Capítulo 51

—Yo estoy de acuerdo.

Las palabras de Hans en su oído la sacaron de sus cavilaciones. No tenía que decidir ese mismo día, pero estaba pensando en cuándo sería un buen momento y las implicaciones de las acciones que se llevaran a cabo. Ni ella ni Olaf resistirían hasta que Hamish y Kaysa fuesen conscientes, y era un tema difícil para que la solución dejara conformes a todos.

—¿Qué? —murmuró atónita de su conformidad.

—Nosotros los criaremos para que se sientan contentos de donar una parte suya para dar vida a alguien. Y yo he vivido sin magia por décadas, no es tan malo.

Elsa miró a Hans tras su acotación y le sonrió. No habría acto más grande de bondad que otorgar una posibilidad de vida a otro ser. La magia no era indispensable y eran más importantes aquellos que amabas.

También supo que había sacrificios que lo valían.

Apartó la mirada de Hans.

—¿Qué debemos hacer? —requirió firme.

—Tienen que manifestar su magia y dirigirla a él.

—¿Cómo lo hago? —Quiso saber Anna. —¿Y mis sobrinos?

—¿De qué manera lo consiguió Elsa?

Anna y ella se sonrieron.

—Amor.

Del que su hermana tenía mucho por dar, especialmente a Olaf.

—¿Qué hacían los bebés cuando sus poderes se activaron?

—Reían —aportó Daphne. —Elsa estaba jugando con ellos y ambos rozaron a Sir Jorgenbjorgen a la vez.

Gran Pabbie asintió después de que Hans tradujera las palabras.

—Esa es la respuesta. Como tú, Elsa, los guían las emociones, que están ahí desde temprana edad.

Y en su etapa, la risa era lo más cercano al amor y la libertad, opuestos a su llanto de miedo y desagrado.

—¿Entonces ellas tienen que compartir su magia y los bebés reír mientras tocan a Olaf y Gran Pabbie hace lo suyo? —aclaró Hildbrand, el menos contenido de hacer preguntas que pudieran parecer tontas.

—Ningún otro puede intervenir o la guiarán a ellos.

—¿Y yo puedo ayudar? Tengo sueños que se vuelven verdad y presentimientos… —comentó Daphne dubitativa. —¿Y Jo? Mi hermano es muy intuitivo, ambos poseemos lo que nuestra abuela.

—No estoy familiarizado con sus orígenes.

Gran Pabbie se acercó a ambos y les indicó que se pusieran a su altura. Puso sus manos en las frentes de los dos, cerrando los ojos para concentrarse.

—Del pueblo picto y celta, nació de la suerte de criaturas féericas y magia druida. Se relaciona a un sentido extra. Es más antigua que la de Anna y Elsa, pero está diluida y no puede expulsarse del cuerpo. —Esa vez Gran Pabbie utilizó el idioma de los estadounidenses, aparentemente adquirido al entrar en sus mentes.

Su amiga suspiró. Elsa asintió en agradecimiento por la intención.

—No hay mejor tiempo que el ahora —le dijo a Anna. —Sentémonos en el suelo. Olaf, recuéstate.

—¿Estás seguros que quieren hacerlo? —cuestionó su amigo mágico dubitativo. —No es necesario…

Negó con una sonrisa.

—Tu pensamiento me dio los momentos más felices en mis horas más oscuras, a las dos, y cuando surgiste hace una década, también ayudaste a muchos en el pueblo. Tu existencia no merece acabarse mientras haya una posibilidad de ayudarte.

Le entregó a Kaysa a su padre y se acomodó junto a la cabeza de Olaf, deshaciendo la nube, lo que le otorgó más energía. Anna se puso al otro lado y besó a su amigo.

Ella tendió los brazos para recibir a uno de sus bebés, Hans le dio a su hijo y Anna recibió a su hija.

—Si no funciona… gracias Elsa, Anna, Kristoff. Hamish, Kaysa. Sean felices.

—Saldrá… bien —prometió Anna entrecortadamente y Olaf le sonrió con cariño.

Ellos tenían un gran vínculo.

—A Kaysa le gustan las cosquillas en la nariz —indicó Hans a Anna. Su bebé se agitó como si supiera lo que le harían.

Hamish mantuvo sus ojitos brillantes en ella y Elsa rogó porque saliera bien. Cogió la mano de Olaf y Anna la imitó con su muda indicación.

—Dame tu manita, mi amor —le habló a su bebé, que curvó su boca al ver su sonrisa y oírla.

Unió las tres manos. Gran Pabbie se colocó entre ellas, detrás de los niños y más cerca de su hermana.

—¿Estás lista, Anna? —preguntó al verla hacer lo mismo.

—Eso creo… —Puso cara de resolución. —Sí.

Gran Pabbie le asintió cuando lo miró de reojo.

—¿Quieren que cuente hasta tres? —sugirió Joseph y ambas rieron nerviosas, copiadas por sus hijos.

—¡Tres! ¡Tres! —soltó Daphne.

Anna y ella cruzaron miradas y Elsa concentró su poder lejos de ella, llenándose de palpitaciones de luz y aire, y calor.

Olaf se rodeó de una niebla blanca y luminosa que la cegó, e instintivamente su mano libre cubrió los ojos de su niño, el cual reía como su gemela.

—Te adoro, Olaf. —Oyó de su hermana.

—Por favor, vive —susurró ella.

Escuchó unos tosidos extraños antes de que la iluminación se apagara. Abrazó a Hamish y buscó a Kaysa con la mirada, respirando de alivio al encontrarla intacta, más calmada que su hermano riendo.

Un jadeo alto la hizo comprobar a Olaf… y ella también liberó el aire en su interior.

—¿Vamos a la playa?

El pequeño sentado cayó hacia atrás y solo el apuro de su hermana impidió que se golpeara su cabeza contra la superficie musgosa y rocosa.

—Es… es… ¿Olaf? —pronunció Elsa patidifusa, observando detenidamente el resultado de la magia.

El tembloroso niño humano desnudo ante ella se quitó de su línea de visión. Lo siguió con la mirada y vio que Kristoff lo había cogido en brazos y rodeado con su abrigo marrón.

—¿Está bien? ¿Respira? —Su hermana preguntó rápidamente.

—Sí, ya entró en calor.

—Dame a Kaysa. —Hans recuperó a su hija.

—Es tan chiquito como cuando conocí a mi Kristoff —manifestó una de las trolls adultas, de pelos amarillentos y piedras rosas, cuyo nombre había olvidado.

¿No que tenía ocho años? Él lucía de seis o siete.

—Es igual a Elsa… en niño —expresó Kristoff con asombro. —Sus ojos azules, su cabello rubio, su piel clara.

Elsa asintió lentamente. La apariencia le había quitado el aliento; era una versión infantil y masculina de ella.

¿Lo habrían hecho sus hijos?

—Eres a quien más aman. —Hans pareció adivinar sus pensamientos, sugiriendo que le darían a alguien su forma, buscándola siempre.

Era alentador que su semana de indisposición no les hubiera impedido esa conexión.

—El deseo en la energía de Anna y Elsa hizo que persistiera un niño, y tu hijo es el más fuerte de los dos, es natural que le diera peso —explicó Gran Pabbie.

—Pero… es humano.

—La magia en tu familia vino del cambio de forma de un cuerpo; Hamish "El Alegre" fue convertido en oso, con sus dos hermanos, por eso Olaf pudo volverse una persona. Y, reitero, tus hijos tenían la última decisión, especialmente el mayor.

Hans la ayudó a pararse sin cargar a su hijo, y Elsa, tras un largo periodo, se sintió muy bien físicamente, no estaba agotada por la reciente tarea. Su hermana ya estaba de pie, supervisando a Olaf, quien en sueños murmuraba de nadar en el mar.

Le llenó de alegría saber que finalmente él podría hacer eso.

Bajó la vista hacia Hamish y Kaysa, parpadeando listos para dormir, y la devolvió a Olaf, cobijado por sus dos mejores amigos mientras era un muñeco de nieve.

El destino obraba de maneras increíbles.

—Anna… Olaf no podría tener a nadie más que tú y Kristoff.

Como sus padres.

Su pequeña creación, quizá su primer hijo, podía quedarse con ella, pero Elsa sabía que lo había creado por y para Anna. Su hermana siempre había pedido hacer un muñeco. Anna lo había dibujado constantemente. Olaf la había buscado. Se habían acompañado por años.

Ella lo había ignorado y él se había guardado en los brazos de Anna.

Estuvo con Kristoff antes que con ella.

Esa oportunidad de existir tenía que ser con los dos que habían estado ahí para él. Era lo mejor. Era cierto que su hermana tenía sus fallas, mas ninguna había involucrado al pequeño.

Y Olaf podría ser su querido sobrino toda su vida. Él se sentiría feliz de tenerlos como padres.

Su hermana, quizá comprendiendo sus reflexiones, asintió entre lágrimas.

—Coge a Hamish —susurró a Hans.

Libre, caminó a su hermana y, luego del viaje amargo de una década, se envolvió en el abrazo más fuerte que pudo darle a Anna. Riendo, extendió su mano hacia Kristoff, que se unió con su nuevo sobrino en aquel reencuentro de los cuatro.

Los americanos y los trolls vitoreaban a su alrededor.

{…}

Hans bostezó y miró con envidia a sus durmientes hijos en medio del salón, dos pequeños angelitos ajenos a la terrible noche que habían dado a sus padres. Elsa y él apenas habían pegado los párpados para dormir, interrumpidos por frecuentes llantos de los bebés, aquejados por cólicos —como algunas noches—; habían creído que por permanecer despiertos varias horas del día anterior, debido a los eventos en el valle, tendrían un descanso hasta el alba, mas se habían equivocado.

Si bien les alegraba que no tuviesen los efectos de debilidad que mostrara ella, pasar en vela no era para celebrar.

Mucho menos lo era el sufrimiento de sus hijos. Sin embargo, era increíble que unas molestias de sus estómagos les causaran más inconvenientes que, desde el vientre, haber ayudado a su esposa a resistir hasta el parto —duda que había resuelto con Gran Pabbie.

Así pues, el pelirrojo quería ocupar sus lugares en echarse una siesta y no tener que llevar a cabo sus actividades del día.

…que podía cambiar.

Junto con sus amigos, iba a reunirse con un terrateniente a explorar el espacio donde podría abrir una fábrica y oficinas, aunque todavía debía decidirse de qué. No había ningún apuro mientras siguiera siendo dueño de todas sus propiedades y estaban en octubre, se quedaría en Arendelle hasta febrero.

(Y también se sentía un poco renuente a ese gran paso.)

Elsa entró a la estancia en aquel momento, coincidiendo con su presunto cambio de planes. Se puso en pie del asiento.

Ella caminó a él y le apretó el brazo fugazmente.

—Listo, ya puedes ir —dijo con una sonrisa.

Lo llenó comprobar que, de una vez por todas, lucía completamente sana. Sus pequeños objetos no le fatigaban y, aun con un poco de ojeras como las suyas, se veía resistente.

Los ojos de ella brillaron en un amor que antaño no había conocido para él.

—Arreglé que cenemos algo que te encanta, así que no vengas tarde.

Ella lo adelantó para revisar a los niños.

—¿Serás mi comida a la hora de la cena? —bisbiseó acechando a su presa.

Elsa rió al ser atrapada de la cintura con un fuerte agarre.

—Hans. —Movió los pies al sentir que la levantaba. —Tienes un compromiso con tus amigos —recordó gimiendo en risas.

—Quiero celebrar que desde ayer estás recuperada —anunció él a su oído, haciéndola temblar. —Ellos lo entenderán.

Ella giró la cabeza y cogió la de él para hacerla descender. Lo besó pausadamente, logrando que la soltara e incitara a darse la vuelta en sus brazos.

Disfrutó de su boca con fruición, contagiada de los ánimos entusiastas en él, ahora que las cosas habían mejorado para ella. Sus besos bajaron por su mandíbula y tuvo que llamar a todo su control o no acabarían.

Les quedaba mucho para estar juntos.

—Anda, llamarán a la puerta en cualquier momento —declaró soltando un gemido en medio de su tarea de apartarlo.

Él suspiró sobre su pulso.

—Hildbrand debería entenderme.

Le acarició la parte posterior de la cabeza.

—Ve, sé buen anfitrión.

—Esos ya se sienten en su propia casa —lo escuchó mascullar mientras se acercaba a la mesa con los bebés, a quienes besó sus frentes.

Esa imagen le encantaba, no podía contener sus ganas de dibujarlos en su cuaderno.

—¿Qué pasa? —preguntó yendo a él cuando vio que permanecía largo tiempo contemplándolos.

—Guardo sus rasgos porque pasaré un tiempo en Nueva York arreglando sus asuntos y me los perderé por meses. No quisiera, pero es algo que debe hacerse.

¿Hablaba solo de no verles? Dos veces le había cuestionado su decisión de instalarse en Arendelle, y siempre sospechaba que era renuente.

Él exhaló y se dirigió a la puerta.

—Me voy, ya que mi esposa me ha rechazado la vagancia.

Ella resopló, cruzándose de brazos.

—Todavía pueden modificar el menú.

—¿Somos vengativos, preciosa? —inquirió él guiñándole un ojo antes de desaparecer detrás de la puerta.

Negó, sentándose para aguardar por Daphne, que cuidaría a Kaysa y a Hamish durante su reunión con el Parlamento. Necesitaba lidiar con ellos y detener sus molestias, y tenía la capacidad física para hacerles frente como merecían.

Por supuesto, en la observación de sus hijos, los hechos de las últimas semanas (y meses) se recapitularon en su conciencia. Estando sola y sana, podía reflexionar cosas que había dejado a la mitad.

¿Cómo veía el futuro de cara a los cambios sucedidos?

Inspiró con fuerza recordando el destino de sus creaciones de nieve deshechas, cuyos recuerdos quedarían en su corazón y en el cuaderno que le regalara Hans.

—Están ahí en alguna parte —se repitió por enésima ocasión desde su partida.

Ya calma, le dio paso a sus pensamientos profundos.

Desaparecer a sus creaciones y el nuevo estatus de sus poderes suponían una adaptación… o, quizá, como los snowgies… un símbolo de comenzar.

…de alcanzar sus deseos.

Empezar a vivir como había añorado, de la forma en que había soñado continuamente en su soledad.

—Mis deseos —musitó trayendo una sonrisa a su rostro.

Francamente, no los veía en Arendelle. Estaban más allá de las fronteras de su lugar de nacimiento, donde había llegado al mundo como la heredera al trono, el principal valor que poseía para muchos, que le prohibía cosas por su estatus.

Asimismo, no quería que los deseos de sus hijos, como ella, fueran truncados por el reino; tampoco los de Hans.

Ahí estaba; lo había admitido. Ninguno de los cuatro estaría completamente pleno en Arendelle; ella no quería que se conformaran como lo había hecho por años, teniendo que callar su naturaleza, soportando desprecios y críticas, haciendo labores en contra de sus gustos, dirigiendo sus acciones por el bien de unas personas que habían sido ajenas a la Familia Real por años, entregando su libertad para cumplir con leyes absurdas, buscando alternativas que minaban su espíritu para darle felicidad a sus seres amados.

¿Al final todo había sido con qué objetivo? Para que sus hijos parecieran lo mismo que ella, viviendo en una posición donde se esperaría mucho de ellos, además de que llevarían el estigma de ser hijos de la bruja.

Quería que tuvieran elecciones.

Ella no había sido feliz perteneciendo a la nobleza, y no era la única; la vida no era tan plácida en lo alto de la pirámide, solo algunos pocos lo disfrutaban. Ser parte de la Familia Real conllevaba una obligación, pero no debía ser a costa de la propia felicidad.

Era mejor que Arendelle fuese liderado por alguien que quisiera, no necesariamente un rey.

Y era posible. Conocía a la perfección las leyes de Arendelle; las había estudiado hasta escribirlas con tinta indeleble en su memoria.

Casada en un matrimonio morganático, con un descendiente, un repuesto y diez años de reinado, era posible dar fin a la monarquía.

Los tiempos estaban cambiando y el futuro de Arendelle podía ser sin aristocracia. El pueblo tenía bastante experiencia sin involucrarse con ella; su antiguo rey había pasado trece años alejado del público, apenas recibiendo reportes de lo que ocurría en el exterior con el temor de que un secreto saliera a la luz.

¿Qué ocurriría con Arendelle si procedía con la disolución? El jefe de la guardia se preocupaba genuinamente por los habitantes y la tierra, podría poner esa condición ante Noruega; a él como gobernante hasta una votación y el dinero de la cesión de poderes y propiedades en las arcas de ese pueblo, a la vez que mantener el hospital.

Además, con los trolls tras el telón, ellos se asegurarían que hubiera bienestar y paz.

Ella sí tomaría la decisión que su padre nunca se atrevió a tomar y le había hecho resentirlo un tiempo; él pudo liberarle carga, considerando que tenía descontrolados sus poderes, y no lo había hecho.

Teniendo sus propios hijos no entendía por qué el deber, el honor y la tradición habían imperado en él.

Sus bebés sonrieron en sueños como si les pareciera correcto.

Acarició sus estomaguitos con sus manos. Tal vez sus hijos le reprocharían algún día su decisión, pero lidiaría con ello en tales circunstancias. Haría lo posible por darles una vida dichosa que no les hiciera añorar un sitio que les exigía sacrificios con cada pálpito de su existencia. Si era su interés, podían aspirar a gobernar con el favor de un pueblo; ganárselo —eran ciudadanos de tres naciones gracias a sus padres.

Cómo madre, quería darles la oportunidad de escoger su propio camino a uno que se les fuera impuesto. Y, tal vez, al igual que Hans, en América les sería más fácil.

Incluso ella podía dedicarse a las artes y gozar de anonimato, sus sueños.

Olaf, Anna y Kristoff podrían visitarle y viceversa.

—Elsa, ¿sí estás aquí? ¡Oh! Sí, llamé a la puerta y no respondiste…

Agitó su cabeza al escuchar a su amiga, para recibirla con una sonrisa.

{…}

—No, Hamish, vas a babear tu trajecito y no tenemos otro —reprendió Elsa dulcemente cogiendo el pañuelo para limpiar el rastro de saliva en la quijada de su hijo.

Kaysa rió como si entendiera lo que ocurría, soltando un poco de baba, rápidamente borrada.

—Oh, tu hermana no quiere defenderte, mi vida. Eres tan traviesa, mi amor.

Le hizo cosquillas en su naricita.

—Hace un año que nos conocimos oficialmente, habría sido muy extraño escucharte en ese tono.

Sonrió al escuchar las palabras de Daphne y sobre su hombro la vio aproximarse.

—En efecto. Es la magia que tienen los bebés… tú estarás así pronto.

—Espero no con dos. —Ambas rieron juntas y Daphne cogió a su futura ahijada. —¿Nos visitarás cuando eso pase? Esta lindura querrá conocer a su próxima mejor amiga.

—¿Tan segura de que tendrás una? —rebatió con una ceja enarcada.

Daphne guiñó los ojos.

—No lo sé. Pero acerté con ustedes. ¿Y? —añadió recordándole la pregunta sin respuesta.

Elsa asintió, manteniendo el secreto de su traslado a las antiguas colonias. Era una sorpresa que también le daría a su esposo cuando lo anunciara; prefería que fuese un hecho, porque Hans, creyendo —y no equivocándose— que también lo hacía por él, trataría de argüir y hacerle cambiar de opinión.

—¿Cómo eso no lo sabes?

—No te ofendas, a veces puedes ser indecisa.

Soltó una carcajada, con la que Hamish brincó en sus brazos. Daphne también cayó en la gracia, pero al poco se puso seria.

—Y… yo también… estoy insegura por lo que pueda pasar… tú que enfrentaste tanto, me ayudaría mucho tu compañía, por breve que fuera.

Elsa tragó saliva, recordando la plática de días atrás. Su amiga le había contado su historia personal y habían llorado, especialmente al notar cuánto había avanzado Daphne y lo fuerte que era para poder hablar de ello. La fortaleza por sí misma que tenía.

La que Elsa no había tenido por largo tiempo. Había sido poderosa, mas no fuerte por sí misma, sino por los demás; y había comenzado a serlo con todas las pruebas que se habían cruzado en su camino, que le dieron material resistente a su fragilidad interna.

También había ayudado que, al principio y todavía en ese viaje de fortalecimiento, tuviera a alguien que le daría un empujón en los momentos de debilidad.

Del mismo modo que Daphne lo había tenido, pese al inicio de ese vínculo; era una de sus más antiguas amigas, quien se había acercado más a la pelinegra por sus pasados similares y porque estaba enamorada de ella, pensando que tenía una oportunidad por no confiar en los hombres. Daphne no había podido corresponderla, pero esa mujer había hecho mucho para ayudarla y terminaron teniendo una relación de amistad que perduraba con los años; su amiga se sentía muy agradecida porque había estado ahí para ella en sus momentos más bajos, era alguien que había vivido lo mismo que ella y la comprendía, aunque la otra había sido obligada a casarse, a diferencia de la mayor de los Brown.

No cabía duda que los amigos podían hacer llevaderos muchos malos momentos.

—Estaré contigo, Daph.

—Como yo contigo, Els.

Se sonrieron. Nunca había esperado encontrar a una amiga íntima y la había hallado, sin importar la historia detrás. Podía ser sincera y empezar a confiar en alguien que no fuese su familia; en las semanas transcurridas desde su arribo, había ido estrechando su lazo, uno que, afortunadamente, seguiría afianzando al partir de su país de nacimiento.

Nunca dejaría de ser reservada, pero no lo llevaría al extremo como antes.

—Bueno, en lo que esperamos a la hora del servicio… Anna me confesó quién es, eso que tú sabes.

Elsa se quedó boquiabierta. ¿Tan rápido? ¿Así cuidaba su identidad?

Refrenó a la voz que le empujaba siempre a proteger a su hermana menor. Anna era independiente.

—Lo intuí cuando le hablé de ella, por cosas que salieron a la luz… es buena para ocultarlo, pero mi hermano es un as para eso y ya aprendí. Y mi sangre ayuda. Me cae bien tu hermana, mas tú siempre serás mi favorita y gran amiga.

Parpadeó.

—¿Me dirás que no te entusiasmaste por conocer a tu autora preferida?

Daphne rió entre dientes.

—Fue un poco decepcionante pues es una princesa, aunque saber su vida y que se casó con una persona de clase diferente marcó la diferencia. También cómo inició, pero no está tan mal, todas comenzamos por algo. Y… siento que soy un poco envidiosa, porque me gusta ser quien hable más, con Anna no puedo.

Negó divertida.

—Vaya, debemos ir a la capilla —dijo Daphne señalando el gran reloj del salón.

Afirmó.

Llegaron al edificio religioso con el tiempo justo para que el obispo les diera unas últimas indicaciones previas al bautizo.

Su esposo recibió a Kaysa y se colocaron en sus respectivos puestos en las bancas. La familia Håkonson-Westergård y sus padrinos del lado izquierdo, y los Bjorgman-Håkonson a la derecha, acompañados de Gerda y Kai, los padrinos de Olaf, quien con el paso de los días se adaptaba a la vida como si fuese la primera vez, puesto que había perdido casi todas sus memorias, manteniendo el gusto hacia los abrazos, las flores y el verano.

Para Hans, lo único importante de ese servicio dominical fue cumplir con esa ilusión de su creyente mujer y ser testigo de la valentía de su progenie al afrontar el agua fría, sin llorar, cosa con la que Elsa peleó al mirar el evento cúspide de la hora.

No hubo complicaciones y al finalizar los asistentes se retiraron a sus respectivos destinos; su comitiva al almuerzo festivo que tendrían en el castillo.

A él no le fue desapercibido que Joseph se despedía prolongadamente de Yulene, madre de Eir, comportándose con más caballerosidad de la habitual.

Perdió su oportunidad de molestarlo ante la aparición de su cuñada, la que lo instó a retrasarse de los otros.

—¿Sí? —formuló con la suficiente afabilidad para no ser un mal ejemplo en Hamish, al que sostenía y le observaba con sus inocentes ojitos grisáceos-verdosos.

Anna sonrió de lado.

—Lo hiciste.

—Soy muy bueno —repuso arrogante—; sin embargo, la referencia es vaga.

—Será una sorpresa si Elsa no te ahorca algún día. —Ella bufó. —En fin, me refiero a que sí la ayudaste, porque te convenía. Te inmiscuiste, escarbaste la superficie y le diste lo que le hacía falta.

Recordó haber manifestado, al principio de su matrimonio, que no salvaría a Elsa. No había ocurrido así, pensó, él solo había estado ahí mientras ella adquiría la fuerza de salvarse a sí misma.

Empero…

—Tenías razón, tú no podías acompañarla.

—Gracias por hacerlo tú. Estoy feliz porque la ames, no tenía esperanzas tan altas en ti; no obstante, superaste cualquier expectativa mía. —Él puso los ojos en blanco. —No me oirás repetirlo… así que, ambos, tú también, se merecen la felicidad que tienen. Te has quedado con la mujer cuyo amor es inmensurable, y tienes dos hijos preciosos. Disfrútalo, porque obtuviste el poder que no sabías que buscabas… y era el que necesitabas.

Luego de bastante enemistad, Hans le dedicó un amago de sonrisa amistosa. No podía negar que poseía más de lo que alguna vez había soñado.

Tener a sus hijos y el no poder ayudar a Elsa le habían enseñado humildad y muchas otras cosas.

—Tengo una casa en Dinamarca que heredé de una tía, pienso ponerla a nombre de Olaf, ¿la administrarás bien hasta que alcance la mayoría de edad?

Los ojos de la hermana de su esposa se expandieron.

—¿Sabes? Kristoff y yo consideramos mudarnos a un sitio con playas e inviernos con nieve, aquí todos le recordarán a Olaf lo que era y queremos que crezca con normalidad, sin confusiones. Has dado con la solución perfecta; no tan lejos ni tan cerca de los trolls.

Se dio cuenta que ella tenía una opinión menos favorecedora a esas criaturas que Hans desdeñaba; eran "parientes" de Elsa y no les había importado su martirio.

—Y mi hermana les tiene a ustedes, podemos irnos tranquilos.

Ella se inclinó a besar a Hamish y se dio la vuelta.

—Anna —llamó, obligándola a ladearse. —Ya no dejaré que te aproveches de Elsa.

—No eres el único que ha aprendido.

Él asintió y ambos se reunieron con el amor que les correspondía.

{…}

Antes de la reunión con el Parlamento, Elsa fue a la librería personal de su padre. Dentro, Hans se encontraba con sus dos hijos frente al retrato de su progenitor del día en que él tomara posesión de la corona; le esperarían ahí para su proclamación a los arendellianos.

—Algún día entenderán que el hombre del cuadro es el único abuelo que habrían disfrutado conocer —comentó su marido cuando ella se detuvo a su derecha.

—Por el otro su padre vino al mundo, es lo que le agradezco. —Sus bebés la buscaron al oírle. —Pudo negarse a tener más hijos después del décimo.

Hans bufó.

—Él no los sufría. —Ella rió entre dientes.

Él le entregó a Hamish, porque su querida niña se aferró a su bufanda.

—Elsa, ¿me dirás a qué viene el misterio? —preguntó curioso de la reunión a la que había sido prohibido asistir, seguida de un anuncio al pueblo.

Así mismo, el equipaje preparado para los cuatro, pensado para un viaje de rumbo desconocido para él, aumentaba su interés.

—Hans, voy a hacer una locura.

Frunció el ceño, recordando que ella le había dicho que la detuviera en un caso así.

—¿Estás segura de ella?

—Es parcialmente sensata.

—Entonces no hay nada más que decir. —Confiaba en que no sería demasiado grave; ella tendía a considerar locas cosas normales para otros.

—Te lo explicaré después, ¿sí?

Asintió.

Trató de no adivinar los planes de su mujer, aunque tenía sospechas, puesto que ella no le había adelantado nada por una razón. Se dejaría sorprender.

Elsa miró el reloj y se puso en puntillas para besarlo. Él le correspondió envolviéndola en lo que terminó siendo un abrazo de cuatro.

—Debo irme —dijo ella sobre sus labios y se apartó para besar las cabezas de los bebés.

Hans la miró salir segura, con la cabeza en alto, demostrando más aplomo del que le había visto en todas las veces que iba a reunirse con esos indeseables.

Tenía firme resolución en lo que iba a hacer.

Y así era. Dirigiéndose a la otra ala del castillo, la joven reina exudaba la confianza que sentía por esa importante reunión.

Si hubiese tenido dudas de lo que haría, con sus emociones enérgicas habría borrado de golpe su irresolución.

Tenaz, llegó a su destino y entró con el porte que correspondía a su título.

Concluida la ceremonia de ingreso, de pie ante el Parlamento, Elsa disfrutó al mirar a los miembros confundidos por su cita repentina. Esa vez ella era la que buscaba intimidarlos y demostrar a la verdadera reina que habían subestimado por años.

Espió al reloj, midiendo bien el tiempo para la hora en que se presentaría al pueblo, también citado —en el patio—; a las cinco.

—Se preguntarán por qué pedí una reunión días después de la correspondiente al mes de octubre.

—Efectivamente, Majestad. Hablo por los demás al mencionar que igual nos produce intriga su aparición en el palco —habló Lord Jørgensen acomodándose su corbata, un signo común de su nerviosismo.

Ella sonrió y supo que al hacerlo obtenía la atención absoluta de todos.

—El tema central de mi convocatoria es la conclusión de una era.

Expresiones desconcertadas poblaron el lugar.

—Es mi voluntad acabar con mi reinado y, bajo la ley de Arendelle, dar término al sistema Real.

Cada uno de los asistentes soltó exclamaciones relacionadas al oprobio e incredulidad, ninguna de las que era necesario enunciar individualmente.

Sir Christensen llamó a la paz.

—Majestad, entendemos que con la llegada de sus descendientes ha pasado por circunstancias atenuantes a esta equivocación momentánea… su estado emocional la disculpa y nos da…

—Cuánta condescendencia para rebajar mi capacidad racional, barón —interrumpió con tono frío. —Controlo mis emociones mejor que todos en esta sala, o les habría convertido en hielo hace mucho. Créanme. De modo que no hay consideraciones que deban tomar por mí y mi decisión hecha con pleno uso de mis facultades. Nada me hará cambiar de opinión. —Lord Johannes trató de intervenir y ella le advirtió con una mirada.

—Estará en una encrucijada, reina Elsa, porque no consentiremos esa ignominia —decretó Lord Amundsen sin pedir la palabra.

Le miró de soslayo, desestimándolo al dirigirse a los otros.

—Por supuesto, cuentan con una alternativa más. Si yo abdico, Kai no puede volver a administrar el reino, mi hermana tampoco, y ustedes están prohibidos a hacerlo —lo que había servido para no derrocar el poder de su familia—. Los próximos en la lista son mis parientes franceses, quienes en menos de los dieciocho años que corresponderían para el ascenso de uno de mis descendientes, dilapidarían los bienes de la Corona, sin compartirlo con el reino.

Claramente era sarcasmo, porque solo se interesaban por sí mismos, y sus primos lejanos no incluirían al Parlamento en sus planes de poder social y monetario, aprovechándose de los entresijos de las leyes.

—Ustedes deciden qué presento al pueblo más tarde… mi anuncio de abdicación o la disolución de la Monarquía.

Extendió una hoja enfrente de ella, donde se disponía la abolición de una de las máximas normas de la Constitución y, por ende, se le quitaba validez a su monarquía.

(Alguno de los creadores debió haber considerado, tentativamente, que un descendiente querría eliminar a la Familia Real.)

—Si no firman lo dispuesto por mí, yo abdicaré. Sean prudentes al decidir, el destino de Arendelle depende de ello. —Es decir, el de ellos; la riqueza sin título o la pobreza con uno; al acabar con la monarquía recibirían un beneficio económico considerable.

El primero en acercarse fue el señor Anders, que cogió el papel, le dio lectura en voz alta y plasmó su firma. Poco a poco, los integrantes del Parlamento se unieron para firmar, dejando a Lord Amundsen como último.

Él puso su horrible letra y ella pensó que rompería la hoja por su energía.

—Siempre supe que no serías buena para el reino —siseó amargo.

—Es de cobardes habérselo guardado hasta ahora, pero no es información nueva para mí, padrino. ¿Se siente bien temer el congelamiento, ya que yo he demostrado ser capaz de atacar a mi propia hermana?

Escuchó el rechinido de sus dientes.

—Disfruten de su última temporada como aristócratas, señores. —Ella iría con el rey de Noruega en marzo. —A partir del próximo año las cosas van a cambiar.

Abandonó la sala en tenso silencio, sintiendo cómo un peso enorme se le iba de encima. No temía que le hicieran daño, su magia le aventajaba en aquel respecto.

Respirando fuertemente, corrió a su habitación y ocultó el papel donde sabía que nadie lo podía robar; incluso si partían esa misma noche a Países Bajos, como pretendía hacer para que la idea sentara en el pueblo.

{…}

Elsa se había cambiado de ropa y utilizaba las mismas prendas con las que Hans la mirase por primera vez, replicando también el peinado alto que presumiera en su coronación.

Seguía luciendo hermosa y espléndida como aquel día, mas dotada de signos de madurez y felicidad que no tuviera entonces. Como era de esperarse, eso suscitó comentarios no disimulados de los súbditos reunidos en el patio, cuyos ojos fluctuaban de ella a las dos criaturas en brazos de Hans, resueltas a no dormirse y estar presentes en la escena protagonizada por su madre.

Su esposa alzó la barbilla y las voces de los arendellianos murieron, precisos de oír a su gobernante.

Ella empezó a rememorar sucintamente la historia del reino de Arendelle, pasando por su fundación en tribus sedentarias, el surgimiento de una monarquía siglos después, el auge de esta, las guerras, la disminución de sus tierras, la Gran Helada, y otros acontecimientos notables, algunos desconocidos para él, no incluidos en sus estudios de aprendizaje de aquel territorio. Ella era buena contadora de historias, porque no lo hizo sonar aburrido, sino tuvo un cariz emocionante y misterioso para el objetivo final.

Pero este no fue como lo esperaba; ella resaltó la fortaleza de los habitantes, los actores principales y héroes de la narración, poniéndolos en un pedestal que los hacía merecedores de la decisión que había tomado y en la que les guiaría en un principio hasta que mostraran el valor que poseían.

Hans, estupefacto por lo que se imaginaba, por poco se perdió las palabras de ella que lo confirmaban.

—…disolución de la Monarquía.

Hubo muchas respuestas del público de su esposa, dignas de la noticia histórica para Arendelle. Él, solo de la costumbre, se mantuvo impávido, no queriendo atraer las miradas.

¿Por qué quería hacerlo? El reino le había dado dolores de cabeza, pero no había dado el paso que acababa de proclamar, reteniéndose por alguna razón… y, en realidad, él creía que ella apreciaba mucho ese sitio.

¿La movía la perdida de sus criaturas y la disminución de su magia?

La posibilidad de más peso barrió en su mente con amor, arrogancia y consternación.

¿Le motivaba el cierre de sus oficinas americanas, a lo que se había opuesto al ser mencionado?

—Ustedes no necesitan a una Familia Real, nadie lo hace —proclamó Elsa en ese instante.

—¡Viva Elsa la Grande!

Pestañeó al escuchar el vítor de los hermanos Brown, sin inconvenientes de crear conmoción en una multitud. Al hallarlos, en un grupo formado por ellos, Hildbrand, Anna, Olaf y Kristoff, los otros cuatro la secundaron. Asintiendo, las demás personas comenzaron a repetir el apelativo.

Elsa se giró a él y corrió a abrazarles. Hans le devolvió el beso por instinto, pues en su interior nacía un fuego de indignación por el camino que ella se había visto obligada a tomar.

Esa llamarada le hizo creer que ella fingía al mostrarse pletórica en las próximas horas de celebración, incrementando el coraje y pensamientos tempestuosos de Hans, que se convencía de haberla acorralado como le habían hecho a lo largo de su vida.

Y maldijo que únicamente pudieran estar a solas en la noche.

—¿Qué hiciste, Elsa? —increpó molesto cuando los bebés se habían dormido, yéndose a la otra habitación para insinuar que lo siguiera.

Skygge maulló.

—Me pareció que estabas enojado —afirmó ella entrando detrás de él, cerrando para que el gato no se colara. —¿Qué tiene de malo mi anuncio?

—¡Demonios! —Se giró. —¡Renunciaste por mí! —Una sombra en el rostro de ella le confirmó su suposición.

—Tengo mis motivos, no…

—Te conozco, Elsa —la cortó, con la impresión de hierro ardiente en su pecho, subiendo y bajando por todos sus miembros. —¿No puedes pensar en ti misma? Maldita sea, eres a la única persona a la que deben pedírselo. Está tallado en tu rostro, es por mí. Yo no quiero que dejes el trono. Tú naciste para ser reina.

—¡Hans!

—¡Vas a retractarte!

¡No dejaría que ella desechara toda su vida por él! ¡Ni que sus sacrificios fueran en vano! ¡Había cumplido todos los requisitos para el bienestar del reino y no los abandonaría por su culpa!

¡Por eso los sentimientos eran un peligro! ¡Ella estaba cometiendo una gran tontería para complacerlo!

¡Él era como esos que odiaba por empujarla a lo que no quería!

Elsa gruñó.

—¡Escúchame!

De reojo, se encontró con su baúl. Fue hacia él, lo abrió y empezó a sacar sus cosas.

¡Ya cobraba sentido! Planeaba su retirada del reino.

No viajarían juntos a ninguna parte hasta que cambiara esa radical ocurrencia. Ella pertenecía a Arendelle, al igual que sus hijos. Era un pueblo que abrazaba sus diferencias y no la despreciaba.

La mano de Elsa le impidió continuar.

—Tranquilízate, estoy empezando a enfadarme de verdad. —Se soltó y alejó de ella. —¡No voy a desdecirme! ¡Y vas a calmarte! ¿Es que has perdido la cabeza? ¡Quiero algo diferente para nuestra familia! ¡Quiero ser libre!

La ignoró caminando hacia la puerta.

—¿A dónde vas?

—Montaré a Tapp para tratar de recuperarla y aclararme —respondió mordaz—. No me esperes esta noche… o más… —agregó muy bajo.

—Hans, vas a matarte si cabalgas en ese estado.

Volvió la mirada sobre su hombro.

—Bueno, eso te haría las cosas más sencillas, ¿no, Elsa?

Ella jadeó lívida. Hans quiso parar y no pudo detener su lengua.

—¡Cállate!

El pecho le dio un aguijonazo al tiempo que una idea surgía en su mente.

—Sí, sería mejor si yo no estuviera —murmuró con un nudo en la garganta, encarándola. Ella palideció más.

—No, no. —Elsa corrió a él, sujetándole las manos.

—¡No voy a suicidarme! —exclamó asqueado y asombrado.

—Hans…

Tragó saliva.

—Divorciémonos —demandó, soltándose de sus manos.

—¿Qué?

—Quieres ser libre, ¿no?

Los dedos de ella se abrieron como sus ojos y él lo aprovechó para abandonar su dormitorio. Sabía que, por sus hijos, ella no le seguiría inmediatamente y él habría ganado ventaja en su intento por detenerlo.

Corrió a la planta baja, apresurándose a las caballerizas, donde ensilló a su equino rápidamente y partió a todo galope.


NA: ¡UF!

Si sobreviví al capítulo pasado, no sé cómo lo haré con este.

Los pictos son un antiguo pueblo escocés, hasta al menos el siglo X; como puse el de Elsa en el ambiente de Mérida en el siglo XII, eso explica que sea más antiguo. Los druidas eran los sacerdotes de la religión celta (un grupo de tribus extendida por Europa antigua), y a ellos se les asociaba la adivinación, magia, astronomía, medicina, etc. En sí eran estudiosos y sabios, lo que en la época antigua ayudaba a vincularle una creencia mágica. Las criaturas feéricas son las hadas o los duendes. Así, lo que se relaciona con los Brown es la parte del buen análisis y la suerte, aprovechando con que hay magia en este universo, haciendo que ella pueda tener "visiones" y él "sepa cosas", de los dos un sexto sentido. Solo por si surgía la duda; son mitologías y datos históricos muy abundantes y a veces con diferentes versiones.

Bueno, voy por partes. ¿Por qué Olaf continuó vivo? En Toy Story 4 me gustó que incluyeran una referencia a la donación, lo cual de algún modo me inspiró a incluirlo en un fic mío. Y, pues, les doy el spoiler, la magia no se acabó con eso de Olaf, Gran Pabbie está equivocado, o más bien él simplemente no quiso revelar más, típico de su parte.

¿Por qué se convirtió en niño? Si continuaba como un muñeco de nieve, Elsa no iba a estar tranquila manteniéndolo a distancia. Anna no se habría podido ir muy lejos con Olaf porque Elsa iba a estar pensando continuamente en cómo estaba y si la necesitaba. No fue para darle un hijo a Anna, sino lo último para que pudiera estar menos atada a Arendelle.

Y con la última parte. Estoy casi segura que ya pensaban que era el último capítulo, pero nop. Nos quedan dos para acabar este fic, escribí 53 capítulos de la historia, el de hoy mostró el gran climax final, una cosa que se había ido construyendo de a poco con frases por aquí y por allá. ¿Saben? Un gesto revelador de Elsa no queriendo el reino es "Let it go" y cómo no se preocupa mucho por el bienestar de Arendelle con ese invierno. Y tampoco es que le importe mucho a la otra, si hasta Anna dejó a Hans a cargo sin un plan, solo más enfocada en su hermana y en los problemas de ambas (acepto que puedo ser un poco imparcial al juzgar a la menor ja,ja). Vaya, que el papá con su decisión no fue mejor, con eso de que cortaron la tradición de la campana y seguramente otras más, despegando al pueblo de su rey.

Además, en los últimos tiempos, tras resolver lo de sus primos franceses con el matrimonio y su embarazo, Elsa no se interesó demasiado por el reino, hasta el momento en que llegaron los amigos pensaron en su familia y que los otros se las arreglaran como pudieran, no muy dado a un verdadero líder. Ella ha tenido ese pensamiento de la disolución y la vida que tengan sus hijos como príncipes durante un rato, solo que ya resuelto lo de su debilidad es que se atreve a enfrentarlo. Creo que ahí sí coincidía con Disney, solo que yo no estoy tan mal para poner a Anna reinando ja,ja,ja.

Ahora bien, en efecto Elsa tiene el porte para ser la reina, pero si le hubiesen dado otra crianza habría sido excelente para el puesto. Hacía un trabajo decente, pero se exigía demasiado a ir en contra de sí misma, no pudiendo dar su potencial. Para mí, el que se quite los guantes con la canción también representa a que otras manos se merecen al reino.

Y la respuesta de Hansy será explicada en otra escena. Pero pónganlo al nivel de su intento de asesinar a Elsa en el pasado, con la explicación de su secuestro emocional dado en mi fic. ¿Adivinan qué resulta de esto que queden dos capítulos para terminar?

¿Esperaban un final después de resolver la debilidad de Elsa? No, este fic es Helsa y el drama último que le da fin es de la pareja XD . Las parejas a veces tienen desacuerdos.

Besos, Karo

PD. Delilah447 fue quien se acercó con sus hipótesis de lo que podría ocurrir. Qué miedo.


Gracias por sus reviews / Thank you for your review

Yuecita: Esta se me fue volando también, pareciera que apenas ayer estaba publicando capítulo. ¿Qué será de mí cuando ya no tenga las actualizaciones programadas? Ah, espero que esta semana te fuese bien. Ja,ja, pues sí hice bien distrayéndoles con lo que podía ser lo de Elsa, fueron cosas que se tuvieron que unir desde pequeñas escenas en el pasado (como la explicación de la magia de Elsa y su aborto), la mayoría de las cosas tienen una causa. Lamentablemente le tocó dejar ir a sus criaturas, pero así ocurre a veces. Me halagas con tus palabras, espero que te guste la historia hasta el final.

Lucia: Sí, tocaron las revelaciones que hacían falta en el fic, como siempre los trolls jugando a su manera, pero bueno, esa es su naturaleza. Elsa siguió viva y aquí ya estaba recuperada, hasta tener el bautizo de sus bebitos. Los gemelos conservan su magia, pero Olaf también vivió y de qué manera, ¿no? Eso no se lo esperaban je,je. / Me gusta tu visión de lo que influyó esa criatura deseada no nacida, Elsa y Hans dieron el verdadero paso para unirse con el evento.

Guest1: ¿Hola, Sarah? Ja,ja, si lo digo de manera inadecuada parece que me alzo, pero traté de encontrar razones y circunstancias que dieran con un problema y su solución je,je. / Ojalá que me salga un tiempo futuro para poder hacer un OS de eso, sería interesante tratar de ponerlos en ese AU; generalmente escribo en el universo normal, pero es bueno explorar otros mundos je,je. / Ja,ja, ya tienes una idea de por dónde va Joseph, pero no era Helga, sino la mamá viuda de cierta niña que ahora es más grandecita, qué mejor regalo podría tener la nena que el mejor amigo de Hans (para atar bien los cabos, el papá de ella era un escocés pelirrojo, razón de que Hans se le pareciera). / Sí, Hansy es un papá baboso, una faceta nueva de amor, ya que de Elsa le conocemos más lo cariñosa, cada uno de sus bebés le tiene prendido de un brazo. / Es cierto, se fueron los íconos, pero no fue tan notorio porque casi no salieron, sabíamos que existían pero no tuvieron presencia más que una vez, dos más si tomamos en cuenta sus menciones.

Guest2: ¿Cómo estuvo este final? Debió ser más de shock ja,ja,ja, amo construir un capítulo que concluya de manera dramática, ahora sí necesitarán que la semana pase rapidísimo. Con los trolls siempre sale una u otra, no hay más, pero ya se acabó ese asunto y los bebés tienen sus poderes, aunque eso no lo saben todavía. Ya será para la otra, como quedó mostrado aquí, pueden influir para muchas cosas. / Sí, las criaturas se fueron y ya Hans se arrepiente de haber bromeado con ellos y pensado en aprovecharse, aunque con las cosas que pasaron ni se acuerda de sus planes del principio. Qué cosas con su obra de mano barata. / Elsa y Daphne se han compartido cosas, y sí que Elsa y Hans se acuerdan del contrato, no desesperes. ¿Que si caerán en las manos de los gemelos? Eso está por verse, hay cosas que aun deben pasar en los siguientes dos capítulos.

Guest3: Sí se puso intenso, ja,ja,ja, tenía que terminar con un drama fuerte o no me sentía tranquila. Y era algo que debía de pasar porque era un tema que tenían pendiente, la diferencia de opinión con la geografía de su unión. Ay, madre, eso después de la dulzura es malo de mi parte XD . Me gusta que lo ames, je,je, yo cuando digo que pondré drama, me aplico. / Está interesante hacer de Elsa alguien sin poderes, por eso lo tengo para un fic futuro que disfrutaré escribiendo, pero aquí no tocaba, así que no te quedarás con la duda; aun es para un tiempo lejano, si sigo con vida, pero está en mi agenda. Tengo varias escenas escritas :D; ahora bien, los niños con poderes era predecible, nada más había que pensar cómo podía ser esa magia. Y de Olaf, ya puedes estar tranquila, Patricia, el final casi deja de estar presionándote. Nada más espera a la segunda semana de agosto y esto dio fin.

Guest4: Happy to answer you. Sometimes I forgot words but nothing that google-san can't help me ha,ha. It's sad Elsa's creations had to dissapear, but we all prefer her alive and well. And it's true her life is different now, she has to live with the circumstances, though is hard while copping with it. The Parliament now received shocking news, but Arendelle's population is almost independet from their Monarchy since Elsa was 8. Twins will have more freedom, indeed. For their father's family you'll see in future update. Don't worry for having questions, I like that (I'm also like that constantly).