Después de un bloqueo interminable, al fin veo la luz. Gracias por la paciencia, por seguir allí. El próximo capítulo será completamente reylo y prometo hacer honor a la calificación "explícito" de este fic.

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Cuando Rose aterrizó el Halcón Milenario en un claro de la jungla de Ajan Kloss, sintió el alivio inmediato de estar de regreso en casa. Contaba con el hecho de que la transmisión de Rey y Ben había llegado antes que ellos hasta la base y aún tenía que explicar el papel de Armitage como embajador. No es como si le hubieran dado demasiadas instrucciones, aunque esperaba de todo corazón encontrar buena predisposición entre sus compañeros rebeldes.

Antes de abrir la compuerta, se aseguró de que se veía presentable. Alisó su uniforme y se acomodó el cabello, aunque sus esfuerzos por ocultar la agitación que sentía no serían suficientes cuando acababa de vivir el momento más romántico de su vida. Respirando hondo, se mordió los labios intentando sin éxito despejar de su mente la imagen de Armie tendido en la litera, con la camisa entreabierta allí donde ella había dejado algunos besos tiernos que él agradeció con caricias expertas y palabras dulces.

Claro que eso fue sólo el final de la experiencia, y se mentiría a sí misma si dijera que no había disfrutado el pequeño instante de intimidad tanto como las charlas sobre problemas técnicos de la nave y los secretos de ingenieros que intercambiaron junto con el caf. Después de todo, aún tenían que ponerse al día con muchas cosas y el Halcón también necesitaba atención. Todos los sacrificios valían la pena si podía escuchar sus chistes inteligentes y ver cómo se le formaba una sonrisa tímida que hacía bailar una llama de adoración en sus ojos.

Llegaría el momento en el que pudieran estar juntos, sin interrupciones, sin deudas de lealtad de por medio. No podían ir más lejos por ahora, Rose odiaba esta realidad pero la comprendía, y Armie resultó ser el más sensato de los dos al sugerir que debían detenerse. Una parte de la joven muchacha alcanzaba a comprender que el ex general disfrutaba extendiendo esos instantes previos a la pasión desatada porque le gustaba esa nueva clase de tortura que podía aplicar sobre ella. Era eso, y la certeza de que aún no abría su corazón del todo hacia ella, Rose estaba segura de que todavía tenía que excavar un poco más profundo en esas capas de hielo, era cuestión de tiempo, paciencia y amor.

Se llevó una mano al pecho para aferrarse a su medallón, como siempre lo hacía cuando su espíritu flaqueaba. Estaba haciendo lo correcto, debía protegerlo porque lo amaba. Tenía que aceptar el hecho de que no todos iban a comprenderlo, no buscaría convencer a nadie de que hacía lo correcto. El futuro de la Resistencia había cambiado de la noche a la mañana junto con los destinos de sus integrantes,

Y él le había prometido que encontraría la manera de robarle besos cuando ninguno de sus amigos estuviera vigilando. La forma en que lo dijo bastó para colorear sus mejillas de nuevo, acelerando su pulso. Porque quizás Armie era reservado en algunos aspectos, pero cuando sus labios se posaban sobre los de Rose, no había secretos ni dudas, sino infinitas promesas de dulzura y amor.

El maullido de Millicent le devolvió al presente, a la puerta aún cerrada del Halcón. Armie se colocó a su lado y buscó su mano para infundir ánimos antes de darle un último beso tierno en la frente. Rose notó que estaba nervioso por el leve temblor y la forma en que tensaba su mandíbula.

—¿Estás lista? —dijo él con una sonrisa triste, como si lamentara haber puesto a Rose en esa situación.

—No tengas miedo. Dejaré el motor encendido. Si todo sale mal, nos vamos de aquí.

Por supuesto que no lo decía en serio, ella no era de las que se rendían. Pero el efecto fue el esperado, la risa espontánea de Armie disipó gran parte de la tensión y llenó a su alma de valor mientras la puerta se abría ante ellos.

La silueta familiar de BB-8 se acercó dando pitidos alegres, seguido de Poe y de Finn. A estas alturas todos sabían que Rey no volvería con ella, sin embargo no esperaban que el polizón fuera Hux en persona. Que estuvieran tomados de las manos les hizo detener la marcha y desdibujar sus sonrisas, al piloto solamente le tomó dos segundos reaccionar con una sonrisa forzada que provocó un ronroneo poco amigable de Millicent.

—¡General Hugs! ¿A qué debemos el honor?

—Dameron —el pelirrojo se limitó a sonreír fríamente pero se contuvo por Rose. Esos eran sus amigos y él había prometido no provocar a nadie. En cambio soltó con suavidad a Rose y se acercó hasta el piloto para mostrarle que no llevaba armas. No se le escapó el detalle de que su mano derecha se movía cerca del bláster, como si estuviera atento a la posibilidad de usarla—. En la bodega hay provisiones para todos ustedes.

—¡Nos ha traído regalos! ¿Qué les parece? —Finn miró con desconfianza al recién llegado, en actitud claramente desafiante—. Entonces podrías dejarlos e irte, a menos que quieras un tour por los calabozos...

Un pequeño grupo de curiosos se estaba reuniendo alrededor de ellos, muchos reconocían a Armitage Hux y hacían comentarios por lo bajo. Rose se movió hasta quedar en medio de los hombres antes de que alguno hiciera algo estúpido.

—Te equivocas. Armie no es el enemigo...

¿Armie? Rose, ¿Qué está sucediendo aquí? —Finn se colocó frente a su amiga con el rostro consternado, mirando alternativamente a Hux y a ella, añadiendo en voz baja, muy preocupado— ¿Acaso él te hizo algo?

Bb8 pronunció algo incomprensible a modo de respuesta, que hizo que Poe abriera mucho los ojos y su mandíbula se desencajó un poco. por la impresión.

—¿Estás seguro? Vaya… Esto es difícil de procesar...

—¿Qué? —dijeron los otros tres al mismo tiempo.

—Los escáneres de BB detectaron una emisión increíble de endorfinas en Rose, también un notable aumento de cortisol y algo de temperatura elevada en zonas localizadas de su cuerpo... no soy científico pero me atrevo a decir que no se ve tan malhumorada como siempre… ¿Has tenido un viaje agradable?

—¡Ya basta de tonterías! —exclamó Rose, completamente sonrojada y sin atreverse a mirar a Armie por miedo a ponerse en evidencia aún más—. Debo hablar con la General Organa.

Su petición fue ignorada porque Finn sólo pudo descifrar que el ex general había mancillado el honor de su amiga, así que arremetió contra él gritando sofisticados insultos galácticos. Armitage se agachó y esquivó el ataque sin dificultad, aumentando la furia de su oponente, que intentó esta vez usar un gancho de derecha.

—Veo que no formamos un comité de bienvenida bastante agradable.

El brazo de Finn quedó suspendido en el aire cuando Leia apareció. No fue la Fuerza, sino su tono diplomático, lo que bastó para que las hostilidades cesaran de momento. Las personas que se habían acercado ahora huían en todas direcciones, recordando repentinamente que tenían trabajo que hacer.

Armitage contempló a la Princesa sin poder emitir palabra. La había visto en innumerables holovideos, había crecido odiando su nombre y todo lo que ella representaba, envenenado sus oídos por culpa de su padre. Pero ahora que estaba a unos metros de él, era incapaz de sentir odio o de encontrar defectos en su porte, en sus ojos penetrantes e inteligentes, en la media sonrisa que seguramente le había heredado a su hijo.

Bueno, Armie lo pensó bien. Tal vez ella tenía uno o dos defectos.

La General era de baja estatura comparada con él, aunque eso no era ningún impedimento de carisma en alguien que proyectaba tanto poder y despertaba admiración en quienes la rodeaban. Por otro lado, ya no era su enemiga, tal vez nunca lo fue realmente. Ahora debían trabajar juntos después de quitar algunas piedras del camino y Armie esperaba que Leia tuviera misericordia.

—Acompáñame, tenemos mucho de qué hablar —ella movió la cabeza en dirección hacia Armitage y él aceptó como autómata.

«Parece que habrá un interrogatorio después de todo.» pensó él antes de intercambiar una mirada con Rose que ella respondió con un gesto tranquilizador. La conversación muda entre ellos se tradujo en esperanza, Armie no dejaba de maravillarse de lo mucho que había cambiado a causa de esa mujer.

—General, no creo que sea buena idea...

—No será necesario —Leia detuvo a Finn y a Poe con una mirada que no admitía réplicas—. Rose puede venir con nosotros, también quisiera hablar con ella más tarde.

Las instalaciones de la Resistencia dejaban mucho que desear, pero los técnicos y pilotos parecían emerger desde los límites de la jungla. De alguna manera todo funcionaba como si fuera lo más natural, una convivencia camuflada bajo el resguardo de esa flora salvaje. Armitage no se sorprendió de que nunca hubieran podido localizar a los rebeldes y tuvo que admitir algo de culpa por presionarlos a vivir en eterna huida. Cosechaba miradas de odio intenso a su paso, porque a esas alturas ya todos sabían quién era él. Lo que hacía allí, por el contrario, no estaba nada claro.

Una vez en la recámara de Leia, donde apenas unos días atrás Rey se había acercado a pedir consejo, Armitage empezó a sentirse ansioso. Rose fue obligada a esperar afuera y no dejaron de mirarse hasta que la puerta se cerró herméticamente entre ellos. Ahora le tocaba enfrentarse a su destino y estaba listo.

La General dispuso los utensilios sobre una mesa pequeña antes de tomar asiento y señalar a su invitado un cómodo sillón situado frente al suyo para que hiciera lo mismo. Armie siguió con la vista cada uno de sus movimientos, pero ella parecía conservar tanta calma que pronto comenzó a relajarse, descartando la idea de cualquier clase de tortura.

Leia estaba preparando un inofensivo té de Gatalenta.

—¿Sabes? Te conocí cuando eras apenas un bebé. No creo que lo recuerdes.

Armitage se puso tenso ante la mención de su pasado. Agradecía que Rose no estuviera allí para ser testigo de lo que iba a venir. Luego negó con la cabeza, por supuesto que no recordaba. Su cerebro había bloqueado el hecho de que alguna vez fue un niño.

—Fue unos años después de la Batalla de Yavin. Ben aún no había nacido —continuó narrando ella mientras esperaba que la tetera comenzara a hervir—. La Nueva República conocía tu existencia y teníamos órdenes de rescatarte. Sabíamos que bajo la influencia de Brendol Hux nunca estarías a salvo. Ningún niño merece ser tratado como él te trató a ti.

Armie tenía la mirada perdida en el líquido de color ámbar, como si su mundo se hubiera limitado al movimiento controlado del té cayendo dentro de la taza.

—Tu madre estaba de nuestro lado. quiso llevarte con nosotros. Brendol no lo permitió

—¿Cuál era su nombre? —preguntó de repente con un hilo de voz, dándose cuenta de que eran las primeras palabras que pronunciaba frente a ella en voz alta.

El rostro de la princesa se ensombreció.

—Ella nunca lo dijo. La misión fracasó y no pudimos extraerla. Cuando llegamos, era demasiado tarde... Lo siento.

Ninguno de los dos habló durante largos segundos. Era una gran revelación para él, saber que su vida podría haber sido muy distinta, pero no sabía qué hacer con esa información. Era tarde para cambiar el pasado. Nunca había pensado en su madre como alguien que pudiera preocuparse por él a tal punto de sacrificar su vida porque no pensaba que le importara a ninguno de sus progenitores.

Todo era diferente ahora. Alguien se preocupaba por él.

Rose.

—¿Por qué me cuenta todo esto?

Leia hizo una pausa para considerar sus próximas palabras y aprovechó para ofrecerle la otra taza al muchacho.

—Armitage. Sé que has estado al lado de Ben durante sus peores años. No soy tan ingenua como para pensar que con temperamentos como los de ustedes… bueno conociendo su carácter… de seguro que él no te facilitó las cosas.

—Ni lo diga.

A pesar de la angustiante tensión, los dos se permitieron la tregua de sonreír unos instantes.

—Por otra parte, sé que has estado ayudándonos, Rubí. Y creo que puedes seguir haciéndolo.

—¿Usted ya lo sabía?

—Es muy difícil que me oculten cosas. Es una base muy pequeña y Cobalto tiene serias dificultades para ocultar sus emociones. Dejé que lo hiciera, aun cuando eso pudiera ponernos a todos en peligro.

—Fue mi culpa, ella no merece castigo.

—Todo lo que ustedes han hecho nos ha conducido a este momento de paz. Tengo más motivos para tener esperanza que para estar enojada. No es tu historia lo que te define, sino lo que haces con ella —Leia se acercó un poco más y colocó una mano sobre su hombro—. No eres como él. Lo sé mejor que nadie.

Ella era hija de Darth Vader, después de todo. Aunque Armie dudaba que el mítico Lord Sith fuera peor que Brendol Hux. Un escalofrío de terror le sacudió la espalda.

—Pudiste haberte dejado llevar por el egoísmo, llevarte a Rose… Así es, yo conocía sus planes —Leia sonrió ante el rostro consternado de Armie—. En cambio, aquí estás. Y debo agradecerle a ella por cumplir con la misión que yo no pude lograr hace treinta años.

—¿No va a encerrarme en un calabozo?

—No sé qué idea tienes de nosotros, pero no tratamos así a los invitados. Lamentablemente no tenemos habitaciones de lujo, un amigo aceptó compartir la suya contigo. Creo que ustedes podrían llevarse bien —Leia hizo una pausa y luego agregó—. No voy a ocultarte lo difícil que será vivir aquí. La Galaxia ha sufrido mucho por culpa de la Primera Orden. Ya lo habrás notado.

Era cierto, no tenía adonde ir. Ella le estaba dando otra oportunidad, algo que tal vez había deseado pero se sentía incapaz de merecer.

—Lo entiendo. Haré lo que sea necesario para poder permanecer aquí.

—Entonces te dejaré para que te instales —Leia sonrió y se puso de pie, satisfecha con su entrevista—. Sólo una cosa más. Lamento tener que decirte que tu nuevo compañero de cuarto es alérgico a los gatos. Tu Dama tendrá que dormir en otro sitio, le preguntaré a Rose si no le molesta.

—Eso sería grandioso… Sí… —tragó saliva y pronunció una palabra que hacía mucho tiempo que no formaba parte de su rutina—. Gracias Leia.

Fue su turno de ofrecer su mano, le pareció adecuado para sellar el pacto que indicaba su buena fe. Leia miró primero su mano extendida y luego a él, logrando que Armie se arrepintiera de su impulsividad. Sin embargo, no tuvo que agregar una disculpa porque el abrazo sincero y breve de la Princesa le tomó desprevenido. No sabía qué esperar al entrar con ella en la habitación, pero la Princesa le había enseñado una lección de humanidad que jamás olvidaría.

—Bienvenido a casa, Armitage.

Rose tenía el oído apoyado en la puerta, aunque era lo suficientemente inteligente como para saber que el experimento sería en vano ya que las paredes del Tantive IV eran a prueba de chismosos. La joven disimulaba muy mal su impaciencia, pero por suerte nadie tenía las agallas suficientes como para pedirle explicaciones acerca de su nuevo amigo. Millicent también se sentía inquieta en sus brazos, entre ellas parecía haberse establecido una vínculo casi tan importante como esos que creaba la Fuerza.

Cuando Leia y Armie finalmente aparecieron, aparentemente tranquilos y sin señales de discusión, soltó el aire que había guardado en sus pulmones. Él la miró con alivio y acarició su mejilla con el dorso de la mano, perdido en esa pequeña mujercita que había dado vuelta su mundo en tan poco tiempo.

Una tos suave, que era a medias una risilla, les arrancó del ensueño.

—Mientras tanto Rose, ¿Por qué no me cuentas sobre la misión? —Leia señaló sus pies, aún llevaba los zapatos azul cobalto que hacían juego con el disfraz de Intérprete—. Estoy segura de que hay una gran historia detrás de esos.

...

La elección de una nave tan inadecuada para dos pasajeros tal vez no fue la mejor de las ideas que alguna vez tuviera el Líder Supremo, pero Ben estaba tan ansioso por quedarse a solas con su flamante prometida que apenas pensó en la comodidad. El Buitre Nocturno era más adecuado para un paseo espacial, de seguro mucho menos romántico que su TIE.

El rostro de Rey iluminado de emoción por los controles debió advertirle que ella estaría más interesada en entender cómo funcionaba una máquina tan impresionante que en preocuparse por lo cerca que estaban ahora. Ben debió de sentirse ofendido por el hecho de que ella prestara tan poca atención a la repentina falta de aire en la cabina que aparentemente sólo él parecía sufrir, pero no se molestó porque ya tendría tiempo de usar sus encantos para deslumbrar a Rey cuando llegaran a destino. Lo que le faltaba de experiencia le sobraba en confianza.

Después de todo, ese era uno de los puntos de su lista, uno que había resaltado varias veces: llevar a la carroñera a pasear en un TIE y enseñarle a pilotar.

No era como si estuviera siguiendo el plan al pie de la letra, de hecho una parte de él lo consideraba algo ingenuo a esas alturas cuando ya sentía que había ganado la batalla por el corazón de Rey. En el fondo sólo trataba de complacerla, por esa misma razón se le había ocurrido la idea del viaje. Quería tener la oportunidad de demostrarle que él también podía ser un hombre enamorado y normal además de una figura de autoridad y poder. Sabía que el lujo no impresionaría a su amada, tampoco el fino vestuario que había encargado para ella.

De vuelta en el mundo real, era muy difícil concentrarse en la ruta cuando Rey estaba sentada en su regazo, algunos mechones sueltos de su peinado le hacían cosquillas en la nariz y no dejaba de moverse de un lado al otro, aunque hacía un esfuerzo enorme por no demostrarle a Ben lo incómoda que estaba. Sus piernas eran largas y no podía evitar golpearse con la consola cada vez que la nave se sacudía, el brazo firme de Ben rodeando su cintura era cientos de veces más efectivo que un cinturón de seguridad. El piloto automático ayudaba a mantener el curso, pero a Ben le hubiera gustado no sentirse tan nervioso en el primer viaje que hacían juntos antes de tener que asumir nuevas obligaciones.

Sin embargo, el punto culminante de tensión se produjo cuando Rey inició la secuencia de eyección con el codo y Ben oprimió el botón de cancelación con mucha calma, como si no hubieran estado a punto de salir despedidos al vacío espacial por error.

—Ben, podrías… moverte un poco —Rey se golpeó la cabeza con el techo—. A menos que quieras que active algún cañón por accidente —ella dudaba que fueran a lastimar a alguien en medio de la nada, pero no quería correr riesgos y necesitaba enderezar la espalda con urgencia. No le hacía falta utilizar el enlace para darse cuenta de que él también estaba inquieto, aunque malinterpretó totalmente el motivo.

—¿Te molesta estar tan cerca de mí?

La inseguridad que se filtraba en su voz conmovió a Rey. ¿Acaso él no se daba cuenta de que lo único que ella quería era estar muy cerca de él? ¿Cómo podía imaginar que iba a querer estar en otro lugar que no fuera entre sus brazos?

Una oleada de rubor tiñó sus mejillas, recordó algo que había soñado la noche anterior cuando sintió que el colchón se hundía con el peso de Ben, pero se detuvo antes de que él lo descubriera. Ya veía en su mente la sonrisa traviesa que se le formaba y no estaba en posición de negociar. Ya se ocuparía de arreglar cuentas con él cuando tuviera más espacio para respirar.

—No, no me molesta —dijo suspirando y apoyando la palma de su mano sobre el pecho de él. Ciertamente no era esto lo que tenía en mente, se repitió varias veces que no tenía nada que temer. No quedaría en ridículo por culpa de algún roce accidental porque estaban en las mismas condiciones.

—Pensé que te hacía ilusión que te enseñara a volar la nave más rápida de la Galaxia… con el mejor piloto.

Rey rompió a reír y él sintió que se aligeraba el peso en su corazón.

—Querrás decir el segundo mejor, pero claro que el más apuesto —la joven depositó un beso tierno en su frente y le pasó una mano por el cabello suave y espeso—. O el más testarudo…

Ben cerró los ojos por un instante para disfrutar de la caricia y se relajó contra el asiento. El peso de Rey sobre sus piernas no era nada comparado con la angustia de no ser correspondido por ella, a pesar de que ambos habían compartido profundas confesiones. Todo el tiempo luchaba con sus dudas, pero ella siempre lograba traerlo de regreso a la luz. Lo único que quería era tener más tiempo con ella antes de que todo se escapara de su control.

—Déjame intentar algo… —él se acomodó abriendo las piernas y colocando a Rey entre ellas, de manera que su espalda quedara pegada a su pecho, y pasó sus brazos debajo de sus axilas para llegar a los controles—. ¿Así está mejor?

Lo primero que sintió Rey fue la calidez de sus poderosas piernas rodeando las suyas, su amplio pecho envidiablemente calmo dadas las circunstancias. La temperatura llegaba a un punto de sofocación y su corazón latía desbocado. Él la rodeaba por completo y tenía que admitir que estaba muy cómoda, mucho más de lo que había estado en toda su vida. Pronto se dio cuenta que podía torturarlo también, apretándose más contra él, moviéndose casi por instinto con la excusa de estar cayéndose del asiento pensado para un piloto.

—Rey, cariño —murmuró él en su oído, provocando deliciosos escalofríos en su espalda—. Si sigues haciendo eso me veré obligado a aterrizar en el primer asteroide para pasar al punto 10 de la lista.

Era una amenaza, una muy sensual y cargada de promesas. Porque ella sabía perfectamente lo que sucedía al final de la lista y lo esperaba con desesperación. Rey se debatió entre seguir con su juego peligroso o aguardar un poco. Ben quería llevarla a un lugar especial, había planeado quedarse a solas con ella, y ahora la curiosidad competía con los mismos niveles de su excitación. De todas formas, ella resultaba victoriosa, así que optó por lo segundo.

—Oh Está bien... ¿Vas a decirme adónde vamos?

—Prometo que te gustará. Ya casi llegamos.

—¿Vamos a Endor? Leia me habló de lo feliz que fue allí, de los Ewoks, de sus celebraciones que duraban días...

Ben hizo una mueca. Él era un producto de una de esas celebraciones después de todo. Además de que la dieta de los Ewoks incluía carne humana y no le apetecía andar caminando por dudosos puentes de madera colgando entre los árboles.

—No —fue todo lo que dijo.

—¿Al menos me dejarás tomar el control un rato?

Ben podía ensayar cientos de respuestas para su pregunta. Ninguna de ellas era inocente y ninguna se refería a la nave. Imaginó que así iban a ser el resto de sus días, una deliciosa batalla entre la cordura y la desesperación de querer provocarla todo el tiempo, algo con lo que ella se sentía cada vez más a gusto. Le iba a costar tener que separarse de Rey cuando el deber los alejara, pero se prometió a sí mismo aprender a dominar su impaciencia.

Pronto la joven se quedó sin palabras, justo como él había deseado.

—¿Qué es este lugar?

Rey nunca había visto algo tan hermoso ni tantas maravillas en un mismo sitio. La nave orbitaba suspendida en medio de una nube interminable de polvo estelar, a la deriva entre una fascinante sinfonía de colores. Hasta podía jurar que escuchaba una melodía, tal vez de alguna criatura magnífica que podía vivir en un sitio como ese, a la deriva en los confines del espacio no explorado.

—No forma parte de los mapas estelares. Con seguridad somos los primeros en descubrirla.

—Tú ya estuviste aquí antes…

Ben se encogió de hombros. Se había topado con ese lugar en uno de sus largos viajes con Luke en busca de reliquias Jedi, pero a su tío no le interesaban ese tipo de fenómenos. Lo que sintiera esa vez allí había quedado almacenado en un rincón de su alma, a la espera de poder compartirlo con alguien que pudiera apreciarlo tanto como él.

—Pero te corresponde a ti darle un nombre. Es una de las atribuciones de emperatriz suprema

—¡Ben, no puedo conquistar una nebulosa! —Rey giró un poco la cabeza para toparse con una sonrisa que le robó el poco aliento que le quedaba.

—¿Por qué no? Será nuestro secreto —él acarició su mejilla con ternura y se perdió en las profundidades de sus ojos que parecían brillar más que las estrellas naciendo y muriendo a su alrededor.

Se besaron con calma al principio, la posición no favorecía mayores despliegues de pasión y la situación entera era tan dulce que ninguno de los dos pensó en otra cosa más que la de sentirse agradecidos con lo que sea que los hubiera llevado hasta ese momento, ese lugar. No era fácil saber cuánto tiempo había pasado desde la última vez, tenían que ponerse al día de inmediato.

Pero antes, Ben tenía que tachar un punto importante en su lista.

—¿Quieres intentarlo?

—¿Lo dices en serio?

Él asintió y desactivó el piloto automático, complacido con su expresión.

Rey extendió sus manos sobre los controles, sintiéndose una con la nave. El sistema de navegación era bastante intuitivo y rápidamente se encontró esquivando pequeños trozos de asteroides con gran habilidad, aumentando la velocidad por puro placer. No estaba escapando de un ataque ni huyendo de un planeta, pero sentía una emoción similar a la que Ben le transmitía mediante el enlace, como si por un instante ellos se dieran cuenta de que no eran más que dos almas insignificantes en los confines de la galaxia, saboreando la sensación de que no le debían nada a nadie, que podían hacer lo que quisieran.

—Creo que soy mejor que tú...

—¿Ah sí?

Ben empezó a rozar sus piernas con la yema de los dedos, trazando caricias lentas que le hacían cosquillas le iban quitando el aliento a medida que se acercaba a la zona de sus costillas y continuaba su recorrido hasta arriba, justo donde su corazón amenazaba con salir eyectado.

—Hmmm… No lograrás... distraerme.

—Veremos.

Alentado por el desafío, él sembró tiernos besos en su cuello, acomodando el cabello suelto para tener mejor acceso. Ella estaba completamente a su merced, retorciéndose contra él, embriagada por las sensaciones. Le costaba conservar un nivel mínimo de sentido común y eso era lo único que evitaba que se estrellaran.

—Te han entrenado bien. Pero no será suficiente.

Cuando él le mordisqueó el lóbulo de la oreja, ella soltó un gemido bastante audible.

Fue todo lo que él necesitó para saber que estaba lista.

En medio de algunas dificultades y muchas risas que no estropearon el ambiente en absoluto, Rey giró hasta quedar frente a él, sus piernas rodeando la cintura de Ben. Finalmente había resuelto el misterio de cómo dos personas podían viajar cómodamente en una nave pensada para un solo piloto.

Rey recuperó el control del beso, ahora desde un terreno elevado. Los labios de Ben se abrieron para ella mientras exploraba apasionadamente sus secretos, manteniendo el equilibrio con ambas manos alrededor de su cuello mientras que él se afirmaba deslizando tímidamente las suyas sobre sus glúteos.

Ella le alentó acercándose más a él, ya incapaz de contenerse, ansiosa por cruzar todos los límites posibles con él en ese lugar que parecía sacado de una fantasía, creado para ellos.

Nadie iba a interrumpirlos esta vez.

O eso pensaron hasta que una rodilla de Ben activó accidentalmente una palanca y el holograma de un odioso rostro conocido se materializó frente a ellos.

"Querido Líder Supremo, espero que esté disfrutando de su viaje…

—¿Pryde?

"No quisiera que piense que no me he dado cuenta de sus planes. Puede que me haya quitado de la ecuación por un tiempo pero no me iré sin despedirme.

Hace tiempo que vengo observando su comportamiento y sé que está en una relación íntima con el enemigo. Comprenderá que me vi entonces en la obligación de reafirmar mi lealtad a la Primera Orden eliminando a los traidores. No tuve suerte con ese inútil de Hux pero la tendré con usted.

La nave tiene un dispositivo que causará su destrucción si intenta bajar la velocidad. Jamás logrará desconectarlo a tiempo, de hecho le quedan sólo 60 segundos de vida. Considérelo como misericordia para arrepentirse de sus actos."

—¡Kriff! Maldito anciano. —A Ben no le molestaba tanto la certeza de que su vida estaba en peligro como el hecho de que alguien los interrupía otra vez.

—¡No tenemos tiempo suficiente para hacer un hipersalto y estamos en medio del Borde Exterior!

—Concéntrate Rey. Saldremos de esta. —él le sujetó el rostro con ambas manos, en medio de la desesperación le transmitió algo de calma.

Ella asintió, obligando a sus ojos a no llenarse de lágrimas. Había escapado de situaciones más terribles que esa, con todas las probabilidades en contra. Una simple bomba en los frenos no arruinaría su futuro.

—Puedo deshabilitar el mecanismo pero tú tendrás que ponernos a salvo dirigiendo la nave a un sitio seguro.

Ben asintió e hizo unos cálculos. Luego presionó unos botones en el panel de control y unas coordenadas aparecieron.

—El radar indica que estamos cerca de un planeta llamado Sorgan. A esta velocidad podemos entrar en la atmósfera a tiempo. Con suerte lograremos reducir el impacto de la caída mediante la Fuerza.

Sin perder ni un precioso segundo, Rey respiró hondo e hizo lo que Luke le había enseñado en sus escasas lecciones. Recordó que podía conectarse con cada tuerca y tornillo de la nave hasta que detectó aquello que estaba fuera de lugar: una luz roja parpadeante que estaba cerca de su pie derecho.

Se escurrió entre las piernas de Ben como cuando era carroñera y buscaba las mejores partes en los sitios donde nadie más podía entrar. Él pensó que la escena sería más interesante si no estuvieran a punto de morir, aunque no pudo evitar reaccionar cuando una porción de su perfecto trasero quedó expuesta ante él.

"¡No es el momento para pensar en eso!"

"¡Lo siento!"

La silueta de Sorgan ocupaba cada vez más espacio frente a ellos, la salvación o el final de la aventura estaba cerca. Rey arrancó con destreza los cables y el conteo mortal se detuvo justo a unos pocos metros de la superficie de un lago. La fuerza del impacto inminente formaba crestas de espuma a su alrededor. Ben utilizó todo su poder para suavizar el efecto del aterrizaje.

Un mínimo error de cálculo sería la diferencia entre la vida y terminar en el fondo del agua, pero la suerte estuvo casi del todo del lado de los tripulantes cuando la acción acabó.

El TIE había quedado estropeado y ellos tendrían que buscar otro vehículo para regresar a casa.