UNA GOTA DE PAZ EN UN MAR DE TEMPESTADES
Los gabinetes de la cocina de Peeta son de un color verde pálido que nunca había visto. El piso de madera es de un tono más claro que el de mi casa y la de Haymitch y el comedor está rodeado de ventanas que tienen las cortinas abiertas. Desde ahí se pueden ver las primroses al lado de mi casa.
-¿Katniss?
-…
-Puedes lavarte las manos aquí-me dice señalando el lavabo de la cocina y dejando una toalla pequeña a un lado- Los tengo en la mesa-añade mientras avanza hacia el comedor.
Después de lavarme las manos me dirijo al comedor mientras sigo escudriñando la casa de Peeta. A mi izquierda, al fondo, distingo la sala y los muebles de varios colores alrededor de una chimenea de tonos claros. No sé si es porque Peeta sí abre sus cortinas, pero me da la impresión de que su casa tiene un aire más alegre.
Peeta está sentado de espaldas a mí. Me acerco despacio y noto que toda la mesa está llena de papeles con dibujos a medias, lápices de colores, pinceles y ¿restos de hojas de arboles?
- ¿Te gusta? -me dice mientras me muestra la imagen de una chica rubia muy guapa sonriendo.
-Sí-le contesto con una sonrisa forzada.
-La novia de Haymitch. Es linda ¿verdad?
-Sí-contesto automáticamente.
-Espero que le guste. He estado buscando el momento para mostrárselo, pero creo que debemos ir juntos, tu y yo. Tal vez quiera compartirnos lo que le gustaría que incluyéramos y deberíamos estar preparados. – comenta Peeta mientras admira el dibujo.
-Sí-contesto no del todo convencida. La idea de que tal vez prefiera que yo no esté presente revolotea por mi mente. Trato de recordar la última vez que tuvimos una conversación que no terminara en una discusión o reclamo pero ninguna se me viene a la mente.
- ¿Pasa algo? -
-No, nada. Es solo que…-las palabras no alcanzan a llegar. Tomo asiento para ganar algo de tiempo.
-¿Tal vez mañana?- me dice con mirada esperanzada.
Decido no discutir y asiento con la cabeza y volteo hacia las primroses. ¿Qué pensará Haymitch cuando sepa que queremos que nos hable de su novia? Jamás lo escuché revelar nada al respecto, todo lo que sé es por terceros. Entonces, caigo en cuenta que todo lo que hemos puesto en el libro ha venido de los recuerdos míos y de Peeta. No hablamos con amigos ni familia de nadie más. Haymitch será el primero.
-Tal vez debamos pensarlo un poco mejor- comento con la mirada aún hacia afuera- ¿Crees que Haymitch quiera hacerlo? Tal vez crea que lo pondrá peor si habla de ello. O tal vez… tal vez no quiera hablar de eso con…nadie-termino al tiempo que le lanzo una mirada significativa.
-Katniss-dice Peeta mirándome a los ojos- estoy seguro de que no le molestará que vayamos a incluirla en el libro. Y si quiere hablar de ellos, qué bien; y si no, pues dejamos sólo su foto.
No quiero continuar la conversación hacia aguas más emocionales, así que asiento en silencio.
-Y Katniss-me dice mientras arregla las fotos en sus manos- somos la única familia que tiene. No creo que le moleste tenerte ahí si es que decide compartir dulces recuerdos intentando honrar a quien más extraña.
Las palabras de Peeta me conmueven. Después de perder a Prim, después del horror de lo que tuvimos que vivir, yo no creo haberme sentido sola en todo este tiempo. Pero por años y años, Haymitch no tuvo a nadie. ¿Qué sería de mí si los hubiera perdido a todos? ¿Qué clase de ser sería hoy?
- ¿Vamos mañana, entonces? - preguntó Peeta.
-Sí- respondo sin pensarlo mucho -Debo irme- agrego bruscamente al tiempo que me levanto de la silla.
-Oh-responde algo sorprendido mientras también se levanta.
-Quiero ir a…caminar. Ya sabes…para…despejarme- Y sin esperar respuesta salgo apresuradamente por la puerta de la cocina.
Sin pensar mucho hacia dónde voy, intento aclarar el remolino de ideas y emociones que amenazaba con dominarme por completo hace unos momentos en el comedor de Peeta. De todos los pensamientos oscuros que he tenido desde que llegué al 13, jamás recuerdo haberme sentido sola o abandonada. Siempre observada, siempre acompañada, con manos tendidas dispuestas a hacer algo por mí. Mamá, Haymitch, el doctor Aurelio, Sae y tanta gente que simplemente me saluda y ofrece sonrisas de simpatía cuando me ve. Incluso durante el periodo desesperado después de que papá murió, tuve a Prim a mi lado.
Prim. Unas lágrimas ruedan por mis mejillas cuando recuerdo lo difícil que fue para ambas lidiar no sólo con la tristeza y el vacío que papá dejó, sino también la angustia de ver a mamá muerta en vida mientras no teníamos ni qué comer. Cuánto dolor, cuánta desesperación, pero nos tuvimos la una a la otra. Yo tuve su compasión, cariño y su dulce inocencia de creer firmemente que estaríamos bien. Ella tuvo mi cariño y mi promesa de que pasara lo que pasara nos cuidaría a las tres. ¿Cómo creer que se vendrían tiempos peores después de eso?
Y aún así, aunque siento un vacío y un cierto abandono por su partida que nunca podrá repararse, sé que no estoy sola. Mamá sigue a mi lado, aunque lejos; y el Dr. Aurelio está tan al tanto de mí y de mis emociones que a veces me da la impresión de que él me conoce mejor que yo misma, aunque sé que a través de él el nuevo orden me vigila.
Y Peeta. ¿Cómo describir lo profundo de nuestro vínculo, que incluso cuando estuvo bajo los efectos de la mutos no sentí que lo perdí? Incluso si hoy decidiera marcharse para alejarse de todo los malos recuerdos que le puede traer este lugar, saberlo en el mundo me da consuelo y me hace pensar que si alguna vez lo necesito, sé que estará ahí para mí. Aunque sea a su propio modo.
Pero Haymitch estuvo solo por años, reviviendo la misma pesadilla una y otra vez al tener que participar cada año en los juegos. Perdió a todos y todo. ¿De verdad puedo juzgarlo?
Y mientras la respuesta revolotea en mi mente caigo en cuenta que llegué al prado y mis piernas ceden debajo de mí. De rodillas, cierro los ojos para oler el pasto y tratar de escuchar el canto de las aves. Unas lágrimas ruedan por mis mejillas. El cansancio me vence y mientras me recuesto abrazándome las rodillas, la respuesta viene a mí: No. No es justo para él ni para ninguno de nosotros que se nos juzgue por cómo manejamos todo este dolor. Nadie debería haber tenido que pasar por él.
Abro los ojos y noto que el verde del paisaje se ha tornado de un tono gris. Unos últimos rayos de sol pueden verse a lo lejos del horizonte. Siento frío el costado sobre el que me recosté por la humedad del pasto. Lentamente me pongo de pie y noto que el dolor de espalda sigue ahí. Debo regresar a dormir en la cama porque el sofá me está pasando factura.
Sin prisa, comienzo mi regreso.
Me doy cuenta de que la oscuridad de la noche me alcanzará antes de llegar al cerco así que decido irme por la ruta más larga pero menos escabrosa. Conozco muy bien el camino así que no me preocupa perderme y casi instintivamente me acerco al sitio en donde puedo cruzar el cerco sin problema. Este camino pasa por un costado del centro del pueblo. Las luces de algunas casas están encendidas y noto algo de movimiento por las calles cercanas lo que me hace preguntarme qué hora es. ¿No deberían estar todos dormidos?
La idea despierta algo en mi mente y de pronto soy consciente de algo: no soñé mientras estuve en el prado. Sorprendida me detengo en seco en medio de la calle. Reflexiono sobre el tiempo que estuve recostada en el pasto y tengo claro que el sol estaba bastante alto cuando llegué así que definitivamente estuve por mucho tiempo dormida. Me esfuerzo por recordar, pero no hay nada. ¿Será posible? Sigo escudriñando de nuevo mi mente sin ningún resultado. Tal vez mi cansancio apagó por completo mi cerebro y me aventuro a pensar que quizá por eso no me siento agotada. Noto que sigo sin moverme y reanudo la marcha.
No me encuentro con nadie y para cuando distingo la villa he decidido que voy a creer que no tuve ningún sueño. "Concéntrate en lo positivo" me ha dicho el Dr. Aurelius decenas de veces y por una vez, creo que podré hacerle caso.
Qué ajeno esta sensación de no sentir tanto. Qué tarde tan más extraña: Por primera vez en no sé cuánto tiempo, no siento la opresión en el pecho que me hace la respiración pesada.
Instintivamente volteo hacia la casa de Peeta y me sorprende ver que las luces no están encendidas. Una ligera sensación de decepción llega y descubro que quería contarle sobre mi no-sueño y que he decidido que sí quiero ir a hablar con Haymitch mañana. Tal vez incluso hasta le pida a Sue que le haga desayuno para llevarle un poco.
En la oscuridad casi total, me pregunto de nuevo qué hora será. Me acerco a la casa de Peeta con la esperanza de ver una luz tenue colarse por alguna ventana. Me aventuro a acercarme a la puerta trasera y encuentro una nota:
KATNISS,
POR FAVOR, NO TE MUEVAS. QUÉDATE AQUÍ.
