Me ha costado mucho escribir este capítulo pero me dio gusto ponerme a investigar. El fragmento del discurso de Leia en el Senado es de "Líneas de Sangre" de Claudia Gray, y el cameo de Casterfo al final está allí sólo para cumplir mi fantasía malvada de que Leia y él tienen un amor platónico.Ya se está por terminar esta historia y eso me produce emociones diversas, pero hay que seguir y esta vez no voy a demorar tanto. Sólo nos queda un tramo y será dulce, más dulce aún. Gracias por seguir ahí y espero que les guste....
El tiempo pasó demasiado rápido para los amantes mientras el Halcón Milenario continuaba su viaje hacia Lothal.
Desgraciadamente para ellos, gran parte del tiempo se esfumó mientras quitaban a media docena de porgs que habían hecho un gran nido en la cama, frustrando un poco los planes románticos de Rose. Pero para Armie fue tan refrescante verla sonreír que no le importó en absoluto retrasar sus actividades hasta nuevo aviso. Encontró que podía amar a Cobalto de muchas maneras sin siquiera tocarla, antes de que ella encontrara su punto débil en el cuello para llenarlo de besos y cosquillas. Fue sólo una siesta que durmieron entrelazados, la espalda de Rose apoyada en el pecho de Armitage y sus brazos rodeándola con la excusa de que la litera era muy pequeña, pero fue un descanso pacífico y renovador, como ninguno de los dos había experimentado en años.
Armitage despertó un poco antes que ella y se la pasó mirando embelesado a Rose, que se había quedado dormida entre sus brazos agotada por las lucha de emociones, con una sonrisa que no desapareció durante su profundo sueño. Técnicamente, nada había sucedido según sus planes, pero una de las cosas que estaba empezando a asimilar era que la joven superaba siempre sus expectativas. Le hubiera gustado contar con muchas más horas estándar para demostrarle lo bien que le hacía sentir, pero él sabía que no bastaría con eso porque quería pasar el resto de su vida junto a ella.
Por otro lado, la mirada acusadora de los porgs no le había permitido mostrar todo su potencial romántico, de hecho se sentía un poco intimidado por las criaturas y sus chillidos lastimeros. Pero Rose los amaba, incluso les había puesto nombres, así que tendría que acostumbrarse a ellos y aprender a distinguirlos.
Sabía que era lo correcto, llegar a la base y entregarse a la Resistencia. Rose le protegería y él se sentía optimista al respecto. Gran parte del antiguo Armitage Hux quedó en el Steadfast junto con su colección de guantes, pero no dejaba de darle vueltas a la idea de tomar el Halcón y retomar ese plan de escape que había dejado pendiente.
La alarma anunciando el fin del hipersalto y el mensaje de Rey llegaron casi al mismo tiempo, despertando también a Rose y borrando momentáneamente sus sueños de fuga. Ella le dio un beso en la nariz antes de levantarse para llegar hasta la cabina, pero él la atrapó por la cintura mientras se incorporaba para abrazarla con ternura.
—Armie, no voy a ninguna parte —rió ella entre sus brazos, intentando zafarse sin muchas ganas.
—Quédate un poco más —murmuró él contra su oído, inspirando la fragancia de su piel por enésima vez—. Podemos decir que se averió la nave, o algo así. Tú eres la que sabe de estas cosas…
—No, no haremos eso. Buscaremos de Millie y saldremos de aquí —contestó ella girando para tomar su rostro entre las manos y enarcando las cejas con mirada reprobatoria—. Además… —añadió, besándolo tiernamente en los labios— recuerda que aún nos queda el viaje de vuelta.
Armie fingió un suspiro de irritación y la siguió a la cabina para escuchar las nuevas órdenes. Difícilmente imaginaba otro momento de intimidad con Millicent dando vueltas por la nave, especialmente con tantos porgs a su merced. La idea le causó un poco de gracia, porque de repente había encontrado una pequeña familia de la cual ocuparse. Pero la sonrisa desapareció sin dejar rastro cuando reprodujo el mensaje.
¿Qué estaba planeando Ren al nombrarlo embajador de la Nueva Orden? ¿Qué la Resistencia lo odiara aún más? ¿Cómo iban a tomarse su presencia ahora? Por cierto que era un título bastante pobre y poco original, pero ya no era su problema. Si se le permitiera sugerir algún otro…
Rose, en cambio, parecía un poco más entusiasmada con la idea. Imaginaba que de esa manera Armie sería tratado como un aliado poderoso en vez de un prisionero. Por supuesto que Leia querría mantenerlo vigilado, pero ella misma pensaba ofrecerse para el puesto. El tono tranquilizador de Rey quitó algunas de sus dudas y le aseguró que estaba bien. Al parecer ella y Ben estaban trabajando juntos en reformar la Primera Orden desde su corazón.
—¿Y qué se supone que debo hacer? ¿Contarles a tus amigos las ventajas de tener una monarquía espacial en vez de un senado galáctico?
Armie había puesto de pie, rodeando con los brazos a Rose que permanecía sentada frente a los controles. Apoyaba su mentón en la coronilla de ella, incapaz de permanecer lejos.
—Esperar. Por lo que entiendo, estas cosas llevan tiempo y mi prioridad es mantenerte con vida —Rose acarició la mejilla de Armie, y giró para darle un beso fugaz en su barbilla—. Creo que ellos están intentando darnos ventaja. Lo mío no es la política, pero tengo un buen presentimiento.
Armie soltó un bufido bastante dramático que le hizo cosquillas a Rose en el pelo.
—Nunca seré libre de ese tipo. ¡Me perseguirá hasta el fin de los tiempos!
—Embajador me gusta más que General —Rose se encogió de hombros —. Y supongo que necesitarás un piloto para tus misiones diplomáticas.
—En ese caso, me quedo con el puesto —respondió él, con una sonrisa encantadora, sentándose a su lado—. Si es que Cobalto está dispuesta a colaborar con la causa, claro.
—Creo que ella podría hacer un lugar en su agenda —añadió Rose, coqueta.
Lothal recibió a los espías con su clima cálido y agradable. Desde el Halcón se veían las grandes extensiones de granjas y pequeñas casas, rodeadas de campos sin labrar, pastizales amarillos y algunas montañas bajas en forma de cono salpicando la superficie del planeta. Las coordenadas de Rey no los condujeron a la ciudad capital, sino a un sitio más apartado en los confines. Rose dirigió la nave hasta el lugar y aterrizó sin problemas en el centro de un valle.
Millicent ya esperaba a sus humanos rodeada de cajas de suministros y una pequeña escolta de la Primera Orden, si es que podemos decir que Dopheld Mitaka con un bláster incitaba a pensar en la figura de un guardaespaldas.
La lanzadera Upsilon de la Primera Orden hizo que Rose sintiera escalofríos, pero se deshizo de ellos enseguida cuando Armie le ofreció una mirada tranquilizadora. Existía la posibilidad de que fuera una emboscada de Pryde, por eso debían permanecer alerta. La picana serviría para confundir al enemigo, pero el bláster que Finn le había regalado sería de mayor utilidad. Sólo esperaba no tener que usarlo.
Mitaka adoptó la posición de saludo militar, pero descansó enseguida al notar su error. El ex General Hux bajaba de la rampa del carguero coreliano junto con una muchacha joven. Los troopers que le acompañaban como escolta no pudieron evitar mirarse confundidos y algunos hasta se encogieron de hombros al ver a Hux tan desaliñado, sin su uniforme y sin sus guantes. Por la forma protectora en que se colocó delante de la mujer, se dieron cuenta de que algo sucedía entre ellos, al menos podían descartar que se tratara de un secuestro, como decían los rumores. De todas formas, el bláster de la pequeña mujercita no les permitió bajar la guardia.
Después de un breve momento de tensión, se produjo el intercambio. Mitaka sostenía una pequeña jaula en la que Millicent viajaba relativamente cómoda pero segura, maullando lo que se suponía que eran quejas sobre el hiperespacio.
Rose recibió a su nueva tripulante mientras Mitaka les explicaba que el Líder Supremo había enviado todas las pertenencias de la gata y de su dueño, junto con una serie de cajas de raciones, medicinas y suministros seleccionados por él. La joven sonrió ante la generosidad de Ben, pero imaginaba que Rey estaba detrás de todo y lo tomó como un buen augurio.
Fue extraño para ella dejar que los troopers subieran las cajas al Halcón pero debía acostumbrarse a ver ese tipo de colaboraciones en el futuro, porque no dudaba de que la alianza era posible y el fin de la guerra estaba muy cerca. Esto era una pequeña muestra de lo mucho que tenían que arreglar, pero su fe en Rey era inquebrantable.
Leia se iba a alegrar mucho por ese gesto, aunque tal vez el resto de la Resistencia lo tomara como alguna clase de soborno. El orgullo les impedía ver que el camino hacia la paz era largo, pero había que empezar por algún lado y su hijo, quizás sin proponérselo, estaba dando el primer paso.
Mitaka se mostró bastante distendido al cabo de unos minutos, de hecho Armie nunca le había visto tan feliz. Le explicó en tono confidencial que Pryde estaba en una misión ultrasecreta pero todos se sentían más tranquilos al no tener sus ojos de serpiente cerca, y no se preocuparían demasiado si no volvían a verlo nunca más. El odio entre Hux y Pryde era motivo de canciones y poemas en las barracas, su enemistad era casi tan vieja como las tuercas del Steadfast.
Pero lo que provocaba ese brillo triunfal en Mitaka era que, gracias a la nueva designación de Hux, Kylo Ren en persona le había ascendido a General, ocupando así el antiguo puesto del pelirrojo. Armie pensó que nadie se lo merecía más que Dopheld, porque era la segunda persona en toda la flota de la Primera Orden que aguantó los caprichos de Ren casi tanto como él mismo, aunque a diferencia suya, Mitaka se sentía feliz de servir al Líder Supremo.
Una vez que todas las cajas estuvieron correctamente amarradas en la bodega, el flamante General se despidió del extraño trío deseándole suerte y Rose marcó el rumbo hacia Ajan Kloss, esta vez, sin escalas. Armie tomó una de las frutas de jogan y se sentó junto a ella en la cabina, con Millie despatarrada sobre él. Uno de los porgs, seguramente Mady, miraba de reojo a la gata y chillaba en un nivel apenas audible para no alterar a la nueva depredadora, que parecía, sin embargo, más interesada en recibir los mimos atrasados de su querido Armie que en hacerse un desayuno.
El plan de diez puntos para conquistar a la carroñera tendría que esperar.
Kylo lo supo enseguida y no pudo reprimir un gruñido de frustración cuando interrumpieron su breve demostración del punto 1 con otro llamado insistente, esta vez directamente en la puerta de su habitación.
Rey, que seguía en sus brazos y muy aplicada a la clase, tuvo que apelar a su breve entrenamiento jedi para meditar y conservar la calma. Claro que era más interesante ignorar a toda la galaxia para sentir de nuevo los labios de Ben sobre los suyos, pero el deber estaba primero y ellos tenían mucho de qué ocuparse. La Primera Orden aún no sabía qué clase de relación tenían ellos, así que se apartó de los brazos de Ben. No era cuestión de complicar más las cosas.
El General Griss, próxima figura al mando por la ausencia de Mitaka, se presentó en los cuarteles del Líder para solicitar instrucciones. La tripulación manifestaba un poco de ansiedad por los rumores de un gran cambio de rumbo y Griss temía alguna clase de levantamiento, aunque lo dudaba. sin embargo, la partida de dos de los Generales más importantes del Alto Mando les tenía en vilo. Pryde no había confirmado su llegada a Jakku y Hux seguía sin comunicarse, al menos de manera oficial.
Si a Griss le pareció extraño que el Líder no se apartara de la prisionera que ahora vestía como un tripulante más, no lo dijo. La lealtad era un requisito importante y muy apreciado. Kylo sólo esperaba que siguiera así una vez que sus planes se hicieran públicos, aunque sabía que no iba a ser tan fácil. Gran parte de los rangos superiores había crecido bajo el influjo del Imperio y el resto era tan joven como para no conocer algo diferente, eso sin contar que los programas de Brendol Hux primero y Armitage después habían moldeado las conductas de los troopers para cubrir las necesidades militares de la Primera Orden.
Rey sintió que la voluntad de Ben flaqueaba un poco pero no se arrepentía del riesgo que iban a tomar juntos. A través del enlace le aseguró que todo iba a estar bien y que era la decisión correcta, aún cuando todavía faltaba mucho por decidir.
El cruce de miradas no pasó desapercibido a Griss, pero se limitó a asentir cuando su Líder le pidió que convocara al resto de los generales y figuras del Alto Mando en la sala de conferencias para un anuncio breve. Poco después de eso, Kylo le aseguró a Rey que mandaría a llamarla luego y se despidió con un beso dulce en la frente, aprovechando que el General estaba ahora fuera de la vista.
—Enviaré a mis caballeros para que te escolten —Ben le acarició con gentileza una mejilla y la miró como si estuviera memorizando cada detalle de su rostro.
—¿Temes que haya algún enemigo aquí?
—No quiero dejar nada librado a la suerte. Además, ellos serán tu guardia personal cuando nos casemos.
«Cuando nos casemos…»
—Puedo defenderme sola, lo sabes —Ella sintió un cosquilleo en el estómago ante su mención de matrimonio, pero ocultó la alegría de esa extraña propuesta para mostrarse enfocada. Sin embargo, no pudo evitar que sus labios se curvaran en una pequeña sonrisa.
—Ellos son completamente leales. Guerreros letales. Te protegerán si se los ordeno. Estaré más tranquilo de esta forma, no tengo idea de cómo va a reaccionar el Consejo cuando te vea a mi lado.
—Siempre podemos usar algún truco jedi para convencerlos… Pero todo va a estar bien.
—Creo que el lado Oscuro ya te está gustando, cariño —Kylo se apartó para mirarla con una fingida expresión de sorpresa, enarcando las cejas. Pero sus palabras siempre encontraban la forma de sonar provocativas en un sentido que ahora a Rey le parecía excitante.
—Ni lo sueñes. Sólo lo usaría por motivos nobles —Rey intentó alejar de su mente la lista de situaciones en las que se le ocurría que podía hacer uso de sus dones, porque Ben no hacía más que sonreír de manera diabólica y presentía que estaba deseando que los usara en él.
—Tal vez con el tiempo logre hacerte cambiar de idea…
Sin darle tiempo a protestar, la rodeó con sus brazos y depositó en su boca un beso que desbordaba la promesa de continuar más tarde, mientras enviaba una ráfaga de sensaciones a través del enlace que la dejó temblando durante unos largos minutos después de que se fuera.
En la sala de reuniones del Consejo, a ella le pareció que volvía a ser el de antes sólo por un momento, con su capa ondeando detrás de él y los pasos firmes sobre el suelo impecable de la nave. Llevaba sus guantes y la cicatriz se notaba un poco más por la iluminación dramática del lugar. Sus ojos irradiaban seguridad y su voz era lo suficientemente firme como para mantener al pequeño pero ilustre auditorio totalmente concentrado. Habló con claridad, sin ocultar sus intenciones de acabar con la persecución a la Resistencia para enfocar los esfuerzos de la Nueva Orden en la reconstrucción de la Galaxia.
Apenas la miró durante todo el rato pero podía ver su corazón y este le pertenecía a su carroñera. El enlace vibraba entre ellos, más fuerte que nunca, y ambos lo interpretaron como otra señal más de que estaban haciendo lo correcto.
La reunión fue breve y exitosa. No fue necesario convencer a nadie de la manera en que ella había propuesto casi en broma, aunque algunos se mostraron un tanto recelosos por los detalles y sus nuevos puestos. Kylo fue justo y les explicó que no podía prometer que todo iba a ser igual, pero tenían la opción de elegir acompañarlos o no en el nuevo proyecto. No habría castigos ni resentimientos, no necesitaba que probaran lealtad hacia él sino hacia el bienestar de la Galaxia, si es que decidían compartir su visión.
Tomar lo mejor de la Primera Orden, su tecnología de avanzada, para redistribuir los recursos extirpados en nombre de la guerra, utilizar las bases como centros de asistencia, llegar con los recursos acumulados a todos los planetas de las regiones desconocidas, no como una forma de conquista y dominio sino de conservación. Los soldados podrían usar sus habilidades innatas para ejecutar otro tipo de tareas de asistencia y las células militares quedarían reservadas para defensa sin ofensa, a menos que alguna fuerza hostil atacara primero. Pero Kylo les aseguró que la Resistencia, la única nube de tormenta en el cielo, no lo haría sabiendo que Rey estaba de parte de ellos y que se había unido voluntariamente a la nueva causa.
Al no cometer los mismos errores de soberbia y avaricia de Palpatine, serían más justos e igual de eficientes. Tampoco volverían a formar una República de planetas, pero buscarían la manera de incluir a todos sin omisiones ni descuidos, delegando el poder siempre que fuera posible en figuras de confianza. En cuanto asimilaran las ventajas del nuevo gobierno, la Resistencia podría coexistir con ellos sin frustrar sus planes. No necesitaban un líder tirano que dictara sentencias de muerte desde las sombras, sino una presencia carismática que fuera capaz de despertar empatía. Junto a Rey, tomando decisiones con ella como una pareja de iguales, Kylo estaba convencido de que lo lograrían.
La guerra terminaría, sin ganadores ni perdedores. Los que no creían en la Fuerza, aceptaron su estrategia práctica porque estaban cansados de ir a la deriva, y los que habían sufrido en carne propia algunos de los agravios del lado Oscuro antes, se encogieron con respeto ante la mención de una nueva amenaza. Algunos miraron a Rey con desconfianza, pero la figura de los Caballeros de Ren les advirtió que no debían hacer comentarios. Otros admitieron que era poderosa si había conseguido que el Líder Supremo cambiara tanto en tan poco tiempo y la tenían como alguna clase de ser místico, a aceptándola fácilmente como futura emperatriz.
Por supuesto, todo el mundo tenía dudas, pero curiosamente la única pregunta fue acerca del paradero del ex General Hux. Al parecer su conversión a la Nueva Orden era el elemento de persuasión definitiva para muchos, y Kylo tuvo que reconocer a regañadientes que le debía una al pelirrojo.
Los más ancianos se mostraron reacios y los más jóvenes, entusiasmados. Todos conocían el plan de Hux y sabían que a la larga los beneficiaba. La guerra era un buen negocio, pero uno muy peligroso y todos ellos tenían alguien a quien querían proteger. Después de todo, pensó Rey, eran personas con un ideal y confiaron en una maquinaria que los utilizó para hacer el mal, aprovechando sus debilidades y sus ambiciones. Con Pryde fuera, no esperaban oposición dentro del Alto Mando, pero debían estar listos para lo que se avecinaba.
Al finalizar, hubo un murmullo de consenso y la Alianza de la Nueva Orden quedó establecida con su nombre provisorio. Rey no pudo reprimir una risa cuando uno de los presentes solicitó modestamente que se buscara un nombre más glamoroso.
Por último, quedaba pendiente un discurso que Kylo y Rey darían juntos en una emisión transmitida a todos los rincones de la Galaxia. Tenían mucho trabajo que hacer revisando aburridos hologramas del senado para tomar ejemplos y lo harían más rápido juntos. Sin distracciones. Ella ayudaría, al menos lo intentaría.
De nuevo en la privacidad de sus cuarteles, Ben se pasó una mano por el cabello y se lo sujetó con un lazo para poder leer los documentos sin problemas. Notó que Rey sonreía y eso le hizo reír también
—¿Qué ocurre?
—Nada, es que nunca te había visto con el cabello de esa manera. Te ves… diferente.
—En realidad prefiero trenzarlo pero he olvidado cómo hacerlo —explicó él en tono neutro, pero a Rey no le convenció su falta de emoción.
—Si quieres yo puedo.
Ella conocía algo sobre el tema porque una vez Kaydel le había contado acerca de los misteriosos peinados de Leia y su relación con su patria perdida de Alderaan. Lo poco que conocía de los recuerdos de Ben le bastaba para saber que era un trozo de su historia también, y que recordarlo tal vez le causaría dolor, pero no estaba intentando alejarla. Él se relajó contra el respaldo del asiento mientras ella se ponía manos a la obra, interpretando su silencio como una invitación.
—¿Cómo es que sabes…? —él no puede decir nada más cuando los delgados dedos de Rey se hundieron despacio en su cabello para prepararlo y una oleada de alivio pareció inundarlo —. Creo que será una noche larga...
—Deja de quejarte, Ben. Además, hace tiempo que deseo… —Rey se sonrojó con intensidad, pero por suerte él no podía verla.
—Lo sabía. No había nada de malo con mi cabello —bromeó él, contento.
—No. Tu cabello es perfecto. El problema es la cabeza que hay debajo —Rey tironeó con un poco más de fuerza uno de los mechones como pequeña advertencia—. ¿Qué estás revisando ahora?
Ben oprimió unos botones y un mapa se desplegó frente a ellos. Le explicó que era parte de los archivos posteriores al Imperio y contenía información sobre los últimos días de la Nueva República.
—Según los archivos, la credibilidad en el senado galáctico se disolvió debido a la corrupción de sus miembros. Algunos senadores centristas colaboraban de manera anónima con organizaciones paramilitares que fundaron los cimientos de todo esto. Algunas son incluso más poderosas que la Primera Orden y están sometiendo a varios sistemas aún hoy.
—Será difícil exigir cooperación cuando el origen de todo se basa en una mentira —añadió Rey, pensativa, mientras terminaba otra trenza —. Aunque al exponer todo esto también ganaremos nuevos enemigos.
—También nosotros les hemos mentido. Yo sabía que Hux pasaba información a la Resistencia y no se lo impedía. También está la cuestión de nuestro vínculo.
—Y no olvidemos la sala del trono…
Ben recordó lo bien que se sintió por un momento, ese día, antes de que todo se hiciera literalmente pedazos. Allí estaba la semilla de todo su proyecto y finalmente lo veía con claridad. Lo nuevo, eso que le había propuesto a Rey en el Supremacy, era la Unión del pasado y el presente, de fuerzas contradictorias en la misma armonía y equilibrio que ellos respiraban ahora.
Rey se detuvo para darle un beso en la frente y continuó trenzando su cabello con lentitud. Podía sentir también su alivio y seguridad, aún cuando no supiera qué amenazas podrían surgir en el futuro.
—No existen grabaciones de ese día ni nada que nos pueda incriminar. Sin embargo, debemos ir con cuidado. También he hecho cosas horribles en nombre de Snoke y de la Orden.
—No podemos cambiar nada de eso, ni debemos pretender que no ocurrió. Lo mejor es decir la verdad. Cuéntales quién eres, de dónde vienes. Pero no dejes que eso determine tu camino, no le debes nada a nadie. No sé tanto de política como tú, pero podemos hacer algo diferente.
—La democracia no sirve. Ya lo has visto en esos hologramas. Tampoco un imperio, por más que me tiente la idea de ser tu emperador Supremo...
—Pensaremos en algo —en este punto, Rey tomaba esos intervalos de provocación con naturalidad y cada vez le gustaban más—. Pero pongámonos serios. ¿En qué piensas?
—Que la Nueva Orden restaure todo el daño. Asignando las tropas para llevar recursos a los planetas. El Steadfast seguiría siendo capital.
—Pero eso es lo mismo que hizo Snoke.
—A él sólo le importaba el poder. Era una marioneta de alguien más. Lo sé hace un tiempo.
—¿De quién? —Rey sintió de repente mucho frío y tomó asiento a su lado.
Ben se levantó para buscar algo en un cajón del escritorio, debajo de los tomos que ella había encontrado antes. Cuando encontró lo que quería mostrarle, extendió el pergamino con el dibujo de un objeto hacia ella y esperó su reacción.
—Un poder ancestral de los Sith. En las regiones desconocidas hay peligros más grandes de lo que pensamos. Quería decírtelo, pero nuestras conversaciones siempre acababan muy mal.
—He visto esto antes, en los textos antiguos —respondió ella, muy preocupada. —Estoy segura de que hay más pistas allí.
—Sabía que debía robarte esos…
—Podemos conseguirlos, pero no los necesitamos ahora mismo.
—Supongo que al fin y al cabo debo encontrarme con mi madre —suspiró él, pero la idea ahora no le pesaba tanto.
Rey tomó uno de los datapads que contenía una grabación fechada en el 28 ABY y la reprodujo.
"El Senado cede la palabra a la Senadora Leia Organa…"
La figura de Leia de pie ante el Senado, captó la atención de los dos. Se la veía cansada y abatida, pero conservaba la solemnidad que ambos conocían. Era su discurso de renuncia a la candidatura de Primera Senadora después de que se revelara su verdadero linaje.
"Siempre he sabido que fui adoptada por Bail y Breha Organa, de la casa real de Alderaan. Fui denominada «huérfana de guerra», por una historia que yo misma creí hasta ser adulta…"
—Es increíble que Leia haya soportado esa carga sola —Rey escuchaba con atención, reviviendo una historia que conocía pero no había presenciado.
"Nunca pensé que la verdad detrás de mi nacimiento pudiera ser tan trágica, o que mi padre biológico pudiera ser un hombre al que tenía muchos motivos personales de gran peso para odiar. Mis esfuerzos por aceptar esto duraron un largo tiempo. En muchos sentidos, sigo teniendo problemas con este conocimiento, y creo que siempre será así."
—El mensaje que ella me envió ese día tardó semanas en llegar. Si tan solo hubiera confiado en mí lo suficiente como para decírmelo antes…
Rey tomó su mano y entrelazó los dedos con él.
—Todos cometieron errores, Ben. Ella creía que estaba haciendo lo correcto. Nunca dejó de creer en ti.
Él miró a Rey a los ojos y supo que era cierto. Recordó ese instante, cuando abandonó la academia destruida de Luke y pensó en marcar el curso de su Grimtaash hacia Hosnian Prime para refugiarse en los brazos de su madre. ¿Por qué no lo hizo entonces? La voz de Leia continuaba sonando de fondo mientras él imaginaba en vano otros desenlaces posibles para su historia.
"Mi madre es parte de mí tanto como mi padre. El valor que ella demostró a lo largo de su propia carrera política siempre me ha inspirado en mi papel como senadora. Y, en cuanto a mi padre…, no puedo pensar en un mejor ejemplo de los peligros del poder absoluto."
—Aún no sé qué fue de mis padres —continuó Rey—. Sigo pensando que tuvieron una buena razón para dejarme en Jakku, pero no puedo culparlos porque no los recuerdo. Mis decisiones son sólo mías.
—¿Te arrepientes de estar aquí conmigo?
—Por supuesto que no. —sonrió ella, apoyando la cabeza en el hombro de él—. Estoy justo donde quiero estar.
Continuaron examinando documentos unas cuántas horas más, cada uno concentrado en encontrar pruebas y datos esperanzadores. Un droide de servicio les trajo unos bocadillos que Rey devoró con avidez y Ben no llegó a probar, maravillado por el apetito de la joven, aunque un poco asustado por sus modales. El recuerdo feliz de su niñez en Chandrila le asaltó de repente, con Leia enseñándole algunas reglas de protocolo y Han esforzándose por demostrar que todo eso le importaba. Era doloroso, no debía aferrarse a esa clase de memorias. Pero tampoco podía hacer de cuenta que nunca habían tenido lugar. Rey estaba en lo cierto.
Cuando el sueño venció a Rey, Ben dejó todo a un lado para llevarla en brazos hasta la cama. Lo demás podía esperar y a decir verdad ya sabía exactamente lo que tenía que hacer al día siguiente. Esta vez, tenía la fuerza para hacerlo porque ella estaría a su lado al despertar. Se durmió abrazado a su carroñera, inspirando su aroma y sintiéndose a salvo. Ella pronunció algunas palabras incomprensibles en sueños y se acurrucó en los brazos de Ben.
En sus cuarteles del Tantive IV en Ajan Kloss, Leia Organa solo tenía ojos y oídos para su hijo, su precioso Ben, que hablaría frente a toda la Galaxia. Una pequeña multitud se había reunido en torno a ella para darle fuerzas, aunque todos estaban igual de preocupados por las consecuencias del mensaje. Leia no reprimió las ganas de estirar su mano para tocar el holograma, era algo tonto, pero podía permitirse un impulso de esa clase y nadie la juzgaría. La Fuerza le decía que todo cambiaría para bien o podía empeorar en cuestión de minutos.
A la derecha de Kylo Ren, quien iba con su armadura y capa habitual aunque sin casco, Rey vestía un elegante y sencillo traje blanco, ofreciendo un contraste perfecto y armónico con el de su compañero. Pero el detalle más impactante para todos fue que sus manos no se separaron en ningún momento.
"Mi nombre es Benjamin Solo. Mi padre fue Han Solo, contrabandista primero y General de la Resistencia contra el Imperio después. Mi madre es Leia Organa, Líder de los Rebeldes y Princesa de Alderaan. Junto a mi tío Luke Skywalker, el último jedi, ellos tres derrotaron al Imperio."
"Darth Vader es mi abuelo, tanto como Anakin Skywalker lo es. He renunciado al código Jedi hace tiempo pero no he prestado juramento a los Siths. Y si acaso puede existir un mejor ejemplo de equilibrio, es el vínculo que compartimos Rey y yo. Formamos una díada en la Fuerza y hemos decidido hacer esto juntos."
"La Primera Orden no se creó para destruir pero eso fue lo que hizo. La Nueva República debía garantizar paz y ecuanimidad, pero también falló. Lo que propongo es un lento proceso de reordenamiento, unir fuerzas para combatir a un enemigo común: la guerra debe terminar porque pronto no quedará nada por lo cual luchar. Rey y yo enlazamos nuestros destinos por obra de la Fuerza, pero nuestra Unión será el símbolo de la Alianza de la Nueva Orden."
—Parece que tu hijo es todo un político ahora.
Ransom Casterfo se acercó hasta donde estaba Leia y le ofreció con disimulo un pañuelo. Ella lo agradeció con una sonrisa y le hizo un lugar a su viejo amigo.
—Por supuesto que no. Él está haciendo algo nuevo —Leia volvió a mirar el holograma mientras se secaba algunas lágrimas de emoción. Rey tomaba la palabra.
"Amigos de toda la Galaxia, esta es una invitación para dejar de lado las enemistades y empezar a trabajar juntos. Nuestras diferencias nos hacen fuertes pero nadie sobrevive en soledad. Durante toda mi vida me sostuvo la esperanza de que mi realidad cambiaría, hasta que el destino decidió por mí y me colocó en un lugar. Puedo decir que nada salió como lo pensaba, pero siento que es lo correcto."
En el Halcón, Rose y Armie escuchaban el discurso con atención, pensando que sus destinos también se decidían ese día aunque sus corazones ya habían jurado enfrentarse juntos al futuro. Ellos sabían de segundas oportunidades tanto como Ben y Rey.
"Alguien muy querido me dijo que no luchas contra lo que odias, salvas lo que amas. No siempre pensé de esta manera, pero no tenía a nadie a quien amar. Estoy segura de que cada uno de ustedes lo tiene."
—Quiero creer que ellos no van a cometer más errores —dijo Ransolm señalando las manos entrelazadas y la forma en que Ben miraba a su amada mientras hablaba —. Son jóvenes y están tan enamorados que tal vez estén olvidando algo importante.
—Claro que cometerán errores. Pero no serán los mismos que los nuestros.
La General Organa se puso de pie al finalizar el mensaje y todo el mundo quedó en silencio esperando sus órdenes. Pero la heroína dejó que la madre venciera, y en su corazón había ganado la guerra de manera indiscutible.
Ben había vuelto a casa gracias a Rey y muy pronto podría estrecharlo entre sus brazos en bienvenida.
—¿Cuánto tiempo tardará en llegar el mensaje a los sectores del borde exterior?
—Aproximadamente dos semanas estándar, Líder Supremo.
Kylo pensó que no le disgustaba que lo siguieran llamando así después de todo, pero Rey lo miró con reprobación así que él la besó rápidamente para que no pudiera protestar.
— Perfecto. Nos da el tiempo suficiente —hizo una seña a los Caballeros y ellos asintieron—. Que nadie nos moleste.
—Ben… ¿Qué…? —Rey no pudo decir nada más porque él ya la estaba sacando de la sala de conferencias y le arrastraba hasta una parte del Steadfast que ella reconoció como uno de sus hangares.
—Es una sorpresa. Nos vamos de viaje.
El TIE Silencer de Ben los esperaba ya listo para partir. La mente de Rey trabajaba a toda velocidad, aún conmovida por el paso importante que acababan de dar juntos.
—No creo que sea un buen momento para unas vacaciones.
—Yo diría que lo es. No podremos hacerlo después cuando toda la Galaxia reconozca nuestros rostros. Además no serán vacaciones. Creo que en algunas culturas le llaman luna de miel al período de tiempo que le sigue a una boda…
—¿En serio quieres casarte conmigo? —preguntó Rey, con la voz un poco aguda por los nervios.
—Si me lo pides así, cariño, no me dejas otra opción más que la de aceptar —Ben se encogió de hombros y compuso una de sus sonrisas traviesas antes de volver a besarla con toda su alma.
Rey se sintió gustosa de caer en la trampa, aunque se dio cuenta de ello un poco tarde, riendo para sí misma mientras establecían el curso, un poco apretados pero cómodos en el único asiento del TIE.
