Hola, gente de , vengo con otro fanfic del que tenía muchísimas ganas de subir desde aquellas fechas donde todo mundo moría de hype por el teaser de la nueva secuela de BOTW. No obstante, no se me dió la oportunidad de unirme al mame (Xd) y bueno, también tuve que hacerle numerosas correcciones y revisiones, ya que es rara vez cuando escribo fanfics de este tipo (que no fuesen de romance, ejem).Antes de continuar, dejo este disclaimer:1-Este fanfic transcurre luego de los sucesos del teaser de la secuela de Breath Of the Wild, justo después de que Link aparece en ese templo flotante en el cielo. Puede contener spoilers muy pequeños, tanto de BOTW2 como de Skyward Sword. También hay contenido sensible (algo de sangre y violencia gráfica), por lo que si no es de tu agrado esto, se recomienda no leerlo.Hay otra cosa que quiero aclarar, pero dejaré esa nota al final.Sin más, yo los dejo leyendo. Espero que les guste.


Narra Link

Me situaba en los terrenos de una infraestructura muy antigua, incluso más antigua que la de los sheikah, dónde lo único que se podía respirar era una eterna y profunda la soledad. Este lugar se encontraba plagado de columnas y estatuas destruidas, las cuales ya ni se les podía distinguir su forma porque el moho y el paso del tiempo se han encargado de deformarlas. No obstante, a pesar de sus defectos, el ambiente que emanaba me hacía sentir algo... nostálgico. No sé por qué la melancolía abundaba en mis emociones estando en un templo en ruinas al que nunca había venido antes.

Todavía no terminaba de comprender como había sido posible que llegara hasta aquí, y mucho menos como era que mi usual aspecto con la túnica hyliana haya cambiado radicalmente. Lucía como una clase de guerrero, cuya raza nunca se le había visto en el Hyrule actual y se sabía solamente que se llamaban Zonai. Lo poco que recuerdo de lo que ocurrió antes de llegar hasta acá, era un instante muy amargo, un escenario que me era difícil de ocultar de mi mente; un tétrico esqueleto que se retorcía de manera sobrehumana que esparcía gritos ensordecedores que ocasionaban un devastador temblor, una especie de extremidad de un espíritu tomando mi mano... y Zelda... cayendo al vacío... cayendo a la incertidumbre de la supervivencia, a un sitio que solo las diosas conocían.

Esa imagen me desmoronaba emocionalmente. Yo había tratado de salvarla, pero ese extraño ente tenebroso no me lo permitió. Fui muy lento y descuidado para evitar esa tragedia. Otra vez lo había arruinado de nuevo, no fui capaz de lograr rescatarla de aquel abrumador y horrible destino.

Y aunque me carcomía ese escenario, debía continuar con mi periplo. Noté que movía de forma automática hacia el fondo de ese lugar, dónde sin esperármelo, me encontré con una enorme estatua con forma de la diosa Hylia al final del camino. A simple vista, había sufrido las consecuencias del abandono de su mantenimiento por obra humana, del tiempo y de la naturaleza. Si lo analizaba bien, medía casi un tercio de lo que median las torres sheikah. Yo no podía dejar de admirarla. Mis ojos no querían desquitarse de ella. Es como si me ordenara que no dejase de visualizarla, que le prestara la mayor de las atenciones porque tenía algo importante que enseñarme. Entonces, cuando me perdí en dicha admiración, una voz me llamó.

—Link... -La voz se emanaba como la de una mujer, pero cargaba un sentimiento de malestar. Miré a todos lados buscando su origen, pero no encontré a nadie más que mi efímera presencia. De la nada, todo se convirtió en una amarga y penetrante oscuridad.

—Link... ¿Cómo tuviste el atrevimiento de hacerlo? -preguntó, sonando con un gran aire de decepción. —Es increíble lo que cometiste. No lo esperaba de ti.

—¿Huh? -cuestioné completamente confuso. ¿De dónde venía esa voz? ¿Por qué me generaba mucha incomodidad? ¿Y por qué me exclamaba clase de cosas?

—¿Cómo pudiste asesinar a tanta gente, sin mover siquiera un solo dedo? Dejaste morir a todos... -la voz se hundía de agonía, de dolor, de coraje. Yo estaba completamente confuso y antes de abrir la boca, un terrible e insoportable dolor se me presentó en la cabeza.

—¡¿POR QUÉ DEJASTE DERRAMAR TANTA SANGRE EN LA TIERRA SAGRADA DE LAS DIOSAS?! ¿TE DAS CUENTA DE LO QUE HICISTE? -me espantó en sobremanera, pues ahora se manifestaba deformada, chirriante y extremadamente macabra.

Sentí mis manos empapadas, pero no de sudor, sino de otra sustancia. Las miré y quedé horrorizado; estaban completamente manchadas de sangre, sobre todo la de la derecha. Pero esa era sangre no era mía, ya que busqué rápido alguna herida de dónde se fugara, pero no había nada. De un momento a otro, empecé a retorcerme de dolor. El cuerpo lo sentí grávido, por lo que me desplomé al suelo. Mis respiraciones eran aceleradas, los huesos los sentía como rocas y el dolor de mi cabeza era como si me estuvieran perforando mil espadas a la vez. Me llevé las manos a la misma y me manché de sangre la cara y otras partes de mi cuerpo, por las convulsiones que me impedían controlar mis movimientos. Unas agresivas náuseas también me dominaron mi garganta, pero no expulsé nada de mi boca, pese a que eso no quitaba lo desagradable que era esa sensación. También experimenté que estaba siendo exprimido con una furiosa fuerza que rápido me dejó marcas y moretones. Soltaba quejas deplorables, agonizando con todas mis energías. Mis ojos, que iban derramando montones de lágrimas, estaban cerrados por la presión, por lo que no sabía que estaba pasando en mis alrededores. Aun así, pude oír miles voces, gruesas y graves, claramente de hombres y mujeres, niños, ancianos y adultos rogando por sus vidas, agonizando en lamentos ensordecedores que cada vez eran más fuertes.

—¿OYES ESAS VOCES? ¡SON DE LAS PERSONAS QUE NO SALVASTE! ¡DE LOS INOCENTES QUE CONFIARON EN TI! ¡A TODA ESTA GENTE LA DEFRAUDASTE! -volvió a expresarse la voz anónima, cargada de furor y rencor. Yo no podía hacer nada en mi estado, luchaba por mantenerme de pie, pero lo que estaba consumiéndome era más fuerte. Era tan intenso que me rendí y me dejé dominar por el infierno que invadía mi ser para esperar lo peor.

No obstante, entre el tornado de los gritos desgarradores, el sonido de unas cuerdas empezó a sonar de la nada. Inició con notas siendo tocadas al azar. Pasados unos segundos, fue tomando forma a la de una melodía, cuyo volumen aumentaba poco a poco. Extrañamente, mientras sonaba, yo también iba sintiéndome mejor. El imaginario fuego que me estaba quemado hace unos momentos estaba desapareciendo de cada fibra de mi ser. Llegó un punto en el que la celestial tonada opacó al endiablado ruido que casi me masacraba, llegando a emitir ecos. Logró esfumarlo como por arte de magia, quedando como la única resonancia que habitaba en este espacio cuyo entorno era mudo, fresco y acogedor, tanto que se percibía purificante para la mente, el cuerpo y el alma. Había cambiado su lúgubre negro a unos tonos azules y blancos, asemejándose mucho al cielo, solo que aquí hasta podía ver mi reflejo en el piso, como si estuviese sobre el agua, pero sin empaparme los pies. Yo me recuperé por completo, como si nunca hubiese experimentado la tortura física y mental que me estaba comiendo vivo.

Cuando ya estaba completamente a salvo, la canción terminó. A pesar de que ya no me dolía nada, no podía levantarme. Me quedé en cuatro, respirando hondo, esperando recuperar la capacidad de ponerme de pie. Sin embargo, escuché unos pasos que sabía perfectamente que iban en mi dirección. Yo, aún en el suelo, me limité a alzar la mirada despacio, rogando por dentro que no fuera a hacerme un daño o algo peor como lo que experimenté recientemente.

—Tranquilo, ahora estás a salvo. No me...no te haré ningún daño. -ahora la voz que decía eso era masculina, pero regada de calma y pasividad. Mi vista pasó de ver unas botas color marrón a ver el rostro del dueño de esas palabras.

—Toma mi mano, sin miedo. Déjame ayudarte. -la persona que tenía justo frente a mí era un muchacho de cabellera castaña un poco desordenada, ojos grandes de un azul oscuro y de piel blanca con un ligero subtono tostado. Su semblante era pasivo, tenía una diminuta sonrisa en su cara y un brillo acogedor en su mirar. Llevaba una especie de traje de color verde olivo. En su cabeza, portaba un gorro que terminaba con una punta y debajo de su túnica llevaba una camisa de manga larga color crema, pantalones de un tono más oscuro a su camisa, un cinturón y guantes con protectores de color café que dejaban descubiertos a los dedos. Pero lo que más me llamó la atención fue que, en su mano izquierda, cargaba un objeto redondo con cuerdas; una lira dorada, con un diseño muy peculiar. Enseguida, supuse que él había sido el autor de esa sonata y también el que me rescató de aquel infortunio. Temeroso le di mi mano derecha y grande fue mi sorpresa de ver qué estas ya no estaban manchadas de ese líquido escarlata. Verifiqué el resto de mi cuerpo y no había más ningún rastro de ese líquido rojo. Me puse por fin de pie sin dificultades. Por un momento, creí que eso se debía al tacto que había tenido con ese chico, que me emitió una calidez fugaz en cuanto nuestros dedos se tocaron entre sí.

—¿Tú me salvaste, verdad? -pregunté por fin, aliviado de que ahora sí podía actuar de manera consciente y voluntaria. A pesar de lo que deduje, quería confirmar si fue así.

—Así es. Usé esta lira para detener esa malicia que te estaba consumiendo. ¿Cómo te sientes?

—Mucho mejor... te lo agradezco enormemente. -le sonreí amable.

—No hay de qué. Después de todo, tienes una misión que continuar y eso que te pasó iba a impedirte de sobremanera en cumplirla.

Mi expresión se tornó a una confundida. ¿Cómo sabía eso? ¿Quién era? ¿De dónde venía? Tenía múltiples incógnitas y quería hacerle cada una de ellas, pero él se me adelantó.

—Sé que quieres preguntarme muchas cosas, pero no hay tiempo y no es el momento adecuado para resolver cada una de ellas. Pero lo que si te puedo decir, es que soy un espíritu y estamos en tu inconsciente. Y lo que te acaba de suceder fue el producto de la misma, un tormento que te has ido cultivando desde que despertaste de tu letargo de un siglo.

Quería comentar algo, pero no me era posible. Estaba demasiado perplejo como para articular palabra. Él, por su parte, prosiguió.

—Tengo conocimiento de esto porque tú y yo compartimos algo. No te puedo decir aun lo que es, pero te comentaré que es como una especie de conexión, un nexo que nos ha mantenido unidos desde hace miles de años, durante todas y cada una de nuestras vidas. Y como te decía, sé perfectamente que sientes una culpa inmensa que no te deja en paz, que, según tú, tienes toda la responsabilidad de esas muertes y destrozos que sufrió Hyrule. -paró un instante para tomar aire y continuar con su revelación. —Pero no es así, ya que esto ya estaba prescrito por las diosas. Tanto tu sopor, como el despertar "tardío" de la joven que mantuvo al Cataclismo retenido por cien años. El ver revivir a ese cadáver que vieron en esas cuevas secretas y antiguas de los sheikah. La caída dicha jovencita hacia la nada. Y el hecho de que estés aquí, en una especie de isla flotante conmigo... todo eso es también parte del destino que tienen tanto ella como tú. -aclaró con suma seriedad.

Posó una mano en mi hombro derecho, logrando transmitirme plena confianza y compasión en su semblante.

—Sé que el destino que afrontan no parece nada alentador, pero créeme, es algo que pueden manejar. Tienen que luchar duro y ser fuertes, no dejarse ganar por absolutamente nada, pues Hyrule los necesita una vez más. Si las diosas han confiado de nuevo en ustedes, es porque saben que pueden lograrlo.

Yo permanecía ahí en silencio, dejando que cada palabra y oración causara un importante efecto en mí.

—No eres ningún asesino y mucho menos el responsable de todas esas muertes, Link. Esos actos estuvieron fuera de tus manos, era algo que no te correspondía controlar. Tu sí eres un héroe en todo el aspecto de la palabra -agregaba con su hablar, repleto de serenidad. —Y ser uno significa que tú, voluntariamente, te encomiendas con tu vida a velar por el bien de todos. Tu espíritu, nobleza y sentido de la justicia son lo suficientemente puros y fuertes para llevar a cabo esta responsabilidad como es debido. Y todo eso predomina por encima de tus propios intereses y deseos, lo que es más que suficiente para ser digno de poseer dicho título.

Sus palabras iban marcándome. Yo solo sabía quedarme quieto para apreciar lo que salía de la boca de ese ser.

—Pero eso no quiere decir que no puedas o no debas sentir miedo. Puede que muchos no lo vean así, pero la verdad es que el miedo es el que te mueve a hacer las cosas. Te motiva a querer evitar el sufrimiento de los que más quieres por sobre todas las cosas. -noté que contemplaba con detenimiento el instrumento que cargaba en sus manos. Yo estaba curioso de saber sobre eso, pero no me atrevía a interrumpir su discurso. Sospeché que era una posesión de suma importancia y poder, pues con esta me había liberado del calvario que me había invadido.

Se detonaba mucha sabiduría por parte del espíritu. Tenía toda la razón, me había dicho esas palabras que, desde hace mucho tiempo, necesitaba oír para calmar mis ansias y culpas que yo mismo me acreditaba, por el hecho de haber fallado la primera vez.

—Es cierto -dije por fin rompiendo el silencio. —Yo... estuve mucho tiempo resguardándome un gran rencor a mí mismo. Aunque pude cumplir con mi deber una vez, no me podía olvidar tan fácil del gran fracaso que tuve antes de mi cometido. Y ahora que el peligro regresó, mis dudas tomaron más poder sobre mi percepción de mí mismo como un dichoso "héroe" -agaché la cabeza y apreté mis puños con remordimiento.

—Separarme de esa persona especial, una vez más, aún después de 100 años y de todo ese mortal recorrido para fortalecerme... lo tomé como un castigo de las diosas por mi primer tropiezo. Pero ahora con lo que me dices, lo empiezo a concebir como otra prueba más, para demostrar que de verdad yo era el Héroe Elegido por las Diosas. Que daría mi vida por los que más quiero, las veces que sea necesario.

La osadía en mí se hizo llegar, por lo que crucé mi mirada con la del joven del arpa. Este me sonrió con orgullo, admirando que por fin había recapacitado y que comprendía que yo no era responsable de todos esos lamentos que yo mismo me había cosechado. Ya viéndolo con más calma, me di cuenta de que tenía rasgos similares a mí. Había ciertas diferencias, pero yo deduje en mis adentros que, si alguien más nos vería, declararía en un instante que somos hermanos, casi como dos gotas de agua.

—Me alegra mucho oírte decir eso. Ya has hecho esto antes, y no me refiero precisamente a la última vez que luchaste contra el Cataclismo.

—¿Huh? ¿Qué quieres decir?

—No es nada importante... mi tiempo de retirarme ha llegado. -sonrió. —Y el tuyo también, pues tienes un deber que cumplir.

—Espera -le detuve ansioso. —¿No me vas a decir por lo menos quién eres en realidad?

—Eso lo descubrirás cuando llegue el momento adecuado. Mucha suerte, joven. Que las Diosas te acompañen y te protejan.

Una brillosa aura verde, acompañada de una intensa ráfaga de viento, fue rodeando al joven del arpa, lo que hizo que me cubriera los ojos por lo cegador de la luz. Ya una vez que se había esfumado, la atmósfera de las ruinas también estaba regresando a la normalidad.

Observé con cuidado mi alrededor y suspiré. Toda esa experiencia me parecía increíble, sobre todo ese chico que me ocasionaba mucha curiosidad de saber su verdadera identidad. Y aun cuando nunca supe nada del mismo, estaba enormemente agradecido con él, pues me había salvado la vida y también me salvó de mí mismo.

Una vez que había procesado todo eso, me retiré más tranquilo y determinado de ahí. Saqué la paravela y planeé hasta el próximo destino que las diosas me encomendarían.


Cómo algunos se pudieron dar cuenta, la dichosa estatua que hablaba con Link era nada más y nada menos la que está en el Templo Olvidado (el que resguarda el santuario de Allohk, que hace referencia también al Templo del Presidio en Skyward Sword). Se que esta estatua está en el Hyrule de BOTW, pero aquí en mi fanfic Link no conoce, al menos en persona, de dicho lugar (recuerden que NO es obligatorio completar los 120 santuario, además de que ese está bien escondido.) En pocas palabras, aquí hice que Link nunca haya visitado ese santuario y por ende desconoce la existencia de esa estatua.

La escena de Zelda tocando la lira en la Efigie de la Diosa (Al principio del juego, cuando aún se ubicaba en Neburia) la tomé como clara inspiración para la aparición de Link de Skyward Sword, aunque obviamente no es del todo exacta por lo que transcurre. La tonada que toca es el Cantar del Héroe y le asocié el poder de poder erradicar el mal de Link de BOTW, ya que bueno, el momento hacía alusión a lo de ser un héroe de verdad (y que en cierta forma, era su canción que lo representaba) ¿y qué mejor canción con ese título? (muy obvio lo se jsdjsdj)Bueno, ya con eso dicho, díganme ¿que les pareció? como ya había mencionado, no suelo escribir fics de angst o incluso con violencia gráfica, puesto a que me he acostumbrado a escribir cosas melosas jsjs. No es la primera vez, he de aclararlo, pero tampoco había llegado a este nivel de ''desesperanza'' en un fic (o eso es lo que percibo a comparación de otros fics que no he resubido, pero cuando pueda los publicaré)Sin más alardeo, me retiro. Hasta el próximo siglo, ¡adiós!