A mis estimados lectores:

El día de hoy comenzaré de manera diferente el capítulo por tratarse de una ocasión especial. Esta será la última actualización que realizaré de "Las doce tareas doradas" antes de la llegada de la Navidad, por esta razón quisiera aprovechar para enviarles una cálida felicitación a todos ustedes.

Sin importar cual sea su fe, me gustaría dedicar unas pocas palabras para recordarles que esta es la época de la esperanza, el amor y la amistad; les invitó a disfrutar al máximo estos mágicos días que tenemos delante en compañía de las personas a las que amamos, permitamos que el perdón llegue a nosotros y dejemos atrás los rencores dándole paso a la felicidad. Más aún, llevemos estos mismos sentimientos con nosotros durante todo el año que viene y no nos olvidemos de agradecer las bendiciones que hemos recibido durante este 2008 que termina.

De corazón les deseo la mejor de las Navidades y que la paz habite dentro de ustedes no solo hoy sino siempre.

¡Felicidades!

Sunrise Spirit


Dicho lo anterior pasemos a lo que nos trajo aquí en primer lugar ^^

Capítulo 10

Lazos de hermandad

Majestuosa, la diosa de la belleza se erguía de pie frente a las arpías. Un solo golpe había sido suficiente para tumbar a los tres temibles seres mitológicos dando un descanso a los lastimados oídos de los santos dorados. Sin embargo, lo que menos le preocupaba a Saga en esos momentos eran sus tímpanos. Ahí estaba; tan radiante, hermosa y esplendorosa como la había soñado o, ¿acaso no fue un sueño? ¿Cómo era posible? Estaba confundido.

Afrodita caminó lentamente en dirección a Aelo. La sangre oscura de la arpía goteaba por su brazo herido tiñendo el piso de piedra del Templo de Athena. Sin poder evitarlo retrocedió al ver aproximarse a la diosa, sabía bien que su belleza solamente era comparable con su mal carácter.

-¿Quién les envió?-la confrontó Afrodita.

Ninguna de las tres arpías respondió. Decir el nombre de quien les había ordenado el ataque a la ciudad de Atenas y a los santos significaría la muerte para las tres, así que, si de todas maneras iban a ser asesinadas sería mejor que Afrodita lo hiciese de un solo golpe.

-¿No piensas responderme?-la paciencia de Afrodita comenzaba a agotarse, siendo una diosa no estaba acostumbrada a pedir las cosas dos veces; mucho menos a unos seres inferiores como las arpías.

Celeno y Ocípete no dudaron mucho en alzar el vuelo para huir del castigo de la diosa de cabellos castaños dejando atrás a Aelo. Sabiéndose abandonada la tercera de las arpías intentó seguir el ejemplo de sus hermanas y emprendió el vuelo. Torpemente aleteó para alzarse a los cielos ante la fría mirada de la diosa que la observaba alejarse. Los labios de la deidad se curvearon dando lugar a una maliciosa sonrisa mientras un destello dorado brilló un breve instante en sus pupilas verdes y, tras un horrible grito, Aelo cayó pesadamente al piso. Estaba muerta.

-Sigan a las otras dos-ordenó Afrodita a un trío de palomas blancas que hasta ese momento habían permanecido ocultas entre las ramas de un árbol cercano a la entrada del Templo. Sin titubear las Gracias volaron tras las dos arpías perdiéndose en la oscuridad de la noche.

Cuando se hubieron perdido de vista, la diosa se volteó en dirección hacia donde estaban los santos. Ahí los tenía, por fin tendría la oportunidad de conocerlos frente a frente y sin Athena alrededor podría conversar con ellos sin problemas ni limitaciones.

-¿Están bien?-preguntó acercándose hacia los santos, muchos de los cuales todavía no se recuperaban de la sorpresa que le había causado la escena que acababan de presenciar.

-Ahhh…sí, gracias a usted-respondió un dubitativo Aioros ayudando a su hermano menor a ponerse de pie.

Cerca de los hermanos estaban Mu y Shaka; el primero se encontraba semi acostado apoyándose en sus brazos, mientras que el de Virgo observaba con los ojos bien abiertos el estado que había quedado de todo el lugar. Por su parte Camus ya se encontraba de pie examinándose una herida abierta que tenía en el antebrazo, a sus pies Milo permanecía sentado con las piernas cruzadas mientras se sostenía la cabeza con ambas manos haciendo toda clase de muecas para comprobar si sus oídos aún funcionaban.

-¿Cómo te sientes Milo?-preguntó el acuariano al ver los gestos del santo de Escorpión.

-Camus, creo que me quedé sordo-comentó con marcado dramatismo el escorpión dorado consiguiendo sacarle una sonrisa al siempre serio santo de Acuario.

-¡Ah, claro! Por eso puedes escucharme-replicó el de Acuario sonriéndole a su amigo. Milo solamente rió con travesura.

Mascara de Muerte permanecía tendido en el piso pensando en lo cerca que había estado de morir otra vez. Un escalofrío le recorrió el cuerpo de solo pensar en volver al Infierno; algún día iba a volver, de eso estaba seguro, porque alguien como él no tenía derecho de gozar de paz y felicidad en los Elíseos, solo que ahora vivir le parecía…agradable. De la nada una mano conocida se extendió hacia él.

-¿Necesitas ayuda?

Desvió la mirada para descubrir al santo de Piscis tendiéndole la mano para levantarlo. Sonrió al verlo, y le dio la mano.

-Gracias…amigo-le contestó dándole un par de palmadas en la espalda.

Disimuladamente la diosa recorrió con la mirada todo el lugar hasta que por fin lo encontró. Con la espalda apoyada en una de las columnas del templo, Saga le observaba con ese par de pupilas verdes tan penetrantes y hermosas que captaron su atención desde el primer momento. Pero esta vez era distinto, esos ojos estaban llenos de preguntas, dudas y sospechas; y ella lo sabía. Durante unos segundos le sostuvo la mirada, se esforzó por fingir demencia, intentando persuadirle de que no tenía la menor idea de quién era y que en realidad le sorprendía la manera en que la veía.

Sentado cerca de Saga, su gemelo observaba con curiosidad el intercambio de miradas entre el santo de Géminis y la diosa. Se sopló los flequillos pensando que lo que presenciaba sería el inicio de muchos problemas, ojala se equivocara pero su instinto le decía que estaba en lo cierto.

-Un placer conocerles santos de Athena-habló la diosa rompiendo la tensión del momento-Espero que todos estén bien, afortunadamente he llegado a tiempo para socorrerles.

Al igual que lo hizo la primera vez, la castaña pasó revisión visual a cada unos de los santos dorados, esta vez podía apreciarlos sin tener que esconderse. Tenía la oportunidad de conocer el color de sus ojos, escuchar sus voces y disfrutar de sus bien esculpidos cuerpos debido a que la gran mayoría no había tenido tiempo de vestirse apropiadamente a causa de la urgencia del momento.

"Demasiado hermosos para ser santos de Athena" pensó burlonamente embozando una sonrisa sarcástica.

-¡Señora Afrodita!-Herse simplemente no podía creer lo que veía, Afrodita estaba en territorio de la diosa de la sapiencia-¿Qué hace usted aquí?

-¿Acaso no es obvio? Vine a salvar a los santos de Athena, labor que por cierto le corresponde a esa diosa tuya a la que no veo por ningún lado-se sintió ofendida por la pregunta de la joven, así que respondió con el tono despectivo con el que solía tratar a los seres inferiores a ella. Herse agachó la cabeza en señal de arrepentimiento, nunca fue su intención insultar y muchos menos maltratar a una diosa como Afrodita.

-Hey-le dijo Dohko poniendo una mano sobre su hombro-No tienes porque sentirte mal, no hiciste nada malo-terminó guiñándole el ojo para intentar reconfortarla. Ella le sonrió con resignación.

-Perdone usted la insolencia-escuchar a Milo captó la atención de la diosa del amor-No quiero sonar descortés o malagradecido, pero ¿qué interés puede tener usted en nosotros y nuestras vidas?

Afrodita no pudo evitar que una sardónica sonrisa se le escapara; no esperaba que esos hombres la recibieran con los brazos abiertos y, mucho menos que pensaran que el haberles salvado la vida era un acto desinteresado de su parte.

-Mira… ¿cuál es tu nombre?-la diosa recordó que en realidad no conocía el nombre de ese joven.

-Milo, me llamo Milo de Escorpión-respondió el escorpión con su acostumbrada galantería.

-Ok, Milo-la voz de la diosa sonó inusualmente sensual al pronunciar el nombre del santo y ni que decir de las miradas furtivas que intercambiaron ambos-Yo sé que ustedes no confían en mí ni en ningún otro dios que no sea Athena, con justa razón debo agregar, pero mi presencia en este lugar es a causa de la curiosidad. La voz en el Olimpo es que trece jóvenes guerreros de Athena han venido del futuro a petición de Hera y, hasta donde sé, han logrado callarle la boca a esa desagradable pelirroja. No podía perderme la oportunidad de conocer a unos hombres así.

Los santos cruzaron miradas entre ellos. De los labios de un deidad aquella explicación sonaba muy falsa ¿cuándo se había escuchado que un dios o diosa deseara encontrarse con unos humanos solo por considerarlos "interesantes"? Sin embargo si lo pensaban un poco mejor era bien sabido de la mala relación que existían entre la castaña y la pelirroja.

-Además…-continuó la diosa-si Hades ha podido intervenir en vuestra contra ¿por qué no puedo yo ayudarles?

-Le repito señora que agradecemos que haya salvado nuestras vida, más no considero que sea apropiado que usted se involucre en problemas por nosotros-comentó Shaka con algo de reservas.

De alguna u otra manera los demás santos parecieron compartir la opinión del de Virgo. No es que no necesitaran ayuda, sino que en realidad estaban conscientes de que el tener el respaldo de la diosa solamente desencadenaría más odios por parte de Hades y de Hera; eso sin mencionar que era por todos conocido que Athena y Afrodita no eran exactamente las mejores amigas.

-Sí, como sea, fue un placer salvarles la vida-y es que el sarcasmo se le daba a la diosa de la belleza, mas aún cuando esperaba otro tipo de bienvenida por parte de los santos-Si no les importa esperaré a Athena dentro del templo.

Dándoles la espalda entró sin mayor aviso al templo de la diosa virgen, no se perdería la oportunidad de echarle en cara a Athena el que no haya podido ayudar a sus guerreros. Detrás de ella los jóvenes permanecieron en silencio unos momentos mientras la veían alejarse hasta perderse en la oscuridad del interior del templo, más de uno torció la boca al no saber exactamente que hacer ante la situación.

-Odio admitirlo pero me siento mal por tratarla así-admitió avergonzado el león dorado-Después de todo ella solo nos ayudó.

La fría mirada de Camus se centró Aioria haciendo respingar la nariz al santo de Leo-Mantente alejado de ella Aioria, esa diosa solo trae calamidades para los hombres-comentó con su habitual tono.

-Así que no te conformas con la ninfa y también quieres a la mismísima diosa del amor ¡Vaya que no te conocía esa faceta de galán mujeriego, gato!-Kanon no podía dejar pasar al oportunidad de atormentar un rato al león y de paso sacarles una sonrisa a sus compañeros.

-¿Se imaginan que va a pensar Marin de esto?-esta vez era Milo el que metía sus cuchara.

Aioria les miró por el rabillo del ojo con una mirada capaz de atravesarle el corazón a cualquiera.

-¡Uy! Ya me imagino a la pobre Marin…-continuó la broma Kanon agregándole drama a su actuación-…destrozada porque Micifuz decidió quedarse a disfrutar los placeres de la diosa de la belleza , del Olimpo y las Gracias. Pobrecita, alguien tendría que consolarla.

-Yo haré ese sacrificio-intervino Milo quitado de la pena-Lo haré por ti mi amigo, para que no te sientas mal por la amazona y puedas gozar al máximo tu vida en el paraíso.

-¡¿Tú?!-Kanon no coincidía con la idea del Escorpión-Fue mi idea, así que yo me quedo con la amazona.

-¡No es justo! Yo la pedí primero, tú puedes quedarte con la ninfa.

-Tú quédate con Aretha.

-No, tú.

-Tú.

-Si Aioria les parte la cara de un puñetazo se lo tienen bien merecido-les dijo Saga con seriedad desencadenando un ataque de risa por parte de los dos involucrados.

-Pero ¿Qué dices Saga? Si con tantas mujeres a su alrededor el gato ni va a notar que les faltan dos-respondió entre risas Kanon.

-¡Exacto! Además recuerda que entre nosotros lo compartimos todo ¿verdad Aioria?-

Aioros y Shaka miraban espantados la reacción del león, esperaban el momento en que lanzara el primer golpe contra alguno de los dos bromistas. Y es que los santos de Virgo y Sagitario conocían muy bien al rubio y con base en lo que veían la situación no pintaba nada bien. Vieron a Aioria apretar los puños, su quijada se tensó y los colores se le subían al rostro.

-¡Argh! ¡No digan tonterías!- la cara de Aioria reflejaba lo contrariado que se sentía en ese momento, así que hizo lo único que podía hacer para evitar freírlos con un relámpago de voltaje cuando sus compañeros comenzaban con sus bromas: se fue.

-¿A dónde vas Aioria?-le llamó su hermano persiguiéndolo.

-¡A dormir, o al menos a intentarlo!-el león dorado ni siquiera se molestó en mirar atrás, estaba realmente molesto.

-¡Espérame!

Y así los dos hermanos de fuego desaparecieron rumbo a sus habitaciones.

-Parece que al minino se le soltó un tornillo de tantos golpes que nos propinaron las arpías-Kanon parecía sorprendido de la reacción de Aioria. Si bien era normal que el león tuviera sus arranques por lo general no se le notaba tanto el coraje.

-¿Qué dices Kanon? Si tú fuiste el que comenzó-salió Shaka a apoyar a su amigo y vecino de la quinta casa-Sabes bien como es Aioria en cuestiones relacionadas a Marin, además creo que ya hemos visto que todo el asunto con Aretha lo trae bastante estresado.

-Sí, pobre gatito-se metió Milo inocentemente como si él no hubiera hecho nada-Para colmo de males su plan no ha funcionado.

Los santos, con excepción de Kanon que sí estaba enterado del plan de Aioria, miraron expectantes al escorpión ¿a qué plan se refería? y, ¿por qué ellos no sabían nada al respecto?

"Si serás tonto, bicho. Solo Shura, tú y yo sabemos del plan de rejuntar a la ninfa con el arquero" le recordó Kanon vía cosmos.

-¡Ay!-alcanzó a murmurar entre dientes Milo con una mueca de preocupación. Había metido la pata.

-¿De qué estás hablando Milo?-afortunadamente para el santo de la octava casa era Mu el que preguntaba porque a juzgar por las miradas de Camus y Saga acababa de meter al león en tremendo lío.

-Eh…pues…de…de…de un plan para librarse de Aretha-respondió no muy convencido el escorpión.

-¿Y de que trata ese famoso plan?-ahora era Shaka el interesado en detalles extra.

-¡Ah! Pues es un plan secreto que solo sabe Aioria-contestó más que orgulloso Milo por haber encontrado una excusa perfecta. Kanon solo se golpeó la frente con la mano, esa respuesta era tan estúpida que no se la tragaba nadie.

-¿Y se puede saber cómo sabes de ese plan si es secreto?-Máscara de Muerte parecía disfrutar de meter en aprietos al pobre Milo quien comenzaba a sudar de nuevo. Volteó a ver a Camus quien ya tenía los brazos cruzados y luego a Saga que solo lo observaba con la misma mirada que le daba cada vez que hacía alguna travesura cuando era un niño. Ambas eran malas señales.

"Piensa rápido Milo, piensa rápido" se decía a sí mismo.

-¡Señorita Herse!- Una de las doncellas del Templo llegaba atrayendo la atención de los santos y salvando a Milo en el proceso-Señorita Herse ¿está usted bien?

-Sí. Solo son unos raspones-respondió la sacerdotisa llevándose instintivamente la mano a las pequeñas heridas que tenía en el cuello-pero por favor llama a las muchachas para que traigan los equipos de curación; tenemos que ayudar a los santos y a los soldados.

-Por nosotros no te preocupes Herse-habló Saga-Estaremos bien, atiende primero a los soldados.

-¿Pero…?-intentó la sacerdotisa persuadirlo al ver la herida en el brazo de Camus y varios cortes ligeros en los demás santos.

-Saga tiene razón-el santo de Acuario agregó -En realidad lo que necesitamos es descansar.

Dicho y hecho. Educadamente se despidieron y comenzaron a regresar a sus habitaciones. Pero Herse no se quedaría con los brazos cruzados, después de todo era a ella a quien habían dejado a cargo del cuidado de esos jóvenes.

-Dohko…-susurró al santo de Libra que aún permanecía de pie junto a ella mientras le indicaba con los ojos y algunos gestos que llamara de vuelta a sus compañeros.

-¿Qué?-respondió con murmullos el castaño.

-Llámalos.

-Herse, ya sabes como son. Cuando se les mete una idea en la cabeza no hay manera de hacerlos cambiar de opin…-antes de que pudiera terminar de hablar a chica se había llevado las manos a la cintura y le observaba con seriedad-Esta bien, los llamaré-accedió el de Libra resignado.

Dohko suspiró, ¿desde cuándo esa mujer podía manejarlo de esa manera? Sin más remedio avanzó un poco hacia donde iban sus compañeros.

-Muchachos, esperen un momento-los santos voltearon hacia el antiguo maestro-Deberían dejar que les revisen esas heridas.

-Maestro, estamos bien-insistió Shaka.

-¿Están bien? Ok, en ese caso…Camus tú te quedas a que te limpien la herida de tu brazo. Es una orden.

El santo de la jarra alzó una ceja antes semejante afirmación. Hacía años que alguien no le daba una orden de ese tipo, para ser exactos desde que era un niño nadie lo obligaba a curarse las heridas.

-Maestro, con todo respeto…-hizo el intento de zafarse.

-Nada de nada Camus. Te quedas y no quiero oír más.

Milo, Kanon y Máscara batallaron para no carcajearse al ver la cara de chiquito regañado del siempre propio santo de Acuario. No le quedaba de otra, en ausencia de Shion la autoridad del grupo recaía en Dohko de Libra, y no se le desobedecía.

-No vayas a llorar cuando te laven la herida-bromeó Milo para luego soltarse por fin la tan ansiada carcajada seguido del menor de los Géminis y del cangrejo.

Disimuladamente los jóvenes fueron apartándose para no correr con la misma suerte del santo de los hielos. Afortunadamente para ellos Herse parecía haberse conformado con atender a Camus, quien en realidad era al que peor le habían tocado los golpes de la pelea, así que los dejó irse en paz.


La débil flama amenazaba con apagarse ahogada por la cera derretida de la vela que comenzaba a agotarse. La diosa de la sabiduría dormía con la cabeza apoyada en la cama sujetando la mano de su santo de Capricornio, quien descansaba plácidamente reconfortado por el cálido cosmos de su señora. Habían pasado la tarde entera conversando de todo tipo de temas, desde la vida en el Santuario hasta las mágicas historias que tomaban vida en la edad del Mito. Caída la noche, el sueño hizo de Shura su presa, aquel día había resultado extremadamente agotador especialmente en el ámbito emocional, sin embargo tener a Athena a su lado resultaba un enorme apoyo para el santo.

Los ojos de Athena se abrieron lentamente, algo no estaba bien. Se sentó para concentrarse en explorar su territorio con ayuda de su cosmos, fue entonces cuando lo sintió: su Templo, el terreno consagrado a ella, había sido violentado por seres de la oscuridad, criaturas malditas por los dioses.

"¡¿Qué demonios significa esto?!" no pudo evitar sentir rabia dentro de su alma, aquello era un insulto a su divinidad. De algo estaba segura, las arpías no habían atacado por sí solas, alguien más las envió a sabiendas de que ella no estaba presente, y ese alguien tenía que ser un dios.

Se puso de pie y dirigió una última mirada llena de ternura para Shura, con todo el dolor de su corazón tenía que dejarlo solo de nuevo. Salió sigilosamente de la habitación cruzando la pequeña casa con destino a la puerta, estaba a punto de desaparecer cuando la voz de un santo la detuvo.

-Athena, ¿qué sucede?-era Aldebarán quien le cuestionaba con preocupación lo precitado de su salida.

-No voy a mentirte Aldebarán, el Templo de Atenas está bajo ataque-respondió con sinceridad-Tengo que irme ahora, por favor despídeme de Soterios, Shura y las chicas.

-¿Mis compañeros están bien?-cuanto temía el toro dorado escuchar la respuesta a esa pregunta.

-¿Están vivos? Sí ¿están bien? Me temo que no lo sé-acercándose al santo le acarició la mejilla con dulzura- Ustedes dos tienen que quedarse aquí, mientras vivan en esta aldea estarán a salvo de los peligros que les acosan, pero no puedo retener a Shura aquí sin tu ayuda. Aldebarán, tu deber por ahora es permanecer su lado para cuidarle, el mío es proteger a tus amigos.

El de la segunda casa bajo el rostro por un momento para luego regalarle a la diosa una de sus grandes sonrisas-Señora, usted no se preocupe por nosotros, yo me encargaré que Shura esté bien, eso se lo prometo.

Ella sonrió y dándose la vuelta desapareció con el viento.


Dentro de la habitación de Aioros y Aioria la tensión estaba a flor de piel. De no ser por el carácter tranquilo y la enorme paciencia que el de Sagitario tenía hacia su hermano las cosas se hubieran puesto feas. Durante todo el tiempo que pasó aseando sus heridas y acicalándose para volver a la cama, el león no hizo más que gruñir, decir maldiciones entre dientes y de vez en cuando bufar alguna frase apenas entendible. Por fin se metió a la cama cubriéndose por completo de pies a cabeza al mismo tiempo que se acomodaba dándole la espalda a la cama del arquero.

Aioros se limitó a observar pacientemente todo el ritual de su hermano menor. No dijo nada, simplemente se sentó en el borde de su cama torciendo la boca al darse cuenta que el señor de Leo no tenía la menor intención de entablar alguna conversación con él.

-Aioria-se atrevió a decir-Hermano, ¿estás bien?

-Sí-fue la cortante respuesta del felino quien solo se cubrió más con la sábana.

-Aioria, tú no estás bien. Dime qué te pasa, por lo general no eres así.

Pero en esa ocasión el silencio fue la contestación de rubio.

-Hermano…-de nuevo insistía.

-Ya te dije que estoy bien. Déjame en paz.

Como todas las cosas, la paciencia de Aioros también tenía límites y el santo de Leo acababa de sobrepasarlos.

-¡Basta ya!-exclamó molestó el de Sagitario al mismo tiempo que le arrebataba la sábana con la que se cubría a su hermano menor-¡Yo no te hice nada para que me trates de esa manera! Además ya estás bastante grandecito como para seguir con esta clase de berrinches. Intenté hablar contigo por las buenas, pero ya que no quieres entonces lo haremos por las malas. Ahora mismo te vas a sentar y me vas a decir que te pasa.

Aioria se giró para quedar boca arriba, cruzó los brazos y fijó sus verdes ojos en el techo de la habitación, sin embargo ni una sola palabra salió de sus labios.

-¿No me escuchaste?-repitió fastidiado Aioros.

-Ustedes no entienden-murmuró el de Leo más para él que para su hermano.

-¿Qué es lo que no entendemos?

-¡Qué la extraño!-reclamó el león sentándose de golpe tomando por sorpresa a Aioros-¡Ustedes no entienden! ¡¿Y sabes por qué no entienden?! ¡Porque ninguno ama a alguien como yo la amo a ella!-una lágrima traicionera se le escapó de los ojos a Aioria.

Por primera vez en mucho tiempo Aioros no sabía que decir, su experiencia en cuestión de amores era poca, además de que su hermano hablaba con la verdad, ninguno de ellos podría comprender en ese momento los sentimientos del león. Sin saber cómo responderle se sentó a su lado y lo abrazó con fuerza; quizá no sabía mucho de asuntos del corazón, pero sí sabía cómo ser un hermano. Aioria correspondió el gesto fraternal sembrando su rostro en el hombro de su hermano para dar rienda suelta a sus lágrimas. Permanecieron así unos minutos. Aioros despeinaba con cariño los cabellos de su pequeño hermano intentando tranquilizarlo, sonrió sin querer al pensar que de la misma manera en que abrazaba a ese joven alguna vez abrazó a un pequeño niño, el tiempo había pasado pero Aioria era aún Aioria.

-¿Ya te sientes mejor?-le preguntó separándose de él.

Aioria asintió con la cabeza mientras secaba rústicamente sus lágrimas con su brazo-Aunque me siento como un idiota por hacer tanto drama-agregó con una sonrisa poco convincente.

-¿Tú crees?-respondió juguetón el mayor de los dos.

-Sí, es solo que…-una triste sonrisa se dibujó en el de Leo-…por mucho tiempo nunca le dije cuanto la quería, jamás me atreví a confesarle mis sentimientos; y luego vino la muerte en el Muro de los Lamentos. Aquel día, frente al muro, la única duda en mi cabeza era ella. Me reclamaba una y otra vez mi cobardía, mis absurdos miedo, tantas cosas que perdí por no ser capaz de decirle lo que significaba para mí.

Aioria hizo una pausa mientras que Aioros escuchaba hipnotizado la historia de su hermano. Atesoraba en su corazón los momentos en los que podía compartir fragmentos de la vida de su pequeño hermano, de aquel modo se sentía parte de ella e inclusive olvidaba, aunque fuera por un breve instante, que no había estado ahí para acompañarle.

-Gracias a Athena regresamos al mundo de los vivos y por vez primera en catorce largos años, mi vida estaba completa. La tenía a ella, te tenía a ti y nuestra vida era casi como antes de toda esta tragedia. Me atrevía a soñar que la tristeza, el dolor, las batallas y los distanciamientos habían llegado a su fin; pero los dioses volvieron para poner mis pies sobre la Tierra. Ahora estoy a miles de años de Marin, peleando por nada, con Shura perdido donde solo Athena sabe y con medio mundo mitológico detrás de nuestras cabezas. De no ser por Afrodita ahora nos estarían enterrando.

-No te desesperes Aioria, si salimos de esta tal vez puedas tener todo lo que siempre has querido. Acuérdate, ¿qué hemos aprendido de esos cinco chiquitos de bronce que se han quedado protegiendo el Santuario? Mientras haya un rayo de esperanza, por más débil que sea, nosotros seguiremos luchando. Así que no nos vamos a dar por vencidos, regresaremos a nuestra época, recuperaremos nuestras vidas, tendrás de vuelta a Marin y, quien quita que hasta me des un par de sobrinitos para cuidar-bromeó el de Sagitario ocasionando una carcajada por parte de Aioria; si alguien podía acabar con el malhumor o la depresión del león ese era Aioros.

-Pues siéntate a esperar y no aguantes la respiración porque no veo niños en ningún futuro cercano, todavía estoy muy joven para eso. Quizá el que debería guiar con el ejemplo eres tú.

-Si me dices a que horas y con quien con mucho gusto te convierto en tío-un sonriente Aioros contestó-pero pasar catorce años muerto para luego embarcarme en este viaje que no parece tener final no ayuda mucho a la causa.

-Por eso no te preocupes, apenas regresemos al Santuario buscaremos a alguien para ti. Ya verás como no es tan difícil conocer a una chica, menos si eres un santo dorado.

-¡Ah, claro! Ustedes se han encargado de darnos esa reputación. En mis tiempos ser santo dorado era sinónimo de dedicación a la causa de la diosa Athena, no de soltero codiciado y de donjuán.

-¿Ustedes? Me sonó a manada. Échale la culpa al bicho ese que se da sus aires de galán de telenovela. Pero te estás saliendo del tema, el caso es que nuestra primera misión cuando regresemos a casa será buscarme una cuñada. Le puedo preguntar a Marin, seguramente ella conoce a alguien.

-Hablando de eso ¿cómo conociste a Marin?-preguntó intrigado Aioros.

-Verás, cierto día después del entrenamiento…-y así dieron inicio a una de esas noches en las que, por más cansancio que sienta el cuerpo, las conversaciones son mil veces más preciadas que unas pocas horas de descanso.

Saga fue el primero en entrar a la habitación encaminándose inmediatamente al baño para detenerse frente al espejo a observar el labio roto que le dejaron de recuerdo las arpías. Siguiéndole los pasos, Kanon permaneció en silencio apoyando la espalda en el marco de la puerta del baño, cruzó los brazos y, agachando la cabeza, cerró los ojos. Saga miró de reojo al menor de los gemelos detrás de él; conocía a la perfección el gesto por parte de su hermano, tenía algo que decirle y no lo iba a gustar en lo más mínimo.

-¿Cuál es el problema Kanon?-preguntó con la voz ronca y seria tan característica de él.

-Acerca de lo que pasó ahí afuera…-Kanon abrió los ojos posándolos sobre su hermano.

-No se de que me hablas-jugar al desentendido era la mejor estrategia de Saga para ahorrarse las preguntas de su gemelo.

-Ok, si tú lo dices.

Sin insistir mucho en el asunto Kanon se alejó de su hermano para tirarse en su cama a esperar su turno de usar el baño, no era que tuviera prisa pues tantos golpes y problemas le había espantado el sueño. Cruzó los brazos detrás de su nuca permaneciendo un rato en la misma posición. Al ver que su hermano salía se sentó en la cama para volver a centrar sus ojos verdes en él.

-No pienso acercarme a ella, Kanon. No tienes de que preocuparte, creo que puedo controlarme los suficiente como para no causar ningún tipo de situación con esa mujer, deberías confiar en mí-notando la insistente mirada del ex marina Saga estaba seguro que no dejaría pasar el tema nada mas así.

-No eres tú Saga, es ella. Afrodita es la que me da desconfianza, la manera en que te ve, la forma en que ha sido capaz de manipular a hombres con anterioridad, ese repentino interés en nosotros. Hay algo en todo esto que no me gusta.

-Ya había visto su rostro antes de hoy-la inesperada confesión de Saga dejó boquiabierto a su gemelo.

-¿De qué hablas? ¿Cómo la conociste?

Saga volvió a guardar silencio. Él mismo no sabía la respuesta a dicha pregunta, al principio había pensado en que todo fue un sueño; sin embargo al descubrir que aquella mujer no era otra más que la diosa de la belleza, ya no estaba seguro de haber estado dormido.

-La noche anterior que nos detuvimos a dormir en el bosque creí haber soñado con ella…

-Dudo que haya sido un sueño-interrumpió Kanon más que contrariado.

-¿Y qué si lo fue?

-En ese caso no fue una simple coincidencia. Escúchame Saga…-al darse cuenta que su hermano le daba la espalda Kanon se paró de inmediato para plantársele enfrente-No te hagas esto a ti mismo, ya has sufrido demasiado. Sé que soy la persona menos indicada para hablarte de tu dolor, porque en gran parte yo fui el causante de muchas de tus desgracias, pero no voy a permitir que te sigas lastimando ¿entendiste?-sin poder evitarlo sujetó a su hermano mayor de los brazos sacudiéndolo levemente.

Sus miradas se cruzaron. Los tristes ojos de Saga se encontraron con las desesperadas pupilas de Kanon. Se suponía que gracias al mágico lazo entre ellos deberían ser capaces de entenderse sin palabras, de sentir a la perfección las emociones de su gemelo, de empatizar el uno con el otro, pero aquella unión se había desgastado por la separación de tantos años. En ocasiones se convertían en un par de extraños, imposibilitados para estar juntos preferían buscar en otros lugares el cariño de hermanos que perdieron durante su adolescencia. En secreto envidiaban el amor fraternal de Aioros y Aioria, ese maravilloso vínculo que logró traspasar la muerte brillando más que nunca al reencontrarse años después. Los mismos Milo y Camus, sin compartir la misma sangre eligieron convertirse en hermanos a través de una gran amistad, creando así un parentesco más fuerte que el ofrecido por la genética. Si tan solo fueran capaces de sentir lo mismo que ellos, entonces podrían revivir el amor de hermanos de su niñez.

-Saga, por favor, mantente lejos de la diosa-casi suplicó Kanon aguantando las lágrimas.

-Ya te dije que no pienso…-se preparó a refutar Saga pero en ese instante se fijo en los ojos de su hermano. En ellos leyó la preocupación que sentía hacia él, aún más, sintió el incipiente cariño fraternal que comenzaba a brotar en sus adentros ¿cuándo había cambiado tanto la mirada de Kanon? ¿Por qué no lo había notado antes?

-No te preocupes Kanon-habló después de un breve silencio a tiempo que abrazaba su hermano-No lo haré… "por ti, por nosotros"


Afrodita ya había recorrido la sala del trono por completo, estaba aburrida. Observó una a una las pinturas colgadas en las paredes, inspeccionó los detalles labrados en el trono, curioseó la estructura del gran salón, se sentó en el trono a esperar, volvió a ponerse de pie para seguir caminando por el lugar y por último salió a buscar algo en que entretenerse.

Anduvo vagando por los corredores del templo por unos minutos hasta divisar a unos pocos metros de donde ella estaba la figura de uno de los santos. El susodicho era Camus de Acuario quien regresaba a su dormitorio después de las curaciones propinadas por las doncellas de Athena. Él había sentido su presencia más fingía no saber que ella estaba cerca en un intento de no darle oportunidad de entablar alguna conversación.

-¡Detente santo de Athena!-ordenó la diosa con un brillo especial en los ojos.

Camus paró en seco dirigiendo su vista a la diosa castaña que se aproximaba a él amenazante, cómo una leona que habiendo aislado a su presa de la manada se prepara para dar el golpe final.

-¿En qué puedo ayudarle señora Afrodita?-Camus no estaba exactamente emocionado de encontrarse con la diosa, pero por sobre todas las cosas era un caballero y uno muy diplomático.

-Dime ¿cuál es tu nombre?

-Camus de Acuario.

-Camus…no es un nombre griego, ¿de donde provienes, Camus?-el breve intercambio de palabras se estaba convirtiendo en un juego; por un lado la diosa exudando sensualidad y del otro Camus con sus frías y cortantes respuestas.

-De Francia, conocida en esta época como la región de Galia.

-¡Vaya! ¿Y por qué un extranjero está al servicio de una diosa griega?-habiendo lanzado la pregunta Afrodita buscó arrimarse más a Camus. Intentó acariciar el pecho desnudo del santo al mismo tiempo que su rostro se acercaba provocativamente al de él y su cuerpo rozaba al del joven.

-Porque no habría de servir a Athena…-respondió Camus sujetando con firmeza el brazo de la diosa para evitar que le tocara-…si siendo ella una diosa griega vela por el bien de toda la humanidad.

Sin moverse en lo más mínimo la actitud del santo mandaba un claro mensaje a Afrodita: no iba a caer en sus juegos. Ella lo miró directamente a los ojos, por vez primera un ser humano era capaz de resistir sus encantos y ese gesto capturaba aún más su atención. Se preparaba para el segundo embate cuando escuchó pasos a sus espaldas, vio los ojos de Camus separarse de los suyos para posarse en quien estaba detrás de ella.

-Señora Athena-saludó respetuosamente el acuariano soltando el brazo de Afrodita.

-Camus-con un gracioso gesto de cabeza la diosa de la sapiencia correspondió el saludo.

-¡Miren quien llegó! La diosa de la sabiduría en persona-el sarcasmo de la pelicastaña no tenía límites al grado que continúo mofándose de su igual-Aunque debe decirte que has llegado tarde ¿sabes? Hace unos momentos salvé a tus santos de morir a manos de las arpías ¿qué estabas haciendo como para no haber venido en su ayuda?

Pocas personas desagradaban tanto a Athena como lo hacía Afrodita, sin embargo repasaba una y otra vez en su mente que lo mejor era tenerla cerca para evitar alguna catástrofe con sus guerreros.

-Camus, ¿serías tan amable de dejarnos solas?-habló Athena haciendo uso de la poca paciencia que le quedaba para con Afrodita, a lo que esta última rió con algo de malicia.

-Con su permiso mi señora-con una reverencia el santo volvió a emprender su camino dejando solas a ambas diosas.

Cuando Camus se hubo perdido de vista, Athena le indicó a Afrodita que le siguiera de regreso al salón del trono para poder discutir sin interrupciones la situación que recién acaban de vivir los santos. Se mantuvieron en un incómodo silencio durante el corto trayecto, cada una encerrada en sus propios pensamientos caminaron sin siquiera dirigirse la mirada. La diosa de la sabiduría fue la primera en ingresar a la enorme e imponente sala seguida unos pasos atrás por Afrodita, tan pronto ambas estuvieron adentro se ordenó de inmediato que se cerraran las puertas y no se les molestara. Segundos después el golpe de la pesada puerta cerrándose les confirmó que ya podían hablar.

-Antes que nada Afrodita…-comenzó a hablar la de cabellos oscuros ocasionando un sonrisa irónica en la diosa del amor que esperaba un agradecimiento por parte de la otra deidad-te prohíbo que vuelvas a tratar a cualquiera de mis santos de la manera en que lo hiciste con Camus, esos jóvenes no son unos muñecos que puedas jugar ¿entendido? Ellos están bajo MI protección.

El hermoso rostro de Afrodita se tornó serio y contrariado ante el reclamo de la regente de Atenas.

-Igual de malagradecida que tus guerreros-bufó-Deberías mostrar al menos un poco de gratitud. De no ser por mí ahora estarías preparando funerales de estado para TUS protegidos, y ya que lo mencionas, ¿dónde estabas Athena? ¿Por qué no llegaste a tiempo para salvarlos? ¿Qué era tan importante como para descuidarlos de esa forma?

-¿Y desde cuando tengo que darte explicaciones de lo que haga o decida no hacer?-reclamó la de la sapiencia dejándose caer en su trono.

-Déjate de tonterías Athena. Tenerme de tu lado representa una gran ventaja para tus santos e incrementa considerablemente sus posibilidades de supervivencia, así que deja de comportarte como una niña celosa y permite mi intervención.

-No recuerdo haberte impedido intervenir-el puño de Athena se cerraba con fuerza aferrándose al báculo de Niké-Solamente te prohibí intentar seducir a mis santos, fuera de eso me interesa muy poco lo que quieras hacer.

En ese momento una maligna risa retumbó en el vacío de la habitación tomando por sorpresa a las dos diosas. Recorrieron la habitación con la vista buscando al dueño de esa gruesa y maquiavélica voz, pero el invitado no estaba dispuesto a revelar su identidad…aún.

-¡Qué interesante!-decía la voz envolviéndose en un espelúznate eco-Me preguntó qué pensará el gran Zeus cuando se entere que dos de sus adoradas hijas se encuentran en guerra a causa de unos simples y bajos mortales.

-Tú…-murmuró Afrodita reconociendo a quien le hablaba.

-¿Quién crees que eres para entrar a un templo ajeno sin permiso? ¡Muéstrate ahora!-exclamó furiosa Athena, ya bastante tenía con Afrodita como para tener que lidiar con otro intruso desquiciado.

-Tranquilízate Athena, esa no la forma de tratar a uno de los tuyos, querida hermana-detrás de una de las columnas de piedra que sostenían el templo la figura de un hombre emergió de la nada. Un hombre alto, de cabellos color chocolate y ojos marrones que brillaban llenos de maldad, unos ojos que Afrodita conocía a la perfección.

-Ares-le reconoció Athena.

-Saludos hermana, gusto en verte de nuevo amor-Ares respondió el saludo con completa falsedad-Veo que después de tantos años han decido arreglar sus problemillas con una agradable plática, aunque debo admitir Afrodita que encuentro particularmente ofensiva tu actitud hacia esos miserables mortales. Creo que no tengo que recordarte que conmigo no se juega ¿o sí?

-¿Puedes culparme?-habló la diosa esforzándose al máximo por humillar a su antiguo amante-Sabes lo exigente que soy con mis hombres y tú ya no llenabas mis expectativas, corazón.

Athena no pudo evitar morderse el labio para no reírse en la cara del dios de la guerra, cosa que no pasó desapercibida por el iracundo Ares. Su rostro blanco tomó un color rojizo al sentirse burlado por la hermosa diosa de cabellos castaños, sin embargo le enfurecía todavía más que lo hiciera delante de su némesis, Athena.

-¿Qué te hace pensar que esos hombres conseguirán satisfacerte si aún un dios no lo ha logrado?-contestó Ares tragándose el berrinche.

-Digamos que es una corazonada, aunque en realidad no tendrían que esforzarse mucho para superarte.

-Me imagino que Athena ya te comentó lo bien que "funcionan"-habló con amargura Ares.

-¡Vigila tus palabras, Ares!-Athena reaccionó amenazando al dios de la guerra al colocar el báculo de Niké a centímetros de su cuello-No te permito que hables de mí de esa forma.

-¡Oh! Discúlpame si te ofendí, hermanita es solo que…

-Escoge bien tus palabras Ares-volvió a amenazar la de cabellos oscuros.

-¿O qué?-le encaró el otro.

En el puño del dios de la guerra se materializó la lanza milenaria que le había servido desde épocas antiguas. Con ayuda de ella desvió el báculo de Athena haciéndola retroceder unos pasos quedando uno frente al otro en lo que parecía el inicio de la batalla entre ambos dioses.

-¡Prepárate Athena!

En el momento en que se disponían a atacarse un rayo de luz golpeó el suelo entre ellos separándolos momentáneamente.

-¿Alguno de ustedes podría decirme que significan estos gritos que casi se pueden escuchar en el Olimpo?-los ojos de Zeus iban de un dios a otro exigiendo una explicación ante tan inapropiada situación.

-¡Es culpa de estos dos, padre! Afrodita insiste en ayudar a mis santos y ahora Ares viene a decirme improperios en mi propio templo-refutó exasperada la diosa de la sabiduría-Esto ya es demasiado. Esos hombres tuvieron que soportar las impertinencias de Hera, después la maldita sed de venganza de Hades y ahora están inmiscuidos en los problemas de alcoba de este par de inconscientes.

-Padre…-habló Afrodita-Mis intenciones para con los santos no son malas, simplemente intento equilibrar la balanza, no me parece justo que Hades tenga derecho a intervenir en su contra pero yo tenga que quedarme de brazos cruzados.

-¿Y desde cuando a ti te interesa la justicia Afrodita?-reclamó Ares con ironía-Déjate de hipocresías y admite que lo único que deseas es llevártelos a la cama para tener algo con que entretenerte.

-¡Ares! No te permito que hables de ese modo-poco a poco el trío de dioses estaban agotando la paciencia de Zeus.

-Es todo caso, querido Ares, si me cansé de los dioses es debido a la mala actuación que has brindado todo este tiempo.

-¡Maldita seas Afrodita!-el dios de la guerra se abalanzó empuñando su mítica lanza contra la diosa, sin importar que fuera una deidad nadie dejaba en ridículo al más sanguinario de los dioses.

-¡Basta ya!-el poderoso grito de Zeus se escuchó por todo el lugar. Con extraordinaria fuerza y poder había conseguido detener la lanza de Ares arrebatándosela y lanzando al dios hacia un rincón de la habitación. Afrodita reía burlonamente de su antiguo amante mientras Athena observaba impávida la dantesca escena entre sus iguales.

-¡Estoy cansado de sus malcriadeces! ¡Todos al Areópago! ¡Ahora!-ordenó haciendo sonar su voz aún en los lugares más lejanos del Olimpo.

Avergonzados antes su comportamiento los tres jóvenes dioses bajaron la cabeza, también era de preocuparse que Zeus convocara una reunión en el Areópago, no todos los días se reunía el Olimpo en su totalidad.

Al Oeste de la Acrópolis, en lo alto de una colina, se levantaba el Areópago. Un edificio tan magnífico como el mismo templo de Zeus en el paraíso griego, decorado con hermosas estatuas de mármol en honor a los dioses que en él se reunían. Desde tiempos milenarios las grandes decisiones habían sido tomadas ahí, y para que Zeus tomara la medida de reunirles de nueva cuenta tenía que estar realmente enojado.

Dentro del antiguo templo una enorme mesa redonda de ébano marcaba el lugar de reunión del Gran Consejo. Enmarcada por una hermosas columnas y finas cortinas de seda, la mesa descansaba en el centro de la habitación principal del templo, trece sillas descansaban alrededor de la misma, siendo una de ellas más alta que las demás; era el asiento de Zeus. Sobre la mesa se encontraban trece copas de oro adornadas con piedras preciosas de diferentes colores, desde esmeraldas hasta diamantes, llenas del mejor de los vinos y consagradas para que su contenido nunca se agotara.

Cuando los cuatro dioses arribaron al lugar se encontraron con que no habían sido los primeros en llegar. El siempre propio dios del Sol, Apolo, se encontraba sentado en la mesa acompañado de su hermana Artemisa y de un joven de mirada pícara oculta detrás de los mechones de cabellos turquesas que caían sobre su rostro. Mantenía los brazos cruzados y los pies sobre la mesa dejando a la vista un par de sandalias aladas que los distinguían como Hermes, dios del comercio y mensajero de los dioses. El trío de dioses saludó con un gesto de cabeza a Zeus y sus acompañantes.

Unos instantes después Hestia y Deméter hicieron su aparición, las hermanas de Zeus, eran por mucho las menos problemáticas en todo el Olimpo, habiéndose ganado el respeto de sus hermanos y de sus jóvenes sobrinos. No mucho después llegó Poseidón ataviado son sus atuendo griegos y sosteniendo el poderoso tridente con el que gobernada las profundidades. Poco después arribó Hefesto. Como siempre caminando lentamente debido a su cojera, el dios de la herrería no pudo evitar mandar una mirada asesina a Afrodita y Ares, quienes le habían engañando aún estando ella casada con él.

Cada uno de los once recién llegados tomó su lugar correspondiente en la mesa en espera de los dioses faltantes. El caso de la reina del Olimpo no sorprendía a nadie, al contrario, estaban acostumbrados a sus llegadas tardes para convertirse en el centro de atención a la hora de hacer su entrada; y Hades no solía presentarse con mucha frecuencia a las reuniones de los dioses olímpicos cediendo su lugar a alguna de sus hermanas, sin embargo en esta ocasión estaban seguros que se presentaría tomando en cuenta el "amable" llamado de dios de trueno.

Esperaron unos cuantos minutos más hasta que por fin divisaron un resplandor dorado proveniente de la puerta principal. De entre el aura fue apareciendo la figura de la diosa del matrimonio quien finalmente se dignaba a aparecer en la reunión.

-Ustedes disculparán mi tardanza-entró la diosa pavoneándose al caminar hacia su asiento-Estaba muy ocupada en unos asuntos de importancia al igual que ustedes me imagino. Es una verdadera pena que se nos saque de nuestras labores para discutir asuntos de poca relevancia-la diosa no iba a perderse la oportunidad de meter un poco de cizaña.

-Hera, guarda silencio y siéntate, mientras más rápido te calles más rápido terminaremos con esto-habló de muy mal humor Zeus. Las risitas burlonas no tardaron en aparecer en las bocas de varios dioses, en especial de los hijos del rey del Olimpo que eran más que detestados por Hera.

La diosa se sentó sin responder, lo que menos quería era empeorar el estado anímico de su esposo, eso sí, no podía olvidarse de mandar una mirada asesina a quienes se rieron de ella.

-¿Y a quién esperamos?-preguntó con fastidio-Hades seguramente no va a presentarse.

-Tiene que venir o yo mismo iré al Inframundo a buscarle. No me importar si tengo que arrastrarlo hasta aquí pero Hades estará presente en esta reunión-sentenció Zeus.

Los dioses se voltearon a ver entre ellos. No era muy común ver tan furioso a Zeus, aunque la combinación Hera-Athena-Afrodita-Ares-Hades podía sacar de quicio aún al más tranquilo. Zeus se puso de pie para caminar de un lado a otro del salón cual león enjaulado bajo la atenta mirada de sus familiares.

-Cariño-murmuró Hestia al oído de Athena-¿Qué le hicieron a mi hermano para ponerlo de ese humor de los mil demonios?

-Deberías preguntarle a tu hermana Hera, ella fue la de la gran idea-susurró también la de la sabiduría sin quitarle los ojos de encima a la diosa pelirroja.

Hestia y Deméter fijaron su vista en su hermana después de todo, Hera era de las pocas que podía sacar a Zeus de sus cabales con facilidad, eso sin mencionar que el rumor de la presencia de los santos de Athena en la edad del Mito había corrido como reguero de pólvora por todo el Olimpo.

-¿Tiene algo que ver con esos hombres a tu servicio, Athena?-preguntó intrigada Deméter.

-No, tiene más que ver con todos los entrometidos que quieren intervenir en las misiones de mis santos-respondió la otra en clara alusión a Afrodita y Ares.

-No entiendo cual es el problema Athena, ya te dije que solo quiero ayudarte a mantenerlos vivos-se defendió la diosa de la belleza.

-¿Quién te dijo que podías meterte en asuntos que nos corresponden solo a Athena y a mí?-Hera intervino preocupada por la actitud de la castaña.

-Asumí que podía tomarme esa libertad después de que Hades lo hiciera sin repercusión alguna.

-¡Increíble!-se quejó la esposa de Zeus cruzándose de brazos-Cada día hay menos respeto hacia las asignaciones divinas de otros dioses.

-Padre ¿esta es la razón por la que nos has llamado?-se levantó Apolo de su asiento indignado-¿Piensas reprendernos a causa de los problemas de estos cuatro?

-Cinco, si cuentas a Hades-complementó Hermes con una mezcla de ironía y fastidio.

-¿Se puede esperar algo más que problemas de esos dos?-contestó Hefestos la pregunta de Apolo apuntando descaradamente a Afrodita y Ares.

-Nadie preguntó tu opinión, monstruo-bufó Ares.

-¡Cierra la boca Ares!-exigió Athena.

-¡Silencio!-gritó Zeus haciendo brillar en el cielo un poderoso rayo cuyo sonido hizo cimbrar el templo.

Todos los dioses le miraron atemorizados con la única excepción de Poseidón que permanecía tan tranquilo como las aguas de océano durante las noches. El dios de los mares se encontraba aconchado en su silla observando a discreción el comportamiento de sus sobrinos y sus hermanos pero nunca emitió opinión alguna.

-Zeus-la pacífica y masculina de Poseidón se hizo escuchar en el salón-¿en verdad piensas esperar por Hades? Sabes bien que no se presentará, mucho menos si se imagina el motivo de la reunión del Consejo.

Los ojos azules de Zeus miraron con inquisición a su hermano, lo peor de todo era que el del tridente tenía razón en cuanto a Hades. El dios del Inframundo se las había arreglado desde siempre para evadir las órdenes de su hermano menor a como diera lugar y la situación con los santos dorados no iba a ser la excepción.

-En ese caso, empezaremos con la reunión-el dios del trueno tomó asiento-Escúchenme bien, porque lo que les diré no pienso repetírselo a NADIE-recalcó mirando a Hera en particular-Como todos ustedes saben Athena y Hera tienen un reto pendiente. Mi obligación para con ellas en vigilar el cumplimiento de las reglas establecidas para la misión de los santos dorados, sin embargo la intervención o no intervención de los dioses en este juego no es de mi incumbencia y por lo tanto no pienso hacerme responsable de lo que los aquí presentes decidan hacer…

Los ojos grises de Athena se abrieron espantados ante la declaración de su padre; la estaba dejando sola contra los dioses. Hera por su parte rió sardónicamente al sentirse beneficiada por la decisión de Zeus.

-…Solamente debo advertirles que esos hombres han matado dioses antes, así que lo que decidan será bajo su propia responsabilidad. Tampoco prohibiré que Athena o, en su caso Hera, realicen lo que sea necesario para nivelar de nuevo las condiciones del reto.

-Eso significa que…-habló sorprendida Afrodita.

-Son libres de hacer como les plazca-anunció Zeus-Dicho esto pueden retirarse, entreguen mi mensaje a los dioses menores y a vuestros subordinados.

Los dioses se levantaron lentamente de sus sillas; para muchos de ellos la decisión de Zeus les tomaba por sorpresa, para otros aquella reunión solamente fue una pérdida de tiempo. Solo uno de ellos no se movió sino que permaneció en su lugar esperando quedarse a solas con el rey del Olimpo.

-Padre…-se acercó Athena al dios para intentar hacerlo entrar en razón.

-He hablado Athena, por favor retírate.

La diosa lo miró con desprecio y dándose la media vuelta se retiró del Areópago bastante molesta por el comunicado del dios de trueno. Poseidón la observó alejarse en completa seriedad, nadie podía adivinar lo que pasaba por su mente debido a que su rostro no delataba en lo más mínimo sus sentimientos.

-Vaya bomba que has lanzado, hermano-le dijo Poseidón aproximándose lentamente-¿Qué planeas con esto?

-Ya verás, solo espero que el tiempo me de la razón. Poseidón, ahora que estás aquí quisiera pedirte un enorme favor.

El dios de los mares se sorprendió al escuchar la petición de su hermano, Zeus no solía molestar a ningún otro dios con peticiones personales.

-Por supuesto, dime.

-Necesito que vigiles a Hades-dijo sin rodeos y con aire de preocupación en los ojos-Me temo que sea tanto su odio a esos hombres que termine lastimando a Athena, pero esa clase de misión puedo confiártela solamente a ti.

Adoptando una postura seria Poseidón centró su atención en las palabras del dios del trueno-¿Qué es lo que sabes Zeus?-preguntó.

-Nada, y eso es lo que más me preocupa. Hades ha estado sospechosamente callado en estos últimos días, tiene que estar tramando algo.

-Si ese es el caso no te aflijas. Yo me encargaré de averiguar sus planes-comentó el de los mares encaminándose a la salida dispuesto a abandonar el edificio.


Agotadas por el largo camino recorrido, las dos arpías sobrevivientes apenas podían batir las alas para mantenerse en el aire. No era solo el agotamiento, sino que los golpes recibidos a manos de Afrodita comenzaban a sentirse con mayor intensidad en sus lastimados cuerpos. Como pudieron, se las arreglaron para alcanzar el valle del Averno y descendieron a las orillas del lago del mismo nombre.

Ambas apoyaron sus manos y rodillas en el suelo tratando de recuperarse, sentían que el aliento les faltaba mientras su vista comenzaba a nublarse. Escucharon crujir las ramas de los arbustos cercanos, las hojas secas regadas en la tierra anunciaban de igual manera la presencia de alguien más; alguien que ellas conocían a la perfección. Divisaron su figura en medio de la oscuridad y, haciendo uso de las pocas fuerzas que les quedaban lograron arrodillarse demostrando respeto a quien tenían enfrente.

-Mi señor-saludó Celeno con miedo en la mirada.

-Así que han fracasado-se escuchó hablar a la figura envuelta en sombras-Era de esperarse de seres tan miserables como ustedes, ya no me sirven más. Tisifone, desaparécelas de mi presencia.

Una mujer envuelta en una túnica blanca apareció de la nada. Sus largos cabellos negros se mezclaban con serpientes verdes y rojas que se retorcían en su cabeza, a esa horrible apariencia se le sumaban las lágrimas de sangre que corrían por sus mejillas y el largo látigo que sostenían en su mano derecha. La temible criatura que tenían enfrente alzó el brazo dispuesta a golpear sin piedad empezando de esta forma el largo tormento que les esperaba.

-¡Señor, por favor!-suplicó Ocípete-¡Todo fue culpa de la señora Afrodita!

-Espera Tisifone-la detuvo el hombre al interesarse en lo que decía la arpía-Explícate Ocípete.

-Señor, aparentemente la señora Afrodita se ha unido a Athena auto proclamándose guardiana de las vidas de los santos. Cuando ya los teníamos en nuestro poder ella intervino para salvarles, inclusive mató a Aelo. Le suplico que nos dé otra oportunidad, esta vez no fallaremos.

Él se detuvo un momento para pensar las cosas.

-Está bien. Les permitiré ir de nuevo tras los santos, pero si fallan ni siquiera se molesten en regresar, porque yo mismo me encargaré de buscarles y enviarles al Infierno donde pertenecen.

Ambas arpías bajaron la cabeza con los ojos desorbitados por el terror, en espera de que l hombre y la mujer desaparecieran. A partir de ese momento era morir o matar.

Continuará…


Al igual que al final de cada capítulo aquí me tiene agradeciéndoles infinitamente el tiempo que se toman en leer mi pequeña historia (que de pequeña solo tiene el título porque se está convirtiendo en novela ). Como ya es usual agradezco a Ale, Dama, Sanae por seguir escribiéndome un besote para ustedes chicas, ya les he contestado previamente sus reviews. WindKing que bueno que te unas a la historia y que hayas dejado tu opinión.

Bombon, Kilder y Alfa muchísimas gracias por seguir estando en contacto, ustedes igual se han convertido en parte de este fin. Pyro y Layla ¡otra vez por aquí! ¡Qué gusto! Tisbe ¡bienvenida!

Bombon: Lo he pensado y es posible que acceda a prestarte a los gemelitos durante unos días, pero con carácter devolutivo XD. ¡Ah! No pienso meter a Saga en problemas con Ares, sino que serán todos los saints jeje. Prometido que en el siguiente capítulo veremos que anda planeando el lindo de Saga. Gracias por comentar y espero más opiniones :)

Kilder: Gracias por tus palabras. Lo de Shura me lo saqué de la manga jeje mi cabrito favorito va a tener que sufrir un ratito para cosechar más adelante los frutos de tantas lágrimas. En cuanto a Afrodita ahora que tiene el camino libre no quiero ni imaginarme que va a hacer con los goldies. ;)

Alfa: ¡Qué bueno que te gustó el capítulo! No te preocupes por que esté largo el review, al contrario me encantan esos reviews larguísimos para enterarme que piensan los lectores y así poder hacer ajustes a la historia. Aquí en este capítulo puse un poquito más de Kanon (molestando a mi adorado gatito) y una escena medio tristona con Saga. En cuanto a Milo, conociendo lo coqueto que es no creo que se niegue XD. Te agradezco los comentario y espero más opiniones ^^

Pyro y Layla: Veo que han regresado y con muchos comentarios, eso me gusta ^^. La escena del baño fue especialmente divertida de hacer, no sé de donde se me ocurrió pero solo quería ver a Saga un poquito relajado y parte del grupo, ya lo había castigado mucho (y lo que le espera al pobre muajajaja). Layla, aprovecha que Kanon está todavía solterito porque ya llegará el romance a la vida del dragón marino. Ojalá regresen pronto para seguir dándome comentarios tan atinados y divertidos de la historia.

Tisbe: Nuevamente bienvenida. Creo que va a ser un poquito difícil para Aioria ponerle el cuerno a Marin, aunque nunca se puede confiar en una ninfa enamorada. Dohko y Herse…bueno, veremos que tan obedientes a las reglas pueden ser jeje. Por cierto, ni te preocupes si el review te sale largo, al contrario me encantan. ^^

Quiero también disculparme por la tardanza para actualizar (hace casi un mes que publiqué el último capítulo ¡ups!) pero la verdad es que mi musa, Sunny, estuvo a punto de ser asesinada por mi jefe, pero afortunadamente y con un poquito de ayuda de los fics de la Dama de las Estrellas y de Sanae logró sobrevivir tan terrible etapa. Afortunadamente lo difícil ha pasado y ahora solo queda disfrutar este fin de año.

¡Besos para todos!

Sunrise Spirit