de dar vuelta su mundo al ritmo de sus besos dulces y exigentes, inexpertos pero exquisitos, que le estaban volviendo loco.
Tenía que ir despacio, pero su cuerpo se movía por voluntad propia, sus manos ansiosas por venerar cada centímetro de ella. Seguía aterrado por el futuro, pero apenas pensó en eso cuando ella inclinó su cabeza hacia atrás para permitir que besara su cuello, dejando escapar el aire en forma de tímidos gemidos.
Rose no supo cómo terminó envuelta por él, sus piernas entrelazadas en su cintura, buscando los botones de su camisa para poder quitársela. Armie no dejaba de besarla mientras se desprendía de su traje de mercader inofensivo para quedar expuesto ante ella solamente con una camiseta sin mangas y sus brazos fuertes bien afirmados en su cintura cuando volvió a levantarla para llevarla a un sitio más cómodo.
La mesa de Dejarik les sirvió por un momento, mientras se acariciaban con frenesí e intercambiaban besos y sonrisas de bienvenida. Armie se detuvo un instante para acunar el rostro de su amada Cobalto con ambas manos y mirarla con fascinación.
— Rose… Eres la mujer más hermosa y valiente que he conocido. Un pequeño paraíso en toda una vida miserable…
— Armie… — Empezó a protestar ella, pero él no la dejó terminar.
— Es cierto. No soy digno de ti. No importa lo que haga. — bajó su mirada hasta encontrar el medallón de Oro Haysiano y lo sostuvo con cuidado. — Cuando pienso en ese día, yo…
— Déjalo ir. — Rose colocó una mano en su mejilla y se conmovió por la tristeza de sus ojos. — No pienses más en eso.
— Ni siquiera yo puedo perdonarme y no me importaría morir si no te hubiera conocido, pero ahora… todo ha cambiado. — Exclamó él con dolor. — ¿Cómo podrías perdonarme? ¿Por qué lo harías?
— Porque pude conocerte mejor, porque todos cometemos errores. — Rose cubrió la mano de él, que aún sostenía el medallón y pensó en Paige, en su sacrificio. — Y ya no quiero perder a nadie más.
— ¿Podrías aceptar a un hombre que no tiene nada para ofrecer, ni pasado ni futuro?
Esta vez fue ella quien dio el primer paso con un beso lento, de perdón y aceptación. Rose se aseguraría de mantener a Armie con vida y lucharía por él, porque ahora estaba segura de que él tenía motivos para sobrevivir que eran más nobles que la venganza y el rencor.
— ¿Eso contesta tu pregunta? — respondió ella un poco agitada y con las mejillas encendidas de pasión.
Armitage aceptó sonriendo su entrega, su rendición. Todos los que se acercaron a él durante largos años intentaron sacar provecho y le hicieron daño. Se acostumbró a reclamar un favor a cambio de otro y a obedecer a una lealtad que jamás se había cuestionado seriamente. Estaba convencido de que alguien como él nunca podría despertar sentimientos de afecto en nadie, porque todo el mundo le había tratado como si él no los necesitara. Y Rose se arriesgaba por él, haciéndole sentir que valía la pena luchar por amor, como él se permitió pensar en un pequeño rincón de su mente que fue creciendo desde su primera conexión con Cobalto, hasta el día en que empezó a hacer planes con ella. Fueron planes egoístas y tontos, pero ahora tenía la oportunidad de hacer otros nuevos junto a ella.
Con cuidado, deshizo su peinado y se fijó en cómo caía su cabello libremente, negro y brillante, en suaves cascadas sobre su espalda. Con fascinación se fijó en sus manos que lentamente iban desprendiendo los botones de su camisa, para dejar al descubierto su ropa interior.
«Esto está pasando. Esto está pasando.»
Le maravillaba la forma en que él la trataba, tan diferente a lo que hubiera imaginado con su temperamento frío y calculador. Rose contuvo la respiración cuando él se apartó para quitarse el resto de la ropa, sintiendo que se sonrojaba porque era la primera vez que iba a ver a un hombre desnudo y aunque no quiso, el pánico empezó a apoderarse de ella.
— ¿Ya lo has hecho antes, verdad? — preguntó él, un poco preocupado y en voz baja, percibiendo sus dudas. — No hay prisa, Rose. No hay necesidad de... — añadió con ternura.
— ¡No! — respondió ella deseando que la tierra se la tragara allí mismo.
— ¿No lo has hecho, o quieres que me detenga?
— ¡No! — repitió y luego se mordió los labios.
— No estoy seguro de que hayas respondido a mis preguntas…
— Es la misma respuesta para ambas. — contestó Rose de forma apresurada.
— Oh. — fue todo lo que él pudo decir, mientras gran variedad de sentimientos se desataban en su interior, pero podrían resumirse tan opuestos como felicidad por lo que ella deseaba y miedo a decepcionarla.
Se instaló un silencio incómodo entre ellos pero no duró mucho.
— ¿Eso te molesta? Que yo no… — quiso saber ella.
— ¡No, pero no quiero que tu primera vez sea sobre una mesa de Dejarik, Rose! Puedo hacerlo mejor que eso…
— Nuestra primera vez. — corrigió ella, bajando de la mesa y sintiendo que se enojaba de nuevo porque él estaba rechazándola. — Está bien, es evidente que no te sientes como yo…
— Rose… ¿Cómo puedes pensar eso? ¡Estoy tratando de ser un caballero! Será en una cama, como corresponde y…
— ¿Has pensado que tal vez no tengamos otra oportunidad de estar solos?
Armitage se aproximó de nuevo a ella y secó las lágrimas que empezaban a empañar sus ojos.
— Será un buen motivo para sobrevivir, ¿No crees? Soportaré los interrogatorios, las esposas y la vergüenza si al final de todo eso me permiten ser libre para estar contigo.
— No dejaré que nada te pase.
— Lo sé, amor. Lo sé. — Armie la rodeó con sus brazos y ella se refugió en su pecho. Acarició su espalda de arriba a abajo con la palma de la mano, con masajes lentos que le devolvieron la paz.
— ¿Sabes, Armie? — murmuró ella al cabo de unos minutos.
— ¿Mmm? — él continuaba con los ojos cerrados, disfrutando de estar tan cerca de ella, de lo bien que se sentía, tan pequeña en sus brazos.
— Para ser el mejor estratega de la Primera Orden, tu argumento es bastante pobre.
— ¿Por qué lo dices? — Armitage se separó un poco para mirarla con curiosidad.
— Hay una cama por allí. — Rose sintió que el calor y la valentía se apoderaban de nuevo de ella.
— Supongo que eso cambia las cosas… — dijo él, sonriendo y cargándola en brazos para llevarla al sitio que ella le indicaba. — Supongo que a tu General no va a molestarle que abusemos de su hospitalidad un poco.
— En realidad es la nave de Rey. — Rose se encogió de hombros. — Bueno, también de Ben, porque era de su padre… ¿Qué sucede?
Armitage se detuvo a medio camino y comenzó a reír a carcajadas antes de continuar. Profanar la nave de Ren con actividades tan placenteras era la venganza perfecta y su último acto oficial como General de la Primera Orden.
…
Del otro lado de la Galaxia, el Líder Supremo abandonaba a desgano a su flamante novia, bajo la orden estricta de recuperar a Millicent y enviarla en una nave de bajo perfil Lothal.
Dejar a Rey después de la inoportuna interrupción no era lo que Kylo tenía en mente, pero ella se veía preocupada por su amiga, así que decidió que lo mejor era darle espacio para que pudiera poner a Rose al tanto de los nuevos planes.
Se encargaría de agregar algunas cajas de provisiones para sus amigos, alimentos y abrigo, justo como ella había sugerido al pasar. Kylo ya estaba empezando a notar que en el futuro sería incapaz de negarle nada a su emperatriz, pero en el fondo aplaudió la idea imaginando que sería una ofrenda de paz para la Resistencia y no perdía nada con hacerlo.
Rey era una buena influencia y las cosas empezaban a cambiar, sólo esperaba ser capaz de mantener la calma el tiempo suficiente como para cumplir su misión rápidamente y sin inconvenientes. Kylo tenía buenos motivos para apresurarse, ya que ella le había pedido que le explicara el funcionamiento de su ducha sónica cuando terminara, y la forma en que lo dijo daba a entender que no quería probarla a solas.
«Kriff.»
La gata no era su tripulante preferido porque en el pasado ellos dos tuvieron algunos desencuentros. Millicent disfrutaba revolcarse en sus capas favoritas, llenando todo de pelo anaranjado que era imposible de quitar. Kylo prefería otro tipo de mascota con más personalidad, aunque el temperamento de la gata era bastante adecuado para alguien como Hux, siempre agazapado y trabajando desde las sombras. De alguna manera tenía sentido que esos dos se llevaran bien y estaba feliz de poder enviarla a su nuevo destino. No iba a extrañarla.
Kylo caminó con paso firme hacia los cuarteles del ex General, ignorando a los soldados que hacían su ronda y murmuraban cosas acerca de la nueva prisionera. Más tarde se ocuparía de ellos y de hacer alguna clase de anuncio para presentar a Rey como su futura emperatriz. No iba a dejar que circulara a voluntad cuando no podía garantizar su seguridad, aunque estaba claro después del episodio del somaprim que ella no estaba a salvo de sí misma. Le preocupaba Pryde y tenía que consultar con ella qué le parecía mejor, sin descartar del todo la idea de enviarlo a un planeta desconocido y alejado en el que no pudiera hacerle daño a nadie.
Tal vez los enlaces de la Fuerza podrían seguir funcionando ahora, a pesar de estar en la misma nave. Kylo tenía que ocuparse de muchas cosas desagradables que le impedirían estar cerca de su amada, y ella aún tenía que aprender el funcionamiento y la rutina de ese lugar. Cambiarían muchas cosas juntos y se presentarían siempre uno al lado del otro, eso le daría ánimos si encontraba alguna clase de oposición por parte de sus subordinados.
La habitación de Hux estaba abierta y eso le sorprendió un poco porque el pelirrojo era bastante obsesivo con su privacidad. Desde el umbral notó que todo estaba revuelto y la cama sin hacer, los trajes y guantes del General -que por cierto eran muchos- desperdigados por el suelo. Era obvio que había gato encerrado y no se trataba de Millie.
Kylo entró para buscar a la gata pero no la halló por ningún lado. Era probable que se estuviera escondiendo, aunque tampoco sentía su presencia ronroneando a la defensiva por ahí.
— ¡Líder Supremo…! — Kylo percibió a Pryde unos cuantos segundos antes de que apareciera en la entrada.
Kylo giró para encontrarse con él, pero no pudo disimular su sorpresa al notar que llevaba en brazos a una incómoda y chillona Millicent.
— General Pryde. ¿Qué hace en los cuarteles de Hux?
— Podría preguntarle lo mismo, querido Líder. — respondió él con una mueca de desdén.
— Podrías, pero no serías tan atrevido como para hacerlo. — Kylo alzó la barbilla. — ¿Acaso un simple General cuestiona las actividades de su Líder?
Pryde se puso tenso y Millicent aprovechó el momento para escapar, saltando con habilidad desde los brazos de su captor para escurrirse debajo de la cama de su humano.
— Por supuesto que no, mi Señor.
— Muy Bien. Ahora exijo saber por qué la puerta estaba sin el código y por qué Millie no estaba en su sitio.
— ¿Millie?
Kylo notó que Pryde tenía el cuello lleno de arañazos de pequeñas patitas y el uniforme rasguñado en algunas partes, por no decir el gran arañazo que adornaba su mejilla derecha.
— Quiero que alguien acomode este desorden y empaque las pertenencias de Hux. También a la gata. — Hizo caso omiso de su pregunta, no le debía explicaciones.
— ¿Dónde está Hux, por cierto? Creí que volverían juntos de su… misión. — Pryde adoptó un tono perspicaz. — ¿Acaso él ha abandonado a la Orden?
— En absoluto, General. Hux es ahora un embajador de la Nueva Orden en la Resistencia. — Kylo adoptó un tono arrogante y distraído mientras rastreaba a la escurridiza Millie.
— ¿La Nueva… Orden?
Kylo tensó la mandíbula y el temblor de su ojo comenzó a notarse. Rey le había dicho que tenían que trabajar en un título mejor que ese, pero no tuvieron tiempo porque prefirieron usarlo para besarse unos minutos más.
— Recibirá la información en breve, junto a todos los demás. Habrá una reunión en una hora con los detalles. Mientras tanto sugiero que se mantenga alejado de esta gata, por su propio bien. — No pudo resistir la mueca de diversión que sería digna de un Solo y no de un Líder Supremo, sin embargo, lo suficientemente fugaz como para que Pryde no desconfiara. — No necesito recordarle que tiene trabajo que hacer y que no debería andar robando mascotas ajenas.
Mientras hablaba, Kylo encontró a Millie que curiosamente se dejó levantar y llevar, tal vez feliz del tono suave que usaba el humano cara pálida para referirse a su Armie.
— Sólo me preocupara que la dejaran sola y sin comida.
— Me ocuparé de supervisar que no le falte nada. Gracias. — añadió en tono seco mientras abandonaba la estancia con Millie enrollada en su brazo.
— Líder Supremo. — Pryde le detuvo. — No quisiera ser obsecuente, pero ¿No ha notado que algo extraño ocurre con Hux? Verá, he descubierto un flujo de comunicación muy curioso y regular durante las últimas quince semanas.
— No, Hux es tan raro como siempre. No me interesa con quien hable siempre y cuando haga su trabajo. — respondió Kylo, molesto con aquel viejo decrépito que prolongaba su misión más de lo debido y le restaba tiempo para estar con Rey. — ¿Eso es todo?
— ¡Tengo pruebas que demuestran que él ha estado filtrando información! — exclamó Pryde, abandonando la calma. — ¡Es un traidor! ¡Está ayudando a esa escoria rebelde!
Kylo giró sobre sus talones y Millicent soltó una amenaza furibunda con su garra, dirigida sin dudas a Pryde.
— ¿Y es por eso que ha autorizado un ataque contra el carguero corelliano utilizando mi señal privada y mi escolta personal?
— Usted estaba ocupado interrogando a la prisionera. Pensé que era lo mejor. Teníamos órdenes estrictas de no interrumpir.
Kylo tuvo que reconocer que ambos tenían definiciones muy diferentes en cuanto al concepto de interrogación, pero decidió guardarse las suyas para sí mismo y no se molestó en corregir al anciano.
— No hay espías en la Primera Orden. — dijo de manera terminante.
— Creí que ahora era la Nueva Orden…
— ¡En fin! Le sugiero que deje este tema en paz y se preocupe por la seguridad en las habitaciones. Quien sea que haya estado revisando las pertenencias de Hux será enviado a prisión sin importar el rango. ¿Estoy siendo claro?
— Muy claro, como siempre, Líder Supremo. — masculló Pryde, para nada convencido.
— De hecho… — Kylo estaba listo para irse pero tuvo una idea perversa. — El puesto de General Máximo está vacante ahora…
— Imagino que tiene algún candidato. —Pryde entornó la mirada con interés.
— Sólo una persona en toda la flota del Steadfast podría merecer tal honor… — continuó Kylo, asegurándose de que el viejo mordiera el anzuelo. Millie alzó una oreja con interés.
— Sin dudas, mi querido Líder.
— Hay una misión para usted también, si es que aún puedo contar con su lealtad...
— ¡Por supuesto que sí! — los ojos del hombre se iluminaron, quizás esperando cubrirse de gloria.
— Durante la… interrogación… — Kylo se aclaró la garganta. — he localizado cierto artefacto con información indispensable sobre nuestros enemigos. Pero se encuentra en alguna parte del Borde Exterior, el antiguo hogar de Rey.
— ¿Se refiere a la carroñera? — Pryde pestañeó, confundido.
— Jakku. — continuó Kylo en tono ominoso.
— ¿Jakku?
— Es una misión sin escolta y sin refuerzos, que no debería llevar mucho tiempo resolver. Al regresar discutiremos los términos de su nombramiento.
— ¡Como usted diga Líder Supremo! Partiré inmediatamente.
Kylo asintió satisfecho. Eso mantendría ocupado a Pryde por un tiempo hasta que pudiera organizar su agenda. Al menos podía tachar el primer encargo de su lista enviando a Millicent hasta Lothal para que se reuniera con su amo.
— Es una pena que debamos separarnos, Dama. Estabas empezando a caerme bien. Espero que los ratones de Ajan Kloss sean más sabrosos que los generales de la Primera Orden. — Kylo acarició a Millie cuando Pryde se fue y ella ronroneó en alegre respuesta.
…
Con esperanza renovada, Rey se tomó unos minutos para asumir sus nuevas y prometedoras circunstancias. Dedicó unos instantes a removerse en la cómoda cama con los ojos cerrados, rememorando las caricias de Ben y sus besos ardientes, sin poder evitar sonrojarse de nuevo y sonreír tanto que le dolían las mejillas.
La interrupción fue un incordio pero también un alivio, ya que no quería apresurar las cosas entre ellos. Estaba claro que pasión no les faltaba y podrían retomar justo desde donde lo dejaron, porque antes de irse Ben la recompensó con promesas y palabras dulces, aunque ninguno se atrevió a empezar algo que no podrían terminar.
El conflicto era bastante lejano ahora que estaban juntos, pero no por eso menos real, en esas paredes de duracero que ellos habían decidido habitar como un paraíso temporal. Sus amigos debían llegar sanos y salvos a casa, Millicent tenía que reunirse con su amo y el General Pryde debía desaparecer de la escena.
El mensaje con las coordenadas había sido enviado con éxito por medio de la línea privada de Ben, y a pesar de que le hubiera gustado hablar con Rose largo y tendido para disculparse por alterar el plan, tuvo que conformarse con unos números e instrucciones breves. Ben le prometió que haría lo posible por reunirlas cuando todo estuviera más tranquilo, aunque no se refería a poner un pie en la Ajan Kloss. Quizás con el tiempo ella lograría reunirlo con su madre, pero no sería pronto.
Quizás Rose no contestó enseguida porque estaba ocupada haciendo las paces con Hux, aunque conociendo a su amiga era probable que siguieran discutiendo.
Al menos le alegraría saber que Ben estaba dispuesto a crear un puente con la Resistencia, enviando a Hux como embajador. Sería una especie de experimento, pero Rey confiaba en que Leia notaría la verdadera intención de su hijo detrás de ese gesto. La distancia no parecía tan grande ahora que ellos estaban luchando juntos, del mismo lado, y en unos cuantos meses acabaría la guerra.
La joven estiró las piernas y dejó de consentirse, tenía mucho por hacer antes de que Ben regresara y lo primero en su lista era tomar un buen baño y conseguir algo de ropa decente, porque andar descalza y en camisón por el Steadfast quedaba fuera de discusión. Ahora que estaba a solas tenía tiempo para inspeccionar con calma lo que sería su nuevo hogar, no podía quedarse quieta después de la cantidad de cosas que acababan de pasar y todo lo que tenía aún por delante.
"Yo seré tu hogar."
Las palabras de Ben resonaron en su mente y le provocaron un estremecimiento de placer. Había tomado la decisión correcta, después de todo. Aunque sólo el tiempo lo diría.
La oficial Tishra Kandia apareció poco después enviada por Ben y resultó ser bastante agradable. Le explicó cómo funcionaba el baño y le ayudó a elegir un atuendo sobrio y cómodo que le permitiría a encajar en ese ambiente donde todo parecía ser gris plomo, negro o rojo.
La mujer le explicó que se sentía honrada de servirla, porque prácticamente rastrear a Rey era su única labor en la Primera Orden y temía perder su puesto ahora que la joven jedi se había unido a sus filas. A Rey le pareció extraño que Kandia supiera tanto de ella, pero inmediatamente descubrió que podía confiar en la oficial. Al parecer su trabajo en el laboratorio la mantenía alejada de la acción y en completa soledad, pero le gustaba mucho hablar y sabía unos cuantos detalles de la rutina del Líder Supremo.
Entre otras cosas se lamentó de que su nuevo guardarropa no estuviera listo, porque Kylo había encargado una pequeña colección de trajes únicos para su futura emperatriz, pero Rey se apresuró a restarle importancia. Ella no quería vestidos elegantes sino pantalones con bolsillos amplios, cinturones para colgar armas y unas botas nuevas para poder moverse a gusto. Dejó que su cabello se secara sin ayuda del secador y lo ató con un moño simple detrás de la cabeza, en la base del cuello. Por la mirada aprobatoria de su asistente, supo que estaba lista. Kandia abandonó la estancia poco después.
Rey no sabía exactamente por donde comenzar, hasta que el brillo de un objeto sobre un aparador llamó su atención y se acercó para ver más de cerca. Ben había dejado allí el sable roto de Luke junto a la máscara arruinada de Vader, Rey la reconoció por sus visiones. Ambos eran parte de su legado y ahora también del suyo, ya que sus vidas estaban entrelazadas por la Fuerza y el amor. Pero sólo eran recuerdos, piezas de valor sentimental como las que ella recolectaba en Jakku y no podía intercambiar por comida. Todo lo que necesitaban para el futuro, lo encontrarían en las manos del otro o podrían construirlo juntos. Su propio origen era casi un misterio, pero en poco tiempo aprendió que lo importante era lo que hacía con su poder, no podía seguir aferrada al pasado.
"La pertenencia que buscas no está detrás de ti, está por delante."
Maz Kanata tenía mucha razón.
Siguió con su examen un poco más, descubriendo un escritorio amplio y ordenado con una serie de artefactos que ella no reconoció. Rey destapó uno de los frascos y se ensució con tinta, pero fueron los papeles quienes le dieron la pista de que Ben usaba esas herramientas para escribir. Un pequeño cajón oculto se abrió sin querer con un clic y una serie de tomos prolijamente acomodados apareció. A Rey los libros le recordaron a los Textos Antiguos que tomara prestados de Ahch-To, así que los abrió con inocencia y mucha curiosidad.
¿Por qué Ben consultaba libros si tenía acceso a toda clase de conocimiento digital? Pronto descubrió ella que la perfecta caligrafía no era producto de un organismo artificial, y que probablemente eran sus diarios los que estaba leyendo.
«No debería hacerlo», se dijo justo antes de sentir la vibración de la Fuerza, pero la lectura le tenía atrapada y no podía soltar la prueba del delito. Al parecer Ben tenía una gran variedad de ideas para la Nueva Orden pero la mayor parte de las notas no se referían al destino de la Galaxia, sino que incluían actividades muy interesantes para llevar a cabo con su emperatriz.
…
Justo como Kylo había imaginado, el enlace seguiría creándose bajo sus caprichosas reglas, a pesar de que la Fuerza ya había logrado el propósito de reunirlos. Sería toda una aventura y no le costaría acostumbrarse a ver a Rey aún cuando no pudieran estar cerca. Apenas sintió el sonido característico, dejó a Millie en brazos de Mitaka junto con las últimas instrucciones para su despacho. Ella no parecía notar su presencia. Estaba de espaldas, vestida con un uniforme gris y un peinado nuevo, sosteniendo un… ¿Libro?
A él le gustaba tomar notas cuando estudiaba, claro que terminaba quemando todo luego para que ningún Pryde o Hux curioso pudiera revisar sus cosas. Pero durante su última investigación había encontrado algunos dibujos, muy instructivos, con narraciones en detalle de diferentes prácticas amatorias humanas que él debía conocer -por lo menos en teoría- para no pasar vergüenza frente a Rey.
Y ella las conocería también ahora.
— ¿Ben? — Rey dejó el libro sobre el escritorio con cuidado y se cruzó de brazos, luego giró para mirarlo con una ceja levantada y las mejillas encendidas.
— Kriff.
— Hay algunos puntos de tu… Plan de Diez Puntos para conquistar a la Carroñera que quisiera discutir contigo.
…
Muchas gracias por leer y comentar! He intentado mantener la frecuencia semanal de actualización pero no me fue posible. De todas formas publicaré algo nuevo cada semana si Darth Vida me lo permite. Gracias por seguir ahí!
