Capítulo 7
La Hidra de Lerna
Los santos dorados observaban asustados como su compañero de Piscis desaparecía en las oscuras aguas del lago. Nunca esperaron que Hades comenzara a actuar tan rápidamente, por lo que quizá habían actuado de manera descuidada a su llegada al lugar de la segunda misión.
-¡Voy por él!-exclamó sin pensar Máscara preparándose para entrar al lago.
-¡Detente Máscara!-le gritó Kanon mientras le agarraba del brazo tratando de detenerlo-Si entras ahí entonces permanecerás atrapado en el Infierno.
-¡¿Quieres morir de nuevo?!-dijo Milo sosteniéndole del otro brazo.
-Eso no me importa-les contestó el de Cáncer haciendo explotar su cosmos para librarse de sus dos compañeros-¡¿Tú no harías lo mismo por tu hermano?! ¡¿Y tú bicho?! ¡¿No entregarías la vida por tu mejor amigo?!
Kanon y Milo no pudieron responder al cuestionamiento del santo de la tercera casa, ciertamente ambos sería capaces de hacer exactamente lo mismo que Máscara por aquellos a quienes querían, así que agachando las cabezas parecieron consentir el sacrificio del de Cáncer.
Justo antes de que Máscara se lanzara a las aguas del lago Lerna, los cuerpos de cuatro soldados de Hades fueron escupidos hacia la superficie, todos ellos con una rosa clavada en el corazón. Unos segundos después un resplandor dorado comenzó a divisarse bajo el agua expandiéndose lentamente hasta que Afrodita surgió del lago como si nada hubiera pasado.
-¡Qué asco!-se quejó Piscis mientras se sacudía el agua sucia.
-A-afrodita-tartamudeó Mu al ver emerger al santo.
-¿Qué?-preguntó tranquilamente el de la última casa-No me digan que se asustaron por mí, recuerden que ya estuve una vez en el Infierno y créanme que no pienso volver a poner un solo pie en ese lugar.
-¡Idiota! ¡¿Cómo te atreves a desaparecer así nada más?!-le recriminó Máscara de Muerte.
-No te molestes amigo-rió de buena gana al darse cuenta de la preocupación del cangrejo dorado-No vas a librarte tan fácil de mi-continuó bromeando y pasando su brazo sobre el hombro de su compañero.
-Imbécil-bufó el santo de la tercera casa alejándose muy "indignado" de su amigo, aunque secretamente agradecía que estuviera a salvo.
-Me imagino que estos son la versión mítica de los espectros ¿no?-preguntó Aioros acercándose a examinar los cuerpos tirados a orillas del lago y ocasionado que sus compañeros prestaran atención a los muertos.
-No lo creo, son demasiado débiles-respondió con seriedad Afrodita-Deben ser simples soldados, para no perder la costumbre Hades vuelve a subestimarnos.
Los demás santos solamente escucharon el comentario del santo de Piscis. Quizá lo que decía era cierto, pero les resultaba muy extraño que Hades decidiera mandar a soldados tras ellos después de haberlos visto derrotar a las Keres unos cuantos días antes. Alguien más estaba detrás de este ataque, y quien quiera que fuera no tenía la menor idea de su poder como santos de Athena.
-¿Y donde está ese maldito monstruo que tenemos que matar ahora?-comentó Kanon tronándose los dedos como preparación para la batalla.
-Se supone que está en algún lugar en este lago-respondió Dohko examinando con la vista el sombrío panorama.
El silencio inundó de nueva cuenta el lugar, dejando al viento entonar su triste canción al escurrirse entre las hojas de los bosques que rodeaban al legendario lago. Alrededor de los santos, todo estaba en completa paz, nada parecía fuera de lo ordinario haciendo todavía más sospechosa la escena.
-Si no quiere enfrentarnos, hagámosla salir de una buena vez, ya me fastidié de esperarle-habló como siempre el impulsivo y poco paciente león dorado al mismo tiempo que caminaba en dirección al lago.
-Aioria ¿Qué piensas…-sin permitir a Shaka terminar su pregunta el santo de Leo comenzó el ataque.
Con un golpe de energía hizo que las aguas del Lerna se separaran momentáneamente generando una enorme ola que bañó los costados del lago. Por un breve instante el lugar se iluminó con el dorado resplandor de la energía emitida por el de Leo, para luego volver a la sobriedad que poseía originalmente.
-¡¿Eres tonto o te haces?!-le reclamó Shura dándole un zape al león.
-¡Auch! ¡¿Qué diablos te sucede carnicero de segunda?!-contestó de mala gana el implicado.
-¡¿Quieres que esa cosa se enfade y nos almuerce?!-replicó el Capricornio.
-¡No pensaba sentarme a esperar a que la hidra saliera cuando le diera la regalada gana!
-¡Eres un inconsciente!-terminó la discusión Shura.
Sin embargo a pesar del ataque no había señal de la fiel guardiana de la entrada al Inframundo, las aguas recuperaban lentamente su cauce y nada sucedía en el lago. Atentos los santos miraban y esperaban, más no había respuesta alguna por parte del animal.
-A lo mejor murió del susto-habló Milo rascándose la cabeza.
-Si claro-respondió con ironía Camus-Como padecía del corazón la pobre no pudo soportar la sorpresa de Aioria.
El Escorpión lo miró recriminándole la mofa que hizo de su comentario.
-No se confíen, esta es la paz antes de la tormenta-les dijo Saga con frialdad causando que las miradas se centraran en él.
"¿Siempre es tan optimista?" preguntó telepáticamente y con sarcasmo Afrodita a su amigo de Cáncer.
"Vivir con él debe ser un festival de alegría" respondió de igual manera Máscara.
Saga les miró de reojo como si hubiera podido leer sus mentes, a lo cual los santos respingaron la nariz haciéndose a los desentendidos, sería mejor no meterse en problemas con el ex patriarca del Santuario.
Y el geminiano no estaba alejado de la verdad, poco a poco las aguas del lago comenzaron a saltar, al principio el movimiento era casi imperceptible pero gradualmente el temblor fue aumentando su intensidad hasta que los chorros de agua comenzaron a medir más de metro y medio. Alertados por la presencia de cosmos malignos incrementándose en el interior del lago, los santos dorados inmediatamente tomaron posiciones de batalla, pero lo que sus ojos veían les era aun más sorprendente.
De entre las columnas de agua que brincaban sobre la superficie del lago surgieron las figuras de cientos de cadáveres equipados con armaduras y espadas, quienes caminaban sobre el agua acercándose amenazadoramente a los jóvenes.
-Creí que veníamos a enfrentar a una hidra, no a un ejército de muertos vivientes-se quejó Aioros.
-Son zombis, Aioros, zombis-recalcó Milo con una sarcástica sonrisa.
-Si, cómo sea Milo-contestó el arquero con la misma sonrisa-Creo que me entiendes ¿cierto?
-¡Por supuesto!-dijo el escorpión abalanzándose a la pelea contra los sirvientes de Hades.
Trece cometas dorados volaron en dirección al grupo de muertos que en su mayoría se encontraban aún dentro de la aguas del lago. En el campo de batalla los santos estaban completamente rodeados, pero el poder de sus enemigos no era comparable con el suyo, por lo que podía observarse como volaban los cuerpos derrotados del ejército enviado por el Inframundo.
-¡Esto es genial!-exclamaba emocionado Máscara de Muerte mientras hacia chocar las cabezas de dos soldados y con un patada mandaba lejos a uno más.
-¡Deja de alardear y cuídate las espaldas!-le reprochó Aldebarán a tiempo que agarraba por el cuello a un muerto que estaba punto de golpear por detrás al santo de Cáncer.
Cerca de ellos Mu y Shaka había hecho pareja tratando de deshacerse con el menor esfuerzo del mayor número de soldados que le fuera posible. De espaldas el uno con el otro giraban en círculo destrozando a cuanto muerto se cruzara en el camino de los rayos de energía que ambos disparaban con sus manos.
-¡Oye Camus!-le gritó Milo a su compañero de Acuario observando el ataque de los santos de Aries y Virgo-¡Eso que hacen Mu y Shaka se ve divertido! ¡¿Quieres intentarlo?!
La mirada del santo de Acuario respondió la pregunta del escorpión, quedó muy claro que a Camus no le interesaba la idea de convertirse en un carrusel de luces artificiales. Milo torció la boca ante la negativa de su amigo y buscó con la mirada a algún conejillo de indias para su experimento.
Vio a Kanon muy ocupado repartiendo golpes a diestra y siniestra contra los soldados, a su lado Saga utilizaba pequeñas cantidades de cosmos en sus manos para despedazar a los muertos vivientes que se atrevieran a acercarse a él. Afrodita también parecía entretenido lanzando sus rosas a los enemigos al mismo tiempo que propinaba uno que otro derechazo a quienes se aproximaban demasiado.
Aioria y Aioros también habían hecho equipo protegiéndose entre ambos las espaldas y lanzando diminutos rayos a los soldados del Inframundo que intentaban desesperadamente lastimarles de alguna manera. No muy lejos de los hermanos de fuego, Shura de Capricornio usaba su filoso brazo para arrancar partes de los cadáveres que estaban a su alrededor.
Más alejado del grupo, Dohko se las arreglaba para atravesar los cuerpos de los soldados con ayuda de certeros golpes impulsados por su cosmo energía. Definitivamente todos estaban muy atareados haciendo las cosas a su manera como para prestarse a ayudar al guardián de la octava casa en su "jueguito".
-¡¿Camus?!-gritó de nuevo.
-¡¿Qué demonios quieres ahora bicho?! ¡¿No ves que estoy ocupado?!-le mal contestó el de Acuario mientras congelaba a los soldados para luego despedazarlos son sus puños.
-¡¿Estás seguro que no quieres intentarlo?!-insistió Milo sin dejar de golpear a unos cuantos sirvientes de Hades que intentaban atraparle.
-¡Milo, ya te dije que no me intere..!-Camus se quedó sin palabras ante lo que sucedía a espaldas de su compañero de Escorpión.
De las oscuras aguas del lago Lerna surgía la enorme e imponente figura de la Hidra. Como un dragón de cinco cabezas, el animal extendía sus enorme cuerpo sobre las tropas del señor de los muertos acabando con a su paso con ellos, más sin embargo su único objetivo era alcanzar a los santos de Athena.
-¡Basta de juegos!-exclamó Saga de Géminis haciendo estallar sus cosmos para destruir por completo a los soldados de Hades que intentaban continuar con la pelea.
Imitando la reacción del de la tercera casa, los otros santos elevaron sus cosmos terminando con las huestes del emperador de los muertos, por el momento lo más importante era matar a la Hidra de Lerna.
Enfilados a la orilla del lago los trece santos veían aproximarse al temible animal, cada vez más y más cerca esperando el momento preciso para atacarle. Cómo si fueran flechas el animal arremetió con sus cabezas hacia los guerreros dorados quienes brincaron evadiendo la primera embestida de su oponente.
"Estamos pasando algo por alto" pensaba con ansiedad Shaka de Virgo.
¡EXCALIBUR!
El filo de la legendaria espada cortó de un tirón dos de las cabezas de la Hidra haciendo brotar abundante sangre de su cuerpo. Un alarido de dolor escapó de las otras tres bocas que aun permanecían intactas. Shura regresó hacia donde le esperaban sus compañeros, sabía muy bien que ese ataque había sido completamente inútil.
Y así era. Del muñón de cada una de las cabezas amputadas surgió una leve aura púrpura e inmediatamente después dos nuevas cabeza hicieron su aparición, ahora en vez de cinco tendrían que esquivar siete bocas hambrientas.
-Tal como lo describen los mitos-comentó con ironía Shura.
-De las cabezas cortadas surgirán dos nuevas-complementó Mu mientras empuñaba la espada que Athena les había entregado a sus llegada a la época del mito.
-Entonces necesitaremos fuego si queremos matarla-habló Kanon.
-Pide y te será concedido-respondió Aioros con una sonrisa cómplice.
Un relámpago se dibujó en el cielo para luego caer sobre un árbol seco que se encontraba a unos cuantos metros de ellos prendiéndole fuego al contacto. Los santos le miraban sorprendidos ante la habilidad del santo de Sagitario.
-¡¿No podías haber hecho eso cada vez que tuvimos que dormir en la oscuridad del bosque?!-reclamó enfurecido Máscara.
-Jeje, es que todavía no he perfeccionado la puntería y me daba miedo que alguno de ustedes terminara como antorcha-contestó apenado el arquero rascándose la cabeza.
Nadie objetó, mejor pasar en completa oscuridad la noche que morir achicharrado por un rayo fulminante. Todavía prestaban atención al arquero cuando el segundo embate de la Hidra les tomó por sorpresa, esta vez apenas y les dio tiempo de saltar o de rodar por el piso tratando de esquivar las enfurecidas cabezas de la criatura.
-Entonces-habló a sus compañeros Kanon-¿Quiénes cortarán cabezas y quienes quemarán las heridas?
-Shura, Aioros y yo seremos los verdugos-ordenó con determinación el santo de Libra-El resto se dedicará a cauterizar las heridas o a mantener entretenidas las cabezas.
-¡Ey! ¡Eso no es justo! ¡Yo quería cortarle una cabeza!-se quejó Milo de la distribución de actividades.
-¿Alguna vez has usado una espada, Milo?-le preguntó Shura.
-No-respondió apenado el santo de Escorpión.
-¡Entonces cállate!
Shura volvió a tomar la iniciativa en el ataque. El de Capricornio brincó hacia el animal para cortar de nueva cuenta una de las cabezas que se habían regenerado, sin embargo esta vez las cosas no resultaron como él quería. Justo en el momento en que conseguía cortar el cuello de la Hidra, una de las cabezas rugió frente a él, atrapando al santo en el maligno aliento de la bestia legendaria.
Sintiendo como su visión comenzaba a nublarse lentamente mientras iba perdiendo el conocimiento, el santo de la décima casa cayó al piso sin poder hacer nada para evitarlo. Olvidándose de la Hidra, sus compañeros parecieron enfocarse en Shura, acercándose a él no solo para ayudarlo, sino también para protegerlo del iracundo animal que se aproximaba para terminar de una vez por todas con su vida.
¡GALAXIAN EXPLOSION!
Saga había alcanzado a lanzar su ataque justo a tiempo. Despedida por la fuerza de la técnica máxima de Géminis, la Hidra recorrió varios metros permaneciendo en el piso aturdida a causa del impacto directo de la Explosión de Galaxias sobre ella.
-¿Está bien?-preguntó angustiado el gemelo mayor a Aioros quien se encontraba intento reanimar al santo de Capricornio.
-No lo creo-contestó confundido el arquero-Esto esta muy raro, nunca vi que la bestia le atacara.
-Es su aliento-alcanzaron a escuchar los santos, no era otro más que Shaka quien hablaba-Ahora recuerdo. De acuerdo con la mitología el aliento de la Hidra de Lerna es tan venenoso como su sangre.
Instintivamente los jóvenes centraron sus miradas en Dohko, esperaban que dentro de su sabiduría de siglos supiera la manera de ayudar a su amigo de Capricornio. Desafortunadamente, el santo de Libra no tenía la menor idea como salvar a Shura, solamente se acercó al santo caído y colocando sus dedos sobre el cuello trató de localizar el latido de su corazón. Aún estaba vivo.
-Hay que sacarlo de aquí-rompió el silencio el señor de la tercera casa, Saga de Géminis -Si permanece en este lugar será una víctima fácil de la Hidra y representará un estorbo para nosotros.
-¡¿Estorbo?! ¡¿Tengo que recordarte que él es un compañero de Orden?!-reclamó alterado Aldebarán dispuesto a enfrentarse al gemelo ante la insinuación que acaba de dar.
-Calma Aldebarán-intervino Mu-Saga tiene razón, por favor aléjalo de este lugar.
Sin poder contener la rabia que reflejaban sus ojos, el toro dorado cargó a Shura y se dirigió hacia las montañas para regresar por el mismo camino que usaron para llegar al valle. Atrás de él los guerreros de la diosa de la sabiduría observaban con un nudo en la garganta a las dos figuras mientras se perdían en la niebla.
-Te juro Saga, que si algún día esta en mis manos salvarte lo voy a pensar dos veces-le encaró un enojado Aioria.
-¡Basta!-ordenó Aioros permitiendo a Milo agarrar al león dorado antes de que comenzara una pelea-Terminemos de una vez por todas con esto.
El mayor de los geminianos agachó la mirada con sentido dolor. Su pasado le perseguía, tal vez él nunca llegaría ser parte integral del grupo, quizá el daño que ocasionó jamás sería perdonado por sus compañeros; de ser así tendría que resignarse a vivir con ello.
Su enemigo aún seguía dando tumbos, si bien el golpe de Saga no la había matado al menos les permitió ganar algo de tiempo para solucionar la situación con Shura, eso sí, ahora el animal tenía dos cabezas mas cortesía del santo de Capricornio. Les tocaba a ellos enfrentar cara a cara al animal sin el mejor espadachín de las doce casas, ciertamente tenía razones para preocuparse.
Esta vez Aioros fue el primero en atacar. Usando la agilidad que poseía como santo de Athena logró subir hasta el lomo de la Hidra y una vez ahí empuñó la espada con ambas manos cortando de un solo golpe una de las cabezas del animal. Instantes después Kanon y Afrodita se encontraban usando sus improvisadas antorchas para intentar cauterizar la herida impidiendo el crecimiento de una nueva cabeza mientras sus compañeros mantenían ocupadas a las demás cabezas.
Mientras los santos de Géminis y Piscis quemaban la herida de la Hidra, los otros caballeros aguantaban la respiración, era el momento de la verdad. Si la cabeza no volvía a crecer entonces solo tendrían que hacer lo mismo con las demás para terminar con la segunda asignación, pero si a pesar de cauterizar la herida volvían a surgir las cabezas tendrían que buscar un nuevo método para librarse de la Hidra.
Ante el ardor de fuego sobre su piel el animal se sacudía de un lado a otro para deshacerse de los intrusos que le molestaban. Como podían Kanon y Afrodita se aferraban a la Hidra y continuaban intentando sellar la herida. Por fin lo consiguieron.
Viendo que el problema de las cabezas estaba solucionado, Aioros volvió a atacar a la bestia logrando de nueva cuenta cortar otra de las cabezas, atrás de él Aioria y Mu serían los encargados de quemar el muñón. Animado por el éxito del arquero, Dohko procedió a seguir su ejemplo con ayuda de Milo y Camus, después de ese ataque solo quedaban de nueva cuenta las cinco cabezas del inicio.
Esperando la siguiente oportunidad para atacar, los santos se mantenían ocupados esquivando los coletazos y los mordiscos del ser mitológico, quien a toda costa buscaba herir a sus enemigos. De repente, un enorme rayo les sacó de concentración, ante dicho evento todas las miradas buscaron al arquero.
-Esta vez no fui yo-respondió con preocupación mientras dirigía la vista al cielo.
Sobre sus cabezas unas enormes nubes negras auguraban el inicio de un terrible tormenta, tenían que matar a la Hidra antes de que la lluvia comenzara a caer, de lo contrario sería imposible quemar las cabezas cortadas. Con la premura del tiempo Aioros no le pensó más y corrió con desesperación a cortar la siguiente cabeza.
El filo de la espada del santo de Sagitario brilló a la luz de un rayo cortando de un solo golpe la quinta cabeza, el estruendo del rayo más el chillido del animal que se sabía herido hicieron cimbrar el lugar, erizándole la piel hasta el más valiente. Apenas la cabeza del animal caía al piso una pesada cortina de lluvia comenzó a bañar el valle de Lerna, apagando sin misericordia el tan preciado fuego que los santos usaban en su misión, sin permitirles sellar la más reciente de sus heridas.
Sabiéndose bendecida por la lluvia, la bestia pareció recobrar el vigor usando su enorme cola para golpear a Máscara de Muerte y a Shaka que aún se encontraban sorprendidos de su mala suerte, haciéndolos caer a varios metros de distancia del lugar de la pelea; del otro lado Mu, Aioros y Dohko se las arreglaban para mantener entretenidas a otras tres de las cabezas, lo cual no les resultaba nada fácil a los santos, ya que en unas cuantas ocasiones fueron revolcados en el fango que comenzaba a formarse a causa de la lluvia.
¡SCARLET NEEDLE!
Catorce rayos rojos salieron disparados hacia la Hidra clavándose en su cuerpo, haciéndola soltar un temible gemido de dolor. No era otro más que el escorpión, quien cansado de lidiar con la criatura sin poder hacer más que esquivarla había perdido por completo la paciencia. Desafortunadamente Milo solamente consiguió molestar más a la bestia, que corrió a toda velocidad en busca de su atacante logrando divisar al santo de la octava casa no muy lejos de donde estaba.
-¡Imposible! ¡La aguja escarlata no causó ningún efecto en ella!-exclamó sorprendido Milo observando cada vez más cerca de él a la Hidra.
-¡Pedazo de imbécil quítate de ahí!-le gritó Aoria al tiempo que empujaba a Milo para que no fuera alcanzado por la Hidra.
El león y escorpión consiguieron evadir con éxito las fauces del animal, más no fueron lo suficientemente rápidos para librarse del embate de la cola de la Hidra que les mandó a volar cayendo Aioria sobre unos desprevenidos Saga y Kanon, mientras que Milo se estrelló de frente contra un árbol.
Con cuatro santos indispuestos por el momento Mu, Aioros, Camus, Afrodita, Shaka, Máscara y Dohko entraron al quite para darles tiempo a sus compañeros de recuperarse. Los santos se situaron alrededor de la bestia y lanzaron golpes de energía contra ella a diferentes tiempos intentando confundirla, pero al tener seis cabezas no era fácil mantenerla ocupada.
A pesar del esfuerzo de los santos, tenían las manos atadas. Mientras la tormenta siguiera sobre ellos no habría manera de que pudieran reanudar el ataque sobre el animal sin exponerse a que el número de cabezas aumentaran. Las opciones eran resistir o salir huyendo del lugar, obviamente su orgullo nunca les permitiría aceptar la segunda alternativa.
Aún confundido por el golpe Milo trataba a duras penas de ponerse de pie sin admitir que entre el coletazo de la Hidra y el árbol le habían dado un buen sacudón a su cerebro. Apoyándose en sus brazos intentaba afianzarse al piso sin perder el equilibrio al igual que se esforzaba por dejar de ver doble. De pronto sintió a alguien tomándole del brazo para ayudarle a pararse, por el toque y la suavidad de la mano, definitivamente no era ninguno de sus compañeros.
-Milo, ¿estás bien?-escuchó a una voz conocida preguntarle.
Mirando hacia su derecha logró distinguir un par de hermosos ojos azules que le observaban expectantes. Aquellos ojos, esa voz, el rostro que tenía frente a él, no era otra más que…
-¿Kal?-preguntó sorprendido a lo que ella le respondió con asintiendo con la cabeza-Kal, ¿qué haces aquí? –volvió a cuestionarla intentando zafarse de ella.
-Vine a redimir mis errores, Milo-contestó.
El escorpión jaló su brazo para liberarse de Kal a lo que ella respondió soltándole al sentirse rechazada. Él caminó alejándose de ella lentamente, Kal solamente le observaba. Sin poder evitarlo Milo volteó hacia ella encontrándose con unos llorosos ojos que le suplicaban perdón, demostrando todo el arrepentimiento que sentía la joven.
Fingiendo indiferencia Milo continuó su camino hacia donde estaban sus compañeros pero fue detenido nuevamente por Kal quien se interpuso y extendió los brazos para impedirle el paso.
-Kal, te lo advierto-habló el de la octava casa contando hasta diez para no perder la paciencia-No estoy de humor para estos jueguitos.
-No voy a ningún lado Milo, primero tengo que darte algo.
-Hazte un lado, por favor-insistió Milo respirando profundamente tratando de mantener la cordura-No quiero ni me interesa nada que venga de ti.
-Entonces puedes matarme porque no me voy a quitar hasta darte lo que traje para ustedes-respondió sin titubear la de cabellos púrpuras.
Milo la miraba y luego desviaba la vista hacia sus compañeros que seguían su batalla contra la Hidra, por lo que veía las cosas se estaban saliendo de control. Sacudiendo la cabeza decidió escuchar a la mujer, solamente esperaba no tener que lamentarse nada después.
-¿Qué quieres? Apresúrate porque no tengo mucho tiempo-habló ansioso.
De entres sus vestidos ella sacó un pequeño cofre decorado de un metal dorado, en la tapa se podía distinguir la figura de una llama labrada en color cobrizo. Con mucho cuidado Kal tomó la mano de Milo y depositó el cofrecito en la palma del santo de Athena.
-Adentro de este cofre se encuentra el fuego griego-confesó.
-¿Fuego griego?-Milo no podía creer lo que escuchaba, de ser cierto esa sería su salvación.
-Así es-confirmó Kal-La llama que nunca se apaga, la que es capaz de aumentar su intensidad con el agua. Úsala con cuidado.
Después de esas palabras la joven retrocedió dejando el camino libre a Milo, quien permanecía incrédulo mirando una y otra vez el pequeño cofre que sostenía en sus manos. Apretando el valioso objeto miró a la chica y con una mirada le agradeció el maravilloso presente. Sin más distracciones se apresuró a acercarse a sus compañeros, ahora sí tenían una verdadera oportunidad de ganar esa batalla.
-¡Muchachos!-gritó para llamar su atención-¡Tengo el fuego griego!
Una sonrisa cómplice se dibujó en los rostros de sus compañeros, definitivamente la mejor noticia del día. No tenían la menor idea de donde Milo había conseguido semejante tesoro, realmente en ese momento no les era de importancia, lo único que les importaba era que Niké parecía sonreírles esta vez.
-¡Ok! Entonces, Aioros, Camus, Aioria, Máscara, Afrodita y yo nos encargaremos de cortar las cabezas-asignaba Dohko las obligaciones de cada santo-Saga y Kanon ustedes usarán sus técnicas para arrastrar a la bestia hacia el lago tan pronto las cabezas sean cortadas, Mu y Shaka su deber será impedir que la Hidra escape; y tú, Milo, prenderás fuego al agua del Lerna, ¿entendido?
Todos los santos asintieron. Milo rápidamente se aproximó al lago, donde se preparó para abrir en el momento indicado el cofre liberando de esa manera a la más temible de las armas de la época antigua. Cuando Dohko se percató de que Milo se encontraba en lugar indicado, supo que había llegado la hora de la verdad.
-¡Ahora Milo!-gritó.
Inmediatamente el santo de Escorpión abrió el cofre para encontrarse con una leve llama en su interior que brillaba con fuerza a pesar de su tamaño. En silencio se encomendó a Athena y tiró la ardiente flama a las aguas del lago donde comenzó a expandirse a una velocidad impresionante gracias al vital líquido y alimentada por la densa lluvia que caía sin cesar.
En cuestión de segundos el lago se había convertido en una enorme hoguera que iluminaba el cielo con una gama de hermosos colores rojos y naranjas. Sin poder evitarlo, Milo retrocedió un par de pasos ante tan impresionante espectáculo, nunca antes había visto algo semejante.
-¡Ataquen!-comandó el santo de Libra a los seis elegidos como espadachines.
Las seis cabezas de la Hidra fueron cortadas al primer golpe cayendo pesadamente al suelo mientras el cuerpo continuaba retorciéndose en un desesperado intento por regenerarse. Sin embargo, la situación estaba ahora en total control de los santos.
¡GALAXIAN EXPLOSION!
La voz de los gemelos invocando su técnica suprema retumbó en el valle. El detonar de los cosmos combinados de los dos caballeros dorados impacto el cuerpo de la bestia impulsándolo hacia dentro del lago, donde el fuego griego comenzó a quemar el cuerpo sellando lentamente las heridas. Los esfuerzos del animal por salir de las llamas fueron completamente inútiles, era cuestión de minutos para que la segunda de las tareas fuera completada con éxito.
Desde la orilla del Lerna el grupo de jóvenes mantenía la vigilancia sobre la Hidra en silencio. En el fondo sabían que había logrado su objetivo, pero no estaban dispuestos a correr el riesgo de que algo fallará, mejor prevenir que lamentar.
Por fin los movimientos cesaron y el cuerpo fue hundiéndose poco a poco en las profundidades del lago. La Hidra de Lerna había sido derrotada.
Un suspiro de alivio escapó de las gargantas de varios de los santos, todo había terminado. Ya más tranquilos se fueron alejando uno a uno de las cercanías del lago, solamente esperarían unos cuantos minutos más para comenzar a apagar el fuego, aunque en realidad sería Camus el encargado de dicha acción.
Aioria se sentó bajo un árbol cercano y apoyando la espalda en el tronco perdió la mirada en el brillante fuego que aun ardía sobre las aguas de la entrada al Inframundo. No pasó mucho para que Milo y Kanon se unieran al león dorado en su espera, sin dirigirse la palabra permanecieron ahí un rato.
-¿De dónde sacaste el fuego griego?-preguntó intrigado Máscara de Muerte que llegaba a reunirse con el grupo y se tiraba sobre el fangoso césped.
-Kal me lo dio-contestó a secas el de Escorpión.
-¿Kal?-cuestionó Kanon-¿La misma Kal que nos mandó como platillo principal del León de Nemea?
-Esa misma.
-¿Y tú lo aceptaste nada más así?-dijo con ironía Máscara-¡¿Qué tal si era otra trampa?!
Milo giró los ojos desaprobando el reproche de su compañero de Cáncer, no estaba de humor para ese tipo de comentarios.
-Pues no lo fue, ahora gracias a ella podemos decir que estamos vivos y que la Hidra está muerta-salió el león en defensa de Milo.
-¿Y si no hubiera sido así?-insistió Máscara.
-El hubiera no existe-intervino Shaka.
El santo de la cuarta casa se cruzó de brazos, por más que lo intentaba algo no le convencía acerca de la joven, simplemente algo no cuadraba en todo eso. Aún cerca del lago Aioros, Saga y Camus continuaban mirando el resultado de la batalla. Ya era el momento de apagar el fuego y con ello poner punto final al segundo de sus retos.
¡DIAMOND DUST!
El hielo fue cubriendo lentamente la superficie del lago Lerna extinguiendo a su paso las llamas del fuego griego y devolviendo el cielo teñido de rojo a un oscuro y lúgubre color gris. El fuego había dañado parte de los alrededores quemando algunas plantas y convirtiendo en cenizas la vegetación de las orillas.
Cuando se hubo apagado todo, los tres santos se unieron a sus compañeros bajo el árbol. Sabían que tenían que continuar su camino pero el temor de recibir malas noticias con respecto a Shura les impedía ponerse de pie, el cansancio les daba la perfecta excusa para no moverse en aquel terrible momento.
-¡Muchachos!-gritó Kal aproximándose a los once elegidos de Athena.
La hespéride había permanecido oculta durante el último enfrentamiento de los santos y pudo observar todo la batalla desde el bosque sin ser vista y sin representar ninguna molestia. Al verla aparecer una forzada sonrisa se dibujo en la boca de Milo, sus compañeros permanecieron serios con excepción de Máscara que no ocultaba su disgusto ante la presencia de la mujer en ese lugar.
-¿Están todos bien?-preguntó la chica con preocupación.
Ninguno respondió pero ella intuía que las cosas se habían complicado al ver las miradas distantes y la ausencia de dos de los jóvenes.
-Gracias por tu ayuda-le dijo Mu-Sin ti probablemente aún nos encontraríamos combatiendo a la Hidra.
Ella sonrió y aceptó el agradecimiento con un gracioso gesto. Su plan parecía marchar a la perfección más no podía dejar de preguntar qué sucedió con los santos que no estaban presentes, simplemente tenía que saber para comunicárselo a Hera.
-Disculpen la pregunta pero, ¿dónde están sus dos amigos?
-No lo sabemos-respondió Saga-Lo más seguro es que estén en camino hacia a Atenas.
-¿Sucedió algo malo?
Afrodita se encogió de hombros para indicar que ignoraban el status de la situación, hasta donde sabían Shura había abandonado el lugar con vida, pero fuera de eso no tenían más información.
-Vámonos, tenemos que regresar con Athena-dijo Aioros poniéndose en marcha.
Sin más remedio los demás le siguieron, tarde o temprano tendrían que hacerlo, así que era mejor que comenzaran de una buena vez. Milo fue el último en levantarse y viendo a la chica que les salvó la vida le indicó con la cabeza que les acompañara, ella le obedeció. Subieron el empinado camino hacia el otro lado de las montañas deteniéndose de vez en cuando para observar el desolador panorama del valle, pero conforme se iban alejando aquel espejismo que vieron a su llegada volvía a formarse ante sus ojos.
Cuando alcanzaron el punto más alto de la montaña intentaron localizar a Aldebarán y a Shura pero ambos santos ya estaban fuera del rango de vista, eso les indicaba que el toro dorado ya estaba encaminado hacia la ciudad consagrada a la diosa de la sabiduría. Empezaron el descenso en busca del camino que les llevaría de vuelta a Atenas atravesando un pequeño bosque que enmarcaba la falda de la montaña hasta que por fin se encontraron con el estrecho sendero que tenían que seguir.
-Aquí les dejo-habló de lo más natural Kal.
-¿Cómo que te quedas aquí?-preguntó intrigado Milo observando que su alrededor no había nada más que bosque.
-Milo tiene razón, deberías acompañarnos hasta Atenas-dijo Shaka.
-No, me temo que eso no es posible-dijo la chica internándose en los densos bosques del lugar-Hasta pronto muchachos-se despidió ondeando la mano para desaparecer entre el follaje de los árboles.
-Mejor que se fue, hay algo en ella que no me inspira confianza-dijo con indiferencia Máscara de Muerte.
-Claro, después de todo, eso de ayudarnos a matar a la Hidra es un acto de pura maldad-contestó con ironía Afrodita haciendo sonreía a varios de sus compañeros.
-Si no me quieren creer es su problema, luego no digan que no les advertí-finalizó la plática el de Cáncer siguiendo al grupo en su camino de regreso.
En el Santuario de Athena, los santos divinos se habían reunido en la sala patriarcal intentando descifrar un suceso extraño. Sin causa aparente la armadura de Capricornio comenzó a brillar intermitentemente, parecía estar intranquila intentando llamar a su dueño. Poco sabían los cinco jóvenes de la delicada condición de Shura en la edad del Mito, así que solamente les quedaba especular acerca del porqué del comportamiento del ropaje dorado de Capricornio, por lo que decidieron mandar por el Patriarca Shion.
-¿Dicen que comenzó a brillar así nada más?-preguntó intrigado el antiguo santo de Aries al tiempo que se cruzaba de brazos y asumía una actitud de concentración.
-Asi es, Patriarca-intentaba explicar Shun-Nosotros estábamos reunidos aquí esperando por Saori y de pronto la armadura comenzó a tintinear, aparentemente sin ningún motivo.
-Ya veo-contestó murmurando Shion.
-Tal vez extraña a su portador y está intentando comunicarse con él-sugirió Hyoga.
-Es posible pero si así fuera ¿por qué ninguna de las demás armaduras ha actuado de manera semejante?-seguía cuestionándose el santo padre.
Los seis santos continuaron observando pensativos.
-Señor, ¿tenemos alguna noticia de los santos de oro?-habló el caballero de Dragón.
-No que yo sepa, la señora Athena no me ha informado de nada.
-¿Podría ser que la armadura presiente que algo malo le sucedió a Shura?-dijo Ikki ocasionando que sus compañeros voltearan a verle. El mismo Shion había tenido ese pensamiento, solo que no se atrevía a plantearlo en voz alta.
-Es posible Ikki, pero no tenemos manera de saberlo.
La puerta del salón se abrió dando paso a Athena, quien se aproximó a su máximo sacerdote con una enorme sonrisa en los labios.
-Shion, enciende la luz de Cáncer en Meridia, Zeus acaba de informarme que los santos dorados han eliminado a la Hidra de Lerna y con ello finalizaron su segunda misión-dijo la diosa con felicidad.
El santo respiró aliviado aunque todavía le quedaba la duda acerca del comportamiento del ropaje de Capricornio, tras pensarlo un poco se animó a preguntarle a su señora.
-Athena, ¿sabe usted algo acerca de la condición de nuestros jóvenes santos?
-No-respondió con duda Athena extrañada por la pregunta-¿Qué sucede Shion?
-Véalo usted misma señora…
Haciéndose a un lado Shion permitió que la diosa de cabellos violeta posara sus ojos en la armadura del décimo signo que continuaba brillando con un dorado fulgor. Lentamente Athena se acercó a la armadura y con delicadeza tocó la dorada superficie cerrando sus ojos, como si intentara compartir los sentimientos del traje de Shura. El báculo de Niké comenzó a tintinear al mismo ritmo que la armadura, de algún modo la diosa de la sabiduría había accedido al corazón de la armadura. De pronto abrió sus grises ojos llenos de espanto y preocupación, Shion pudo adivinar que algo no estaba bien.
-¡Padre!-alzó la voz la joven inundando la vacía habitación con el eco de su voz.
No hubo respuesta por parte del rey de Olimpo.
-¡Padre, te llamo a mi presencia!-insistió la diosa.
Los cinco santos y el Patriarca se mantuvieron callados ante los gritos de su señora. Unos instantes después una tenue luz comenzó a llenar la sala haciéndose cada vez más brillante, de entre el resplandor apareció por fin la imponente figura de Zeus.
-¿Qué significan esos gritos Athena?-preguntó fastidiado el poderoso dios.
-Quiero la verdad-se limitó a responder la diosa sin quitarle la mirada de encima a su divino padre.
-No sé de qué me hablas.
-Te hablo de esto-Athena apuntaba con su báculo a la armadura de Capricornio.
Zeus miró con preocupación a la armadura, le habían descubierto en la mentira por lo que su única opción era confesarle la situación a la diosa de la sabiduría.
-El santo de Capricornio, Shura, ha resultado herido en esta batalla.
Athena apretó el báculo de Niké lo más que pudo haciendo su mejor esfuerzo por aguantarse las lágrimas de rabia e impotencia, pero sus ojos no podían mentir. Aquel par de grises perlas reprochaban a dios del trueno el haberle permitido a Hera salirse con la suya enviándolos a la edad del mito sin una excusa válida. Por su parte Shion sintió que el corazón se le estrujaba ante la pena se saber que uno de sus discípulos corría peligro, habían luchado tanto por vivir que no era justo que murieran de esa manera.
-Athena, él todavía está con vida-intentó tranquilizar las cosas Zeus.
-Ese no es el punto-respondió con voz ronca-¿Por qué no me dijiste? ¡Prometiste mantener al tanto de todo!
-¿De verdad lo quieres saber todo?-le dijo con pesar-Entonces debes saber que Hades se ha levantado en contra de tus santos.
-¡¿Qué?!- exclamaron al unísono los cinco santos divinos
-¡¿Cómo pudiste permitirlo?!-dijo Athena indignada.
-Athena…
-Vete de aquí, no quiero verte-dijo ella dándole la espalda.
Entendiendo los sentimientos de su joven hija Zeus se despidió con una reverencia y abandonó el recinto de la diosa de la sabiduría, pensaba que todavía tendría que lidiar con la Athena de la era del mito. Al sentir como desaparecía el cosmos del rey del Olimpo la joven tomó su lugar en el trono e inclinando la cabeza se encerró en sus pensamientos por un momento. A su alrededor Shion y los santos divinos parecían muy enfrascados en sus propias ideas.
-Shion…-habló por fin Saori-Ni una palabra de esto a nadie.
-Pero…
-No, Shion. Lo último que quiero es que la desesperanza se adueñe de quienes esperan el regreso de mis santos. Hasta no saber más nos limitaremos a encender la llama de Cáncer.
-Como ordenes señora-dijo Shion reverenciando a su diosa.
Afuera, en el reloj de fuego, la luz de la casa de Cáncer brilló anunciando el segundo éxito de los santos dorados.
El toro dorado corría a todo lo que sus piernas le daban. Ignoraba cuanto tiempo había pasado desde que abandonó el lago Lerna, su atención pertenecía únicamente a su compañero de Capricornio. No había mejoría por parte de Shura, su respiración aún era trabajosa y permanecía inconsciente, aunque afortunadamente tampoco empeoraba su estado.
"Aguanta amigo, te llevaré con Athena y ella te salvara" pensaba Aldebarán.
Sin importar cuánto tuviera que correr, el santo de la segunda casa no iba a detenerse hasta llegar a Atenas, Shura había arriesgado su vida para destruir a la Hidra y salvarlos a ellos así que él con gusto daría su vida por preservar la de su amigo.
-¡Herse!-exclamó la diosa invocando a su sacerdotisa.
Athena entraba de prisa a su salón principal caminando rápidamente sin perder el porte al mismo tiempo que un grupo de jovencitas que le seguía le colocaban su armadura preparándola para una eminente salida.
-Mi señora-contestó la princesa mientras se hincaba en presencia de Athena.
-Me voy en busca de mi santo de Capricornio, ha resultado herido en batalla y necesita de mi ayuda.
El corazón de Herse brincó ante semejante noticia, uno de los santos dorados había resultado herido y, aunque esta vez no era Dohko, el incidente era un recordatorio de la vulnerabilidad de los guerreros de Athena.
-Le suplico mi señora me diga que ha sucedido-imploró la joven de cabellos rubios.
-Shura fue envenenado por el mortal aliento de la Hidra de Lerna, según me informan mis mensajeros Aldebarán lo está trayendo hasta aquí, pero no me puedo dar el lujo de esperar a que llegue, lo mejor para él será que vaya a su búsqueda.
-Estás muy equivocada pequeña-dijo con una sonora carcajada una voz que Athena conocía a la perfección.
-Hera-contestó la joven diosa.
-Señora-le saludó con respeto la sacerdotisa.
-Veo que has mejorado los modales de tus seguidores. Eso ya es un avance-comentó con sarcasmo la esposa de Zeus.
-¿Qué haces aquí? Sabes que no eres bienvenida.
-Vine a informarte que no puedes ir al encuentro de tus santos, debido a que él fue herido en una de las misiones, tú tienes las manos atadas.
-Eso no fue lo que acordamos.
-Si mal no recuerdo quedamos en que ninguna de las dos podría intervenir en las tareas, además deberías agradecerme que permití que les auxiliaras contra Eacos, si yo fuera otra hubiera permtido que Hades terminara de una vez por todas con ellos.
Athena se quedó muda, odiaba que la maliciosa Hera tuviera razón. En esta ocasión no podía hacer nada más que esperar y rezar porque Shura lograra sobrevivir hasta su arribo a Atenas. Furiosa se dio la media vuelta y abandonó el salón para recluirse en sus aposentos, no estaba de humor para soportar las risitas irónicas de Hera.
En la soledad de su habitación la diosa pudo soltar las lágrimas de indignación que no se permitió derramar frente a la conflictiva reina del Olimpo. Se sentía frustrada, enojada, impotente y fastidiada de los juegos tontos que los caprichosos dioses montaban con el fin de divertirse, pero que terminaban arruinando las vidas de los seres humanos. Teniendo a Hera y a Hades en su contra, las cosas se habían complicado considerablemente, necesitaba buscar la manera de hacerse de aliados pero siendo ella una de las diosas más envidiadas de entre los olímpicos ¿quién de sus iguales se atrevería a ayudarla a preservar las vidas de sus mortales santos?
Rústicamente se secó las lágrimas con su brazo, no se permitiría llorar, sus jóvenes seguidores no necesitaban sus lágrimas necesitan ver a su diosa en completa plenitud, tenía que infundirles confianza y seguridad.
-Resistan mis santos, resistan.
Se levantó de la cama haciendo a un lado las finas sábanas que cubrían su desnudo cuerpo y caminó seductoramente hasta una silla situada en un rincón de la habitación. Con cuidado tomó en sus manos una hermosa bata blanca con la que cubrió su desnudez dándose la vuelta para ver a su amante aun en la cama observándola lascivamente.
Se sentó en la silla y procedió a devolverle la mirada al hombre dibujando una sonrisa pícara en sus rojos labios. Él permanecía completamente inmóvil admirando la belleza de la mujer que tenía frente a sus ojos, su cuerpo bañado en sudor evidenciaba el acto de pasión que recién había terminado entre ambos.
-¿Qué te pareció cariño?-habló él.
Ella sonrió burlonamente y dándole la espalda le contestó…
-Estás perdiendo tu toque querido, me preguntó si de verdad mereces ser mi amante o quizás debería conseguirme a alguien nuevo.
-Veo que eres exigente-le respondió el hombre quitándose las sábanas y caminando hacia ella hasta situarse a sus espaldas.
-¿Qué esperabas? No por nada soy la diosa del amor.
Él la tomó por los hombros y con cuidado apartó los largos cabellos castaños para poder besar libremente su cuello. Ante tan deliciosa acción ella cerró sus hermosos ojos verdes y apretó sus labios carmesí dejándose llevar por éxtasis del momento. Justo cuando él sintió que tenía el control de nuevo, ella se volteó y sin quitarle la mirada de encima continuó con la discusión.
-Ustedes los dioses son TAN aburridos, después de unas cuantas veces pierden por completo la pasión y emoción, a veces pienso que los humanos han de ser más divertidos. Tal vez…-dijo en un deliberado intento de enfurecer al otro dios-…esos humanos que tu madre ha traído a nuestra época sean más interesantes que tú o mi esposo.
Él la sujeto con fuerza por los hombros y la obligó a acercar su rostro al de él.
-No me tientes Afrodita, estas hablando con el dios de la guerra-le habló con sarcasmo.
Sosteniéndole la mirada, ella no titubeó ante le violento arranque de Ares.
-Vístete y lárgate-terminó Afrodita antes de entrar al baño de la habitación cerrando la puerta tras de sí.
Ares recogió del piso sus ropajes, se vistió y de mala gana abandonó la habitación, nunca se había sentido tan humillado. Dentro del baño la diosa del amor estaba sentada frente al espejo peinado su hermosa cabellera, siempre había sido conocida por sus amoríos con los dioses del Olimpo y sus peleas con Hera y Athena, siempre distante de los problemas de los demás dioses se limitaba a vivir su eterna vida al extremo, más a pesar de representar al amor nunca había conocido ese sentimiento hacia nadie.
Unos días atrás había escuchado de la presencia de aquellos misteriosos hombres que llegaron a la edad del mito a causa de una apuesta entre Athena y Hera, lo primero que se le vino a la mente era que definitivamente debían de ser especiales para haber causado el revuelo que ocasionaron, por lo que la curiosidad dentro de ella la invitaba a conocerlos.
El que Hera les odiara tanto solamente los hacía más atractivos. Rió con malicia al imaginarse la cara de la reina del Olimpo ante una posible alianza entre ella y la diosa de la sabiduría.
-Quizás no sea tan mala idea-se dijo saliendo del baño-Creo que ha llegado la hora de visitar a cierta diosa sabelotodo.
Continuará…
¡Hola de nuevo!
Esta vez regresé rápido. Estos días he estado fuera de la ciudad trabajando en campo por lo que en las tristes noches de soledad del hotel me he dedicado a terminar este capítulo de la historia y por fin lo tengo listo.
Muchísimas gracias por el reviews, me alegra saber que les han gustado las aventuras de los desafortunados goldies (¿me preguntó si alguna vez podrán vivir el paz? Con tanto fanficker me imegino que no jeje).
Dama de las Estrellas gracias por darme ánimos para seguir escribiendo, coincido con lo que comentas sobre Saga, siempre incomprendido por sus compañeros, sufriendo internamente sus penas, todo eso lo hace tan…intenso, definitivamente un gran personaje en el que pienso ahondar más adelante. Svdena, como bien dices la Athena del pasado fue creada en base a lo que a mi gusto debió ser Saori Kido durante el desarrollo de SS, no es que la chica me haya sido del todo desagradable, pero siendo una diosa creo que todos esperábamos mucho más de ella. Por cierto, no comas ansias, Shion tendrá un rol muy significativo en esta historia, si todo sale como lo he planeado pronto sabremos más de él.
Asuka Masura yo igual estoy esperando que lleguen las amazonas wuahahaha, ya he pensado en un par de sorpresitas para los "inocentes" santitos, por otro lado deberías preocuparte por el gatito dorado porque los líos no van a abandonarlo, mucho menos si se junta con cierto bicho ponzoñoso. Sanae Koneko me da gusto encontrarte también por aquí, gracias por leer esta historia llena de dioses metiches, porque te aseguro que Hades no será el único que meta las narices donde no lo llaman, si no tiene cuidado los goldies podrían desencadenar la primera de las guerras santas jeje.
Pyro y Layla, veo que se han divertido a costillas los santos (¡yo también lo he hecho!), pues todavía faltan muchas cosas por venir, ya veremos como le va a cada quien con sus respectivos problemas. Les comento que Hades puede ser muy malo pero ¿habrá sido él quien orquestó el último ataca en el lago?...¡Nos seguimos leyendo! Jam-kchan, yo también quiero a Hera ¡pero matarla! No, es mentira. Un personaje con tantos matices, definitivamente uno de esos villanos a los que adoramos odiar. Gracias por tus comentarios. Kagome-Black ¡me da gusto saber de ti nuevamente! La sacerdotisa es todo un reto, mira que intentar conquistar a Dohko, que es tan despistado en cuestión de amores, siendo lo más sutil posible no esta nada fácil. Gracias de nuevo por dejar un review.
En fin…si sigo los comentarios van a ser más largos que la historia. Espero que volvamos a leernos pronto, continúen leyendo y por favor sigan dejando sus reviews.
¡Un caluroso saludo!
Sunrise Spirit
