Antes que nada, una disculpa. Admito que me había dado por vencida con la historia aunque, por los reviews que recibií, sabía que tenía potencial. Desafortunadamente soy adulta, así que las obligaciones del mundo real estaba antes que continuar con esto, algo que de verdad requiere mucho trabajo para que quede bonito y se pueda disfrutar.
Un anuncio: He decidido que es mejor dejar los capítulos un poco más breves para no tardar tanto en actualizar la historia y obligarme a ser más directa. Espero que lo disfruten.
Capítulo 3
Un paso adelante
La nieta de Sae la grasienta me despertó tocándome el rostro. Cuando abro los ojos, los de ella están a escasos centímetros de los míos, pero después del pequeño sobresalto inicial, su sonrisa me tranquiliza.
-¿Katniss?-dice Sae mientras se asoma a la sala- Buenos días, chica. Dormiste de nuevo aquí ¿ah? Ven Sus- y su nieta corre hacia ella.
Me incorporo mientras siento un ligero dolor en la espalda. La cabeza me duele y siento los ojos hinchados. Me estiro y luego comienzo a darme un ligero masaje por debajo de la camiseta a la altura de la cintura para intentar aliviar algo de la molestia. Siento las cicatrices que cubren parte de mi espalda y en arco reflejo, retiro la mano.
Comienzo a recordar las pesadillas que tuve la noche anterior en donde hubo mutos y rosas con olor a sangre y dolorosos recuerdos de Prim. Siento cansancio además de la usual tristeza de todos los días pero hay algo más que no logro ubicar. Miro a mí alrededor sin saber qué es lo que estoy buscando, pero me detengo en la mesita de noche junto al sofá. Sobre ella está la pila de hojas sobre las que hemos estado trabajando Peeta y yo las últimas 2 semanas, algunas veces podemos terminar la sección de una persona e días, pero en otras ocasiones no podemos in iniciar, como con Prim y el papá de Peeta. En esos días malos, cuando el dolor de la pérdida parece superarnos, las ganas de darme por vencida me invaden, pero sé que no puedo. No después de lo que ellos tuvieron que vivir, no después de lo que yo tuve que vivir. Aún así, no dejo de preguntarme: ¿Cuándo terminaremos? ¿Cuándo acabará esta rutina de estar repasando todos los detalles hermosos de estas personas que al mismo tiempo nos hacen lamentar aún más su muerte?
Tal vez no sé exactamente qué es este sentimiento, pero sí sé lo que no es: estupor. Ese horrible sentimiento de indiferencia, ese vacío que ni cazar, ni las largas sesiones con el Dr. Aurelios, ni las muestras de cariño o las llamadas de mi madre podrían llenar, parece finalmente ir menguando. Lo entiendo ahora porque sé que debo levantarme a lavarme la cara y cambiarme la camiseta (como Sue me ha insistido durante los últimos meses) porque después del desayuno, Peeta y yo trabajaremos en el libro. Un libro que se tiene que acabar. Y entonces me doy cuenta de la simplicidad del asunto. Mi estupor ha sido reemplazado por un propósito: Terminar el libro. Lo que sea que provoque en mí lo averiguaré después, sólo sé que debo acabarlo, sin importar cuán doloroso, frustrante o agotador sea, se lo debemos a todos ellos…
Los ruidos de la cocina me distraen de mis pensamientos y me doy cuenta que el olor a tocino hace que me gruñe el estómago.
Me dirijo hacia el baño de mi dormitorio en donde me lavo la cara, los dientes y me cambio la camiseta. Cuando bajo a la cocina, Peeta está sentado en la mesa con Sus pegada a su pierna artificial.
-…invirtiendo muchos recursos en la reconstrucción también del Capitolio. Buenos días, Katniss-dice Peeta sonriendo levemente.
Me limito a contestar el saludo con un gesto de la cabeza mientras tomo asiento lentamente para evitar que me dé otro pinchazo de dolor en la espalda. Buttercup se acerca a saludarme mientras Sue coloca 2 platos con huevo y tocino en la mesa y Peeta saca del refrigerador la mantequilla. El olor del tocino y el pan recién horneado que trajo Peeta provocan que se me haga agua la boca.
-Gracias- le digo a Sue al tiempo que Buttercup salta de mi regazo hacia el suelo.
Sue se da la vuelta inmediatamente para verme a la cara y me observa con ojos sorprendidos desde la estufa. Miro a Peeta y se encuentra de pie, inmóvil, con la mano izquierda sobre el respaldo de la silla donde usualmente se sienta y la mantequilla en la otra, también con cara de sorpresa. Ambos intercambian una mirada de soslayo rápida, pero antes de que pueda preguntarles qué es lo que les pasa, Sus se adelanta.
-Habló. Nnn-a-nnn-a, habló.- le dice a Sue desde el piso de linóleo donde está de rodillas jugando con un caballo de madera.
-Sí, mi niña, sigue jugando- le contesta Sue mientras se da la vuelta de nuevo para comenzar a guardar ingredientes.
Peeta se sienta mientras sonríe ligeramente. Quiero preguntarle ¿Qué? pero Buttercup me distrae con sus ronroneos en mis piernas. Cuando presto atención de nuevo a la mesa, Peeta me ofrece la mitad de un pan al que le ha untado mantequilla. El asomo de sonrisa sigue ahí. Lo tomo, no sin antes vacilar por unos segundos y lo observo mientras toma la segunda mitad y le pone también mantequilla, sólo que ésta vez se lo da a Sus, quien se había acercado sigilosamente a su lado. Después Sue nos recuerda que por la tarde llegará tren del Capitolio y la mañana transcurre igual que las demás, excepto que Sue está más animada de lo normal. Nuestra pequeña rutina se rompe cuando al despedirse, Sue le da la vuelta a la mesa para acercarse a mí y darme un abrazo incómodo pues yo estoy aún sentada, ella continua de pie y yo no hago nada con mis brazos excepto dejarlos en mi regazo, todo esto sin decirnos una sola palabra. Después de un par de segundos me da unas palmadas algo toscas en la espalda y se va, con Sus detrás de ella enviándole besos a Peeta y diciéndole adiós.
Me quedé pasmada por unos segundos.
-¿Qué fue eso? ¿Por qué Sae hizo eso?- le pregunté a Peeta mientras me ponía de pie con la intención de ir a la sala a recoger el material del libro.
-Bueno- dijo mirándome a los ojos-…hasta hace media hora yo era el único que te había escuchado hablar desde que regresaste del Capitolio-
La frase se quedó flotando el aire.
No podía ser cierto. Estaba segura de que ya había hablado con otras personas antes. Tal vez no los primeros días, pero seguramente en las siguientes semanas cuando comencé a ir a cazar. El primer día un señor me dejó subirme a la carreta donde transportaba carbón porque estaba muy cansada para llegar a casa por mí misma. Seguramente se lo pedí…No, él se ofreció. Pero al menos se lo agradecí ¿Cierto? No, creo que no lo hice. ¿Qué hay de la gente en el nuevo sitio donde está el mercado? Había pocas personas pero la mayoría me saludaban, al menos con un gesto de la cabeza ¿Alguna vez he conversado con alguno de ellos? Creo que no. Generalmente me limito a llegar a la mesa de Sue a darle lo que cacé, prácticamente no hay nada que ver en estos días así que no hay distracciones que me hagan desviarme.
Peeta ahora observa sus manos entrelazadas sobre la mesa. Yo volteo hacia la ventana y trato de recordar con qué otras personas he tenido contacto desde que llegué. El recuerdo de Haymitch aparece de la nada e intento pensar en las primeras semanas que estuve en la casa. Sus visitas solían ser frecuentes, siempre intentando convencerme de hablar con el Dr. Aureliuss, con mi madre o con él. Seguramente con él sí hablé.
-No es posible- le digo finalmente a Peta después de unos momentos ¿Segundos? ¿Minutos? Y antes de que pueda contestar algo me dirijo hacia la puerta y le digo- Voy a visitar a Haymitch.
El sol matinal me deslumbra un poco mientras me dirijo en dirección opuesta a la casa de Peeta por el jardín trasero de la casa. Espero que la puerta del mosquitero azote pero el ruido nunca llega. En lugar de eso, escucho la voz de Peeta.
-No va a estar despierto… pero alimenta a los gansos por mí ¿quieres?-
Respondo con un gesto de la mano sin si quiera voltear a verlo. Me siento ligeramente irritada conmigo misma ¿De verdad no había dicho una palabra en todo este tiempo hasta que llegó Peeta?
