Capítulo 14

El jabalí de Erimanto

Escondidos detrás de un árbol, una sola cosa cruzaba por las mentes de los santos de Cáncer y Leo: los libros de mitología griega estaba muy equivocados con la descripción del jabalí. Y es que lo lógico sería pensar en esa bestia como un jabalí de grandes proporciones, pero la criatura que tenían enfrente era demasiado diferente a lo que se imaginaron. En primer lugar, esa cosa no era grande, era enorme; más que un jabalí parecía un pequeño rinoceronte. En segundo lugar, los rinocerontes tienen un solo cuerno, pero el animal frente a ellos tenía dos poderosos colmillos que infundirían miedo hasta en el más valiente. Una estocada y se convertirían en historia. Y tercero, los ojos inyectados en sangre del infame jabalí no ayudaban a infundirles coraje a los maltrechos jóvenes.

Con claridad le escuchaban revolviendo el piso, quizá en busca de alimento. Los curiosos sonidos que salían de su nariz, definitivamente no correspondían con la imagen que tenía el mitológico animal. Lo único positivo en la situación era que el jabalí no se había percatado de su presencia…al menos no hasta ese momento. Conforme la criatura avanzaba en dirección a ellos, los santos se escabullían entre el follaje del bosque, en un desesperado intento de mantener la distancia entre ellos y la bestia.

Así fueron retrocediendo hasta que el jabalí llegó al lugar donde ellos estaban la primera vez que lo vieron. El animal olfateó la tierra encontrando algo que pareció llamar su atención. Con una de sus pezuñas revolvió las hojas de aquel punto en específico y tras oler insistentemente el lugar, alzó la cabeza y respiró escandalosamente por la nariz. Estaba buscando una esencia en el aire.

Máscara de Muerte le observaba desde detrás de un arbusto, algo no estaba bien. Fue entonces cuando cayó en cuenta de lo que sucedía. Con sorpresa y temor llevó sus ojos hasta la herida que traía. Vio como un delgado hilo de sangre que salía de su bíceps corría por todo su brazo hasta llegar a los dedos de la mano para luego caer en forma de pequeñas gotas sobre el suelo. Alzó la mirada y tragó saliva.

-Aioria…-habló a su compañero de Leo sin verle directamente-¿qué tal están tus habilidades para trepar árboles?

-Estarían mejor si no tuviera rotas las costillas-el león dorado torció la boca y se sopló el flequillo con fastidio-¿Por qué preguntas?

-Tengo el presentimiento que ese cerdo sobrealimentado ya sabe que estamos aquí-respondió el de cabellos azules haciendo que los ojos de Aioria se abrieran con preocupación.

-Pero…¿cómo?

-Mi sangre-el santo de Cáncer cerró los ojos con resignación y suspiró profundamente.

Aioria fijó sus verdes ojos en el brazo del cangrejo siguiendo un rastro apenas perceptible de rojas gotas que manchaban las hojas y que dejaban al descubierto su rastro. Nunca les cruzó por la mente ese pequeño detalle, quizá tantos golpes comenzaban a afectarles la cabeza hasta el punto en que se olvidaban de las lecciones básicas para ocultarse y espiar al enemigo. Como fuese, ya era demasiado tarde, y en vez de recriminarse sus errores tenían que preocuparse por salir de ese nuevo obstáculo con vida.

Una mueca de espanto se dibujó en los rostros de ambos guerreros. Eso ya era demasiado. Primero el susto con los centauros, luego el enfrentamiento con las arpías y ahora estaban frente a frente con el jabalí de Erimanto. Si los dioses estaban jugándoles una broma, entonces ya se estaba volviendo una broma pesada, muy pesada. Apenas y habían salido vivos de su última batalla con criaturas mitológicas y de nueva cuenta tendrían que vérselas con una bestia de impresionantes proporciones y que, siendo completamente honestos, se veía bastante terrorífica.

-Maldición, ¿por qué a nosotros?-se quejó el de Leo con frustración y rabia.

-No es hora de quejarse, tenemos que alejarnos lo más que podamos-el de Cáncer avanzó sigilosamente en dirección contraria a donde estaba el jabalí.

Aioria lo siguió en silencio. Por más optimista que pudiera haber sido, miles de ideas le venían a la mente; tantas cosas que hubiera deseado hacer, cosas que en ese momento se veían tan lejos y tan inaccesibles. Y ella. Marin, su Marin. Ella seguramente había estado rezando por su seguridad cada día, ella esperaba que él regresara a su lado, así se lo había prometido. Tenía que hacerse fuerte…por ella. Un chillido le sacó de sus pensamientos. Ambos jóvenes voltearon para ver cómo el jabalí se aproximaba a ellos a toda velocidad. Les había encontrado.

Corrieron lo más rápido que podían por el bosque esquivando ramas, saltando raíces e intentando perderse entre las hojas para salvar sus vidas. Al principio, la adrenalina les alivió el dolor y el cansancio, pero mientras más tiempo trascurría las heridas de la batalla anterior les cobraban la factura. Con cada movimiento brusco que daba al correr, el brazo de Máscara ardía como el mismo fuego del Infierno; poco a poco la hemorragia volvió a hacerse presente ante el esfuerzo que requería mantener la velocidad y esquivar obstáculos al mismo tiempo. Aioria tampoco estaba exento de dolor. Su agitada respiración desencadenaba relámpagos de dolor con cada bocanada de aire que tomaba, sentía que algo dentro de él se rompía con cada paso que daba. Lo único que los mantenía con vida era su instinto de supervivencia, sin él probablemente se hubiesen dado por vencidos desde hacía mucho tiempo.

Detrás de ellos, el animal avanzaba destruyendo cualquier obstáculo a su paso. Sus chillidos se esparcían amenazantes en el aire y la fuerza de sus pisadas hacía retumbar la tierra bajo sus pies. Cada paso que el animal daba equivalía a dos pasos de los santos por lo que la distancia entre ellos y el jabalí comenzó a disminuir peligrosamente.

-¡Ya no puedo más!-gritó con frustración Aioria-¡No puedo seguir huyendo!

Máscara de lo miró asesinamente-¡Cierra el hocico y continúa corriendo, pedazo de animal! ¡Ni pienses que voy a enfrentarme a tu hermano para decirle que te deje morir!

-¡¿Quién dijo que voy a dejarme matar por ese cerdo sobrealimentado?! ¡Los leones cazan cerdos, no al revés!-los ojos de Aioria brillaron momentáneamente al mismo tiempo que una presuntuosa sonrisa se dibujó en sus labios-¡Máscara, hagas lo que hagas no dejes de correr! ¡¿Entendido?!

-¡¿Qué demonios estás pensan…

De manera inesperada, el león se separó de Máscara perdiéndose en el bosque y confundiendo por un segundo al jabalí. La bestia pareció titubear para decidir a cual de los dos guerreros debía de seguir, sin embargo el instinto de ir tras el olor de sangre le forzó a perseguir al cangrejo dorado alejando su atención del rubio. Llevando su cuerpo al extremo, Máscara de Muerte continuó corriendo sin parar, sin embargo estaba consciente que sus piernas pronto le fallarían.

Pasando desapercibido por el jabalí, Aioria se ubicó atrás del animal intentando sostenerle el ritmo. Protegido por la oscuridad del bosque entre ellos, el santo de la quinta casa aumentó la velocidad lo más que pudo y empuñando su espada brincó para colgarse del lomo del cerdo mitológico. Haciendo todo lo posible por mantenerse encima de él, Aioria hundió la espada en una de las piernas del animal jalándola para hacer mayor la herida. Ante el dolor, el legendario jabalí trastabilló para luego caer pesadamente al piso y ocasionando que el santo de Leo saliera disparado hacia adelante debido a la inercia.

Máscara de Muerte se detuvo al escuchar el chillido del animal y volteó justo en el momento que su compañero se estrellaba contra los troncos de varios árboles. Regresó para ayudarlo. Tras escupir una cantidad considerable de sangre, Aioiria se puso de pie con torpeza llevándose la mano a un costado para cubrir un par de huesos que sobresalían de su piel a través de una herida bastante grande, no pasó mucho antes que volviera a caer sobre sus rodillas. No podía levantarse. Las fuerzas le habían abandonado.

-Joder, gato. ¿Te has vuelto suicida? Mira como quedaste por querer jugar al héroe-Máscara le ayudó a erguirse. Los ojos azules del cangrejo fueron hacia el jabalí que luchaba por ponerse de pie; se retorcía tratando de balancear su peso pero debido a la herida causada por la espada del de Leo, tal acción le resultaba bastante problemática. Al parecer había conseguido cortarle un músculo que le impedía apoyar peso sobre su pata. Regresó su atención haci su compañero y cómo pudo cruzó el brazo de Aioria sobre su cuello en un desesperado intento de cargar con él.

-Máscara, vete de aquí-masculló el de la quinta casa escupiendo más sangre-Déjame aquí y lárgate.

-En serio que eres un idiota-Máscara sonrió con ironía-Estamos juntos en esto, ¿recuerdas? Si tú vives, yo vivo; si mueres, entonces moriré contigo.

-Y luego dices que yo tengo ideas suicidas-rió el de Leo pero de inmediato tuvo que morderse los labios para tragarse un grito de dolor. Su rostro tomó una expresión seria y reflexiva-Escúchame Máscara, yo ya no puedo caminar y tú no puedes cargarme…vete antes que esa cosa vuelva a pararse.

-¿Estás sordo? No voy a dejarte aquí para que ese jabalí te haga pedazos, así que, no sé de donde vas a sacar fuerzas, pero tienes que pararte para que sigamos adelante.

-Ya te dije que…

La mirada llena de terror del santo de Cáncer impidió que Aioria continuara hablando. A sus espaldas, el jabalí había conseguido ponerse de pie y ahora les observaba fijamente, como el cazador que disfruta ver a su presa caer en desesperación.

Todo había terminado.


El toro dorado dormía a pierna suelta en la pequeña, pero cómoda habitación, que tan amablemente le ofrecían el anciano Soterios y su familia. Habían sido unos largos días los que había pasado en la aldea, y no porque fuera desagradable quedarse ahí, al contrario, si por él hubiese sido con seguridad permanecería ahí el resto de su estancia en la edad del Mito. Sin embargo, las cosas no eran tan fáciles.

Por un lado, le mataba la preocupación de no saber nada de sus demás compañeros; el pensar en ellos se convertía en un tormento de todos los días. Se sentía culpable de no poder estar ahí para ayudarles, pero al mismo tiempo sufría el estado en que se encontraba su amigo de Capricornio. Shura era su segundo dolor de cabeza. El joven de cabellos verdes no se quejaba en lo absoluto de su ceguera, de hecho parecía haberla aceptado bastante bien, y eso era lo que realmente le inquietaba al de la segunda casa.

Cuando se pierde algo tan importante como la vista, por lo general, la persona pasa por un proceso de negación para luego, gradualmente, ir resignándose y aceptando su pérdida. Shura nunca pasó por el primer paso. De hecho, parecía esforzarse en seguir con si nada hubiera sucedido. Se negaba a hablar de lo sucedido, no permitía que nadie le ayudara en cuestiones de relativa complejidad para una persona ciega y, quizá lo más alarmante, es que había comenzado a rechazar a los médicos enviados por la señora de la sabiduría.

Aldebarán recordaba a la perfección la llegada de los primeros médicos. Tras pasar unas cuantas horas examinando los ojos muertos del santo del español el veredicto de los tres fue el mismo: no había nada que hacer. La única opción era dejar a la naturaleza seguir su rumbo y esperar con el mayor de los optimismos que el sentido de la vista regresara al santo. Quizá ese había sido el último clavo en el ataúd.

Después de ese día nada fue igual. La esperanza parecía haber abandonado a Shura y con ella se habían ido los esfuerzos por salvar sus propios ojos. Dejó las medicinas y se rehusaba a seguir con los tratamientos de Soterios, simplemente abandonó la lucha.

Uno podría pensar que para un santo de Athena, capaz de usar su cosmos como guía y de explotar sus siete (u ocho, según como se vea) sentidos, el perder la vista era quizá una nimiedad. Shaka había sido capaz de vivir con los ojos cerrados por una buena parte de su vida. Shiryu había lidiado bastante bien con la ceguera. Entonces, ¿por qué Shura no podría? Sin embargo, para el toro dorado no era esa la cuestión. El problema radicaba en que el cabrito de oro ya no tendría la opción de ver el mundo alrededor de él; ya no disfrutaría los colores y podría admirar las maravillas que se levantaban frente a él. Nunca nada sería igual.

Toda esa situación lo tenía mentalmente agotado.

La puerta de madera de su habitación se abrió lenta y silenciosamente. Una silueta oculta en la oscuridad de la noche entró al cuarto con sigilo; sus pisadas no hacían el menor de los ruidos y sus movimientos no le traicionarían tampoco. Se detuvo a un costado de la cama de Aldebarán y, cruzando los brazos, permaneció estático esperando algún tipo de respuesta a su presencia.

Nada sucedió.

Desaprobó con la cabeza y tomó uno de los extremos de la manta del santo de Tauro, jalándola repentinamente para despertarlo.

-Despierta, Aldebarán. Nos vamos.

El incidente tomó por sorpresa al santo de la segunda casa, quien se sentó algo confundido acerca de lo que sucedía. Miró en varias direcciones antes de que su vista se enfocara en Shura. El de Capricornio estaba de pie al lado de la cama, pero sus ojos permanecían fijos en la pared frente a él. Perezosamente Aldebarán se estiró y soltó un bostezo nada discreto.

-Shura, es de madrugada. Vuelve a la cama-dijo volviendo a acomodarse en la cama.

-Dije que nos vamos-insistió Capricornio jalándole de nuevo la manta.

El toro dorado se sentó nuevamente mientras se frotaba los ojos con el antebrazo. No estaba muy seguro de lo que Shura estaba pensando, pero el estar ciego no justifica que hubiese perdido el sentido del tiempo.

-Vístete. Te espero afuera-La voz de Shura sonaban tan…seca. No tenía esa alegría algo contagiosa que había adquirido después de su resurrección.

-Espera un momento…-al escuchar a su compañero llamándole, Shura se detuvo-¿Qué está sucediendo, Shura? ¿A dónde se supone que vamos?

-Regresamos a Atenas. Ya hemos holgazaneado demasiado mientras que nuestros compañeros están ahí afuera enfrentándose a toda clase de peligros-Shura ni siquiera se tomó la molestia de voltear hacia el de Tauro, después de todo, ¿qué caso tenía hablarle cara a cara a alguien cuando no se le puede ver?

-Pero Shura, aún no terminas tu tratamiento y tus ojos…

-Mis ojos no van a curarse de la noche a la mañana. Muy probablemente ya no hay nada que se pueda hacer por ellos-interrumpió con severidad.

Aldebarán agachó la cabeza con tristeza. Le dolía escuchar esas palabras de su amigo y más le molestaba no saber exactamente que responderle. Con rabia apretó los puños y se puso de pie con la intención de cambiarse de ropa.

-Aldebarán…-la voz de Shura hizo que el santo de Tauro llevara la mirada hacia él-…No debes preocuparte tanto por mi, amigo. Lo que necesito ahora es seguir con mi vida, como si nada hubiera sucedido. Tengo que demostrarme a mí mismo que soy capaz de seguir siendo un santo a pesar de haber perdido mi vista ¿entendido?

El toro asintió-Sí-dijo para hacerle saber al de la décima casa que estaba con él.

-¿Qué esperamos entonces? Arréglate para que podamos despedirnos-Shura abandonó la habitación cerrando la puerta tras de él.

Abandonar la aldea a altas horas de la madrugada sonaba como una locura, aún así Aldebarán decidió no protestar y seguirle el juego al Capricornio. Se vistió con rapidez, puso sus botas y tomó las armas que su diosa les había entregado para protegerse. Suspiró pensando en que no deseaba tener que volver a pelear, ya no quería seguir viendo a sus compañeros en problemas. "Maldición" pensó ciñendo la espada a su cintura y acomodándose el carcaj en la espalda.

Lo que vio cuando salió de la habitación era algo que no se esperaba. Shura estaba sentado en una silla frente a su puerta con Zeva y Soterios a su lado. Los ojos oscuros de la muchacha le veía con desesperación como solicitándole una respuesta, Soterios se limitaba a observar.

-¿Cómo es eso que se van?-preguntó Zeva encarando al de Tauro. La ansiedad se sentía en el tono de su voz.

Aldebarán la observó sin saber que debería decir. Habían sido tan amables con ellos que le daba vergüenza irse nada más así, sobre todo por lo imprevisto de su partida. Ojala pudiese haber hecho más por ellos que despertarlos a media noche para decirles adiós.

-Anciano Soterios, Zeva-el santo de Tauro hizo una reverencia-les agradecemos infinitamente todo lo que han hecho por nosotros, sin embargo consideramos que ha llegado el momento de regresar con nuestros amigos para ayudarles.

Soterios sonrió con algo de resignación. Nada podía hacer para convencerlos de lo contrario, solo le restaba desearles suerte y éxito en su encomienda.

-Ha sido un verdadero placer convivir con ustedes durante estos días. Nos hubiese encantado que pudieran quedarse un poco más para conocerles mejor, pero también estamos conscientes que el destino les llama y que, por sobre todas las cosas, sus amigos les necesitan…

-¡Abuelo!-interrumpió Zeva completamente contrariada por el rumbo que tomaba la situación-¡¿Piensa dejar que se marchen así nada más?! ¡Shura ni siquiera ha terminado su tratamiento!

-Zeva, ellos tienen un camino que seguir. Nosotros solo podemos rezar por ellos y esperar que Niké los coroné.

Zeva se mordió el labios para no soltarse a llorar al mismo tiempo que agachaba la cabeza tratando se disimular su tristeza. Trataba de aguantar un suspiro ahogado cuando sintió los brazos de Aldebarán alrededor de ella. Alzó la vista para encontrarse con el rostro sonriente del toro dorado, esa cálida sonrisa expresaba más de lo que mil palabras podían decir.

-Vamos a estar bien, te lo prometo-Aldebarán se llevó la mano al corazón para afianzar su promesa.

-¿Volverán?-la joven ya no pudo aguantar más las lágrimas y se dejó llevar por sus sentimientos.

Tauro asintió-Juro que tan pronto terminemos las doces tareas regresaremos a despedirnos antes de volver a casa. No te preocupes-Con delicadeza secó una lágrima que caía por la mejilla de Zeva.

Ella correspondió abrazándole con fuerza ahogando su llanto en el pecho del santo. De reojo volteó hacia Shura quien permanecía sentado sin expresar mucho, parecía una hermosa estatua de mármol. Con algo de desconfianza, Zeva se aproximó al santo de Capricornio y tomó su mano entre las suyas.

-Shura, prométeme tú también que te cuidarás. Prométeme que no te darás por vencido-casi le suplicó al de la décima casa.

Shura abrió lo ojos al escuchar los ruegos de la griega. Él apenas había convivido con ellos y sin embargo, esa mujer se preocupaba por él de la misma forma en que lo hacía de Aldebarán. Se sintió apenado de su conducta infantil, egoísta y, sobre todo, derrotista.

-Yo…te lo prometo-dijo con una voz apenas audible.

Ella soltó sus manos y lo abrazó efusivamente. Con eso era más que suficiente, confiaba tanto en ellos y su palabra que no necesitaba nada más. Seguramente cumplirían su promesa de regresar sanos y salvos.

-¿Qué sucede?-la voz de la pequeña Minta atrajo la atención de todos los presentes.

Y ahí estaba. De pie en el marco de la puerta de su dormitorio, la niña sostenía en una mano su manta y con la otra se frotaba los ojos adormilados. Las voces de los mayores la habían despertado, pero el sueño y el cansancio le impedían comprender del todo lo que estaba sucediendo frente a ella.

Aldebarán se acercó a la niña para hincarse y poder verla directamente a los ojos. Con ternura puso sus manos sobre los hombros de Minta y le sonrió de la misma forma que lo había hecho con su hermana.

-Pequeña, Shura y yo tenemos que regresar con nuestros amigos. Llegó la hora de despedirnos, al menos por ahora.

Un puchero apareció en los labios de la niña al mismo tiempo que sus ojos se llenaban de lágrimas que comenzaron a rodar incontrolables por sus mejillas rosas. Se abalanzó sobre Aldebarán colgándose de su cuello, como si con ese simple movimiento pudiera impedirle que se alejara de ellos. No quería que se fuera. En pocos días el toro dorado había conseguido ganarse su cariño y amistad, ahora le consideraba su hermano.

-No te vayas Alde, quédate aquí-rogó entre sollozos.

Él acarició sus cabellos en un intento de calmarla, aunque en realidad él también se estaba aguantando las ganas de ponerse a llorar con ella.

-Chiquita, no llores. ¿Quieres hacerme llorar a mí también?-la voz de Aldebarán se quebró mientras hablaba.

-Pero…pero…¿Y si te pasa algo?

-No le pasará nada-sin que se diera cuenta, Shura ya estaba de pie al lado de ellos y revolvía cariñosamente los cabellos oscuros de Minta-Te doy mi palabra que cuidaré de Aldebarán y que lo traeré de regreso.

-¿De verdad, Shura?-la niña preguntó.

-Sí-y entonces Shura sonrió. Hacía mucho que no sonreía con sinceridad, pero ahora se sentía bien. Estaba listo para comenzar de nuevo sus misiones.

-¡Ese es el Shura que conozco!-de pronto el toro dorado le abrazó con tanta fuerza que el de Capricornio podía jurar que escuchó como sus huesos tronaban por lo apretado del abrazo. Dolía, sin embargo tenía que admitir que era reconfortante el saberse apreciado por tan buenas personas.

La pequeña Minta se unió al abrazo. Iba a extrañarlos…iba a extrañarlos mucho.


-A ver si entendí bien-el rostro de Aioros dejaba al descubierto la incredulidad que sentía por lo que escuchaba-¿Saga y Shaka van de regreso a Atenas? ¿Eso es lo que está diciendo, maestro Dohko?

El santo de Libra asintió al mismo tiempo cerraba los ojos y cruzaba los brazos. Más por inercia que otra cosa, Aioros se rascó la cabeza confundido, apenas se habían separado unos minutos y ahora el plan era enviar de vuelta a Virgo y Géminis hasta la cuidad de la diosa de la sabiduría. Las reacciones de los otros santos no fueron muy diferentes a las del arquero. Afrodita de Piscis arqueó una ceja con recelo, algo no le gustaba en todo eso; Mu centró su atención en los involucrados que permanecían detrás del antiguo maestro, como pidiéndoles una explicación; y Kanon endureció sus facciones al observar a su gemelo en un estado anímico poco característico de él.

-¿Qué está sucediendo, Saga?-preguntó con severidad el menor de los gemelos.

Saga agachó la mirada levemente sin saber si debía o no responderle a su hermano. Al sentirse ignorado, el ex marina caminó decididamente hacia el de Géminis y tomándole del brazo intentó separarlo del grupo con la intención de que pudieran hablar a solas. Pero entonces, fue él quien sintió que alguien más le detenía. Ese alguien no era otro que Shaka.

-Kanon, tranquilízate-casi le ordenó el Buda.

-No te metas, Shaka. Le hice una pregunta a mi hermano y espero que sea él quien me responda-la determinación en la voz del geminiano era de admirar. Con seguridad nada de lo que Shaka pudiera decirle le convencería de no interrogar a su gemelo hasta sacarle toda la verdad.

Tras intercambiar miradas con Saga, el rubio soltó lentamente el agarre para liberar a Kanon. Toda vez que estuvo libre Kanon se plantó frente a su hermano, si no quería explicarles a los demás lo que sucedía, realmente no le importaba; pero no dejaría que Saga se marchase sin decirle a él las razones de tan extrema medida. En esta ocasión Saga no desvió la mirada, sino que encaró a Kanon fijando sus verdes ojos en los de él; si quería la verdad entonces la tendría, todos ellos la tendrían.

-Ares ha vuelto a tomar posesión de mi cuerpo-escupió sin rodeos.

Un incómodo silencio llenó el ambiente entre los guerreros de la diosa de la sabiduría. Las miradas de desconcierto y temor salieron a relucir sin que sus dueños pudieran evitarlo, la noticia era por demás impactante. La última vez que el dios de la guerra dispuso del cuerpo del geminiano el saldo había sido de un santo de Sagitario y un patriarca muertos, dos santos dorados auto exiliados del Santuario, otros dos caballeros de oro engañando a todo el mundo y el advenimiento la desgracia sobre la Orden de Athena. Tenían razones para temer el peor de los escenarios.

Aioros sintió un escalofrío recorrer su espalda e inconscientemente retrocedió un par de pasos. Solo recordar el rostro de Saga poseído por el espíritu maligno de Ares le daba nauseas; por más que había intentado superarlo, los recuerdos de su muerte a causa de él regresaban inmisericordes a su cabeza. Sin alguien sabía en carne propia lo cruel y maléfico que podía ser un Saga poseído era él.

La reacción del arquero no pasó desapercibida para el geminiano. La súbita palidez en el rostro del santo de Sagitario se convirtió en un doloroso recordatorio de todo el daño que le había causado a aquel que alguna vez consideró como su hermano. A pesar de que Aioros había recalcado en numerosas ocasiones que le había perdonado, Saga sabía que su maldad había dejado cicatrices que nunca se borrarían en el alma de su amigo y eso le dolía profundamente.

-¿A qué te refieres?-la voz de Kanon lo hizo olvidarse momentáneamente del de Sagitario para fijarse en su hermano-¡¿A qué te refieres?!

Kanon apretaba las manos y los dientes con impotencia, rabia y desesperación. La declaración de Saga le había tomado por sorpresa. Frente a sus ojos desfilaron las imágenes de las consecuencias de la primera posesión del geminiano, y no estaba dispuesto a que aquella terrible desgracia se repitiera. Permitir que la historia se repitiera no era una opción.

-Lo que escuchaste Kanon. De alguna forma Ares ha encontrado la manera de usar mi cuerpo nuevamente, por eso tengo que regresar con Athena. Mi obligación es informarle de lo que sucede para que ella me ayude a buscar una solución y, así, impedir que dañe a alguien; no pienso arriesgarles a salir heridos de nuevo-admitió Saga bajando la mirada.

-Yo iré contigo-Kanon habló sin pensarlo.

-No-el santo de Libra intervino-Si algo llega a suceder, estoy seguro que tú, Kanon, serás incapaz de levantar la mano contra tu hermano para no herir su cuerpo. No puedo permitir que se corra ese riesgo. Por esa razón, Shaka le acompañará; de ser necesario, el Tesoro del Cielo podrá detener momentáneamente a Ares.

-¡Es mi hermano y pienso ir con él!

-Te he dicho que no-pocas veces Dohko les había hablado de la manera en que se dirigía a Kanon en ese momento. Nunca le gustó hacer uso de su autoridad, pero si era necesario lo haría sin dudarlo.

La mano de Mu se apoyó en el hombro de gemelo al mismo tiempo que con una negación de la cabeza le pedía que acatara las órdenes del antiguo maestro. Este retrocedió con visible desacuerdo y no sin antes asesinar con la mirada al santo de Libra; en el fondo sabía que Dohko tenía razón sin embargo tomar la decisión correcta significaba "abandonar" a su hermano a merced de un dios que ya había demostrado tener la habilidad de derrumbar al poderoso santo deGéminis.

-Disculpe, maestro-Afrodita de Piscis se involucró en la conversación-¿No cree que podría ser peligroso enviar solo a Shaka? La muerte de Damen deja en claro que Ares no está jugando y que matará a quien intervenga en sus planes.

Dohko estaba a punto de responder cuando el mismo Saga hizo uso de la palabra.

-No, no creo que Ares haya sido el asesino de Damen.

-Si no fue Ares, ¿entonces quien fue?-Dohko arqueó una ceja con desconcierto.

Saga suspiró mientras meditaba la reacción que causaría la respuesta a semejante pregunta. Estaba seguro que había sido ella, pero no podía probar lo que decía.

-Afrodita-respondió tras dudarlo un poco.

-¡Maldición, Saga! ¡Prometiste que te mantendrías alejado de ella!-como un rayo Kanon se paró frente a su mano tomándolo del cuello de la camisa sin ocultar su rabia.

-Yo no me acerqué a ella. Afrodita hizo un pacto con Damen para que él me llevara a su presencia, y por lo visto ella no cumplió con lo prometido-contestó el gemelo sin perder la calma y mirando a los ojos a su hermano.

Kanon apretó más el agarre para luego soltar la camisa empujando levemente a su hermano. Estaba confundido. Por un lado le creía a Saga que la misma diosa forzó su encuentro, la sabía capaz de ello, pero también tenía el presentimiento que el de Géminis no estaba siendo totalmente honesto. Estaba ocultando algo y tenía que averiguar que era ese algo.

-Tiene sentido-Mu comentó analizando la respuesta de Saga-Eliminando a Damen, Afrodita limpiaría por completo cualquier evidencia de que estuvo cerca de ti, aunque tampoco podemos descartar que, de alguna manera, ella esté involucrada en esto. Puede ser que la diosa este apoyando a Ares y por esa razón decidió acercarse.

-Ella no tiene nada que ver-se apresuró a aclarar el peliazul.

Aquella rápida intervención a favor de la diosa de la belleza fue la gota que derramó el vaso para Kanon. Eso sí no lo iba a tolerar. Saga defendiendo a la diosa esa, era demasiado; su hermano iba a escucharlo le gustara o no. Volvió a aproximarse a él y, tomándolo del brazo, lo jaló hasta alejarlo del grupo ante la mirada incrédula de todos los demás santos. Más de uno de los espectadores trató de seguirlos, pero fueron detenidos por Dohko quien les indicó con un gesto que lo mejor era dejarlos discutir solos. Esa sería la única manera de tranquilizar un poco a Kanon.

-¿Por qué la defiendes?-cuestionó indignado el menor de los dos.

-No sé a que te refieres, Kanon. No la estoy defendiendo, simplemente estoy diciéndoles lo que ocurrió, la información incorrecta puede llevarnos a más problemas.

-¿De verdad piensas que soy tan idiota, Saga?-la ira de Kanon crecía a cada segundo debido a la fingida indiferencia de su gemelo-¿Qué quería esa mujer esta vez?

-¿Tú que piensas?-el sarcasmo en aquella pregunta era evidente. Saga ya estaba comenzando a cansarse de la insistencia del ex marina y deseaba poder quitárselo de encima lo más pronto posible.

-¿Y me vas a decir que tú no caíste?

-No, nada sucedió-mintió descaradamente Saga.

Kanon gruñó con disgusto. Si algo odiaba era que le mintieran viéndole a la cara-Perdóname que lo dude-agregó con ironía-No se de donde saqué la idea de que, quizás, siendo poseído por Ares es muy probable que terminaras cediendo antes las provocaciones de esa diosa.

-Aunque así fuera no tengo porque darte explicaciones-Saga le dio la espalda con la intención de alejarse de él y reintegrarse al grupo que les observaba expectantes.

-¡Te equivocas! ¡Me debes una explicación porque TÚ me prometiste que te mantendrías alejado de ella! ¡¿Entendiste?!-sin quererlo, una lágrima se le escapó a Kanon. Una lágrima llena de rabia y preocupación ocasionada por la ansiedad de ver a su hermano hundirse sin poder hacer nada para ayudarlo.

Saga de detuvo por un instante. Endureció las facciones de su rostro y continuó su camino sin confrontar a su hermano con la vista.

-Piensa lo que quieras, por ahora solo me preocupa llegar a Atenas-respondió como a quien simplemente no le interesa nada, aunque por dentro le conmovía la actitud de su hermano.

-Saga…cuídate-murmuró Kanon tras unos segundos de silencio dándole fin a la discusión.

Kanon vio a su gemelo reunirse con el grupo de santos que no les habían quitado la vista de encima permaneciendo atentos a cualquier eventualidad que pudiera surgir entre ellos dos. Saga intercambió un par de palabras con ellos, después habló unos cuantos segundos con Quirón y, por fin, emprendió el regreso acompañado de Shaka y dos centauros más. Ignoraba cuanto tiempo pasarían lejos el uno del otro, pero en su corazón aún mantenía la esperanza de que las cosas se arreglarían y que todo terminaría convirtiéndose en un mal recuerdo.

Esperó que el cuarteto se hubiese marchado para volver a acercarse a resto de sus compañeros quienes ya se preparaban para continuar la búsqueda del león y el cangrejo. Habían perdido demasiado tiempo con los hechos recientes y todavía no tenían la menor de donde encontrarían a los santos de la cuarta y la quinta casa, sin mencionar que ni siquiera sabían se continuaban vivos o no.

Aioros daba las últimas instrucciones antes de que volvieran a dividirse cuando una voz conocida les llamó desde el bosque.

-¡Hey! ¿Encontraron algo del gato y del crustáceo?-Milo ondeaba la mano para conseguir que la atención de los jóvenes se fijara en él y Camus.

-Nada ¿y ustedes?-el rostro del arquero ya deba indicios de cansancio.

-No sabemos nada, pero nos encontramos con Afrodita-respondió Milo sin pensarlo demasiado.

El silencio entre sus compañeros les indicó que algo había sucedido durante su ausencia y que, a juzgar por les gestos, no era nada bueno.

-Según ella Aioria y Máscara de Muerte aún están vivos, pero están heridos de gravedad,… ¿qué está pasando aquí?-los ojos de Camus se posaron sobre Dohko solicitando información al respecto.

-Larga historia-interrumpió Aioros mientras se preparaba para subir al lomo de Quirón-Por ahora lo más importante es encontrar a mi hermano y a Máscara. Si esa mujer está en lo cierto ya no podemos continuar desperdiciando tiempo.

El galo se respingó levemente a causa del tono de Sagitario, esa no era la manera en que el santo del arco solía hablarles. Su respuesta había sonado tan seca e indiferente, cómo si lo que hubiera sucedido no le interesara en lo más mínimo. Camus miró de reojo a Milo quien solamente subió los hombros para indicarle al acuariano que tampoco entendía nada de nada.

-¡Quirón! ¡Espera!-la voz femenina se perdía en el eco del bosque haciendo difícil localizar el cuerpo de su dueña que permanecía oculta entre los troncos de los árboles.

-¿Thera?-el centauro mayor alzó una ceja al reconocer a quien pronunciaba su nombre-Thera, ¿qué haces aquí? Creí haberte dicho que permanecieras en la aldea.

-Quirón…Cáncer y Leo-alcanzó a decir la centáuride mientras daba bocanadas buscando recobrar el aliento y sus ojos se humedecían para dar paso a las lágrimas-Ellos…ellos…están…

-¿Ellos están qué?-Aioros exigió una respuesta temiendo lo peor.

-Están muertos.


Continuará…

Primer comentario: ¡Felicítenme! Actualicé en una semana, eso debe ser un record personal. Segundo comentario: Por favor, no crean que siempre actualizaré a esta velocidad, es que Sunny ha estado inspirada y esto ha coincidido con unos cuantos días de completa ociosidad en la oficina. Tercer comentario: No me odien (*SS se esconde detrás de su escritorio y llora amargamente*), este capítulo me dolió como no tienen idea (mi adorado gatito y mi recién redimido cangrejo T.T).

Les agradezco que sigan leyendo tan fielmente esta historia y que dejen comentarios. Sunny vive de esos reviews y por ello les da las gracias por tenerla tan bien alimentada. Dama de las Estrellas, Anonymous-anonimo, Andromeda's Nightmare, Tisbe, Orion no Saga, Alfa, sol angel dpl, Andy Gaidden, Anali Wakashimazu y Sanae Koneko, a todos ustedes, muchísimas gracias por animarme adelante con este fic. ^^

Tisbe: Yo sé que vas a llorar junto conmigo, pero ¡perdóname! Le hacía falta un poco de drama al asunto, y pues el gatito y el cangrejo pagaron los platos rotos. El calvario de Saga apenas comienza, aunque no sé que tanto se puede considerar un calvario el andarse besuqueando con cierta diosa acosadora (para nosotras las fans SI es bastante doloroso XD).No te preocupes porque tu review sea largo, adoro los reviews largos. Cuídate muchísimo, besos y abrazos para ti, amiga.

Andy Gaidden: Primero que nada, te doy la bienvenida a este fic. La verdad es que, si hubiese tenido oportunidad, la diosa definitivamente se hubiera comido al gemelo, lástima que Saga tomó control de su cuerpo justo a tiempo jeje. Te debo la entrada de Mu, te aseguró que el de Aries tendrá su propio brillo, pero todo será a su tiempo. ¡¡¡Saluditos!!!

Bueno, chicos y chicas, me despido de ustedes. Hasta la próxima.

Sunrise Spirit