¿UN PASO ATRÁS?
Toco dos veces la puerta delantera de la casa de Haymitch sin obtener respuesta. Recordando lo que me dijo Peeta, decido abrirla y pasar. Tal vez pueda despertarlo gritándole desde la planta baja. Al entrar, me encuentro con un amplio y oscuro recibidor que, al fondo, directo frente a mí, alberga las escaleras al segundo piso. Avanzo lentamente hacia ellas mientras mis ojos se acostumbran a la penumbra. A mí derecha, un amplio umbral deja ver un piano de color negro en la sala y me acerco para admirarlo mientras intento recordar la primera vez que vi uno. ¿Tal vez en una de las revistas que se venden en El Qumadero? La única iluminación proviene de algunos rayos de sol que se cuelan a través de la parte superior de las cortinas totalmente cerradas de la ventana que da al patio de enfrente. Puedo distinguir motas de polvo deslizándose por un haz de luz y por un momento, todo parece estar suspendido en el tiempo.
Una ola de olor rancio me regresa al ahora y escucho, asustada, que algo se mueve detrás de mí. Sobresaltada, me doy la vuelta violentamente y distingo un bulto con cabello rubio recostado en el sillón más largo. Haymitch. Me quedo unos segundos parada sin saber que hacer. ¿Abro una ventana? ¿Le grito? ¿Lo despierto con una patada? ¿O mejor me voy a mi casa?
-Ejem. Haymitch, ¿estás despierto? - le digo antes de dirigirme a abrir la ventana más cercana a mí. Debe haber basura acumulada además de la que está en la mesita frente a Haymitch.
Sin haber obtenido una respuesta, decido acercarme a él y darle una sacudida. Me arrepiento cuando noto que el olor a rancio emana de él pero aún así le doy un pequeño golpe en uno de sus hombros y luego retrocedo un par de pasos.
-Ya te oí-dice con voz pegajosa y con su espalda aún vuelta hacia mí- Por fin te dignas a visitarme, dulzura. Un aviso hubiera sido lo más adecuado, así me hubieras dado tiempo de recoger un poco-contesta mientras hace un ademán con su mano derecha, como señalando toda la sala.
-Un baño hubiera bastado-le contesto ligeramente molesta, sin saber bien por qué. Haymitch se da la vuelta y me ve por primera vez.
-El burro hablando…
Su comentario me desconcierta un poco. Hoy me cambié la camiseta. Y yo no huelo a alcohol ni vómito. O basura. Tampoco mi casa. Creo. Veo como se sienta a duras penas en el sillón y me recuerdo que no tengo por qué estar más tiempo del necesario ahí, pero algo me hace dudar. Quiero sentir pena por el estado en el que está Haymitch pero no alcanza a llegar. ¿Acaso no estamos todos librando la misma batalla contra demonios que casi nos arrancaron la vida una vez? Haymitch tiene una adicción al alcohol que lo ayuda a lidiar con los recuerdos. Aparentemente, yo prefiero no acercarme a la gente que puede revolverlos.
- ¿Qué día es hoy?
- Eh…martes - le digo sin estar muy segura
- Maldita sea…Espera ¿Dónde está Peeta?
Su pregunta me recuerdo el motivo por el que estoy ahí.
- ¿Qué hora es? Él, a diferencia de cierta pupila-añade apuntándome con un dedo- me visita cada…
- ¿Sabes si he hablado con alguien más, además de Peeta, desde que llegué? - lo interrumpo
- ¿Mmh?
- Sae y Peeta dicen que nadie más me ha escuchado hablar desde que llegué.
Su respuesta tarda unos segundos en llegar. Mientras, me ve directamente a los ojos y le sostengo la mirada lo más serenamente posible.
- ¡No! - me dice finalmente con un tono que interpreté como de indignación- Tu y yo hemos hablado.
¡Lo sabía! Sabía que estaban exagerando. Es imposible que no haya dicho nada desde que llegué. Algo parecido al alivio se desliza sobre mí, pero Haymitch interrumpe mi tren de pensamiento.
-Bueno, mover la cabeza para asentir es hablar, ¿cierto? - añadió.
¿Cómo? me pregunto desconcertada. Pero antes de decir algo Haymitch vuelve a hablar.
- Los gruñidos cuentan como forma de comunicación ¿verdad?
Poco a poco, comienzo a entender a lo que se refiere. ¿Está bromeando, cierto? Porque me niego a creerle. Estoy cien por ciento segura que sí he conversado con otros…
-Mira, no te angusties por eso. Todos aquí te conocen y saben por lo que pasaste. También saben cuántos sacrificios hiciste para salir viva de toda la locura. Contrario a lo que puedas imaginar, hay gente que te aprecia – dijo abriendo mucho sus ojos y haciendo una mueca de mofa mientras revolvía la mesita de centro buscando algo - Es un milagro que puedas vivir entre nosotros, si te soy honesto – añadió.
- Yo le dije a Sae que –
- Por lo que me dicen, Sae te lee la mente hace meses, cariño. Y si ella dice que no habías hablado desde que llegaste, le vamos a creer.
Una idea brillante me llegó a la mente.
-¡El doctor Aurelio! Tengo sesiones con él desde que llegué. He hablado con él -le digo en tono triunfante.
-Felicidades, Katniss-me dice en tono sarcástico- por hablar por teléfono.
Decido ignorar su comentario.
-Peeta dijo que nadie más me había escuchado desde que llegué del Capitolio-le dije acusatoriamente.
-Cariño -dijo en un tono con el que se le habla a un niño- no… – pero se interrumpió a media frase y luego se tiró de nuevo en el sillón -No me hagas caso ¿qué sé yo que no he salido de aquí desde la última vez que hablaste con alguien que no era Peeta?
Molesta, salí por la puerta delantera dando zancadas hacia mi casa, pero el ruido de los gansos me hizo regresar a los pocos pasos. Más molesta aún, me dirigí hacia el porche elevado que recorría toda la pared posterior de la casa de Haymitch para buscar la comida para aves. Los gansos- seis en total – gaznaron de emoción al darse cuenta que los alimentaría. Sin pensarlo mucho, aventé unos puños de comida al encierro en donde estaban. Le diría a Peeta que no se diera más crédito del que merece. "Hasta hace media hora, nadie más te había oído hablar desde que llegaste del Capitolio" ¿De verdad? ¿NADIE?… ¿Por qué me diría eso?
Me miré las manos con los restos de comida y busqué alrededor algo con que limpiarlas. Por el rabillo del ojo, vi que, de la puerta trasera de mi casa, a dos casas a la derecha de la Haymitch, salía Peeta alejándose en dirección a la suya. Bien. No sé si quiero trabajar en el libro hoy.
El libro. Cierro los ojos imaginándome los rostros de los que ya están ahí y algo me inunda el estómago y luego el pecho. De pronto siento mucho cansancio. Me quedo parada en medio del patio y caigo en cuenta que el sol está casi en el cenit, pero no estoy segura de a dónde ir. Miro de nuevo en dirección a mi casa, pero la perspectiva de pasar ahí horas sola me provoca un escalofrío. Es tarde para cazar y para ir al lago y lo último que quiero es ver a las demás personas del pueblo, recordándome que no les he hablado desde que llegué. Por supuesto que entrar a soportar a Haymitch y su hedor está fuera de la ecuación.
Antes de darme cuenta, estoy caminando en dirección a la casa de Peeta. Atravieso mi propio patio trasero sin mirar la puerta de mi cocina, ni las primrose del patio lateral, pero cuento los pasos que separan mi casa de la de Peeta. Llego al número veintiuno antes de subir el primer escalón del pequeño porche trasero que domina la esquina más cercana a mi casa.
- Hola - me saluda desde el umbral de la puerta con un mandil puesto y una toalla de cocina en la mano.
Me quedo pasmada unos segundos. Peeta se ve tan…normal. Horneando pan y siendo productivo. Vestido con una camisa azul y un mandil blanco. Aseado, afeitado.
- ¿Katniss?
Su voz interrumpe mis pensamientos y recuerdo que no estoy segura a qué fui.
- ¿Alimentaste a los gansos?
- Sí-respondo viendo mis zapatos y mis manos, que aún están sucias.
- Pasa a lavarte - me dice mientras se pierde de vista dentro de su casa
Algo brinca en mi mente.
-He hablado con Thom.
Peeta tarda unos segundos en salir de nuevo al umbral de la puerta y el silencio se extiende.
- El día que…ese día…él estaba… - comienzo a perder la paciencia conmigo misma y me fuerzo a terminar la frase - ese día Sae me dijo que mi arco estaba en la casa y salí a cazar y me lo encontré en el camino y… - no me atreví a contarle lo que estaba haciendo - …y cuando regresé él me ayudó a entrar a la casa porque estaba muy cansada. Me llevó en su carreta desde la alambrada y entró a dejarme en la casa - terminé mirándolo a los ojos, retándolo a que lo negara.
- Me lo dijo - dijo tranquilamente al cabo de unos momentos mientras dirige su mirada hacia la casa de Haymitch.
- Sí, exacto - contesté de forma incoherente, pero satisfecha.
- Le preguntó a Sae si había hecho bien en contarte lo que estaba haciendo. Tenías un rato parada viéndolo trabajar y parecías intrigada, o eso le pareció y por eso se contó lo que hacía. Pero luego te pusiste muy pálida y saliste corriendo. Cuando te volvió a ver por la alambrada seguía muy pálida y por eso te trajo a casa y le avisó a Sae para que viniera a verte. Sae creyó que tal vez eso te había animado a hablar, pero Thom le preguntó si te habías quedado muda, así que…
Sus palabras no tienen sentido. Yo recuerdo haberle preguntado. Y también le pregunté a Sae por mi arco. Yo me acuerdo.
-Hace dos días me desperté pensando en que me tocaba turno en la panadería-dijo mientras se limpiaba su mano derecho con la toalla de cocina- Haymitch sale a alimentar a los gansos y siempre dice que le roban algunos. El estrés post-traumático nos revuelve las ideas, los recuerdos. Hay días en los que la única que me puede ayudar a distinguir lo real de lo no real eres tú, Katniss - dijo mirándome a los ojos - ¿Es tan malo que sólo hayas estado hablando conmigo todo este tiempo?
Veo en su rostro una emoción que no sé descifrar.
-No - le contesto finalmente - Es sólo que estoy cansada…de no saber quién soy o quién seré mañana. Creí que le estaba tomando el hilo a esta vida, pero veo que no - le digo con amargura.
- Supongo que hay que aceptar que ya no tenemos ese privilegio, Katniss-contestó en tono melancólico.
Asiento para darle la razón y veo en dirección a mi casa. El velo de un silencio incómodo se deja caer y me recuerda que no me apetece regresar.
-Sí los alimenté - le digo mientras evito su mirada y trato de retomar una conversación más ligera, como si no acabáramos de hablar de lo mal que estamos.
Peeta se demora unos segundos en contestar.
- ¿Hablaste con Haymitch?
-Sí - me limité a decir. No tenía ganas de hablar de él y Peeta pareció captarlo.
-Estoy trabajando en unas imágenes - anunció - ¿Quieres pasar a verlas?
Mientras entro a su casa y admiro la enorme cocina, pienso en lo ridículo que es estar molesta por haber hablado sólo con él todo es tiempo. De mi enojo por pensar en que, de nuevo, Peeta tenía un rol central en mi vida, ya no queda rastro. Lo elegiría a él mil veces antes que a cualquier otro.
